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68,9. Sobre el noviazgo puede
ser interesante mi vídeo: El éxito en el
noviazgo
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La elección de tu pareja es cosa tuya. Pero debes hacerla con mucha cautela. No te
fíes de los flechazos, que son muy bonitos para novelas y películas, pero en la
vida real poco útiles para hacer, ellos solos, felices a los hogares. Tampoco
te fíes sólo de tu «vista», que ya sabemos que el amor ciega. Tu madre podría
hacerte en esto un excelente servicio. Ella te conoce mejor que nadie; y ella,
como nadie, desea tu felicidad; y su espíritu intuitivo verá si la pareja que
le presentas podrá hacerte feliz.
Si dudas del acierto de tu madre, consulta con una persona seria,
competente y desinteresada. Pero no esperes para consultar al embrujo del amor,
pues correrás el peligro de no hacer caso a nadie. Cuando notes que tu corazón
se interesa, examina con serenidad antes de que pierdas la lucidez. Además de buscar consejo, debes pedirle mucho a
Dios en la oración que te dé acierto en la elección, pues es muy importante no
equivocarse en una cosa tan transcendental.
No olvides el proverbio ruso: «Antes de viajar por tierra, ora; si es por
mar, ora dos veces; y si te vas a casar, ora tres. Porque en el matrimonio las
tempestades y los naufragios son muy frecuentes».
«No se construye un hogar sobre la gracia de una sonrisa, sobre el
atractivo de un rostro, sobre la ternura de un instante. Se construye un hogar
sobre todo lo que es esencia misma del yo: los pensamientos, los deseos, los
sueños, las decepciones, las penas, las esperanzas, las alegrías, las
tristezas. El amor implica la puesta en común de todo eso; por ello las
relaciones enderezadas a consolidar el amor y a preparar la unión indefectible,
deben desarrollarse en ese plan, y exhibir ante el otro ese fondo secreto de sí
mismo, cada uno de cuyos elementos favorecerá o perjudicará la futura unión»
[2]
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«Durante el estado de enamoramiento quedan notablemente alteradas las
facultades perceptivas y deductivas en todo lo que se refiere a la persona
amada. Los defectos que existan en dichas personas no se perciben, las
cualidades se subliman. La mente ya no está equilibrada sino profundamente
inclinada hacia el objeto del amor. El enamorado idealiza a la persona amada y
la convierte en el centro de sus aspiraciones. La fascinación que ejerce en ti
la persona idealizada puede ofuscarte y ocultarte la realidad. Podéis quedar
totalmente ciegos para ver datos y circunstancias que desaconsejan totalmente
seguir adelante. La fascinación puede
ser engañosa. El amor de un hombre y una mujer es algo muy serio y tiene
que construirse sobre cimientos muy sólidos. La fascinación es hermosa, pero
pasará pronto. Lo que quedará es la vida. Y esa vida, si la construís con el
corazón y con la razón, puede ser todavía mucho más hermosa»
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Para casarse, es indispensable amarse; para amarse, es preciso conocerse; para
conocerse, tratarse; para tratarse, primero hay que encontrarse.
Muchacha, te aconsejo no dejarte
seducir por el cumplimentador hábil, que te fijes a ti misma las
condiciones que debe poseer aquél que debe hacerte su esposa. Condiciones sin las cuales tú no
aceptarás el compromiso matrimonial. Por orientarte te pongo algunas: Lo que
debes valorar ante todo es el valor
personal del pretendiente.
Después vienen las demás consideraciones: facha, rango, fortuna. Estos
dones no son despreciables, pero no son esenciales. Lo esencial reside en el
valor humano y cristiano del chico, es decir, su personalidad. Primero que sea
cristiano; cristiano convencido, práctico. Y si es piadoso, mejor. El matrimonio
con un incrédulo suscitará conflictos de conciencia.
La religión es lo que más une y más separa.
Después planteará a los hijos el problema
de la fe y las prácticas de piedad.
«Pensemos en el desconcierto que supone
para un niño contemplar cómo lo que su padre dice está en contradicción con lo
que su madre enseña»
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No basta, pues, que esté bautizado. Bautizados, no practicantes,
llenan las cárceles, y atormentan a sus esposas. Algunas chicas se han engañado
en este aspecto esencial de su prometido y más tarde su esposo.
Conscientes éstas de la irreligiosidad de su novio, han ido al matrimonio,
con la ingenua idea de convertirlo.
En la mayoría de los casos, el resultado ha sido nulo, cuando no, fuente de
disgustos profundos para esa joven esposa. Porque después, cuando esa chica
pertenece como esposa al marido frío en materia religiosa, éste quiere imponer
su criterio a la mujer, y vienen los impedimentos, las dificultades para que
esa joven esposa cumpla sus deberes para con Dios. En ese terreno, y durante
las relaciones, se puede mostrar tolerante y no agresivo; pero después se
manifestará tal cual es, con sus intolerancias, sus prohibiciones, sus
repulsas...Puede suceder que ese pretendiente que tú sabes un tanto
irreligioso, no sea violento en sus manifestaciones anticristianas. Pero
adoptará un tono insinuante, convincente y persuasivo. Y éste, no es menos
peligroso: te acabará por conquistar en ese terreno. La triste experiencia nos
lo está diciendo. Jóvenes piadosas y buenas, que se unieron en matrimonio con
hombres poco religiosos, o nada practicantes, han terminado por ser ellas
igual. Después de esta faceta importante y esencial en el joven que admitas
como futuro marido, debes tener testimonio claro de la seriedad y sobriedad del muchacho.
Y que sepa dominar su impulso sexual. Si no lo domina contigo, ¿qué
garantías tienes de que lo dominará después de casada? Vivirás atormentada de
su posible infidelidad, pues conoces su falta de dominio en este terreno.
Y no pienses que lo vas a cambiar. Podrás cambiar su forma de vestir y su
modo de comer. Pero si esperas cambiar su modo de ser, te espera una sorpresa
muy desagradable
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Ten cuidado con los «calaveras»; lo seguirán siendo, porque no te creo tan
ingenua, que pienses, que así por las buenas, y por ti, va a dejar ese hombre
ciertos hábitos que ha adquirido tal vez con larga experiencia: mujeriego,
trasnochador, dado a la bebida, etc. El uso de las bebidas alcohólicas es uno
de los factores más influyentes en los hogares desgraciados. A la chica
le halaga el verse deseada sexualmente. Esto puede inclinarla a ser
provocativa, pero debe dominarse. La chica provocativa hace daño a los hombres,
pero también a sí misma.
«La belleza física es, ciertamente, un factor importante y, por eso, debes
cuidarla y realzarla con esmero y naturalidad, aunque sin exageraciones,
extravagancias y descaros. El atractivo sexual atrae a una parte del hombre,
pero vosotras queréis como esposo al hombre entero. No olvidéis que los hombres
podrán buscar cierto tipo de mujer para divertirse; pero buscan otro muy
distinto para casarse»
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Más importante que la belleza es el encanto, la simpatía, la gracia, el
estilo, la elegancia, el trato, la sonrisa, los gestos, la dulzura, la ternura,
la amabilidad, la delicadeza, etc. La belleza femenina atrae a los chicos, pero no es indispensable para casarse.
Los hombres buscan, lo que da realce y valor a la mujer: sus encantos, su
feminidad y sus virtudes.Las muchachas deben ser elegantes en su modo de vestir
y a rreglarse, y ser distinguidas, alegres, discretas y dulces en todo su modo
de ser. No descuides tu arreglo personal. Pero no quieras conquistar con sólo
tu belleza física. Haz que se enamoren más bien de tus virtudes espirituales.
De una mujer bella puede un marido cansarse; de una mujer virtuosa jamás se
cansará. Tampoco eligen los chicos a las de carácter autoritario, a las dominantes, a las de tono dogmatizante,
a las de gesto seco y rígido. Buscan el encanto, la dulzura, la amabilidad.
«Escúchale cuando él te esté diciendo algo de sí mismo y de sus cosas.
Muéstrale atención e interés. Un comentario, una pregunta tuya acertada sobre
este tema que él está tratando y..., ya está sintiendo profundamente que tú le
comprendes, ya te estás apoderando de su afecto, de su corazón y de todo él»
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A un chico recto no le gustan las caprichosas,
las mimadas, las que tienen su cabecita llena de fantasía, cuyo humor cambia a
todo viento: hoy alegres, exuberantes; mañana, deprimidas, pesimistas,
tristes...Y no te olvides nunca de tu preparación para el hogar. Tu atractivo
personal sirve para despertar la
inclinación y el amor hacia ti. Pero para que este amor sea perdurable hacen falta además otras
cosas. El arte de ser madre es difícil y complicado. Necesita largo aprendizaje.
Todo lo que
contribuya a tener a tu marido contento fortalecerá vuestro amor.
El pudor de la mujer es una de las cosas que más enamoran. Y el encanto del pudor
inmuniza de otros atractivos. El pudor es un sentimiento íntimo por el cual una
mujer dándose cuenta de la belleza de su cuerpo y del atractivo que ejerce,
procura reservarlo para el día que
pueda hacer don completo y total de sí misma. Por eso el pudor se refleja en el
modo de vestir, en los modales y en todo. El pudor sabe encontrar el equilibrio
entre el ir agradablemente vestida y elegante, y lo que resulta llamativo y
provocativo. Se suele decir que una mujer inteligente enseña sin enseñar,
porque si enseña demasiado, pierde interés lo que enseña.
En los modales sabe ser delicada y atractiva sin resultar excitante ni insinuante. El
pudor es la gran muralla que defiende la castidad. Una chica sin pudor empieza
con curiosidades malsanas, lecturas enervantes, se permite tocarse de modo
impuro, se entrega a caricias, besos y abrazos con los chicos, y cuando en
medio del vértigo pierde la noción de lo que hace, viene la caída fatal que
llorará amargamente, y la avergonzará para toda la vida.
«Todavía se encuentran hoy bastantes muchachas que no se arrojan en brazos
del primer hombre que les gusta, ni creen que deben acceder en todo a las
solicitaciones de los jóvenes. Afirmémoslo sin ambages: las jóvenes deben
permanecer puras hasta el matrimonio. Las que no aceptan este punto de vista
tienen de la vida y del ser humano una visión parcial y limitada... Si un joven
tiene el sano ideal de casarse con una muchacha virgen, seguramente no
permanecerá indiferente cuando sepa que se le ha mentido»
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«También la mujer tiene derecho a la pureza del hombre. Es cierto que
la opinión corriente es completamente diferente; pero la justicia de una
opinión sobre las cuestiones de la vida no debe medirse por el número de
adeptos»
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Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes.
Mira lo que escribía una muchacha que había guardado inmaculada su pureza:
«Exigiré que mi futuro marido se haya guardado como yo misma para nuestro
hogar». El mejor regalo de bodas que puede esperar una persona es la virginidad
de la pareja con la que se va a casar.
Ahora mis consejos a los chicos.
Lo primero que quiero decirte es que aunque las chicas parece que lo que
más valoran es que el chico sea guapo y tenga buena facha, las chicas sensatas
desean más otras cosas: que las quiera por sus valores espirituales y no sólo
las deseen por su cuerpo, que respeten su castidad hasta el matrimonio, que
puedan fiarse de él y apoyarse en él, que sea honrado, trabajador, etc
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Frente a los abusos de tantas parejas, hay que volver a la caballerosidad respetuosa con la mujer viendo en ella la futura madre de los
hijos, digna de todo cariño, veneración y respeto, y no tratándola como un
trapo viejo que se mancha y luego se tira.
Que el día que te
cases no tengas que avergonzarte de nada de tu vida pasada.
Quizás oigas alguna vez de un amigote, que para excusar sus desvergüenzas
te dice: «Hay que probarlo todo». ¡Absurda necedad! ¿Lo hacemos así con las
enfermedades y los venenos? Al que te diga eso dale raticida para que se lo
tome. A ver qué contesta. Pues tampoco se puede probar lo que está prohibido.
Además, ¿te gustaría que quien te ha de pertenecer para siempre, antes de
conocerte, «ya lo hubiera probado todo»? No, ¿verdad? Haces muy bien en pensar
así: una mujer lujuriosa te atormentará de celos.
Acuérdate de tu madre. Tu novia ha de ser la madre de tus
hijos. Acuérdate de tus hermanas y de tus futuras hijas.Trata a tu novia hoy
como te gustaría que los demás las traten a ellas. No exijas de tu novia, con
instintos brutales, lo que su virtud, su pudor y su conciencia no te pueden
ahora conceder. Una mujer amante de su honra defiende fieramente su pureza
hasta en los más mínimos detalles. No quieras tratar a tu novia como a una de
esas desgraciadas que venden su cuerpo. ¿Elegirías entre éstas a la madre
de tus hijos? Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de que su novia sea una
prostituta.
Y a una mujer decente la humilla y avergüenza el verse tratada como una
tal. Lo que a ella le ilusiona es un amor muy superior: el que culmina en un
hogar y en unos hijos. Lo que la mujer espera del hombre es admiración, estima,
respeto, veneración, protección. Pero estrujarla para saciar los instintos
zoológicos, no es de hombre, sino de bestia. Y lo lógico es que la mujer se
enamore de un hombre, no de un animal.
Por eso algunas novias llegan a desilusionarse de su novio y hasta sentir
asco por aquel hombre que decía que la quería tanto que tuvo que arrollar su
pudor. En cambio sienten sincero amor para con el hombre que tuvo para ella
admiración y respeto.
Respeta a tu novia como quieres que se respete a tu madre. Los sacrificios que por el bien de
ella te impongas, son prueba de que tu amor es verdadero. Si quieres a tu novia
de verdad, debes querer su bien antes que tu gusto. Eso es amarla. Subordinar
su honra y su conciencia a tu pasión, no es amor: es egoísmo.
