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b) Divorcio: El divorcio es un mal. Pero el matrimonio hay que contraerlo con responsabilidad.
Muchos matrimonios fracasan porque se han hecho a la ligera, por vanidad,
por capricho, por despecho, para hacer rabiar a una tercera persona, o
sencillamente, por lujuria o egoísmo.
Muchos matrimonios fracasan porque nunca debieron realizarse.
El divorcio no es solución para un católico. Cristo dice: «el que deja a
su mujer y se casa con otra, comete adulterio»
[1]
,
«y el que se case con la divorciada
comete adulterio»
[2]
.
El adulterio se castigaba con la pena de muerte entre los hebreos, es decir,
era algo muy grave.
La prohibición evangélica del divorcio es tan clara que el Papa Clemente VII no se lo concedió a Enrique VII de Inglaterra, que quería
divorciarse de su esposa Catalina de
Aragón para casarse con Ana Bolena; aunque
esta prohibición llevó consigo que la Iglesia Católica perdiera el reino
de Inglaterra, pues Enrique VIII, por
esta prohibición, se separó de la Iglesia Católica y se autoproclamó Fundador y
Cabeza de la Iglesia Anglicana en 1534.
San Mateo pone una excepción
[3]
:
«en caso de concubinato». Porque si no estaban casados, la separación no sólo
es lícita: es conveniente.
A no ser que decidan casarse.
«Los autores apuntan a interpretar correctamente la expresión porneía, que utiliza San Mateo.
»Ésta no sería simple fornicación ni adulterio, sino propiamente el estado
de concubinato.
»El término rabínico empleado por Cristo habría sido zenut, que designa la
unión ilegítima de concubinato. (...)
»En tal caso, es evidente que no sólo es lícito la separación, sino
obligatoria, puesto que no hay matrimonio sino unión ilegal.
»Esta explicación se refuerza tomando en cuenta que San Pablo, en su carta a los Corintios
[4]
,
califica la unión estable incestuosa del que se había casado con su madrastra
como porneía. A esto mismo haría
referencia el Concilio de Jerusalén
[5]
al exigir que los fieles se abstengan de porneía, o sea de las uniones ilegales aunque estables. Ésta última es, tal
vez, la más plausible de las interpretaciones, y la sostuvieron autores como Cornely, Prat, Borsirven, Danieli,
McKenzie; también algunas versiones de la Biblia»
[6]
.
La Iglesia católica sólo permite la
separación de los esposos si la vida en común resulta insostenible
[7]
,
pero no volver a casarse mientras viva el otro cónyuge; porque el vínculo
matrimonial permanece hasta la muerte de uno de los dos.
Por lo tanto hay que escoger entre seguir viviendo juntos, o la
soledad hasta la muerte.
La separación es el comienzo de un camino que conduce a problemas mayores.
Antes de separarse, los cónyuges deberían acudir a un especialista por si sus
problemas tienen solución.
El vivir los esposos separados, aunque no se unan a otra persona (lo cual
sería un pecado de adulterio) puede ser un pecado contra la caridad para con el
cónyuge y los hijos.
Algunos acusan a la Iglesia de que no admite el divorcio y, sin embargo, anula
por dinero muchos matrimonios.
Esto se puede responder largamente.
Para hacerlo con brevedad me limitaré a dos cosas: El divorcio rompe el vínculo
matrimonial y la declaración de nulidad demuestra que no hubo tal vínculo, lo
cual es totalmente distinto.
Por otra parte, es cierto que la declaración de nulidad cuesta dinero, pues hay
personas dedicadas a ese trabajo, que viven de ello. Pero no basta el dinero
para lograr de la Iglesia una declaración de nulidad matrimonial, si no hay
razones para ello. El Padre Kelleher,
que ha dedicado casi toda su vida a los tribunales eclesiásticos matrimoniales,
en su libro «Divorcio y matrimonio», dice: «No he conocido ni un solo caso en
el cual el dinero hay sido un factor influyente en la obtención de una
declaración de nulidad».
