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REDENCIÓN
33.- DIOS SE HIZO HOMBRE PARA REDIMIRNOS DEL PECADO Y DARNOS LA VIDA ETERNA.
33,1. Redimir es rescatar a precio. Desde el pecado original que cometieron Adán y Eva1,
las puertas del cielo estaban cerradas y nadie podía entrar allí. Por los
méritos de la Redención de Jesucristo se nos perdonan todos nuestros pecados y se nos abren las puertas del cielo.
La Biblia de la BAC del P. Manuel
Iglesias, S.I. explica la frase de San Pedro (1ª 3:19) «fue a predicar a
los espíritus encadenados» como el descenso de Cristo a la región de los
muertos del Antiguo Testamento para comunicarles la buena noticia de la
Redención.
Dios envió a su Hijo para redimir a los hombres2:
«Habéis sido rescatados..., con la
preciosa sangre de Cristo»
[1]
. «Habéis sido comprados a gran precio»
[2]
.
«Él salvará a su pueblo de sus pecados»
[3]
. «Jesucristo se dio a sí
mismo como rescate para todos»
[4]
. «El Hijo del Hombre vino a dar su vida
para redención de todos»
[5]
. «Cristo murió por nosotros»
[6]
. San Pablo atribuye a la muerte de Cristo la reconciliación de los pecadores
con Dios
[7]
.
Cristo murió por todos
[8]
. «El Padre envió a su Hijo para ser
Salvador del mundo»
[9]
.
Y San Pedro dice que Jesús es «el único Salvador del mundo»
[10]
.
«Muchos» en la Biblia significa «todos»
[11]
.
Dios ha muerto por todos, pero para que la redención se aplique a cada
hombre depende de que él quiera aprovecharse de ella
[12]
.
Dijo San Agustín: «Dios que te ha
creado sin ti, no te salvará sin ti».
Cristo ha muerto para que yo me salve, pero si no colaboro con mis buenas obras la
redención para mí es ineficaz. Como si me dan un cheque para que me compre un
piso, pero si no voy al Banco me quedaré sin el piso.
La redención es para todos. Pero cada uno debe poner de su parte. «Si
nosotros no recibimos la vida sobrenatural, o si habiéndola recibido la
perdemos, y morimos sin ella, no nos salvaremos»
[13]
.
Pero para salvarnos hace falta creer en las verdades reveladas por Dios y
hacer buenas obras: «El que creyere, se
salvará; y el que no creyere, será condenado»
[14]
.
«Si quieres entrar en la vida eterna,
guarda los mandamientos»
[15]
.
33,2. Iba el filósofo franciscano irlandés Duns Scoto paseando por un camino y se encontró con un labrador
que, sudoroso, hundía la reja del arado en la tierra dura. Empiezan a hablar de
Dios. A las pocas palabras el labriego le interrumpe:
- ¿Me permite hacerle una pregunta?
- Vamos a ver.
- Dios lo sabe todo. Dios es infalible. No se puede equivocar.
En este instante Dios sabe si me voy a salvar o si me voy a condenar.
Ahora bien, si Dios sabe que me voy a salvar, por más que peque, me
salvaré; en cambio, si Dios sabe que me voy a condenar, por más que me
esfuerce, me condenaré. Por tanto, ¿para qué me voy a preocupar de hacer buenas
obras?
- Dios conoce si te salvarás o condenarás, del mismo modo que conoce si
este año recogerás una cosecha espléndida o lo perderás todo en una helada.
Según tu razonamiento, como Dios ya sabe lo que ocurrirá con tu cosecha, y
Dios no se puede equivocar, es inútil que te esfuerces en arar y sembrar la
tierra. Recoge tu arado, vete a tu casa y espera a ver qué pasa.
Y abriendo su libro de rezos, siguió su paseo por el camino adelante.
El labriego se quedó sin saber qué decir.
A pesar de la ciencia infalible de Dios, si él no
sembraba, era cierto que no re-cogería cosecha.
Y es que el recoger o no recoger cosecha, el que yo me salve o me condene,
no ocurre porque Dios ya lo sabe; sino que Dios ya lo sabe desde ahora porque,
de hecho, ocurrirá después.
Si tú dejas caer una piedra desde tu ventana, antes de que llegue al suelo,
sabes que dará un golpe.
Efectivamente, a los pocos segundos oyes el golpe.
Pero el golpe no ocurrió porque tú lo sabías, sino que tú lo sabías porque
de hecho iba a ocurrir necesariamente.
La diferencia está en que nosotros sólo podemos conocer el futuro cuando
éste depende de las leyes físicas necesarias, en cambio, Dios conoce también el
futuro de los seres libres; pues por Él no pasa el tiempo.
