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68.- EL SEXTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS.
«El
sexto precepto del Decálogo protege el amor humano y señala el camino recto
para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando de
la facultad de engendrar que ha recibido de Dios»
[2]
«Hay dos actitudes erróneas hacia el sexo. Las dos bastante
comunes. Una es la del moderno hedonista, de aquel cuya máxima aspiración es la
vida del placer. El hedonista ve la capacidad sexual como una posesión
personal, de la que no hay que rendir cuentas a nadie. Para él (o ella), el
propósito de los órganos genitales es su personal satisfacción y su
gratificación física, y nada más. Esta actitud es la del soltero calavera o de
la soltera de fácil «ligue» que tienen amoríos, pero jamás amor. Es también una
actitud que se encuentra con facilidad entre las parejas separadas o
divorciadas, siempre en busca de nuevos mundos de placer que conquistar.
»La
otra actitud errónea es la del pacato, que piensa que todo lo sexual es bajo y
feo, un mal necesario con que la raza humana está manchada»
[3]
.
La
postura intermedia es la acertada: el sexo no es malo, pues lo ha hecho Dios;
pero hay que usarlo según la ley de Dios.
En el
sexto mandamiento se nos pide que seamos puros y castos en palabras y obras; y
tratemos con respeto todo lo relacionado con la sexualidad.
Usamos
la palabra sexualidad en su sentido corriente, aunque de suyo es más extensa
que «genitalidad».
68,2. Las conversaciones y chistes verdes
(deshonestos, inmorales, obscenos) pueden llegar a ser pecado, si se dicen con
mala intención (impura, deshonesta), si contienen una aprobación del mal o una
inclinación a él, o encierran un peligro de consentimiento impuro o de
escándalo y daño para las almas de los otros.
Las
conversaciones obscenas y prolongadas -sobre todo entre los jóvenes- fácilmente
son pecado.
Cuando sea necesario hablar sobre asuntos relacionados con la
sexualidad, hay que hacerlo con respeto y seriedad.
En las
conversaciones deshonestas peca:
a) el
que empieza;
b) el
que no empieza, pero que sigue la corriente con alguna intervención;
c) el
que no participa, pero está escuchando con gusto y buena gana.
Pero el
que oye de mala gana, el que quisiera que se hablara de otra cosa, el que
procura desentenderse del asunto, éste no peca.
Cuando
en un grupo se empieza una conversación indecente, si puedes buenamente,
procura cambiar la conversación. Si no eres el de más categoría, o no tienes
cierto influjo en los demás, el pretender cortar radicalmente puede ser
contraproducente.
Pero si
es posible, retírate, de forma que los demás comprendan que no te gustan esas
conversaciones.
Si te
resulta muy violento marcharte, y no es para ti ocasión próxima de pecado,
puedes quedarte, con tal de que no participes y, si puedes, des a entender de
alguna manera que no te gustan esas conversaciones.
Pero,
desde luego, que nadie pueda suponer que las apruebas.
En
último caso, puedes desinteresarte de lo que se dice, dirigirte a otra persona
del grupo para hacerle una pregunta cualquiera, etc.
El
definir claramente tu postura en este punto te evitará muchos peligros, pues
los demás sabrán que para eso no se puede contar contigo.
Lo
mismo te digo sobre los grabados
inmorales y novelas indecentes. Leer revistas pornográficas
difícilmente dejará de ser pecado, pues no tiene justificación y puede ser un
peligro de aceptación de la lujuria.
Por
supuesto que es pecado leer escritos impuros y deshonestos con el fin de despertar
la sexualidad.
Pero
aunque no tengas esta mala intención al comenzar la lectura, interrumpe ésta,
si no es necesaria, al advertir que despierta la voluptuosidad y provoca
tentaciones.
Si el
libro es de estudio o formativo,entonces no es necesario dejarlo; pero conviene
levantar el corazón a Dios, purificar la intención y rechazar todo
consentimiento.
Leer
novelas obscenas y pornográficas, por el peligro de pecar que supone, casi
nunca dejará de ser pecado.
Hay
también una nube de novelas que, sin ser descaradamente inmorales, fomentan la
morbosidad y halagan la concupiscencia. Su lectura siempre hace daño.
Si te
gusta leer, escoge algunos libros que te interesen de la numerosa colección de
libros formativos.
Y si no
conoces, pregunta a alguna persona competente que pueda orientarte. Al final de
este libro te pongo, en el Apéndice, una lista de libros recomendables por su
valor formativo.
También
debes tener cuidado con las miradas.
A veces
los ojos se van sin querer.
Cuando
caigas en la cuenta de que estás mirando lo que no debes, los retiras a otra
cosa y en paz.
No te
preocupes. Para que una mirada sea pecado es necesario ponerse a mirar detenida
y voluntariamente cosas deshonestas; pues hay obligación de evitar todo
peligro de excitación carnal, a no ser que haya razón proporcionada que lo
justifique.
En
general, te recomiendo que cuando veas cosas inmorales sepas hacer «la vista
gorda», y cuando las oigas, muestra indiferencia con «oídos sordos»..
68,3.
Pero si es cierto que esas miradas involuntarias no deben preocuparte, aunque
te causen perturbaciones orgánicas (que debes despreciar), sin embargo, otra
cosa muy distinta son las excitaciones producidas por esos abrazos..., por esos besos...
Pero, ¿es pecado abrazarse? ¿Es
pecado besarse?
Depende.
El beso
puede ser expresión de un cariño sano y limpio.
Pero
también puede ser un desahogo de pasión y lujuria.
Los
interesados son los que han de distinguir, sabiendo que no se puede buscar ni
admitir la satisfacción sexual fuera del matrimonio
[4]
.
No es
lo mismo un ligero besín que un besazo lascivo que desboca la lujuria y lleva
fácilmente a cosas peores
[5]
.
¿En qué
consiste la diferencia entre un beso que no es pecaminoso y un beso que se
vuelve pecado u ocasión de pecado?
Sencillamente,
en la pasión.
Y la
pasión es un elemento muy fácil de conocer. Uno la siente enseguida, y también
se percibe claramente en la otra persona.
Un beso puede ser un peligro. Un beso
puede ser una ocasión de pecado. Y a veces, una ocasión inmediata.
La
juventud es muy inflamable por naturaleza. Sea tu temperamento el que sea, te
recomiendo que no te entregues a esos besos lascivos, pues con esto das entrada
a la pasión. Y Jesucristo dice que
es pecado desear lo que está prohibido hacer
[6]
.
Y es pecado provocar voluntariamente una excitación sexual.
El beso
en la boca prolongado y ardiente es especialmente excitante, pues va unido al
apetito sexual. Los labios son una zona erógena. La misma policía
norteamericana informa de la facilidad con que la práctica del beso pasional
puede convertirse en unión genital
[7]
.
Una cosa muy distinta es un
beso breve, suave y delicado, expresión de un cariño sano y limpio. Pero ese
otro beso voluptuoso y lascivo que enciende la concupiscencia es inadmisible.
Ese sensual modo de besar que ha difundido el cine, no se puede permitir nada
más que entre quienes han contraído matrimonio. Esos modos de besar suponen
cosas que son derecho exclusivo de casados.
Por
otra parte el beso en la boca, «mojado», es antihigiénico.
Dice Ramón y Cajal: «El beso es para el
científico un simple intercambio de microbios»
[8]
.