La
declaración de nulidad siempre se debe a la existencia de algún impedimento:
coacción, engaño substancial, rechazo de alguna propiedad esencial del
matrimonmio, falta de madurez para responder a las obligaciones
matrimoniales,etc. Ahora bien, si para lograr esta nulidad hay personas que
juran en falso, sólo de ellas es la culpa. Los jueces juzgan según la
declaración de los testigos. Y si alguno jura en falso, logrará arreglar los
papeles, pero es inútil, porque delante de Dios todo sigue como antes.
El divorcio civil, que pretende romper
el vínculo sacramental, es totalmente inválido ante Dios
[8]
.
El poder civil no tiene autoridad ninguna sobre el matrimonio canónico
[9]
.
«Pero si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar
ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del
patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral»
[10]
.
Los divorciados vueltos a casar no pueden acercarse a la Sagrada
Comunión
[11]
,
porque ellos mismos se autoexcluyen de la Iglesia, pues viven en situación de
adulterio público y permanente
[12]
.
«Es muy triste la situación de los divorciados vueltos a casar. Su
situación moral irregular les impide recibir la Sagrada Comunión.
»Con todo, hay casos en los que no parece prudente romper este segundo
matrimonio.
»En este caso podrían acercarse a comulgar, después de haberse confesado y
prometido interrumpir su vida sexual; comulgando en una iglesia donde no sean
conocidos, para evitar el escándalo»
[13]
.
«Sólo podrían acercarse a comulgar si, evitado el escándalo y recibida la
absolución sacramental, se comprometen a vivir en plena continencia», ha dicho
la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe
[14]
.
En el discurso de Juan Pablo II en la clausura del Sínodo celebrado en Roma en octubre de 1980, dijo que había
que mantener la práctica de la Iglesia de no admitir a la comunión eucarística
a los divorciados vueltos a casar.
A no ser que cuando no puedan separarse, prometan vivir en total
continencia, siempre que no sea motivo de escándalo.
En todo caso, añade el Papa, deben perseverar en la oración para conseguir
la gracia de la conversión y de la salvación
[15]
.
Sin embargo esto no lleva consigo el que no puedan bautizar a sus hijos.
Hay que estudiar cada caso y ver qué posibilidades ofrecen de educar en católico a sus hijos
[16]
.
Se les debe animar a que participen lo más posible de la vida cristiana
[17]
.
Y sobre la situación de los divorciados vueltos a casar dice Juan Pablo II: «Exhorto cordialmente a
los pastores y a toda la comunidad de fieles a que ayuden a los divorciados que
se han vuelto a casar. (...)
»Se les invitará a escuchar la Palabra de Dios, a asistir al Santo
Sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a aportar su contribución a
las obras de caridad y a las iniciativas de la comunidad en favor de la
justicia, a educar a sus hijos en la fe cristiana, y a hacer obras de
penitencia, a fin de implorar, día tras día, la gracia de Dios»
[18]
.
El divorcio es un
mal.
Mal para los hijos que tienen derecho a un verdadero hogar, donde sus
padres se amen y respeten. Nunca pueden ver igual a sus verdaderos padres que a
los padres postizos. Pueden quedar traumatizados. Por eso son tan frecuentes
los delincuentes procedentes de familias rotas. El sociólogo Proske, «después de numerosas investigaciones
en Tribunales de delincuencia infantil, llega a la conclusión de que el 95% de
los niños que pasan por dichos Tribunales provienen de familias destruidas»
[19]
.
Mal para la mujer, que fácilmente quedará abandonada, y a partir de cierta
edad, sin posibilidades de rehacer su vida con otro hombre.
También mal para los maridos, que aunque de momento no es raro que una chica joven se enamore de un hombre maduro, a la larga se cansará del viejo, y se buscará otro más joven y a su gusto, y el marido «engañado». Y también mal para todos, porque si el 80% de los
delincuentes juveniles son hijos de divorciados, cada vez será más peligroso
andar por la calle.
Algunas piensan que el divorcio las libera, pero la realidad es que el
divorcio ha perjudicado a muchas mujeres abandonadas. Los estudios de Hackstaff y Deutsch señalan que las
mujeres necesitan familias en las que los hombres estén comprometidos con los
roles de esposo y padre
[20]
.
