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32,6. Además, estos libros se escribieron para contemporáneos de Jesús
[1]
.
Los hechos que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos visto
personalmente
[2]
,
bien por haberlos oído a quienes los vieron
[3]
.
No pudieron, por lo tanto, desfigurar nada de la realidad. En este caso
hubieran sido desmentidos, y no hay huella alguna de rectificaciones
[4]
.
«Los tres primeros Evangelios fueron escritos, ciertamente, cuando aún
vivían muchos de los que presenciaron los sucesos allí narrados, y que estaban
en condiciones de contradecir sus afirmaciones, si lo tenían a bien»
[5]
.
Si los evangelistas hubieran dicho lo que no es verdad, sus Evangelios
hubieran sido rechazados por aquella generación que era testigo de los hechos
[6]
.
No existe ningún documento que muestre este rechazo
[7]
.
En cambio los Evangelios Apócrifos,
que carecen de rigor histórico, fueron comúnmente rechazados
[8]
.
Son relatos fantasiosos e inverosímiles
[9]
.
Contienen errores en la geografía de Palestina, y les falta fidelidad al marco
histórico
[10]
.
Los Evangelios falsarios llamados «Evangelios Apócrifos» nunca han sido
aceptados por la Iglesia, por no estar contenidos en el Canon de Muratori que es una lista de los libros inspirados
que hizo la Iglesia en el siglo II
[11]
.
El canon del Nuevo Testamento fue establecido por el Concilio de Roma en el
año 382 durante el papado de Dámaso I. Los presentes en el Concilio de Roma
incluyeron en el canon todos los libros verdaderos y sólo los verdaderos
[12]
.
Los datos que dan los Evangelios sobre la geografía del país, situación política
y religiosa, y sobre las costumbres, concuerdan con lo que sabemos de todo esto
por otras fuentes.
Muchos datos arqueológicos confirman la exactitud de los relatos
evangélicos.
En Egipto apareció una piedra con una inscripción que refería que Lysanias fue Tetrarca de Abilinia
durante el reinado de Tiberio, como nos dice San Lucas
[13]
.
Y la piscina de Siloé, en Jerusalén, tenía cinco pórticos como nos dice San Juan. Etc., etc., etc.
Además, los evangelistas murieron por defender la verdad de lo que decían;
y nadie da su vida por lo que sabe que es mentira.
Aparte de que como están inspirados por Dios no pueden equivocarse ni
mentir. El Concilio Vaticano II dice que la Biblia entera está inspirada por
Dios
[14]
.
Y San Pablo: «La Escritura está inspirada por Dios»
[15]
.
«Los evangelistas han visto lo que escriben y mueren por confesar lo que
han visto. Mueren mártires confesando los hechos y la doctrina de Jesús. A quien ve lo que escribe, y
después se deja matar por mantener lo que ha escrito, ya se le puede creer»
[16]
.
32,7. Por otra parte, los cuatro Evangelios narran los mismos hechos,
coincidiendo en lo fundamental y diferenciándose en lo accidental. Si cada uno
por su lado se hubiera propuesto engañar, no hubieran coincidido tanto; y si se
hubieran puesto de acuerdo para engañar, se hubieran evitado las diferencias
llamativas
[17]
.
Cada uno ha narrado sinceramente los hechos recogiendo los detalles que a él
más le habían impresionado. Cada evangelista hizo su selección de materiales y
acontecimientos, e incluso la sucesión de los hechos, según su finalidad
catequética. «Cada evangelista presenta desde un ángulo de visión personal la
figura y doctrina de Jesús»
[18]
.
«El Evangelio de Mateo, dirigido a
una comunidad cristiana proveniente del judaísmo, y el Evangelio de Lucas dirigido a una comunidad
proveniente de la gentilidad, muestran enfoque diverso»
[19]
.
«Las narraciones evangélicas son diversas, los detalles de cada uno son
diferentes, sin que ninguno falte a la verdad. Lo narrado por cada uno es
armonizable con el relato de los demás»
[20]
.
Los Evangelios ofrecen diferencias debidas a que no siempre citan textualmente las palabras de Jesús, ni cuentan las cosas con la
exactitud rigurosa que exigimos modernamente.
Cada uno cuenta lo que recuerda a su modo, según su punto de vista, el fin
que pretende y según su propio estilo: unos se limitan a lo esencial, otros se
extienden más en los detalles, sin destacar claramente los elementos
esenciales; unos tienen una narración más abstracta, otros más concreta o
popular, etc.
Varía mucho la narración de un hecho según la psicología del narrador, de
su modo de observar, de su memoria, de su imaginación, de su carácter y del
auditorio al que se dirige. Teniendo en cuenta que no se trata de observadores
o narradores de psicología occidental y moderna de hoy día, sino de un mundo
antiguo, de cultura y mentalidad muy simple, en que domina más el elemento
imaginativo.
Pero como son libros inspirados, todo lo que dicen tiene la aprobación de
Dios, que respeta la peculiaridad del escritor-instrumento, y no le dicta como
a un mecanógrafo las cosas que tiene que decir, sino que respeta su modo de
hablar, y tan sólo le detiene ante el error
[21]
.
«Al llegar Cristo tres lenguas
sirven de medio de expresión al pueblo judío:
a) El hebreo en los ambientes muy cultos, y para la lectura sinagogal de la
Escritura.
b) El arameo para el uso cotidiano.
c) El griego para el comercio y los intercambios internacionales»
[22]
.
Por eso los Evangelios se ponen en griego.
El Evangelio de San Mateo se
escribe para los judíos, por eso se insiste en que Jesús es el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento, y alude
con frecuencia a los modos de hablar y vivir de los judíos
[23]
.
Tiene expresiones típicamente hebreas y da por conocidas costumbres judías.