Lo
mismo opina el Dr. Alberto Sicilia, Presidente
de la Sociedad Española de Periodoncia
[9]
.
Por lo
visto en la boca de cada persona hay unas trescientas especies de
microorganismos
[10]
,
y con el «beso mojado» éstos pueden pasar de una persona a otra. «A través de
un beso se puede infectar a la pareja de mononucleosis infecciosa, conocida
como «la enfermedad del beso», hepatitis A y salmonelosis»
[11]
.
Según
la revista médica British Medical Journal el “beso mojado” multiplica el contagio de la meningitis. Es un estudio realizado por investigadores de la
Universidad de Londres con ciento cuarenta y cuatro jóvenes que sufren esta
enfermedad
[12]
.
El
doctor San Martín, sexólogo, dijo
por Tele-5, el 21 de Enero de 1997, que la sífilis puede contagiarse a través
de un beso.
«Investigadores estadounidenses de la Universidad de Michigan opinan que la
saliva puede trasmitir la hepatitis C
[13]
.
68,4. Para vencer las tentaciones, ten en cuenta estos seis consejos:
1) No
perder la calma: estar seguros de que todas las tentaciones pueden vencerse con
la gracia de Dios.
2)
Acuérdate de que sólo la voluntad puede pecar y, por lo tanto, mantenla
inflexible.
3)
Encomiéndate a Dios y a la Virgen Inmaculada, que jamás abandonan a los que
acuden a ellos.
4)
Desembarázate de la ocasión, en cuanto puedas.
Si hubo
victoria, da gracias a Dios.
Si
caída, arrepiéntete y aprovecha la lección para otra vez.
5)
Después de cada caída, haz un acto de contrición, confiésate enseguida y además
ofrece en reparación una mortificación que te cueste.
6) No vuelvas a pensar más en
la tentación; ocúpate de algo
[14]
.
Para tu
tranquilidad has de saber que dice San
Pablo que Dios jamás permitirá que seamos tentados por encima de nuestras
fuerzas
[15]
.
Dice San Agustín
[16]
y el Concilio de Trento lo repite que «Dios no pide a
nadie cosas imposibles, sino que hagas lo que puedas, y pidas lo que no puedas;
que Él te ayudará para que puedas»
[17]
.
Después
de una tentación pueden ocurrir tres cosas:
1)
Victoria clara, porque la rechazaste totalmente en cuanto caíste en la cuenta
de la tentación: dale gracias a Dios que te ha ayudado a vencer.
2)
Derrota clara, porque te dejaste llevar conscientemente: arrepiéntete,
humíllate ante Dios, y pídele que te ayude a vencer en otra ocasión; haz un
acto de contrición y propón confesarte pronto.
3) Duda
de si consentiste o no consentiste. No estás seguro si resististe completamente
a la tentación. En este caso expón al confesor sencillamente tu duda, por
ejemplo, diciéndole: «he tenido malos pensamientos y malos deseos contra la
pureza, y no sé si los he rechazado suficientemente».
No te
contentes con dejar la confesión para después de la caída. La confesión también
tiene un valor preventivo,
porque aumenta la gracia en virtud del sacramento y fortalece la
voluntad.
Cuando
presientas una posible caída, confiésate aunque no tengas pecados graves. Y si,
además, puedes comulgar, todavía mucho mejor.
Para
dominar el cuerpo es muy conveniente la
mortificación. Es una práctica común de todos los santos. Un cuerpo
mortificado es mucho más dócil.
El ser
mortificado fortalece la voluntad y enriquece espiritualmente.
He aquí
algunos modos de mortificarse:
- No
hacer gastos inútiles.
- Ser
puntual para no hacer esperar a los demás.
-
Escoger los peores sitios en las reuniones.
- Dejar
hablar a los demás cuando estás deseando intervenir.
- No
discutir aunque se tenga razón, si la cosa no es importante.
- No
enfadarnos, si no es necesario.
-
Sonreír amablemente aunque no se tengan ganas.
-
Disponibilidad en los servicios comunes.
-
Escoger para sí mismo lo peor, cuando esto sea posible.
-
Evitar ruidos que molestan a los demás.
-
Cuidar el aseo personal evitando malos olores.
-
Terminar bien lo que se está haciendo aunque esté cansado.
- Etc.,
etc., etc.
Es necesario luchar mucho para permanecer puros. A las
malas inclinaciones de nuestra pasión, se une la inmoralidad que se ve en la
calle y en el cine.
68,5. El cine, en sí mismo, no es malo. Es un
vehículo de cultura, un transmisor de ideas. Es un arte que, si se utiliza
rectamente, puede servir para dar gloria a Dios.
Pero
desgraciadamente, hasta ahora, se ha empleado más para hacer el mal que para
hacer el bien.
El
Episcopado italiano publicó una Declaración sobre la situación moral del cine
en la que decía: «Salvo laudables excepciones, que merecen nuestra
consideración y aliento, la mayor parte de la producción cinematográfica
italiana ha ido constantemente hacia un progresivo y desenfrenado deterioro
moral»
[18]
.
Por eso
te aconsejo que no te aficiones demasiado al cine.
El cine
tiene una tremenda fuerza persuasiva.
Anula la personalidad, arrastra, emboba, hipnotiza. Nos identifica con el
protagonista y nos proyecta su psicología, su modo de ser, su ejemplo.
Es un
arma psicológica fenomenal. Y cuanto más potente es un arma tanto más peligroso
es su mal uso.
El cine
tiene serios peligros.
El
primero, aunque menos grave que el segundo, es su exhibicionismo sexual. El
daño depende, naturalmente, de las circunstancias.
No es
lo mismo en los fríos espectadores nórdicos que en los ardientes meridionales.
No es
lo mismo el dominio de una persona culta que la reacción gamberra del
populacho.
No es
lo mismo la serenidad de la madurez que la excitabilidad de la juventud. Pero no
seamos ingenuos cerrando los ojos ante este peligro real.
Peligro
que no sólo existe mientras dura la proyección de la cinta. La imaginación
seguirá después trabajando con las imágenes que se le quedaron grabadas, y es
muy fácil que se produzcan después tentaciones desagradables. Pensemos, por
ejemplo, lo frecuente que son las películas que proyectan escenas de amor en la
cama (y no precisamente entre esposos).
Pero el peor daño del cine es por la fuerza
con que transmite las ideas.
El
lenguaje de la imagen tiene un gran valor emotivo que conquista de modo casi
invencible y cambia poco a poco el fondo del psiquismo, aun contra la propia
voluntad, que no advierte lo que sucede dentro de sí
[19]
.
Por
ejemplo: una película me presenta un marido que no se entiende con su mujer,
por incompatibilidad de caracteres. En cambio se ha enamorado locamente de su
secretaria que es de enormes cualidades, y le corresponde en su amor. Pero no
pueden casarse porque son católicos. Instintivamente nos apena que la Iglesia se
oponga a ese matrimonio. En ese momento no se advierten los males que se
seguirían a la familia, en general, de permitir el divorcio. Instintivamente
aprobamos el adulterio de dos personas que nos han ganado el corazón. De esta
manera se nos va cambiando la mentalidad sin casi advertirlo.
El cine
enfoca y resuelve muchos problemas humanos al margen de Dios, como si no
existiera una Ley Divina y un destino sobrenatural del hombre.