Lo que algunos se preguntan es si puede considerarse como un mal menor que
en ciertas circunstancias podría permitirse para evitar males mayores.
Lo mismo que una operación quirúrgica es un mal, pero se acepta para evitar
males mayores.
Otros opinan que la licitud del divorcio traería a
la sociedad peores males que los que se siguen de su prohibición, pues aunque
el divorcio pueda solucionar algún caso concreto, trae grandes perjuicios al
bien común, y no es solución lo que empeora una situación, sino lo que la
resuelve.
Las soluciones deben atender al bien general y ser conformes a las normas
morales, como dijo Juan Pablo II en
Nueva York.
El bien común a veces exige el sacrificio de un particular.
La fácil solución del divorcio haría que se rompieran muchos matrimonios
con problemas perfectamente superables, que no deberían haberse roto nunca.
Por eso el divorcio hace más daño que bien.
Una solución que hace más daño que el mal que remedia no
es solución.
No sirve una medicina para quitar las pecas pero que al mismo tiempo
produce cáncer de piel.
La posibilidad del divorcio lleva al malestar familiar.
No hay persona sin defectos. Las decepciones irán seguramente en
aumento.
Es muy posible que cambiando de pareja se repitan los mismos conflictos.
«Los divorciados suelen llevar sus problemas de una relación a otra», dice Howard Markman.
Según la revista norteamericana Newsweek,
en Estados Unidos, seis de cada siete matrimonios de divorciados, vuelven a
divorciarse de nuevo; y ocho de cada diez matrimonios divorciados dos veces, se
divorcian por tercera vez
[21]
.
Es decir, el divorcio da paso a una poligamia sucesiva.
Muchos matrimonios se salvarían del divorcio si hubieran sabido exponer con
calma en común los conflictos y reconocer cada uno sus errores. «Cada uno debe
admitir su responsabilidad en los conflictos. De lo contrario, no los
solucionarán», dice John Gottman.
Algunas feministas consideran el divorcio como liberación de la mujer; sin embargo, la
Iglesia al prohibir el divorcio defiende a la mujer.
Es trágica la situación de mujeres casadas abandonadas por sus maridos que
han encontrado una jovencita atractiva que les ha entusiasmado, y por ella
abandonan a su esposa y a sus hijos.
Pero estas jovencitas también serán abandonadas cuando lleguen a mayores y
sean suplantadas por otras más jóvenes y atractivas que ellas.
Según los datos del censo de los Estados Unidos, en los últimos años han
aumentado en un 66% los norteamericanos que viven solos.
La mayoría son hombres que se separaron de sus esposas.
Según las mismas estadísticas, uno de cada diez hogares en que hay niños,
el padre se ha ido
[22]
.
El divorcio engendra divorcio.
En Francia, Alemania, Suiza y Dinamarca, en catorce años se han duplicado
los divorcios.
En Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Suecia, los divorcios se han
multiplicado por tres.
Y en Holanda se han multiplicado por cuatro
[23]
.
En Francia hay un divorcio por cada dos matrimonios
[24]
.
En Estados Unidos más del 50% de los matrimonios se divorcian
[25]
.
Frank Furstenberg, sociólogo de la Universidad de Pensylvania en EE.UU., afirma que hoy en
Estados Unidos, ante las funestas consecuencias del divorcio vuelve a estar de
moda el matrimonio estable y el casarse por la Iglesia.
Incluso proliferan cursos como los de la Universidad de Denver, Colorado,
para superar la falta de comunicación y mutua incomprensión en el matrimonio,
que es la causa principal de fracasos matrimoniales
[26]
.
En todos los matrimonios hay altibajos y momentos de crisis. Pero estos
momentos hay que superarlos con aguante y con virtud. El que vaya al matrimonio
pensando que nunca tendrá nada que aguantar es un iluso. En todos los
matrimonios hay algo que tolerar y no se soluciona, lo que es intrínseco a
todos los matrimonios, cambiando de persona; pues no hay persona sin defectos.
Y no se va a estar cambiando de persona en el matrimonio, como quien cambia de
camisa.
