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3,7. Prescindo de lumbreras de la antigüedad como San Agustín, Santo Tomás o Miguel Ángel, que siempre rezaba de
rodillas antes de empezar a trabajar en su obra de arte.
Lo mismo que Newton, era
creyente Kepler. Leverrier, descubridor del planeta
Neptuno, fue ferviente católico.
Laplace murió como fervoroso cristiano asistido por un sacerdote.
Incluso Galileo, a pesar de su
lamentable proceso, murió como buen cristiano en 1642.
Copérnico (a quien debemos el sistema heliocéntrico) y Lemaître, muerto en 1966 (autor de la teoría de la expansión del
universo hoy en boga), fueron sacerdotes.
Católicos fueron Roentgen, Madame
Curie, Pasteur, Marconi, Lavoisiere, etc., etc.
[1]
«Un destacado historiador -Deunert- tan sólo ha hallado en el campo de las Ciencias Naturales un 2% de científicos
de fama que se declaren materialistas y ateos.
Entre 8.847 nombres de sabios citados por Poggendorff en su Dictionaire
des Sciencies Exactes la inmensa mayoría son creyentes e incluso un 10%
son sacerdotes o religiosos»
[2]
.
El 1º de febrero de 1976 murió en Munich a los 74 años de edad Werner Heisenberg, que está considerado
como el físico más grande de todos los tiempos
[3]
,
Premio Nobel por sus investigaciones sobre Física Nuclear.
Él formuló matemáticamente la teoría unificadora de los campos energéticos,
gravitatorio, electromagnético y nuclear (fuerte y débil), que son las energías
que conocemos
[4]
;
lo cual, Einstein no consiguió a
pesar de sus esfuerzos
[5]
.
En abril de 1969 pasó por Madrid. En una entrevista que hizo para la prensa,
dijo entre otras cosas: «Lo que sí creo es en Dios, y que de Él viene
todo. Las partículas atómicas tienen un orden, que tiene que haber sido
impuesto por alguien».
Heisenberg le dijo a Vintila Horia: «La
teoría de un mundo creado, es más probable que la contraria, desde el punto de
vista de las ciencias naturales. La mayor parte de los hombres de ciencia que
yo conozco han logrado llegar a Dios»
[6]
.
En un ABC dominical leí que Werner
von Braun, «padre» de la astronáutica y «cerebro» de los vuelos espaciales
que han llevado el hombre a la Luna, manifestaba que era creyente y que todos
los días oraba a Dios
[7]
.
Decía: «El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de agua y de aire.
Tenemos necesidad de creer en Dios»
[8]
.
Dice Salvador de Madariaga que
«los hombres más eminentes en la vanguardia de la ciencia no vieron que hubiera
nada en su actitud científica que les impidiera creer en Dios»
[9]
.
Y Alexis Carrel, muerto en 1944,
Premio Nobel de Medicina, dice: «Yo creo todo aquello que la Iglesia Católica
quiere que creamos. Y, para hacer esto, no encuentro ninguna dificultad, porque
no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición real con los datos
seguros de la Ciencia»
[10]
.
Manuel M.
Carreira, S.I., Doctor en Ciencias Físicas y Profesor
de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland (EE.UU.), dice: «Ni
por ser sacerdote he tenido que viciar un razonamiento científico, ni fue
preciso nunca que cerrase mis ojos a la ciencia para mantener la fe»
[11]
.
«Es completamente falsa la imagen de una
ciencia que, al progresar, arrincona o elimina las realidades espirituales y
sobrenaturales»
[12]
El Premio Nobel Paul Sabatier,
muerto en 1941, ha dicho: «Contraponer la Ciencia con la Religión es cosa de
gente poco experta en uno y otro tema»
[13]
.
El Dr. Juan Oró, nacido en
Lérida, que es uno de los más prestigiosos bioquímicos de Estados Unidos y que
trabaja para la NASA, afirma: «Para mí no hay contradicción entre Fe y Ciencia»
[14]
.
El Profesor Baltasar
Rodríguez-Salinas, Catedrático de Teoría de Funciones en la Facultad de
Ciencias Matemáticas de Madrid, en un discurso que pronunció en la Academia de
Ciencias, comenzó con una cita del genial matemático Cauchy: «Yo soy cristiano, es decir, yo creo en la divinidad de Jesucristo, con Tycho-Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Kepler, Fermat,
Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Gauss, Guidin, Boscovich
[15]
,
Gerdil, con todos los grandes astrónomos, todos los grandes físicos, todos
los grandes matemáticos de los siglos pasados.
»Yo también soy católico como la mayor parte de ellos; y si se me pregunta
la razón, diré que mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de
nacimiento, sino de un examen profundo»
[16]
.
Podíamos añadir: el médico Pasteur, el biólogo Mendel, los físicos Volta, Ampère, Faraday, Galvani, Faucault, etc.
etc.
Muchísimos científicos son católicos, como Pasteur, De Broglie, Schrödinger, Pauli, y Max Planck que se
convirtió al catolicismo al final de su vida, como afirmó el Profesor Stanley L. Jaki, húngaro, Profesor de
varias Universidades de Estados Unidos, en el Congreso sobre Física y Religión
celebrado en Madrid en Octubre de l990
[17]
.
Angel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, dice:
«Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por
estar enfrentado con la doctrina revelada»
[18]
.
«De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que
renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo
sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia»
[19]
.
El 23 de agosto de 1985 le oí decir al Rector de la Universidad de
Santander, y Catedrático de Física, D.
Francisco González de Posada, en
unas conferencias que pronunció en Laredo: «La Ciencia de hoy no le da al ateo
ningún dato que le confirme en su ateísmo».
«El ateo no puede tener evidencia
racional de que Dios no exista, ya que ni la ciencia ni la razón demuestran que
Dios no exista»
[20]
.
Sir
John Eccles, Premio
Nobel de Medicina por sus trabajos en el cerebro humano, ha dicho: «el
materialismo carece de base científica»
[21]
D. Santiago Ramón
y Cajal, Premio Nobel 1906, «jamás dudó de la existencia de
Dios», en frase de su hermano Pedro;
quien, además, afirma que si él hubiera llegado a tiempo, su hermano «Santiago hubiera muerto con los sacramentos»
[22]
.
Leonardo Torres
Quevedo, que murió en Madrid, el 18 de Diciembre de 1936, a los
84 años de edad, fue ingeniero y matemático. Inventó en 1895 una máquina de
calcular ecuaciones que es precursora de las computadoras electrónicas de hoy
[23]
.
El 25 de octubre de 1906, en la ría de Bilbao hizo evolucionar un bote, sin
tripulantes, por ondas hertzianas, gracias al telekino, desde la terraza del Club Náutico.
El bote avanzó, retrocedió, viró en redondo, sorteó otras
embarcaciones que había en el puerto y llegó a la escala del vapor Elcano,
donde se hallaba la representación oficial
[24]
.
El telekino es precursor de los cohetes teledirigidos de hoy.
El 10 de febrero de 1916 se inauguró en las Cataratas del Niágara el
transbordador que Torres Quevedo proyectó y se adjudicó en concurso internacional, y sigue funcionando en la
actualidad.