Son
películas que están hechas con un criterio que no tiene, generalmente, nada de
cristiano, y a fuerza de verlas, va uno cambiando, sin darse cuenta, su modo de
pensar cristiano para pensar como los del cine. Son una lima para un espíritu
cristiano. Tú no lo notas, pero siempre se llevan algo.
Una
conducta inmoral interpretada por una artista agradable nos inclina a la
justificación. Con esto empieza a evolucionar nuestro criterio cristiano, y al
fin, arrastrado por el ejemplo del cine, se termina poniendo por obra lo que
tantas veces se vio en la pantalla con fuerza seductora.
Como
estas ideas están expuestas de un modo agradable y simpático, las admitimos con
facilidad.
Tenemos
que filtrar estas ideas y rechazar todo lo que no esté de acuerdo con nuestras
ideas cristianas.
«Los
pueblos no mueren porque se les combata o conquiste, sino porque se les
corrompe».
Pues el
cine está teniendo la virtud trágica de corromper hasta la conciencia de
nuestro pueblo.
Muchos
españoles de hoy ya no piensan en español, ni en cristiano, sobre problemas tan
capitales como son la familia y el amor.
A
fuerza de ver en el cine cosas que están mal, aunque al principio nos repelen y
las censuramos, poco a poco nos vamos acostumbrando, y es posible que, si se
nos presenta la ocasión, hagamos también nosotros lo que antes nos hubiera
horrorizado.
Conozco
a un matrimonio que a los cuatro años de casados vivían inmensamente felices
con un auténtico cariño mutuo y gozando de la alegría de dos hijos como dos
soles. Un día la mujer, influenciada por la ligereza y frivolidad con que se
ven en el cine escenas de adulterio, aprovechando un viaje de su marido, no le
importó correr una aventurilla ( ¡qué tiene de particular!: es la frase con la
que queremos justificarlo todo), y se acostó con otro hombre. Y como todo lo
que se hace termina por saberse, un día su marido se enteró. Fue tal la
tragedia que se armó que nunca, en su vida, aquellas dos personas pasaron días
peores. El marido me decía: «Si es verdad que me quería, ¿cómo ha podido
hacerme eso? Es que no me quería. Todo lo que me decía era mentira. No puedo
volver a hacer el amor con ella. Se me pone delante que me está engañando. ¡No
puedo seguir con ella!» Y lloraba de desesperación, de rabia y de pena. Y ella
también lloraba de arrepentimiento, al ver que por un capricho frívolo había
hundido la felicidad de su hogar.
En
materia de amor, el cine hace daño tanto a las personas casadas como a las
solteras.
El cine
hace daño a los casados porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más
natural, y casi inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de
casados. ¡Y esto no puede ser! Toda expansión amorosa extramatrimonial de un
casado, es adúltera. Con la gracia de Dios se pueden superar todos los
conflictos amorosos que se presenten al corazón.
El daño
que el cine hace a las personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una
enorme facilidad para llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados.
Además,
porque muchísimas veces presenta como motivo suficiente para el matrimonio el
atractivo corporal, ¡y eso es mentira! Este atractivo es un factor, pero él
sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben precisamente a que se
basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron otros valores
de mayor importancia.
Aparte
del daño que el cine hace, con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le
hace otro daño también grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a
imitar los modales, las actitudes y conducta de las artistas que se presentan
como mujeres deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo
de resultar ellas mismas también atractivas.
Al
principio, las cosas que chocan con la moral se rechazan, pero a fuerza de
verlas en la pantalla se les va quitando importancia y acaban por asimilarse.
El cine
ha hecho muchísimo daño a las chicas enseñándolas modales insinuantes y
provocativos, a mirar con descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser
condescendientes en aventuras amorosas. ¡Cuántas chicas adoptan en público y en
privado, posturas y actitudes atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el
cine, dándose cuenta o sin darse cuenta del todo! ¡Cuántas chicas se han hecho
unas frescas por lo que vieron en el cine! ¡Cuántas chicas cayeron más hondo de
lo que jamás sospecharon por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el
cine!
Algunas
chicas, influenciadas por el ambiente erotizado, son fáciles en llegar a todo,
sin pensar en las consecuencias, pues en las películas lo ven continuamente y
nunca pasa nada. Pero en la vida real, sí. La vida real no es el cine. ¡Cuántas
solteras embarazadas, después se lamentan de lo que hicieron! ¡Pero ya es
tarde!
«Hay
películas que, de hecho, son para muchos una verdadera escuela de vicio. Al
exhibir ante la juventud escenas de besos prolongados y lascivos se les incita
a hacer otro tanto, haciéndoles creer que tales acciones son la señal necesaria
del amor, y afianzándoles en la convicción de que eso se puede hacer, pues
tantos otros lo hacen. Así se mata poco a poco en las almas el sentido del
pudor y de la pureza»
[20]
.
Muchas
películas tratan de una chica que se lía con un casado, una prostituta que
seduce a un jovenzuelo, una mujer que engaña a su marido, etc., etc. Siempre a
base de pecados sexuales. ¿Cuándo veremos películas que exalten las virtudes de
un buen padre de familia, de una madre honrada y de una chica decente? Hacer
esto es mucho más difícil. Aquello es mucho más fácil. Por eso abundan las
películas a base de los bajos fondos de la vida.
Las
películas tienen enorme poder seductor. “Esas imágenes tienen mucha fuerza
plástica, se quedan impresas y salen cuando menos s espera”
[21]
.
Hay que combatir las películas
que inculcan ideas contrarias a la moral católica.
El
público es el que manda en el cine. Si una película deja la sala vacía, no se repetirá. Pero si una película resulta
«de taquilla» se multiplicarán las películas de este tipo. Si queremos
moralizar el cine, hay que hacer el vacío a las películas indeseables.
Con
este método «La Legión de la Decencia» en Estados Unidos, logró imponerse a los
directores de Hollywood
[22]
.
El boicot de los católicos norteamericanos
a las películas inmorales le costó a la industria cinematográfica inmoral más
de diez millones de dólares
[23]
.
Es el medio más eficaz.
La Liga
Católica de los Derechos Civiles de Estados Unidos logró que la cadena
televisiva ABC retirara una telenovela blasfema al conseguir más de un millón
de firmas que se comprometían a no comprar los productos que se anunciaban en
ese programa. Treinta y siete empresas retiraron sus anuncios, y la cadena ABC
tuvo que suprimir la telenovela
[24]
.
«En
cuestión de espectáculos inaceptables para la conciencia cristiana, conviene
adoptar con energía la consigna de no asistir a ninguno por tres fines
simultáneos: evitar el peligro propio, dar buen ejemplo y exigir que no se den
espectáculos indecentes por el medio humano más eficaz, tratándose de
empresarios poco delicados de conciencia, que consiste en negar la cooperación
económica»
[25]
.
Pío XII en su Encíclica Miranda Prorsus, sobre el cine, la radio
y la televisión, dice: «Los juicios morales, al indicar claramente qué
películas se permiten a todos y cuáles son nocivas o positivamente malas, darán
a cada uno las posibilidades de escoger los espectáculos..., harán que eviten
los que podrían ser dañosos para su alma, daño que será más grave aún por
hacerse responsable de favorecer las producciones malas y por el
escándalo que da con su presencia».
