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Mandamientos 62.-LOS MANDAMIENTOS
DE LA LEY DE DIOS SON DIEZ.
Estas normas son el camino que ha de conducir al hombre a la felicidad
eterna. «Si quieres entrar en la vida,
guarda los mandamientos»
[1]
,
dijo Jesucristo.
«La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la
historia. La actual es de San Agustín.
Los ortodoxos tienen una división distinta»
[2]
.
Las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza podríamos dividirlas así
[3]
:
a) Ley eterna: es el plan de
Dios para toda la creación.
b) Ley natural: es la ley eterna
grabada en los seres racionales que está basada en la naturaleza del hombre,
como, por ejemplo, la injusticia de la calumnia o la monstruosidad de la
blasfemia.
c) Ley positiva: tanto divina
(mandamientos) como humana (administración de los sacramentos).
d) Ley física: es la que dirige
los seres irracionales.
Los mandamientos son preceptos de la ley natural
[4]
impresos por Dios en el alma de cada hombre.«Contienen una expresión
privilegiada de la ley natural»
[5]
.
Por eso obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos
para todos los tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y
social
[6]
.
«La ley del Señor es perfecta y es
descanso del alma»
[7]
,
dice la Sagrada Escritura.
Dios ha impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los
que se las dan de ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta
por Dios al hombre, y se ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros.
La moral católica no sólo obliga a los católicos, obliga a todos los
hombres; pues se basa en la ley natural
[8]
.
Todo hombre, católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no
explotar al prójimo, no calumniar, etc.
Esto no excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como
el ir a misa, práctica de sacramentos, etc.
La ley natural «es algo que nos pertenece intrínsecamente, que está grabado
en los más íntimo de nuestro ser. (...) Su seguimiento nos realiza
auténticamente como personas humanas, su olvido y desobediencia terminan por
rebajar al hombre en su dignidad. Los principios de la ley natural -los
primeros y más comunes- que dicen relación a los bienes humanos básicos son
evidentes y no requieren demostración alguna. Estos principios constituyen el
primer nivel de la ley natural. Se trata de verdades cuyo conocimiento está al
alcance de todos: “haz el bien y evita el
mal”.
»El segundo nivel lo forman aquellos preceptos que a la razón de todo hombre
(...) basta un poco de reflexión para derivar dichos principios de los
pertenecientes al primer nivel: “no
hurtarás, no matarás”. (...)
»El tercer nivel lo constituyen aquellos principios (...) cuya verdad ya no
es tan clara; (...) nos llega a través de hombres sabios y prudentes»
[9]
.
Hoy la moral no tiene buena prensa. Para muchos, hablar de moral es
sermonear. Y esto no les gusta.
Sin embargo, renunciar a la moral es
renunciar a ser hombres. Los hombres somos sujetos de moralidad. No así los
animales que sólo se rigen por sus instintos. El bien es un valor, y la moral
estudia la bondad de los actos humanos.
Los mandamientos de la Ley de Dios son la ley moral que Dios dio a Moisés en el Antiguo Testamento y que Cristo perfeccionó en el Nuevo
[10]
.
Se basan en que Dios es nuestro Dueño y nuestro Señor, y nos puede
mandar. Pero es tan bueno, que lo que nos manda es para bien nuestro. Con los
mandamientos, Dios protege nuestros derechos y también los de nuestros
prójimos.
Los mandamientos «presentan valores trascendentes que nacen de la misma
dignidad de la persona humana»
[11]
.Los
mandamientos no son prohibiciones
caprichosas para poner trabas a la libertad del hombre. Es la ley justa y
sabia con que Dios quiere gobernarnos para nuestro propio bien.
Las cosas no son malas porque Dios las prohibe, sino que Dios las prohibe
porque son malas.
Todos los mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y
es necesario cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: «yo no robo ni
mato».
Para salvarse hay que guardarlos
todos. Para condenarse basta faltar a uno.
Para poder pasar por un puente es necesario que no se haya hundido ninguno
de sus arcos
[12]
.
Dice el Apóstol Santiago el Menor que el que guarda los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace
culpable de todos
[13]
.
62,2. Los mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más perfecto que se ha
dado en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los individuos, a
las familias, a los pueblos y a las naciones.
En la guarda de ellos está el secreto de abrirse paso dignamente en la
vida.
Si quieres que todo el mundo te estime y te respete, guarda los
mandamientos. Además, te aseguro que tu vida será mucho más feliz que si no los
guardases.
Las mayores tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque
no se guardan los mandamientos. Por eso están las cárceles llenas de
desgraciados, por eso el hambre de muchos hijos, por eso los disgustos en
tantas familias, tantas lágrimas y tantas penas.
Si se cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas
de hoy: delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios,
hijos extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo
el mundo cumpliera los mandamientos, la vida en la Tierra sería un cielo.
Avelino de Luis, Profesor del Seminario de Astorga, dijo en el Congreso de Pastoral
Evangelizadora, celebrado en Madrid en Septiembre de 1997:
«Hemos ido robando a Dios espacio en la familia, en la escuela, en la
prensa, en la radio y en la televisión. Nos hemos empeñado en echarle de la
economía, de la política, de la legislación, de la cultura. Empezamos
arrinconándole, y acabamos por no tener ningún sitio para Él. Y así nos van las
cosas»
[14]
.
Por no cumplir los mandamientos de la ley de Dios ocurre, como dice Hobbes, que «el hombre es lobo para el hombre»
El Papa Juan Pablo II, en
Georgia, en el 89º viaje internacional apostólico de su Pontificado, celebró
una misa multitudinaria en el Palacio de Deportes de Tbilisi. «Durante la
homilía, recalcó firmemente la dimensión teologal del ser humano al indicar que
"sin Dios, el hombre no puede realizarse plenamente ni encontrar su
verdadera felicidad. Sin Dios, el hombre termina yendo contra sí mismo, porque
no es capaz de construir un orden social adecuadamente respetuoso de los
derechos fundamentales de la persona y de la convivencia civil”»
[15]
.
No negamos que un ateo pueda ser honrado. Pero le falta motivación eficaz.
Si la moral se reduce a convenciones sociales, carece de fuerza para
obligar cuando su observancia exige notables sacrificios.
Esa moral puede derrumbarse con facilidad lo mismo que un castillo de
naipes. «Una ley a la cual puede uno sustraerse sin riesgo ninguno, no tiene
eficacia. Edmundo Scherer ha dicho:
«una moral no es nada si no es religiosa».
«La única moral que es razonable es la que se propone desde una óptica
religiosa. Que disponga de un punto de apoyo. Si no, sería como querer colgar
un cuadro en la pared sin clavar antes el clavo. Ese clavo es Dios»
[16]
.
Por eso dijo Dostoieski: «Si
Dios no existe, todo está permitido».
Sin Dios, sin alma y sin vida futura, la moral es un ídolo que el hombre
destroza el día que cae en la cuenta de que es obra de sus manos»
[17]
.
«Cada uno obrará según sus gustos», como dice Benezech
[18]
.