El Ayuntamiento de Camargo (Santander) organizó en el mes de agosto de 1991
una exposición en Maliaño con ocasión del 75 aniversario del transbordador del
Niágara, obra de Torres Quevedo,
nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria), el 28 de Diciembre de 1852.
En esta exposición vi una réplica de este transbordador que en 75 años no
ha tenido ni un accidente ni una avería grave. En América lo llaman el «aerocar
español». Va sostenido por seis cables y anclaje con contrapesos, con lo cual
se mantiene constante la tensión de los cables, independientemente del peso,
según la barquilla estuviera más o menos cargada de gente; y le proporciona un
alto coeficiente de seguridad.
Antes de construirlo en el Niágara, lo instaló en el Monte Ulía de San
Sebastián en 1907 para probarlo. Fue el primer tranvía aéreo del mundo.
En 1914 inventó el ajedrecista mecánico, que siempre gana. Es una máquina
precursora de los robots de hoy. Se conserva en la Escuela de Ingenieros de
Caminos.
En 1951 fue presentado, por Gonzalo
Torres Quevedo (hijo del inventor, ayudante suyo y colaborador), en París,
en un Coloquio Internacional de Cibernética, y dio mate a Tartakower, entonces campeón del mundo de ajedrez. La máquina
anuncia por un altavoz al contrincante cuando hace trampa o se equivoca. A la
tercera se enfada y no juega más
[25]
En 1976 estuve en Toledo predicando conferencias cuaresmales, y entonces
tuve la satisfacción de conocer a Valentina
Torres Quevedo, hija del inventor, que me facilitó los recortes de
periódicos que cito. Ella me dijo que su padre murió como un buen cristiano,
como había vivido: comulgaba todos los Primeros Viernes de mes.
Según «uno de los comentaristas de los acontecimientos internacionales
mejor informados de nuestro país, la gran mayoría de los investigadores y
técnicos de la navegación espacial no sólo de los
Estados Unidos, sino también de la Unión Soviética,
confiesan, cuando la conversación ha alcanzado un determinado clima de
intimidad, su fe en Dios. Es más, casi sin excepción, admiten y añaden que su
fe surge como consecuencia de sus mismas investigaciones científicas»
[26]
.
«Un número cada vez mayor de científicos se está declarando creyente en
Dios»
[27]
.Dos
mil trescientos miembros de la Asociación Norteamericana de Científicos admiten
ser creyentes
[28]
.
«Según recientes encuestas el 80% de los científicos se declaran creyentes»
[29]
.
El Premio Nobel de Física 1985, Carlos
Rubbia, Director del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) que
ha descubierto una nueva forma de generar energía nuclear por fisión, que es
más barata, limpia y segura, y no sirve para fabricar bombas atómicas
[30]
, y recientemente ha inventado un modo de destruir los residuos radiactivos
de alta actividad
[31]
,
ha dicho: «La Ciencia más avanzada se acerca a la Religión»
[32]
.
Y Pío XII: «La ciencia moderna
descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»
[33]
.
Juan Pablo II, dijo en la Universidad de Madrid: «La Ciencia y la Fe no son opuestas,
sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su
origen en Dios».
“Las realidades profanas y las de fe tienen su origen en un mismo Dios”
[34]
.
Dijo el Concilio Vaticano I: “Ninguna verdadera disensión puede darse jamás
entre la fe y la razón porque el mismo Dios que revela los misterios e infunde
la fe puso dentro del alma humana la luz de la razón; y Dios no puede negarse a
sí mismo, y la verdad no puede contradecir jamás a la verdad”
[35]
.
El filósofo alemán contemporáneo Martín
Heidegger dijo en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel en 1966: «La literatura actual, en su mayoría, es
destructiva. Sólo Dios puede salvarnos todavía. Frente a la ausencia de Dios,
nos hundimos»
[36]
.
Einstein ha sido considerado, a nivel mundial,
según estadísticas publicadas por los medios de comunicación social, la persona
más importante del siglo XX.
El físico quiso dejar muy clara su
posición respecto a su fe en Dios. Manifestó: «La generalizada opinión, según
la cual yo sería un ateo, se funda en un gran error. Quien lo deduce de mis
teorías científicas, no las ha comprendido. No sólo me ha interpretado mal sino
que me hace un mal servicio si él divulga informaciones erróneas a propósito de
mi actitud para con la religión. Yo creo en un Dios personal y puedo decir, con
plena conciencia, que en mi vida, jamás me he suscrito a una concepción atea»
[37]
.
Boris Yeltsin, Presidente de Rusia, declaró que «el comunismo intentó durante 70 años
imponer el ateísmo, pero no lo ha logrado»
[38]
El soviético Alejandro Solzchenitsyn,
Premio Nobel 1970, que estudió Matemáticas y Física en la Universidad Rostov y
luego cursó los estudios de Literatura en el Instituto de Filosofía de la URSS,
se manifiesta creyente. Es muy conocida la oración que escribió: «¡Qué
maravilla es vivir contigo, Señor! ¡Qué fácil me es creer en Ti! Tú me envías
la clara certidumbre de tu existencia»
[39]
.
Chabanis después de entrevistar a varios pensadores ateos, afirma: «Pensaba
encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado, pero lo que había
era ausencia de búsqueda de la Verdad Absoluta»
[40]
.
Dijo Pascal: “Muchos están
siempre dispuestos a negar todo aquello que no comprenden”.
La increencia de muchas personas tiene su origen en su ignorancia
religiosa. A nadie le puede convencer lo que no conoce. Yo no puedo opinar
sobre la comida de Kenya, pues no sé lo que allí se come.
Sería interesante contar las páginas que ese ateo ha leído de
su profesión y las que ha leído de cultura religiosa. Seguramente la diferencia
es enorme. Cuál sería su información profesional si invirtiéramos los números?
¿Nos vamos a extrañar de su ignorancia religiosa?
Olegario González
de Cardedal, Catedrático de la Universidad
Pontificia de Salamanca, Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, y uno de los teólogos españoles de más prestigio habla de la crisis
del ateísmo: «Sus viejas murallas se resquebrajan, a través de sus grietas
entra una luz que ilumina a los que viven dentro de la ciudad amurallada que
empiezan a preguntarse por la conveniencia de asomarse al ancho mundo exterior.
El sujeto histórico ha vuelto a preguntar por Dios, e incluso reclamarlo. (...)
Se trata de una especie de insatisfacción colectiva con el proyecto de hombre,
de sociedad y de historia que proceden del ateísmo. Un impulso vital,
incoercible, lleva a preguntar por Dios, a contar con Él. (...) El ateísmo está
minado en sus cimientos. (...) Una mujer recién preñada no ofrece ningún signo
externo de diferencia, y sin embargo todo es distinto; llegándole los días dará
a luz y surgirá una nueva criatura»
[41]
.
Monseñor Elías Yáñez, Presidente
de la Conferencia Episcopal Española, presentó el 11 de diciembre de 1998, una
Instrucción Pastoral en la que se decía que «el ser humano es religioso por
naturaleza. (...)
»El ateísmo no está en el origen del hombre. Es más bien un fenómeno
surgido de diferentes causas».