Hay caricias que conducen al acto sexual. Deben evitarse aquellas que ponen
en marcha el aparato genital.
Evidentemente que no todos tenemos el mismo temperamento, ni reaccionamos
de la misma manera. Ni siquiera para nosotros mismos todos los momentos son
iguales. Lo que en otro momento, o a otra persona, puede dejar indiferente,
para mí, ahora, puede resultar peligroso.
Acariciar las partes que cubre el bikini son derecho exclusivo de casados, pues son zonas eróticas.
Dice el CATECISMO OFICIAL DE LA IGLESIA CATÓLICA que los novios «reservarán
para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del
amor conyugal»
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Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla, profanarla, instrumentalizarla, denigrarla, mancharla con los deseos de su instinto, procura por encima de sus apetencias elevarla, dignificarla, sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto religiosa como de carácter, voluntad, etc. Es decir, busca siempre lo que a ella la engrandece, nunca lo que la envilece.
Cuando tu novia se niegue a tus peticiones bestiales, no atormentes su cariño con frases como ésta:
«es que no me quieres». Todo lo contrario. Porque te quiere, no quiere que
manches tu alma con un pecado. Con su resistencia firme y entera te dice: «te
quiero tanto y tengo tantas ganas de casarme contigo, que no quiero cometer
ningún pecado, para que Dios nos bendiga y podamos llegar un día a unirnos para
siempre en el altar».
Mucho cuidado con las mujeres que tratas. Si tu novia es de moralidad dudosa,
aunque tú no quieras, ella te hará caer.
Que tu novia no sea para ti fuente de pecados. Tu novia debe ayudarte a ser
mejor. Que su recuerdo te proteja de envilecerte moralmente. Su pureza y su
virtud deben ser un estímulo para mejorarte, para hacerte digno de ella.
La desvergüenza de algunas mujeres ha llegado a tal extremo que es posible que tu actitud
irreprochable en toda esta materia provoque en ellas risitas y bromas de mal
gusto. Es lástima que las pobres hayan descendido tanto. Peor para ellas. Pero
a ti, ¿qué más te da? «Ésas» no te sirven para nada. En cambio la rectitud de
tu conducta te conseguirá la estima de las buenas, que son las únicas que te
interesan para buscar entre ellas la madre de tus hijos.
Si ves que tu novia no es mala, pero es una chica frívola y ligera, que se
ha dejado impresionar por el cine, y un día se pone insinuante..., dile: «No
esperaba eso de ti. Me has desilusionado. Yo te tenía por una chica digna, y
veo que eres como todas..., una chica de la calle». Estas palabras han hecho
derramar lágrimas a una chica y cambiar radicalmente su conducta.
«La castidad es el arma que tiene el joven (o la joven) para ver si es
realmente amado por su novio / a.
»Esto por varias razones:
»-Porque si realmente uno ama al otro no lo llevaría al pecado sabiendo que
lo degrada ante Dios, le hace perder la gracia y lo expone a la condenación
eterna.
» -Porque es la única forma que tiene un joven o una joven de demostrar
verdaderamente que quiere reservarse exclusivamente para quien habrá de ser su
cónyuge.
»En efecto, al no aceptar tener relaciones con su novio/a, con quien más
expuesto a tentaciones está, menos probable es que lo haga con otro. En cambio,
si lo hacen entre sí sabiendo que esto puede llevarlos a un matrimonio apurado
o a cierta infamia social, ¿qué garantiza que no lo haga también con otros u
otras con quienes no tiene compromiso alguno?
»El no consentir en las relaciones prematrimoniales es un signo de
fidelidad; lo contrario puede ser indicio de infidelidad.
»-Finalmente, porque el hacer respetar la propia castidad es el arma para
saberse verdaderamente amado.
»En efecto, si la novia solicitada por su novio (o al
revés) se niega a tener relaciones por motivos de virtud, pueden ocurrir dos
cosas: o bien que su novio respete su decisión y comparta su deseo de castidad,
lo cual será la mejor garantía de que él respeta ahora su libertad y por tanto,
la seguridad de que la seguirá respetando en el matrimonio; o bien que la
amenace con dejarla (y que tal vez lo haga), lo cual solucionará de antemano un
futuro fracaso matrimonial, porque si el novio amenaza a su novia (o viceversa)
porque ella o él deciden ser virtuosos, quiere decir que el noviazgo se ha
fundado sobre el placer y no sobre la virtud, y éste es el terreno sobre el que
se edifican todos los matrimonios que terminan desmoronándose.
»Además, la castidad es fundamental para la educación del carácter.
»El joven o la joven que llegan al noviazgo y se encaminan al matrimonio no
pueden eludir la obligación de ayudar a su futuro cónyuge a educar su carácter.
»La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en
forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes
dificultades.
»Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta
maduración, también el novio debe ayudar a su novia (y viceversa), y el esposo
a su esposa.
»El trabajo sobre la castidad es esencial para ello; porque es una de las
principales fuentes de tentaciones para el hombre; consecuentemente es uno de
los principales terrenos donde se ejercita el dominio de sí .
»Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser
un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter . Y así como no tiene
dominio sobre sí en el terreno de la castidad, tampoco lo tendrá en otros
campos de la psicología humana.
»El que tiene el hábito de responder a las tentaciones contra la pureza
cometiendo actos impuros, responderá a las tentaciones contra la paciencia
golpeando a su esposa e hijos, responderá a las dificultades de la vida
deprimiéndose, responderá a la tentación de codicia robando y faltando a la
justicia, y responderá a la tentación contra la esperanza suicidándose.
»La castidad es esencial porque la verdadera felicidad está fundada sobre
la virtud.
»Ahora bien, las virtudes guardan conexión entre sí. No se puede, por
tanto, esperar que se vivan las demás virtudes propias del noviazgo y del
matrimonio si no se vive la castidad. Si no se vive la castidad, ¿por qué
habría de vivirse la fidelidad, la abnegación, el sacrificio, el compañerismo,
la esperanza, la confianza, el apoyo, etc?
»La castidad no es la más difícil de las virtudes; al menos no siempre es
más difícil que la humildad o la paciencia cuando la intimidad matrimonial
empieza a mostrar los defectos del cónyuge que no se veían en el idilio del
noviazgo. Por eso la guarda de la pureza es garantía de que se está dispuesto a
adquirir las demás virtudes.
»Podemos concluir: el amor que no sabe esperar no es amor; el amor que no
se sacrifica no es amor; el amor que no es virtud no es amor»
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Si en el noviazgo no se dominan las tentaciones contra la castidad, ¿qué
garantías hay de que se van a dominar después de la boda cuando se presenten
tentaciones extramatrimoniales? Las dudas sobre posibles adulterios pueden
arruinar ese matrimonio.
Respeta a tu novia, aunque ella no sepa hacerse respetar, ni defender, con su pudor, el
tesoro de su pureza.
Es muy fácil decir: «No me importa lo que hayas sido en el pasado». Lo
difícil es decirlo de verdad.
Me dijo uno: «Yo muchas veces afirmé que no me hubiera
importado casarme con una cualquiera, prescindiendo de su vida pasada. Pero lo
decía mintiéndome a mí mismo. Por dentro yo tenía mi ideal de mujer. Lo que
pasa es que pensaba que de ésas ya no había, que era un ideal inalcanzable. Por
eso, cuando he encontrado a esta chica, que es un ángel, me he ilusionado de
tal manera, que me parece que he empezado otra vida».
La afirmación «no me importa lo que haya sido tu vida anterior» debe
incluir esta otra: «ni me importa lo que vayas a ser en el futuro».
Pero eso es más difícil, pues a ningún hombre le hace gracia que su mujer
le engañe con otro.
Es verdad que una mujer puede arrepentirse de su pasado y cambiar. Santa María Magdalena fue prostituta y
después llegó a santa. Pero esto es tan extraordinariamente excepcional, que
confiar en una cosa así es muy arriesgado.
Si alguien dice que no le importa la infidelidad de su cónyuge, es porque
ha dejado de amar. Precisamente la diferencia entre amor y amistad es que al
amigo no le importa compartir con otros a su amigo; pero el amante quiere en
exclusiva la persona amada.
Pues bien, si para casarte quieres una
mujer decente, ayuda a las chicas a que sean decentes. ¿Por qué una chica
que quiere ser decente tiene que luchar tanto contra los chicos que la acosan
para que ella ceda? Me decía una chica: «Padre, ¡qué asco! Todos los chicos
vienen a lo mismo. Y si no te dejas, no les interesas». ¡Qué triste es que las
chicas tengan ese concepto de los chicos!
Demuestra tú, con tu conducta, que no eres de ésos. Que tú, porque estimas
a la mujer decente, quieres ayudar a todas a que sean decentes. Si los chicos,
con vuestra conducta, mostraseis que preferís las puras y decentes, ellas, sin
duda, cambiarían. Pero como muchos chicos han preferido las libres, para poder
abusar de ellas, las chicas se han creído que para casarse tienen que ser
libres, y ahora buscáis una chica decente y os cuesta trabajo encontrarla.
Sin embargo,
mientras no la encuentres, no te eches una novia.
La felicidad
futura de tu hogar no depende ni de la cara, ni del tipo
de tu novia; sino de su carácter, de su virtud y de su espíritu cristiano.
Del mismo modo que una belleza inexpresiva y sosa acaba por cansar, una
belleza sin virtud acaba siendo aborrecida.
Busca una novia que te guste. Pero no te dejes encandilar por la «fachada»,
que es pasajera; y si no está sostenida por las virtudes del espíritu, pronto
te cansará y perderá para ti todo su atractivo. Aprende a enamorarte del
carácter y de las virtudes del alma, que son estables, y son realmente las que
hacen digna de estima a una persona. Aprende a estimar más los dones del alma
que los del cuerpo.
Puedes casarte con una «estrella» de la pantalla y ser un desgraciado, como
tantos divorciados del cine.
En cambio, si te casas con una mujer amable, dócil,
servicial, sacrificada, generosa, limpia, discreta, honrada, virtuosa, dulce,
femenina, habilidosa, delicada, de buen corazón, que sepa llevar una casa y sea
capaz de criar y educar los hijos y, sobre todo, muy cristiana, te profetizo un
matrimonio feliz.
En cambio si es una mujer sin moral y sin conciencia, no sabes hasta dónde
puede llegar. Tras un exterior muy atractivo, cara preciosa y tipo espléndido,
muchas veces se encuentra un espíritu de frivolidad y coquetería, que no es precisamente la mejor garantía
para que tu matrimonio sea feliz.
Por eso vale poco el enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y en cambio
hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es espiritual.
Si tu novia es
frívola y ligera, vivirás amargado de sospechas y celos.
No te vaya a ocurrir lo de aquel desgraciado que a los dos meses de la boda
se vio abandonado por su bellísima mujer. ¡Había encontrado un partido mejor
que su marido!
Cuando salgas con tu novia aprovecha todas las ocasiones para estudiar su
carácter y modo de ser. ¿Has examinado si le gustan los niños, si los acaricia,
si goza con ellos; o por el contrario le ponen de mal humor? ¿Es trabajadora y
sacrificada, o sólo piensa en divertirse? ¿Sabe cocinar y coser? ¿Sabe llevar
una casa, o lo único que sabe es bailar mucho y coquetear con el primero que se
le acerca? Si no atiendes ahora a todas estas cosas, es muy posible que después
de casado te lleves un gran desengaño.
Es muy importante que los novios se
conozcan muy bien antes de casarse. Puede una chica tener un gran atractivo
corporal, ser muy simpática y desenvolverse con soltura en la vida social, y
sin embargo tener defectos que van a hacer sufrir mucho a su marido. Por eso
las relaciones deben durar por lo menos de un año a dos. En menos tiempo es muy
difícil llegar a conocerse bien y es posible que después de casados aparezcan
defectos insospechados que pongan en peligro la felicidad matrimonial.
Ten en cuenta que después de casado apreciarás
de distinta manera muchas cosas que atraen ahora tus ojos de soltero, y que
entonces querrás en tu mujer virtudes que en el noviazgo no echaste de menos.
Si quieres a tu novia sólo por sensualidad, ese amor será pasajero. A los
pocos años de casados ya no os amaréis; a lo más, os soportaréis. En vida de tu
mujer serás un viudo del corazón.
Cuando elijas a tu novia, piensa que no la eliges sólo para la luna de
miel, sino para diez, veinte, treinta años..., ¡para toda la vida! En tu novia,
más que a la «mujer», busca el «ángel» que haga de tu futuro hogar un pedazo de
cielo.
Conozco una pareja muy feliz que se conocieron por coincidir todas las
mañanas al ir a misa. Si te enamoras de una chica sinceramente piadosa, tienes
mucho adelantado. Y te digo sinceramente piadosa, porque también las hay que
unen algunas prácticas de piedad a un proceder, modo de vestir, etc., impropios
de la vida espiritual que parecen tener. Esas chicas de piedad superficial
tampoco ofrecen garantías suficientes. Los principios cristianos y la rectitud
moral deben ser algo muy firme.
Muchas veces he oído quejas de que hoy día las chicas se han echado a
perder, que una chica para divertirse se encuentra fácilmente, pero que una
chica capaz de hacer feliz un hogar..., de ésas no se encuentran.
¿Y quién tiene la culpa de esto? Ciertamente que muchas chicas,
influenciadas por el cine, han perdido el recato y el pudor, que es su mayor
atractivo. Pero, ¿no tenemos los hombres nuestra culpa en este «descenso» del
pudor femenino?