El
Concilio Vaticano II nos exhorta a seguir las indicaciones de la censura moral
y a evitar los espectáculos peligrosos, entre otras cosas, para no contribuir
económicamente a espectáculos que puedan hacer daño espiritual
[26]
.
«El
punto de vista estético no basta para justificar cualquier espectáculo. La
curiosidad no es motivo suficiente cuando se trata de espectáculos degradantes»
[27]
.
Oigamos de nuevo a Pío XII:
«Culpable sería, por tanto, toda suerte de indulgencia para con cintas que,
aunque ostenten méritos técnicos, ofenden, sin embargo, el orden moral; o que,
respetando aparentemente las buenas costumbres, contienen elementos contrarios
a la fe católica»
[28]
.
Es
notable que muchos cristianos difíciles para dar su dinero a obras de caridad y
apostolado, lo den sin escrúpulos a espectáculos que descristianizan las
costumbres. Regatean su dinero para lo bueno, y lo dan alegremente para
lo malo.
Pero no
te contentes con no ir tú a esas películas. Procura además convencer a otras personas para que tampoco vayan. Si los católicos
quisiéramos colaborar a la acción moralizadora de la Iglesia, Cristo reinaría mucho más en el mundo.
Pero hay católicos que consideran a la Iglesia como una aguafiestas a quien hay
que dar de lado para poder pasar la vida más divertida; y así están haciendo el
juego a Satanás para que sea él quien domine en el mundo.
Es
inconcebible, y da pena decirlo, pero la realidad es que, a veces, los primeros
en obstaculizar la obra moralizadora de la Iglesia, son los mismos cristianos.
El cine
es un estupefaciente, y si se adormece tu sensibilidad espiritual, ¿qué
conciencia moral podrá protegerte? Cuando el timbre de alarma de la conciencia
y del remordimiento está estropeado, el alma corre peligro.
¡Cuántas veces la voz de la conciencia ha hecho dar un
frenazo ante el abismo del pecado! Y también, ¡cuántas veces la voz de Dios
resonando en el alma ha levantado a una vida de perfección!
68,6.
Hay almas a quienes Dios da el deseo de renunciar al matrimonio y consagrarse
totalmente a Él.
Si eres de éstas te felicito. Y te aseguro que no hay en la vida mayor felicidad que
la de estar consagrado a Dios y sentirse colaborador con Él en su obra
redentora, haciendo que fructifique en las almas la sangre que por ellas
derramó.
«La felicidad sólo puede venir como consecuencia de haber
entregado lo mejor de nosotros a una causa noble»
[29]
.
El hombre necesita vivir por algo que merezca la pena.
Necesita darle sentido a su vida. Necesita un ideal. El vivir sin ideal es
señal de inmadurez humana.
El ideal es un motor que nos impulsa a
la acción.
El
ideal es una idea motriz que se hace central en la vida de una persona,
alrededor del cual hace girar todas sus acciones. Los ideales marcan el camino.
Es la meta que se quiere alcanzar. Es el supremo valor de la vida
[30]
.
Vivir
consagrado a Dios es el supremo de los ideales.
La vida consagrada a
Dios, con vocación, es una felicidad. Se vive con ilusión, con ideal.
Pero
sin vocación de Dios no hay quien la aguante.
Y por
supuesto hay que vivirla en comunidades donde haya buen espíritu, que también
puede haber conventos relajados.
El
estado religioso es el camino de la
perfección.
Hoy hay
en la Iglesia Católica un millón quinientas mil personas consagradas a Dios
[31]
.
Las
obligaciones se concretan principalmente en los tres santos votos de pobreza
voluntaria, castidad perfecta y obediencia completa.
Renunciar,
por lo tanto, a las bodas terrenas y obligarse a vivir para Dios tendiendo a la
perfección.
Hago mías estas palabras:
«Soy
sacerdote. Nunca me he arrepentido de esta vocación que Dios me dio. Y mil
veces que naciera, mil veces la seguiría de nuevo. No creas que todo me ha ido
bien. No creas que todo me ha resultado fácil. Pero todo lo ha superado su
llamada. Un pensamiento tengo siempre clavado, y él decidió mi vocación: hacer
algo aquí abajo que valiera la pena de veras. Sé que se pueden hacer muchas
cosas que valgan la pena. Pero pensé que ésta valía más que ninguna. Y no me he
arrepentido»
[32]
.
«Todo ser dotado de inteligencia se mueve, forzosamente,
por el atractivo de un ideal»
[33]
.
Los
Santos Padres llamaron al estado religioso: la flor más bella, la perla más
preciosa, el más rico ornamento de la lglesia.
Santa María Magdalena de Pazzis dice
que es la gracia más grande que Dios puede hacer a un alma.
«No
debe confundirse la virginidad con la castidad.
La
virginidad es un estado de vida, mientras que la castidad es una virtud que se
refiere a todos los estados de vida»
[34]
.
Cada
estado tiene su propia castidad: una es la castidad de la persona soltera y
otra la castidad de la persona casada.
La
castidad consiste en vivir la sexualidad según las exigencias del propio
estado.
El
estado de virginidad perpetua y
voluntaria, hace que las personas religiosas vivan en la Tierra como los
ángeles del cielo
[35]
.
Ellas
serán las que llevarán escrito sobre la frente el nombre de Dios, cantarán un
cántico nuevo y seguirán al Cordero por donde quiera que vaya, como dice el
Apocalipsis
[36]
.
Hay
muchas Órdenes y Congregaciones entre las que puedes elegir aquella que más se
acomode a tus inclinaciones e ideales.
El
campo en el que puedes desarrollar tu vocación puede abarcar: Misiones,
Hospitales, Asilos, Colegios, Obras sociales en favor de jóvenes, Casas de
Ejercicios, reeducación de juventud, apostolado entre oficinistas, obreros...
Si te
entusiasma la vida de oración y penitencia, tienes, por ejemplo, las órdenes de
Carmelitas, Franciscanos, Capuchinos, Trinitarios, etc., en las dos ramas
femenina y masculina.
También
puedes consagrarte en alguno de los Institutos Seculares con que hoy cuenta la
Iglesia con sus múltiples formas de apostolado.
Si
estás indeciso y no sabes qué escoger, quizás pueda ayudarte el libro Orientación Vocacional del P. Carrascal, S.I.
[37]
,
donde se dan a conocer los elementos de la vocación y las características de
ciento setenta Institutos Religiosos de hombres y mujeres
[38]
.
Si
sientes la voz de Dios para consagrarle a Él tu vida, no lo comentes a la
ligera con cualquiera. Consúltalo con un sacerdote piadoso y prudente que te
aconsejará lo que sea mejor para ti.
En el
mundo hay un millón de personas
consagradas a Dios
[39]
.
Cuestionario para estudiar la vocación:
1.- ¿Se te ha ocurrido alguna vez
consagrar tu vida por completo a Dios?
2.-
Este deseo, ¿ha sido por motivos sobrenaturales, como el amor y el servicio de Cristo, el bien de las almas y tu
propia santificación?
3.-
Aunque la realización de este ideal suponga renuncias y sacrificios, ¿crees
que, con la ayuda de Dios, serías capaz de ello?
4.- ¿Te ilusiona consagrar tu
vida al mayor ideal que se puede vivir en este mundo?
5.- En la hora de la muerte,
¿cómo te gustaría haber vivido?