Dios conoce ya la película de tu vida, y sabe cómo va a terminar.
Pero la película la haces tú, libre y voluntariamente.
Saldrá lo que tú quieras.
Si yo veo grabado en vídeo un partido de fútbol, al que he asistido
personalmente, sé de antemano el resultado, pero no por eso soy responsable de
la goleada. Dios conoce mi futuro, pues para Él todo es presente; pero mi
futuro depende de mí.
El que se condena es porque no ha querido cooperar a las gracias que Dios
le ha dado: «os he llamado y no me habéis
escuchado»
[16]
;
«tú eres culpable de tu perdición»
[17]
.
33,3. Preguntaron a un niño en la escuela:
- ¿Quién creó los demonios?
Respondió:
- Dios los hizo ángeles; pero ellos se hicieron demonios.
Bien respondido. Lo mismo ocurre con nosotros.
Dios nos crea para el cielo; pero nosotros nos hacemos merecedores del
infierno, si morimos en pecado.
Dios no te condena. Eres tú quien te condenas por no cumplir.
Lo mismo que no es correcto decir que el profesor suspende. Es el alumno el
que se suspende al responder mal.
El profesor justo lo único que hace es declarar que el alumno está mal
preparado.
Lo mismo Dios. Él te crea para que te salves, desea que te salves; pero si
no cumples, tendrá que declarar que no eres apto para la salvación, sino para
el infierno.
34.- JESUCRISTO NOS REDIMIÓ OFRECIENDO EL SACRIFICIO DE SU VIDA EN LA CRUZ, para
perdonarnos nuestros pecados y devolvernos la gracia y amistad de Dios.
34,1. La muerte de Jesucristo clavado en la cruz es el hecho más grande que ha visto la historia.
Para la reparación del género humano, en plan de justicia estricta y
perfecta (condigna), fue absolutamente necesario la Encarnación y Redención de
Cristo
[18]
.
La ofensa aumenta con la dignidad del ofendido.
Al ser el pecado ofensa a un Dios infinito, su malicia es infinita.
No podía reparase por un mero hombre.
Por eso Dios se hizo hombre para ser Hombre-Dios y así reparar la ofensa
del hombre
[19]
.
Las obras que hizo Jesucristo como
hombre las asumió su persona divina, por lo tanto son de valor infinito
[20]
.
«Jesús es Dios y hombre. En
cuanto Dios, todas sus acciones, incluso las acciones humanas más pequeñas,
tienen un valor infinito. En cuanto hombre, hecho hermano nuestro y cabeza de
la humanidad, puede ofrecer a Dios en nuestro nombre y en nuestro favor todo
cuanto hace. De ahí que ofrezca su obediencia hasta la muerte de cruz como
reparación de nuestra desobediencia.
Y al hacer esto, Él mismo se convierte en reconciliación entre el Dios
ofendido por la soberbia humana, y los hombres que son los ofensores. Por eso
es su sangre derramada en la cruz la que pacifica todas las cosas»
[21]
.
«Por la humanidad de Jesucristo entra la Persona del Verbo en solidaridad con el género humano. Formamos con Él
un todo. Él es uno de nosotros. Así puede verificarse la Redención
satisfactoria. Nosotros ofendimos a Dios, y Él paga por todos. (...) Cristo es un eslabón que une lo sumo
con lo ínfimo. Levanta la humanidad a las alturas de la divinidad y como que
inclina la divinidad a nuestro barro»
[22]
.
Dice San Gregorio el Magno: «El
haberse abajado Dios hasta la humanidad sirve para elevar al hombre hasta la
divinidad»
[23]
.
La gran prueba de la divinidad de Cristo es la resurrección, y para esto primero tenía que morir
[24]
.
Pero la muerte en cruz fue para demostrar su amor a nosotros.
Dios pudo haber mandado al infierno a todos los hombres que hubieran pecado
mortalmente; pero -por el mucho amor que nos tiene- no hizo eso, sino que, al
contrario, quiso hacerse hombre para redimirnos. Y aunque hubiera bastado para
esto una sola lágrima de sus ojos o una palabra de sus labios
[25]
,
quiso sufrir tormentos tan espantosos y muerte tan cruel, para que veamos el
valor de nuestra alma y tengamos horror al pecado, para darnos prueba de su
amor a nosotros, y para servirnos de ejemplo en nuestros trabajos y
penalidades.
Al Marqués de Comillas, que va
camino de los altares por las muchas buenas obras que hizo al disponer de una
gran fortuna, se le atribuyen estos
versos:
Sufre, pues por ti sufrí.