Las chicas buenas también se quejan de que los chicos prefieren las ligeras, las frívolas, las coquetas, las
frescas... Como ellas quieren gustar, si ven que las que tienen éxito fácil son
las frescas, ellas se dejan ir por la cuesta abajo.Si los chicos mostraseis
claramente que preferís las buenas, las piadosas, las trabajadoras y
sacrificadas, las que rezuman pureza, las chicas mejorarían.
Es enorme el bien que haríais a las chicas, si ellas vieran que preferís
las buenas; y es enorme el daño que las hacéis, si ellas ven que preferís las
frescas.
Sería éste un excelente apostolado:
moralizar a las chicas, mostrando más estima por las que son más virtuosas.
Por otra parte, has de saber que las chicas tienen la misma queja de
vosotros. Algunos chicos, influenciados por las chicas frescas, creen que para
resultar más varoniles e interesantes tienen que mostrarse atrevidos, y esto
hace que las chicas buenas -las que necesitáis para el matrimonio- al veros
así, no se fíen de vosotros y no se decidan.
De modo que las chicas se hacen frescas para gustar más a los chicos, y los
chicos se muestran atrevidos para parecer más interesantes; y después resulta
que ni a los chicos os gustan las chicas frescas, ni a las chicas buenas
les gustan los chicos atrevidos. ¡Vaya un papel que estáis haciendo! ¿No sería
mil veces mejor que todos reconocieseis que lo más digno de estima es la
virtud, y obraseis en consecuencia?
Por eso dijo el poeta:
¿Por qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
¡Queredlas cual las hacéis,
o hacedlas cual las buscáis!
Cuando hayas encontrado una
chica virtuosa que pueda ser la madre de tus hijos, toma el noviazgo con toda
la seriedad que Dios manda. Dios quiere que el que no siente su voz para un
estado más alto y más grande, como es la vida consagrada a Dios, y va a
casarse, a su tiempo -pues la fruta que se toma antes de su tiempo se
indigesta- se busque una novia; pues los futuros esposos deben conocerse muy
bien antes de ir al matrimonio.
La psicología del chico es distinta de la de la chica. Al hombre le cautiva
la belleza, la delicadeza y la ternura de la mujer. A ella la fuerza, el valor
y la decisión del hombre.
En él la atracción hacia el otro sexo es más carnal; en ella es más
sentimental. No es raro que un chico sienta atracción sexual sin amor, y una
chica amor sin tener deseos sexuales.
Lo contrario es menos frecuente.
Las mujeres suelen preferir los hombres interesantes más que los
hombres guapos.
68,10. El cine ha hecho que la juventud, sin cabeza, sienta idolatría por
la belleza física, y así resulta que esa muchachita de «tipo estupendo»,
después de casada sale caprichosa, insoportable; y también aquel chico que
enamoraba con locura a las niñas tontas porque se parecía a cierto artista de
cine, después de casado sale con un genio insufrible.
Los dos son maravillosos para verlos en la pantalla. Pero el matrimonio no
es una película de cine, sino una vida que dura muchos años, y con muchos
sufrimientos, malos ratos, penas y amarguras.
También con sus ratos de felicidad. Pero desgraciadamente, no todo es
felicidad.
Si la juventud se preparara para el matrimonio como Dios manda, tendríamos
muchos más matrimonios felices.
Hay que enamorarse del alma más que del cuerpo. El Cuerpo envejece y se
estropea. El alma no. Las vhirtudes permanecen. Un envoltorio precioso puede
encerrar algo de muy poco valor. Es un disparate enamorarse de alguiien sin
saber qué clase de persona es.
Para conocer a una persona se podrían considerar los siguientes puntos:
a)
Sus relaciones con Dios.
b)
Sus relaciones con sus padres y
hermanos.
c)
Su afición al trabajo.
d)
Lo que le gusta para descansar y
divertirse.
e)
Cómo le gusta gastar el dinero.
f)
Su honradez y sinceridad.
g)
Su opinión sobre el matrimonio, el
adulterio, el aborto, etc.
h)
Cuántos hijos le gustaría tener.
i)
Cómo le gustaría educarlos.
j)
Cómo piensa repartir las labores
doméstuicas.
k)
Etc., etc., etc.
Cuanto mayor sea el conocimiento de la otra persona, y mayor sea la armonía
entre los dos, mayores garantías habrá de que ese amor sea duradero.
Y, aunque no sea lo más importante, también conviene conocer la salud de la
otra persona. Quien se casa con una persona enferma debe conocerlo de antemano
para evitar sorpresas desagradables.
El tiempo del noviazgo es para conocerse
mutuamente, para amarse rectamente.
El noviazgo es querido por Dios, pues Dios ha hecho el
matrimonio indisoluble, y esa persona a la que vas a unirte para toda la vida,
debes conocerla bien antes de casarte con ella. Por lo tanto, es natural - y
así lo quiere Dios- que durante cierto tiempo tengáis más confianza entre
vosotros y un trato más íntimo para conoceros mejor.
Pero debéis ser muy discretos en las manifestaciones de amor, si no queréis
manchar vuestras relaciones. No podéis permitirle a vuestro cariño muchas de
las cosas que él os pide con fuerza. Es necesario que aprendáis a llevar
vuestro noviazgo con la austeridad que exige el Evangelio. Es muy importante
que os propongáis firmemente llevar vuestro noviazgo en gracia de Dios. Eso
será atesorar bendiciones de Dios para el matrimonio. En cambio, si sembráis de
pecados el camino del matrimonio, ¿podréis esperar con confianza que Dios os
bendiga después? ¡Cuántos matrimonios lloran los pecados que cometieron de
solteros!
Si el noviazgo es para un conocimiento mutuo, se impone también como necesidad
imperiosa la sinceridad. No deben existir repliegues ni restricciones mentales.
Debe hablarse mucho sobre todas las cuestiones, y confiarse mutuamente los
problemas para buscar juntos una solución.
Es, por desgracia, demasiado frecuente, que los novios mantengan el uno con
respecto al otro, una postura totalmente falsa. Y es triste que, a veces, esa
falsedad dé al traste con la íntima compenetración que debe regir el
matrimonio. Los novios van al altar, muchas veces, engañados. No se conocen. El
engañar siempre es malo. Los novios deben
ser francos, transparentes el uno para el otro.
El amor necesita admiración. Para ver si sientes admiración podrías
preguntarte, ¿me gustaría tener un hijo así? No se trata de con menos o más
nariz, sino de ese modo de ser, cualidades, etc.
Los novios deben ayudarse a conocerse
mutuamente, tanto en las virtudes como en los defectos. Cada uno debe
esforzarse en corregirse de sus defectos y en adquirir las virtudes que el otro
desea ver en él.
Deben ver si armonizan en el carácter, gustos, puntos de vista, modo de
ser, educación y costumbres; si tienen las mismas ideas sobre religión, vida de
piedad, frecuencia de sacramentos, etc...
Deben ponerse de acuerdo en todos los problemas fundamentales.
Si en el noviazgo hay discrepancias sobre esto, en el matrimonio habrá
disgustos muy graves. Ya dijo Sáint-Exupery:
«Amar no es mirarse uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección»; es
decir, tener los dos los mismos ideales.
Y, desde luego, las
faltas de armonía y defectos de carácter, es necesario compensarlos con
espíritu de mortificación y tolerancia por una parte - siempre que no se trate
de cosas ofensivas a Dios- y deseo eficaz de corregirse por la otra. Nadie es
perfecto en este mundo; pero todos debemos tener deseos de superación. El
esfuerzo mutuo de adaptación es una de las mayores alegrías de la vida
conyugal.
Evidentemente que en esta armonía hay grados; pero cuanto mayor sea la
armonía, más probabilidades hay para un matrimonio feliz. El ideal sería que
esta armonía llegara incluso a detalles como gustos, aficiones, diversiones,
hábitos de vida, educación, aseo, orden, modales, lenguaje, etc., etc.
Si los criterios son distintos, si causan enfrentamientos, discusiones,
tirantez, etc., parece claro que un rompimiento a tiempo es lo más conveniente
para los dos.
El ideal es que los dos sean de ambientes familiares y culturales
similares. No por clasismo; sino por armonía. Un notable desnivel de educación, higiene, costumbres, etc., con el tiempo,
ocasiona roces que enfrían el amor.
Hay una porción de imponderables de educación, higiene, etc., que pueden
convertirse en espinas muy desagradables y, con el tiempo, realmente
insufribles. Hay personas a quienes se les hace durísimo disminuir de categoría
social.
«En general las diferencias de formación y de posición social son
obstáculos que impiden llegar en el matrimonio a una completa unión. La
igualdad en las costumbres, resultado de haberse formado en un ambiente
parecido, constituye el sólido cimiento de una buena armonía en la vida de cada
día; mientras que la disconformidad de las costumbres y una gran divergencia en
el grado de cultura pueden actuar como fuerzas disgregadoras.
»Cuando el estilo de vida difiere ampliamente por proceder los esposos de mundos
sociales distintos se va minando poco a poco la solidez del matrimonio. No
negamos que ambos esposos puedan ser felices si manda en ellos el corazón, pero
con el tiempo nada tiene de extraño que llegue a ser desagradable comer en la
misma mesa con una persona cuya educación es discordante con la propia.
Pequeñas, pero numerosas diferencias ponen a prueba los nervios de la
persona más equilibrada.
»Para que el hogar sea agradable es necesario cierto grado de educación.
Pero si uno de los dos no la tiene, es mejor que tampoco la tenga el otro»
[13]
.
«El amor vence a la muerte; pero un pequeño defecto desagradable, a la
larga, puede vencer al amor»
[14]
.
¿De qué sirve un atractivo corporal si esa persona es egoísta, interesada,
soberbia, irascible, rencorosa, vengativa, agresiva, cruel, peleona, chismosa,
intrigante, maquinadora, displicente, despectiva, hipócrita, falsa, cínica,
astuta, posesiva, ambiciosa, derrochadora, dominante, absorbente, autoritaria,
impositiva, mandona, insolente, protestona eterna, que se queja de todo,
creída, caprichosa, testaruda, arisca, engreída, inmadura, desequilibrada,
frívola, ligera, superficial, comodona, lujuriosa, alcohólica, irresponsable,
coqueta, etc. etc.?
Cualquiera de estos defectos anula una belleza corporal. Por otra parte, es
fácil encontrar atractivo espiritual en una persona virtuosa.
Y lo mismo digo a las
chicas: Ese chico, de muy buena facha, guapo, simpático, fuerte, y hasta
inteligente y brillante; pero engreído, soberbio, violento, y déspota, o
perezoso, vago, comodón, irresponsable, mujeriego y ligón, etc. ¿Piensas que
con ese hombre vas a tener un matrimonio feliz?
El carácter ideal es una personalidad comunicativa y amable, un
temperamento jovial, una alegría contagiosa, un modo de ser bondadoso y sincero,
generoso, amable, cordial, con deseos de hacer el bien a los demás. Con una
persona así la convivencia es deliciosa.
«Hay otro dato que podrá no ser decisivo ni principal, pero con el que no
está mal que contéis desde los primeros días del noviazgo: que no sólo os vais
a casar vosotros dos, sino también un poco con sus padres y familiares.
Repetimos que éstos rara vez deberán suponer un motivo fundamental en vuestra
decisión, pero no está mal que ya desde el noviazgo, sepáis que vais a tener
que afrontar esta circunstancia.
«Cuantas menos
sorpresas se lleve uno en la vida matrimonial tanto mejor»
[15]
.
68,11. «Sería de desear que el examen
médico prenupcial pasase a ser costumbre general»
[16]
.
En muchos países ya es obligatorio, hasta el punto de que no se concede la
licencia matrimonial sin la presentación del certificado médico.
«El consejo del médico es el único que puede impedir matrimonios
inconvenientes para la salud de los cónyuges, de la prole y de la raza»
[17]
.
Todos deberían llevar en su tarjeta de identidad su grupo sanguíneo y
su factor Rh. «Todo
matrimonio debe conocer el grupo sanguíneo al que pertenece, e investigar el
factor Rh correspondiente a cada uno de los contrayentes. Se calcula que
más del medio millón de subnormales que hay en España proceden de la ignorancia
de esta incompatibilidad por Rh, y la falta subsiguiente de tratamiento
adecuado cuando se presenta el embarazo»
[18]
.
Sólo hay problema si el padre es Rh+ y
la madre Rh–. Suele ser el uno por mil de los casos. Es muy importante que las
chicas conozcan el factor Rh de su sangre, pues si lo tiene negativo es
peligroso mezclar su sangre con un Rh positivo: puede tener los hijos
subnormales o muertos. Si el hijo sale Rh positivo, durante el embarazo la
sangre de la madre destruye los glóbulos rojos de la sangre del hijo, lo cual
produce una intensa anemia que puede llevarle a la subnormalidad o a la muerte.
Esto ocurre a partir del segundo hijo. En 1960 se descubrió una globulina que
ha sido una buena solución. Se trata de una inyección intramuscular de 5cc. Hay
que abstenerse de otro embarazo durante seis meses. La inyección debe repetirse
después de cada nuevo hijo que salga con Rh positivo y de cada aborto
[19]
.
68,12. Hoy hay una corriente
feminista defensora de los derechos de la mujer. La defensa de los derechos
de la mujer comenzó cuando San Pablo mandó a los maridos que amen a sus mujeres. Esto era algo inaudito en un mundo
en que la mujer no era nada. Incluso algunos filósofos de aquel tiempo dudaban
de que la mujer tuviera alma.
En la era pagana la mujer no tenía los mismos derechos que el hombre. Fue
el cristianismo el que elevó la mujer de su estado de ignominia haciéndola la
reina, festejada, admirada y amada; pues la misión de madre es la más gloriosa
de la vida.
Bernabé Tierno reconoce que «fue el cristianismo el que de manera más directa contribuyó a
devolver a la mujer toda su dignidad y derechos de igualdad con el hombre»
[20]
.