Hablando
de la vocación Juan Pablo II dice:
«El deseo loable de acercarse a los hombres y mujeres de nuestro tiempo,
creyentes y no creyentes, pobres y ricos, puede llevar a la adopción de un
estilo de vida secularizado o a una promoción de los valores humanos en sentido
puramente horizontal»
[40]
.
Hoy hay
quien habla de «vocación temporal» como si Dios retirara la llamada que hizo
anteriormente.
La
pretendida «vocación temporal» no es más que una coartada inventada para querer
justificar lo injustificable.
El que
pone la mano en el arado y luego la retira no es digno de Dios
[41]
.
Otra
cosa es que no hubiera habido llamada, que se hubiera padecido una equivocación
[42]
.
«La
castidad hay que vivirla con elegancia espiritual, sin concesiones rateras y
siempre peligrosas, sin compensaciones larvadas, sino con ilusión gozosa, con
entrega, con amor..., sin crearse tontamente problemas. Pero sin olvidar que
somos de barro y que el ambiente está cargado de erotismo y sensualidad, y nos
puede inconscientemente intoxicar.
»Jesucristo ha hecho de su Evangelio el
elogio a la pobreza.
ȃsta
debe ser afectiva y efectiva.
»Afectiva:
si hay ambición, no hay espíritu de pobreza.
»Efectiva:
ésta depende de las circunstancias concretas en que Dios sitúe a cada cual.
»El amor a la pobreza no está reñido con el sentido
común.
»Sería
ridículo, por pobreza, querer prescindir hoy de la electricidad, porque Cristo no la usó.
»El sentido de la obediencia es la imitación de Jesucristo que «se hizo obediente hasta morir en la cruz»
[43]
.
Pero la obediencia debe ser responsable: Informando al superior y después
aceptando su decisión como manifestación de la voluntad de Dios
[44]
.
68,7.
Las cosas grandes no se hacen en un día.
Necesitan tiempo, preparación, etapas.
La vida
conyugal es una de esas cosas muy grandes. Hay que llegar a ella por sus pasos.
Esta
preparación comienza ya desde la adolescencia.
El
adolescente ha hecho el descubrimiento, aunque todavía elemental, del otro
sexo.
Se
trata de todo un nuevo mundo, físico y espiritual, que tiene que explorar, pero
sin precipitarse.
Los dos
extremos serían funestos: tanto el lanzarse demasiado aprisa, como el retirarse
por miedo a posibles peligros.
Antes
del noviazgo, conviene que los adolescentes y los jóvenes hayan tratado
frecuentemente con jóvenes del otro sexo. Esto es imprescindible, no sólo para
conocer al otro sexo, sino para conocerse a sí mismo, para estudiar sus propias
reacciones y actitudes ante el otro sexo.
Uno de
los deseos más arraigados en el corazón del hombre es encontrarse con los
otros, formar grupo, colaborar juntos.
La
amistad es un gran valor. La soledad es una triste experiencia.
La
amistad es un afecto puro, desinteresado y recíproco que nace y se fortalece
con el trato. Se basa en la sinceridad y en la generosidad. La simulación, el
engaño, la traición, son la muerte de la amistad.
La
amistad es dar más que recibir.
En la
amistad te aceptan como eres y te valoran por lo que eres, comprendiendo y
perdonando tus fallos y limitaciones.
La
amistad favorece la amabilidad, la jovialidad, la alegría, la bondad, la sinceridad,
la generosidad, la cordialidad, el deseo de hacer el bien y la preocupación por
los demás.
El
amigo no es acaparador y posesivo.
Respeta
tu libertad y no tiene celos de que compartas tu amistad con otras personas.
En esto
se diferencia la amistad del amor. El amor tiene celos si una tercera persona
se interpone entre los dos.
La
amistad, como el amor, dura toda la vida.
La
amistad que es pasajera, no es verdadera amistad. Lo mismo que el amor: o es
eterno, o no es amor.
Quien tiene un verdadero amigo, tiene un tesoro
[45]
.
Una
evolución normal humana exige, por tanto, este trato entre muchachos y
muchachas desde los diecisiete años más o menos.
Normalmente,
y sobre todo al principio, este contacto debe efectuarse en grupos o pandillas.
Es
mucho más efectivo cuando estos contactos en lugar de estar meramente motivados
por el encuentro y el entendimiento mutuo, tiene algún otro fin intermedio, por
ejemplo: cultural, benéfico, deportivo.
En
estas circunstancias, los jóvenes muestran muchas facetas de su personalidad y
se dan mutuamente muchos más motivos para conocerse.
Si son
contactos «para ser conocido» son más superficiales, pueden estar tratando
únicamente de «causar buena impresión», y, por lo mismo, camuflando elementos
muy importantes de su manera de ser.
En
cambio en las pandillas en las que los chicos y las chicas realizan algo
juntos, inevitablemente darán a conocer innumerables aspectos de su forma de
ser.
El otro
sexo no está meramente en un escaparate, en una postura estudiada y para ser
visto; está más en la vida real con sus pequeñas colaboraciones,
responsabilidades, circunstancias y conflictos; tiene que hacer algo más que
ser visto.
Y es
que no hay peor manera de conocer a una persona que cuando ésta se ha puesto
allí sólo para que la conozcan.
Más
tarde un chico y una chica comienzan a
salir juntos.
Salir
juntos no es el noviazgo, pero puede ser el preludio.
De
todas maneras, los que empiezan a salir juntos deben estar convencidos de que
ya no se trata de una diversión o de un juego, sino de algo más serio.
Decimos
que esta etapa puede ser muy formativa, pues presenta una magnífica ocasión
para ejercitar mutuamente la nobleza, la sinceridad, la generosidad y la
delicadeza. Dadas sus especiales circunstancias y ocasiones puede servir
también de prueba de moralidad y de fuerza de voluntad.
Es
también una buena ocasión de conocimiento mutuo con vistas a una futura relación más duradera.
Es muy importante en este sentido que no se pase
demasiado pronto a un estado de noviazgo formal.
Y así
como habéis empezado a salir juntos con nobleza, para conoceros, así también
tenéis que tener sinceridad, lealtad y valor, para separaros, si veis que la
cosa no debe seguir adelante.
No sólo
el seguir, sino también el romper, puede ser un verdadero acto de lealtad.
Por lo
mismo, debéis hacerlo antes de que la herida sea importante.
Es algo
que se lo debéis a la otra parte.
Y
también a vosotros mismos.
Caso de
no haber seguido adelante en una de estas relaciones, no es preciso encarecer
que la delicadeza os obliga a una especial discreción y secreto sobre mutuas
posibles confidencias
[46]
.
«Los
daños del enamoramiento prematuro suelen ser graves.
»El
chico tiene su “hombría” prendida con alfileres, y ella, lo mismo, su
“feminidad”.
»Si
antes de fijarlas bien, se aficionan excesivamente al otro sexo, si tratan
excesivamente con el otro sexo, temo que se les peguen costumbres, maneras,
amaneramientos.
»Y ella
debe ser semejante, no igual: ya lo dijo el Génesis. Y él lo mismo.
»Pero censuro
el exceso, no el trato. Es éste muy beneficioso con tal que no perdamos la
cabeza»
[47]
.
Hay que saber esperar como dijo Gigiola Cinquetti en la canción, con la
que ganó el Festival de Eurovisión:
No tengo edad...
No tengo edad para amarte.
Y no está bien, que salgamos
solos los dos...
