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4.- DIOS HA HECHO EL COSMOS DE LA NADA
[1]
.
4,1. Dios hizo el cosmos de la nada porque antes de la creación sólo
existís Él y «y no podía hacerlo de sí mismo pues Él es absolutamente simple e
inmutable: no había Él partes que pudieran ser tomadas y transformadas en un
universo»
[2]
.
Hacer algo de la nada es crear. «Crear es dar existencia, hacer que un ser
comience a existir»
[3]
.
«Nada existe sin razón suficiente».Es un principio filosófico. J. A. Wheeler, uno de los más
prestigiosos físicos actuales
[4]
,
se pregunta: «¿Por qué existe ALGO en lugar de NADA? La respuesta es evidente.
Porque un SER ETERNO creó de la NADA todo lo que existe.
«El interrogante de por qué existe el ser y no la nada, parece haber sido
planteado por primera vez por Leibniz. La
fe cristiana responde: el mundo ha sido
creado por Dios»
[5]
.
Entendemos por mundo todo lo
que existe fuera de Dios.
La creación es el acto por el cual Dios da existencia a todo lo que existe fuera de Él
[6]
.
Antes de la creación no existía nada fuera de Dios. Por eso, Dios crea todo de
la nada. Porque nada ni nadie existía antes de la creación del Universo, a
excepción de Dios. Por eso decimos que Dios hizo de la nada todo lo que existe
fuera de Él.
La palabra hebrea “bará” significa creación de la nada. Por eso en la Biblia se aplica sólo a Dios,
porque los hombres no creamos, sólo fabricamos, transformamos la materia.
Dice la Biblia: Dios es Autor de todo lo que existe, y por tanto anterior a
toda la creación
[7]
.
El Universo es obra de Dios
[8]
.
«Dios es causa primera de todo lo que existe»
[9]
.
Esto es lo que quiere decir el «Credo» con las palabras: «Creador del cielo y
de la tierra».
5.- Los hombres no pueden hacer las cosas de la nada
[10]
.
5,1. Hacer las cosas de la nada es
crear. El único que puede crear es Dios
[11]
.
El hombre no puede crear, porque para hacer algo necesita materias primas: el
carpintero necesita madera; el panadero, harina; el poeta, palabras, etc. Todos
necesitan algo que ya existís.
El hombre solamente transforma la materia. Algunas veces estas
transformaciones son tan originales que las llamamos «creaciones», pero este
modo de hablar no es adecuado.
Dios ha creado el Universo, porque lo ha hecho de la nada.
5,2. Es admirable la generosidad de Dios en su creación:
- Millones de espermatozoides para fecundar un solo óvulo.
- Millones de granos de polen que no fecundan ninguna flor.
- Millones de flores en las montañas sin que nadie admire su belleza.
- Millones de peces de colores en las zonas abisales inasequibles para el
hombre.
- Millones de galaxias conocidas solamente -que sepamos- desde el planeta
Tierra.
- Etc., etc.
5,3. Dios también es conservador de todo lo creado, pues las criaturas desaparecerían si Dios no las sostiene en
la existencia. Lo mismo que la sombra desaparece si falta la luz; y la luz desparece
si no hay corriente eléctrica.
6.- Dios hizo algunos seres sirviéndose de otros ya existentes.
6,1. Lo mismo que un carpintero se sirve de la sierra para hacer la mesa.
Los padres son meros instrumentos de Dios. Ellos no saben si el hijo será
listo o tonto, alto o bajo, sano o enfermo.
Normalmente, más que hacer las cosas directamente, «Dios hace que se hagan»
[12]
.
“La creación no salió plenamente acabada de las manos del Creador”
[13]
.
«La expresión “al principio” no sugiere que el mundo, tal como hoy lo
vemos, haya salido entero de Dios en un momento dado. No hay ningún reparo en
admitir una lenta evolución de los seres en su aparición, y progreso constante
hacia formas cada vez más perfectas. Lo que se afirma es que el comienzo de
todo, el arranque inicial, está en Dios. Ese momento en que se pasó del no
existir nada de lo que vemos, al primer existir de las cosas es lo que llamamos
creación. La idea de creación tiene un matiz muy preciso que la distingue de
los similares de “producción” o “construcción”. Es un hacer absolutamente nuevo
y original, un partir de cero, en el que no se presupone nada preexistente,
sino es el Hacedor mismo. No hay materia previa, no hay instrumentos, sólo
existe la posibilidad pura. Sobre esta posibilidad se vuelca el acto amoroso de
Dios, que decide sacar a la luz este mundo. La evolución subsiguiente también
es obra de Dios. Con esta diferencia: en su primer momento todo es creación; en
los momentos posteriores es un desarrollo, un despliegue de la creación
inicial»
[14]
.
6,2. Además de este mundo visible, hay también un mundo invisible al que se
extiende igualmente la acción creadora de Dios, como profesamos en el Credo. En
el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI se precisa explícitamente que
bajo el nombre de «cosas invisibles» han de entenderse los «espíritus puros que
reciben también el nombre de ángeles» confirmando la interpretación tradicional
[15]
.
El Concilio Vaticano I habló de los dos órdenes de criaturas, corporal y
espiritual, como equivalentes a mundo y ángeles
[16]
.
Es aburdo negar la existencioa de los ángeles porque la Ciencia no puede
verificarlo. La Ciencia estudia las leyes de la naturaleza material, pero los
ángeles son espirituales; están en otro nivel. Lo mismo que la Ciencia no puede
verificar si yo en mi corazón siento odio a mis enemigos o los perdono. El odio
y el perdón no son materiales.
Hablando de los ángeles dice el Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica:
«Son criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son
criaturas personales»
[17]
.
«Jesús menciona a los ángeles como seres reales y activos»
[18]
.