«El Evangelio arameo de San Mateo podría haber sido compuesto entre los años 40 y 50. Desde luego fue escrito
antes de la destrucción de Jerusalén por los romanos el año 70, pues constata
que todos conocían el campo del alfarero, y el año 70 la caída de Jerusalén
«ocasionó la completa destrucción de la ciudad y su total despoblación: los
supervivientes fueron deportados»
[24]
.
Su traducción griega fue posterior al Evangelio de Marcos, al que utiliza»
[25]
.
El Evangelio de San Marcos, probablemente
el primero que se escribió, refleja la catequesis en Roma de San Pedro, a quien acompañaba.
Probablemente escribe en Roma para los no judíos, y por eso traduce vocablos
arameos y explica muchas costumbres y tradiciones judías a los que no lo son
[26]
.
La familia de Marcos era
propietaria del huerto de Getsemaní y del Cenáculo
[27]
.
El Evangelio de San
Lucas, compañero de San Pablo, «por
lo menos a partir del año 49»
[28]
, deja traslucir la doctrina del Apóstol
de las Gentes
[29]
.
Escribe para comunidades de cristianos de mentalidad griega, procedentes del
paganismo, por eso se insiste en que Jesús es el Salvador de todos los pueblos.
El Evangelio de San Juan es el
último que se escribe. Por eso completa a los otros tres
[30]
,
y cuenta cosas que los otros omitieron; es el más teológico de los cuatro.Se
centra en la persona de Jesús,como
Hijo de Dios.
«Los tres primeros Evangelios están estrechamente emparentados. Se los
puede poner en columnas paralelas para abarcar sus textos de un solo vistazo.De
ahí viene su nombre de “sinópticos”»
[31]
.
Se pueden leer simultáneamente.
«Es unánime la opinión de
que los sinópticos fueron escritos antes del año 70, y de que el Evangelio de San Juan lo fue hacia el año 90
[32]
.
Hay quien opina que el autor del cuarto Evangelio no es San Juan, el apóstol. Lo atribuyen a Juan el Anciano «un griego que jamás
conoció el entorno directo de Jesús».
Pero esta opinión es inaceptable, pues el autor del cuarto Evangelio se declara
testigo de los hechos que narra
[33]
,
reconoce que era el discípulo predilecto de Jesús
[34]
,
que en la cena reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús
[35]
,
que estuvo con María Santísima al
pie de la cruz
[36]
,
que junto a San Pedro fue a la tumba
del Señor, y al ver la sábana tendida en el suelo, y doblado aparte el sudario
que estuvo sobre la cabeza vio y creyó
[37]
.
Es mucho más lógico aplicar todo esto al apóstol San Juan que introducir un nuevo personaje, también llamado Juan, que se reclinó sobre el pecho de Jesús en la Última Cena, con lo
cual «a la Cena asistieron catorce personas».
Pero los Evangelios dicen que a la cena con Jesús sólo se sentaron los doce
[38]
.
Por otra parte
[39]
en los otros tres Evangelios al apóstol Juan se le nombra diecisiete veces, en cambio en el cuarto no se le
nombra ni una. Siempre se le llama «el Discípulo Amado».
Esta sustitución se explica si el apóstol Juan y el «Discípulo Amado» son la misma persona.
«De hecho la tradición juzgó siempre que el discípulo amado era el apóstol San Juan, y el mismo cuarto Evangelio
[40]
atestigua que su autor fue el apóstol Juan»
[41]
.
Además en el cuarto Evangelio se habla repetidas veces de la amistad entre San Pedro y el «Discípulo Amado», y San Lucas en los Hechos de los
Apóstoles dice que el amigo de San
Pedro era el apóstol San Juan.
La introducción de otro Juan, distinto
del apóstol, no tiene sentido.
«El autor del cuarto Evangelio se identifica, sin equívoco, con el
discípulo amado de Jesús, uno de los
Doce. (...) Desde el siglo II se atribuye el cuarto Evangelio al apóstol Juan. (...) Desde su primera difusión
la Iglesia recibió el cuarto Evangelio como de Juan, el apóstol»
[42]
:
entre otros, Tertuliano, el canon
Muratoriano, Clemente de Alejandría y San Ireneo de Lyon, discípulo de San Policarpo, que fue amigo del
apóstol San Juan.
Dice San Ireneo
[43]
,
en su obra Adversus haereses, del
siglo II, que San Juan, «el discípulo
del Señor que se reclinó sobre su pecho», dictó su Evangelio en Éfeso, siendo ya anciano. Esto explicaría el distinto
estilo entre el Evangelio y el Apocalipsis, pues el amanuense pudo ser una
persona culta que mejoró el griego de San
Juan.
Los que atribuyen el cuarto Evangelio a Juan el Anciano dicen que el apóstol San Juan murió martirizado
con su hermano Santiago. Pero esto
es inadmisible pues San Lucas cuenta
el martirio de Santiago en el
capítulo XII de los Hechos de los
Apóstoles sin hacer ninguna mención de Juan. Este silencio no es posible si hubieran muerto los dos
hermanos juntamente. Además «nos muestra después, en el capítulo XV, al apóstol San Juan tomando parte en la
asamblea de Jerusalén en fecha ciertamente posterior a la muerte de Santiago
[44]
.
¿No será Juan el Anciano el
mismo apóstol Juan que era ya muy
anciano cuando dictó su Evangelio en Éfeso? El mismo apóstol San Juan se designaba a sí mismo con
este nombre en sus cartas
[45]
.
32,8. «Los Evangelios no son obras de historia en el sentido moderno de
esta palabra»
[46]
.
«Los evangelistas no escribieron sus libros como un historiador
actual puede describir un hecho histórico investigado por él»
[47]
con fechas concretas e itinerarios exactos. «Los Evangelios no son una
sucesión de hechos cronológicamente narrados, sino una catequesis para la fiel
trasmisión de la verdad cristiana»
[48]
.
