![]()
![]()
66.- EL CUARTO MANDAMIENTO DE
66,1. Honrar a los padres es obedecer, si se vive
bajo su potestad, sus mandatos; mientras no manden lo que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios antes que a los
hombres»
[1]
.
También asistirlos en sus necesidades y venerarlos
con amor. Dice San Pablo: «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo,
que eso le gusta al Señor»
[2]
.
Y el libro del Eclesiástico: «El que honra a su padre repara su pecado. El que honra a su madre amontona
tesoros (...) El que abandona a su padre es como un blasfemo, y maldito del
Señor el que irrita a su madre»
[3]
.
En algunas malas traducciones del Evangelio hay una
frase que no se entiende. Ponen en boca de Jesucristo:
«El que no odia a sus padres no es
digno de Mí»
[4]
.
Esto, tal como suena, es un disparate. Hay que tener en cuenta que la palabra
«odiar» en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano. En hebreo
significa «tener en menos».Por lo tanto el sentido de la frase es: «El que antepone sus padres a Mí, no es digno
de Mí». Esto ya se entiende.
66,2. La
desobediencia a los padres es más grave cuando se trata de cosas
relacionadas con el bien de nuestra alma
[5]
: deberes
religiosos, amistades, diversiones, etc. «Esta obediencia la deben los hijos a
sus padres mientras forman con ellos la sociedad parental, cuya finalidad y
compromiso, tanto por parte de los padres como por parte de los hijos, es la
educación de los hijos. (...) Los hijos tienen el derecho y la obligación de
ser educados por sus padres y de dejarse educar por sus padres»
[6]
.
«Los hijos deben estar sujetos a sus padres: deben
obedecer, pero libremente, no como esclavos. Y sólo es capaz de obedecer
libremente quien ama a aquellos de quienes depende y deben mandarle. (...) La
obediencia, la sujeción de los hijos debe ser una consecuencia del amor a sus
padres»
[7]
.
«La obediencia a los padres cesa con la
emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual
permanece para siempre»
[8]
.
Tus padres lo son todo para ti. Aunque sean viejos y
achacosos, debes conservarles el respeto y el cariño. No seas jamás un hijo
desagradecido
[9]
.
Todo lo que tienes, a ellos se lo debes. «¿Cómo
podrías pagarles lo que han hecho por ti?»
[10]
. Piensa
en los pobres niños abandonados que no conocen a su padre, ni saben lo que es
el cariño de una madre.
A los padres no basta quererlos, hay que
manifestárselo. No hay en el mundo amor más desinteresado que el de los padres:
no es mucho pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de
sus hijos, que tanto agradecen.
Hoy se habla poco de obedecer a los padres. Incluso
algunos hijos se creen que desobedeciendo dan muestras de independencia y
personalidad. Es decir, que consideran la desobediencia como un valor. Esto es
una equivocación.
Esos mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que
les aman, luego obedecen a los amigos, a las modas, o a sus caprichos que les
tiranizan. Cambian de obediencia: la
buena, por la mala.
Ser libre no es hacer lo que me da la gana. Ése es
esclavo de sus caprichos.
Libre es el que voluntariamente cumple con su deber.
La persona más libre fue Jesucristo,
que era Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre.
Hoy día es muy fácil que los hijos se contagien del
espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada del ambiente. El P. César Vaca, O.S.A. escribió en el
periódico Ya de Madrid:
«Criticar los falsos maestros, los malos
educadores, los padres incomprensivos y egoístas, está bien; pero rechazar la
disciplina familiar en globo, menospreciar sin compasión a cuantos ejercen la
ardua tarea de la educación y la enseñanza, presentando como la mejor de las
escuelas la anarquía de una libertad incontrolada, es colocarse al borde de la
ruina».
«Los problemas que destacan en las páginas frontales
de los periódicos de todo el mundo, son un reflejo de la falta de disposición
de nuestra juventud para someterse a ningún sistema de valores que no sea la
jerarquía de valores de su propio criterio. (...) Todos somos testigos de casos
de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra vez por padres
experimentados y responsables, pero ellos prefieren “discurrir por su cuenta”,
para descubrir demasiado tarde lo que su padre le predecía certeramente.
»Por desgracia, son muchos los jóvenes que no
quieren escuchar consejos. Semejante hostilidad de la gente joven hacia la
autoridad paterna supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios
de la experiencia»
[11]
.
«Los hijos deben
ayudar en la vida de familia. En todas las familias se necesita la colaboración
de los hijos. Entre todos se puede conseguir una vida familiar agradable y
alegre. En nuestra sociedad el número de personas que alcanza una edad avanzada
es cada vez mayor.
»Los ancianos se encuentran con problemas que hacen
más dura su ancianidad: ya no pueden trabajar, algunos están enfermos, otros
solos.
»Todos los miembros de la sociedad deben sentirse
responsables de la atención a los ancianos, especialmente los hijos»
[12]
.
66,3. En este mandamiento se contienen también las obligaciones de los padres para con sus
hijos
[13]
, que
son, además de amarlos: alimentarlos, vestirlos, instruirlos en religión y en
cultura, vigilarlos, corregirlos, darles buen ejemplo
[14]
y
«procurarles un porvenir humano proporcionado a su estado y condición social»
[15]
. Es
decir, educarlos física, intelectual, humana, espiritual y moralmente
[16]
; y
protegerlos de los peligros de alma y cuerpo.
Los padres tienen el derecho y el deber de educar a
sus hijos
[17]
.
«Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos,
las lecturas y cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas
costumbres no entren en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra
parte»
[18]
. Dijo Pío XII en su discurso del 9-V-57: «La
sociedad es para la familia, no la familia para la sociedad. La familia es una
institución natural: es el origen de la vida humana, y el recinto de la
educación. La familia es vínculo de transmisión normativa. Pero es necesario
que la normativa moral y religiosa se dé con convicción, con motivación y con
el ejemplo». Se educa más con el ejemplo que con las palabras. Como dice el
doctor José Mª Contreras, biólogo y
educador, “el leguaje de los hechos es el que más comunica”.