Una cosa es la igualdad de derechos ante la ley del hombre y de la mujer, lo
cual es justo; y otra que la mujer se ponga a imitar en todo al hombre,
perdiendo sus características femeninas que tanto la enriquecen. «Feminismo es
aquella cualidad de la mujer por la cual ella se hace atractiva y agradable, y
hace agradable y atractivo todo cuanto la rodea»
[21]
.
Pretender hacer de la mujer otro hombre es una equivocación. La mujer tiene sus
cualidades específicas que no debe perder, y deben ser para ella de gran valor.
La familia es el fundamento de la sociedad, y sin verdaderas mujeres no es
posible la familia.
A propósito de la igualdad de derechos de hombres y
mujeres, con frecuencia se oye añadir el femenino detrás del masculino: alumnos
y alumnas, trabajadores y trabajadoras, cantores y cantoras, etc. Esto es
necesario cuando el masculino no incluye el femenino: señoras y señores,
actores y actrices, poetas y poetisas, etc. Pero generalmente es innecesario,
pues en castellano el masculino incluye el femenino. «Todos» incluye «todas».
«Todos los hombres» incluye también a «todas las mujeres», pues se refiere a la
humanidad entera. En cambio «todas las mujeres» no incluye a «todos los
hombres». «Los padres católicos» incluye también a las madres.
Pero cuando se habla de «las madres solteras» no se incluye a los padres.
Cuando en la misa se dice que Jesucristo redimió a todos los hombres, no excluye a las mujeres. En cambio, cuando se
habla de las mujeres que abortan, se habla de las madres abortistas, no de los
médicos abortistas. Así es el modo correcto de hablar: el masculino incluye el
femenino, pero no viceversa.
Si yo digo que mis padres tuvieron ocho hijos, incluyo también a las hijas;
y si digo que somos ocho hermanos incluyo también a mis hermanas. Pero si digo
que tengo cinco hermanas monjas, no incluyo a mi hermano que es jesuita.
El feminismo que reivindica los mismos derechos para la mujer que para el
hombre ante la ley, es normal y sano, pues hombre y mujer tienen la misma
dignidad como persona humana
[22]
.
Delante de Dios no hay distinción entre hombre y mujer
[23]
.
Pero hay otro feminismo radical y revanchista que resulta ridículo. Hay mujeres
feministas que quieren ocupar el sitio del hombre en todo. Y algunas lesbianas
hasta en el uso del sexo. Las lesbianas suelen ser feministas revanchistas. La
mujer debe ser mujer. El querer ser como el hombre es una equivocación, pues es
considerarse inferior al hombre. Y la mujer no es inferior al hombre, es
diferente, que no es lo mismo. El hombre y la mujer son distintos en su cuerpo
y en su psicología. Dice la Biblia que Dios «los
creó hombre y mujer»
[24]
.
No «unisex». La feminidad es un gran valor para la mujer.
José María García
Escudero, hablando de Lilí Álvarez, que acababa de morir, aquella gran mujer que triunfó
como deportista (tenis, motorismo, esquí, etc) y como escritora católica,
defensora de los derechos de la mujer, dice de ella que fue una gran feminista,
pero que combatió en «marimachismo», pues lo que engrandece a la mujer es ser
muy femenina, no el masculinizarse
[25]
.
Recientemente ha nacido un nuevo
feminismo.
Janne Haaland
Matlary, secretaria de Estado para Asuntos Exteriores de Noruega
afirma que la mayoría de las mujeres son madres o desean serlo. Tiene cuatro
hijos, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 7 años y es catedrática de la
Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Oslo. En 1995, participó
como miembro de la delegación de la Santa Sede en las Conferencias organizadas
por las Naciones Unidas en Copenhague (sobre el desarrollo social) y en Pekín
(sobre la mujer).
Ahora, Janne acaba de publicar
un libro en Italia, «Tiempo de florecer.
Por un nuevo feminismo» (Mondadori), que está llamado a convertirse en una
especie de manifiesto del feminismo, en el que se declara que ha llegado la
hora de que florezcan «las cualidades femeninas» en todos los campos de la vida
personal y social y «en todo rincón de la tierra».
«El feminismo de los años setenta tendía a la
negación de la maternidad y a la imitación de los hombres. Esto ha impedido, de
hecho, todo desarrollo de las cualidades y de las contribuciones femeninas, así
como la aplicación de políticas capaces de ayudar verdaderamente a las
mujeres».
Dice Matlary que hay que ir a
las raíces, de la cuestión, es decir, «hay que reconocer que los hombres y las
mujeres son muy diferentes, tienen talentos diferentes. Además, la mayoría de
las mujeres son madres o quieren serlo.
El desafío consiste en crear una igualdad que tenga en cuenta estas
diferencias».
Según Matlary, las políticas al
servicio de la mujer deberían «garantizar una adecuada pausa de trabajo por
maternidad, retribuida y lo suficientemente larga como para evitar el
"doble trabajo". Pero, al mismo tiempo, es fundamental una pausa de
trabajo para los padres. Pues aquí la mujer no es la única que está en juego,
sino toda la familia. Y hay que valorar y reconocer el trabajo que se realiza
dentro de toda la familia.. Por tanto, se requieren medidas de flexibilidad
económica y de políticas sociales especiales. Por ejemplo, el año pasado
aprobamos una ley que permite a las familias escoger entre la guardería pública
y el cuidado de los niños en la propia casa. En la práctica, a las mujeres que
se quieren quedar en casa se les ofrece la misma cantidad que paga el Estado a
la guardería por cada niño, unos 6 mil dólares al año»
[26]
.
Así opina Juan Pablo ll: «A
menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la
humanidad debe su supervivencia. Ciertamente que aún queda mucho por hacer para
que el ser mujer y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar,
en todas partes, la efectiva igualdad de los derechos de la persona y, por
tanto, igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, y tutela de la
trabajadora-madre»
[27]
.
También dice en su documento de agosto del 88, Mulieris Dignitatem
[28]
,
la mujer no puede convertirse en objeto de placer y explotación, pero tampoco
debe invadir el terreno propio del hombre, masculinizándose y apropiándose de
las características masculinas, y haciéndose un marimacho.
«La igualdad de derechos de la mujer y el hombre no debe consistir en su
masculinización, en deterioro de los auténticos valores femeninos». La
identidad de la mujer no puede consistir en ser una copia del hombre; puesto
que ella está dotada de cualidades y prerrogativas propias, que le confieren
una personalidad autónoma, que siempre se ha de promover y alentar»
[29]
.
La mujer debe ser femenina, y el hombre masculino. Cada uno tiene su tarea
en la vida, en la reproducción humana y en el servicio de la Iglesia, etc. La
igualdad de derechos de la mujer y el hombre tiene aspectos muy razonables. No
se ve por qué una mujer que realiza el mismo trabajo que el hombre y con la
misma perfección, no va a tener el mismo sueldo. Afortunadamente esta
discriminación se va acabando.
Pero hay cosas en que el hombre y la mujer son distintos. El mismo cuerpo
humano demuestra la distinta misión específica de cada uno. El hombre tiene los
hombros más anchos que la mujer, pues está hecho para la fuerza. En cambio la
mujer tiene las caderas más anchas que el hombre, pues está hecha para la
maternidad. La igualdad de derechos es lógica ante la ley. En teoría, todos los
seres humanos, hombres y mujeres, pueden ser jueces, médicos o taxistas. Pero
sólo las mujeres pueden dar a luz un hijo. Y esto por biología y por
naturaleza. Porque Dios lo ha hecho así.
Por eso el hombre y la mujer son distintos corporal y
psicológicamente. Negar esto es un desconocimiento de la psicología humana. Las
feministas quieren ser en todo como los hombres. Esto es una equivocación. Y
además, con esto, demuestran su complejo de inferioridad. Por eso quieren ser como
los hombres. La mujer no es inferior al hombre. Es distinta. Es evidente que
hay cosas más propias del hombre, y otras para las que la mujer está más
capacitada. Ignorar las diferencias entre el hombre y la mujer demuestra un
desconocimiento total de psicología.
Ordinariamente, y en igualdad de circunstancias, prevalece:
EN EL
HOMBRE
EN LA MUJER
La razón ........
...... ........
........ ........ .......
El sentimiento.
La reflexión.... ........
........ ........
........ ........ La intuición.
Las ideas........ ........
........ ........
........ ........ Las personas.
La lógica ........ ........
........ ........
........ ........ El atractivo.
El realismo..... ........
........ ........
........ ........ La fantasía.
La ciencia....... ........
........ ........
........ ........ La religión.
El estudio....... ........
........ ........
........ ........ La oración.
Vencer ........
........ ........
........ ........ ........
Agradar.
Emprendedor...........
........ ........
........ ........ Hogareña.
Directo ........
........ ........
........ ........ ........
Sinuosa.
El descuido..... ........
........ ........
........ ........ El orden.
La acción........ ........
........ ........
........ ........ El amor.
El trabajo....... ........
........ ........
........ ........ La familia.
El combate.... ........
........ ........
........ ........ La maternidad.
La reserva...... ........
........ ........
........ ........ La comunicación.
La eficacia..... ........
........ ........
........ ........ El detalle.
La personalidad.......
........ ........
........ ........ La belleza.
La estabilidad ........
........ ........ ........
........ La moda.
La técnica...... ........
........ ........ .......
........ La decoración.
La comodidad ........
........ ........
........ ........ La estética.
La sinceridad ........
........ ........
........ ........ El disimulo.
La brusquedad ........
........ ........
........ ........ La sensibilidad.
Los gritos...... ........
........ ........
........ ........ Las lágrimas.
La violencia..... ........
........ ........
......... ........ La resignación.
La fuerza.......
........ ........
........ ........
........ La resistencia.
La audacia...... ........
........ ........
........ ........ La prudencia.
El valor ........
........ ........
........ ........
........ El miedo.
La fuerza....... ........
........ ........
........ ......... La dulzura.
La fortaleza... ........
........ ........
........ ......... La delicadeza.
La energía...... ........
........ ........
........ ......... La astucia.
La imposición ........
........ ........
........ ......... La sugerencia.
El mando ........ ........
........ ........
........ ......... La docilidad.
La tenacidad... ........
........ ........
........ ......... La paciencia.
La intransigencia.....
........ ........
........ .......... La tolerancia.
La justicia...... ........
........ ........
........ .......... La indulgencia.
La protección ........
........ ........
........ .......... La servicialidad.
La galantería
........ ........ ........
........ .......... La admiración.
La obsequiosidad..... ........
........ ........
............ El cariño.
El egoísmo...... ........
........ ........
........ .......... La generosidad.
El flirteo ........ ........
........ ........
........ .......... El coqueteo.
El sexo ........
........ ........
........ ........
.......... La ternura.
La lascivia...... ........
........ ........
........ .......... El pudor.
La conquista ........
........ ........
........ ........... La seducción.
La agresividad ........
........ ........
........ ........ .. La habilidad.
La iniciativa.... ........
........ ........
........ .......... La receptividad.
Puede haber excepciones, pero estas cuarenta diferencias son frecuentes.
No de modo exclusivo, sino predominante.
Estas diferencias psicológicas entre el hombre y la mujer hacen que cada
uno ame de distinta manera. «En el hombre el amor es conquista, en la mujer es
seducción: necesita ser amada»
[30]
.
«Se ha dicho que la diferenciación sexual de los “caracteres” no serían
naturales sino culturales, etc. La objeción no resiste un mínimo examen de los
datos obtenidos por la antropología cultural. Es cierto que una educación
dirigida expresamente a ese fin puede conseguir masculinizar a la mujer y
feminizar al hombre. Pero si se deja obrar a la naturaleza, la diferenciación
sexual es inmediata y clara. Por eso, en millares de culturas estudiadas, la
mujer y el hombre tienen la psicología que corresponde a los caracteres
sexuales primarios y secundarios. Antropológica e históricamente esta
conclusión está demostrada por los hechos. Las “amazonas” son un mito; y es significativo
que no exista un mito equivalente para los hombres. El mito de las “amazonas”
equivale a las utopías feministas de hoy.
»Nunca mejor empleada la palabra utopía: algo que no existe ni puede
existir en ninguna parte. En efecto, el feminismo radical desea una total
igualdad entre el hombre y la mujer: igualdad biológica, fisiológica, completa.
Como esta igualdad no es posible pese a todos los esfuerzos de las feministas,
se busca una igualdad cultural: se tiende a vestir como los hombres (o a que no
haya diferencias entre la indumentaria femenina y la masculina), y a hablar
como los hombres: si era costumbre social que los hombres utilizasen a veces un
lenguaje malsonante -el taco- las feministas lo imitarán servilmente.
»El feminismo radical no depende sólo de la situación de una cultura, ya
que feminismo ha habido en otras épocas. Se trata de un comportamiento
psicológicamente patológico, que no acepta la diferente constitución biológica
del hombre. La desigualdad sexual hombre-mujer le parece una injusticia de la
naturaleza que es preciso corregir. Pero, como esto no es posible, los
movimientos feministas radicales intentan compensarlo con reivindicaciones
exaltadas, típicamente femeninas para mayor ironía.
Hacen falta
mujeres-madres. La política la pueden llevar los hombres solos. La técnica la
pueden llevar los hombres solos. La información, la pueden llevar los hombres
solos, etc., etc., etc. Pero la humanidad no puede subsistir sin
mujeres-madres. «Cualquier mujer puede llegar a ser una conductora, como
cualquier hombre. Pero sólo a la mujer se le ha dado ser madre»
[31]
.
Hoy muchas chicas
se preparan con éxito para distintas profesiones, lo cual es bueno. Lo
lamentable es que pocas se preparan para ser madres, que es la misión más
grande de una mujer, y en lo que es insustituible.