El divorcio hace que los esposos difícilmente se soporten sus defectos, y con
facilidad creen que cambiando de persona va a desaparecer lo que no puede
desaparecer, pues es inherente a las deficiencias del carácter humano.
Una aventura amorosa, de momento,
puede parecer maravillosa; pero a la larga es fácil que caiga en las mismas
dificultades que el matrimonio estable.
Las aventuras sexuales sin amor, duran más o menos; pero antes o después
terminan, y generalmente, de mala manera. En cambio «el amor fiel de una pareja
estable, que ha madurado en su familiaridad, es fuente de un placer mucho más
profundo que lo que pueda dar de sí una aventura amorosa»
[27]
.
Es
verdad que el divorcio podría solucionar algún caso concreto, pero es malo para
el bien común; y el bien particular hay que subordinarlo al bien general.
Si la nación necesita autopistas, habrá que hacerlas, aunque salga perjudicado
un señor que tiene un huerto por donde tiene que pasar la autopista.
El divorcio, aunque solucione algún caso concreto, hace
más daño a la sociedad, porque la posibilidad del divorcio es una invitación a
que se rompan matrimonios que nunca debieron romperse. Todos los matrimonios
tienen sus momentos de crisis, que deben superarse con amor y virtud; pero la
posibilidad del divorcio facilita que en esos matrimonios se busque la salida
fácil del divorcio con perjuicio de ellos mismos. Me dijo un señor en
Torrevieja: «Yo doy gracias a Dios de que la Iglesia no permita el divorcio,
porque si yo hubiera podido haberme divorciado, en un momento de crisis por el
que pasó mi matrimonio, lo hubiera hecho. Y hoy, superada la crisis, nos
queremos muchísimo, me siento muy feliz con mi mujer y no podría vivir con sin
ella. Si entonces me hubiera divorciado, se la habría llevado otro, y yo la
habría perdido»
Muchos matrimonios fracasados se hubieran salvado con un poco de esfuerzo.
Decía un divorciado vuelto a casar:
«Mi segundo matrimonio marcha bien.
»Pero reconozco que si hubiera hecho los mismos esfuerzos con mi primera
mujer, como los estoy haciendo con esta segunda, estoy seguro de que no nos
habríamos separado, y quizás sería más feliz de lo que soy ahora. Pero entonces
era incapaz de aceptar la parte de renuncia que es indispensable para que una
pareja pueda tener éxito».
Aunque los medios de comunicación airean los casos de matrimonios
fracasados de artistas, sin embargo, las estadísticas dan que en España los
matrimonios a quienes beneficia el divorcio son solamente el 0’4%
[28]
.
En España el 90% de las familias viven un matrimonio estable, como dijo la
Directora General de la Juventud, después de una encuesta realizada por el
Centro de Investigaciones Sociológicas.
El 89% de los casados españoles asegura no haber sido jamás infiel a su
pareja; y el 84% afirma que ni siquiera lo ha deseado
[29]
.
A pesar de la publicidad que se da al divorcio de personas famosas, el
sociólogo de la Universidad de Chicago, Andrew
Grelley, ha hecho un estudio según el cual en 1995 han vivido en fidelidad
matrimonial el 86% de los norteamericanos, el 89% de los británicos, y el 92%
de los franceses
[30]
.
«En Estados Unidos han empezado a disminuir los divorcios»
[31]
.
Aunque en teoría sólo se permita
el divorcio para casos especiales, inevitablemente se va aumentando el número
de casos hasta que se abra la puerta del todo; y el menor disgusto puede
atolondradamente llevar a un divorcio irreparable, y fácilmente quedar
abandonado el cónyuge inocente y los hijos perjudicados.
Dice Isidoro
Martín, Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense
de Madrid: «Aunque las leyes del divorcio al principio exijan causas
restrigidísimas, después se amplían desorbitadamente. Esto es un hecho
incontrovertible»
[32]
.
El doctor alemán Maximiliano Bajoc ha realizado un estudio según el cual en Alemania se divorcian al año dieciséis
mil matrimonios porque uno de los dos ronca.