«Los hijos tienen derecho a que sus padres les
aseguren ciertas condiciones de desarrollo y bienestar. El hecho de haberlos
traído al mundo confiere a los padres una responsabilidad. Ahora bien, la
primera necesidad del hijo es tener a sus padres unidos. El sano
desenvolvimiento del hijo reclama que éste reciba la doble influencia del padre
y de la madre de la manera más homogénea posible, o sea, que esta doble
influencia se ejerza sobre él con tal unidad que el niño no pueda imaginar o
notar diferencia alguna entre sus padres. La buena educación del hijo exige que
sus padres estén tan unidos como sea posible; en otros términos, exige que el
amor reine en el hogar. Un hogar sin amor constituye el mayor daño de que los
hijos pueden ser víctimas.
»El hijo,
por tanto, está estrechamente vinculado al amor conyugal. Él es el fruto del
amor y su más fuerte acicate. Lo necesita para sí mismo. El hijo no sólo tiene
derecho al amor de sus padres, sino que tiene derecho al amor mutuo de sus
padres. Tiene derecho a que sus padres se amen el uno al otro de manera que
hagan de este amor el fundamento de la vida común en el hogar»
[19]
Hay una cosa básica en la educación de
los niños: que ellos se sientan amados. Este amor es compatible con los
castigos por su bien. Que ellos vean que se les castiga por su bien. Que se
sientan amados, no despreciados. En lugar de decirles “eres malo”, decirles
“eso que has hecho está mal”. Evitar los epítetos peyorativos: “eres tonto”,
“eres patoso”, “todo lo haces mal”, etc. Si oye eso, se confirmará en serlo.
Hay que combinar los elogios con las correcciones.
Y no pedirles más de lo que pueden dar de sí mismos.
Sus fracasos les proporcionará un complejo de inferioridad.
Algunos, enemigos de la educación y amigos de la
libertad absoluta, defienden que se deje al niño hacer lo que espontáneamente
quiera. Esto es una aberración. A los niños, desde pequeños hay que enseñarles
lo que es bueno y correcto. Después, cuando sean mayores lo harán libremente, o
no la harán; pero cuando son niños hay que enseñarles.
Si tu niño te dice:
- Se me ha morido mi pajarito.
Tú le dices:
- No se dice morido. Se dice muerto.
Después, de mayor, dirá «muerto» libremente.
Y si es un rebelde, dirá «morido».
Si prefiere el error, es su problema. Pero el padre
es lógico que trasmita a sus hijos lo que él considera valores, ideales,
la verdad, el bien, lo correcto, la virtud, la honradez, la servicialidad, la
responsabilidad, etc., etc. No para oprimir al niño, sino para ayudarle, para
educarle, en su propio bien. Por eso le ayuda a hablar con corrección, a
escribir sin faltas de ortografía, a ser limpio, a comer con urbanidad y a
mostrarse bien educado en todas partes.Y, por supuesto, a ser buen católico,
amando a Dios y al prójimo. La educación no traumatiza al niño sino que le
ayuda a formarse como persona.
Debemos colaborar con nuestros padres al bien
espiritual de la familia, manifestándoles aquellas cosas que ellos deben saber
para corregirlas.
A no ser que haya otro modo más eficaz. Pero quien
oculta los malos pasos de sus hermanos, por un falso criterio de compañerismo,
puede hacerse responsable ante Dios de las faltas que queden sin corregir. El
padre tiene obligación de corregir; pero para esto necesita estar informado de
lo que pasa. No exagerar las cosas. Pero no quitar importancia a lo que la
tiene.
«Los padres son los primeros educadores, y son ellos
quienes deben decidir, y no el Estado, el tipo de educación que crean mejor
para sus hijos.
»El Estado debe ayudar a todos los niños en edad
escolar sin discriminaciones. Sería injusto que si los padres necesitan ayuda
para la enseñanza de sus hijos, y el Estado quiere cooperar, sólo ayude a los
que asisten a las escuelas estatales, y no ayude a los de las escuelas libres»
[20]
.
«Los padres, como primeros responsables de la
educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que
corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental.
En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de
elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos.
Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y
de asegurar las condiciones reales de su ejercicio»
[21]
.
La educación es de una importancia trascendental y
de una gran responsabilidad para los padres. Hay en la vida muchos hombres que
lamentan su desgracia por las faltas y descuidos de sus padres. Los padres no
pueden hacer creer a sus hijos, pero pueden educarles en la fe. Lo mismo que no
pueden decidir por ellos, pero pueden enseñarles lo que es bueno y lo que es
malo.
En educación, como en todo, se recoge lo que se siembra.
Hay que ser sembradores de
bondad. Aunque no esté de moda ser bueno. Lo que está de moda es disfrutar de
la vida. Y ser bueno es buscar la felicidad de los demás antes que la propia,
para no ser egoístas.
Educar es sacar del individuo
lo bueno que tiene dentro. Extraerle sus valores de honradez, generosidad, fidelidad, constancia, etc. Y advertirle que eso de “hacer lo que me
pida el cuerpo” termina en el hastío.
Y los valores hay que
vivirlos disfrutándolos; no aceptándolos de mala gana. Los valores hay que
vivirlos con alegría y optimismo aunque supongan esfuerzo.. El esfuerzo es
bueno. Lo que no cuesta esfuerzo no se valora. Y sobre todo vivirlos con
espíritu religioso: la religión lo enriquece todo, y no hace daño a nadie
porque nos ayuda a ser mejores. Nos
anima a practicar el bien.