La actriz Nati Mistral dijo en una entrevista que
le hizo Amilibia: «Ser madre es la
gloria más grande para una mujer. Hay que respetar al ama de casa más que a
nadie»
[32]
.
«La diferenciación sexual masculina y femenina no es obstáculo, en absoluto,
para la defensa de la más completa igualdad de derechos en el hombre y la
mujer, ya que varón y mujer cumplen plenamente con el contenido biológico y
ético del ser humano. La misma diferenciación no es inconveniente para que en determinadas
épocas la mujer realice trabajos y funciones hasta entonces sólo confiados a
los hombres»
[33]
.
Las feministas quieren hacer una sociedad dominada por las mujeres. Pero
esta sociedad tendría los mismos defectos, o más, que la dominada por los
hombres. Pues todo hombre bien nacido siente respeto por la mujer, mientras que
las feministas, frecuentemente, muestran desprecio por los hombres.
Me parece una
equivocación el que algunas mujeres consideren el
ocuparse de la casa como una esclavitud, de la que quieren liberarse.
Lo que se hace por amor no se puede llamar esclavitud. Un mismo trabajo
puede hacerse por un sueldo o por amor, y tendrá un valor totalmente distinto.
Las cosas hechas sólo por obligación pueden resultar latosas, pero las
hechas por amor son gozosas. Un enamorado recorre gozoso la distancia que le
separa de la persona amada. Un kilómetro por amor resulta como cien metros, y
cien metros sin amor resulta como un kilómetro. Por eso es muy buen consejo:
«Si no puedes hacer lo que amas, procura amar lo que tienes que hacer».
Muchas mujeres ansían relizarse en una profesión fuera del hogar, pero
nada en el mundo las puede realizar más que la maternidad. Las estadísticas dan
que gran número de mujeres que evitan los hijos de jóvenes después los desean
ardientemente cuando son maduras. Hoy las edades de la mujer en que hay más
maternidad es entre los treinta y cuarenta años. Son madres «añosas», como se
las califica en los manuales médicos
[34]
.
Los psiquiatras conocen un tipo de depresión propio de las madres que han dado
a luz siendo ya mayores.
En Estados Unidos las mujeres vuelven al hogar. Según un informe del
Departamento de Trabajo, las mujeres estadounidenses no quieren trabajar fuera
de casa. Abandonan su empleo remunerado por el de «ama de casa»
[35]
.
Es cierto que algunas mujeres pueden encontrar satisfacción en su trabajo
fuera de casa, pero con ningún trabajo pueden sentirse más satisfechas que con
el de ama de casa. «En la realidad de la vida, no pocos trabajos femeninos
fuera de la casa son bastante monótonos, y no tienen la riqueza de la vocación
de ama de casa, tan múltiple y variada: maestra, catequista, enfermera,
cocinera, florista, secretaria, modista, decoradora, conductora, asistente
social, relaciones públicas y tantas cosas más. Muchas profesiones posibles
para la mujer son preciosas, pero pocas habrá tan admirables»
[36]
.
Dos palabras sobre la ordenación
sacerdotal de las mujeres.
Jesucristo sólo hizo sacerdotes a varones. No lo hizo a su madre. Por eso
la Iglesia no ordena sacerdotes a las mujeres. Dios quiso que el Redentor
viniera al mundo por medio de una mujer: María. María es, después de Cristo, la primera persona de la
humanidad. Pero a María no la hizo
sacerdote. Y esto no fue por estar condicionado por la mentalidad de su tiempo.
Pensar que Cristo se dejó
influenciar por ello sería ofensivo para Él. Además demostró su independencia
del «qué dirán» en su trato con «la pecadora» y la adúltera
[37]
.
Respecto de la mujer Jesucristo no se atuvo a los usos del ambiente judío. Su actitud respecto de la mujer
contrasta fuertemente con la de los judíos contemporáneos, hasta el punto tal
de que sus apóstoles se llenaron de maravilla y estupor
[38]
.
Así: conversa públicamente con la samaritana
[39]
,
no toma en cuenta la impureza legal de la hemorroísa
[40]
,
deja que una pecadora se acerque en casa de Simón el fariseo
[41]
,
perdona la adultera, mostrando de este modo que no se puede ser más severo con
el pecado de la mujer que con el del hombre
[42]
,
toma distancia de la ley mosaica para afirmar la igualdad de derechos y deberes
del hombre y la mujer, respecto del vínculo matrimonial
[43]
,
se hace acompañar y sostener en su ministerio itinerante por mujeres
[44]
,
les encarga el primer mensaje pascual, incluso avisa a los Once su Resurrección
por medio de ellas
[45]
.
Esta libertad de espíritu y esta toma de distancia son evidentes para mostrar
que si Jesucristo quería la
ordenación ministerial de las mujeres, los usos de su pueblo no representaban
un obstáculo.
Recientemente ha surgido en el anglicanismo un movimiento a favor de la ordenación sacerdotal de las mujeres.
Pero, en su carta apostólica Ordinatio
sacerdotalis del 22 de Mayo de 1994, Juan Pablo II ha afirmado que esto no se puede hacer, pues Jesucristo sólo ordenó sacerdotes a
varones; y la Iglesia no puede hacer cambios importantes en los sacramentos
instituidos por Jesucristo. Lo mismo
que en la Santa Misa hay que consagrar pan y vino, y sería inválida una Misa
con patatas fritas y cerveza.
Ya en el siglo I, cuando se habla de la ordenación de sacerdotes se usa el
término «ándras» =varones; y no «ánthropos»=hombres=persona humana, sin
distinción de sexos
[46]
.
Repetidas veces ha dicho Juan Pablo
II: «La Iglesia no tiene autoridad para aceptar el sacerdocio femenino»
[47]
.
«No se trata de una cuestión de igualdad entre personas o de derechos dados por
Dios. El sacerdocio ministerial no puede ser reivindicado por nadie como un
derecho. La Iglesia, en plena fidelidad con el Nuevo Testamento y con la
tradición, tanto Oriental como Occidental, enseña que sólo los varones pueden
ser ordenados sacerdotes»
[48]
.
El P. Santiago Martín, dijo por
Televisión Española el 12 de octubre del 2000 a las 10:30 de la mañana: el
sacerdocio no es un derecho, es un don. Y los dones se aceptan y agradecen, no
se exigen ni reivindican.
Resultan repelentes esas feministas que exigen el sacerdocio como un
derecho. Nadie tiene derecho al sacerdocio. El sacerdocio es un don gratuiito
de Dios; y los que lo hemos recibido lo agradecemos humildemente,
considerándonos indignos de ello. Me resultaría de una soberbia repelente que
alguien se considerara con derecho a él.
Sin el sacerdote es alter Christus, otro Cristo, evidentemente que está
representado más adecuadamente por un varón que por una mujer
[49]
.
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe
ha afirmado que esta declaración del Papa sobre la ordenación sacerdotal de las
mujeres es una declaración definitiva y próxima al dogma
[50]
.
Elizabeth
Schüssler, conocida feminista alemana, profesora
de universidad en Estados Unidos, que durante mucho tiempo ha defendido la
ordenación sacerdotal de las mujeres, ha llegado a la conclusión de que ha sido
un objetivo equivocado. La experiencia del sacerdocio femenino en la Iglesia
anglicana ha dado como resultado que «no es una solución», «no es lo que
buscábamos»
[51]
.
Las mujeres tienen una gran misión en la vida de la Iglesia, como muestra
la historia; pero no la de ser sacerdote. La Iglesia ha defendido siempre la
dignidad de la mujer siguiendo el ejemplo de Cristo que en su predicación y en el trato que daba a las mujeres,
fue una clara novedad respecto a las costumbres dominantes entonces, que
postergaban a la mujer. En este trato de Cristo a las mujeres estaba ausente la concupiscencia, de la que Cristo carecía.
Hoy está de moda hablar de la sexualidad de Cristo. Sin embargo, dice la Biblia que Cristo «se hizo en todo igual
a los hombres menos en el pecado»
[52]
.
68,13. El casarse con una mujer pura tiene para el hombre una ilusión especial. El matrimonio después
de unas relaciones puras tiene una ilusión y una felicidad especiales. Y lo
mismo le pasa a la mujer.
El mejor regalo de
bodas que espera una persona es la virginidad de su pareja. Toma este precioso
lema: «Fieles hasta la muerte y puros hasta el altar». Convéncete de que
mientras más pura y respetuosa sea tu conducta en el noviazgo, mayores serán
las garantías que llevaréis al altar, de un matrimonio indisoluble, tranquilo y
amoroso. Dice la Biblia que Amón deseaba a Tamar, y en el mismo
momento de violarla la aborreció en su corazón
[53]
.
Algunas veces las chicas ceden ante las exigencias inmorales del hombre a
quien aman; no se atreven a resistirle. Por miedo a perderle, o por no
contrariarle, llegan más allá de donde su conciencia cristiana les permite. Y
después resulta que todo sale mal: su conciencia manchada, Dios ofendido, y su
novio desilusionado. Conozco varios casos concretos en que unas relaciones se
rompieron porque él perdió toda la ilusión con una chica que había cedido a sus
solicitaciones pecaminosas.
La mujer interesa al hombre mientras es encanto, ideal, ilusión; pero
rebajada a ser una cosa, desilusiona. Recuerdo una ocasión en que yo quería
defenderla a ella y le echaba la culpa a él. Él me respondió: «Muy bien, Padre,
me reconozco culpable, pero he perdido en ella la confianza. Ya no puedo casarme
con ella».
Por eso no es raro que un chico pierda la ilusión e
incluso abandone a una chica que ha perdido la pureza, aunque sea él el autor
de la mancha. Así son las cosas. Puede él sentirse quizás culpable. Pero
también desilusionado. Y esto es superior a su voluntad. El chico te quiere
pura, fragante como una flor. Si te marchitas pierdes tu atractivo.
Mi experiencia sacerdotal me ha hecho conocer varios casos que se
decidieron a elegir a una chica antes que a otra, atraídos precisamente por la
intransigencia en la pureza que en ellas habían observado.
Y es que los chicos cuando buscan una chica-plan para divertirse y aprovecharse, la quieren fresca; pero cuando lo que buscan es
una novia en serio, la quieren de una pureza intachable. A nadie le gusta
comerse las sobras que otro dejó en el plato. Por eso la pureza es uno de los
mayores tesoros de una muchacha. Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de
que su mujer haya sido una golfa.La
chica fácil y condescendiente en terreno moral resulta vulgar. Chicas así se
encuentran en todas partes.
Cuando el hombre que vale se enamora, lo hace de una mujer excepcional, que
se sale de lo corriente, de auténticos valores, sobre todo, espirituales y no
de una cualquiera. Lo vulgar, no enamora a nadie que tenga buen gusto.
Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla,
profanarla, degradarla, instrumentalizarla, mancharla con los deseos de su
instinto, procura, por encima de sus apetencias, elevarla, dignificarla,
sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto
religiosa como de carácter, voluntad, etc. Es decir, busca siempre lo que a
ella la engrandece, nunca lo que la envilece. Mira lo que decía un chico en
una carta:
«¿Cómo me gustaría mi futura esposa?
»Más bonita de alma que de cuerpo, aunque sin descuidar esto último.
»Más piadosa que rezadora.
»Con más cultura religiosa que de cualquier otro tipo, aunque no desdeñe la
cultura general».
No he añadido ni una palabra. Así piensan los chicos formales cuando hablan
en serio.
¿Quieres en resumen unas cualidades femeninas que cautivan a los chicos? La
sencillez, el encanto, la sonrisa, la delicadeza, la amabilidad, la
servicialidad, la dulzura, el candor, unidas todas a una sólida piedad y a una
pureza intachable.
Es verdad que en el momento de la
tentación están fuera de sí, y piden cosas que serenos jamás pedirían.
Pero cuando pasa el torbellino, ellos mismos se avergüenzan de haber estado
así. Si negándote le defiendes de la fiera que lleva dentro, te lo agradecerá.
Tu intransigencia aumenta la ilusión que siente por ti. Tus condescendencias en
este punto, no lo dudes, te rebajan, te estropean, te ensucian, te manchan.
Y si de tu parte no sólo hubo condescendencia, sino que hubo culpa,
quedaste a la altura de un demonio. ¡Qué horror! Piénsalo.
El chico te quiere ángel. Así le ilusionas; su cariño se eleva. Cuando
dejas de ser ángel, él pierde la ilusión y lo que era cariño se convierte en
otra cosa peor. ¿Creías que cediendo te iba a querer más? ¡Te equivocaste! Te
quiere menos.
Su verdadero cariño se ha transformado en instinto de bestia. Y al ir
perdiendo por ti la ilusión y el cariño, pierde también el respeto. Quien
profanó tu cuerpo no tiene dificultad en profanar tu fama: ¡Lo que hizo contigo
se lo contará a sus amigos! ¿Puedes imaginarte los comentarios que harán de ti?
¡Qué vergüenza!
Esto ocurre con mucha frecuencia; créeme.
El hombre que pide libertades impropias a una mujer antes de la boda, puede
hacerlo porque la desea con violencia, con pasión desenfrenada, pero ten por
cierto que no la ama bastante para protegerla contra el animal que hay en la
propia naturaleza masculina.
Si tu novio pretende de ti cosas que no admite tu conciencia, recházalo, y
cuanto antes, mejor. No te hará feliz. Lo que tiene no es amor a ti, sino a sí
mismo, a su concupiscencia y a su egoísmo.
Si te amara a ti, buscaría tu bien por encima de sus apetencias.
Y si prefiere sacrificar tu pureza, tu conciencia y tu alma a su apetito
desordenado, ¿cómo vamos a creernos que te ama a ti?