Por eso la existencia de los ángeles es dogma de fe
[19]
.
Fue expresamente definido por el Concilio IV de Letrán
[20]
.
«La existencia de los ángeles está testimoniada por innumerables pasajes de
la Sagrada Escritura, si bien es poco lo que se conoce de sus funciones y
naturaleza. Son “mensajeros” de Dios en momentos extraordinarios de la Historia
de la Salvación. Conocemos algunos nombres relacionados con la función para la
que son elegidos, como los de Miguel,
Rafael, Gabriel.
Se da por entendido que son muchísimos en número, distribuidos en
jerarquías: el Antiguo Testamento habla de Querubines y Serafines; el Evangelio
de Ángeles y Arcángeles; y San Pablo de
Tronos, Dominaciones y Potestades.
Fueron sometidos a una prueba. Algunos sucumbieron por haberse declarado en
rebeldía contra Dios: son los demonios que fueron condenados al infierno. Desde
entonces su existencia parece concentrarse en odiar a Dios y en tentar a los
hombres
[21]
.
Entre los ángeles buenos, está el llamado «Ángel de la Guarda», que Dios da
a cada hombre en este mundo para conducirle por el camino del bien
[22]
.
«Se deduce de la Sagrada Escritura, según interpretación de los Santos
Padres, que Dios ha dado a cada hombre un ángel para su particular defensa y
protección»
[23]
.
Dice la Biblia: “Dios te ha
encomendado a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos”
[24]
.
En el Evangelio
[25]
encontramos
este testimonio: «Dijo Jesús: “mirad que
no despreciéis a uno de estos pequeños, porque en verdad os digo que sus
ángeles ven de continuo en el cielo la cara de mi Padre”»
[26]
.
6,3. Dice Sertillanges que la
obra maestra de Satanás ha sido
hacer creer a los hombres que él no existe
[27]
.
La existencia de
Satanás es dogma de fe. Está definido en el Concilio
Lateranense IV. El P. Justo
Collantes,S.I., Catedrático de Teología en la Facultad de Granada dice que
las palabras utilizadas en este capítulo son «una profesión de fe»
[28]
.Dice
el Concilio Lateranense IV: «Creemos firmemente y confesamos sinceramente que
(...) el diablo y demás demonios fueron creados por Dios buenos, mas ellos, por
sí mismos, se hicieron malos»
[29]
.
«Por lo tanto no se puede negar la existencia real de un ser creado por
Dios»
[30]
.
El pecado del demonio fue de soberbia
[31]
.
La Biblia dice que Dios creó los ángeles y que algunos pecaron y fueron
condenados para siempre
[32]
:
éstos son los demonios. «Los demonios son ángeles caídos»
[33]
.
Por eso, Javier Ibáñez, en su
obra La fe divina y católica de la
Iglesia, califica la existencia del diablo de fe divina y católica definida
[34]
.
La existencia del demonio también lo ha confirmado recientemente la Iglesia
[35]
. Al actualizar el ritual de los exorcismos demuestra que sigue vigente
la doctrina del demonio.
El cardenal Jorge Arturo Medina
Estévez Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, dijo en Rueda de
Prensa, El 26 de enero de 1999: «Sabemos que hay católicos que ponen en duda la
existencia del diablo, pero esta realidad pertenece a la fe y a la doctrina de
la Iglesia Católica. Quien diga que el
diablo no existe no está ya en la fe. La doctrina católica nos enseña que
los demonios son ángeles caídos a causa de su pecado, seres espirituales de
gran inteligencia y poder; la potencia de Satanás sin embargo no es infinita.
No es más que una criatura, potente por el hecho de ser espíritu puro, pero
siempre una criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios».
A propósito de Satanás, el cardenal Medina subrayó «que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces se ejerce
habitualmente a través del engaño, la mentira y la confusión. Si Jesús es la Verdad, el diablo es
mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el principio, la mentira ha sido
su estrategia preferida. Engaña a los hombres haciéndoles creer que la
felicidad se encuentra en el dinero, en el poder, en la concupiscencia carnal.
Engaña a los hombres persuadiéndoles de que no tienen necesidad de Dios y de
que son autosuficientes, sin necesidad de la gracia y de la salvación. Incluso
engaña a los hombres disminuyendo, es más, haciendo desaparecer el sentido del
pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las
costumbres y las convenciones de la mayoría. Persuade a los niños de que la
mentira es un modo apto para resolver los diversos problemas, y así poco a poco
se crea entre los hombres un atmósfera de desconfianza y de sospecha. Tras las
mentiras y engaños, que llevan la imagen del Gran Mentiroso, se desarrollan las
incertezas, las dudas, un mundo en el que no hay ya seguridad, ni Verdad y
donde, en cambio, reina el relativismo y la convicción de que la libertad
consista en el hacer lo que se quiere; así no se entiende ya que la verdadera
libertad es la identificación con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la
única felicidad posible»
[36]
.
El demonio es un ser inteligente, no humano, que induce a los hombres al
mal
[37]
.
Pero al demonio se le puede vencer con la ayuda de Dios
[38]
.
Al demonio se le pinta con cuernos y con rabo; pero ya se comprende que el
diablo ni tiene cuernos ni rabo, pues es espíritu. Se le representa así para
expresar que es un espíritu malo.
En la Biblia parece clara la existencia del demonio en la tentación de Eva, en las pruebas de Job, etc.; y sobre todo en el Evangelio
[39]
. Cristo para rechazar a Pedro que le proponía huir de la cruz
le dice:«Apártate de mí, Satanás»
[40]
. Es decir, Cristo supone que Satanás es alguien
[41]
.
Si no, ese modo de hablar no tendría sentido.
Dice el Nuevo Catecismo de la
Iglesia Católica que el demonio es persona
[42]
.