Cuando se busca qué tienen en común las familias que
han tenido éxito en la tarea de educar, casi siempre aparece un factor que se
repite: establecieron un plan claro de educación de sus hijos desde muy pequeños
[22]
.
A los niños, gradualmente, según ellos vayan siendo
capaces de asimilar, hay que inculcarles la limpieza, el orden, la obediencia,
el sacrificio, la lealtad, la servicialidad, la honradez, el saber renunciar,
etc. etc.
«Acostumbrarlos a portarse bien en todas
partes, a practicar el bien aunque sea penoso, y a huir del mal aunque sea
seductor, (...) espontáneamente, y por propia iniciativa, aunque nadie le
vigile ni castigue»
[23]
. De
mayores será muy difícil que adquieran virtudes que no se les sembraron de
pequeños.
Los niños, para su buen desarrollo, necesitan
caricias desde el primer momento. Se han hecho estudios de niños atendidos
perfectamente en sus necesidades vitales, en centros especializados, pero
faltos de cariño, que muestran anormalidades características.
«Quien sabe amar, sabe corregir, negar, conceder y
premiar. El amor que consiste sólo en dar gustos, tolerar caprichos, y dejar
sin sanción las culpas, es un amor equivocado»
[24]
.
Con ocasión de la fuga de dos adolescentes
madrileñas a Portugal, con dos amigos en un coche robado, José María Carrascal publicó en el ABC un acertado artículo en el
que entre otras cosas decía:
«Siempre se han escapado niños y niñas de casa. Pero
antes se marchaban porque les trataban mal, y ahora se largan porque les tratan
demasiado bien. Se aburren. Y les entra el cosquilleo de la aventura. (...)
Saben, además, que cuando vuelvan no les va a pasar nada»
[25]
.
Los hijos no se pueden tener mimados y consentidos.
El niño mimado y consentido se hace caprichoso,
egoísta y poco sociable. Esto le va a traer problemas de aceptación entre sus
compañeros en su edad escolar, y esto le va a dificultar su madurez
psicológica.
Está comprobado que el niño que es bien aceptado por
sus compañeros, por sus cualidades personales, tiene un gran porcentaje de
probabilidades de una buena maduración psicológica en el futuro. Los hijos, ni
se pueden tener mimados y consentidos, ni tampoco castigarlos sin razón.
El castigo es inevitable, pues es moralmente imposible que tus hijos no
cometan alguna falta que lo requiera: «sin castigo no hay educación posible»,
dice uno de los más célebres pedagogos de nuestra época, Foerster
[26]
.
Pero para que el castigo sea educativo y eficaz ha
de ser siempre
[27]
:
a) oportuno: escogiendo el momento más propicio para
imponerlo pasada la ira en unos y otros;
b) justo: sin exceder los límites de lo razonable;
c) prudente: sin dejarse llevar de la ira;
d) poco frecuente, para que sea eficaz
[28]
.
e) cariñoso en la forma, para que el niño comprenda
que se le impone por su bien. «No somos eficazmente castigados sino por
aquellos que nos aman y a quienes nosotros amamos»
[29]
.
El castigo corporal tiene sus dificultades. Puede
engendrar terquedad, rencor, debilitamiento del sentimiento del honor. Los
niños nerviosos no debieran ser castigados corporalmente, pues se corre el
peligro de aumentar su nerviosidad. En las niñas el castigo corporal debilita
el sentimiento de su intocabilidad corporal, tan precioso para el recato de su
vida futura.
A veces puede ser más eficaz que un castigo
corporal el ponerlo a comer solo en una mesita de cara a la pared, privarle de
una habitual muestra de cariño, o de un dulce que le gusta, o del dinero que se
le suele dar: depende de edades y circunstancias. El castigo debe facilitar al
niño el camino de la honradez, la obediencia, la aplicación, etc., para hacer
de él un hombre moral. El castigo más que para expiar la culpa cometida debe
servir para la corrección. Para esto es necesario que el niño reconozca la falta,
y lo justo del castigo. El castigo tiene mucho más valor cuando el niño lo
acepta voluntariamente, o se lo impone él mismo. Después de aplicado el
castigo, se deben hacer las paces con el niño lo antes posible
[30]
.
Hay que tener tacto para corregir con eficacia. Poco
se logra con herir y humillar solamente. Hay que alentar. Despertar el
sentimiento de la propia estima. Una corrección eficaz debe dejar siempre
abierto un portillo a la esperanza de la propia superación
[31]
. El
dejarle hacer lo que él quiera, algún día lo interpretará como falta de interés
por su bien.
En cambio el contrariarle manifestando que se hace
por amor e interés por él, terminará por ganarle el corazón.
«Corregir no es coaccionar. Corregir no es usar
violencia. Corregir es decir lo que hay que decir, en privado, no delante de
otros; sin comparaciones, que son odiosas; con tino, tacto y comprensión. Con
dificultad ejercerá bien una corrección el que la hace apasionadamente, con
ira, o con amor propio herido. Quien tiene que corregir debe hacerlo con
humildad, sin aire de superioridad como si nosotros fuéramos impecables.
Hacerlo por caridad, y no por venganza, rencor o resentimiento. Sin lastimar ni
herir. Con ánimo de curar, no de hundir. Sólo cambiando el corazón de las
personas la corrección es duradera»
[32]
.
Decir: «te quiero demasiado para permitirte eso», o
un trato cariñoso después de un castigo, restablece la armonía. El amor debe
estar por encima de las travesuras. Una madre después de castigar a un hijo le
dijo: «No estoy furiosa contra ti, sino contra tu travesura». Y el hijo
agradeció aquel castigo.
Si es importante saber manejar el castigo en orden a
una buena educación, no lo es menos el saber utilizar el premio; por ejemplo,
el elogio. La recompensa pedagógica puede revestir muchas formas: una mirada de
aprobación, un gesto cariñoso, una palabra, la concesión de un permiso deseado,
un regalo, etc.