Tal vez querrás,
tal vez querrás esperarme,
que sea mayor, y pueda darte mi
amor..
No todos los chicos que se acercan a las chicas van con
buenas intenciones. Algunos, por puro pasatiempo; otros, para aprovecharse de la
chica.
También
habrá quienes lleguen con la sana intención de entablar relaciones formales.
No es
difícil ver el fin que pretende un chico cuando quiere salir con una chica. Hay
chicas que se hacen invitar por chicos al cine, a merendar, etc., a cambio de
ciertas concesiones, lo cual no deja de ser un modo de prostitución.
La
chica que anhela ser una buena esposa, debe huir del «flirteo».
68,8. Flirtear es jugar al amor. Un ceder al
atractivo sensible y sentimental, cultivar un trato superficial, sin hondura,
sin intención alguna de casarse.
Y la
vida no puede quemarse en el juego de un amor por pasatiempo.
El
flirteo es uno de los nombres que se le da a la falsa maniobra de jugar al amor
sin comprometerse y sin aceptar sus consecuencias.
Es el
comportamiento de una pareja que se entrega a maniobras sexuales de mayor o
menor alcance, con el agravante de que excluyen toda intención de comprometerse
definitivamente.
Los
compromisos definitivos son propios de la madurez. Los que cambian
continuamente de capricho son los niños.
Dice el
célebre moralista Häring: «El andar
jugueteando con el sexo en este estadio del desarrollo obstaculiza el progreso
hacia la madurez»
[48]
.
Por su
misma naturaleza, el flirteo es una
mentira.
Amar
para un rato no es amor.
Nadie
dice: «Te voy a querer una semana, pero la semana que viene querré a otra
persona».
Esto se
llama capricho, y no amor. El amor verdadero dice que es para siempre: «te
querré siempre», «te querré hasta la muerte».
El
flirteo es la negación misma del amor, y una de sus caricaturas más tristes.
Y son
profundos los males que acarrea a sus protagonistas.
Además
del mal moral que lleva consigo, el flirteo suele dejar una profunda huella
psicológica de frustración, desengaño, amargura.
No
produce experimentados sino, más bien, decrépitos.
No
enseña, sino agosta.
Es una
mutilación del amor, y con el amor no se juega sin quedar profundamente
marcado.
Por
algo el amor es lo más íntimo y lo más delicado del ser humano.
El
flirteo les destroza mucho más a ellas que a ellos.
Porque
para ellas el amor es algo más profundo, más total, y más definitivo.
Cuando
dos se quieren, no flirtean, se respetan y se cuidan mutuamente para estar
enteros para la empresa de toda su vida.
Cuando dos flirtean, piensan que van a pasarlo bien,
pero, en realidad, se engañan mutuamente y se dañan en las fibras más delicadas
del espíritu
[49]
.
Antes
de enamorarte piensa si esta persona te conviene o no. Si te enamoras, no serás
capaz de juzgar objetivamente.
No
empieces a salir con la persona que no te conviene. Si empiezas a salir,
acabarás enamorándote; y si te enamoras, te casarás aunque esa boda sea un
disparate.
El
flirteo puede llevar al matrimonio, pero esto es raro.
A
lo que lleva es a desvalorizar el sentimiento y a embotar notablemente la
potencia de amar. De ahí el desengaño de muchos que, al poco tiempo de casados,
se sienten defraudados, fríos, insensibles con su joven pareja.
Y es
que abusaron de esa potencia de amar durante su juventud; y ahora el matrimonio
no les dice nada.
Además,
quien se acostumbra al flirteo, después se cansa de sujetarse a una sola
persona ¿Qué va a ser de ese matrimonio?
Por eso
el noviazgo no es una diversión, ni
un placer, sino una escuela preparatoria para el matrimonio, que es una de las
misiones más grandes y más serias que Dios ha confiado al hombre y a la mujer.
Un
compromiso personal, responsable, maduro y libre necesita preparación. Por eso
el flirteo es un juego peligroso que muchas veces termina con resbalones
deshonestos, y siempre estropea el corazón dejándolo triste, desilusionado y
decepcionado, quizás para siempre; o ligero, superficial y frívolo,
incapacitado para amar en serio a nadie.
Dios ha
puesto en el corazón humano el amor para que sea en el matrimonio el aliento de
las penas, trabajos y sufrimientos.
Pero la
juventud se ha lanzado a jugar al amor, ha hecho del amor un placer, y como
consecuencia tenemos esos matrimonios de corazones cansados, incapaces de amar,
precisamente cuando más necesitan el amor para endulzar los sacrificios del
hogar.
El
corazón necesita un rodaje.
Si un
motor lo fuerzas antes de tiempo, tendrás un «cacharro» para toda la vida.
El
rodaje es la vida del motor, y también del corazón.
A los
aprendices de una pastelería les dejan hartarse de pasteles todo lo que quieran
al principio. Al dueño le sale más barato, porque el mal recuerdo de la primera
indigestión, los inmuniza para después.
Si te
indigestas de amor prematuro, luego aborrecerás el amor.
El amor
entre adolescentes es una imprudencia.
Los
adolescentes no están todavía maduros, y los amores prematuros pueden ser
funestos.
Es como
hacer pasar camiones sobre un puente de cemento antes de que éste haya acabado
de fraguar. El resultado sería un montón de ruinas
[50]
.
Los adolescentes son muy enamoradizos. Y
fácilmente de amores imposibles. Frecuentemente de personas mayores que ellos:
profesores, artistas, etc. Se trata de amores inmaduros. Afortunadamente estos
enamoramientos son pasajeros. Lo mejor es rechazar esas fantasías. Aunque esto
no sea fácil. Hay que razonar esa insensatez, y no echar leña al fuego con
fantasías imposibles. Apartar esa persona del pensamiento.
Si el enamoramiento es entre dos adolescentes, hay que tener cuidado en no
hacer cosas de las que avergonzarse cuando pase ese enamoramiento, que suele
ser pasajero. Frecuentemente, la persona que gusta hoy, aburre mañana. A veces
entre un chico y una chica puede brotar un enamoramiento platónico. Es algo más
que una amistad. ¡Cuidado! Esto puede terminar en relaciones sexuales de
consecuencias lamentables.
Para
muchos, el matrimonio es como tirar una moneda al aire y esperar a ver si sale
cara o cruz.
Eso es
una barbaridad.
El
matrimonio es una cosa muy seria, y como todo lo serio debe pensarse y debe
prepararse para que todo salga bien. Los que lo contraen a la ligera es lógico
que después fracasen.
Hoy
suele decirse que el matrimonio está en crisis.
Yo creo
que lo que está en crisis es el noviazgo.
Muchos
jóvenes toman el noviazgo como un juego, con ligereza y frivolidad, no se
preocupan de formarse, sólo buscan disfrutar el uno del otro.
Así se
hacen unos egoístas.
No
tienen ni idea de lo que es el verdadero amor.
Una vez
casados, se encuentran egoístas e incapaces de amar.
Es
lógico que estos matrimonios sean un fracaso.
En una reunión de chicos dijeron que aunque a ellos les
gusta flirtear, cuando encuentran una chica enérgica que rehúsa, aunque los
fastidie al momento, la aprecian mucho más.
A su
vez las chicas dijeron: los chicos se aprovechan de las chicas que flirtean,
pero no por eso las quieren más.