Así lo considera Cristo pues supone
que tiene deseos: le dice a Pedro que «Satanás quiere cribaros como al
trigo»
[43]
.
Y San Pedro llama a Satanás nuestro adversario y afirma que
anda buscando el modo de hacernos daño
[44]
.
En otra ocasión Cristo afirma que Él
expulsa al demonio
[45]
.
D. Salvador Muñoz
Iglesias, Profesor de Sagrada Escritura en el
Seminario de Madrid, en el espacio de Televisión El pulso de la fe, dijo: «Quien niegue la existencia real de Satanás tiene que admitir que Cristo o se equivocó o nos engañó. Si
un cristiano no puede admitir ninguna de estas dos cosas, tendrá que aceptar la
existencia real de Satanás».
«Si hay algo claro en una lectura de las páginas del Nuevo Testamento, es
que para Jesús y los Apóstoles, el
demonio es una realidad, una realidad viva; y no una simple figuración o un
fantasma»
[46]
.
Pablo VI dijo: «Quien rehusa reconocer la existencia de Satanás se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica»
[47]
.
Dice Monden: «No se puede
eliminar de la Escritura la existencia del demonio como ser personal sin
alterar el mensaje cristiano en su misma esencia»
[48]
.
A veces se dan casos, aunque rarísimos, de posesión diabólica.
Hay que distinguir entre la auténtica posesión diabólica y los enfermos
mentales que se creen poseídos del demonio.
Para las auténticas posesiones diabólicas la Iglesia tiene sacerdotes
especializados que practican exorcismos para expulsar los demonios.
También hay que distinguir entre el verdadero exorcismo, realizado por un
sacerdote especializado con el ritual de la Iglesia, y las oraciones de
liberación que puede hacer cualquier cristiano
[49]
.
El demonio «es el tentador que busca nuestra desgracia y quiere cerrarnos
las puertas del cielo»
[50]
.
«Sin embargo, el poder de Satanás no
es infinito. No es más que una criatura»
[51]
.«El diablo no tiene poder sobre la salvación eterna del hombre, si éste no
se lo permite»
[52]
.
«Aunque el diablo es capaz de tentarnos no puede arrancarnos nuestro
consentimiento»
[53]
.
Dice la Biblia que el demonio nos tienta porque nos tiene envidia
[54]
,
pues siendo la naturaleza humana inferior a la angélica, nosotros podemos
salvarnos y él no. Por eso quiere impedir nuestra salvación eterna
[55]
.
Dice San Pablo que el diablo nos
tienta
[56]
.
Y para tentarnos, nos engaña. San Juan le
llama «mentiroso»
[57]
.
En el Nuevo Testamento se habla del demonio más de cien veces
[58]
.
El demonio es persona, no el mal abstracto. Cristo, cuando lo expulsa de alguien, habla con él como con una persona.
El hecho de que la Biblia mencione en el Apocalipsis el 666 como el número
de la Bestia, «para algunos es el signo de Satán, y es un número maldito»
[59]
.
En nuestros días la presencia del diablo se da principalmente en las
prácticas de espiritismo y el el juego de la «ouija»
[60]
.
Y también en las sectas satánicas y en las posesiones diabólicas
[61]
.
Puede ser interesante mi vídeo: ¿Existe
el diablo? con mi intervención en un debate de la televisión vasca
(ETB)
[62]
.
6,4. «Nos interesa muchísimo conocer cuándo fue creado el mundo, en qué
época apareció el hombre, cuál fue la cuna de la Humanidad; pero de nada de
esto nos habla la Biblia, pues no es un libro científico sino religioso, y lo
único que le interesa decirnos es que el mundo es obra de Dios, y que Dios
intervino de modo especial en la creación del hombre»
[63]
.
El P. Antonio Romañá, S.I., en
el discurso pronunciado al ser admitido en la Real Academia de Ciencias de
Madrid, cita esta frase de San Agustín:
«Dios en la Biblia no nos ha querido enseñar cómo va el cielo, sino cómo se va
al cielo»
[64]
.
«La Sagrada Escritura no tiene como fin fundamental comunicar enseñanzas
sobre ciencias profanas, sino guiar a los hombres hacia su salvación eterna»
[65]
.
Con todo, los descubrimientos arqueológicos confirman los relatos bíblicos.
Kenyon que fue director del Museo Británico de Londres, señala que la
investigación arqueológica moderna ha corroborado la verdad de las Escrituras
[66]
.«Puedo
afirmar categóricamente que jamás hallazgo arqueológico alguno ha desmentido
una referencia bíblica. Docenas y docenas de descubrimientos arqueológicos
realizados han venido a confirmar asertos históricos de la Biblia»
[67]
.
En 1957 el Profesor de la Universidad Complutense, Alejandro Díez-Macho, descubrió en la Biblioteca Vaticana el Codex Neophyti I, que es un manuscrito
del Pentateuco bíblico en arameo, que era la lengua que se utilizaba en tiempos
de Jesús. Este manuscrito ha sido
editado en cinco tomos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas
[68]
.
6,5. La Biblia nos cuenta en el Libro del Génesis cómo creó Dios el mundo.
La Biblia habla de siete días. Pero la palabra hebrea «yom», día, también significa un período largo de duración
[69]
.
«Tampoco se puede insistir en el orden que se atribuye a los seres creados.
(...) Busquemos en ellos, no un orden cronológico sino un orden lógico y
artificial.
»Pongamos un ejemplo:
»Quiere un escritor narrarnos la Historia de España durante la Edad Media.
»Dedica el primer capítulo al reino de Asturias; otro capítulo al de León;
otro al reino de Castilla. Es natural que en esta distribución lógica y
geográfica, se complique la cronología. En el primer capítulo nos darán hechos
posteriores a ciertos hechos de los capítulos siguientes»
[70]
.