Y cuanto adverso te viene,
sabe que así te conviene;
pues todo nace de mí.
Mi bondad me puso aquí.
Tu ingratitud me clavó.
Nadie como yo sufrió.
Y pues todo es por tu bien,
bebe una gota, por quien
un cáliz por ti bebió
[26]
.
34,2. Jesús quiere que
correspondamos al amor que nos tiene. Por eso, en muchas de sus imágenes, nos
enseña su corazón, pidiendo que nosotros le amemos también a Él y le consagremos
y le dediquemos todos los actos de nuestra vida, principalmente los que más nos
cuestan. El dolor y el sufrimiento son un tesoro, si se saben aprovechar para
la otra vida ofreciéndolos a Dios.
La vida cristiana, aun en sus más mínimas acciones, posee una riqueza de
valor inapreciable, debido a la unión de todo bautizado con Cristo, de cuya misión y méritos
redentores participa.
Todo ese valor y precio puede ofrecerse a Dios para reparar los pecados y
colaborar en salvar el mundo; y aun para conseguir de la omnipotencia de Dios
gracias y favores en beneficio propio y ajeno.
El Apostolado de
la Oración, es una Obra de la Iglesia que asocia
a treinta y siete millones de personas, unidas en Cristo, para vivir los grandes intereses de su Reino, mediante el
sincero ofrecimiento del valor redentor de todas sus acciones, sufrimientos,
alegrías y oraciones.
La Dirección en España del Apostolado de la Oración está en Núñez de Balboa
115, 1º E. Madrid-28006, Telf.: 91 562 80 49. FAX: 91 562 17 85
Hay que santificar el trabajo.
Hacer las cosas lo mejor que podamos, por amor de Dios.
El seglar no puede santificarse a base de largos rezos y tremendas
penitencias. Algo debe rezar siempre, pero no podrá rezar mucho. Algo tendrá
que sacrificarse siempre, aparte de los muchos sacrificios que la vida trae
consigo.
Pero lo constante, lo que será de todos los días, y de todos los momentos
de cada día, es hacer bien lo que se está haciendo; y eso para complacer a
Dios, cumpliendo su santa voluntad. En esto ha de buscar el seglar su auténtica
santidad
[27]
.
Para facilitarte el ofrecimiento de tus obras, te pongo en los Apéndices el
Ofrecimiento de Obras del Apostolado de la Oración, que te recomiendo reces
todos los días.
Este ofrecerte a ti mismo a Jesucristo,
y contigo todas tus cosas, en correspondencia a su Amor Infinito y en
reparación de los pecados y ofensas que continuamente recibe, se llama culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Este culto, que lleva consigo la veneración de la imagen del Corazón Herido
por la lanza del soldado, es un verdadero compendio de nuestra Santa Religión y
el mejor modo de vivir nuestra fe, porque nos brinda la manera práctica de
entregarnos a Cristo y al prójimo,
amándolos de verdad y reparando los pecados.
La religiosidad popular, hoy revaluada, con su sentido concreto y sensible,
encuentra en el corazón de Cristo el
camino más fácil de llegar al amor de Dios.
La devoción al Sagrado Corazón no es una devoción más. Es la respuesta a Cristo porque me ama. Es toda una
espiritualidad.
Tenemos que caer en la cuenta del amor enorme que nos tiene Dios. Por eso
se hizo hombre, y murió por salvarnos. Por eso después de esta vida nos prepara
otra maravillosa. Y ese amor lo simboliza en su Corazón.
¡Dios nos quiere como el mejor Padre! Sólo el cristiano llama Padre a Dios.
Veamos el amor de Dios en todas las circunstancias que nos rodean: buenas o
malas. Confiemos plenamente en ese inmenso amor de nuestro Padre: «Corazón de Jesús, en Ti confío, porque creo que me amas»
[28]
.
Es muy consolador saber que Dios no me ama por mis méritos. Aunque es
cierto que «obras son amores y no buenas razones», Dios lo que más desea es un
corazón humilde, contrito y amante.
34,3. La devoción al Sagrado Corazón
de Jesús, nos consigue grandes beneficios por Él prometidos; sobre todo
nuestra salvación eterna, si comulgamos nueve Primeros Viernes de mes seguidos,
como Él mismo prometió a Santa Margarita
María de Alacoque.
El Papa Juan Pablo
II, el 5 de Octubre de 1986, dijo en Paray le Monial que se
siga difundiendo la práctica de los Nueve
Primeros Viernes de mes, y que se ayude a los fieles a la participación en
los sacramentos
[29]
.