CIUDAD DEL VATICANO, 10 feb (ZENIT).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de la World Federation of Scientists (Federación Mundial de Científicos)
entregó esta mañana a Juan Pablo II el ejemplar número cien mil de su libro «Por
qué creo en el que ha hecho el mundo»
[42]
3,8. El ateísmo deja sin resolver muchas más cosas que todos los misterios que acepta la fe. Por eso Alexis Carrel, Premio Nobel de
Medicina, dijo: «No soy lo suficientemente crédulo, para ser incrédulo».
Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 75% de
los españoles creen en Dios
[43]
.Y
según otra del Instituto Gallup, el 94% de los norteamericanos cree en Dios, y
el 58% en el infierno
[44]
.
Ya dijo Berdiaef que «el hombre
es un ser incurablemente religioso».
Y Max Scheler: «el hombre o cree
en Dios o se fabrica un ídolo. Este ídolo será la raza, el Estado, una mujer o
el dinero; pero el hombre no puede vivir sin adorar algo»
[45]
.
«No se conoce ningún pueblo, ninguna cultura, sin religión.
»Otra cosa distinta es que todos los individuos de ese pueblo hayan sido
religiosos.
»Pero el conjunto, en cuanto tal, sí lo ha sido. (...)
»Los estudiosos de la historia de las religiones, de entre los cuales Mircea Eliade fue uno de los grandes
maestros y pioneros, coinciden en afirmar que el hombre de todas las épocas,
desde que abandonó la categoría de “mono”, es un hombre creyente»
[46]
.
El agnóstico se escapa con un «no sé» por no querer reconocer lo razonable
que es un Dios Creador.
La fe complementa la razón como el telescopio complementa al ojo.
Con el telescopio veo estrellas que no veo a simple vista.
Con la fe obtengo respuestas a muchas cosas para las que la ciencia no
tiene respuesta: ¿Qué sentido tiene la vida del hombre? ¿De dónde viene? ¿A
dónde va?
¿Qué hay después de la muerte?
Todo hombre racional tiene que plantearse la cuestión del sentido de
nuestra existencia y de si hay algo después de la muerte.
Quien tiene la respuesta de la fe vive con ilusión y esperanza.
Quien no sabe responder vive con la angustia de la duda, pues nadie puede
estar seguro de que no hay nada después de la muerte.
Ya dijo Bacón: «Poca filosofía
aparta de la religión, pero mucha filosofía conduce a ella»
[47]
.
Los caminos que llevan al ateísmo pueden ser:
a) La rebelión contra el mal en el mundo.
b) La ignorancia religiosa.
c) Una formación religiosa infantil.
d) El mal ejemplo de algunos creyentes.
e) Un ambiente hostil a la religión.
f) Un equivocado temor de Dios que no conoce la misericordia y bondad
divinas
[48]
g) Un apego desordenado a los goces
de este mundo. Quien lleva una vida inmoral rechaza la fe, pues no puede vivir
la contradicción entre su vida y sus
ideas
[49]
.
Como dijo Santo Tomás de Aquino: »fácilmente
aceptamos lo que deseamos»
[50]
Puede ser interesante mi vídeo: Ateísmo
y ciencia de hoy
[51]
.
La Madre Angélica cuenta en su
libro la siguiente anécdota
[52]
:
Un soldado norteamericano, al ser interrogado, para su ficha, por su
religión, contestó: CATÓLICO. Y no era verdad. Pero él había observado que en
la hora de la muerte los católicos morían con una gran esperanza, y él quería
lo mismo para su muerte.
Esto fue el comienzo de su conversión al catolicismo.
En una ocasión. un ateo le dijo a un sacerdote:
- Demuéstreme que hay Dios y me convertiré en un cristiano.
El sacerdote le contestó:
- Demuéstreme Vd. que no hay Dios y me convertiré en un ateo.
- No puedo, replicó el ateo.
- ¿Y en una cosa tan trascendental, de la cual depende toda la eternidad,
Vd. se arriesga a seguir una ideas que no se pueden probar? ¡Menudo disparate!
Yo tengo muchas razones que apoyan mi fe en Dios
[53]
.
«El ateísmo podrá esforzarse en querer demostrar que la religión es falsa,
pero nunca podrá demostrar que él es verdadero»
[54]
.
Por eso dijo Pascal: «Prefiero
equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme NO creyendo en
un Dios que existe. (...) Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay
algo...»
[55]
.
Es mucho más razonable creer en
Dios que ser ateo.
El ateo no sólo no puede demostrar que no hay Dios, sino que desde el
ateísmo no se pueden resolver los grandes interrogantes de la vida.
¿De dónde viene?
¿A dónde va?
¿Qué pasa después de la muerte?
¿Qué sentido tiene la vida?
¿Cómo saciar el apetito de felicidad?, etc., etc.
El ateo se condena a vivir en la angustia, en la duda, en la desesperación.
A no ser que prefiera dejar de ser hombre y vivir de espaldas a todo
pensamiento trascendente. El animal no puede hacerse preguntas trascendentes.
El hombre sí. Y sólo con Dios encuentra respuestas.
Los ateos se ríen de estas preguntas por considerarlas ociosas porque no
tienen respuesta
[56]
.
Ellos no tienen respuesta, pero los creyentes sí la tenemos. Ésa es la
diferencia. Pero algunos tienen tan mal gusto que prefieren las tinieblas a la
luz.
Prescindir de Dios es irracional. Es sintomático que «en la Biblioteca
Nacional de París, que viene a ser un test de la cultura occidental, la voz
DIOS ocupa el primer lugar en número de fichas. La segunda es JESUCRISTO»
[57]
.
Como dice el Concilio Vaticano II
[58]
,
sin Dios quedan sin respuesta los problemas más agudos de la existencia humana
como son el sentido de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor. Y estos
problemas son insoslayables.
No hay nadie que, al menos en ciertos momentos de su vida, deje de
planteárselos.
Todo hombre normal debe preocuparse de su muerte. Carl Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis, dijo: «el
hombre que no percibe el drama de su muerte es un enfermo que debería dejarse
curar»
[59]
.
El materialismo dice que todo lo que existe es material, porque todo lo que
se ve, se toca, se mide, etc., es material.
Esto es tan simple como el pescador que niega que haya peces más pequeños
que los que sus redes pescan, porque los más pequeños se le escapan por los
agujeros
[60]
.
El materialista, en un libro sólo ve papel y tinta, que
es lo material; pero se le escapan las ideas que contiene, que es lo principal.
El hecho de que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que
la Ciencia no es obstáculo para creer.
Si lo fuera, todos los científicos serían ateos; y, como hemos visto,
muchos hombres de ciencia se declaran creyentes.
El hecho de que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros
caminos, pero no por el hecho de ser científicos
[61]
.
Evidentemente que la ciencia no demuestra la existencia de Dios, pues la
ciencia estudia las leyes de la naturaleza, no a Dios. A Dios lo estudia la
teología.
Pero la ciencia da datos que apoyan la fe del creyente.
«La ciencia no prueba la existencia de Dios-Creador, pero sí sienta las
bases para un raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él»
[62]
.
«El problema del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente
manipulación a que ha sido sometido por el racionalismo materialista que le
asegura que “La Ciencia” ha demostrado la no existencia de Dios»
[63]
.
No hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios
[64]
.
Por el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del
creyente: desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos (ver nº 3), hasta los estudios científicos
realizados en la Sábana Santa de Turín
[65]
.