Pero tampoco se pude ser excesivo en los premios y
alabanzas, pues perderían eficacia, y se correría el peligro de hacer al niño
egoísta, obrando bien sólo con miras al premio y a la recompensa. El estímulo
es más eficaz que la represión. A veces ésta será inevitable, pero su eficacia
será mayor si el hijo está acostumbrado a que se le reconozca la obra bien
realizada, y se le aplauda el esfuerzo realizado, aunque no siempre estos
esfuerzos hayan sido coronados por el éxito. Todo el mundo queda agradecido a
quien sinceramente le anima.
Un elogio correcto, justo, oportuno, estimula y
educa para el bien.
«Las personas necesitamos experimentar situaciones
de éxito. (...) De esta manera vamos adquiriendo lo que Harter llama “motivación de eficacia”, es decir, que la propia
tarea en la que conseguimos el éxito se convierte en una fuente de satisfacción
que nos motivará a seguir realizando otras tareas, con lo que aumentará nuestra
probabilidad de volver a tener éxito en el futuro»
[33]
.
El elogio obra maravillas. Pero conviene que se refiera a cosas
concretas más que a cosas generales. En lugar de decir: «eres muy valiente», es
mejor decir: «me ha gustado verte subir a la bicicleta después de haberte
caído»
[34]
.
«Todo el arte de
Pero no
atribuirle epítetos peyorativos.
«Si a un niño, desde su tierna infancia se le dice
que es un inútil, que jamás hace algo bien y que nunca jamás llegará a nada,
sin duda que éste al ser adulto llegará a ser inevitablemente eso mismo, un
“Don nadie”, y hasta posiblemente un delincuente, ya que todas aquellas
frases han sido grabadas y programadas en su subconsciente; y su actuar será
siempre de la misma manera»
[36]
.
«Los padres tenemos que ser portadores de
referencias. (...) Una consecuencia de la libertad es que el hombre tiene que
elegir. Tiene que tomar decisiones. Los animales no eligen, no toman
decisiones, se dejan llevar por sus instintos necesariamente. Pero el hombre,
no. Cuando se deja llevar por sus instintos es porque el hombre quiere. Aunque
los instintos sean fuertes, más lo es la libertad. Elegir es una consecuencia
de la libertad. Cuando elegimos podemos equivocarnos. Y esto produce
inseguridad. (...) Por eso es muy importante la educación de la libertad.
Porque tenemos libertad para elegir lo que se debe hacer o lo que apetece.
(...) La falta de referencias hacen al hombre inseguro. (...) Y la inseguridad
lleva a la inmadurez. (...)Los padres debemos ser portadores de referencias, es
decir, portadores de seguridad»
[37]
.
Una de las cosas peores que puede hacer un padre con
sus hijos es dejarlos que se hagan caprichosos
y testarudos.
Es de la máxima importancia en la educación de los
hijos la formación de la voluntad. La voluntad se fortalece enseñándola a
renunciar. A esto hay que empezar de pequeño. Que empiece a renunciar a gustos,
caprichos, comodidades, etc., en bien del prójimo.
Por ejemplo: que reparta entre hermanos y amigos la
caja de bombones que le han regalado, que se levante de la silla para echar el
papel del caramelo en la papelera, que ceda el sillón a una persona mayor, que
deje un juego ruidoso porque a la abuelita le duele la cabeza, etc., etc. Hay
multitud de renuncias y privaciones de alto poder formativo.
La sonrisa de un hijo proporciona a los padres tanto
placer que se hace durísimo contrariar al niño. Por otra parte, hay corazones
de padres que no pueden resistir el oír llorar a sus hijos.
Sin embargo,
han de saber que por no querer contrariarlos hoy y darles esos caprichos, los
están preparando para grandes disgustos en la vida, porque las cosas no siempre
van a salir a sus deseos.
Es una equivocación decir: «Déjale hacer. Pobrecito.
Ya tendrá tiempo de sufrir». Todo lo contrario. El niño mimado sufrirá el doble
que el que se ha acostumbrado a renunciar con naturalidad. ¡En la vida hay que
renunciar por fuerza tantas veces!. Es menester acostumbrar al niño, desde
pequeño, a portarse bien en todas partes, espontáneamente y por propia
iniciativa, aunque nadie lo vigile ni le castigue. Hay que saber apartarlos del
mal y orientarlos al bien, de modo que ellos mismos estimen la virtud y el
deber, y lo abracen voluntariamente. Es muy importante en la educación de los
niños saber proporcionarles placeres lícitos con alegría, y que sepan renunciar
a lo ilícito sin angustia. Es imposible que los niños tengan siempre lo que desean.
Hay que acostumbrar a los niños a que acepten estas frustraciones con
naturalidad, pues la vida está llena de frustraciones. «El joven que se
acostumbra desde niño a hacer su voluntad es un inútil para la vida. Porque la
vida es un tejido de deberes desagradables, y el que desde niño no se
acostumbra a cumplirlos severamente, sino que obra a impulsos de sus gustos,
caprichos y pasiones, se hace víctima de su propia voluntad al llegar a la edad
madura»
[38]
.
Dijo Montaigne que la mayor libertad es la de dominarse a sí mismo
[39]
.
Dice el gran educador Stuart Mill: «Quien nunca se ha privado de algo permitido, no sabrá
privarse de lo prohibido»
[40]
.
La voluntad es la facultad de la persona humana por
la cual el individuo cumple lo que se ha propuesto sin dejarse llevar por lo
que le gusta o disgusta. Es muy importante para ser una persona de carácter. Es
lo que hace al hombre «más hombre».
Para lograr el dominio de la voluntad es necesario
entrenarse, como en el deporte. Hay que adquirir un hábito por la repetición de
actos realizados con una motivación de superación personal.