La razón de la devoción de los Nueve Primeros Viernes de mes, podría ser
que Cristo murió un Primer Viernes
de abril
[30]
,
y estuvo nueve meses en el seno de María. Se conmemoran así dos grandes hechos de la Redención: la Encarnación y la
Muerte.
Es evidente que quien hace los Primeros Viernes y después, fiado de esta
promesa, se dedica a pecar a sus anchas, se está burlando del Corazón de Jesús; y no parece éste el mejor camino para
alcanzar el cumplimiento de la promesa. Dijo San Pablo que de Dios no se ríe nadie
[31]
.
Si alguien comulgase presuntuosamente, es decir, sin propósito de enmienda,
pensando pecar después, está claro que su comunión sería sacrílega, no válida,
y no ganaría la promesa.
La promesa del Corazón de Jesús no es un seguro de salvación para los que quieran llevar una vida de pecado. El
Concilio de Trento condena -y es de fe- a los que presumen de tener seguridad
absoluta de salvarse. A no ser que hayan tenido revelación especial de ello
[32]
.
No podemos tener una certeza infalible y de fe, pero sí podemos tener una
certeza moral; pues nadie pierde la gracia si no peca mortalmente, y nadie peca
mortalmente si no es responsable de lo que hace.
Lo que ocurre es que hay hechos de los que no somos responsables, pero sí
somos responsables de las causas remotas: hoy no vemos, porque la vista la
perdimos poco a poco voluntariamente, y por lo tanto responsablemente.
También puede ocurrir que el acto lo cometí libre y voluntariamente, y
después me olvido del grado de voluntariedad que tuve.
Por eso es conveniente terminar las confesiones diciendo:«Me arrepiento
además de todos los pecados de mi vida pasada y de aquellos de los que me haya
olvidado».
Hay que tener en cuenta que la promesa del Corazón de Jesús sólo sirve para los que quieran salvarse; pues
esta promesa no aniquila nuestra libertad.
Quien se empeñe en ir por el camino del infierno, y no quiera rectificar,
se condenará aunque haya hecho los Primeros Viernes.
Pero a quien los ha hecho bien, y tiene voluntad de ir por el camino de
salvación, aunque tenga caídas por fragilidad, hay muy sólidos fundamentos para
creer que Dios se encargará de protegerle con una Providencia especial para que
muera en estado de gracia.
Deberías tener en tu casa una imagen, cuadro o
placa del Sagrado Corazón, pues Él también ha prometido que
bendecirá las casas en las que su imagen esté expuesta y sea honrada.
Harías bien en consagrar tu casa al Sagrado Corazón. En los Apéndices te
pongo una fórmula para que puedas hacerlo estando la familia reunida.
35.- JESUCRISTO DESPUÉS DE SU MUERTE RESUCITÓ Y SE FUE AL CIELO.
35,1. Jesucristo, después de ser
crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día
[33]
resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir
[34]
.
Por tanto, Jesucristo está ahora
en el cielo en cuerpo y alma.
La resurrección de Cristo es dogma de fe. Está definido en el IV
Concilio de Letrán (1215): «Creemos y confesamos que Jesucristo resucitó de entre los muertos y subió al cielo en cuerpo
y alma»
[35]
.
La resurrección de Cristo es «el
dogma fundamental del cristianismo»
[36]
.
La expresión del Credo: «subió al cielo y está sentado a la derecha del
Padre» significa que tiene el mismo poder de Dios-Padre.
«La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una
duración de “tres días y tres noches”
[37]
.
Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al
juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir “tres días y tres
noches” es un modismo equivalente a “al tercer día”»
[38]
.
Jesucristo murió un viernes por la tarde y resucitó un domingo por la mañana: es
decir que estuvo en el sepulcro un día entero y dos medios días. Pero para el
modo de hablar hebreo esto equivale a tres días
[39]
,
o lo que es lo mismo,«al tercer día». Dijo San
Pedro: «resucitó al tercer día»
[40]
.
También se dice que resucitará al tercer día en los Evangelio de San Mateo y San Lucas
[41]
.
Antes de morir Jesús había
profetizado varias veces su resurrección
[42]
.
Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la
prueba más convincente, que era Dios.
Dice San Mateo, que los fariseos
mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus
discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron»
[43]
. San Agustín dio a esto una respuesta
definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada,
¿cómo pueden ser testigos?»
[44]
.
Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la
resurrección de Cristo. Pero
cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo,
si no se quiere hundir la teología de la resurrección
[45]
.
Para el protestante Bultmann, la
resurrección de Cristo es un mito
[46]
.
. Pero para el Nuevo Catecismo de la
Iglesia Católica, la resurrección de Cristo es un acontecimiento real
[47]
.
Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo
y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real». Por eso
no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad
Gregoriana de Roma, en su libro Resucitó
Cristo, mi esperanza
[48]
.
La resurrección de Cristo es un
hecho que ha sucedido en la realidad.
«Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la
resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en
nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles»
[49]
.
Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil
de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para
comprender lo que ha pasado.
De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo.
Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede
localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas
coordenadas de espacio y tiempo
[50]
.
«Con otras palabras: es histórico todo lo que ha sucedido en un determinado
momento y en un determinado sitio»
[51]
.
Por eso para el P.Ignacio de La
Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del
Evangelio de San Juan, la
resurrección de Cristo tuvo una
realidad física, histórica
[52]
. Dice Max Meinertz: «La resurrección
entra en el campo de la realidad histórica»
[53]
.
La resurrección de Cristo la
refiere San Pablo en carta a los
Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos: «Cristo murió por nuestros pecados, fue
sepultado y resucitó al tercer día»
[54]
. Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos»
[55]
. San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente»
[56]
.
35,2. Cristo estaba muerto en la
cruz
[57]
.
Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para
rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la
lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón. La cantidad de sangre que
salió después de la lanzada, según el relato de San Juan, que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se
explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está
llena de sangre líquida
[58]
.
Al tercer día el
sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo.
La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann,
protestante, de la Universidad de Basilea, dice: «la tumba vacía seguirá siendo
un acontecimiento histórico»
[59]
.
Los Apóstoles «no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en
el sepulcro»
[60]
.
Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo.
a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado»
[61]
.
b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí»
[62]
.
c) San Lucas: «No está aquí, sino que ha resucitado»
[63]
.
d) San Juan al ver la tumba
vacía y la disposición de los lienzos «vio
y creyó»
[64]
que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera
dejado los lienzos tan bien puestecitos.
San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había
estado sobre su cabeza.
Según los especialistas
[65]
la palabra ozonia usada por San Juan debe traducirse por «lienzos»
y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas
son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas. El sepulcro vacío sólo tiene
dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó. El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de
la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver.
Si no lo hicieron, es porque no lo tenían
[66]
.
Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida
por lo que sabe es una patraña.
Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que
se sabe que es mentira. Dice Pascal: «Creo
de buena gana las historias cuyos testigos se dejan matar para defenderlas»
[67]
.
Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.
Luego si Cristo estaba muerto, y
el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó
[68]
.
San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de
nuestra era
[69]
: Jesús murió y resucitó
[70]
; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día
[71]
.
Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una
radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.
Sobre la Sábana Santa yo he hecho tres vídeos titulados: La autenticidad de la Sábana Santa, La
Sábana Santa y el Carbono-14, La Sábana Santa y el Sudario de Oviedo. Los
tres se complementan, aunque algunas cosas se repiten
[72]
.
La resurrección de
Jesucristo es totalmente distinta de la
resurrección de Lázaro o de la del
hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir
[73]
.
«Cristo resucitado de entre los muertos,
ya no vuelve a morir»
[74]
.
La resurrección de Cristo no fue
una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y
del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos.
Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no
viceversa. «La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de
los discípulos. (...) Jesucristo fue
restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...)
Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo»
[75]
.
Después de resucitar subió a los cielos. «La expresión “subir a los cielos”
es un recurso literario muy en consonancia con la cultura de aquellos hombres.
También nosotros expresamos nuestros anhelos levantando hacia el cielo nuestras
manos»
[76]
.
Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre
[77]
,
estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles
[78]
.
Estas apariciones las expresa el Nuevo Testamento con la palabra griega
«ófze», que significa «se mostró», «se hizo ver», «se dio a ver», lo que da a
entender que se trataba de un cuerpo real
[79]
.
Los apóstoles comieron
[80]
con Él y le palparon con sus propias manos.
Los fantasmas no comen ni se dejan palpar.
Cristo resucitado cenó con los Apóstoles
[81]
y se dejó palpar por Santo Tomás
[82]
.
Decía Cristo: «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis
que Yo tengo»
[83]
.
San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos
comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos»
[84]
.
La resurrección de Cristo está
confirmada por sus apariciones a San Pedro y San Pablo después de las cuales cambiaron radicalmente
[85]
.
En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo
cuenta San Pablo escribiendo a los
Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando
él escribía aquella carta
[86]
,
en los años 55-56 de nuestra Era
[87]
.
El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición»
[88]
.
Las apariciones de Jesús son un
motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo
[89]
.
Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un
cuerpo material
[90]
.
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice: «Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su
sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados
recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su
cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección»
[91]
.
«Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al
Emperador Tiberio, como era
obligación y costumbre en el Imperio»
[92]
por testimonio de Tertuliano (siglo
III)
[93]
.