«Alguno dirá que existe la ética
civil, la moral consensuada por los grandes organismos internacionales,
(...) pero son poquísimos los hombres que dejan de robar, mentir y matar porque
lo diga la ONU. (...) Arrancada del interior del ser humano la conciencia
religiosa, es fácil que éste se convierta en un tiburón (...) en un mundo sin
Dios, en el cual la única ley que cuenta es la de que el pez grande se come al
chico, y casi siempre hay un tiburón más grande que otro»
[19]
.
Dice una sentencia catalana, «El qui
no té fe, no té fre»: «el que no tiene fe, no tiene freno».
Una sociedad que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.
Para muchos hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los
hijos, el respeto a la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la
honradez, la verdad, la religión, la moral... ¿A dónde vamos por este camino?
¿Qué futuro nos espera? Dice Dios en la Biblia: «Mis mandatos son luz de los pueblos»
[20]
.
«El reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana,
sino que es su fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba
organizando una sociedad contra el hombre»
[21]
.
«Hoy es más urgente que nunca la educación ética y religiosa. No podremos
avanzar en la construcción de una convivencia social justa y libre, si las
nuevas generaciones no son educadas en los valores fundamentales, y si no se
ejercitan en vivir, ya desde la infancia, de acuerdo con ellos»
[22]
.
62,3. El
cumplimiento de los mandamientos a veces cuesta trabajo. Tenemos que frenarnos,
renunciar. Pero los mandamientos nos llevan al cielo.
Son como las ruedas del carro, que pesan, pero gracias a ellas puede andar.
Un carro sin ruedas no hay quien lo mueva.
«Dios hace posible por su gracia lo que manda»
[23]
.
62,4. La moral católica no es represiva, como algunos dicen. No quita la
libertad al hombre. La orienta para que se realice como persona humana.
Como las vías del tren que le obligan a ir por un camino, pero ayudan al
tren a avanzar y a llegar. Le impiden que se despeñe.El puente me obliga a
cruzar el río por ese punto concreto, pero gracias al puente puedo cruzar el
río.
Algunos consideran a Dios como enemigo de la libertad humana, y piensan que
el hombre será totalmente libre cuando se emancipe de Dios y de la Religión.
Sin embargo, sometiéndonos a la ley de Dios nos realizamos plenamente como
personas humanas, pues nos liberamos de la esclavitud de nuestros instintos
desordenados. Muchos adoran su libertad como a un ídolo. Desean hacer lo que
quieren siempre y en todo. Por eso rechazan la moral católica porque les limita
su libertad. Pero la vid, si no se poda, no da fruto.
«Cuando el hombre se deja podar es cuando puede madurar y dar fruto»
[24]
.
Dice Ortega y Gasset: «Es falso
decir que en la vida deciden las circunstancias. Al contrario, las
circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que
decide es nuestro carácter»
[25]
.
Libertad es la capacidad para poder elegir entre dos valores auténticos.
Pero elegir el mal, abandonando el bien, no es libertad sino esclavitud
[26]
.
El hecho de que algunos prefieran ser esclavos es lamentable. Pero las
joyas no pierden valor aunque haya personas que no saben apreciarlo.
La libertad con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.
Dios no quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al
hombre. Elegir lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es
un bien. «La verdadera libertad es el derecho a no estar impedido para hacer lo
que es bueno»
[27]
.
«No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia»
[28]
.
«El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier
cosa»
[29]
.
El cristiano se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque
quiere hacer lo que Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción.
Ser libre no es hacer lo que a uno le gusta. El ludópata elige libremente
jugarse el dinero, pero es un esclavo de su vicio.
«Lo que nos hace libres no es el no querer aceptar lo que sea superior a
nosotros, sino el acatar de buena gana lo que está por encima de nosotros» (Goethe). «Yo soy libre cuando elijo lo
que me perfecciona como ser humano. Si actúo sólo en virtud de mis apetencias
momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable como valor
supremo. Lo agradable es un valor, pero se halla en la parte más baja de la
escala de valores»
[30]
.
63.- EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS.
63,1. Amar a Dios no es, precisamente, sentir
cariño sensible hacia Él, como lo sentimos hacia nuestros padres; porque a
Dios no se le ve, y a las personas a quienes no se ve es difícil tenerles
cariño. Dios no obliga a eso, pues no está en nuestra mano. Aunque hay personas
que llegan a sentirlo, con la gracia de Dios. El amor esta más en la voluntad
que en el sentimiento.
Amar a Dios sobre todas las cosas es tenerle en aprecio supremo, es decir,
estar convencido de que Dios vale más que nadie, y por eso preferirle a todas
las cosas. Tú puedes tener mucho más cariño al cuadro que pintó tu hija, que a
cualquiera de los cuadros que se exponen en el Museo del Prado de Madrid,
aunque reconozcas que estos últimos tienen mucho más valor artístico.
El amor a Dios es apreciativo. El sentirlo
depende del temperamento de cada uno. El amor de Dios es cosa de la voluntad.
Que Dios sea lo primero para nosotros. «Que hacer su voluntad sea la norma de nuestra vida»
[31]
.
El
santo P. Rubio, S.I. lo expresó muy
bien: “Hacer lo que Dios quiere, y querer lo que Dios hace”.
63,2. Tenemos que amar a Dios porque Él nos amó primero
[32]
y debemos corresponderle. El amor se manifiesta en obras más que en palabras.
«Obras son amores y no buenas razones». Amar a Dios es obedecerle, cumplir su
voluntad. No hacer mal a nadie
[33]
.
Hacer bien a todo el mundo
[34]
.
Una prueba de amor a Dios sobre
todas las cosas es guardar sus mandamientos por encima de todo
[35]
.
Es decir, estar dispuesto a perderlo todo antes que ofenderle. Por lo tanto
preferir a Dios siempre que haya que escoger entre obedecerle o cometer un
pecado grave.
Es el caso de San Pelagio de Córdoba y de Antonio Molle, de Santa
María Goretti y Josefina Vilaseca,
que se dejaron martirizar y apuñalar antes que cometer un pecado grave.
El adolescente San Pelagio murió
mártir el año 925 por rechazar las proposiciones deshonestas del Califa
cordobés Abderramán III.
Antonio Molle, requeté jerezano que a los veinte años fue mutilado y martirizado el 10-VIII-1936 durante la guerra civil
española. Cayó prisionero de los milicianos rojos en el frente de Peñaflor
(Sevilla), y como llevaba un escapulario quisieron hacerle blasfemar. Él
siempre contestaba gritando: ¡Viva Cristo Rey!
Le cortaron las orejas y le sacaron los ojos, y al final lo acribillaron a
balazos. Así lo cuenta Rafael de las
Heras, testigo presencial
[36]
.
Hoy su cuerpo mutilado está enterrado en la Basílica de Ntra. Sra. del
Carmen Coronada de Jerez de la Frontera (Cádiz).
María Goretti, adolescente italiana, murió mártir de quince puñaladas por negarse a los
deseos deshonestos de Alessandro
Serenelli, un amigo suyo, que después se convirtió y murió fraile
franciscano en loor de santidad
[37]
.