El 13 de octubre de 1988 se hizo público que el resultado del análisis del carbono-14 sobre la Sábana
Santa, deduce que el tejido es de la Edad Media, es decir, que la Sábana
Santa no pudo cubrir el cuerpo de Cristo en el siglo I, por lo tanto, es falsa.
Esta noticia fue rechazada por todos los especialistas en la Sábana Santa.
No se podían ignorar las anteriores investigaciones en los campos de la
Historia, Medicina, Bioquímica, Numismática, Palinología, Arqueología, etc. que
confirmaban la autenticidad de la Sábana Santa.
De hecho se han celebrado varios Congresos Científicos Internacionales,
donde se han invalidado las pruebas del Carbono-14 en la Sábana Santa.
En las palabras de clausura del Congreso de Cagliari, dijo el Dr.Baima Bollone, Presidente del Centro
Internacional de Sindonología de Turín: «La tónica general del Congreso ha sido
la inaceptabilidad de la prueba del carbono-14 en la Sábana Santa».
En este Congreso se presentaron veintisiete trabajos de investigación.
Yo tuve el honor de presentar en este Congreso un trabajo de investigación
en nombre del Centro Español de Sindonología, que fue muy bien acogido, como
expresó el Presidente de la Mesa.
En la sexta edición de mi libro de la Sábana Santa hago un resumen de este
Congreso y del trabajo de investigación que allí presentó España Lo mismo en mi
vídeo sobre la Sábana Santa
[66]
.
Con todo, no hay que desorbitar el valor del conocimiento científico
experimental. También es válido el conocimiento histórico y metafísico.
El conocimiento científico experimental no es el único modo de conocer. Hay
realidades que se escapan al conocimiento experimental.
El razonamiento filosófico no es científico. Cuando Renato Descartes dice: «Pienso, luego existo», hace un razonamiento
válido; y, sin embargo, no es científico, sino filosófico. El pensamiento no se
ve, pero existe.
La Ciencia no lo explica todo. Hay cosas que se le escapan. Lo mismo que
una red de trama grande no puede capturar peces pequeños, pero no por eso dejan
de existir boquerones y chanquetes.
Si yo te cuento un sueño que he tenido, tú no puedes comprobar
científicamente que te digo la verdad.
«Los valores de bondad, belleza, santidad, heroísmo, lealtad, verdad; y los
sentimientos de alegría, temor, esperanza, amor, etc. caen fuera del ámbito de
la Ciencia»
[67]
.
Hay cosas
inalcanzables para la ciencia experimental. La
ciencia no sirve
para demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el
amor de una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una
realidad.Sin embargo, no hay duda de que la ciencia nos
aporta datos válidos que confirman la existencia de Dios
[68]
.
La ciencia explica «cómo» funciona la naturaleza, no alcanza el «por qué».
Esto es objeto de la filosofía
[69]
.
Las razones para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma;
pues Dios quiere que el hombre le acepte libremente y no a la fuerza. Las
verdades de la fe son razonables y ciertas. Las podemos creer con toda firmeza,
pero no se nos imponen con una evidencia aplastante
[70]
,
pues entonces la fe no sería meritoria, y Dios ha dispuesto que en esta vida
merezcamos con la virtud de la fe. Decir «el todo es mayor que su parte» es tan
evidente que el aceptarlo no tiene mérito ninguno.
«La oscuridad de la fe es absolutamente necesaria para que el acto de fe
sea libre. Y la libertad de la fe es imprescindible para hablar de valores
religiosos en ella»
[71]
.
«La fe es suficientemente oscura para que la adhesión a ella sea libre; y
al mismo tiempo bastante clara como para que la dicha adhesión sea razonable»
[72]
.
Pascal lo dijo también: «La fe es suficientemente clara para que el creer sea
razonable, y suficientemente oscura para que el creer sea libre»
[73]
.
La fe es segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la
palabra de Dios, y oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso
decía Santa Teresita del Niño Jesús:«Señor,
no te entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de Ti».
La idea lleva al acto, pero hay que motivarla, amarla, entusiasmarse con
ella.
Hoy, en algunos ambientes, está de moda el agnosticismo; personas que prescinden de Dios. No les interesa
Dios. Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la
muerte.
Adoptar el cómodo «no sabe, no contesta» está bien cuando no se tienen
datos para opinar.Pero cuando se trata de rechazar las razones que hay para
opinar, por prejuicios personales, esto no es razonable
[74]
.
Lo primero que hay que decir es que negar a Dios, no es destruirle; y el
que piense que no hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se
muera. Pues las cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan
parecer a nosotros. Y si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la
muerte, esto es así aunque haya quien no lo acepte.
Algunos piensan que por no creer en el infierno son más libres. Pero no es
así. Lo que son es más inconscientes. Cerrar los ojos ante la verdad no
enriquece al hombre, lo empobrece. La prudencia no está en ignorar un riesgo,
sino en estudiarlo y prevenirlo. Cerrar los ojos ante un riesgo es señal de
inconsciencia.
El agnosticismo es un riesgo.
Cuando se trata de un riesgo grave como el morir electrocutado o la
condenación eterna, hay que ser muy prudentes. Nadie toca un cable de
alta tensión aunque tenga el 90% de probabilidades de que no pasa nada.
Pues el ateo tiene el 99% de probabilidades de equivocarse. Son muchísimas
más las razones para creer en Dios que para convencerse de que no hay Dios.
Hay realidades que pueden dejarme indiferente. Por ejemplo, si en Marte hay
vida o no.
Pero hay otras realidades a las que no puedo estar indiferente, pues es
mucho lo que me juego. Por ejemplo, si el avión en que voy a viajar está o no
en condiciones de volar. Procuro tener unas razonables garantías de seguridad.
Esto es lo que pasa con la Religión.
La Iglesia Católica dice que Dios existe, que Cristo es Dios, y que después de la muerte hay una vida
eterna en el cielo o en el infierno.
Yo tengo opción de aceptar o rechazar todo esto.
Pero para rechazar algo tan importante, tengo que estar muy seguro de que
todo esto no es cierto, pues es mucho lo que me juego. No basta tener dudas.
Las dudas y dificultades no son argumentos probativos. Yo puedo tener
dificultades sobre una cosa que es una realidad.
Por el contrario, para aceptar un bien me basta una razonable probabilidad.
Yo acepto una medicina con una probable esperanza de me ayudará, aunque no
tenga seguridad absoluta de su eficacia.
Pero para optar por la Religión no bastan las ideas. Hace falta que la
Religión sea para mí el supremo de los valores. Yo puedo saber que el tabaco es
malo para la salud. Pero si yo valoro el tabaco más que la salud, seguiré
fumando.
Hay personas que buscan la verdad, les guste o no.
Pero otras personas buscan lo que les gusta, sea verdad o no.
El entendimiento se decide por razones.
Pero la voluntad se decide por valores.
Es muy importante que para mí la Religión sea el supremo de los valores.
El hombre se convence por razones; pero es la voluntad la que elige las
razones que le convenzan. Por eso suele decirse que el hombre decide más con el
corazón que con la cabeza.
La fe es aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero
la fe es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos necios. Y
nadie, con cultura, puede decir que fueron necios unas lumbreras de la
humanidad como un San Agustín o un Santo Tomás de Aquino.