El historiador Jacques Perret, Catedrático
de la Universidad Sorbona de París, publicó en 1984 un libro refutando a los
que niegan la historicidad de la resurrección de Jesús, pues «los métodos históricos modernos hacen que el
investigador se vea prácticamente obligado a reconocer la realidad objetiva de
la resurrección de Jesús». Y añade:
«Los que rechazan la resurrección de Cristo no es por razones históricas,
sino por prejuicios teológicos. La historia nos lleva a aceptar la verdad de la
misma»
[94]
.
«La resurrección de Cristo es el hecho más grande de la historia»
[95]
.
36.- LA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA ES LA DE JESUCRISTO.
36,1.-La palabra «religión» viene de la palabra latina«religare», que
significa «atar fuertemente». Por eso la religión es el lazo que une al hombre
con Dios
[96]
El camino para llegar a Dios es el que Él mismo nos ha señalado
revelándonos una religión.
La religión verdadera sólo puede ser una, pues las religiones se
contradicen entre sí, y la verdad sólo puede estar en uno de los dos campos: si
sobre un punto concreto, y desde un mismo punto de vista, unos dicen que sí y
otros que no, no pueden los dos tener la razón al mismo tiempo. Si uno dice que Cervantes nació en España y
otro dice que nació en Inglaterra, es evidente que no pueden tener los dos
razón al mismo tiempo. Uno de los dos se equivoca.
Los católicos decimos que Cristo es Dios. Otros lo niegan. Es claro que no podemos tener todos la razón. Por eso sólo hay una religión verdadera.
Pero para conocerla no hace falta estudiar todas las religiones.
Basta conocer los motivos de credibilidad del cristianismo para saber que
es la religión verdadera. Sería absurdo pensar que Dios ha revelado varias
religiones contradictorias entre sí. La única religión verdadera es la que Dios
ha revelado, y la podemos conocer por señales ciertas, como son los milagros de Jesucristo.
La religión católica ha sido fundada por Cristo-Dios.
Todas las demás religiones han sido fundadas por hombres. Ni Buda, ni Confucio, ni Mahoma, ni Lutero, etc., pretendieron ser Dios.
Jesucristo afirmó repetidas veces en su vida que Él era Dios (ver nº 32).
La ocasión más solemne fue ante el sanedrín cuando la interpelación de Caifás. Caifás ante esta afirmación de Cristo le llama blasfemo y le condena a
muerte. La blasfemia se castigaba con la pena de muerte entre los hebreos.
Para confirmar que era verdad lo que decía, Jesucristo hizo varios milagros. Sobre todo su propia resurrección
(ver nº 35).
36,2. Antes de resucitar a Lázaro,
dirigió a su Padre celestial esta breve oración: «Gracias te doy, Padre mío, porque me has oído. Ya sé que siempre me
oyes, pero lo digo por el pueblo que me rodea, para que crean que Tú me has
enviado»
[97]
.
Los milagros de Jesucristo nos
constan por la historicidad y autenticidad de los Evangelios, que se demuestran
científicamente muchísimo mejor que la de otros libros de los que no duda
ninguna persona culta.
«Bultmann ha escrito “la mayor
parte de los relatos milagrosos narrados en los Evangelios son leyendas”. Pero
hay una evidencia insoslayable: Jesús se
presentó ante sus contemporáneos como un taumaturgo dotado de poderes
extraordinarios»
[98]
.
«El prejuicio sistemático de sospecha que ha recaído sobre los Evangelios,
durante casi un siglo, recae actualmente, gracias al estudio de los criterios
de autenticidad, sobre quienes niegan su autenticidad.
»Esta inversión de las posiciones no es
un retorno a la ingenuidad crítica, sino la consecuencia de que los Evangelios
han encontrado de nuevo crédito a los ojos de la crítica histórica»
[99]
.
1 Ver números 41-43.
2 SAN PABLO: Carta a
los Gálatas, 4: 5
[1]
Primera Carta de SAN PEDRO, 1:18
[2]
SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 6: 20
[3]
Evangelio de SAN MATEO, 1:21
[4]
SAN PABLO: Primera Carta a Timoteo, 2:6; Evangelio de SAN MARCOS, 10:45
[5]
Evangelio de SAN MATEO, 20:28
[6]
SAN PABLO: Carta a los Romanos,5:8
[7]
SAN PABLO: Carta a los Romanos, 5:10
[8]
SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 5:15
[9]
Primera Carta de SAN JUAN, 4:14
[10]
Hechos de los Apóstoles, 4:12
[11]
HANS URS von BALTHASAR: Puntos Centrales de la Fe, 2ª, XI,3. Ed. BAC. Madrid. 1985.