Josefina Vilaseca también murió apuñalada en Diciembre de 1952 en Artés, diócesis de Vich,
por negarse a perder su virginidad. Tenía doce años
[38]
.
Con ocasión de la beatificación de unos sacerdotes, mártires, asesinados en
Motril (Granada) durante la persecución religiosa que tuvo lugar en la guerra
civil de 1936, dijo el Papa Juan Pablo
II: «La vida muere, pero la fe triunfa y vive. Así es el martirio. Un acto
supremo de amor y fidelidad a Cristo, que se convierte en testimonio y ejemplo,
en mensaje perenne para la humanidad presente y futura»
[39]
.
Dice Jesucristo: «el que guarda mis mandamientos, ése es el
que me ama»
[40]
.
Y San Juan: «En esto consiste el amor a Dios, en guardar sus mandamientos»
[41]
.
Este mandamiento también nos obliga a creer en todas las verdades de fe; a
esperar en Dios, confiando que nos dará las gracias necesarias para alcanzar la
vida eterna
[42]
;
a adorarle solamente a Él, darle el culto debido y reverenciarle con el cuerpo
y con el alma. Este mandamiento nos manda adorar sólo a Dios
[43]
.
Este mandamiento prohibe especialmente la idolatría
[44]
que consiste en adorar como a Dios a otra cosa o persona
[45]
.
63,3. Peca contra este mandamiento quien trata indignamente o maltrata
personas, lugares o cosas consagradas a Dios: por ejemplo, una religiosa o un
cáliz. Este pecado se llama sacrilegio
[46]
.
Comete también un sacrilegio quien administra o recibe en pecado grave
algún sacramento que requiere estado de gracia, lo cual es gravísimo. Por
ejemplo, quien se casa en pecado grave, o quien comulga en pecado grave.
Peca, además, contra este mandamiento quien desconfía de la misericordia de
Dios
[47]
,
o confía temerariamente en su bondad, permaneciendo mucho tiempo en pecado
mortal, o el que peca más y más, precisamente porque Dios es misericordioso y
nos ha prometido el perdón; quien tiene fe en adivinos, echadores de cartas,
horóscopos
[48]
,
espiritistas y curanderos
[49]
;
también quien cree en serio cosas supersticiosas (mala suerte del nº 13,
cadena de oraciones, etc.); quien niega o duda voluntariamente de alguna verdad
de fe, o ignora por culpa suya lo necesario de la Religión.«Ha de considerarse
supersticioso creer que ciertas acciones o prácticas concedan gracias
especiales de forma automática sin contar con las disposiciones del que las
practica»
[50]
.
«Los
horóscopos de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres
de los hombres, puesto que sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho
concreto, siempre y cuando el evento futuro se encuentre en este hecho o
realidad presente como el efecto en su causa; y los hechos futuros de los
hombres no son efecto de los movimientos o posiciones astrales. (...) Pretender
determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la
negación de la libertad humana. (...) Por ello, la astrología puede constituir
herejía (si presupone la negación de la libertad y la Providencia),
superstición e idolatría (si conlleva la adoración de los astros). (...) En
cuanto a los horoscoperos, adivinos y astrólogos (licenciados o no en ciencias
ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores
que se aprovechan de la credulidad de mucha gente. (...). Algunos, por último,
practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la
intervención de éstos últimos que algunos “astrólogos” son capaces a veces de
“predecir” algunos hechos futuros. Pero todas sus “predicciones” sobre los
actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.La Iglesia ha
hablado sobre este tema desde antiguo condenando la creencia en la astrología,
por ejemplo el Concilio de Toledo del año 400, o el Concilio de Braga del 561.
El juicio del Magisterio de la Iglesia puede resumirse en lo que dice el
Catecismo de la Iglesia Católica: “Todas las formas de adivinación deben
rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y
otras prácticas que equivocadamente se supone “develan” el porvenir. La
consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de
presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a mediums encierran una voluntad de poder
sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo
de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el
honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”
[51]
.
Todo género de adivinación, en definitiva, nace de la falta de fe en el Dios
verdadero; y es el castigo del abandono de la auténtica fe.
»En conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o
consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de
superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si
lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un
pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe
verdadera. Si lo hace para granjearse la “protección” de los demonios, comete
un pecado de idolatría diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el
poeta Goëthe: “No puedo librarme de
los espíritus que invoqué”»
[52]
.
El hombre o es religioso o es supersticioso. Muchos que no creen en las
verdades de la Religión, luego creen en las mentiras y engaños de adivinos,
brujos y espiritistas.
Como dijo Chesterton: «No creer
en Dios no significa no creer en nada; significa creer en todo»
[53]
.Y
en otro sitio dice Chesterton: «Las
prácticas supersticiosas son de todos los tiempos. Y, singularmente, de
aquellos que pasan por ser muy racionalistas»
[54]
.
Dice la Biblia: «Que nadie de vosotros
practique la adivinación, ni el sortilegio, ni pretenda predecir el futuro, ni
consulte adivinos, ni a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los
muertos (sesiones espiritistas)»
[55]
.
«La superstición es una forma de ignorancia»
[56]
.
El 17 de abril del 2002, a las diez de la noche, se emitió por ANTENA 3
TELEVISIÓN, un programa titulado AL DESCUBIERTO, en el que se desenmascaró a
los echadores de cartas por el teléfono 906, que es de pago (y de coste
elevadísimo) según el tiempo que duran. Allí quedó claro que las respuestas
eran totalmente inventadas, y sólo pretendían alargar el tiempo de la
llamada para cobrar más.
No es lo mismo parapsicología que superstición.
La superstición es atribuir a cosas creadas poderes que son exclusivos de
Dios
[57]
.
La parapsicología trata de hechos naturales aunque más allá de la psicología.
Son fenómenos para-normales. En cambio la superstición es atribuir
resultados desproporcionados a las causas empleadas. Todo resultado que supera
a las causas naturales adecuadas es de origen sobrenatural.
«La superstición es una degradación de la fe. Una credulidad basada en
contenidos mágicos que se atribuyen a unas palabras o a unas acciones»
[58]
.
«Sólo Dios conoce el futuro libre, y sólo Él puede revelar el porvenir a
sus profetas»
[59]
.
63,4. Para que la duda sobre una verdad de la Religión sea pecado, es
necesario que sea voluntaria
[60]
.
No es pecado darse cuenta de que el misterio es difícil de entender, que
nuestro entendimiento no lo puede comprender, etc.
Si a pesar de todo esto, se fía uno de Dios que lo ha revelado, y cree, no
sólo no hay pecado, sino que hay mérito
[61]
.
«En la absoluta veracidad divina -motivo formal de la fe- no cabe el error o el
engaño»
[62]
.
Lo que no se puede hacer -a pesar de la oscuridad profunda del misterio- es
dudar si será eso verdad o no. Esta duda positiva, tomando como cosa incierta
lo que Dios ha revelado, es pecado.