Es decir, que los motivos del divorcio se van ampliando desmesuradamente.
Lo que teóricamente se implantó para remediar casos de matrimonios
fracasados, en la práctica hará fracasar a muchos matrimonios que podían
haberse salvado.
Desde luego, es doctrina común en la Iglesia Católica que el matrimonio sacramental es indisoluble intrínsecamente, es decir, que no se
puede disolver por la voluntad libre de los contrayentes, pero algunos
católicos se preguntan si es también indisoluble extrínsecamente, es decir, si
no se podría disolver a juicio de una autoridad extrínseca a los contrayentes;
después de ponderar las razones que se aduzcan.
Sólo el matrimonio sacramental consumado es también indisoluble
extrínsecamente
[33]
.
El Nuevo Código de Derecho Canónico dice: «El matrimonio rato y consumado
no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la
muerte»
[34]
.
Algunos dicen que por qué los católicos, que no admiten el divorcio, van a
imponer sus ideas a todos los demás ciudadanos. Hablando de esto, el Cardenal
Primado D. Marcelo González, dijo en
una conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI: «Eso de que los católicos no
tienen derecho a imponer a los demás su concepción de la unión conyugal, es un
sofisma. No se trata de imponer nada a nadie, sino de defender lo que ellos
creen que es bueno, y que si se deteriora, ellos mismos serán víctimas de la
nueva situación»
[35]
.
Sin embargo, aun en naciones de mayoría católica, a veces hay una ley civil
que regula el divorcio. Pero, «el cristiano debe seguir siempre los imperativos
de la fe, sea cual fuere la evolución de las leyes del Estado sobre el
matrimonio»
[36]
.
Algunos dicen que el divorcio es un
derecho de la persona humana.
Esto es falso.
Los derechos de la persona humana, lo mismo que las leyes de la Física,
tienen valor objetivo, no dependen de lo que a cada uno le parezca.
Lo que es derecho de la persona humana es el matrimonio;
uno es libre para casarse o no casarse; pero si se casa debe admitir el
matrimonio como es: indisoluble.
Las cosas son como son, independientemente de nuestra opinión personal
sobre ellas. Las cosas se imponen por su propia naturaleza.
La unidad, la indisolubilidad y la fidelidad son básicas para la defensa
del matrimonio y de la familia.
Nadie tiene derecho a manipular el matrimonio a su capricho, como nadie
puede manipular a su antojo las leyes de tráfico.
Uno es libre para salir a la carretera o para quedarse en casa, pero si
sale a la carretera, tiene que someterse a las leyes de tráfico; hechas para el
bien común. Lo mismo, cada cual es libre de casarse o no, pero no para cambiar
la naturaleza del matrimonio.
Por lo tanto, quien libremente se casa no puede libremente romper el
vínculo matrimonial.
El
matrimonio no es de institución humana, sino de institución divina, no
pudiendo, por lo tanto, estar sujeto al capricho subjetivo y cambiante de los
hombres.
Decir que el matrimonio puede disolverse por mutua voluntad de los
contrayentes, es inadmisible.
El matrimonio no es sólo un compromiso entre un yo y un tú. Tiene una
función social ineludible. Por eso la Iglesia y los políticos no renuncian a
incidir en él.
«Matrimonio y familia son considerados como la base de la comunidad humana:
no se dejan, por lo tanto, en manos del capricho o del interés de los hombres»
[37]
.
«El vínculo matrimonial no depende del arbitrio de los casados. Su
consentimiento es irrevocable, y de éste nace una institución confirmada por la
ley divina que la sociedad debe respetar»
[38]
.
«La unión libre de un hombre y una mujer que se niegan a dar forma jurídica
y pública a su intimidad sexual, constituye siempre un pecado grave, y excluyen
de la comunión sacramental, pues el acto sexual debe tener lugar exclusivamente
en el matrimonio»
[39]
.
Para casarse, lo fundamental es amarse.
Pero el matrimonio es una cosa muy seria, con implicaciones en la sociedad.