Nuestro modo de hablar, moderno y occidental es distinto del de la Biblia,
primitivo y oriental, al que se acomodó Dios en sus revelaciones. La Biblia se
expresa en un estilo sencillo y figurativo, adaptado a la mentalidad de aquel
tiempo. El teólogo tiene que distinguir el contenido del mensaje revelado, del
contexto en el que ha sido expresado.
Hay que tener en cuenta que la Biblia lo que pretende es transmitir
una enseñanza religiosa. Su misión no es enseñar ciencia ni historia
[71]
.
«La Biblia no se propuso ninguna finalidad científica. Por lo mismo,
tampoco nosotros debemos buscar en la Biblia solución científica a los
problemas que plantea la ciencia moderna»
[72]
.
En el modo de hablar se acomoda al modo de pensar y expresarse del pueblo al
que se dirigía. No es lo mismo decir una cosa, que afirmarla. Al decirla, me
acomodo al modo de hablar. Al afirmarla, la quiero enseñar. Cuando a un niño se
le dice que la cigüeña le ha traído un hermanito (aunque este modo de hablar no
sea recomendable como lo digo en el nº 66,4)
no se afirma que sea ése el modo de nacer de los niños; se emplea un modo de
hablar metafórico y figurativo, erróneo y equivocado, pero el que lo emplea lo
considera el más adecuado para hacerse entender
[73]
.
6,6. No puede haber contradicción entre Ciencia y Fe, pues las dos vienen de Dios. En efecto, Ciencia es el
conocimiento de las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza, y Fe el
conocimiento de las verdades religiosas que Dios ha revelado. Con todo hay que
tener en cuenta, que la Ciencia mira la creación desde el punto de vista de las
causas naturales, y por ello se interesa directamente de su desarrollo en el
tiempo, y del orden exacto de ese desarrollo. La Biblia, en cambio, mira la
creación desde el punto de vista de Dios, como Causa Primera y Universal; por
eso no atiende en su narración al desarrollo temporal objetivo, sino que toda
ella está atenta a la afirmación de la causalidad divina en cada uno de los
elementos de la creación. Y en cuanto al orden y duración del proceso creativo
escogió un modo de hablar que se acomoda a lo que aparentemente tenía lugar en
el cielo -tal como se contemplaría desde la Tierra-, y a una verdad que tiene
sumo empeño en inculcar: la sabiduría divina en crear, que se muestra en proceder
en orden ascendente, es decir, de lo más imperfecto a lo más perfecto
[74]
;
aunque la valoración la haga conforme a las apariencias sensibles y al modo
corriente de hablar sobre estas cosas en su época. Lo más importante en la
Biblia es el mensaje que quiere enseñar, y no el modo de hablar que usa para
enseñarla.
Hay que tener en cuenta que su lenguaje es sencillo y popular. Acomodado al pueblo al que se dirigía
[75]
.
Por eso, el orden que sigue en sus primeros capítulos, como en no pocos
otros, no es precisamente el cronológico, sino un
determinado orden lógico, y viendo las cosas desde la Tierra. Habla de un modo
popular, según las apariencias, no según los principios científicos
[76]
.
Por eso dice que el murciélago es un ave
[77]
,
y es un mamífero; y que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, pues Josué mandó detenerse al Sol: «... y el Sol se paró en medio del cielo»
[78]
.
También hoy en día, incluso en los libros científicos se dice que el Sol sale y
el Sol se pone; como si fuera el Sol quien da vueltas alrededor de la Tierra. Y
todos sabemos que el Sol, ni sale ni se pone, sino que es la Tierra la que, en
su rotación, presenta a los rayos solares diversas partes de su superficie. Es
que hablamos de las cosas del cielo tal como se ven desde aquí; y aunque este modo
de hablar no es exacto ni científico, todos entendemos lo que queremos decir.
Igualmente, cuando en el primer capítulo del Génesis emplea la palabra
«día» al relatar la creación del mundo, no hay que entenderla como un día de
veinticuatro horas, sino como un espacio de tiempo
[79]
.
El hablar de los seis días de la creación tiene un fundamento litúrgico:
inculcar el descanso sabático. Presenta a Dios antropológicamente, trabajando
seis días y descansando el séptimo
[80]
.
«Teje una narración escalonada hasta llegar al hombre, como culminación»
[81]
.
6,7. En lo que enseña la Biblia no
cabe error alguno, pues es un libro inspirado por Dios
[82]
;
pero la inerrancia aneja a cada uno de sus libros es la que cuadra con el
género literario a que pertenece.
Hay que distinguir entre el género alegórico del Apocalipsis, y «el género
histórico de los dos Libros de Samuel, que pueden considerarse como el
nacimiento de la historiografía»
[83]
.
Cada género literario en la Biblia tiene su tipo de verdad. Como en un
periódico una es la verdad de un artículo editorial, otra es la verdad de la
noticia de una agencia, y otra la verdad del lenguaje hiperbólico de un
anuncio: «Mejores no hay», «Superior al mejor», etc. Así, una es la verdad
propia de la parábola, en la cual sólo se pretende enseñar una verdad sin
afirmar cada uno de los elementos ornamentales que la hacen pedagógica; otra la
verdad de un canto lírico que, en lo concerniente a su sentido y realidad, debe
ser juzgado conforme a las leyes de la lírica; otra la verdad de un relato. En
éstos puede su autor querer afirmar la realidad histórica de lo que narra,
tanto en lo substancial como en los pormenores. Pero puede también afirmar sólo
la substancia del hecho, sin privarse, por motivos pedagógicos y artísticos (la
Historia entre los antiguos tenía no poco de arte), de añadir a lo substancial
otros elementos cuya realidad histórica no asegura.