«El pecado contra la fe está en la negación o en la duda voluntaria de
aquello que se sabe que Dios ha revelado»
[63]
.
La fe es razonable, pero no es de evidencia axiomática para que sea libre y
meritoria
[64]
.
«Sucede muchas veces que dudamos de cosas que hemos
tenido como indudables, y quizás, equivocadamente, hasta de fe; pero que no lo
son, de hecho. (...) Como si uno ha creído que era de fe que los sacerdotes no
se podían casar. (...) Otras veces esas dudas versan sobre algo que ha afirmado
algún predicador, con todo entusiasmo, pero con poca exactitud, como si dice
que se van a condenar los que no rezan el rosario o no hacen los Primeros Viernes.
Hay personas que llaman dudas de fe a la dificultad de entender algún relato
bíblico (...) como, por ejemplo, la creación en seis días. Las dudas de fe de
personas sencillas que tienen buena voluntad de creer todo lo que Dios ha
revelado, suelen ser impresiones, vacilaciones que surgen sobre algunas
verdades, porque no acaban de comprenderlas. Éstas no son de verdad dudas de
fe, sino meras impresiones que pueden surgir en el espíritu, sin que realmente
constituyan una duda. Porque, para que haya duda, tengo que tener razones que
me den base para ese juicio dudoso; y en esos momentos no hay ninguna razón,
sino una mera impresión que se asemeja a la duda, pero que en realidad no lo
es. (...) Si se trata de ignorancia y de que no sabemos cómo se pueden explicar
ciertos hechos revelados por Dios, debemos estudiar y profundizar nuestra fe, y
no contentarnos con lo que pudimos estudiar de pequeños. Si se trata de saber
si alguna afirmación hecha por algún sacerdote es de fe, o más bien una
exageración, debemos también profundizar y examinar sus afirmaciones. Por
último, si sentimos esas vacilaciones o dudas, que como ráfagas pasan por
nuestra mente en ciertos momentos, (...) debemos rechazar esas vacilaciones y
afianzarnos en nuestra fe, mediante una oración asidua y una conducta
intachable, que responda a esa fe que profesamos. Sucede, a veces, que hay
personas que llevan una conducta no adecuada a la fe, y que esta disociación
entre su fe y su conducta les produce dudas de fe. Generalmente, estas dudas
son interesadas, es decir, lo que buscan con esas dudas es justificar su
conducta. Naturalmente, el único remedio que tienen esas personas contra sus
dudas es romper con esa conducta; porque mientras sigan llevándola, no podrán
superar las dudas, que no son más que una defensa falsa, o búsqueda de
justificación de la conducta. La fe no es una mera aceptación de ciertas
verdades, sino que éstas llevan consigo unas exigencias de acción y de
conducta, y cuando entre la aceptación y esas exigencias surgen dificultades, o
hasta oposiciones, es fácil que surjan dudas acerca de esas verdades, a fin de
no tener que sujetar la propia conducta a esas exigencias.En tales casos, el
único remedio para evitar y vencer las dudas está solamente en la adaptación de
la propia conducta a las verdades de fe que se creen»
[65]
.
Esto no se opone a la falta de claridad que podamos tener sobre una
verdad de fe, ni al deseo de esclarecerla, dentro de lo posible, sabiendo que
hay misterios que superan la inteligencia humana.
El pecado será grave, si es una duda voluntaria, a sabiendas, de una verdad
que la Iglesia dice que hay que creer.
Si la duda no es voluntaria, sino una mera ocurrencia de las
dificultades que a nuestro entendimiento se le presentan, no hay pecado; o a lo
más pecado venial, si ha habido alguna negligencia en resistir a la tentación.
Si la vacilación llega a tomar por incierto lo que es dogma de fe, el pecado
sería grave contra la fe.
La fe debe extenderse a todas las verdades reveladas por Dios y propuestas
como tales por la Iglesia.
«Nadie pierde la fe sin culpa propia»
[66]
.
Dijo el Concilio de Trento: «Dios no abandona a nadie, si no es Él abandonado
primero»
[67]
.
«El que no vive como piensa, terminará pensando como vive. (...) Si no
ajustas tus obras a la fe, terminarás perdiendo la fe»
[68]
.
«La manera de vivir influye decisivamente en la manera de pensar»
[69]
.
Es un pecado grave contra la fe la
apostasía. Es el pecado cometido por un bautizado que rechaza las
verdades de la fe, total o parcialmente. «Quien muere obstinado en esta
rebeldía, se condena seguro»
[70]
.
63,5. «El acto de fe es un acto de
nuestro entendimiento, bajo el
impulso de nuestra voluntad, movida
por la gracia.
a) Es un acto del entendimiento, porque la fe nos enseña verdades, y
la verdad es el objeto del entendimiento.
b). Bajo el
impulso de la voluntad, porque las
verdades de la fe no se presentan con
evidencia al entendimiento; y así éste no las admite si la voluntad no lo
mueve a creer.
c) Movida por la gracia. La voluntad
acepta la verdad de fe movida por la gracia, pues la fe es una virtud
sobrenatural que rebasa con amplitud el ámbito de las fuerzas puramente
naturales del hombre»
[71]
.
Ningún adulto puede salvarse si no hace actos de fe. «Dios no puede dar al hombre adulto responsable el don
de su amistad sobrenatural, sino cuando el hombre la acepta previa y
libremente»
[72]
.
Si sabes el «Credo» de memoria, es un magnífico acto de fe. El Credo lo
tienes en los Apéndices. Si no lo sabes, aquí te pongo un acto de fe muy breve;
pero debe decirse con toda convicción.
«Creo que Dios
existe.
Creo que Dios nos dará después de la muerte lo que merezcamos con nuestras
obras en esta vida
[73]
.
Creo que hay un
solo Dios verdadero en tres Personas distintas.
Creo que estas
tres Personas son: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Creo que Dios se
hizo Hombre y murió en una cruz para salvarnos».
Y si lo quieres en
dos líneas:
«Creo firmemente en todo lo que la Iglesia dice debemos creer, porque Dios
lo ha revelado»
[74]
.
Para fortificar nuestra fe, deberíamos hacer actos de fe de cuando en
cuando, sobre todo en la hora de la muerte
La fe es como un sexto sentido que nos ayuda a un superior conocimiento de
Dios. Quien no tiene fe, no se lo puede explicar.
Como una planta no puede explicarse la música, porque no capta nada.
63,6. La fe no se puede demostrar
con argumentos, pues es un don, no una ciencia. Pero pueden darse razones
de su credibilidad.
La fe supera la razón, pero no la destruye.
El motivo de creer no son las razones filosófico-científicas de las
verdades reveladas, sino la autoridad de Dios que las ha revelado.
Esas razones ayudan a ver que la fe es razonable, pero no son el motivo
principal de la fe (Ver nº 3).
Podemos saber que Dios nos ha hablado, y por tanto tenemos obligación de creer
lo que Él nos ha dicho
[75]
.