Y cuando el hombre hace una cosa seria ante la sociedad lo formaliza con un
contrato. Para un católico, vivir matrimonialmente sin haber recibido el
sacramento del matrimonio es una vida de pecado continuo que no puede traer al
hogar la bendición de Dios. Y esto es gravísimo.
Los experimentos que se han hecho de comunas de amor libre, donde todos son de todos, al fin han terminado formándose
parejas cerradas dentro de la comuna, o se han ido de la comuna para formar
pareja con otra persona de fuera. El «todos para todos» sólo es posible cuando
no hay amor y el sexo se realiza sólo por apetito.
Pero en cuanto nace el amor se busca la pareja estable. Es decir, que la
pareja humana estable es algo natural.
Los mismos divorcistas que quieren romper una pareja humana, es con el
deseo de formar otra pareja, pensando que el cambio de persona iba a acabar con
las imperfecciones inherentes a todas persona humana.
La solución no está en pensar en una persona sin defectos, que no la hay,
sino en amar a una persona a pesar de sus defectos, y sobrellevarlos con
virtud.
Los que se casan pensando en
divorciarse, si las cosas no van bien, es que no aman; y si no se aman es
seguro que fracasarán. Pues el matrimonio si no es con amor es un infierno.
Nadie pone plazo a su amor. El amor quiere serlo para siempre. El que
piensa poner término a su amor, es que no ama. Quien admite una fidelidad
quebradiza, tendrá pasión pasajera, pero eso no es verdadero amor. El amor
exige exclusividad. De ahí la razón de los celos. Quien cambia fácilmente de
amor, lo que tiene son caprichos sentimentales o sexuales. Como quien se
encapricha con un juguete y luego lo deja por otro. El amor es otra cosa.
El auténtico amor quiere ser eterno.El amor no es algo pasajero que sólo
interesa mientras sirve, como si se tratara de un objeto que se abandona cuando
sale un nuevo modelo en el mercado. Para muchos el matrimonio es una unión
efímera que puede romperse ante cualquier dificultad para iniciar una nueva
aventura cambiando de persona.
Eso de que el matrimonio monógamo produce
tedio es sólo verdad cuando está ausente el amor. Los sacerdotes conocemos
muchísimos matrimonios que se aman y son felices a los cincuenta años de
casados.
Naturalmente estos matrimonios no van al psiquiatra, y por lo tanto no
están reflejados en las estadísticas de los matrimonios fracasados.
En cambio, es notable el hecho de que los fracasados en el primer
matrimonio, suelen fracasar en los siguientes; por eso es tan frecuente que los
divorciados vuelvan a divorciarse. El Anuario Demográfico norteamericano afirma
que el 70% de los divorciados reinciden
[40]
.
«Estadísticas puntuales han demostrado que en los países
donde el divorcio está a merced de cualquier contrariedad, del más fútil
pretexto, se da un elevado y creciente porcentaje de jóvenes inadaptados
socialmente, delincuentes, desorientados, descentrados, proclives al
gamberrismo, inútiles para la vida de trabajo y convivencia, por haber estado
privados de ambiente y medios familiares adecuados»
[41]
.
«Que el divorcio lo pagan los hijos es una verdad que pone de manifiesto el
estudio realizado por Martin Richards que dirige el Centro de Investigación de la Familia de la Universidad de
Cambridge, que ha realizado un ambicioso estudio sobre el desarrollo
psico-social de diecisiete mil niños británicos. La conclusión es demoledora: a
los hijos de los divorciados les va mucho peor en la vida»
[42]
.
«Una estadística publicada por el Tribunal de Menores de Chicago afirma que
el 80% de los menores que comparecen ante este Tribunal, son hijos de
divorciados»
[43]
.
Según un reportaje del semanario Newsweek del 11-II-80, en Estados Unidos hay doce millones de menores de dieciocho años
hijos de divorciados, y según el Uniform
Crime Report (1976) de los
menores procesados por delitos comunes en Estados Unidos, el 82% son hijos de
divorciados
[44]
.
Los
grandes perjudicados del divorcio son los hijos, que necesitan de un hogar que
los ame; y nunca puede ser lo mismo el amor que reciben de sus propios padres,
que el que puedan recibir de la persona que ha sustituido a su verdadera madre o
a su verdadero padre. Por eso se suele decir que los hijos de los divorciados
son «huérfanos de padres vivos» (Dr.