Quien te ame únicamente podrá cegarse en un momento de pasión, pero al
chocar con tu rectitud intransigente, reconoce su falta, te pide perdón y se
siente orgulloso de tu virtud.
No lo olvides. Los pecados impuros con tu novio, te hunden a ti y le hunden
a él. Por eso es mentira cuando te dice para que cedas: «es que no me quieres»,
«parece que no te intereso», «qué fría eres».
Ataca tus sentimientos para rendirte. Pero esto es un truco muy viejo; si caes en la trampa, te arrepentirás. Y si él te
quiere de verdad, también se arrepentirá de haberte hecho caer, pues, te
repito, los chicos no quieren casarse con las frescas.
Esto ocurre siempre entre los chicos que valen.
Y si algún chico prefiere casarse con una fresca, porque es mona o tiene
buen tipo, ese chico es tonto. Creer que la belleza de su mujer le va a hacer
feliz en el matrimonio por encima de otras cosas, es no tener cabeza. Y
desgraciada la que se casa con un tonto. Pero en fin, tonto él y tonta ella:
¡Tal para cual!
Conozco a una chica que al pararle los pies a su novio, éste le dijo: «si
no me quieres, lo mejor es que lo dejemos». Ella respondió: «si para
convencerte de que te quiero necesitas eso, será que Dios quiere que lo
dejemos».
A los pocos pasos él la llama: «Perdóname. No sabía lo que decía. Has hecho
muy bien en ser firme. Estoy orgulloso de ti. Ahora te quiero más».
Al poco tiempo se casaron.
En cambio conozco novios que después de lograr de sus novias lo que no
debieron conceder, de tal manera perdieron la ilusión que nunca más volvieron a
recuperarla.
Aparte de que tú no sabes ahora si llegarás a casarte con éste. Si le
concedes lo que no debes, ¿quién va a querer después una mujer de segunda mano?
No estoy inventando.
Conozco chicos que al enterarse de las intimidades de su novia en noviazgos
anteriores, decidieron dejarla. No querían una mujer de segunda mano.
Si Dios pide pureza a las chicas, no es por capricho; sino porque es
necesario para la felicidad de su matrimonio.
Por eso, que no se extrañen las chicas que pisoteando su pudor concedieron
a otro lo que no debían, si después esperan inútilmente que alguien las quiera.
Lo que les ocurre es consecuencia lógica de su conducta equivocada.
No me digas que cedes por amor a él. Todo lo contrario.
Si le amas, no puedes ceder;
pues pecando le haces el peor de los daños: le condenas al infierno. Si le
amas, sálvale. Aunque esto exija sacrificios.
Dejarle pecar no es amarle, es matarle.
Con tu resistencia firme y entera le dices: «Te quiero tanto y tengo tantas
ganas de casarme contigo, que no quiero cometer ningún pecado, para que Dios
nos bendiga y podamos llegar algún día a unirnos para siempre en el altar».
Hay que saber mantener el instinto sexual frenado. El soltero tiene que
guardar pureza. El casado también tendrá ocasiones en las que será necesaria la
abstención. Y en todo caso el instinto debe servir al amor.
No se doma al potro salvaje dejándolo correr por las praderas. Hay que
embridarlo y mantener bien firmes las riendas. Sólo así llegará a ser útil para
el servicio. Lo mismo pasa con el instinto sexual.
El joven que durante las relaciones no ha aprendido a dominar sus impulsos,
no sabemos si lo logrará después de casado.
Es más, cuando ellos saben que de novios no han dominado su instinto
sexual, después de casados pueden tener dudas de que el otro falte a la
fidelidad en los momentos de necesaria abstención (enfermedades, viajes, etc.).
En cambio, si uno y otro han dado pruebas de saber dominarse en ese punto,
les dará enorme seguridad para tranquilizarse confiando en el dominio propio
del otro forzado a una abstinencia sexual.
La
prueba sexual previa al amor es la negación del amor
que esencialmente es entrega incondicional e irrevocable.
Quien dice «déjame que pruebe contigo para ver si me conviene amarte», es
porque no ama. El lenguaje del amor es todo lo contrario: «porque te amo deseo
vivir contigo tal como eres».
Escucha las
palabras de Pío XI: «No puede
negarse que tanto el fundamento firme del matrimonio feliz como la ruina del
desgraciado, se preparan y se basan en los jóvenes de ambos sexos durante los
días de su infancia y de su juventud. Y así hay que temer que quienes antes del
matrimonio sólo se buscaron a sí mismos y a sus cosas, y quienes
condescendieron con sus deseos, aun cuando fueran impuros, sean en el
matrimonio como fueron antes de contraerlo, es decir, que cosechen lo que
sembraron: tristeza en el hogar doméstico, llanto, mutuo desprecio, discordias,
aversiones, tedio en la vida común, y lo que es peor, encontrarse a sí mismos
llenos de pasiones desenfrenadas»
[54]
.
La delicadeza y la
ternura son dos de los más importantes componentes del
matrimonio. Si faltan antes del matrimonio, no es probable que aparezcan
después, y sin ellas el matrimonio puede acabar en desastre.
Cuando lo que hay es sólo apetito sexual, la cosa es pasajera, como un
capricho. Mientras dura, parece que todo va bien. Pero con frecuencia al cabo
de cierto tiempo cambian las cosas y aquello termina mal.
Sobre todo, cuando se ha pisoteado la conciencia es muy frecuente que esta
situación se haga insostenible.
No es lo mismo «hacer el amor» que tener «relaciones sexuales».
«Semejante error muy extendido y divulgado en los últimos tiempos, es
reducir el amor al sexo.
Los que vayan por ese camino lo van a tener muy difícil a la hora de
establecer una pareja sólida, firme, estable, duradera»
[55]
.
Hoy se dice mucho «hacer el amor». Esto es degradar el amor, cosificarlo.
Las cosas se hacen; el amor, no. El amor se tiene.
El amor brota espontáneamente de la admiración y estima por una
persona.
Cuando no hay amor, «hacer el amor» es lujuria.
Hoy se quiere identificar lujuria con amor, pero son dos cosas distintas.
La diferencia entre amor y lujuria es que en el amor valoro a la persona por
sus cualidades, y esto me lleva a sacrificarme por el bien de ella; en cambio
en la lujuria busco a la persona por las gratificaciones que me proporciona. Es
decir, la hago objeto de mis satisfacciones egoístas. «El erotismo arranca del
egoísmo. El amor parte de la generosidad»
[56]
.
68,14. El hombre sensual confunde el placer con la felicidad. Su ansia de
placer acaba con el verdadero amor, y al rebajar su concepto de la mujer, ha
matado la felicidad de su matrimonio
[57]
.
Es verdad que el amor incluye el sexo; pero puede haber sexo sin nada de amor: por
ejemplo, el que va con una prostituta.
Ortega y Gasset en su ensayo Estudios sobre el amor analiza
la diferencia entre amor y apetito sexual.
Dice que no es lo mismo desear que amar: el drogadicto desea la droga, y al
mismo tiempo la odia porque sabe que es su ruina.
El deseo es egoísta. El amor es generoso. Cuando deseo, busco algo que me
satisface. Cuando amo, busco satisfacer a alguien
[58]
.
El deseo es del cuerpo. El amor es del alma.
No es lo mismo deseo que amor. Al desear busco para mí, al amar quiero el
bien de la persona amada.
El sediento desea agua para saciar su sed, y un hombre puede desear a
una mujer para saciar su lujuria. Pero ni el sediento ama el agua, ni ese
hombre ama a esa mujer. Por eso cuando el sediento deja de tener sed, pierde su
interés por el agua, y cuando ese hombre encuentra otra mujer que le apetece
más, cambia con facilidad de persona. El amor es estable.
El desear y apetecer es del instinto. El querer es de la voluntad. Los actos humanos deben proceder de la voluntad. Son los animales los que se guían por los instintos. En el sexo sin amor se unen dos cuerpos para provocar sensaciones. Pero en el amor hay un encuentro de dos personas. A veces las películas exponen la tragedia, no rara en la vida real, de dos
amores cruzados. Una persona ama a otra que no le corresponde, y al mismo
tiempo es amada por otra que le deja indiferente. Si uno de estos amores es
imposible por tratarse de persona casada, es claro que la solución es centrarse
en el único amor posible, para ver si es también razonable. Pero si los dos
amores son igualmente posibles, a veces la solución no es fácil. Es difícil
acertar.
Además de la inclinación del corazón, hay que examinar otras cosas para
unir el corazón con la cabeza.
Hay una canción que dice que a todo el mundo le gusta cambiar de comida, de
trabajo y de amor, pues toda la vida igual resulta insoportable.
Pero el amor no es ni una comida, ni un trabajo.
El que necesita cambiar de amor es porque tiene la desgracia de que nunca
ha amado, y por lo tanto tiene una total ignorancia de lo que es el amor.
El que ama de verdad es feliz viviendo con la persona amada toda la vida.
Por eso las frases de amor son: «te querré siempre», «te
querré hasta la muerte». Pero quien dice: «te querré sólo una semana, pero la
semana que viene querré a otra», ése no ama. Lo que tiene se llama un ligue, un
capricho pasajero, o lo que sea, pero no es amor.
El amor, lo es para siempre o no es amor. «Un amor condicionado es un amor
putrefacto. Un amor “a ver cómo funciona” es un brutal engaño entre los dos.
Un amor sin condiciones puede fracasar, pero un amor con condiciones, no
sólo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer»
[59]
.
El vicioso necesita continuamente cambiar a nuevas experiencias; pero el auténtico amor nunca encuentra
rutinario lo que es sincera expresión de cariño.
Y naturalmente los que hacen vida sexual sólo por apetencia, para
satisfacer un deseo, donde cada uno busca el placer que el otro le proporciona
a él, eso, evidentemente tiene que terminar mal.
No es lo mismo amar que enamorarse. El enamoramiento puede deberse a
motivos externos de la persona. El auténtico amor se basa siempre en los
valores internos.
Amor no es el placer que sienten dos estando juntos. Esto puede ser
coincidencia de egoísmos. Uno comienza a amar cuando llega a ser capaz de
sacrificarse para hacer feliz a la persona amada.
El egoísmo es la muerte del amor; mientras que el sacrificio es la
verdadera prueba del amor. Cuando los novios se han templado en el sacrificio
por el bien del otro, el matrimonio será una delicia . Pero si lo que han hecho
de novios es fomentar su egoísmo, es lógico que su matrimonio sea un fracaso.
El amor nunca es
egoísta.
Todo lo que sea instrumentalizar en busca de la propia satisfacción, no es
amor. Y esta instrumentación puede ser simultánea por ambas partes.
Sin virtud y sin amor no puede haber matrimonio feliz.
Muchos matrimonios fracasan porque su noviazgo fue una calamidad.
Estos matrimonios tenían que fracasar necesariamente.
Lo normal es que de un mal noviazgo salga un mal matrimonio, y que de un
buen noviazgo salga un buen matrimonio.
Habrá excepciones, pero son las menos.
El número de matrimonios felices es proporcional al de las parejas que se
casan por amor, y no por lujuria.
Cuando un chico y una chica se unen en matrimonio sólo
porque se apetecen sexualmente es lógico que ese matrimonio sea un
fracaso. La convivencia estable de dos personas es imposible que sea
agradable si entre ellas no hay verdadero amor. Muchos creen que se aman y sólo
se desean.
En Estados Unidos el 50% de los matrimonio de jóvenes menores de veinte
años, se divorcian antes de los dos años
[60]
.
La experiencia de la vida demuestra que la unión sexual pasajera es mucho
menos satisfactoria que la que realiza una pareja estable que se ama.
La libertad sexual, la unión sexual episódica, al principio puede parecer
gratificante, pero a la larga deja el alma triste.
Por eso quienes van de cuerpo en cuerpo buscando ese tipo de satisfacciones
es lógico que terminen hartos de todo, sin ilusión por nada, cansados de vivir,
incapaces de amar y resignados a no encontrar esa felicidad duradera con la que
toda persona sueña.
Las aventuras
sexuales pueden durar más o menos, pero por
carecer de amor, suelen terminar mal.
Sólo el verdadero amor puede proporcionar una felicidad perdurable.
Lo que hacen es animalizar a las personas e indisponerlas para la verdadera
felicidad que está en el amor espiritual.
La felicidad de la persona humana no puede reducirse a satisfacciones
corporales, que no superan el nivel animal.
«Es una experiencia humana que el nivel puramente sexual ni le aporta al
hombre una felicidad duradera ni es capaz de satisfacer los anhelos más
profundos del corazón»
[61]
.
Muchas personas que han pasado por diversas aventuras amorosas, después,
reconocen que han perdido el tiempo, pues no han encontrado el verdadero amor,
y ahora sueñan con formar una familia estable, pero ya es tarde.
El amor enriquece el sexo. Por eso los novios no deben tener ningún temor a
que su vida sexual no vaya a ir bien en el matrimonio. Si se aman de verdad, la
vida sexual irá bien. Por eso es un error decir que los novios deben conocerse
sexualmente antes del matrimonio.
Dice Eduardo López
Azpitarte, Catedrático en Granada, que no conoce ningún matrimonio con amor
que haya fracasado en su vida sexual.
Los fracasos en la vida sexual suelen ocurrir cuando hay falta de armonía
en el terreno psíquico, pues esto repercute en el terreno sexual.
Algunos dicen que si un chico y una chica se quieren para vivir
matrimonialmente no necesitan ningún papeleo
burocrático.
Eso es muy cómodo, pero no es serio.
En la vida todas las cosas serias se formalizan con un documento.
Si tú le prestas a un amigo un millón de pesetas, no te basta su palabra,
por muy amigo tuyo que sea. Te quedas más tranquilo si te echa una firmita en
un papelito.