Mateo yuxtapone milagros y parábolas que han tenido lugar en momentos muy
diferentes. Y Lucas ordena todo en un viaje a Jerusalén.
Dicen lo mismo, pero de modo distinto.
Por ejemplo, hablando del letrero de la cruz lo ponen así:
San Mateo: Éste es Jesús, el rey de los
judíos
[49]
.
San Marcos: El rey de los judíos
[50]
.
San Lucas: Éste es el rey de los judíos
[51]
.
San Juan: Jesús
Nazareno, el rey de los judíos
[52]
.
«Los Evangelios no tienen forma histórica, sino de mensaje. Los
evangelistas no pretenden relatar los acontecimientos en orden exactamente
cronológico, sino presentar la persona, la doctrina, la obra redentora de Jesús, a los hombres con el fin de que
crean»
[53]
.
«Los Evangelios son relatos fragmentarios y esquemáticos, selecciones y
resúmenes. Por otra parte, han tenido siempre la finalidad práctica de la
predicación: pretenden ser una enseñanza, transmitir un mensaje que hemos de
acoger y vivir en la fe; no pretenden tanto darnos una información, cuanto
contribuir a la formación de un mundo nuevo, nacido de la obra redentora de Cristo; presentan al Señor Jesús, para que uno se encuentre con Él
y se haga su discípulo»
[54]
.
Los evangelistas no pretendieron hacer una exposición sistemática de la
doctrina de Jesús
[55]
.
«Los Evangelios no son ni un diario ni una biografía en el sentido moderno
de la palabra. Son síntesis de la predicación apostólica. Cuanto más se penetra
en los métodos propios de los evangelistas, en su fin y en su plan, más se
convence uno del carácter episódico y fragmentario que los distingue, y cuán
poco les interesaba a ellos muchas cosas pequeñas que a nosotros nos pueden
parecer hoy problemas casi substanciales. Los evangelistas pretenden cimentar
la fe de sus lectores, y para ello les basta escoger algo de lo más saliente de
la vida y doctrina del Señor. El marco topográfico y cronológico no era
necesario y, por lo mismo, lo descuidan. Muchos hechos y muchas palabras están
fuera de su marco histórico»
[56]
.
Generalmente, el evangelista, no tiene ningún interés cronológico. A veces
acumula parábolas, milagros o controversias con los judíos con una palabra de
enlace («entonces», «enseguida»,
«después»); aunque hayan ocurrido en momentos muy distantes. «La intención
de los evangelistas fue inculcar una forma de vida, una enseñanza religiosa. Lo
histórico es base de la narración, pero no como nosotros entendemos hoy la
historia»
[57]
.
Los Evangelios son libros históricos porque relatan acontecimientos que han
ocurrido realmente, aunque la historia no la entiendan al modo actual. No todo
lo que cuentan aconteció exactamente como se narra. El estilo de aquel tiempo
da libertad al historiador para que ilustre la narración. Puede añadir detalles
ornamentales, no históricos, pero que enriquecen la narración.
El estilo de aquel tiempo permite al historiador incorporar en su narración
todo lo que ayude, aunque no haya sido real. Son recursos narrativos
accidentales para dar amenidad o interés a la narración. Por eso los
evangelistas narran la historia cada uno a su modo, sin preocuparse de la
exactitud de los detalles.
A ellos les bastaba la historicidad del fondo de la narración.
El distinto modo de narrar un hecho no quita historicidad al hecho.
»Tito Livio y Polibio nos dan
dos versiones irreconciliables de cómo Aníbal cruzó los Alpes camino de Roma
para atacarla durante la segunda guerra púnica; pero ningún historiador duda
que Aníbal llevó a cabo tal campaña»
[58]
.
Hoy pedimos historicidad en todos los detalles, pero entonces no era así.
Por ejemplo, cuando San Mateo dice
que en la multiplicación de los panes había cinco mil hombres, sin contar
mujeres y niños, se refiere a una gran multitud, no precisamente a cinco o diez
mil personas; pues en aquella zona en aquel tiempo era casi imposible reunir
tanta gente.
También nosotros decimos: «Te lo he repetido mil veces», y lo que queremos
decir es «muchas veces».
Pero su estilo describiendo lugares y encajando personajes históricos en su
tiempo, dan a entender claramente que no pretenden hacer una obra de ficción. A
veces, aunque no siempre, señalan con exactitud el día y la hora, y dan una
porción de detalles que muestran la voluntad de describir hechos reales
[59]
.
El Evangelio es «histórico» en el sentido vulgar, corriente. Así lo creyó
siempre la Iglesia: los Padres y los fieles
[60]
.
Es evidente que no fueron «inventados».
«Aunque es incontestable que los evangelistas quisieron hacer un trabajo de
historiadores, no era ésa su única preocupación. Lo que ellos querían era
prolongar la enseñanza de Aquél a quien la resurrección transformó en viviente»
[61]
.
Los evangelistas afirman que lo que narran es la verdad
[62]
.
San Lucas al principio de su evangelio garantiza a los lectores de «la certeza» de
su narración, pues son «cosas verdaderas
y auténticas».
Dice San Lucas
[63]
que se ha
determinado escribir los acontecimientos recientemente ocurridos «después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen»
[64]
.
Y San Juan afirma que lo que él
narra es «lo que vieron sus ojos y oyeron
sus oídos»
[65]
. «Aquel que lo ha visto da
testimonio de ello , y su testimonio es cierto: y él sabe que dice la
verdad a fin de que vosotros creáis»
[66]
.
«Los Evangelios refieren fielmente los hechos y dichos de Jesús. Lo prueba suficientemente el
concepto de “testimonio”, “testigo”, “testimoniar” que ocurre más de ciento
cincuenta veces en el Nuevo Testamento y que los mismos Apóstoles se aplican a
sí mismos. (...) Podemos afirmar, sin género ninguno de duda, que el principio “quod traditum est” [lo que hemos
recibido] era reconocido en todas las Iglesias como el canon para distinguir
las doctrinas falsas de las verdaderas»
[67]
.