Por eso la fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable
aceptar lo que no entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice.
La fe en Dios es
perfectamente razonable. Hay muchas más
razones para creer que Dios existe que para dudar de su existencia.
Pero hay que rechazar, tanto el racionalismo que sólo acepta lo que se
puede demostrar (los misterios son indemostrables), como el fideísmo que desprecia la razón, y
pretende que la fe sea «un salto en el vacío», sin ningún motivo de
credibilidad. El fideísmo es absurdo pues pretende que creamos en Dios sin
tener fundamento racional de la fe.
Si la fe no tuviera ninguna motivación de tipo racional no sería
responsable ni humana. Por eso la teología católica ha defendido siempre la
capacidad natural que tiene el hombre para llegar con la luz de la razón a
conocer la existencia de Dios-Creador. Así lo define el Concilio Vaticano I
[75]
.
«La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, Principio y Fin
de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la
razón humana partiendo de las cosas creadas»
[76]
.
Dijo San Pablo: «Lo invisible de Dios, desde la creación del
mundo , se deja ver a la inteligencia a través de sus obras»
[77]
.
Sin embargo, aunque la razón me indica que hay motivos serios para creer,
la razón no causa la fe. Sólo cuando el corazón humano se rinde a la gracia en
un acto de humildad y sencillez es cuando nace la fe. La razón tiene que ir
acompañada de la oración humilde. Es preciso tener un corazón limpio para creer
en Dios. No podemos olvidar que Dios sólo se manifiesta a los humildes
[78]
.
La ciencia que tiene por objeto la exposición de los motivos de
credibilidad, o sea, las razones y argumentos que demuestran ser la fe
razonable, se llama Apologética
[79]
. El Cardenal Newman, que era
protestante, se convirtió al catolicismo por puro raciocinio.
Dice el Cardenal Daneels,
Arzobispo de Malinas, «la supresión de toda sana apologética es un funesto
servicio prestado a la causa de la evangelización»
[80]
.
En Mayo de 1935 se convirtió al catolicismo Marchant, Ministro de Instrucción Pública de Holanda. Al ser
interrogado por un miembro de la izquierda del Senado, contestó: «Creo, porque
reflexiono»
[81]
.
Pero no se trata de convencer a nadie a base de pruebas, sino de hacer ver
lo razonable que es creer. Derramar luz sobre las verdades de la fe. Tal es el
papel de la Apologética.
Pero no olvidemos que la conversión no nace sólo tras haber sido convencido, sino tras una iluminación de mi
entendimiento y adhesión de la voluntad a Dios, acogiendo las verdades
reveladas y acomodando todo mi ser a esa iluminación.
Los motivos de credibilidad constituyen un preámbulo racional de la fe. El
acto de fe constituye esencialmente un asentimiento a estas verdades porque
Dios las ha revelado.
Y por supuesto que no basta asentir a las verdades reveladas por Dios; es preciso vivir de acuerdo con ellas.
Para el que tiene fe, mil objeciones no le hacen dudar; y al que no tiene
fe, mil pruebas no le convencen.
«La decisión de creer no es la conclusión de una argumentación. Uno jamás
está obligado a creer por las leyes de la lógica. (...) Al acabar una operación
de cálculo, no puedo por menos que adherirme al resultado obtenido. (...) Entre
la clara evidencia y la fe interviene un acto voluntario, perfectamente libre.
Del mismo modo que ya pueden mostrarme del modo más convincente y persuasivo
que alguien merece ser amado, no por eso lo amaré. No se puede amar de mala
gana, ni creer de mala gana. Es lo que ya decía San Agustín en su comentario a San
Juan: nemo credit nisi volens, es
decir, nadie cree sino de buen grado
[82]
.
Dice Octavio Rodríguez en Preámbulo epistemológico del acto de fe: «Realizamos
un juicio cuando consideramos que son suficientes las pruebas que nos han de
llevar a una conclusión» (...) «Si llegamos a convencernos de una conclusión,
la afirmamos sin reserva» (nº 2). «Los argumentos no obligan a nadie a creer,
igual que los argumentos a favor de la virtud no obligan a nadie a ser
virtuoso» (nº 7)
[83]
.
El hombre se
convence por razones, pero es la voluntad la que elige las
razones que quiere que le convenzan.
Por eso no basta dar razones que van sólo al entendimiento. Hay que
presentar valores que mueven a la voluntad: bondad, belleza, importancia,
utilidad o necesidad para el hombre en cuanto tal.
«Nuestra propia voluntad puede “forzar” al intelecto para que le presente
sólo las razones que ella desea, o para buscar argumentos -aunque sean falsos-
que apoyen su determinación»
[84]
.
La fe es razonable, pero las razones no bastan para creer.
Hace falta un acto de voluntad. Y la voluntad no se decide por razones
lógicas, sino por motivos y valores
[85]
.
No es lo mismo estar convencido que convertido.
Las razones van al entendimiento, pero son los valores los que mueven la
voluntad. Un hombre puede saber que el tabaco produce cáncer; pero mientras
para él el valor del tabaco sea superior al de la salud, seguirá fumando.
No basta saber el valor de una
cosa, es necesario sentir lo que esa
cosa vale, para que ese valor mueva nuestra voluntad.
El hombre, además de la razón, tiene un corazón, y con frecuencia éste
manda sobre la razón. Las obras salen más
del corazón que de la razón. Ya
lo dijo
Jesucristo: Del corazón sale todo lo que mancha
al hombre
[86]
.
«Nuestra afectividad elige las razones para convencernos que es verdadero
lo que nos es querido, y falso lo que nos es odiado»
[87]
.
Es necesario dar razones al entendimiento, pero no es menos necesario
ganarse el corazón. Y el corazón se gana con el atractivo personal.
Si le caes bien a una persona, ya has conseguido el 50% para convencerla.
Si uno considera al cristianismo como un antivalor por los sacrificios que
exige, es muy difícil que crea.
Pero si considera el cristianismo como un valor superior a todo sacrificio,
porque garantiza una eternidad feliz, empieza a poner la base de una posible
fe; si al mismo tiempo tiene la oportunidad de conocer suficientemente las
razones en que se apoya la credibilidad del cristianismo.
Un hombre que sinceramente quiere la salud acepta encantado una medicina
que le ofrece garantías de curación, aunque suponga costosos sacrificios.
Para tomarla basta que ofrezca esperanza razonable de curación.
Pero negarse a tomarla porque no hay seguridad absoluta de su eficacia, es
absurdo.
«La fe cristiana pone en nuestra vida claridad, seguridad, y fortaleza
invencible»
[88]
.
El ateo es como el que está en su cuarto con la ventana cerrada, y sólo ve
lo poco que alumbra la bombilla de su mesa de trabajo. Si abriera la ventana,
entraría la espléndida luz del Sol, que lo ilumina todo. Es la diferencia entre
el ateo y el creyente.
Dijo Ortega y Gasset: “La
barbarie del especialista es que una persona muy sabia en una materia se
permite opinar en cuestiones que ignora, con la misma autoridad con que se
pronuncia en su campo de especialidad”
[89]
.