A pesar
de lo que digan, las desprecian. Al contrario, rabian con la que no se deja
tocar, pero de hecho la admiran
[51]
.
Muchas
chicas, por vanidad, procuran despertar el apetito de los chicos.
En éstos
brota el instinto y procuran sacar de ellas lo que ellas no habían pensado dar.
La
chica cree que en el chico hay amor; pero lo que hay es instinto pasajero.
Cuando
el chico, satisfecho, la deja, ella queda con el corazón destrozado.
La
mujer es muy impresionable, y las huellas de un fracaso amoroso la atormentan
después durante mucho tiempo. El hombre cambia más fácilmente de amor; porque
en su amor hay más pasión que sentimiento, y la pasión es más voluble. Pero la
mujer, cuando ama, pone todo su corazón; y si fracasa en su amor, su corazón
queda destrozado.
Generalmente,
el flirteo termina para la chica con muchos sufrimientos. Ella se adhiere más,
es más emotiva. Y después de haber tratado de ese modo a un chico, si éste la
deja o no hace caso de ella, la muchacha experimenta el abatimiento, el
desengaño, el amor defraudado y no correspondido...Se creyó interesante, se
creyó amada, soñó ilusiones..., y todo vino a parar en juego.
Por eso
el flirteo hace tanto daño a la mujer: por su sensibilidad.
Lo que
empieza siendo un juego, llega a interesar su corazón.
Cuando
termina el juego, el hombre se va tan fresco, pero ella, fácilmente, queda destrozada. A veces incluso
incapacitada para otros amores muy superiores a lo que sólo había sido una
aventura. Esto es lo que se deduce de la experiencia de la vida. Y si una
chica ha tenido en la vida varias desilusiones de éstas, no correspondidas, ve
agriarse su carácter, su humor se modifica y se hace triste y recelosa.
«Las
chicas deben saber que hay cosas que tienen en ellas una resonancia mucho más
profunda, psicológica y espiritualmente, que en ellos. Lo que para un chico
puede ser un episodio sin importancia, un pasatiempo o una broma, para una
chica es algo que le puede afectar profundamente»
[52]
.
Es
muy difícil que una chica que admite el flirteo logre mantener su pureza intachable. No te dejes llevar enseguida
de los impulsos de tu corazón.
Lo que caracteriza a la joven es la viveza de su
sensibilidad y de su sentimentalismo, es la riqueza de su corazón. Las chicas
experimentan en su corazón una gran necesidad de amar, de extender a otros el
afecto, y por otra parte sienten lo frágiles que son ante la vida; ávidas de
ser amadas y correspondidas con cariño. Y arrastradas por ese sentimiento no se
atreven a negar, a veces, lo que su conciencia no les permite conceder. Es muy
raro que una joven llegue a la entrega total de su cuerpo por deseo pasional.
Es mucho más frecuente que lo haga invadida por una ternura que le impulse a
dar lo que se le pide, aunque su conciencia se lo reproche.
Si Dios
dio ese corazón a las mujeres, es porque las destinaba a una misión espléndida
en el hogar y fuera de él.
Se
trata de conservar lozano e intacto el corazón.
Tu
corazón es un gran tesoro; pero puede ser también, si no se le vigila, la gran
ruina. Se acercarán tentadores que querrán gustar de su lozanía, que
harán, tal vez, el ofrecimiento de una ternura aparente, y que pueden
arrastrarte poco a poco a un amor peligroso e ilegítimo, lejos del camino del
deber...
Debes guardar el corazón, defender ese tesoro
contra los ladrones. Unas veces será el jefe de oficina que se interesa por la
joven mecanógrafa, o un abogado por su secretaria, o uno de los compañeros de
trabajo.
No te
creas, que porque ese hombre que se interesa por ti, ya esté casado, ofrece una
garantía. Al contrario.
El
trabajo actual de la joven en fábricas, establecimientos, oficinas,
secretarías, etc., la pone en constante contacto con hombres. La mutua
atracción puede surgir en cualquier momento; y también una palabra de aprecio,
más o menos significativa. A veces ellos saben hacerse compadecer de ellas,
haciéndoles confidentes de su desgraciada vida matrimonial, de su soledad...
Las
palabras bonitas y la llamada a la compasión femenina son armas terribles que
pueden hacer vacilar el corazón ingenuo y generoso de una muchacha; si a esto
se une, además, la proximidad diaria, y cierta admiración que ella pueda sentir
por las cualidades y actividades que él desarrolla, la situación puede terminar
en un lío, y, después, en un desastre para la pobre muchacha ingenua que será
la más perjudicada
[53]
.
Muchacha
te doy un consejo para tu seguridad: Nada de conversaciones sentimentales, nada de intimidades y confidencias,
nada de cariño con un hombre con quien más tarde no puedas casarte. Cuando en
una chica empieza a brotar el cariño hacia un hombre con el cual no puede
casarse, debe romper cuanto antes con él, aun a costa de lo que sea: perder el
empleo, aparecer como una rara, etc.
Cuanto
más tarde, peor. Es un engaño decirse: «¿Qué tiene de particular? No llegaremos
a nada malo. ¿Por qué voy a renunciar a su amistad y al gusto de su
presencia?». Con este engaño empezaron muchas chicas que más tarde no pudieron
romper sus lazos amorosos y tuvieron que apartarse de la Iglesia.
Muchas
chicas, en su espontaneidad o ingenuidad se han dejado robar el corazón, o algo más.
Un
hombre la hace un cumplido..., y su vanidad siente un cosquilleo; multiplica él
sus delicadezas y atenciones..., y, naturalmente, siente ella despertarse el
interés y la gratitud. Le confía que su esposa no le entiende, que no es feliz
en su hogar. «Me equivoqué al casarme con ella. Si te hubiera conocido antes a
ti...». ¡Si ella cede a su natural deseo de complacerle, está perdida! Siente
vibrar su compasión al mismo tiempo que su sentimentalismo y su vanidad. Él le
hace un favor, un regalito, cualquier cosa. La chica no se atreve a rechazarlo,
pues en ello no ve mal ninguno. Después una caricia furtiva para ver cómo
reacciona ella. Quizás un aparente retroceso para despertar el deseo de ella. Ya está atada. Atada por un sentimiento
femenino, respetable por otra parte, de la delicadeza y del agradecimiento. Ya
está atada..., y dócil. Y no se atreve a molestar y contrariar a quien se ha
mostrado tan delicado. Además, ¡es tan amable y correcto!...Y la historia
continúa sin la menor variante. Pronto vendrá el primer beso, desde luego
discreto y respetuoso, la caricia en el cabello, en las mejillas...Al principio
la chica se sorprende, no se atreve a oponerse, después acepta, y termina por
simpatizar..., y dejarse llevar por la ternura. El amor desarrolla así su ley psicológica: pasa de lo sentimental
a lo sensible, de lo sensible a lo sensual, de lo sensual a lo sexual. La joven
imprudente no suele ceder al primer golpe. Por lo demás, ella no desea los
elementos físicos del amor. Siempre había soñado permanecer en el plan
sentimental y sensible. Pero..., ante la insistencia, por no contrariarle,
termina con la entrega total. Si no
rompe a tiempo, valiente y dolorosamente, la actitud de un día se convertirá en
un hábito y muy pronto en esclavitud.