«Hay que tener en cuenta que en una mentalidad oriental no es faltar a la
verdad ampliar la narración con la adición de detalles no históricos en sí
mismos, pero que contribuyen a poner de relieve el suceso central que se trata
de transmitir. Distinguir entre la base histórica y los detalles ornamentales
no es tarea que pueda realizar cualquier particular, sino personas preparadas
para ello con doble preparación científica y teológica. La Biblia es un libro
que se debe a la acción conjunta e indivisible de Dios y del hombre, su
instrumento, a quien Dios comunicó su inspiración. Su realidad divina exige,
para interpretarla, preparación teológica; y su realidad humana, preparación
científica: entre estas dos no puede haber verdadero conflicto si se ejercitan
con lealtad y rigor intelectual»
[84]
.
«Los datos numéricos de la Biblia, al igual que los de todos los antiguos
documentos orientales, no hay que entenderlos en sentido aritmético, porque se
basan en el simbolismo numérico del Antiguo Oriente»
[85]
.
«Los números tienen un valor convencional y sagrado; no pueden tomarse siempre
en sentido propio»
[86]
.
El conocido especialista bíblico Alejandro
Díez Macho dice: «lo de menos es el valor matemático, cuantitativo. Son
números simbólicos»
[87]
.
El lenguaje simbólico es muy frecuente en la Biblia, lo mismo que entre
nosotros. Cuando yo digo que «he sudado tinta», no quiero decir que mi sudor
haya sido negro, sino que me ha costado mucho trabajo.
La interpretación de la Biblia no es un quehacer que haya que forjarse a
base únicamente de ciencia y
competencia, sino ante todo mediante la adhesión a la fe y la aceptación
humilde de la palabra de Dios. De aquí que su lectura suponga una cierta
preparación religiosa, bien distinta del mero espíritu de crítica o curiosidad.
Por encima de las interpretaciones particulares está el juicio de la Iglesia, a
la que Cristo confió la inteligencia
del verdadero significado de los libros santos, conservado por los Santos
Padres, y transmitido por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
La recta
interpretación de los pasajes de la Biblia pertenece
a la autoridad de la Iglesia, que es la que ha recibido de Cristo la misión de enseñar. Los individuos particulares pueden
equivocarse al interpretar algunos pasajes oscuros. De ahí la multitud de
interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí de los protestantes, que
admiten la libre interpretación personal
[88]
...
Ya dijo San Pedro que en la Biblia
hay pasajes difíciles de entender
[89]
.
La libre
interpretación de la Biblia que hacen los protestantes lleva a la confusión. No
pueden ser verdad todas las distintas opiniones contradictorias entre sí. De
ahí la necesidad de una autoridad infalible que interprete correctamente la
verdad que nos enseña la Biblia
[90]
.
«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o
transmitida, ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya
autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo»
[91]
.
En los Evangelios, por debajo de los relatos en que se narran los
hechos reales de Jesús, en sentido
oculto, en segundo nivel, como en un código secreto, suele haber un contenido
teológico encerrado en esos relatos
[92]
.
Por ejemplo: la multiplicación de los panes representa la Eucaristía; las Bodas
de Caná, la mediación de María, etc.
Por eso «según una antigua tradición se pueden distinguir dos sentidos en
la Sagrada Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual»
[93]
.
«Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos hay
que tener en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba
en los tiempos del escritor, y también las expresiones que entonces se usaban
en la conversación ordinaria»
[94]
.
Cada lengua tiene su modo de hablar. Un español dice «me duele la cabeza», y un
francés «tiene mal en la cabeza»; un español «se bebe un vaso de cerveza» y un
alemán, la cerveza «que sale de un vaso».
En la Biblia hay que distinguir el estilo propio de cada género literario: no es lo mismo el
género lírico que el épico o el histórico. Cada uno debe interpretarse como
corresponde. Teniendo en cuenta que «no hay divisiones estancas entre los
géneros literarios. Dentro del mismo relato pasa fácilmente de los recuerdos de
la historia a los arrebatos poéticos»
[95]
.
Aun admitiendo los géneros literarios no podemos negar que los Evangelios
relatan hechos reales. «No se puede decir que hayan falseado la Historia o la
hayan inventado»
[96]
.
Cada versículo de la Escritura nos obliga a conocer el medio cultural en
que se desenvuelve el autor. Los recientes hallazgos de las Ciencias Auxiliares
de la exégesis nos han proporcionado un conocimiento más profundo del mundo
bíblico. Este conjunto de conocimientos auxiliares no es, sin embargo, lo esencial
en la lectura e interpretación de la Biblia. Ante todo, es preciso tener
siempre en cuenta que la mejor manera de entender la Palabra de Dios es
explicar la Biblia por la Biblia: una enseñanza que tal vez se encuentra
expuesta en un pasaje de modo fragmentario, incompleto, encuentra
frecuentemente su complemento y su equilibrio gracias a otros textos más
claros, más desarrollados y coherentes. Y junto con el recurso al mismo texto
sagrado, es menester prestar atención a las interpretaciones de los Santos
Padres de la Iglesia. Estos santos vivieron en condiciones humanas, sociales,
religiosas, etc., muy semejantes a las del mundo del Evangelio y poseyeron
también un sentido cristiano más agudo y más puro que el nuestro.
Dijo Juan Pablo II en un
discurso a la Academia Pontifica de Ciencias: «La Biblia nos habla del origen
del universo y de su constitución no para facilitarnos un tratado científico,
sino para declarar que el mundo ha sido creado por Dios. (...) La Biblia no
quiere enseñar cómo ha sido hecho el cielo, sino cómo se va al cielo»
[97]
.
6,8. La Iglesia reconoce como
sagrados todos los libros de la Biblia porque «habiendo sido escritos bajo
la inspiración del Espíritu Santo, tuvieron a Dios como Autor, pues los autores
inspirados escribieron todo y sólo lo que Dios quería. Por eso hay que confesar
que los libros de la Escritura enseñan firmemente con fidelidad y sin error la
verdad que Dios quiso consignar en las Sagradas Escrituras para nuestra
salvación»
[98]
.