«Los Evangelios aparecen escritos sin verdadera preocupación apologética,
en el sentido moderno de la palabra, sino con el fin de transmitir, tal cual,
el hecho de que dan testimonio (...). Los Evangelios no son una especulación
doctrinal, sino la atestación de un hecho (...). Los autores no sólo no hacen
su propio elogio, sino que hasta desaparecen detrás de su obra. No se inciensa
a los Apóstoles, se les presenta sin inteligencia, ambiciosos, pendencieros,
cobardes, traidores. Se presenta a Cristo abandonado del Padre (...). Los milagros están descritos con una sobriedad que
los distingue inmediatamente de los relatos no evangélicos»
[68]
.
«El origen apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los
Evangelios justifican su valor histórico. Derivados de una predicación oral que
se remonta a los orígenes de la comunidad primitiva, tienen en su base la
garantía de testigos oculares. Indudablemente ni los Apóstoles ni los demás
predicadores y narradores evangélicos trataron de hacer historia en el sentido
técnico de esta palabra; su propósito era menos profano y más teológico;
hablaron para convertir y edificar, para inculcar e ilustrar la fe, para
defenderla contra los adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios
verídicos y controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como
por el afán de no dar pie a refutaciones hostiles (...) Si los Evangelios no
son “libros de historia”, no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que
no sea histórico»
[69]
.
«El valor histórico de los Evangelios, aparte de ser cierto para el
crítico, es para el católico una verdad de fe»
[70]
.
«Los Evangelios no son un simple libro doctrinal que ofrece unas ideas
sobre Dios, el hombre y el mundo; sino un auténtico anuncio del Reino de Dios,
manifestado en Jesucristo.
»La historicidad de que están revestidos no puede llevar a ver los
Evangelios nada más que como una venerable documentación y reliquia del pasado.
El Evangelio hay que sentirlo vivo y actual, situarlo en el presente más
inmediato. No fueron palabras y hechos que se dijeron y realizaron ayer. Es
mensaje intemporal, y buena noticia que anuncia la salvación.
»Los Evangelios no son tanto para leer cuanto para vivir. No son un libro
de referencia técnica para entender, sino de revelación divina y de
ejemplaridad. (...) Interpelan la fe, y son una insistente llamada a la
conversión»
[71]
.
Se han hecho estudios comparativos de todas las copias que conservamos de cada uno de los evangelistas
[72]
.
Hort, «uno de los más seguros críticos del siglo XIX»
[73]
resume sus investigaciones de veinticinco años, y las de su colega Wescott, en su edición crítica del
original griego del Nuevo Testamento con estas palabras: «las variantes que
tocan a la sustancia del texto son muy poco numerosas, y pueden ser valuadas en
menos de la milésima parte del texto»
[74]
.
«La inmensa mayoría de la variantes se refieren únicamente a la forma
exterior: ortografía, orden de las palabras y términos sinónimos»
[75]
.
De las ciento cincuenta mil variantes, sólo quince son de
importancia, y ni una sola toca a la fe de la Iglesia
[76]
.
Eso da idea del esmero con que se copiaron
[77]
.
Aquella generación cristiana que había presenciado los hechos que se narran
en los Evangelios, los encontraban tan correctamente relatados, que los
copiaban a mano (entonces no había imprenta) y los transmitían de generación en
generación, de modo que hoy tenemos de los Evangelios más copias que de ningún
otro libro de aquel tiempo.
«Ningún otro autor, ni religioso, ni profano, de aquellos tiempos, puede
presentar la cantidad de papiros, de códices, de citas de autores de aquel
tiempo o de inmediatamente después, como los libros del Nuevo Testamento pueden
ofrecer»
[78]
.
Los originales se han perdido. Tanto de los Evangelios como de todos los
libros de aquel tiempo, pues entonces se escribía en hojas de papiro, que es un
material deleznable que se deteriora y se deshace fácilmente. Desde el siglo IV
se empleó el pergamino, sacado del cuero animal, y se empezaron a usar a manera
de libros, llamados códices
[79]
.
Puede ser interesante mi vídeo: Razones
para ser católico, donde hablo de la historicidad de los Evangelios
[80]
.
«En favor de la autenticidad de los Evangelios existe tal tradición
literaria como no existe de ningún otro escrito de la antigüedad. Una tradición
antiquísima, pública, universal, constante. No tiene ni la menor comparación
con la de ciertos escritores profanos cuyas obras nadie pone en tela de juicio»
[81]
.
A nadie se le ocurre dudar de la autenticidad de las obras de los clásicos latinos César,
Cicerón, Horacio y Virgilio. A pesar de que -aunque todos ellos vivieron
tan sólo 50 años antes de Jesucristo-
no conservamos, ni con mucho, las pruebas que conservamos de los Evangelios.
El autor clásico contemporáneo de Jesucristo de quien conservamos mejores documentos es Virgilio.
Pues bien, de Virgilio, sólo tenemos
tres códices unciales. En cambio de los Evangelios tenemos doscientos doce.
¡Superioridad aplastante!
[82]
.
De Platón los manuscritos que
conservamos son 1500 años posteriores a él
[83]
.
De Aristóteles, que vivió 300 años
antes de Cristo, «quizá el hombre de
inteligencia más amplia que haya existido»
[84]
,
cuyo Tratado de Lógica sigue siendo
hoy día la base de todo razonamiento filosófico, el manuscrito más antiguo que
conservamos es 1400 años posterior a él.
Nuestro gran historiador contemporáneo de fama mundial, Menéndez Pidal, Premio March, que murió
en 1968, en su Historia de España
[85]
,
en treinta tomos, de la Editorial Espasa Calpe, fundamenta algunas de sus
afirmaciones en la obra Germania del
historiador romano Tácito, posterior
a Cristo, pues murió el año 120.