El entrenamiento debe empezar por cosas
relativamente fáciles.
La constancia engendra el hábito. Los actos
repetidos fortalecen la voluntad.
Un agota de agua que cae sobre la mano, ni se nota.
Pero si cae continuamente, termina por horadar la
piedra.
Ya lo dijo Ovidio: Gutta cavat petram, son semel, sed saepe cadendo: La gota de agua
horada la piedra si cae, no una sola vez, sino constantemente.
Un niño mimado no es aquel por quien se hace
demasiado. Nunca se hace demasiado por un niño. Niño mimado es aquel a quien
nunca se le ha exigido, aquel a quien no se le ha enseñado a devolver en
proporción a lo recibido. Condescender a los caprichos del niño es hacer de él
un pequeño tirano. «No hay manera más segura de labrar la desgracia de un hijo
que darle todos los caprichos»
[41]
.
Formar la voluntad exige hacer renuncias: «Nadie
puede hacer estatuas sin rechazar piedra»
[42]
.
La idea lleva al acto. La repetición de actos crea
el hábito.
El hábito se fortalece con la motivación.
La motivación hay que caldearla con los afectos,
sentimientos y emociones.
Dijo Williams
James: «Siembra una acción y recogerás un hábito. Siembra un hábito y
recogerás un carácter. Siembra un carácter y recogerás un destino»
[43]
.
Dice el psico-pedagogo Bernabé Tierno:
«Sin los hábitos voluntarios, queridos libremente
tras múltiples esfuerzos, no llegaremos a alcanzar la seguridad y la rapidez no
sólo en la ejecución sino en las decisiones. Nuestra voluntad es poderosa gracias
a los hábitos por los cuales ejecutamos, casi automáticamente, aquello que
hemos querido y decidido previamente. Desarrollar la voluntad consiste en
contraer hábitos de querer; pero no hay hábitos de querer, no hay voluntad, no
hay éxito posible sin esfuerzo. (...) Ese esfuerzo inicial por algo que nos
conviene, que es necesario, aunque no nos guste, constituye la fase más costosa
y ardua de la formación de la voluntad, que no es otra cosa que la repetición
de actos positivos sin escatimar esfuerzos. (...) Concedo una especial
importancia a la formación de la voluntad constituyente, es decir, a una
educación y entrenamiento del ser humano en el esfuerzo, en la capacidad de
elegir todo aquello que le conviene, que es necesario y bueno para el desarrollo
integral de su personalidad, aunque no le guste, aunque ello le suponga
denodado esfuerzo y sacrificios. No hay otro camino»
[44]
.
«El objeto de la educación es fortalecer la voluntad
humana. (...) Educar es hacer que el educando quiera, libre y habitualmente,
cumplir con su deber»
[45]
. Y esto
se consigue con la acción. Para aprender un idioma hay que practicarlo. Para
aprender a hacer zapatos hay que hacerlos: no basta leer un libro de cómo se
hacen.
Educar, formar a un niño, es hacerle obedecer,
ayudarle a superarse, enseñarle a amar, a querer lo que no quiere, lo que no
ama, lo que no hace espontáneamente, pero que le servirá...
Se ha definido al educador como quien presta
voluntad. Dejado a sí mismo, el niño queda esclavizado a sus instintos y
caprichos.
La intervención de la voluntad fuerte del educador
le libera...
Ese pequeño ser tan encantador y tan débil,
hacia el que nuestro amor y nuestra compasión se desbordan, es terriblemente
egoísta y codicioso. Hay que enderezarlo, moldearlo, humanizarlo. No hay
rectitud moral en la vida si no se obedece a los principios, a pesar de las
tentaciones y los caprichos.
«Además, no hay verdadero placer, incluso para el
niño, en las cosas obtenidas sin esfuerzo. En todos los terrenos hay que pagar
con horas de penosa ascensión la alegría de contemplar un hermoso panorama.
»La resistencia vencida produce su goce. Hay que dar
al niño la experiencia y el gusto de estas ásperas y profundas alegrías que
brotan de la dificultad vencida»
[46]
.
Y desde luego, jamás permitas una desobediencia.
Antes de dar una orden, piensa si es conveniente. No mandes muchas cosas
seguidas; y nunca, contradictorias.
El padre y la madre deben estar siempre de acuerdo
en cuanto a órdenes y castigos. Nunca deben contradecirse.
Y las órdenes, que sean claras, que el niño las
entienda. Y bien descritas en sus detalles: plazo de tiempo en que debe
realizarse, resultado que se pretende, etc.
Por ejemplo: «Recoge el cuarto de baño después de
ducharte». Aclarar que se entiende al terminar de ducharse, no a media noche;
todo limpio, no basta recoger la ropa sucia, etc. No mandarles demasiadas
cosas. Ni prohibirles tonterías.
Dijo el doctor psico-pedagogo Luis Riesgo en una conferencia a la que
asistí en el Casino Gaditano de Cádiz, el 15 de Noviembre de 1995: «No hacer
montañas de las colinas. Ser transigentes en pequeñeces. En toda pedagogía
familiar vale más ganar una batalla importante que cien escaramuzas sin
importancia».
Procura no mandar cosas demasiado difíciles. Pero
dada la orden, que sea ejecutada por encima de todo. Si el niño logra imponer
su voluntad una vez, no lo olvidará, y siempre intentará conseguirlo de nuevo.
«El niño debe saber que hay ocasiones en las que son inútiles los llantos y los
gritos»
[47]
.
Y tú, por tu parte, cumple también la recompensa o
los castigos a que te hayas comprometido. Son desorientadores para los niños y
fatales en la educación, esos padres que mandan, amenazan y prometen muchas
cosas; pero después nada de eso llega a la realidad, sin razón alguna
[48]
: «El
castigo anunciado no debe suprimirse sin causa»
[49]
. Pero
hay que tener cuidado de que el castigo no corresponda a nuestro mal humor,
sino a la gravedad de la falta y a la responsabilidad del niño. Reconocida la
culpa por el niño, y aceptado el castigo, es muy pedagógico disminuir éste con
la promesa de enmienda.