No te deslumbres, con estas afirmaciones que a veces se oyen de labios poco documentados:
«La Ciencia moderna contradice a la Fe». Porque puedes tener la seguridad de
que la verdadera ciencia no ha contradicho nunca, ni contradirá jamás a los
dogmas de fe, porque Dios, la misma Verdad, es el Autor de la Ciencia y de la
Fe; y no puede contradecirse.
Efectivamente, la Ciencia es el conocimiento de las leyes que Dios ha
puesto en la Naturaleza que son la base de la Ciencia; y Fe es el conocimiento
de las verdades que Dios ha revelado.
Dios, Sabiduría infinita, es Autor tanto de las verdades científicas como
de las verdades religiosas: luego estos principios jamás pueden ser
incompatibles entre sí.
Cuando parezca que hay incompatibilidad, se debe a los hombres que han rebasado
o mal interpretado las verdades de la Ciencia o de la Fe
[90]
.
Dice el Concilio Vaticano II: «Las realidades profanas y las realidades de la
fe tienen su origen en el mismo Dios»
[91]
Hay que tener en cuenta que no es ciencia indiscutible la hipótesis de trabajo
de un científico.
Así como tampoco es verdad revelada la teoría personal de un teólogo.
Cuando hablo de Ciencia, hablo de ciencia indiscutible, no de la hipótesis
de trabajo de un científico.
Y cuando hablo de Fe hablo de verdades dogmáticas, no de una norma
disciplinar de la Iglesia, como ocurrió en el caso Galileo (ver nº 39,1).
Pero entre ciencia indiscutible y dogmas de fe jamás ha habido
contradicción, ni la habrá en el futuro, por lo que acabo de decir.
Muchas de las
dificultades que algunos creen encontrar en
aparentes contradicciones entre la Fe y la Ciencia, o bien provienen de haber
tomado como verdades reveladas afirmaciones que bien examinadas no gozan de tal
garantía, o bien provienen de mirar como verdades científicas adquiridas
definitivamente cosas que más tarde se verá no pasan de simples hipótesis o
teorías, que con el tiempo, se han de ir retocando
[92]
.
«No sólo no hay contradicción entre Ciencia y Fe, sino que mutuamente
se ayudan y complementan»
[93]
.
Dice el Concilio Vaticano I: «La razón y la fe, no sólo no se contradicen,
sino que se ayudan mutuamente»
[94]
.
«La Física ha cambiado mucho durante los últimos cien años, y las
posiciones radicalmente materialistas de algunos físicos del siglo XIX resultan
hoy insostenibles.
»Muchos ideólogos influyentes, sin embargo, han permanecido anclados en el
pasado, y habrán de pasar muchos años hasta que desaparezcan los prejuicios
antirreligiosos, supuestamente científicos, que propagaron los ilustrados del
siglo XVIII»
[95]
.
Max Planck, Premio Nobel de Física dijo: «No se da contradicción alguna entre la
Religión y las Ciencias Naturales; ambas son perfectamente compatibles entre
sí»
[96]
.
Rudolf Kippenhahns, Director del Instituto de Astrofísica Max Planck de Munich, dice: «Me
preguntan una y otra vez en mis conferencias, si en la concepción científica
del universo queda lugar todavía para Dios... Cuanto más pienso sobre ello,
menos entiendo que los conocimientos científicos deban suprimir las ideas de la
fe»
[97]
.
Como dice el profesor de la Universidad de Navarra, doctor en
La verdadera Ciencia no sólo no se
opone a la Religión, sino que la confirma cada vez más con sus nuevos descubrimientos.
Por eso Pío XII dijo en su
discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en 1951: «La verdadera Ciencia
encuentra a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»
[99]
.
Es más, la Historia nos enseña que cuando una teoría se opone a lo que la
fe sostiene como cierto y como seguro, esta teoría ciertamente es falsa.
Antes o después será desbancada por otra nueva teoría.
Así ha sucedido siempre. Y es natural: porque esa teoría se debe a un
hombre que se puede equivocar; en cambio la fe se debe a Dios, que no puede
equivocarse.
Dios no puede equivocarse, porque es infinitamente sabio. Y no puede
engañarnos porque es infinitamente bueno.
Pero hombres a quienes estorba la Religión se agarran ansiosos a estas teorías mal demostradas como si fueran
dogmas de fe, para desechar los verdaderos dogmas de fe que les estorban.
No porque en los dogmas de la Religión haya misterios -como decíamos antes,
la vida está llena de misterios, y eso a nadie extraña-; lo que ellos tienen
contra la Religión no son dificultades científicas, sino prejuicios y dificultades
morales.
Si la Religión no obligara a tener a raya las pasiones, nadie tendría
dificultades contra la Religión.
Y si los preceptos morales dependieran de las verdades de la Física, muchos
negarían la Física en lugar de negar la Religión
[100]
.
«Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso o dudoso lo que no
quieren que sea verdadero"
[101]
.
Los que niegan la existencia de Dios es porque les conviene que no exista.
Y cuando el hombre no cree en Dios, cree en cualquier superstición.
«Las creencias religiosas pueden ser alteradas y deformadas por la voluntad
y el mal uso de la libertad, así como por la incoherencia práctica. O se vive
como se piensa y cree, o se termina por pensar y creer como se vive»
[102]
.
No hay nada que ciegue más que obstinarse en el pecado. Lo dijo Jesucristo:«el que obra mal odia la luz»
[103]
.
Ya dijo Bacón: «Sólo niega a
Dios aquel a quien conviene que no exista».
Y Juan Jacobo Rousseau: «Mantened vuestra alma en estado de desear que Dios exista, y no dudaréis nunca
de Él»
[104]
.
Con todo, conviene observar que el ateísmo va en retroceso.
Paul Paupard, Presidente del Pontificio Consejo para los No Creyentes, dijo en Madrid
que el ateísmo técnico está disminuyendo en el mundo.
En España sólo se declara ateo el 7% de los españoles
[105]
.
No negamos que un ateo pueda ser honrado, pero evidentemente le falta
motivación.
Se puede preguntar: ¿Por qué voy a practicar el bien en lugar del mal, si
obrando el bien no me proporciono ventajas sino inconvenientes, y obrando el
mal salgo ganando?
Si no hay un árbitro que sancione, cada cual hará lo que más le convenga
[106]
.
Por eso dijo Dostoieski: «Si
Dios no existe, todo está permitido».
Cuando el hombre arranca a Dios de su vida se vuelve contra sus hermanos
los hombres.
Es lo que expresó Hobbes con
frase cruda: «El hombre es lobo para el hombre».
Si prescindimos del mandamiento de Jesús,
la solidaridad humana es frágil. Fácilmente el otro termina por ser un extraño,
un rival o un enemigo.
Si no se respeta a Dios, ¿qué otra cosa se puede respetar?
Las consecuencias, a la larga, son funestas.
Si a un árbol se le cortan las raíces, tendrá algunas reservas, pero para
poco tiempo.
Terminará por secarse y troncharse. La raíz de nuestro pueblo está en
el cristianismo.
Dijo el Papa Juan Pablo II en
Liubliana (Eslovenia): “Un mundo construido sin Dios acaba por alzarse contra
el hombre”
[107]
.
La fe ilumina al hombre el camino para que se realice a sí mismo en
servicio de los demás.
La fe ayuda a la razón.
Dice el Concilio Vaticano I
[108]
:
«Podemos conocer a Dios por la razón natural».