Pues bien, de la Germania, de Tácito, el códice más antiguo que se
conserva es 1340 años posterior a él
[86]
.
Del historiador griego Polibio,
que murió 120 años antes de Cristo,
y de quien Mommsen, Catedrático de
Historia Antigua de la Universidad de Berlín y Premio Nobel, dice que «a él es
a quien deben las generaciones posteriores, incluso la nuestra, los mejores
documentos acerca de la marcha de la civilización romana»
[87]
,
el manuscrito más antiguo que de él conservamos es 1067 años posterior a su
muerte
[88]
.
En cambio, de los Evangelios conservamos manuscritos muy próximos a ellos.
El Evangelio de San Juan se escribió el año 95
[89]
;
pues bien, en 1935 se descubrió el papiro Rylands (P.52) sobre este Evangelio, que se conserva en Manchester. Fue encontrado en
Egipto en 1920 por el científico británico B.P.Granfell para el librero John Rylands
[90]
.
Según los especialistas se escribió hacia el año 130
[91]
.
Tan sólo 35 años después. ¡Esto es maravilloso!
El papiro Bodmer II, que se
conserva en la Biblioteca de Cologny, en Ginebra, y que contiene casi en su
totalidad el Evangelio de San Juan,
es 100 años posterior a él
[92]
.
En 1956 fue publicado por V. Martín
[93]
.
Hay un papiro del Evangelio
de San Lucas de finales del siglo I
[94]
.
De los tres siglos posteriores a Jesucristo se conservan treinta papiros
[95]
.
Esto es un caso único en toda la historiografía grecorromana.
En 1972 el Padre José O´Callaghan,
jesuita español papirólogo, Profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, y
Decano de la Facultad Bíblica del Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y de la
Facultad Teológica de Barcelona, descifró unos fragmentos de papiros
encontrados en la cueva 7 del Qumrán (Mar Muerto). Se le identifica así 7Q5. Se
trata del texto de San Marcos, 6:52s.
En once cuevas aparecieron seiscientos rollos de pergaminos. En estos
manuscritos, que se descubrieron en 1947, han aparecido textos del Éxodo, Isaías,
Jeremías, etc. De casi todos los libros del Antiguo Testamento.
Estos manuscritos han sido estudiados por E. L. Sukenik, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que consiguió
adquirirlos para la biblioteca de la Universidad
[96]
.
El texto descifrado por el P.
O´Callaghan es un fragmento del Evangelio de San Marcos enviado a Jerusalén por la cristiandad de Roma y que los
esenios escondieron en esa cueva en ánforas, una de las cuales tiene el nombre
de ROMA en hebreo
[97]
.
Probablemente esto ocurrió cuando la invasión de Palestina por los romanos,
antes de la ruina de Jerusalén del año 70.
En concreto cuando se aproximaban las tropas de Vespasiano el año 68
[98]
.
Este descubrimiento ha sido considerado como el más importante de este
siglo sobre el Nuevo Testamento
[99]
.
. En 1991 se ha publicado una edición facsímil con 1.787 fotografías de estos
manuscritos
[100]
.
Los expertos han fechado este manuscrito en el año 50 después de Cristo
[101]
.
La identificación del P. O’Callaghan es tan seria que Orsolina
Montevecchi, Presidenta de la Asociación Internacional de Papirología, ha
pedido a sus colegas que se incluya el 7Q5, como se llama a este manuscrito, en
la lista oficial de los papiros del Nuevo Testamento
[102]
.
Esta interpretación del P.
O´Callaghan ha sido recientemente confirmada por el eminente Profesor
alemán de la Universidad de Oxford, Carsten
Peter Thiede, en la prestigiosa revista internacional BIBLICA
[103]
. Thiede, dice textualmente: «Conforme
a las reglas del trabajo paleográfico y de la crítica textual, resulta cierto
que 7Q5 es Marcos, 6:52s».
Thiede ha publicado un
estudio apoyando al P. O´Callaghan titulado ¿El manuscrito más antiguo de
los evangelios?
[104]
.
«Son cada vez más los que aceptan esta identificación», ha dicho el P. Ignacio de La Potterie, S.I., como
se ha visto en el Simposio Internacional celebrado del 18 al 20 de octubre de
1991 en Eichstät
[105]
,
donde apoyaron esta opinión los expertos en papirología Hunger, de la Universidad de Viena, y Riesenfeld, de la Universidad de Úpsala (Suecia).
El texto 7Q5 ha sido estudiado en ordenador por IBICUS de Liverpool, y se
ha demostrado que esa combinación de letras, en la Biblia, sólo se encuentra en Marcos 6:52s, que es el 7Q5
[106]
.
«El Profesor Herbert Hunger, Director
de la colección de papiros de la Biblioteca Nacional Austríaca, y Profesor de
Papirología de la Universidad de Viena, ha dicho: “La identificación del papiro
de Qumrán con Marcos resulta
convincente”»
[107]
.
El paleógrafo inglés Roberts, de
la Universidad de Oxford, primera autoridad mundial en paleografía griega,
antes de que se descifraran estos papiros, estudiando la grafía, afirmó que
eran anteriores al año 50 después de Cristo
[108]
,
es decir, unos 20 años después de la muerte de Jesús, y 10 años después que Marcos escribiera su Evangelio. Sin duda es anterior al año 68 en que fueron selladas
las cuevas del Qumrán, con los papiros dentro, antes de huir de las tropas de Vespasiano, que invadieron aquel
territorio el año 68
[109]
.
Se trata, por lo tanto,del manuscrito más cercano a Jesús de todos los conocidos
[110]
.
«El descifrador de estos documentos ha manifestado que ya no puede
afirmarse que el Evangelio sea una elaboración de la antigua comunidad
cristiana, y que tuvo un período más o menos prolongado de difusión oral antes
de ser escrito, sino que tenemos ya la comprobación de los hechos a través de
fuentes inmediatas».