La Biblia es el «Libro de Dios».
La Iglesia, en la Biblia, «no recibe solamente una palabra humana, sino la
Palabra de Dios»
[99]
,
pues «las verdades que se contienen en la Sagrada Escritura se consignaron por
inspiración del Espíritu Santo»
[100]
.
Aun cuando las diversas partes que la componen hayan sido redactadas por
distintos autores, Dios es el Autor principal de toda ella
[101]
.
La lista de los libros inspirados está en el «canon» que de ellos ha
publicado la Iglesia
[102]
.
Esta lista de libros inspirados de la Biblia fue promulgada oficialmente por el
Concilio de Trento, en 1546, basándose en la Tradición de la Iglesia. Ya en el
año 393, en el Concilio de Hipona, se hizo la primera lista
[103]
.
Cuando el Emperador Constantino dio
paz al mundo cristiano se emprendió la obra de juntar las varias partes de las
Escrituras, todo con el empuje del Papa.
Los protestantes quitan de la Biblia algunos libros
que no les convienen. Se llaman deuterocanónicos. Pero estos libros están en la Biblia Septuaginta que es una traducción griega de la Biblia hebrea que se hizo el siglo III
antes de Cristo. Llamada así porque
fue escrita por setenta sabios de Alejandría.
Cuando la Iglesia afirma la inspiración de la Biblia, no comete un «círculo
vicioso».: Ella se funda en la Biblia para considerarse infalible, y Ella es la
que dice que la Biblia está inspirada. La argumentación es en espiral: se
demuestra la historicidad de la Biblia y de ella se deduce la infalibilidad de
la Iglesia. «No estamos basando la
inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad
de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un
circulo vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado
hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente
histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia
infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia es una
palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un “circulo vicioso”, ya que
la conclusión final (la Biblia es la Palabra de Dios) no es el enunciado del
cual partimos (la Biblia es un libro históricamente confiable), y este
enunciado inicial no está basado en absoluto en la conclusión final. Lo que
hemos demostrado es que, si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes
motivos para afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios»
[104]
.
La Sagrada Escritura es a un
tiempo obra de Dios y del hombre; de Dios, como causa principal; del hombre, como causa instrumental.
Cuando el músico se sirve de
un instrumento para obtener sonidos, el artista es la causa principal del sonido, y el instrumento
la causa instrumental. Así Dios, dicen los santos Padres,
se valió del hombre como de un instrumento para escribir los libros sagrados.
Aunque el autor es un
instrumento en las manos de Dios, no deja de ser un instrumento inteligente y
libre, que usa conscientemente sus facultades: sentidos, inteligencia, memoria,
voluntad.
En consecuencia, el escritor sagrado: a) Puede utilizar conocimientos
adquiridos por él de antemano; b) Conserva su personalidad, su estilo y
expresión peculiares, hasta incorrecciones de lenguaje; pues a estas cosas no
se les extiende la inspiración
[105]
.
La inspiración
divina es un influjo sobrenatural de Dios sobre la razón y la
voluntad del escritor sagrado en la redacción de los escritos bíblicos. El
autor inspirado es el instrumento de Dios, pero dotado de razón: tiene
características personales. La inspiración, ese «soplo divino», respeta la
libertad y el modo de expresarse propio de cada autor sagrado, que conservando
su personalidad realiza un trabajo de reflexión y de redacción para comunicar
lo que Dios desea que escriba. Como un secretario que escribe una carta según
las ideas recibidas.
Inspiración es «la acción que el Espíritu Santo ha ejercido sobre los
escritores sagrados para que escriban las verdades que quería manifestar»
[106]
.
A pesar de la inspiración de Dios, cada autor deja su sello personal en el
escrito
[107]
.
«Lo hicieron según su estilo y cultura, reflejando la mentalidad propia de su
tiempo. (...) Por eso al exponer las cosas y acontecimientos en conformidad con
los criterios y conocimientos propios de su época, pueden dar lugar a “errores
científicos”. (...) Y siendo la historia de un pueblo no siempre santo y
ejemplar, no todo lo que está recogido y descrito en la Biblia es perfecto y
edificante»
[108]
.
La diversidad de autores de los libros sagrados da variedad a los estilos.
Lo mismo que el trazo de un escrito varía según se haga con pluma, bolígrafo o
rotulador: pero la idea siempre es del autor.
La inspiración comunica el mensaje, la idea; pero las palabras, el modo de
expresar el mensaje, son obra del autor inspirado. Por ejemplo:
Una madre le puede decir a su niño que se calle de tres maneras:
a) «Te he dicho que te calles».
b) «¿No has oído que te calles?».
c) «Por milésima vez te lo digo: cállate».
Son tres modos distintos de decir lo mismo: afirmativamente,
interrogativamente, hiperbólicamente. Pero en los tres casos se dice lo mismo.
De este modo, por encima de las diferencias literarias existentes entre los
diversos libros sagrados, Dios continúa siendo su Autor. La Biblia, es un libro
divino
[109]
.
Dice San Pablo: toda la Escritura está inspirada
[110]
.
Como dice Pío XII en su
encíclica Divino afflante
Spiritu «el autor sagrado es instrumento del Espíritu Santo» pero
«instrumento vivo y dotado de razón», es decir, dejando su huella personal:
carácter, personalidad, mentalidad, etc.
«El Espíritu Santo dictó lo que quería que se escribiera. Fue un dictado
interno y silencioso. El escritor redactaría según su estilo de expresión
propio. Incluso sin percatarse de estar escribiendo bajo la influencia de la
divina inspiración. Sin embargo, el Espíritu Santo quería cada rasgo de su
pluma»
[111]
.