Es una certeza que excluye toda duda razonable, pero no se trata de una
evidencia axiomática.
La fe es un acto de la voluntad tras el examen, por la razón, de los
motivos de credibilidad.
Por eso la razón prepara la fe, no la impone. Para dar este paso al frente
es necesaria la gracia de Dios.
Por eso hay que pedir a Dios el don de la fe.
La fe es un don en el sentido de que Dios nos ayuda para que nuestra razón
no se vea entorpecida por obstáculos psíquicos, morales, culturales,
ambientales, etc., que le impidan su correcto funcionamiento.
Los fundamentos de la fe hacen la fe razonable. La fe complementa la razón,
pero no la destruye.
«La razón no es causa de la fe, que es un puro don de Dios; pero es
condición indispensable para que la fe sea responsable, humana y no arbitraria.
Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos unos estúpidos»
[109]
.
«El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas
aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de la razón natural.
»Creemos a causa de la autoridad de Dios que revela y que no puede
engañarse ni engañarnos. Sin embargo, Dios ha querido darnos motivos de
credibilidad que muestran que el asentimiento de la fe no es un movimiento
ciego del espíritu»
[110]
.
El fideísmo, que es creer sin pruebas, es de raíz netamente protestante (Barth, Bultmann).
Ha hecho presa en algunos teólogos católicos que han olvidado el mandato de Pedro
[111]
de
dar razón de su esperanza.
Las consecuencias han sido nefastas.
Pues no se puede fundamentar la fe sobre la duda y la inseguridad.
Hoy está de moda hablar del «riesgo» de la fe, del túnel...
Pero no puede existir una pastoral convincente si no se razona la fe
[112]
.
A nadie le atrae dar un salto en el vacío sin garantías.
En las cosas importantes todos queremos seguridad.
Nadie pone su dinero en un Banco que está en el borde de la quiebra. Nadie toma un alimento putrefacto con peligro de
intoxicarse.
Como dice Juan Pablo II en su
encíclica sobre la Ciencia y la Fe: «Ni
fe sin razón, ni razón sin fe».
Según el Santo Padre, la fe se ve dinámicamente enriquecida por la
filosofía y la filosofía descubre nuevos horizontes gracias a la fe. Se trata
de un enriquecimiento mutuo
[113]
.
Como dice el P. López Pedraz, S.I.: «La
evidencia para cada uno es el resultado final de un esfuerzo de atención, de
interés, de voluntad, que antecede a la admisión clara.
»¿Admitiríamos la sinceridad del que justifica su desinterés con el
pretexto de no ver claro desde el principio?
»En la raíz del no ver puede estar un fallo de la voluntad. En tal caso la
oscuridad no excusa, acusa; y la ceguera final es culpable (...).
»La ceguera voluntaria puede llegar a constituir el irremisible pecado
contra el Espíritu Santo, contra el que se estrellan todas las manifestaciones
luminosas, incluso las más conformes al gusto del interesado (...).
»Hace falta limpiar los ojos.
»No basta con querer ver: los judíos querían ver y muchos terminaron por no
ver. Se requiere disponibilidad o receptibilidad para lo que aparezca, sin
interponer condiciones que enturbian o tapan visión.
»Purificación de prejuicios.
»Purificación de sentimientos.
»¿Cuántas veces no dedicamos la atención debida a una persona o a un asunto
porque se interponen ciertos resabios de simpatía o antipatía, oscuramente
nacidos en nosotros, o contagiados por el ambiente, que nos impiden no
solamente ver claro sino interesarnos por ver? (...).
»Si un minero, atrapado al derrumbarse la mina, a oscuras, y en trance
angustioso de asfixia, ve aparecer por una grieta una luminosidad, por tenue
que sea, esto le basta y le sobra para ponerse alerta por si aquello que viene
del otro lado de las rocas, donde hay más luz, le anuncia una esperanza de
salvación. Dará voces para comunicar su presencia a los posibles salvadores. Si
se inhibiese diciendo: “esto no me basta, no hago nada hasta que tenga más luz
y señales más claras”, podría quedar sepultado para siempre».
3,9. También hace falta orar.
¿Cómo puede orar un ateo, que no sabe si hay Dios?
¿Puede caer en ceguera culpable por no orar?
¿Esto es una paradoja inadmisible?
No: el que se encuentra perdido en un bosque, sin saber lo que hay en el
entorno, grita pidiendo auxilio.
¿A quién grita? A nadie. A quien sea.
Grita por si hay alguien.
Pues bien, ningún ateo consecuente podrá eliminar, en conciencia, al menos,
la sospecha de que haya Alguien
[114]
.
Ya dijo Pascal: «No hay más que
dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que
sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a
Dios con todo su corazón, porque no lo conocen»
[115]
«Hay en el hombre una
serie de interrogaciones que hacen que la cuestión de Dios sea en él una
cuestión permanente e ineludible. La pregunta sobre Dios es una pregunta que el
hombre llevará siempre en el fondo de su propio corazón, y de la que no podrá
prescindir sino al precio de drogar su conciencia, para no enfrentarse con
ella. (…)
»El hombre necesita una razón para
vivir, para sufrir, para morir. Y cuando
carece de esta razón, enferma; y enferma de la enfermedad típica de nuestro
tiempo: la angustia»
[116]
.
Lo religioso es una dimensión necesaria, constitutiva del hombre. No es
algo accidental u opcional, como puede ser la afición al tenis o a coleccionar
mariposas. El increyente, es, sin duda, un ser psicológicamente mutilado. El
hombre no puede despreocuparse impunemente de Dios.
«Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano»
[117]
.
«En la fe la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina»
[118]
.
«Dios da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el
hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida»
[119]
.
Es una pena la ignorancia religiosa. La fe es lo más importante de la vida,
porque es lo único que responde a las verdades fundamentales.
Todo ser racional, alguna vez en su vida, es lógico que se pregunte:
¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué será de mí después de la muerte?.
El agnóstico no sabe responder.
En la tumba de un ateo se lee: «He vivido en medio de dudas, y muero en la
incertidumbre. No sé a dónde voy».
¿De qué me sirve saber el número de mis cromosomas o las vibraciones de la
luz ultravioleta si no sé el sentido de mi vida? Sólo la fe tiene ante el dolor
explicación y consuelo.
Para el ateo sólo hay tinieblas y desesperación. La fe da rectitud, alegría
y esperanza.
El hombre tiene un dimensión religiosa que no se puede apagar. El hombre
añora lo religioso.
Setenta años de ateísmo militante en la U.R.S.S. no han podido acabar con
la fe del pueblo ruso que ha resurgido con fuerza mientras rodaban por el suelo
las estatuas de Lenin y Stalin.
El alma humana tiende naturalmente a Dios, y es imposible ir contra la
naturaleza: Si tiras una piedra hacia arriba, al cesar el impulso, terminará
por caer a tierra. Si soplas sobre el fuego para que el humo vaya hacia abajo,
cuando dejes de soplar el humo se irá hacia arriba.
El barco tiende a flotar. Sólo se quedará en el fondo del agua si está
agujereado. El alma que no siente su destino hacia arriba es que está rota,
destrozada. Por eso naufraga como un barco agujereado.