Pues el matrimonio es una cosa muy seria, en la que se pone en juego la
educación de unos hijos que necesitan un hogar, y eso no puede estar a merced
de una pareja que no quiere comprometerse a vivir juntos, y por lo tanto en
cualquier momento difícil, por los que necesariamente pasan todas las parejas,
uno de los dos podría dejar al otro plantado y marcharse, a veces, precisamente
en una edad en la que será muy difícil encontrar nueva pareja, y la soledad
atormentará al otro todo el resto de su vida.
Además, el amor busca estabilidad. La institucionalización del amor en el
matrimonio es algo constante a lo largo de la historia.
Aparte de que los hijos tienen derecho a un hogar estable indispensable
para su educación.
Pero además, los niños pueden traumatizarse al darse cuenta del rechazo de
los demás por su situación anómala.
Y si se casan después de tener el hijo, el trauma puede ser de alguno de la
pareja hacia ese hijo que le ha obligado a casarse contra su voluntad.
Por eso la Iglesia no está de acuerdo con esas parejas que quieren vivir
matrimonialmente, pero sin formalizar el matrimonio
[62]
.
Un mismo acto (coito), cambia de valoración moral si cambian las
circunstancias (matrimonio) que pueden conceder un derecho que antes no se
tenía. Los medios de comunicación nos invitan continuamente al sexo libre. Sin
embargo «la sexualidad “desconectada” del amor y de los sentimientos rebaja y
envilece a la persona, y conduce a la neurosis»
[63]
.
Hay cuatro tipos de amor:
a) Amor entre padres e hijos.
b) Amor entre hombre y mujer.
c) Amor entre amigos.
d) Amor espiritual.
La base de la felicidad matrimonial está en el amor espiritual entre ambos cónyuges.
Éste es perdurable, el que no hastía nunca. Y cuanto más pongas de carnal en tu
cariño, menos sitio dejas para lo espiritual. Unas relaciones en las que hay
concesiones a la concupiscencia, se rebajan, pierden elevación y
espiritualidad, es decir, pierden fortaleza en su vínculo fundamental.
En cambio, cuando el instinto es frenado por la virtud, una aureola de
elevación ilumina ese cariño, y un autodominio y mutuo respeto fortalece el
vínculo que va a unirlos para toda la vida.
Cuando se da este amor espiritual, el noviazgo es un tiempo de mutua
educación: él se hace más puro, deja ciertos amigos, etc., por darle gusto a
ella; y ella viste con más decencia, vence más su genio y sus caprichos, etc.,
por darle gusto a él. Pero cuando el amor del noviazgo está basado sobre la
carne y el instinto, ese amor es egoísta, busca sólo su propia satisfacción. El
egoísmo adquirirá en el matrimonio proporciones insospechadas. «El amor no
puede limitarse a una utilidad placentera que busca su propio provecho»
[64]
.
Alegría es la satisfacción por haber alcanzado un deseo. Es saborear algo
bueno que esperábamos. La alegría está sobre el placer. El placer está en los
sentidos, y la alegría en el alma. La alegría es el camino hacia la felicidad.
La alegría es causa de optimismo, satisfacción y regocijo. La alegría enriquece
interiormente y hace que la vida merezca la pena de ser vivida.
La felicidad se lleva en el alma.
Victor Frankl, fallecido en Viena, a
los 92 años, el 2 de Septiembre de 1997, padre de la logoterapia, la «tercera escuela vienesa de psicoterapia»,
según la cual la motivación psicológica primaria del hombre es la búsqueda del
significado de la vida
[65]
, en su obra El hombre en busca de sentido dice:
«La felicidad no se puede buscar nunca directamente. Sólo puede venir como
consecuencia de haber entregado lo mejor de nosotros mismos por una causa
noble».
Dice el Dr. Rodríguez Delgado,
que no es lo mismo placer que felicidad. El placer está en los sentidos. La
felicidad en el alma.
El amor tiene dos vertientes, el cariño, que es amor del alma, y el deseo
que es amor del cuerpo. El cariño está hecho de ternura, admiración, respeto,
etc.
El deseo trata de poseer el cuerpo del otro, culminando en la unión sexual.
La diferencia entre amor y deseo está en que el amor se
siente atraído por las virtudes de la persona, y el deseo por la belleza
corporal
[66]
.
«El amor es más espiritual, va más dirigido a la belleza del alma. Va
surgiendo poco a poco con el trato de la persona querida. El deseo brota más
explosivamente. Va dirigido al atractivo corporal.
«Es más violento, busca expresarse en abrazos y besos frenéticos, que son
maneras de tratar de poseer el cuerpo del otro.
»Son conatos de la unión sexual.
»El deseo nace del cuerpo. Se siente en el cuerpo, se dirige al cuerpo del
otro.
»El amor es menos explosivo y violento. Es más profundo, más satisfactorio.
Más reconfortante. Está hecho de ternura, admiración, respeto e identificación
con la persona querida
[67]
.
«Hoy se habla mucho de sexo y poco de amor»
[68]
.
A veces se dan solteros, ya mayorcetes, que han encontrado una pareja con
quien hacer vida sexual, y no quieren atarse con el matrimonio.
Son unos egoístas que buscan sólo su propia satisfacción, incapaces de amar
a nadie, y por lo tanto incapaces de hacer feliz a nadie.
Sólo se quieren a sí mismos, y a la larga es inaguantable convivir con
ellos.
Quienes de solteros quisieron siempre satisfacer sus caprichos, llegan al
matrimonio con un alma ferozmente egoísta y un cuerpo ávido de placeres. Como
es natural el matrimonio no puede darles todo lo que ellos quieren, y su falta
de sentido cristiano les hace infelices incluso en esta vida. El resultado de
esto son los fracasos matrimoniales que vemos por todas partes.
Muchos se quejan de su matrimonio cuando ya no hay remedio, porque un
vínculo indisoluble los ata para toda la vida. Pero pocos caen en la cuenta de
que su fracaso matrimonial se debe a que tomaron el noviazgo como una
diversión, y contrajeron el matrimonio a la ligera, con frivolidad y sensualidad.
Muchos fracasos matrimoniales,
muchos matrimonios desgraciados se deben a haber tenido un falso concepto del
amor. El cine, las novelas, las canciones de la radio y los seriales están
llenos de ideas paganas sobre el amor.
Quien bebe en esas fuentes, es natural que sienta los efectos del veneno.
El matrimonio es una cosa muy seria, y como todas las cosas serias,
requiere su preparación adecuada. La frivolidad, la ligereza, la pasión y el
jugar al amor han matado el verdadero amor. Los chicos y las chicas se gustan
por el atractivo físico, por el instinto sexual, por la satisfacción que el
otro les produce a sí mismos. Y esto es egoísmo, no es amor. Y el egoísmo es
caprichoso, voluble, pasajero. Estos amores apasionados y egoístas no pueden
dar una felicidad estable. Pronto se cansan y ansían cambiar de objeto.
Los objetos no se
aman. Se utilizan para uno, y luego se tiran o se arrumban.
Una chica que no se hace respetar se rebaja a ser un juguete. Y los juguetes
duran más o menos, pero terminan arrumbados y olvidados.
Me escribía una chica: «Padre, es un asco. Todos los chicos vienen a
lo mismo. Si no te dejas, no les interesas».
El dejarse instrumentalizar por temor al abandono es un disparate, pues
quien instrumentaliza no ama, y quien no ama terminará abandonando. Para
algunos chicos, las chicas son como esos objetos que llevan una etiqueta que
dice: «Tírese después de usarla».
El amor es otra cosa. El amor es dar. Es enriquecer, dignificar, ennoblecer
a la persona amada. Nunca gozarla para sí mismo. Eso es egoísmo
[69]
.
Quien trata al otro como una cosa, arruina su felicidad pues las cosas no
nos hacen felices. La felicidad está en el amor entre dos personas. Y el amor
no se puede reducir al contacto físico de dos cuerpos, comporta un intercambio
espiritual que une a las personas. Busca el bien y la felicidad de la otra
persona. Pero si la convierte en objeto del propio placer, eso es egoísmo; y el egoísmo es la muerte del amor, mientras que
el sacrificio es la verdadera prueba del amor. Cuando los novios se han
templado en el sacrificio por el bien del otro, el matrimonio será una delicia.
Pero si lo que han hecho de novios es fomentar su egoísmo, es lógico que su
matrimonio sea un fracaso.
Ya dijo Aristóteles que «amar es
buscar el bien de la persona amada»
[70]
.
Santo Tomás de Aquino dijo:
«Amar es desear el bien de alguien»
[71]
.
Y Sócrates que
«el amor es darse»
[72]
.
Jean Guitton aprendió de niño
estos versos que expresan la misma idea:
«Por tu felicidad,
daría la mía.
Aunque nunca
tuvieras que saberlo.
Con tal de oír
alguna vez en la distancia
la risa de la
dicha, nacida de mi sacrificio»
[73]
.
«El amor,
al contrario que
el dinero,
cuanto más se da,
más se tiene;
cuanto más
generoso, es más grande y más hermoso.
Amor,
no es buscar ser
comprendido, sino comprender;
no es buscar ser
perdonado, sino perdonar;
no es buscar ser
alegrado, sino alegrar;
no es buscar ser
amado, sino amar.
Amar,
es saber
sacrificarse, hasta estrujarse el corazón
por la felicidad
de la persona amada.
Si no quieres
sufrir, no ames;
pero, si no amas,
¿para qué quieres vivir?»
[74]
.
El ser humano es persona, no es cosa.
El amor integra el respeto a la persona, o no es amor, aunque haya
manifestaciones eróticas; pues el amor no consiste en la excitación de los
sentidos. El auténtico amor no se dirige sólo al cuerpo, sino a toda la persona
[75]
.
«El amor es un don en sí mismo y no es posible entregarse a medias. El amor
es total, o ya no es amor»
[76]
.
«El amor conyugal es un amor de totalidad. Siendo un amor total, tiene que
ser un amor definitivo. Un amor total que tiene reservas en el tiempo, no puede
ser un amor total... La totalidad del amor es indivisible...
»Por su propia esencia es fiel y exclusivo. Un amor total no puede ser
compartido con varias personas»
[77]
.
En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor
afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir... Dar es más
satisfactorio, más dichoso, que recibir; amar, es más importante que ser amado.
Al amar, se siente la potencia de producir amor -antes que la dependencia
de recibir siendo amado-.
El amor infantil sigue el principio: «amo porque me aman».
El amor maduro obedece al principio: «me aman porque amo».
El amor inmaduro dice: «te amo porque te necesito»
[78]
.
La concupiscencia dice: «Te amo porque eres un bien para
mí».
El auténtico amor dice: «Te amo porque deseo lo que es un bien para ti».
El «amor recíproco» no es el hartazgo de la concupiscencia de cada uno, que
es una coincidencia de egoísmos.
«La reciprocidad verdadera no puede nacer de dos egoísmos sino que ha de
suponer necesariamente el altruismo de cada uno».
«Amar es darse y darse significa limitar su libertad en provecho de otro.
La limitación de la libertad podría ser en sí misma algo negativo y
desagradable, pero el amor hace que por el contrario, sea positiva, alegre y
creadora. La libertad está hecha para el amor... El hombre desea el amor más
que la libertad: la libertad es un medio, el amor es un fin»
[79]
.
El único amor perdurable, el que da una felicidad creciente al paso del
tiempo, el único amor que da la máxima felicidad posible en este mundo, es el
amor que por encima de la satisfacción propia busca el bien de la persona
amada, aunque para ello tenga que renunciar a sus propias apetencias.
Amor que se busca a sí mismo, fracasa irremediablemente. El amor eleva, la
pasión envilece. El amor que busca el bien de la persona amada, llegará a
encontrar la verdadera dicha. La experiencia de la vida confirma la verdad de
todo esto. Por eso vale tan poco enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y
en cambio, hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es
espiritual.
Si lo que buscas, en lo que llamas amor, es saciar tu sed, no amas,
desengáñate. Si lo que buscas es servir, ennoblecer, perfeccionar a la persona
amada, felicítate: has encontrado el camino del verdadero amor.
Y cuanto más haya de esto, más feliz te hará ese amor.
Considera despacio
estas ideas:
-Si te extasías
ante su belleza..., eso sólo no es amor: es admiración.
-Si sientes palpitar tu corazón en su presencia..., eso sólo no es amor: es
sensibilidad.
-Si ansías una caricia, un beso, un abrazo, poseer de alguna manera su
cuerpo...,eso sólo no es amor: es sensualidad.
-Pero si lo que deseas es su bien, aun a costa de tu sacrificio...,
enhorabuena: has encontrado el verdadero amor
[80]
.
No es lo mismo amar a una persona para hacerla feliz a ella, que amarla
para que ella, con su amor, nos haga felices a nosotros. Esto segundo es
egoísmo.
Con todo hay que tener en cuenta que uno puede sacrificarse no sólo por
amor, sino también por deseo.
Se pueden hacer grandes sacrificios para obtener cosas:
un automóvil, una prenda de vestir, etc.; y las cosas no se aman. Sólo se
desean. Y cuando se consiguen se cambian por otra cosa mejor, más buena o más
moderna
[81]
.
«Bajo el nombre de amor circula una mercancía que es su negación y
caricatura. Lo grave es que se está vilipendiando el amor verdadero por parte
de todos esos falsarios de la sexualidad humana. Lo grave es que a fuerza de
presentar una imagen deformada de la sexualidad, se compromete su valor como
ser humano»
[82]
.
El sexo normal ya no atrae; se está echando mano a extravagancias y
perversiones. Están en venta el sadismo y el masoquismo, y, junto a ellos, la
homosexualidad masculina y femenina, y todo lo demás.