Este descubrimiento ha dado al traste con las teorías de Bultmann. La proximidad de este
manuscrito al original echa por tierra la hipótesis de Bultmann, según la cual los Evangelios son una creación de la
comunidad primitiva que transfiguró «el Jesús de la historia» en «el Jesús de la
fe».
Este descubrimiento confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado
durante diecinueve siglos: la historicidad de los Evangelios.
Más tarde, el mismo O´Callaghan, descubrió
otro fragmento de la misma gruta que encajaba perfectamente en el texto de la
Primera Carta de San Pablo a Timoteo
[111]
.
La ofensiva contra la historicidad de los Evangelios comenzó con Friedrich Strauss en 1835. La renovó Ernest Renán en 1863. Modernamente Rudolf Bultmann afirma que «no
podemos saber nada sobre la vida de Jesús, pues los Evangelios son la idealización de una leyenda de generaciones
posteriores». Si el 7Q5 es del año 50, esta idealización no es posible en
contemporáneos.
El célebre teólogo protestante Oscar
Cullmann, seguidor un tiempo de Bultmann,
reconoce que se separó de Bultmann por
la interpretación que éste hacía de la Biblia. Para Bultmann «el único elemento histórico de los Evangelios que
quedaría a salvo es la cruz. El resto, incluida la resurrección, sería un mero
símbolo»
[112]
.
El cardenal Eugenio de Araujo Sales, arzobispo de Río de Janeiro (Brasil), ha escrito: «Bultmann cree que los relatos del Nuevo Testamento no presentan una
revelación, sino que son reproducción de mitos de culturas paganas»
[113]
.
Uno de los seguidores de Bultmann ha dicho de este descubrimiento del 7Q5: «Habrá que echar al fuego siete
toneladas de erudición germánica»
[114]
.
«El lapso de tiempo que transcurre entre los acontecimientos y la
composición de los Evangelios es tan breve, que no permite la formación de un
mito contrario a la historia»
[115]
.
Recientemente el Dr. Carsten Peter
Thiede ha publicado en la revista alemana Zeitschrift Für Papyrologie , especializada en papirología, haber
descubierto un papiro con un fragmento del capítulo veintiséis del Evangelio de San Mateo, escrito en el siglo I de
nuestra Era. «Thiede estableció su
datación como anterior al año 66 de la era cristiana»
[116]
.
Se trata del Magdalen Cr. de
Roma 17, por encontrase en la Biblioteca del Colegio de la Magdalena de Oxford.
Fue donado a este Colegio por el papirólogo Rvdo. Charles B. Huleat, antiguo alumno de este Colegio, que había sido
capellán de la Iglesia Británica de Luxor, en Egipto
[117]
.
Allí se lo compró a un anticuario
[118]
. «En la Navidad de 1994 la noticia
salta a la primera página del The Times .
Hace unos meses Thiede ha publicado
un libro sobre el tema: Testigo ocular de
Jesús . Su lectura es un verdadero placer intelectual y espiritual»
[119]
.
Los originales de los Evangelios se han perdido, como los de todos los
libros de aquel tiempo, pues se escribieron en papiros, planta oriental de
material deleznable, que se deshace fácilmente. Por eso quedan muy pocos
papiros. Desde el siglo IV se empleó el pergamino, sacado del cuero animal, que
se empezaron a utilizar en forma de libros. A éstos se les llama códices
[120]
.
_
No es claro cuál de los Evangelios se escribió primero. Unos opinan que fue
el de San Marcos, otros que fue el
texto hebreo de San Mateo, que
más tarde se tradujo al griego
[121]
.
El Padre B. Manzano, S.I., que
es un especialista en temas de Palestina, da estas fechas en las que
probablemente se escribieron los tres Evangelios sinópticos.
El Evangelio de San Mateo, entre
el 37 y el 42.
El Evangelio de San Marcos,
entre el 40 y el 45.
El Evangelio de San Lucas, entre
el 47 y el 56.
El Evangelio de San Juan, como
dije antes, se escribió en el año 95
H.J. Schultz, Profesor de la Universidad de Würtzburg (Alemania) afirma que ningún
Evangelio sinóptico fue escrito después del año 70. Esta opinión ha sido
apoyada por el célebre exégeta Rudolf
Schnackenburg «por el peso de las argumentaciones presentadas»
[122]
.
Algunos piensan que si los Evangelios se escribieron varios años después de
la muerte de Cristo, quizás no
reflejaran con exactitud los dichos de Jesús,
sino que tal vez sean una libre reconstrucción. Pero hay que tener en cuenta la
costumbre de los hebreos de memorizar la Biblia, el Talmud, la Torá, etc. «De
este modo podemos tener la garantía de que los textos evangélicos nos acercan
al verdadero pensamiento de Jesús y
a su propia palabra»
[123]
.
En el siglo II, los Evangelios son confirmados por Papías, discípulo de San Juan; por Clemente Romano, discípulo de San
Pedro, y Papa del año 91 al año 100; por San Ignacio de Antioquía, también discípulo de San Juan; por San Justino,
San Ireneo, Obispo de Lyon y discípulo de San Policarpo, amigo de San
Juan; por Orígenes, Tertuliano,
Clemente de Alejandría, el pastor Hermas, etc. etc. Todos ellos del siglo
II.
El texto de los Evangelios se nos ha
transmitido literalmente en lo esencial. Es cierto que no poseemos los
originales. Pero lo mismo ocurre con todos los escritores de aquel tiempo
[124]
.
Esto se debe a la fragilidad del material sobre el que entonces se escribía.
El texto sagrado se copiaba con tanto interés y se guardaba con tanto
cariño, que por eso no existe ningún libro de aquel tiempo que se le pueda
comparar en número y calidad de manuscritos.