[12]
ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.: ¿Se salvan todos? 2ª, V. Ed. BAC. Madrid. 1995.
[13]
SHEED: Teología y
sensatez, XIX, 3. Ed. Herder. Barcelona.
[14]
Evangelio de SAN MARCOS, 16:16
[15]
Evangelio de SAN MATEO, 19:17
[16]
Proverbios, 1:24
[17]
Profeta OSEAS, 13:9
[18]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Jesucristo y la vida cristiana, nº 29. Ed. BAC. Madrid, 1961.
[19]
JESÚS Mª GRANERO, S.I.: Credo - Jesucristo, V. Ed. Escelicer. Cádiz. 1943.
[20]
SHEED: Teología y
sensatez, XIX, 1. Ed. Herder. Barcelona.
[21]
LUCAS F. MATEO-SECO: 39
Cuestiones doctrinales, I, 7. Ed. Palabra. Madrid. 1990.
[22]
JESÚS Mª GRANERO, S.I.: Credo - Jesucristo, III. Ed. Escelicer. Cádiz. 1943.
[23]
SAN GREGORIO MAGNO: Homilia
II in Ev., nº 2. ML 76, 1082..
[24]
M.BERNABÉ IBÁÑEZ: El Evangelio olvidado, VIII. Ed. P.P.C. Madrid.1987.
[25]
LEEN, C.S.Sp.: ¿Por
qué la cruz?, 2ª, I. Ed. Rialp. Madrid.
[26]
JUAN RIVAS, L.C.: Fe
y Evangelio. En INTERNET: www.hombrenuevo.org
[27]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 901.
[28]
JOSÉ LUIS DE URRUTIA, S.I.: Espiritualidad del Sagrado Corazón. Ed. Sal Terrae. Santander,
1972. Magnífico libro que expone de un modo teológico y postconciliar la
auténtica devoción al Corazón de Jesús.
[29]
Diario ABC de Madrid, 6-X-86, pg. 13
[30]
JOSÉ RICCIOTTI: Vida de Jesucristo, nº 181. Ed. Miracle.
Barcelona.
[31]
SAN PABLO: Carta a los Gálatas, 6:7
[32]
DENZINGER: El
Magisterio de la Iglesia, nº 805 y 826. Ed. Herder. Barcelona.
[33]
Evangelio de SAN MATEO, 20:19
[34]
Evangelio de SAN MATEO,28:6s; de SAN LUCAS, 24:36-43;
de SAN JUAN, 20:19-29
[35]
DENZINGER: Magisterio
de la Iglesia, n º 429. Ed.
Herder Barcelona.
[36]
SANTOS SABUGAL, O.S.A.: Credo, 2ª, II, 4, 19. Ed. Monte Casino. Zamora.
[37]
Evangelio de SAN MATEO, 12:40
[38] JUAN Ml. IGARTUA, S.I.: La Resurrección de Jesús y su Cuerpo, IV, 5. Ed. Mensajero, Bilbao.
[39]
JESÚS Mª
GRANERO, S.I.: Credo - Jesucristo,
XXVII. Ed. Escelicer. Cádiz.
[40]
SAN LUCAS: Hechos de los Apóstoles, 10: 40
[41]
Evangelio de SAN MATEO, 16:20 y 17:23. Evangelio
de SAN LUCAS, 24:46
[42]
Evangelio de SAN MATEO, 12:39s; 16:21; 17:22; 20:19; de SAN LUCAS, 9:22
[43]
Evangelio de SAN MATEO, 28:13
[44]
SAN AGUSTÍN: Enarratio
in psalmum, 63(64) MIGNE: Patrología
Latina, 36.767.
[45]
BALDOMERO JIMÉNEZ DUQUE: Volver a lo esencial, XXXVIII. Ed. Tau. Ávila, 1985.
[46]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Compendio de Teología Fundamental., 2ª, IV, 1. nota 4. Ed.EDICEP
[47]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 639.
[48]
JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo, mi esperanza, IX, 1, 4º, 2. Ed. BAC. Madrid, 1986.
[49]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Cristología fundamental, VII, 2, 1. Ed. C.E.T.E. Madrid, 1985.
[50]
CÁNDIDO POZO, S.I.: Teología
del más allá, pg. 69. Ed. BAC. Madrid, 2ª ED.1980.
[51]
CÁNDIDO POZO, S.I. Resucitó
de entre los muertos, I, 1. Cuadernos BAC, nº 93. Madrid.1985
[52]
IGNACIO DE LA POTTERIE,S.I.: Revista 30 DÍAS, 62(1992)76.