Te lo
repito: no te encariñes sino con
aquel chico con el cual te puedas casar. A algunas chicas les gusta coquetear y
jugar a despertar el apetito sexual de los chicos. Pero ellos después no se
contentan con pequeñeces.
Lo
quieren todo. Y cuando llega el momento en que ellos se disponen a conseguirlo,
ellas se asustan y quieren frenar (con frecuencia sin resultado) lo que ellas
mismas desencadenaron tontamente.
Además
de peligroso es una injusticia. Es como decirle a uno: «Te voy a hacer desear algo para no dártelo. Así que te fastidias»
[54]
.
Una
mujer puede sentirse atraída por una aventura más o menos arriesgada. Puede ser
vanidad, curiosidad o tontería.
Pero
difícilmente en el momento de la tentación cae en la cuenta del peligro que
corre y de lo mucho que arriesga. Después, cuando sea tarde, derramará lágrimas
de arrepentimiento, pero la pérdida puede ser irreparable.
El 9 de
febrero de 1979 oí en el programa radiofónico «Protagonistas» una carta de una
madre soltera de catorce años, que lanzaba un grito de alerta a tantas
chicas que juegan con una cosa tan seria como es el sexo. Ella, arrepentida de
lo hecho, se lamentaba de lo ocurrido por irreflexión juvenil.
En Nueva York, uno de cada tres
nacidos es hijo de madre soltera
[55]
.
[1]
Nuevo Catecismo de la Iglesia
Católica, nº 2351.
[2]
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ LOBATO: Razones
de la fe, X. EMESA. Madrid. 1980
[3]
LEO J. TRESE: La fe explicada, XIX, 1.
Ed. Rialp. Madrid 1981.
[4]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia,
nº 1140. Ed. Herder Barcelona.
[5]
ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.:Teología
Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº601. Ed. BAC.Madrid
[6]
Evangelio de SAN MATEO, 5:28
[7]
LODUCHOWSKY: La coeducación de los
adolescentes, pg. 22. Ed. Herder. Barcelona.
[8]
RAMÓN Y CAJAL:Charlas de café, XI,83,
pg. 35. Imprenta Juan Pueyo. Luna, 29. Madrid 1920.
[9]
DIARIO DE CÁDIZ, 21-V-1999, pg.64.
[10]
Revista ALGO, IV-85, pg. 19.
[11]
Diario ABC de Sevilla, 25-II-90, pg. 88.
[12]
A TU SALUD, 16-II-2006, pg. 14. Separata del
diario LA RAZÓN.
[13]
INTERNET: mundo.com del 29-IX-03.
[14]
OTTO ZIMMERMANN, S.I.: Teología
Ascética, nº 35. Seminario Metropolitano, Buenos Aires.
[15]
SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:13
[16]
SAN AGUSTÍN: De natura et gratia,
XLIII, 50. ML.: 441, 271.
[17]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia,
nº 804. Ed. Herder. Barcelona.
[18]
Revista ECCLESIA, 1235 (13-III-65) 4.
[19]
TADDEI, S.I.: La predicación en la
época de la imagen, II, B, b. Ed. Desclée. Bilbao.
[20]
DANTEC: Noviazgo cristiano, 3º, III,
C. Ed. Mensajero. Bilbao.
[21]
MARY BETH BONACCI: Tus
preguntas sobre el amor y el sexo, XI, 8. Ed. Palabra. Madrid. 2002. Magnífico libro que responde con
rectitud, claridad y acierto a las preguntas de los jóvenes.
[22]
¿A qué película vamos? Folleto PPC, nº 18.
[23]
ÁNGEL AYALA, S.I.: Formación de
selectos, XXI, 3, 3º. Ed. Atenas. Madrid.
[24]
ZENIT, Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZE980504-7
[25]
Obispo de Vich: Revista ECCLESIA, 854 (23-XI-57) 11.
[26]
Concilio Vaticano II: Inter mirifica:
Decreto sobre los medios de comunicación social, nº 9.
[27]
RENÉ BERTHIER: 101 respuestas a un
cristiano, nº 87. Ed. Mensajero. Bilbao.
[28]
PÍO XII: Encíclica Miranda Prorsus,
Revista ECCLESIA, 846 (28-IX-57).
[29]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Teología
para nuestro tiempo, I,1. Ed. San Pablo.
México. 2000.
[30]
BERNABÉ TIERNO: Valores humanos, 4º,
X. Ed. Taller de Editores. Madrid. 1998.
[31]
Diario YA del 25-XI-92, pg. 26.
[32]
RAFAEL BOHÍGUES, S.I.: El riesgo de
ser joven, XIII, Ed. Mensajero. Bilbao.
[33]
H.PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.:Jesús,
Luz del mundo, II, 2. Ed. Razón y Fe. Madrid.
[34]
GINO ROCCA: No lo tengo claro, 2ª,
III, 13. Ed. Ciudad Nueva. Madrid. 1993.
[35]
Evangelio de SAN MATEO, 22:30
[36]
Apocalipsis, 14:1-4
[37]
JUAN CARRASCAL, S.I.: Orientación
Vocacional. Ed. Terrae. Santander.
[38]
En Granada funciona el Centro Myriam, de orientación vocacional. Apartado
519
[39]
Diario LA RAZÓN, 3-II-2000, pg.31.
[40]
JUAN PABLO II:Vita consecrata. ABC
de Madrid, 29-III-96, pg.7.
[41]
Evangelio de San Lucas, 9:62
[42]
BALDOMERO JIMÉNEZ DUQUE: Volver a lo
esencial, XXIV. Ed. Tau. Ávila, 1985.
[43]
SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:8.
[44]
BALDOMERO JIMÉNEZ DUQUE: Volver a lo
esencial, XXV, 3, 4. Ed. Tau. Ávila, 1985.
[45]
Dr. BERNABÉ TIERNO: Valores humanos,
1º, X. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1993.
[46]
ROBINSON: Educación sexual y
conyugal, 3º, II, 7. Ed. Mensajero. Bilbao. Este magnífico libro deberían
leerlo todos los chicos y chicas a partir de los 18 años. Informa
admirablemente de todo lo que deben saber los jóvenes y los esposos sobre la
vida sexual.
[47]
JOSÉ FORCADA, S.I.: Padres e hijos,
XV. Ed. Mensajero. Bilbao, 1971.
[48]
BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, XVII,
5. Ed. Herder. Barcelona. 1998.
[49]
ROBINSON: Educación sexual y
conyugal, 1º, lll, 9. Ed. Mensajero. Bilbao.
[50]
JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I: Tres trampas
en el noviazgo, V. Ed. Paulinas. Caracas, 1987.
[51]
QUOIST: Diario de Ana María, 20 enero
1962. Ed. Herder. Barcelona. Tercera edición. Magnífico libro que explica
muchos de los problemas de una adolescente, y está lleno de buenos consejos.
Deberían leerlo todas las chicas a partir de los 14 años.
[52]
Dr. RIESGO: Hablando en familia, III,
4. EAPSA. Madrid 1973.
[53]
ROBINSON: Educación sexual y
conyugal, 1º, III, 10. Ed. Mensajero. Bilbao.
[54]
MARY BETH BONACCI: Tus
preguntas sobre el amor y el sexo, IX, 3. Ed. Palabra. Madrid. 2002. Magnífico libro que responde con
rectitud, claridad y acierto a las preguntas de los jóvenes.
[55]
Diario YA del 20-VIII-84, pg. 15.
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