Es, además, excepcional el estado de
conservación. De los autores latinos las obras completas más antiguas que
conservamos son posteriores al siglo VIII. En cambio, códices evangélicos
completos, de los siglos IV al VI, se conservan setenta y ocho.
Y los Evangelios se citaban con tal frecuencia que solamente con las citas
que existen en las obras de siete escritores de los siglos II al VI (Justino, Ireneo, Clemente, Orígenes,
Tertuliano, Hipólito y Eusebio) se podrían reconstruir en toda su
integridad los cuatro evangelios: se conservan de ellos 26.487 citas
[125]
.
Por todo esto, el gran crítico inglés en literatura clásica
[126]
, B.H.Streeter, confiesa que los
Evangelios (en cuanto a su autenticidad) tienen la posición más privilegiada
que existe entre todas las obras de la antigüedad.
Por tanto, quien no admite lo que dicen los Evangelios, no tiene derecho a creer en nada de la
Historia Antigua, pues las cosas que nos dicen los Evangelios nos constan con
mucho más rigor que muchísimas de las cosas que admite la Historia de la
Antigüedad.
«Quien dude o niegue la historicidad de los Evangelios debe, lógicamente,
dudar o negar la historicidad de todo libro histórico, es decir, debe ser
escéptico universal en materia de historia»
[127]
.
Una de las cosas en que más insisten los Evangelios es en los milagros que Cristo hizo para probar que era Dios.
32,9. Nada nos dice el Evangelio sobre el aspecto externo de Jesús. No era
costumbre en los historiadores de aquel tiempo.
El primer historiador que describe a sus personajes fue Plutarco en sus Vidas paralelas, y los Evangelios son anteriores a Plutarco.
Por eso los cuatro evangelistas guardaron silencio sobre su estatura, el
color de sus ojos, el tono de su voz y los rasgos de sus facciones.
Sabemos que su mirada era irresistible: una mirada capaz de hacer, con sólo
su fuerza, que los hombres lo abandonaran todo por seguirle. Una mirada
profunda, tierna, penetrante. Una mirada llena de bondad, de un Ser que era
todo bondad. De un Ser que recorrió haciendo el bien las tierras de Judea,
Galilea, Samaría..., curando enfermos, consolando a los desheredados del
mundo..., dándose a todos, apiadándose de todos, amando a todos... Del Ser que
pronunciara las palabras más dulces que jamás tomaron forma en unos labios
humanos: «Venid a mí todos los fatigados
y agobiados, y Yo os aliviaré»
[128]
.
Dice F. Dostoieski: «Creo que no
existe nada más bello, más profundo, más atractivo, más viril y más perfecto
que Cristo»
[129]
.
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que el
cónsul romano Léntulo habla de cómo
fue Jesucristo. Dice: «En nuestro
tiempo apareció un tal Jesús, de gran
fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus discípulos le
llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó enfermedades»
[130]
.
Los Evangelios nos describen a un ser excepcional, a un hombre que en sólo
tres años de vida pública, en un radio de acción de escasos kilómetros,
trastornó al mundo, de modo que el tiempo se divide en los siglos que le
esperaron y los que siguen a su venida
[131]
.
Cristo iluminó con su doctrina la vida del hombre con visión de eternidad, y
transformó los valores del pensamiento humano.
Jesucristo ha sido el hombre más grande de la historia. Genios como Calderón de la Barca y Miguel Ángel, militares como César y Napoleón, después de su muerte, han sido admirados; pero no
amados. Jesucristo es el único
hombre que ha sido amado más allá de su tumba. A los dos mil años de su muerte,
legiones de hombres y mujeres, dejando su familia paterna y su familia futura,
sus riquezas y su Patria, despojándose de todo, han vivido sólo para Él.
Jesucristo ha sido amado con heroísmo. Millares y millares de mártires dieron por Él
su sangre. Millares y millares de santos centraron en Él su vida.
Santos de todos los tiempos, de todas las edades, de todas las clases
sociales. Unos con corona de reyes, y otros con los pies descalzos; unos con
hábito de monje, y otros con cinturón de soldado; unos con chaqueta y corbata,
y otros con manos encallecidas de obrero; muchachos de corazón puro, y
muchachas de mirada limpia y andar recatado. Todos éstos le amaron heroicamente
y alcanzaron la corona de la inmortalidad.
Jesús ha sido también el hombre más combatido de la humanidad. ¿Qué tendrá este
hombre que murió hace dos mil años y hoy molesta a tantos vivos?
Jesucristo «hubiera quedado ignorado para siempre si de él no hubiera salido el
cristianismo. (...)Su tentativa hubiera quedado para siempre en silencio, si no
hubiera llegado a ser la Iglesia»
[132]
.
Puede ser interesante mi vídeo: CRISTO,
el más grande
[133]
.
32,10. Jesús vivió la mayor
parte de su vida como un obrero, ganando su sustento con el sudor de su frente
y el trabajo de sus manos. Ejercía el oficio de carpintero en un taller humilde
y alegre de Nazaret. De este modo dignificó y ennobleció el trabajo.
Cristo, como dice la Biblia: «se hizo igual al hombre en todo menos en el
pecado»
[134]
.
Cuando San Pablo dice que Cristo «se hizo pecado por nosotros»
[135]
se refiere a que tomó sobre sí la pena debida por nuestros pecados; pero no
la culpa, lo cual sería incompatible con la infinita Bondad de Dios.
Recientemente ha circulado la blasfemia de que Jesucristo tuvo relaciones sexuales con la Magdalena. Incluso homosexuales con San Juan. Esta monstruosidad sólo se le puede ocurrir a maníacos
sexuales que no conciben el amor de amistad, sin sexo. Es inconcebible que haya
mentes tan perversas.
La vida y doctrina de Jesucristo son para nosotros un ejemplo de lo que tenemos que hacer para alcanzar el Reino
de los Cielos, es decir, para salvarnos. Él nos enseña el camino del cielo.