[53]
MAX MEINERTZ: Teología
del Nuevo Testamento, 1ª, IV, 5. Ed. FAX. Madrid.
[54]
SAN PABLO Primera Carta a los Corintios, 15:3s.
[55]
Hechos de los Apóstoles, 2:32
[56]
Evangelio de SAN LUCAS, 24:34
[57]
Evangelio de SAN MATEO, 27:50; de SAN MARCOS, 15:37;
de SAN LUCAS, 23:46; de SAN JUAN, 19:30
[58]
JORGE LORING, S.I.: La autenticidad de la Sábana Santa de Turín. Madrid, Novena edición.
[59]
JOSÉ LUIS CARREÑO, O.S.B.: El último reportero, XVII. Ed. Don Bosco. Pamplona, 1975.
[60]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Cristología fundamental, VIII, 3, 1, e. Ed. C.E.T.E. Madrid, 1985.
[61]
Evangelio de SAN MATEO, 28:6
[62]
Evangelio de SAN MARCOS, 16:6
[63]
Evangelio de SAN LUCAS, 24:6
[64]
Evangelio de SAN JUAN, 20:8
[65]
M.BALAGUÉ: Revista ESTUDIOS BÍBLICOS del C.S.de
Investigaciones C. 25(1966)169-192.
[66]
JOSÉ MOINGT, S.I.: El
hombre que venía de Dios, 2º, V, 3. Ed. Desclee. Bilbao.
[67]
JOSEPH HUBY, S.I.: El
Evangelio y los Evangelios, II,2. Ed. PAX. San Sebastián.
[68]
JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo mi esperanza, 3ª, IX, pg. 349. Ed. BAC. Madrid, 1986.
[69]
JOHANNES BEUMER: El
camino de la Fe, IV, 3. Ed. FAX. Madrid.
[70]
SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 4:14
[71]
SAN PABLO: Primer a Carta a los Corintios, 15:3s.
[72]
Pedidos a SPIRITUS MEDIA. Editorial católica.
Apartado 2546. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222 838. FAX: (956) 205 810. Correo
electrónico (e-mail): pedidos@spiritusmedia.org
[73]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 646.
[74]
SAN PABLO: Carta a los Romanos, 6:9
[75]
VV. AA.: El
Salvador del mundo, VI, 3s. Ed. B.A.C. Madrid. 1996.
[76]
MIGUEL PEINADO: Exposición
de la fe cristiana, 3ª, VII, 96. Ed. BAC. Madrid.
[77]
Evangelio de SAN MARCOS, 16:19
[78]
Hechos de los Apóstoles, 1:3
[79]
CÁNDIDO POZO, S.I.: La
venida del Señor en la gloria, I, 2, 2. Ed. EDICEP. Valencia. 1993.
[80]
Hechos de los Apóstoles, 10:41
[81]
Hechos de los Apóstoles, 10:41
[82]
Evangelio de SAN JUAN, 20:27
[83]
Evangelio de SAN LUCAS, 24:39
[84]
Hechos de los Apóstoles, 10:41
[85]
EDUARDO MALVIDO: Creo
en Jesús, el resucitado, I,3. Ed. San Pío X. Madrid. 1997.
[86]
SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 15:4ss.
[87]
JOHANNES BEUMER: Camino
de la Fe, IV, 3. Ed. FAX. Madrid.
[88]
JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo mi esperanza, 2ª, II, 2, 4, 3. Ed. BAC. Madrid, 1986.
[89]
JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo mi esperanza, 3ª, VIII, pg. 316. Ed. BAC. Madrid, 1986.
[90]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 645.
[91]
Biblioteca Nacional de Madrid, Incunable nº 970.
[92]
JUAN M. IGARTUA,S.I.:La
Resurrección de Jesús y su Cuerpo, 2º, I, Nota 1. Ed.Mensajero.
[93]
Apologeticum,
21. MIGNE: Patrología Latina, I., 289-292.
[94]
VITTORIO MESSORI: Dicen
que resucitó, XX. Ed. Rialp. Madrid. 2001.
[95]
PAUL COPAN: Un sepulcro vacío, 2ª, IV, 2. Ed. Libros Libres. Madrid. 2005
[96]
FELIPE CALLE, O.S.A.: Razona
tu fe, I,1. Ed. Religión y Cultura. Madrid.
[97]
Evangelio de SAN JUAN, 11:41ss.
[98]
X. LEON-DUFOUR: Los
milagros de Jesucristo, 1ª, V. Ed. Cristiandad. Barcelona. 1979.
[99]
RENÉ LA TOURELLE: Revista Selecciones de Teología,
15(IV-VI,1976)118.
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