- Educar es aceptar que cada hijo tiene su modo de
ser, y permitirle ser «él mismo».
- Educar es reforzar y alentar todo lo bueno que
tenga el educando.
- Educar es procurar el bien del educando con
autoridad y firmeza, pero sin violencia y con ternura.
- Educar es inculcar los valores que pretendemos,
por medio del ejemplo
[50]
.
«Educar es acompañar a alguien para que vaya sacando
lo mejor que lleva dentro.
»Es desarrollar las facultades que están soterradas
en el fondo de la personalidad, y que necesitan de la ayuda del maestro para
aflorar. (...) No hay educación sin disciplina. (...) Ser libres es liberarse
de las cargas negativas que uno tiene y potenciar las positivas»
[51]
.
No es lo mismo hacer las
cosas mal que ser malo. Aunque si no se corrigen, ése puede ser el final. Por
eso no decirle al niño: “eres malo”, “eres un inútil”, “eres un vago”, etc,
porque eso le empuja a ser lo que le decís. Es mejor decirle: ”eso que has
hecho está mal; no lo repitas”.
La corrección
del niño debe comenzar cuando es pequeño.
Las plantas tiernas son más fáciles de enderezar.
No dejes que nadie, delante de los niños pequeños,
alabe lo malo y se ría de lo bueno.
Tampoco toleres que les enseñen a decir picardías.
Por lo mismo, pon mucho cuidado en que los niños
pequeños no presencien nada en la casa que pueda enseñarles el mal. Los niños
son grandes imitadores: hay que tener mucho cuidado de todo lo que se dice y se
hace en su presencia.
Ten también cuidado de que en tu casa no haya
cuadros o calendarios deshonestos, ni libros ni revistas peligrosos. Preocúpate
de inculcarles desde pequeños el amor a la pureza, a la veracidad, honradez,
servicio del prójimo, respeto a la autoridad, etc.
Nada persuade tanto a practicar el bien como el buen
ejemplo. «No se enseña ni lo que se sabe ni lo que se dice, sino lo que se
hace» (Jaurés). Las palabras mueven,
pero los ejemplos arrastran. Son los hechos los que cuentan, no las palabras.
Las palabras son contraproducentes cuando son
desmentidas por los hechos.
Los ejemplos educan más que las palabras.
El niño necesita modelos de comportamiento claros,
fuertes y permanentes.
Si los modelos son defectuosos, cambiantes y
débiles, no sabrá lo que hay que hacer en cada momento.
«Los padres son las primeras figuras en que ponen
los ojos los niños, y cualquier cosa que hagan y defiendan servirá de base para
el desarrollo del sistema de valores del niño. (...)
»Es triste ver la anarquía que reina en el ámbito de
los valores de muchos padres.
»La buena educación, si de veras ha de merecer este
nombre, entraña instrucción de palabra y de obra, con el establecimiento de una
jerarquía de valores.
»Es imposible formar la voluntad de un niño si no se
forma su sentido de los valores»
[52]
.
Pero además de darles buen ejemplo, hay que
hacerles actuar.
El secreto de aprender está en el hacer.
«Exigir a los hijos que hagan lo que es necesario
hacer, lo que deben y pueden hacer según su edad; sin permitirles concesiones.
(...).
»Eso es amarles y educarles para la vida.
»Tenerlo todo, no haber tenido que esforzarse por
nada,(...) es una tremenda desgracia»
[53]
.
Es muy importante lo que los niños ven en casa:
rezar al acostarse y al salir a la carretera, es más importante la misa que la
playa, privarse de la telebasura, reanudar el saludo a quien no se ha portado
bien con nosotros, censurar los malos ejemplos de las personas que salen en
televisión, etc.
«Lo que verdaderamente educa es el ejemplo de una
vida coherente, y la autoridad apoyada en razones.
»No el autoritarismo violento. La incidencia de la
figura paterna ha sido estudiada por Alinear
Glueck comparando quinientos muchachos delincuentes con otros quinientos
que no lo son. La investigación demuestra que la mayoría de los muchachos
delincuentes han dependido en su educación de padres con actitudes extremas de
severidad o de permisividad; mientras que los muchachos que presentan una
conducta normal pertenecen en su mayoría a padres que han sabido aplicar una
disciplina firme pero serena y dialogante»
[54]
.
Para los hijos, tan malo es una autoridad dura y
rigurosa, como la falta de autoridad.
El dejar que los niños hagan lo que quieran es muy
cómodo para los padres, pero funesto para ellos. El niño necesita autoridad que
le libere de su sentimiento de inseguridad. El adolescente necesita guía.
«Incluso se da el caso del muchacho que adopta
una actitud provocativa ante su padre, actitud que en el fondo no tiene otro
objeto que el de forzarle -inconscientemente por supuesto- a que ocupe su
verdadero papel de jefe de familia. Busca la autoridad que tanto precisa, y que
es la base de su sentimiento de seguridad»
[55]
.
«Un error contrario al autoritarismo es el abandono
en el ejercicio de la autoridad con los hijos.
»Ante las continuas desobediencias y rebeldías, la
solución más cómoda es dejar que el niño haga lo que le apetezca.
»Pero esto no es lo más educativo. Con esto no se le
está haciendo ningún favor.
»Al contrario, se le está dejando desprotegido. El
niño se queda a merced de sus antojos, sin las referencias del adulto, que le
son imprescindibles. (...)