«Estimemos sobre todas las cosas el don divino de la fe; procuremos
conservarla con la oración y el estudio, hacerla conocer y amar por los demás,
defenderla si es atacada, y pedir a Dios que sea conocida y aceptada por
los incrédulos y los infieles. Al mismo tiempo debemos evitar todo aquello que
pueda ponernos en peligro de perderla.
»Los que descuidan su instrucción religiosa, los que escuchan
voluntariamente a los que la atacan, o leen libros o periódicos contra la fe,
los soberbios y los impuros se ponen en peligro de llegar a perder este don
divino»
[76]
.
No es lícito negar la fe, ni de palabra, ni de obra, portándose como si se
profesara otra religión no católica, ni siquiera con peligro de la vida
[77]
.
63,7. Si alguna vez oyes una
dificultad contra la Religión Católica y no sabes resolverla, no te alarmes
por eso.
Es imposible que tengas a mano los conocimientos necesarios para resolver
todas las dificultades, y para demostrar que la tal dificultad es muchas veces
un sofisma, un engaño, un falsear la verdadera realidad de las cosas. Pero no
por eso debes darte por vencido. Acude a una persona que entienda de Religión y
pueda resolvértela. Ten la seguridad de que todas las «pegas» contra la
Religión tienen su solución, aunque tú no la conozcas. Es más, han sido solucionadas
ya muchas veces; pues los enemigos de la Iglesia siempre están repitiendo las
mismas cosas, y no se dan por enterados de las soluciones que ya se han dado.
Acerca de los que tienen dificultades contra la Religión hay que tener en
cuenta que algunos preguntan para aprender (desean encontrar soluciones a sus
dificultades), pero otros preguntan para atacar, y desearían que sus preguntas
no tuvieran respuesta, para así tener una excusa al sacudirse de encima el
cristianismo porque les estorba
[78]
.
«La razón por la cual tantos han perdido la fe es porque no la conocen o la
conocen mal, que es peor aún. (...) Porque toman las dificultades por
argumentos»
[79]
.
Para instruirse en
Religión es muy conveniente oír conferencias
religiosas y leer libros de formación religiosa. Todos debemos preocuparnos de
tener una formación religiosa proporcionada a nuestro estado y a nuestra
cultura humana y profesional. Al final del libro tienes una lista de libros
provechosos.
«La fe hay que alimentarla y fortalecerla con lecturas, conferencias,
oración, etc. Si no, puede debilitarse y hasta perderse»
[80]
.
Cuando en un grupo se entabla una
discusión de Religión, verás que, generalmente, los que llevan la voz
cantante son los que menos saben de Religión, pero que su ignorancia los hace
tremendamente audaces. A éstos es difícil convencerles, porque su amor
propio rechazará los mejores argumentos.
Pero si en el corro hay gente de buena voluntad, a quienes crees que tu
solución puede ser provechosa y disipar errores, expón tu pensamiento con calma
y con vista. Te será además útil pasar a la ofensiva, descubriendo la
ignorancia religiosa del que disparata. Con todo, has de procurar no ofender a
nadie, si no es necesario. Pero sé fuerte si alguno tiene positivamente mala fe
y quiere propagar el mal. Ataca su error aunque se ofenda.
Si alguien toma el arma del ridículo contra la Religión, tómalo tú también
para defenderla. Es muy importante que consigas que los que se están riendo en
el grupo se pongan de tu parte.Si no te sientes con fuerza para dominar
el grupo, has de saber que, después, en particular, te será mucho más fácil
hacerles bien, y encontrarás razonables a muchos que en el grupo parecían
fanfarrones.
En las discusiones de religión con descreídos suelen presentarse los
siguientes pasos:
Primero el descreído empieza con aires de superioridad, como si los
católicos fuéramos unos ignorantes.
Cuando se las da las razones de nuestra fe, entonces empiezan a contar
historias de malos sacerdotes.
Cuando se les refuta sus generalizaciones con historias de sacerdotes
ejemplares y de santos, entonces se nos dice que somos unos soberbios por
creernos en posesión de la verdad. Y se quedan atónitos ante nuestra respuesta:
-¡Efectivamente! Así es. Porque si no estuviera seguro de la verdad de la
Iglesia Católica, no sería un católico convencido
[81]
.
63,8. Es también pecado grave contra este mandamiento escribir, leer,
tener, prestar o vender libros y escritos contra la Religión, pertenecer a
sociedades irreligiosas: masonería, espiritismo , o partidos políticos de
ideología marxista, pues el marxismo es esencialmente ateo
[82]
.
Y también el tentar a Dios
[83]
,
poniendo a prueba, con hechos o con palabras, alguno de sus atributos, dudando
de su existencia o queriéndole obligar a que intervenga extraordinariamente en
algún caso
[84]
:
por ejemplo, diciendo «si mañana llueve, es señal de que puedo vengarme de
fulano y matarlo».También es tentar a Dios el exponerte sin necesidad a algún
grave peligro de la vida, esperando que Dios te librará de él. Si este peligro
fuera sólo leve, el pecado sería sólo venial.
Peca también contra este mandamiento el que se anima a pecar precisamente
porque Dios es misericordioso. Esto es «un pecado gravísimo contra el Espíritu
Santo, porque supone un grave desprecio de la gracia de Dios»
[85]
.
Además entra en este mandamiento el pecado de presunción, que consiste en
pensar que podemos salvarnos por nuestro propiuo esfuerzo, sin ayuda de Dios, o
la temeraria confianza de obtener la salvación del alma sin poner los medios
[86]
.
Pecan de presunción los que esperan la gloria sin hacer ellos mérito ninguno;
el perdón sin preocuparse de arrepentirse; la salvación eterna, andando fuera
del camino de Dios.
63,9. No debe pasarse el día en que no reces algo. Al menos las tres
Avemarías al acostarte, que son prenda de salvación eterna.
También podrías
hacer el siguiente examen:
«Señor, creo que estás aquí presente. Te ruego me ayudes a examinar mi
conciencia.
1.- ¿Qué obras buenas he hecho? (PENSAR UN MINUTO)
Gracias Señor porque me has ayudado.
2.- ¿Qué faltas he
cometido?(PENSAR UN MINUTO)
a. Contigo: respeto, rezos, olvidado de Ti.
b. Con los demás: rencoroso,egoísta,
servicial, amable, buen ejemplo, criticón.
c.
Conmigo mismo:
a’)deber: obediencia, trabajo. ¿Todo bien hecho?
b’) pureza: miradas, deseos, palabras, obras.
c’) genio: iracundo, chinche.
Perdóname, Señor.
Me pesa haberte ofendido. Procuraré que no se repita pensando el modo de
evitarlo. Para repararte te prometo...
3.- ¿Qué cosas
buenas he dejado de hacer? (PENSAR UN MINUTO).
4.- ¿En qué puedo
mejorar? ¿Cómo? ¿Cuándo?
5.- ¿He hecho algo bueno en bien de los
demás? ¿Al menos una palabra de elogio o
un buen consejo?
6.- ¿Han sido mis pensamientos, palabras y
obras las propias de una persona que aspira a la santidad?
Te prometo, Señor,
no perder otra vez la ocasión de hacer el bien.