El que tiene fe ve a Dios detrás de todo lo mundano. Como el que sabe que
detrás de los nubarrones está el Sol.
Es una gracia de Dios, que debemos pedir sin descanso. Incluso el que cree
que no tiene fe, debe orar. Al menos podría decir: «Señor, si existes,
concédeme el don de la fe». Como es cierto que existe, será oído y obtendrá la
fe.
Carlos de Foucauld (1858-1916), oficial del ejército francés encontró la fe,
a los 28 años, después de llevar una vida desordenada, repitiendo: «Dios mío,
si existes, haz que te conozca»
[121]
.
Dios sale siempre al encuentro del que sinceramente le busca
[122]
.
«Dios está cerca de los que lo buscan
sinceramente»
[123]
.
«Dios no rechaza jamás al que hace lo que puede para acercarse a Él»
[124]
.
«La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los
auxilios interiores del Espíritu Santo»
[125]
.
Con ella profundizamos en el conocimiento de la Religión y vemos cosas
insospechadas para el que no la tiene. Es la diferencia entre la contemplación
de la partitura de un concierto hecha por un profano o por un gran músico.
Es triste ser sordo, y no poder oír la música. Es triste ser ciego, y no
poder ver las flores. Pero más triste es no tener fe, y no poder tener
esperanza en la misericordia de Dios, nuestro Padre.
El espíritu de fe nos hace juzgar de todas las cosas según las normas de la fe, desde el punto de vista de Dios. Esta iluminación hay que pedírsela al Espíritu Santo. La fe ilumina la noche. Pero no suprime la noche. Como las luces que señalan al piloto la pista de aterrizaje. Le señalan el
camino, pero no iluminan las tinieblas. Vamos viendo según vamos avanzando.
Como con la linterna que alumbra nuestros pasos.
La fe ilumina la Verdad. Nos da a conocer cosas insospechadas, y nos lleva
a aceptar la Verdad y a adherirnos a la Persona que nos la transmite.
Se une a ella como dos ríos en uno solo.
Es una opción por Algo y por Alguien. Dios no se impone. Quiere ser elegido
libremente. Dios se me ofrece en una declaración de amor, y espera mi
respuesta..
La fe nos adhiere a Dios y nos impulsa a adherirnos cada vez más
perfectamente a Él por la gracia. Precisamente nos hace ver que en realidad
sólo podremos estar reunidos a Él si estamos en gracia.
3,11. En la fe «el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece
el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo
que Dios revela»
[126]
.
La fe no debe ser sólo intelectiva, seca, fría, sin palpitación vital.
Debe ser alegre, optimista, ardiente, que brote de las entrañas del
espíritu, y vivifique todo nuestro ser y nuestro obrar.
Fe que se ilumine con la cabeza, y se caliente con el corazón.
La fe da optimismo para llevar esta vida tan llena de calamidades.
Es como el pájaro
que oye crujir la rama sobre la que está, al ser zarandeada por vendaval: él no
teme, porque tiene alas.
[1]
M. RAYMOND, O.C.S.O.: Sobre
la Razón, la Revelación y la Religión, V. Ed.
Studium. Madrid.
[2]
ÁNGEL Mª. ROJAS, S.I.: Espiritualidad del estudiante, II,
A, 2, 5. EDAPOR. Madrid. 1984.
[3]
VINTILA HORIA: Fe cristiana y cultura humana, III. Ed.
A.D.U.E. Madrid. 1983.
[4]
MANUEL CARREIRA , S.I.: El hombre en el cosmos, I.
Ed.Sal Terrae. Santander. 1997.
[5]
JOSÉ LUIS COMELLAS: Astronomía, XXIV, C. Ed.
Rialp.Madrid. 1987.
[6]
VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la Tierra, 2ª,I, 3.
Ed. Plaza y Janés. Barcelona. 1971.
[7]
Diario ABC del 18-V-1969.
[8]
Revista PALABRA, 95 (VII-73) 35.
[9]
SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2ª, IV. Ed.
Planeta. Barcelona. 1975.
[10]
Revista PALABRA, 95 (VII-73) 33.
[11]
MANUEL Mª.CARREIRA, S.I.: Dios el hombre y el universo,
I, 1. Madrid. 1976.
[12]
MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razón y Fe, VII,
10. Ed. EUNSA. Pamplona. 2004.
[13]
Revista MUY interesante, 55 (XII-85) 13.
[14]
Diario YA dominical del 8-I-87, pág. 20.
[15]
Profesor de FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA en la Universidad
Gregoriana de Roma. Está considerado como uno de los mayores científicos
jesuitas, según el Diccionario Biográfico de la Compañía de Jesús, publicado
por el Instituto Histórico de Roma.
[16]
Diario YA del 6-XII-84, pág. 10.
[17]
Varios Autores: Física y Religión en perspectiva,
Apéndice 4. Ed. Rialp. Madrid. 1991.
[18]
ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la ciencia de
hoy, XX. Ed Rialp. Madrid. 1970.
[19]
MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razón y Fe, VI, 6. Libros
M. C. Madrid. 1985.
[20]
PABLO SÁNCHEZ GARRIDO: La encrucijada Fe-Razón, I. Congreso
de Católicos en la vida pública. Noviembre, 2003. Ed. Santa María. Madrid.
2004.
[21]
MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razón y Fe, III,
7. Ed. EUNSA. Pamplona.
2004.
[22]
GARCÍA DURÁN: Cajal, 2ª, I, 1. Institución Fernando el
Católico. Zaragoza.
[23]
Diario YA del 28-XII-52.
[24]
70 años de ABC.
[25]
Revista SEMANA del 30-I-51.
[26]
Revista ECCLESIA, 1295 (11-VI-1966) 4.
[27]
ZENIT. Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:
980225-4.
[28]
ABC de Madrid del 27-XII-91.Pág. 53.
[29]
M. BERNABÉ IBÁÑEZ: El Evangelio olvidado, X. Ed.
P.P.C. Madrid. 1987.
[30]
Revista BLANCO Y NEGRO del 2-I-94.Pág. 46.
[31]
ABC de Madrid del 14-III-97.Pág.77.
[32]
Diario YA del 20-VII-1985. Pág.8.
[33]
Acta Apostolicae Sedis, 44 (1952) 31.
[34]
ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la Ciencia de
hoy, XX. Ed. Rialp. Madrid. 1970.
[35]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1797. Ed.
Herder. Barcelona.
[36]
Diario YA del 10-III-1977. Pág.25.
[37]
ALBERT
EINSTEIN: Deutsches Pfarrblatt, Bundes-Blatt der Deutschen
Pfarrvereine,1959, 11. INTERNET: BUZÓN CATÓLICO Boletín n. 54,1 de junio de 2005. www.buzoncatolico.com
[38]
Revista ECCLESIA, 2560,(28-XII-91),20.
[39]
Revista IBÉRICA de Actualidad Científica, 103 (I-1971)
41.
[40]
Diario YA del 7-IV-1991.Pág. 6.
[41]
OLEGARIO G. CARDEDAL: La entraña del
cristianismo,1ª,1,II,2. Sec.Trinitario. Salamanca.
[42]
ZENIT, Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:
ZS00021003.
[43]
Diario YA, 2-X-88, pg.21.
[44]
Diario EL MUNDO de San Juan de Puerto Rico, 19-III-89,
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