»Día a día podemos comprobar cómo estos niños y
niñas que han crecido sin la necesaria autoridad de sus padres son personas sin
criterios de conducta, con un enorme desconocimiento de lo que debe hacerse y
debe evitarse; incapaces de cualquier tarea que no les apetezca y que suponga
un esfuerzo sostenido. (...)
»De aquí nace una moral hedonista, que entiende como
bueno solamente lo que le apetece. (...)
»Moverse guiado por las apetencias rebaja la
condición humana a la condición de animal.
»Un animal se conduce guiado por sus instintos.
»Pero una persona debe conducirse por su
inteligencia y por su voluntad. El motor principal del hombre es la voluntad,
de la que el animal carece. (...) Las personas necesitan un patrón de conducta
y no dejarnos llevar por los intereses ajenos: sólo los peces muertos siguen la
corriente del río»
[56]
.
La disciplina es el adiestramiento del niño.
Los estudios realizados sobre los trastornos de la
conducta de la juventud han demostrado que un niño educado sin disciplina
no es capaz de controlarse cuando sea
mayor.
Charles
Manson, asesino de familias enteras, cuando era niño hacía siempre
su voluntad. Al cabo de los años, ya hemos visto las consecuencias
[57]
.
Hubo un tiempo que en la educación se abusó del
autoritarismo y de aquello de que «la letra con sangre entra».
Pero hoy, con un movimiento pendular, se ha pasado a
una inhibición de los educadores y a dejar a los niños que sean buenos espontáneamente
y encuentren la verdad por sí solos; lo cual es utópico.
Antes se abusó de la enseñanza memorística
(recordemos la lista de los reyes godos), pero hoy se elimina la memoria de la
enseñanza, lo cual es funesto, pues la memoria es una potencia humana necesaria
en la vida. Al niño hay que educarle, desde pequeño, en la autodisciplina, la
responsabilidad, el cumplimiento del deber y el respeto a la autoridad.
El célebre psico-pedagogo Dr. Bernabé Tierno, dice:
«No seré yo quien pretenda generalizar y meter en el
mismo saco a todos los jóvenes.
»Pero nadie me negará que cada vez abunda más el
joven insolente, comodón, que ni estudia ni trabaja, y tiene atemorizados a sus
padres. ¿Qué está pasando?
»Son muchos los factores que deberíamos tener en
cuenta; pero me fijaré sólo en uno: la dejación de autoridad en la familia y en
la escuela, y la falta de educación en el esfuerzo.
»Los adolescentes y jóvenes de las últimas
generaciones sólo han pedido cosas, nunca les ha faltado nada.
»Han descubierto que sus padres se lo dan todo, y
les solucionan sus problemas; así que no tienen que esforzarse ni superarse.
»Desde bien pequeños siguen la ley del mínimo
esfuerzo, y de hacer sólo lo que les gusta. »Como estudiar, ser ordenado, ser
responsable exige esfuerzo, no les gusta; y se limitan a encerrarse en una
actitud desafiante e insultante contra sus padres si pretenden exigirles
responsabilidad y esfuerzo. »Estamos cosechando el resultado de la falta de
exigencia, normas, autoridad, autodisciplina, y de una firme convicción de
padres y educadores en educar para la vida.
»Jóvenes que con más de veinte años menosprecian,
maltratan y atemorizan a sus padres, no tienen otro tratamiento que éste:
“Hijo, ya eres mayor de edad. Hemos hecho por ti lo que hemos podido.
»Ha llegado el momento de que tú te busques la vida.
Eres muy libre de destrozar la vida que te dimos. Pero no permitiremos que tú
destroces la nuestra”»
[58]
.
El niño necesita que le digan lo que es bueno y lo
que es malo, y que le ayuden a ir por el camino del bien.
La juventud necesita dirección en sus deseos de
aprender. Este deseo es propio de la juventud. Quien ha perdido el deseo de
aprender es porque ha empezado a ser viejo.
Tener en cuenta que el niño pequeño no puede
comprender la ironía.
Entiende las cosas literalmente, tal como se dicen.
Una broma inocente para un adulto, puede hacer daño
a un niño. Unos padres que se mofan de lo que el niño toma en serio, pueden, en
su equivocación, perder la confianza de su hijo.
«Uno de los peores errores en que pueden incurrir
los padres es en el de hacer comparaciones. Sólo conseguirás que tu hijo
aborrezca a aquel con quien lo comparas, y te lo tome a mal»
[59]
.
Según la frase de María Montessori, la célebre doctora italiana de fama mundial, «el
niño debe ser respetado y no utilizado como un juguete que nos divierte con sus
gestos, balbuceos y gracias, provocándole a repetirlas de modo abusivo, y
a veces intempestivo, pensando sólo en nuestra satisfacción. Al niño hay que
tratarle como él lo necesita. No como a nosotros nos gusta»
[60]
.
Es necesario saber escuchar a los pequeños sus
pequeñas preocupaciones. Así se les prepara el camino de la confianza para
cuando tengan que contar confidencias más importantes.
Hay que dejar a los hijos siempre un campo de autonomía.
No olvidar que el niño necesita autoafirmarse.
Diez consejos para educar bien a los hijos:
1) Trata con igual cariño a todos tus hijos.
2) No les mientas nunca.
3) Contesta con claridad a todas sus preguntas.
4) Utiliza la amistad más que la autoridad.
5) No les regañes en público.
6) Atiende más a lo bueno que hace que a lo malo.
7) Si hace algo mal, no lo disimules.
8) Si hace algo bien, apruébaselo.
9) Ten paciencia si no se corrige a la primera.
10) Procura enseñarle más con tu ejemplo que con tus
palabras.
[1]
Hechos de los Apóstoles, 5:29
[2]
SAN PABLO: Carta a los Colosenses, 3:20s.
[3]
Libro del Eclesiástico, 3: 3s, 16
[4]
Evangelio de San Lucas, 14:26
[5]
ANTONIO ROYO
MARÍN, O.P.: Teología Moral para
seglares,1º, 2ª, III, nº847. Ed. BAC.