La Biblia es la Palabra de Dios ESCRITA por los hombres, y la palabra de
los hombres INSPIRADA por Dios.
El estudio de la Sagrada Escritura abarca dos campos: la exégesis y la hermenéutica. La exégesis estudia el significado
de las palabras, y la hermenéutica interpreta el sentido de los textos.
6,9. Los Testigos de Jehová se
sirven de la ignorancia de los oyentes para tergiversar las Fuentes de la
Revelación. Tienen su propia traducción de la Biblia: New World Traslation. El texto de esta traducción difiere de un modo
radical de las demás versiones cristianas, tanto católicas como protestantes.
Sacan conclusiones teológicas diametralmente opuestas a las del
cristianismo tradicional. Introducen palabras que cambian el sentido de los
textos originales.
Esta traducción ha recibido la repulsa unánime de todos los exégetas,
incluso protestantes. «Este volumen es una prueba clara de cómo no debe
hacerse una traducción», dice H.H.
Rowley.
Y A. Hoekema: «No es una versión
objetiva del texto sagrado, sino una obra llena de prejuicios que han metido de
contrabando en el texto de la Biblia»
[112]
.
En el libro Proceso a la Biblia de
los Testigos de Jehová escrito por el pastor protestante Danyans se dice en la presentación:
«Los Testigos de Jehová han torcido
las Escrituras y han puesto en circulación una Biblia falseada y adaptada a sus
prejuicios... Ésta es una Biblia sectaria, y como tal es la negación misma del
espíritu bíblico genuino»
[113]
.
«Ante este cúmulo de arbitrariedades rayanas en el sacrilegio, por tratarse
de la Palabra de Dios, no queda sino esta disyuntiva: los traductores de la
Biblia de los Testigos han fallado en su cometido por ignorancia o por malicia.
Si no sabían griego y la tradujeron así, pecaron por ignorancia: nunca debieron
meterse a traductores de la Biblia. Si, en cambio, sabían muy bien el griego y
tradujeron mal, entonces pecaron contra la luz. No es extraño, por tanto, que
esta traducción haya merecido las más severas críticas»
[114]
.
El P. Giuseppe De Rosa, S.I. ha
publicado en la revista «Civiltà Cattolica» de los jesuitas de Roma un artículo titulado «Los Testigos de Jehová no son
cristianos», donde dice que la traducción de la Biblia de los Testigos de Jehová falsifica cosas
esenciales para decir lo que la Biblia no dice, o lo contrario de lo que dice
[115]
.
Por eso la Iglesia Católica quiere que las traducciones de la Biblia se
publiquen con censura eclesiástica, para asegurar al lector la fidelidad de la
traducción. Y estas traducciones, manda el Concilio Vaticano II, deben tener
notas explicativas
[116]
.
[1]
Concilio Vaticano I. DENZINGER: Magisterio de la Iglesia , nº
1805. Ed. Herder, 1963.
[2]
SHEED: Teología y sensatez, X ,2. Ed.
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[3]
KAROL WOJTYLA: Ejercicios
Espirituales para jóvenes, 1ª, I. Ed. BAC
POPULAR. Madrid.
[4]
MANUEL CARREIRA, S.I.: El hombre en el cosmos, VI,1. Ed. Sal Terrae. Santander.
1997.
[5]
JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Teología de la creación, 1ª, IV, 1, 1. Ed. Sal Terrae. Santander
[6]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 290.
[7]
Segundo Libro de los Macabeos, 7:28.
[8]
Génesis, 1:1.
[9]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 300.
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Catecismo de la Iglesia Católica, nº 317.
[11]
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[12]
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[13]
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Catecismo de la Iglesia Católica, nº 302.
[14]
Libro básico del creyente hoy, II, 2. Ed. PPC. Madrid,
1970.
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Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 350.
[16]
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Catecismo de la Iglesia Católica, nº 330.
[18]
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1970.
[27]
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[28]
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[29]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, n.428. Ed. Herder. Barcelona.
[30]
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[31]
SHEED: Teología y
sensatez, XIII, 3, Ed. Herder. Barcelona. 1979.
[32]
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[33]
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[34]
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[36]
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[37]
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[38]
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[39]
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[40]
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[41]
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[42]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2851.
[43]
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[44]
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[45]
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[46]
JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO: Vida y misterio de Jesús de Nazaret, 1º, XV, 1. Ed. Sígueme. Salamanca, 1987.
[47]
PABLO VI: L’Osservatore Romano (Edición española) del
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[48]
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[50]
Conferencia Episcopal Alemana: Catecismo Católico para Adultos, 1º, III, 2. Ed. BAC. Madrid.
[51]
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[52]
ANGELO SCOLA: Sectas satánicas y fe cristiana, V. ed. Palabra. Madrid. 1998.
[53]
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[54]
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[55]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 64. Ed. BAC.Madrid.
[56]
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[57]
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[58]
JOSÉ A. SAYÉS: El
pecado original, IV, 3, 1. Folleto J.R.C. nº13. EDAPOR. Madrid, 1988.
[59]
MARIE-MICHÈLE BOURRAT: ¿Existe el diablo?,II,6. Ed. Mensajero. Bilbao.
[60]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: El
demonio, ¿realidad o mito? VI, 3,a. Ed.San Pablo. Madrid. 1997.
[61]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: El
demonio, ¿realidad o mito? VI, 3,b. Ed.San Pablo. Madrid. 1997.
[62]
Pedidos a: Apartado 2546. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222
838. FAX: (956) 205 810.
[63] LUIS ARNALDICH,O.F.M.: El origen del mundo y del hombre según la Biblia, 1. Ed. Rialp.