Señor, a pesar de
todo, te quiero y te prometo ser mejor.
Madre mía,
ayúdame». (Tres Avemarías)
64.- EL SEGUNDO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO.
64,1. «El segundo mandamiento prohibe todo uso inconveniente del nombre de
Dios»
[87]
.Toma
el nombre de Dios el que jura, pues
jurar es poner a Dios por testigo de la verdad de lo que se dice.
«En el mundo semita el nombre es la persona misma. (...) Profanar el nombre
de Dios equivale a profanar a Dios mismo»
[88]
.
Para que el juramento sea lícito debe reunir las tres condiciones: que sea
con verdad, que sea con justicia, y que haya verdadera necesidad
[89]
.
No es lícito jurar con duda.
Debes estar moralmente cierto. La certeza moral excluye toda duda razonable,
pero no excluye en absoluto el temor a equivocarse. Con todo, cuando se declara
ante un tribunal se debe tener absoluta certeza de la cosa: como ocurre con lo
que se conoce por propia experiencia, o se ha oído de personas que ofrecen
total garantía. En este segundo caso hay que dejar bien claro que lo que
se jura es haberlo oído a personas dignas de crédito.
El que jura con mentira peca gravemente, si advierte que jura y sabe que
miente
[90]
.
Poner a Dios por testigo de una falsedad es injuriarle gravemente
[91]
.
Jurar sin justicia es jurar hacer algo malo o que sea en perjuicio del
prójimo. El pecado será grave o leve según que lo que se jure sea grave o sea
levemente ilícito.
Si lo que se ha jurado es malo, no se puede cumplir.
Serían dos pecados. Uno por jurar una cosa mala, y otro por hacerla.
Quien ha jurado hacer algo malo, debe dolerse de haberlo jurado y no
cumplirlo.
Pero si lo que se ha prometido con juramento no es malo, hay obligación de
cumplirlo bajo pecado grave
[92]
.
Jurar sin necesidad es jurar sin tener motivo razonable para ello; como los
que juran por costumbre.
El que jura con verdad pero sin necesidad, por costumbre, sin darse cuenta,
no comete pecado grave; pero tiene que corregirse de su mala costumbre.
Para que haya verdadero juramento es necesario que haya intención de jurar y fórmula juratoria.
Quien finge jurar pronunciando la fórmula sin intención de jurar, peca
porque esto es una injuria a Dios
[93]
.
La verdadera fórmula juratoria debe incluir, implícita o explícitamente la
invocación a Dios en testimonio de la verdad, v.gr.: «te juro por Dios que...».
Expresiones como: «si no es verdad que me muera», «por la salud de mi madre»,
etc., deben considerarse como fórmulas juratorias que suponen poner a Dios por
testigo de la verdad, y que en caso contrario Él se encargará de castigar la
mentira.
Frases que a veces se usan en la conversación como «júramelo», «te lo
juro», etc., no deben considerarse siempre como verdadero juramento, pues no
tienen intención de jurar.
Pero es una fea costumbre que debe corregirse. Muchas personas juran por
simple muletilla. Esto es indecoroso.
Si quieres, puedes decir «palabra de honor». Esto no es jurar; y debe
bastar para reforzar tu afirmación.
A quien no le baste esto, te ofende.
64,2. Peca, además, contra este mandamiento el que dice cosas contra la
Religión, y el que dice blasfemias.
Blasfemia es toda expresión insultante contra Dios, la Virgen, los Santos o
cosas sagradas: ya sea con palabras, gestos, signos, dibujos, etc.
[94]
.
Aunque hay que reconocer que «esas expresiones, generalmente, no son
blasfemias.
»Blasfemia es un insulto dirigido a Dios, a sus obras y a sus amigos con
intención de que recaiga sobre Dios.
»Esas expresiones no llevan, en muchos casos, ninguna intención de injuriar
a Dios.
»Pero hay que tener en cuenta que hay gestos, acciones o palabras que
pueden significar, según su sentido, un desprecio hacia Dios.
»En esos casos, todos esos gestos, acciones o palabras, constituyen un
pecado de la misma naturaleza que la blasfemia, siempre que el autor de las
mismas conozca su significado injurioso para con Dios y los haga o pronuncie
libremente. (...) De todos modos, no deja de ser una irreverencia para con
Dios.
»Y si el que las pronuncia tiene conciencia de esa irreverencia y las
pronuncia libremente, efectivamente comete un pecado, no de blasfemia sino de
irreverencia para con Dios. (...)Y por último, esas expresiones o palabras
ofenden los sentimientos de quienes las oyen, que tienen derecho a que sean
respetadas sus creencias»
[95]
.
Dios castiga mucho la blasfemia. A veces, también en esta vida.
Otros pecados pueden hacerse por debilidad o por sacar algún provecho; por
ejemplo robar. Pero el que dice blasfemias no saca nada.
La blasfemia es un pecado que va directamente contra la majestad de Dios.
Por eso a Dios le duele tanto y lo castiga con gran rigor.
La blasfemia es un pecado diabólico.
Si crees en Dios, comprenderás que es un disparate insultarle.
Y si no crees, ¿a quién insultas?
Lo que pasa es que a veces se dicen blasfemias sin darse cuenta del todo.
Por mala costumbre.
Entonces lo que hay que hacer es proponerse muy en serio quitarse la mala
costumbre, pues aunque la blasfemia que se escapa sin querer no es pecado grave,
puede serlo el no poner empeño en corregirse.
Y siempre son de muy mal ejemplo. Oyéndote blasfemar, empiezan a hacerlo
también los que antes no lo hacían: tus hijos, tus compañeros de trabajo, etc.
Para corregirte puede ayudarte el ponerte un pequeño castigo. Por ejemplo,
estar tantos días sin fumar cuantas blasfemias se te escapen.
Si te gusta el tabaco verás qué pronto te corriges.
Si no te atreves a tanto, prívate de algún cigarro, haz cualquier otro
pequeño sacrificio; pero no dejes la falta sin castigo.
Si no fumas, prívate de otra cosa que te guste mucho.
Si no se te ocurre otra cosa, podrías dar unos duros de limosna por cada
falta. El ponerse castigos, es el mejor medio para corregirse de un defecto.
Si en alguna ocasión oyes alguna blasfemia y puedes corregirla, hazlo así.
Y si no puedes, di: «Alabado sea Dios».
Si lo dices en voz alta, mejor; y si no te atreves, al menos, dilo en voz
baja.
64,3. No hay que confundir las blasfemias -palabras injuriosas con las que
se insulta a Dios, la Virgen, etc.- con las palabras feas, que solemos llamar
«palabrotas» y «tacos».
Los tacos malsonantes y soeces son señal de baja educación y no deben
decirse; pero no son blasfemias, ni ordinariamente pecado.
Algunos Académicos de la Lengua opinan así sobre el uso de los tacos en la
conversación:
Víctor García de
Hoz: «Suele ser un intento de llamar la atención, un
propósito de afirmar la personalidad».
