1.- En el Evangelio de hoy Cristo nos dice que seamos luz del mundo.
2.- El muno está muy mal. Ejemplos recientes de terrorismo, crímenes, etc.
3.- Tenemos que procurar cambiarlo, iluminándolo con la luz del Evangelio.
4.- No todos podemos ser potentes focos como los de un estadio de fútbol.
5.- Pero podemos ser una lucecita, que unida a la de otros iluminar.
6.- En un gran estadio deportivo se celebraba un acto religioso. Se pidió a los asistentes que fueran con un mechero. En un momento dado se apagaron las luces. Y el predicador dijo: «que cada uno encienda su mechero». El estadio se ilumionó.
7.- Nuestra luz es la de Cristo. Nosotros no somos nada, pero trasmitimos la luz de Cristo. Somos como las vidrieras de una catedral. Con el Sol iluminan y embellecen la catedral. Pero sin sol, no sirven para nada.
8.- Por eso debemos ser humildes. Toda nuestra luz viene de Cristo. Iluminamos cuando proyectamos la luz de Cristo. Pero si somos un muro de piedra la luz no pasa.
9.- Iluminamos con nuestras buenas obras. Pero sin vanidad.
10.- El demonio puede tentarnos de que lo hacemos por vanidad, para que nos vean, para que nos estimen, para ser famosos.
11.- Lo que él quiere es que por miedo a la vanidad no hagamos el bien.
12.- Pues debemos tragarnos la humillación de que otros piensen que obramos por vanidad. Pero no dejar de hacder el bien, que es lo que quiere el demonio.
13.- Ante esta tentación del demonio, San Bernardo le contestó: «Ni por ti lo empecé, ni por ti lo voy a dejar».
14.- Hagamos el bien «para que el mundo vea nuestras buenas obras» como nos pide hoy Cristo en este Evangelio. Pero con humildad, porque no somos nadie. Como la vidriera de noche, que no se ve. Pero procuremos iluminar el mundo y embellecerlo con la luz de Cristo, como la vidriera con la luz del sol.
Segunda homilía
1.- En el Evangelio de hoy se nos narra la curación de la suegra de San Pedro. Indica que San Pedro era casado. Esto me da pie para hablar del celibato sacerdotal.
2.- A veces se oye decir que por qué la Iglesia Católica exige el celibato a los sacerdotes, si algunos Apóstoles eran casados.
3.- El celibato sacerdotal rige en la Iglesia desde el Concilio de Elvira
(Granada) en el siglo II.
4.- La Iglesia quiere a sus sacerdotes célibes para que dediquen el 100% de su tiempo a las almas; y no tengan que repartirlo con su familia.
5.- Supongamos que el sacerdote casado tiene la esposa enferma, físicamente o psíquicamente. Evidentemente que gran parte de su tiempo se lo tendrá que dedicar a ella.
6.-. O que tiene hijos a quienes quiere preparar para su futuro, por lo tanto querrá vivir en una población donde puedan estudiar una carrera, y rechazará otros destinos, o cuidados a enfermos contagiosos.
7.- Quizás venga bien decir algo sobre el sacerdocio femenino. Las feministas revanchistas repiten que hoy la mujer tiene en la sociedad gran protagonismo, y que la Iglesia debería admitirlas al sacerdocio. Pero el Papa Juan Pablo II dijo que no lo podía hacer. Afirmó que la mujer tiene una gran misión en la Iglesia. Llegó a decir que la Iglesia no sería lo que es sin la mujer. Pero que la misión de la mujer no era el sacerdocio.
8.- Si Cristo hubiera querido mujeres sacerdotes hubiera ordenado sacerdote a su Santísima Madre, y no lo hizo. Los sacramentos no se pueden cambiar. En lo esencial tienen que permanecer como Cristo los hizo. La Misa hay que decirla con pan de trigo y vino de uva. No se puede decir con Coca-Cola y patatas fritas, aunque eso esté hoy de moda.
9.- Los sacramentos sólo pueden cambiarse en cosas accidentales: antes era en latín y de espaldas, y hoy de cara al pueblo y en las lenguas locales.
Pero las palabras de la consagración no se pueden cambiar.
10.- Algunas feministas revanchistas quieren que en la consagración el sacerdote diga que la sangre de Cristo se derramó por TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES.
Pero esto no se puede hacer, y además es una tontería, porque el masculino incluye el femenino. Si yo digo que somos ocho hermanos, incluyo a mis hermanas, pues hermano varón sólo tengo uno. Y si mis padres decían que tenían ocho hijos es evidente que incluían a los hijos y las hijas.