Cuando Jesucristo tenía unos
treinta años comenzó a predicar su doctrina. Sanó milagrosamente a muchísimos
enfermos y remedió a necesitados. Su vida pública puede resumirse en estas
palabras de San Pedro: «Pasó haciendo el bien»
[136]
.
Por eso muchos le seguían como discípulos. De entre ellos eligió doce para
formarlos especialmente y para que, al faltar Él, continuaran su obra.
Pero la clase dirigente judía no podía tolerar que un desconocido, no
educado con ellos, les desplazara del favor popular. Creció la envidia y con
ella el odio. Se cegaron hasta no ver las cosas más claras. «Este hombre
-decían- hace muchos milagros y todos se van con él». Lo lógico hubiera sido
que, ya que reconocían los milagros, se rindieran ante ese testimonio de Dios,
y le siguieran. Pero no: se obcecaron y no pararon hasta que lo prendieron y lo
entregaron a la autoridad romana, arrancándole la sentencia de muerte en
cruz, que es la muerte más afrentosa que entonces se conocía.
Hoy hay un acercamiento de los judíos a la persona de Jesús. Se han escrito varios libros de judíos en este sentido. Uno
de los más conocidos es el de Joseph
Klausmer titulado: Jesús von Nazaret ,
publicado en Jerusalén.
Actualmente hay trescientas cincuenta comunidades de judíos, principalmente
en Estados Unidos e Israel, que creen que Jesús es el Mesías prometido por Dios a Israel. Se llaman «judíos mesiánicos»
[137]
.
En Estados Unidos se ven jóvenes con camisetas en las que se lee: Jews for Jesus, «los judíos por Jesús».
Recientemente han pasado al catolicismo del judaísmo personas eminentes,
como el historiador Ludovico Pastor, el
gran rabino de Roma Eugenio Zolli
[138]
y la filósofa
alemana Edith Stein (1891-1942),
mujer polifacética, que fue judía, atea, cristiana, carmelita, mártir y santa.
Se convirtió al catolicismo a los 30 años de edad, en 1922, se hizo
carmelita a los 40, en 1934, en Colonia, y murió en la cámara de gas del campo
de Auschwitz, el 9 de agosto de 1942, durante la Segunda Guerra Mundial
[139]
.
Ha sido canonizada por Juan Pablo II, el
11 de octubre de 1998, y es la
primera santa de origen judío que la Iglesia Católica sube a los altares. Nació
en Breslau, el 12 de octubre de 1891, y estudió filosofía con Edmundo Husserl, del que fue discípula
predilecta. La lectura de Santa Teresa la llevó primero al catolicismo y después a las Carmelitas Descalzas
[140]
.
En Medina Sidonia (Cádiz) está enterrada Simi Cohen, hija de padres judíos, residentes en Gibraltar, que
huyó de su hogar paterno, a los dieciséis años, para hacerse católica. Llegó a
Medina Sidonia donde se consagró a Dios tomando los hábitos de las Agustinas
Recoletas. Allí llevó una vida santa muriendo en 1887 a los 85 años. Va camino
de los altares. Se ha introducido su causa de beatificación
[141]
.
Hermann Cohen, judío prusiano, educado en el seno de una familia de banqueros de Hamburgo,
músico famoso, discípulo predilecto de Liszt, se convirtió al catolicismo ya adulto, ingresó en los Carmelitas Descalzos,
y fundó la Adoración Nocturna
[142]
.
Alfonso de
Ratisbona, joven judío empedernido indiferente
religioso se convirtió al catolicismo y se hizo sacerdote
[143]
.
La intelectual judía Simone Weil, que
murió el 23 de agosto de 1943, se bautizó en la Iglesia Católica antes de morir
[144]
.
Recientemente también se ha convertido al catolicismo el célebre Dr. Bernard Nathanson, que era judío y
ateo. Después de ser un gran abortista, se hizo anti-abortista y se convirtió
al catolicismo recibiendo el bautismo el 9 de Diciembre de 1996 de manos del
Cardenal O’Connor de Nueva
York. Escribió su conversión en el libro La
mano de Dios
[145]
.
Fue muy notable la conversión del también judío André Frossard, comunista e hijo de comunista. Fue hijo del Primer
Secretario General del Partido Comunista Francés que entró ateo en una iglesia
y salió católico. Así lo cuenta él en su libro: Dios existe, yo me lo encontré, un éxito mundial.
«Karl Herzfeld, físico eminente, abrazó la fe católica a partir del judaísmo, y la vivió
hasta su muerte con sinceridad y profundidad»
[146]
.
Los medios de información han hablado de la conversión de Bob Dylan, famoso cantautor
norteamericano, de origen judío, que en el concierto ante el Papa Juan Pablo II, en Bolonia, en
Septiembre de 1997, con ocasión de la clausura del Congreso Eucarístico
Nacional italiano, tuvo que interrumpir su intervención estallando en lágrimas
[147]
.
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resurrección de Jesucristo y la del hombre en a Biblia, pg. 26. Ed. Fe
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[3]
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[8]
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[9]
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[10]
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[14]
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[15]
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[16]
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histórico de los Evangelios, VIII, 3. Ed.Escelicer. Cádiz.
[17]
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[18]
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[19]
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[20]
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[21]
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[23]
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[26]
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[27]
PIERRE GRELOT: Introducción
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[28]
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[29]
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[30]
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[31]
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[32]
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[33]
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[34]
Evangelio de SAN JUAN, 21:7 y 20
[35]
Evangelio de SAN JUAN, 13:25
[36]
Evangelio de SAN JUAN, 19:26
[37]
Evangelio de SAN JUAN, 20:2-8
[38]
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[39]
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[40]
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[41]
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al Nuevo Testamento, 3ª, I, 28, 3. Ed. Herder.Barna.
[42]
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[43]
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[50]
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222 838. FAX: (956) 205 810.
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