[6]
BALTASAR PÉREZ ARGOS, S.I.: Política básica, 1ª, III, 2. Ed. Fe Católica. Madrid.
[7]
FEDERICO SUÁREZ:
[8]
Nuevo
Catecismo de
[9]
Nuevo
Catecismo de
[10]
Libro del Eclesiástico, 7:30
[11]
EDMUNDO J. ELBERT: Problemas
actuales de psicología, XII,1. Ed. Sal Terrae. Santander.
[12]
Nuevo
Catecismo de
[13]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares,1º,2ª, III, nº837-843. Ed. BAC.
[14]
Nuevo
Catecismo de
[15]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº.837. Ed. BAC.
[16]
Nuevo
Catecismo de
[17]
DENZINGER: Magisterio de
[18]
Concilio Vaticano II: Inter
mirifica: Decreto sobre los medios de comunicación social, nº 10.
[19]
JACQUES LECLERCQ: La familia, I, 2. Ed. Herder. Barcelona.
1961.
[20]
ANTONIO TAPIES: Nuestra salvación, 1ª, I, 23. Ed. Claret. Barcelona, 1987.
[21]
Nuevo
Catecismo de
[22]
ALFONSO AGUILÓ: INTERNET, www.vidadefamilia.org
[23]
ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº840, 2º. Ed. BAC.
[24]
ÁNGEL AYALA, S.I.: Formación
de selectos, I,3, 7. Ed. Atenas. Madrid.
[25]
JOSÉ MARÍA CARRASCAL en el ABC de Madrid del 12-VIII-97,
pg. 16.
[26]
FOERSTER: Temas
capitales de educación, XIV, 1. Ed. Herder. Barcelona.
[27]
ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.:Teología Moral para Seglares,1º, 2ª, III, nº 840, 3º, f. Ed. BAC.
[28]
VICTOR GARCÍA HOZ en la revista TELVA.
[29]
J. HOFFER,
S.M.: Pedagogía Marianista, 2, III, 4. Ed. S.M.
Madrid.
[30]
SCHNEIDER: Educación católica de la familia, IX. Ed. Labor. Barcelona.
[31]
FOERSTER: Temas
capitales de educación, XIII, 2. Ed. Herder. Barcelona.
[32]
LUIS FERNANDO INTRIAGO: lintriag@impsat.net.ec
[33]
BERNABÉ TIERNO: Valores
humanos, 4º, XI, 3. Ed. Taller de Editores. Madrid. 1998.
[34]
JOYCE BROTHERS: Revista Selecciones 688 (III-98)36.
[35]
Dr. ALFONSO ÁLVAREZ VILLAR : Diario YA del
20-IV-66.
[36]
"Lic. GRACIELA E. PREPELITCHI" gprepe@fibertel.com.ar
[37]
JOSÉ Mª CONTRERAS:Pequeños
secretos de la vida en común,VII,1. Ed.Planeta+Testimonio
[38]
ÁNGEL AYALA , S.I.: Formación de selectos, VIII, 6. Ed. Atenas. Madrid.
[39]
ÁNGEL MÉNDEZ: Dirección
espiritual, 1º, pg. 229. Pedraza 3. 27569. Monterroso. Lugo.
[40]
ALEJANDRO ROLDÁN, S.I.: El carácter, VI, 2,
[41]
Dr. BERNABÉ TIERNO, Psico-pedagogo: Revista EL SEMANAL,
420, (12-XI-95) 120.
[42]
CHESTERTON: El
hombre eterno, 2ª, V. Ed LEA. Buenos Aires. 1987.
[43]
Citado por BERNABÉ TIERNO en Valores humanos III. Pág.5. Taller de editores. Madrid.
[44]
BERNABÉ TIERNO: Valores
humanos, III. ESFUERZO. Ed. Taller de ediciones. Madrid.
[45]
ÁNGEL AYALA, S.I. Formación de selectos, I, 3, 8. Ed. Atenas . Madrid.
[46] P.J. HOFFER, S.M.: Pedagogía marianista, 2ª, II, 2, 4. Ed. S.M. Madrid.
[47]
ISAMBERT: Tu hijo
crece, nº 56. Ed. Daimón. Barcelona.
[48]
ANTONIO GARCÍA FIGAR, O.P.: Matrimonio y familia, XV, 3. Ed. FAX. Madrid.
[49]
ISAMBERT: Tu hijo
crece, nº 57. Ed. Daimón. Barcelona.
[50]
Dr. BERNABÉ TIERNO: Revista EL SEMANAL, 13-III-94.Pg. 74.
[51]
Dr. ENRIQUE ROJAS: Revista BLANCO Y NEGRO, 4111
(12-IV-98) Pg.87.
[52]
BERNHARD
HÄRING: SHALOM, Paz, XV, 2. Ed. Herder.
Barcelona. 1998.
[53]
Dr. BERNABÉ TIERNO: Revista EL SEMANAL, 10-XII-95,
pg.110.
[54]
BERNABÉ TIERNO: Revista FAMILIA CRISTIANA, nº 9
(IX, 1992) pg. 15.
[55]
Dr. LUIS RIESGO: Diario Hoy de Badajoz del 29-IV-77.
[56]
Mª T. AYUSO:Revista El
taller del orfebre, 12 (IV-2000) 24. Talavera de
[57]
MARABEL MORGAN: La
mujer total, XII, 7. Ed. Plaza. Barcelona 1976.
[58]
Revista EL SEMANAL, 23-VII-2000, pg.76.
[59]
MARABEL MORGAN: La
mujer total, XII, 2. Ed. Plaza. Barcelona, 1976.
[60]
ISAMBERT: Tu hijo
crece, 1ª, III, 1. Ed.
Daimón.
|