Joaquín Calvo
Sotelo: «Suele ser signo de pobreza de vocabulario, o
simplemente de mala educación».
Carmen Conde: «Me parece de
muy mal gusto
Evaristo Acevedo: «No soy
partidario de los tacos»
[96]
.
Los tacos pueden sustituirse por palabras inofensivas: ¡negocio!, ¡narices¡
¡joroba! ¡castañas! ¡pamplinas! ¡compadre! ¡muchacho! ¡rayos! ¡recuerno!
¡repanocha!, etc. Elige una que te guste y te resulte sonora, pero no digas
palabras deshonestas.
64,4. También peca contra este mandamiento quien no cumple sus votos o promesas hechas a Dios para
reforzar nuestras súplicas y manifestar nuestro agradecimiento.
El voto es una promesa hecha a Dios libre y deliberadamente, con la
intención de obligarse bajo pecado, de una cosa posible, buena y mejor que su
contraria
[97]
.
Hay obligación de cumplirlo bajo pecado grave o leve, según como uno se haya
comprometido. Sin embargo, una cosa ligera no puede hacernos contraer una
obligación grave.
No hay que confundir los votos y promesas con los ofrecimientos que se
hacen a Dios sin intención de obligarse a cumplirlos bajo pecado.
Antes de hacer un voto o promesa, deberías consultar con una persona
prudente: por ejemplo, con un sacerdote. Y si no has podido hacerlo antes,
hazlo después por si conviene que te lo dispense o te lo conmute.
64,5. Son pecados graves contra
este mandamiento la blasfemia, el no cumplir, pudiendo, los votos graves, y el
jurar en falso.
65.- EL TERCER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: SANTIFICARÁS LAS FIESTAS.
65,1. Santificar las fiestas es oír Misa entera y no trabajar sin
verdadera necesidad
[98]
.
El día más grande del año es el domingo de la Resurrección del Señor. Todos
los domingos son una conmemoración de este gran día de Pascua.
En el Antiguo Testamento el día de fiesta era el sábado. Pero los Apóstoles
lo trasladaron al domingo porque en este día resucitó Nuestro Señor
[99]
.
En los Hechos de los Apóstoles se nos cuenta que los cristianos se reunían
los domingos para celebrar la Eucaristía
[100]
.
Y la Didajé escrita entre
los años 80 y 90 de Nuestra Era afirma que los cristianos asistían a Misa el
domingo
[101]
. San Pablo alude a que los cristianos
se reunían los domingos
[102]
.
Están obligados a oír Misa entera los días
de precepto todos los bautizados que han cumplido los siete años y tienen
uso de razón
[103]
.
«Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave»
[104]
.
Dice el célebre moralista Häring:
«No se puede dudar de la gravedad del precepto de la Iglesia de oír misa los
domingos y los días festivos de obligación. (...) Una instrucción apropiada
convencerá a todo cristiano de inteligencia corriente de que ofende gravemente
a Dios si falta a misa los domingos sin razón suficiente.(...) En una época,
como la nuestra, en que se inculca la responsabilidad personal los fieles
decidirán, cada vez más, por sí mismos, si en ocasiones determinadas tienen
justas razones para no ir a misa el domingo»
[105]
.
Una falta habitual a la Santa Misa, sin causa excusante, supone un
desprecio del precepto. El precepto de oír Misa consiste en asistencia personal
a la iglesia.
No satisface el precepto quien la oye por televisión. Así lo recordó Juan Pablo II en su colosal documento «Dies Domini», (El día del Señor)
publicado el 31 de mayo de 1998, domingo de Pentecostés
[106]
.
Aunque oír Misa por televisión siempre será una cosa laudable, pero no suple la
obligación de ir a oírla personalmente, a no ser que haya una causa excusante.
Además de la presencia física es necesario estar presente también
mentalmente, es decir, atendiendo. Una distracción voluntaria puede ser pecado,
si es prolongada. Las distracciones involuntarias no son pecado.
El precepto es de oír Misa entera, pero omitir una pequeña parte, al
principio o al final, no es pecado grave
[107]
.
Lo mejor es oírla desde que sale el sacerdote hasta que se retira. Al que
llega después de haber empezado el Ofertorio, esa Misa no le vale
[108]
.
El precepto de oír Misa puede
cumplirse el sábado por la tarde. Lo mismo en las vísperas de las demás
fiestas de precepto
[109]
.
Cuando hay dos fiestas de precepto seguidas, hay que oír Misa por cada día, en
las horas oportunas.
Decir que lo mismo da ir a Misa el domingo que el lunes es como decir que
lo mismo da ir a felicitar a tu padre porque es su santo, el día que acude toda
la familia, o tres días después porque es más cómodo para ti.
65,2. Quedan excusados de ir a
Misa los que tienen algún impedimento
[110]
:
una enfermedad que no permita salir de casa, un viaje que no te dé tiempo de
oírla, el vivir lejos de la iglesia más cercana, una ocupación que no puede
abandonarse, por ejemplo: los que cuidan enfermos y no tienen quien los
sustituya.
Para saber cuándo tenemos un motivo razonable que nos excuse de ir a Misa
lo mejor es consultar con un sacerdote. Si no tienes un sacerdote a mano, y te
urge solucionar tu duda, puede ayudarte la norma siguiente: Puedes dejar la
Misa si, dadas las circunstancias en que te encuentras, dejarías también
prudentemente un negocio de cierta importancia para ti
[111]
.
Si en esas circunstancias en que te encuentras tuvieras una ocasión única
de cobrar cien mil pesetas, ¿dejarías pasar esa ocasión? Pues la Misa vale más
de un millón. Tiene valor infinito. Recuerda lo que te he dicho de la Misa en
el nº 50.
En una ocasión me llegó por INTERNET el siguiente cuento:
El demonio reunió a sus tropas para instruirlas sobre la estrategia a
segur., y les dijo: «No podemos impedir que los católicos vayan a la iglesia,
oigan sermones, asistan a la misa y recen, pues son personas libres. Pero
podemos aficionarlos a cosas frívolas, y así no tendrán tiempo de ir a la
iglesia. Por lo tanto, aficionarles a mucha televisión, mucho deporte, mucha
revista frívola, mucha literatura inútil, muchas diversiones, etc. De este modo
no tendrán tiempo para Dios, y nos será más fácil traerlos al infierno».
Parece que esta estrategia ha dado resultado.
65,3. Los domingos y fiestas de precepto hay que abstenerse de los trabajos
que impiden dar culto a Dios
[112]
.
A no ser que sean necesarios para el Servicio Público, o no se puedan
aplazar por circunstancias imprevistas o por ser urgentes
[113]
.
Está permitido trabajar en obras de caridad y apostolado.
También se puede estudiar y practicar el arte.
65,4. Para santificar las fiestas es necesario, lo primero, cumplir con el precepto de oír Misa y de no trabajar sin necesidad. Pero luego hay que evitar toda diversión que suponga una ofensa de Dios.
La palabra «Domingo» significa «Día del Señor», y muchos, con sus pecados,
lo convierten en día de Satanás.