Se presentan nuevas formas de cohabitación del hombre y de la mujer, como
el sexo en grupo, el cambio de parejas, etc. Pero también de estas novedades se
irá cansando el consumidor.
El ambiente hedonista que nos invade se ríe del amor desinteresado. Sólo le
interesa buscar gratificaciones placenteras. No tiene más horizonte que saciar
los instintos. No admite otro valor que lo agradable. Éste es el círculo
angosto, asfixiante, del erotismo. Aunque, por fortuna, son muchos los ejemplos
de un amor generoso, libre de la tiranía del egoísmo y del reduccionismo
envilecedor
[83]
.
«Erotismo es la separación de la sexualidad del amor conyugal con el fin de
procurar gratificaciones placenteras»
[84]
.
«La mera explicación de cómo se obtienen sensaciones placenteras ya constituye
, de hecho, una incitación al mero erotismo. No forma para el amor, deforma.
Lanza por una vía contraria al verdadero amor»
[85]
.
La caricia erótica acaricia el cuerpo, la caricia amorosa acaricia el alma.
«No convirtamos el amor en algo biológico: “Yo quiero porque siento. Dejo
de sentir, dejo de querer”. Esto no es verdad (...) Los sentimientos, con el
tiempo, van decreciendo. Lo mismo el dolor por la muerte de una madre que la
ilusión de los enamorados. (...) Pero el
amor no es lo mismo que el sentimiento. (...) Uno no puede poner el amor, que
es lo más importante en la vida de una persona, en manos de una cosa que yo no
puedo dominar, como es el sentimiento. El amor está en algo que yo domino la
voluntad. Yo quiero porque quiero querer, porque quiero seguir queriendo. Esto
sí está en mis manos, aunque no sienta nada»
[86]
.
Una madre junto al
lecho de su hijo enfermo puede no sentir nada placentero, pero evidentemente
que está amando a su hijo.
«El secreto está en entregarse. Cuanto más se entrega uno, más quiere. Las
cosas a las que uno se entrega, se termina queriéndolas»
[87]
.
El hombre, por ser sensible, siente atracción hacia los
estímulos gratificantes.
Y esto es para él un valor. Pero como al mismo tiempo es espiritual,
no puede tener como meta el disfrutar de los estímulos sensibles placenteros.
Para él son superiores la verdad y el bien. Orientar su vida según una
auténtica jerarquía de valores le hace madurar como persona humana y le otorga
paz y felicidad
[88]
.
Dijo el Dr. Enrique
Rojas, Médico-Psiquiatra, en el Blanco
y Negro del 8 de noviembre de 1998: «La sexualidad desconectada del
amor conduce a lo neurótico. (...) Hoy estamos asistiendo a una verdadera
idolatría del sexo. (...)La sexualidad no es algo puramente biológico, un
placer del cuerpo, sino que mira a lo más íntimo de la persona. De ahí que deba
estar envuelta por el amor. (...) No tener principios es demoledor»
[89]
.
«Un hombre no puede ser feliz cuando se realiza a medias.
Cuando se queda por el camino presa de atractivos efímeros. El ser humano se
realiza cabalmente cuando pone todas sus potencias al servicio de la
realización de las posibilidades más valiosas»
[90]
.
«El hombre debe elegir en cada momento no lo más
apetecible, sino lo más conveniente para su desarrollo personal»
[91]
.
«Lo agradable es un valor. Pero colocar lo agradable en
la cima de la escala de valores es hedonismo, que toma como ideal de la vida
acumular gratificaciones fáciles y sensaciones placenteras»
[92]
.
«Haber perdido el sentido del sacrificio debe ser
calificado como una de las mayores calamidades del siglo XX. Desde hace dos
siglos se viene interpretando todo sacrificio como una represión y una
amputación del verdadero ser del hombre. Es éste un error que puede destruir de
raíz nuestra vida personal. (...). Conceder la primacía a los valores más
elevados constituye el núcleo de la virtud humana de la responsabilidad. (...).
La voluntad al servicio de un ideal valioso adquiere una energía indomable
(...). El mayor empeño de nuestra existencia debe ser realizarnos como persona
humana»
[93]
[1]
Pedidos a: Apartado 2564. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222
838. FAX: (956) 205 810.
[2]
B. CHARBONNEAU: Noviazgo
y felicidad, Vll, 5. Ed. Herder. Barcelona, 1970. Este libro interesa
muchísimo para que los novios orienten bien sus relaciones en orden a un matrimonio
feliz.
[3]
ROBINSON: Educación
sexual y conyugal, 3º, ll, 4. Ed. Mensajero. Bilbao.
[4]
LUIS RIESGO: Infancia
y educación familiar, VIII, 2. Ed. Narcea. Madrid. 1985.
[5]
MARY
BETH BONACCI: Tus preguntas sobre el amor
y el sexo, X, 4. Ed. Palabra.
Madrid. 2002. Magnífico libro que responde con rectitud, claridad y acierto a
las preguntas de los jóvenes.
[6]
ROBINSON: Educación
sexual y conyugal, 3º, III, 5. Ed. Mensajero, Bilbao. Precioso libro que
deberían leer todos los jóvenes a partir de los 18 años. Informa admirablemente
de todo lo que deben saber los jóvenes, y los esposos sobre la vida
sexual.
[7]
ROBINSON: Educación
sexual y conyugal, 3ª, III, 5. Ed. Mensajero. Bilbao.
[8] EVA FIRKEL: Mujer, vocación y destino, II, 2, a, c. Ed. Herder, Barcelona.
[9]
EVA FIRKEL: Mujer,
vocación y destino, ll, 2, C. Ed. Herder. Barcelona.
[10]
MARY
BETH BONACCI: Tus preguntas sobre el amor
y el sexo, IX, 8. Ed. Palabra. Madrid. 2002. Magnífico libro que responde
con rectitud, claridad y acierto a las preguntas de los jóvenes.
[11]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2350.
[12]
MIGUEL ÁNGEL FUENTES,V.E.:Apologética católica, MORAL. En INTERNET:
http://catholic-church.org/russia-ive/apologetica/homepage.htm
[13]
EVA FIRKEL: Mujer,
vocación y destino, ll, 2, b. Ed. Herder. Barcelona.
[14]
FOERSTER: Temas
capitales de educación, lll. Ed. Herder. Barcelona.
[15]
ROBINSON: Educación
sexual y conyugal, 3º, ll, 3. Ed. Mensajero. Bilbao.
[16]
BLESS: Pastoral
psiquiátrica, ll, A, 2, 3. Ed. FAX. Madrid.
[17]
Dr. VALLEJO-NÁGERA: Antes
que te cases, 1ª, III, 14. Ed. PLUS ULTRA. Madrid.
[18]
Dr. GARRIDO-LESTACHE: Diario YA del 14-Xll-73, pg. 22.
[19]
Dr. MIGUEL AGUILAR MERLO: El factor Rh. Ed. Santaolalla. Madrid, 1981.
[20]
BERNABÉ TIERNO: Valores
humanos, III, FAMILIA. Ed. Taller de editores. Madrid. 1994.
[21]
ENRIQUE Mª HUELIN, S.I.: María en la voz de la Iglesia, II. Rute. 1990.
[22]
Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº49.
[23]
SAN PABLO: Carta a los Gálatas, 3: 28
[24]
Génesis, 1: 27
[25]
Diario ABC de Madrid del 11-VII-98. pg. 44.
[26]
ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET,
19-V-99 ( ZS99051909).
[27]
JUAN PABLO II: Mulieris Dignitatem, nº 4.
[28]
JUAN PABLO II: Mulieris Dignitatem, nn. 10, 14, 26 y 27.
[29]
JUAN PABLO II: Diario ABC de Madrid, 7-XII-95, pg. 64.
[30]
JOSÉ DE LAS GARRIGAS: DIARIO DE CÁDIZ del 30-IV-1974,
pg.24.
[31]
SIGRID UNSET: en INTERNET, www.mujer nueva.org
(15-XII-2000).
[32]
Diario LA RAZÓN del 30-XI-99, pg.80.
[33]
RAFAEL GÓMEZ PÉREZ: Problemas morales de la existencia humana, lV, lll, 2. Ed. Magisterio
Español. Madrid, 1981.
[34]
Diario EL PAÍS, Domingo, 10-XI-89.Pg. 6.
[35]
Diario EL MUNDO, 1-VIII-91, pg. 19.
[36]
JOSÉ MARÍA IRABURU: El
matrimonio católico, 2ª, II, 4. Ed. Gratis date. Pamplona.1989.
[37]
SANTIAGO MARTÍN en el Diario ABC del 22-XI-95, pg.69.
[38]
Evangelio de SAN JUAN, 4:27
[39]
Evangelio de SAN JUAN, 4:27
[40]
Evangelio de SAN MATEO,9:20ss.
[41]
Evangelio de SAN LUCAS, 7:37
[42]
Evangelio de SAN JUAN, 8:11
[43]
Evangelio de SAN MATEO, 19:3-9; Evangelio de SAN MARCOS,10:2-11
[44]
Evangelio de SAN LUCAS, 8:2s.
[45]
Evangelio de SAN MATEO, 28:7-10
[46]
SALVADOR ANTUÑANO: El
misterio del Santo Grial, IV. Ed. EDICEP. Valencia. 1999.
[47]
Diario ABC de Madrid, 24-X-97, pg.77 .
[48]
ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:
ZE980521-1
[49]
MIGUEL ANGEL FUENTES, V.E.: El teólogo responde en INTERNET, Apologética católica.
[50]
Diario ABC de Sevilla, 19-XI-95, pg. 48.
[51]
JOSÉ RATZINGER: La
sal de la tierra, II, 15. Ed. Palabra. Madrid. 1997.
[52]
Hebreos, 4:15
[53]
Libro Segundo de SAMUEL, 13:1-19
[54]
PÍO XI: Encíclica Casti
connubii, nº 43.
[55] ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente, II. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1997.
[56]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor
humano, III, 6. EDIBESA. Madrid.
[57]
Dr. CARNOT: El
libro del joven, 1ª, I, 2. Ed. Studium. Madrid.
[58]
JOSÉ ORTEGA Y GASSET: Estudio sobre el amor, III, IV. Ed. Revista de Occidente. Madrid.
[59]
JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO: Razones desde la otra orilla, XLVI. Ed. Atenas. Madrid.1991
[60] JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Cristianos en busca de respuestas, XXIV, 2. Ed. Sal Terrae.
[61]
HERMAN van der SPIJKER: Homotropía,
I,1, h. Ed. Atenas. Madrid.
[62]
Nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2390s.
[63]
ENRIQUE ROJAS: El
amor inteligente, VIII. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1997.
[64]
ENRIQUE ROJAS: Remedios
para el desamor, VII,4. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1991.
[65]
ZENIT: Boletín
informativo del Vaticano del 11-IX-97: ZE970911
[66]
JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Tres trampas en el noviazgo, ll. Ed. Paulinas. Caracas, 1989.
[67]
JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Tres trampas en el noviazgo, ll, 1. Ed. Paulinas. Caracas, 1989.
Libro interesante y sensato.
[68]
ENRIQUE ROJAS: Remedios
para el desamor, V,5. Ed. Temas de hoy. Madrid.1991.
[69]
FRANCISCO DE LA VEGA, S.I: El amor no se improvisa, ll, 3. Ed. Mensajero. Bilbao.
[70]
ARISTÓTELES: Retórica, II.
[71]
SANTO TOMÁS: Suma
Teológica 1-2, 26,4.
[72]
PLATÓN: Diálogo
sobre el banquete. Ed. Planeta. Barcelona, 1982.
[73]
JEAN GUITTON: Lo
que yo creo, V. Ed. Acervo. Barcelona, 1973.
[74]
Dr. J. DOMÍNGUEZ: Felicidad sexual. Ed. Plus Ultra. Nueva York, 1971.
[75]
KAROL WOJTYLA, Cardenal de Cracovia, hoy Papa Juan Pablo
ll: Amor y responsabilidad, ll, 12s. Ed. FAX. Madrid.
[76]
PABLO TOURNIER: La
mujer soltera, 1ª, Vlll. Ed. Estela. Barcelona.
[77]
JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Moral de la sexualidad, II, B, 2. Ed. Tau. Ávila, 1988.
[78]
FROMM: El arte de
amar, ll. Ed. Paidós. Buenos Aires.
[79] KAROL WOJTYLA: Cardenal de Cracovia, hoy Papa Juan Pablo ll: Amor y responsabilidad, 2º, l, 3s; II, 15. Ed. FAX. Madrid, 1969.
[80]
QUOIST: Triunfo, lll, 6. Ed.
Estela. Barcelona.
[81] JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S. I.: Tres trampas en el noviazgo, ll, 7. Ed. Paulinas, Caracas, 1987.
[82]
Revista ECCLESIA 1529 (13-ll-71)15. Declaración conjunta
de los Obispos Belgas.
[83]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, X, 8. EDIBESA. Madrid.
[84]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,IX, 3. EDIBESA. Madrid.
[85]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, X, 7. EDIBESA. Madrid.
[86]
JOSÉ Mª CONTRERAS. Pequeños secretos de la vida en común, VII, 3. Ed.
Planeta+Testimonio.
[87]
JOSÉ Mª CONTRERAS. Pequeños secretos de la vida en común, II,37. Ed.Planeta+Testimonio.
[88]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,VIII, 2. EDIBESA. Madrid.
[89]
ENRIQUE ROJAS: Revista Blanco y Negro, 4141 (8-XI-98)
111.
[90]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,VIII, 3. EDIBESA. Madrid.
[91]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,VIII, 7. EDIBESA. Madrid.
[92]
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, IV, 5. EDIBESA. Madrid.
[93] ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, V, 4. EDIBESA. Madrid. |