[64]
ANTONIO ROMAÑÁ, S.I.: Estado
actual de la Cosmología. Apéndice. Publicaciones del Observatorio del Ebro.
Tortosa.
[65] ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la Ciencia hoy, XVIII. Ed. Rialp. Madrid, 1970. [66] Sir FREDERIK KENYON: The Biblie and Arqueology, pg. 279. New York.
[67]
NELSON
GLUECK: Rivers in the desert, pg. 31. New
York.
[68]
ALEJANDRO DÍEZ MACHO: Manuscrito
Neophyti, 1. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid.
[69]
A. MARTÍNEZ TORNERO, S.I.: ¿Por qué soy católico?, I. Ed. Fe
Católica. Madrid.
[70]
JESÚS MARÍA GRANERO, S.I.: Credo, 1º, XIII. Ed. ESCELICER. Cádiz.
[71]
JUAN HUARTE: Evolución
y problema religioso, IX, 2, B. Unión Editorial. Madrid, 1984.
[72]
LUIS ARNALDICH, O.F.M.: La Biblia y la evolución, I. Ed. BAC. Madrid.
[73]
JUAN LÓPEZ PEDRAZ,S.I.:¿De veras que el cristianismo no convence?, I, 50. Ed.Sal Terrae.
Santander,1972. Este libro es interesantísimo para estudiar los distintos
caminos que llevan al ateísmo.
[74]
LUIS ARNALDICH, O.F.M.: La Biblia y la evolución, II. Ed. BAC. Madrid.
[75]
DENZINGER: Magisterio
de la Iglesia, nº 2127. Ed. Herder. Barcelona.
[76]
BIRNGRUBER: Teología dogmática para seglares, nº 7. Ed. Litúrgica Española. Barcelona.
[77]
Levítico, 11:19.
[78]
JOSUÉ, 10:13.
[79]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 2128. Ed. Herder. Barcelona.
[80]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Dios y su obra, 3º, 1ª, IV, nº 439. Ed. BAC. Madrid.
[81]
JOSÉ MARÍA RIAZA S.I.: La Iglesia en la historia de la ciencia, 2ª, XI, 2. BAC.
Madrid.1999.
[82]
Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, n. 9
[83]
PIERRE DE GUIBERT, S.I.: Así se escribió la Biblia, II,2. Ed. Mensajero. Bilbao.
1997.
[84]
Para entender la Biblia es indispensable leer antes algún
libro que nos prepare a ello. Es magnífico el de DANIEL ROPS, ¿Qué es la Biblia?. Ed. Casal i Vall.
Andorra.
[85]
JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.: La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XI, 3,b. Ed. BAC.
Madrid.
[86]
ARNALDICH: Revista Cultura
bíblica 9 (1952) 112.
[87]
ALEJANDRO DÍEZ MACHO: Revista Estudios Bíblicos 21 (1962) 216s.
[88]
Cristo en Casa. Curso Fundamental, XXII. Fe Católica.
Maldonado, 1. Madrid.
[89]
Segunda carta de SAN PEDRO, 3:16.
[90]
JUAN RIVAS, L. C.:Evangelio
y Fe. En INTERNET: www.hombrenuevo.org
[91]
CONCILIO VATICANO II:Dei
Verbum:Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación,n. 10
[92]
SECUNDINO CASTRO: El
sorprendente Jesús de Marcos. Revista de Espiritualidad, 47(1988)10.
[93]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 115.
[94]
Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, n. 12.
[95]
PIERRE GRELOT: Introducción
a los Libros Sagrados, 1ª, A, II, 1. Ed. Stella. Buenos Aires.
[96]
SALVADOR MUÑOZ IGLESIAS:Los evangelios de la infancia,tomo IV, Epílogo.Ed. BAC. Mad.
[97]
Acta Apostolicae Sedis, 73 (1981) 669s.
[98]
Concilio Vaticano II: Dei
Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, n.11.
[99]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 104.
[100]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 105.
[101]
DENZINGER: Magisterio
de la Iglesia, nº 1787. Ed. Herder. Barcelona.
[102]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 784, 1809. Ed. Herder. Barcelona.
[103]
DANIEL GAGNON: No
todo el que dice Señor, Señor,...Ed. Paulinas. México.
[104]
Catholic Answers en INTERNET: Apologética Católica:
http://catholic-church.org
[105]
PABLO ARCE: TEOLOGÍA DOGMÁTICA , 2.4.1, b. Ed. Palabra. Madrid.
[106]
Diccionario de Teología Católica (DTC). Tomo 7, col.
2068.
[107]
MIGUEL PEINADO: Exposición
de la Fe Cristiana, 2ª, II, 24. Ed. BAC. Madrid. 1975.
[108]
AMÉRICO M. VEIGA: Creer
hoy, II, 3. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid. 1984.
[109]
CESLAO SPICQ, O.P.: La
Biblia, Palabra de Dios. Conferencia en el Instituto Aquinas de Estudios de
Teología para Seglares.
[110]
SAN PABLO: Segunda carta a Timoteo, 3:16.
[111]
LEO J. TRESE: La fe
explicada, I, 3. Ed Rialp. Madrid, 1981. Sexta edición.
[112]
PRUDENCIO DAMBORIENA, S.I.: Revista Iglesia-Mundo.
Documentación, nº 8 (12,XI,71).
[113]
E. DANYANS: Proceso
a la Biblia de los Testigos de Jehová. Ed. Clie. Barcelona, 1971.
[114]
AGUSTÍN PANERO, Redentorista: NO a los Testigos de Jehová, II, 8. Ed. Perpetuo
Socorro. Madrid, 1973. Estupendo folleto, que en su brevedad, expone y refuta muy
bien los errores de los Testigos de Jehová.
[115]
ZENIT, Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:
ZS99073007.
[116]
Concilio Vaticano II: Dei
Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, n.25.
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