Podrías emplear las fiestas en participar más de la vida de familia,
instruyéndote en Religión y en cultura, descansando con distracciones sanas y
honestas, saliendo de excursión, haciendo deporte, etc.; pero no dedicándote a
profanarlas con diversiones pecaminosas
[114]
.
Es necesario que te busques el modo de pasar las fiestas distraídamente,
pero sin ofender a Dios.
Las obras de
misericordia, las visitas a enfermos, a
necesitados, y las obras de apostolado que tengas en la parroquia, además de
distraerte, son un modo muy provechoso de pasar parte de las fiestas
[115]
.
65,5. Los libros buenos pueden
ser también un provechoso descanso para los domingos y días de fiesta.
Libros que formen tu carácter, que completen tus conocimientos, tu cultura,
tu formación religiosa.
Pero no te aficiones a la lectura de novelas que pueden hacerte daño y, en
el mejor de los casos, son una pérdida inútil de tiempo.
En el Apéndice tienes una lista de libros provechosos.
Un libro bueno puede hacer mucho bien.
Pero un libro malo, mucho mal; pues con razones más o menos aparentes, con
sofismas, y a veces hasta con auténticas falsedades, puede destruir los
fundamentos de la fe y nuestras razones de vivir.
«Debe advertirse a los fieles la necesidad de leer y difundir la prensa
católica para conseguir un criterio cristiano sobre todos los acontecimientos»
[116]
.
Hay que tener mucho cuidado con los libros que pervierten las ideas y
costumbres.
Si alguno de éstos viene a nuestras manos, debemos destruirlo para que no
haga daño a nadie.
El mejor sitio para un libro malo es el fuego.
65,6. Son días de precepto:
Todos los domingos
del año.
Santa María Madre
de Dios (1 de enero).
Reyes (6 de
enero).
San José (19 de
marzo).
Santiago (25 de
julio). Propia de España.
Asunción (15 de
agosto).
Todos los Santos
(1 de noviembre).
Inmaculada (8 de
diciembre).
Navidad (25 de
diciembre).
Ésta es la lista de las fiestas de precepto
comunes en España.
Pero en algunos sitios habrá que modificarla según
las fiestas locales determinadas por el Obispo de la Diócesis.
Las fiestas de precepto locales sólo
obligan a los residentes que se encuentran en esa localidad. No a los
residentes que se encuentran ausentes, ni a los visitantes temporales. [1] Evangelio de San Mateo, 19:17
[2]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2066.
[3]
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ LOBATO: Razones de la Fe, I. Ed. EMESA. Madrid. 1980.
[4]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1954-60.
[5]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2070.
[6]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2072.
[7]
Salmo 18
[8]
ANTONIO ROYO MARÍN O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 84, c. Ed. B.A.C. Madrid.
[9]
JOSÉ MARÍA YANGUAS: 39
Cuestiones doctrinales, IV, 2. Ed. Mensajero. Bilbao.1990.
[10]
Evangelio de San Mateo, 5:17-48
[11]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Antropología
y moral, V.1. Ed. Palabra. Madrid. 1997.
[12]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2079.
[13]
Carta del Apóstol Santiago, 2:10
[14]
AVELINO DE LUIS: Jesucristo,
la Buena Noticia, 2ª, IV, 7,c. Ed. EDICE. Madrid. 1998.
[15]
Noticias Eclesiales en INTERNET del 10-XI-99.
[16]
VITTORIO MESSORI:Algunas
razones para creer,VI.Ed. Planeta+Testimonio.Barcelona.2000.
[17]
H. PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: Jesús, luz del mundo, I, 2. Ed. Razón y Fe. Madrid.
[18]
A BENEZECH: La
critique religieuse, I, 383.
[19]
SANTIAGO MARTÍN: ¿Para
qué sirve la fe?, IV, 2. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1995.
[20]
Profeta Isaías, 51:4
[21]
Conferencia Episcopal Española: Ésta es nuestra fe, 2ª, III, 2, 4, c. EDICE. Madrid. 1986.
[22]
Conferencia Episcopal Española: Moral y sociedad democrática, nº 56. EDICE. Madrid. 1996.
[23]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2082.
[24]
JOSÉ RATZINGER: La
sal de la Tierra, II,4. Ed. Palabra. Madrid. 1997.
[25]
JOSÉ ORTEGA Y GASSET: La
rebelión de las masas, 1ª, V. Ed. Espasa Calpe. Madrid. 1999
[26]
AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio
de Teología Moral, 1ª, V, 1, 8. Ed. Palabra. Madrid.1995
[27]
JEAN LECERF: Y tú,
¿por qué eres cristiano?, IV, 18. Ed. Mensajero. Bilbao. 1996.
[28]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1733.
[29]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1740.
[30]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, I, 4. EDIBESA. Madrid.
[31]
LEO TRESE: Puedes
volar como las águilas, VII,1. Ed. Palabra. Madrid. 1998.
[32]
Primera Carta de San Juan, 4:19
[33]
SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 5:15 y 22
[34]
Con vosotros está, 2º, XXXVII, 2. Madrid, 1976.
[35]
Evangelio de San Juan, 5:3
[36]
ANGEL GARCÍA: Un
mártir de la boina roja, 2ª, IV, 2. Apartado 31001. Barcelona.
[37]
VITTORIO MESSORI: Diario LA RAZÓN, 3-VII-2002, pg. 38.
[38]
Revista HOGAR DE LA MADRE, 71 (VII,VIII-1996) 22.
[39]
ZENIT: Boletín Informativo del Vaticano en INTERNET del
8-III-99 ( ZS99030804).
[40]
Evangelio de San Juan, 14:21
[41]
Primera Carta de San Juan, 5:3
[42]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1817.
[43]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2096.
[44]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2110.
[45]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, I, nº360. Ed. BAC.Madrid
[46]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2120.
[47]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2091.
[48]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2116.
[49]
ÓSCAR GONZÁLEZ DE QUEVEDO, S.I.: Curanderismo, ¿un mal o un bien?
[50]
AURELIO FERNÁNDEZ:Compendio
de Teología Moral, 2ª, III, 2, 1. Ed. Palabra. Madrid.1995.
[51]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2116.
[52]
MIGUEL ÁNGEL FUENTES,V.E.: Los horóscopos y la astrología. INTERNET: Apologética Católica.
[53]
ANGELO SCHOLA, Sectas
satánicas y fe cristiana,V. Ed. Palabra. Madrid. 1998.
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CHESTERTON: El
hombre eterno, 1ª, Vi. Ed. LEA. Buenos Aires. 1987.
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Deuteronomio, 18:9-12
[56]
BERNHARD HÄRING: Shalom: Paz,
XIII, 7. Ed. Herder. Barcelona. 1998.
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Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº2111.
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CARLOS AMIGO: Cien
respuestas para tener fe, X, 94. Ed. Planeta + Testimonio. Barcelona.
[59]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2115.
[60]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica nº 2088.
[61]
OTTO ZIMMERMANN, S.I.: Teología Ascética, nº 59. Seminario Metropolitano. Buenos Aires.
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