Carnot); y esto es lógico que produzca en ellos traumas psicológicos y
afectivos que los convierten en hostiles a la sociedad y en delincuentes.
Los hijos de los divorciados son más huérfanos que los verdaderos huérfanos;
pues éstos, al menos, pueden vivir de un recuerdo y guardar a sus padres
difuntos todo su respeto y todo su amor.
Los divorciados buscan egoísticamente su libertad, pero a costa del bien de sus
hijos.
Las estadísticas dicen que se ha podido comprobar perturbaciones psíquicas en
casi la mitad de los hijos de los divorciados.
En el Segundo Congreso Mundial de Derecho Familiar, celebrado en San
Francisco (California) en Junio del 97, la psicóloga norteamericana Judith Wallerstein presentó un estudio
sobre las desastrosas consecuencias que tiene el divorcio para los hijos
[45]
.
«El divorcio suele tener efectos demoledores en los hijos. Entre otros, se
han descrito manifestaciones depresivas»
[46]
.
Según Gerald Caplan Profesor de
la universidad norteamericana de Harvard, el 40% de los hijos de padres
divorciados sufre psicopatologías
[47]
.
Entre otras cosas afirmó: «Los hijos de padres divorciados son tres veces más
propensos a sufrir trastornos mentales que el resto de los niños».
La psicóloga clínica Jenifer Mcintosh afirma, en una
investigación publicada en el Journal of
Family Studies que la gran mayoría de niños de padres divorciados
desarrollan problemas psicológicos a largo plazo
[48]
.
Los hijos tienen derecho a un
hogar y a unos padres que les amen y eduquen. El divorcio les priva de ese
elemental derecho.
Muchísimos divorciados son responsables de que sus hijos terminen en la
delincuencia, faltos de educación, de hogar, de familia y de amor.
Un gran porcentaje de delincuentes juveniles son la consecuencia del
divorcio de sus padres. «El 95% de los delincuentes juveniles proceden de
familias rotas»
[49]
.
Según el «Uniform Crime Rapport USA» del 1977, el 82% de los
delincuentes juveniles en Estados Unidos, son hijos de divorciados. El divorcio
aumenta además el número de hijos ilegítimos, según el «Demographic Year Book»
de 1969.
Para la buena educación de los hijos es fundamental que se sientan amados.
Muchos traumas se deben a la falta de amor
[50]
.
El
divorcio lleva también al suicidio y al desequilibrio mental. Según el
«Demographic Year Book» de 1972, publicado por la O.N.U., de 28 países, 7
países no divorcistas ocupan los últimos puestos en la tasa de suicidios.
Los divorciados buscaron egoístamente su libertad, pero a costa del bien de
sus hijos. «Estadísticas conocidas dicen que se ha podido comprobar
perturbaciones psíquicas en casi la mitad de los hijos de los divorciados»
[51]
.
Según un estudio realizado en Londres, el divorcio es malo para la salud
tanto de los divorciados como de sus hijos
[52]
.
Y el 65% de los enfermos mentales son personas
divorciadas.
Según un estudio del Centro de Políticas Familiares de
Londres, realizado con 17.000 niños, resulta que los hijos de padres
divorciados y vueltos a casar tienen más problemas psicológicos
[53]
.
Dice el conocido psiquiatra Dr. Juan
Cardona Pastor: «Una familia estable es requisito indispensable para el
equilibrio psíquico normal de la persona»
[54]
.
Según un estudio del Centro de Investigaciones de la Realidad Social
(CIRES) «es indiscutible» la vigencia del matrimonio en España. El 77% de los
entrevistados no cree que el matrimonio sea una institución pasada de moda.
Aseguran que para el éxito matrimonial lo más importante es la fidelidad,
y que la convivencia en pareja dura menos que la de los matrimonios
[55]
.
Suele decirse que el divorcio nos pone a nivel europeo. Eso es una
falacia.
Si el divorcio es malo, es absurdo copiar lo que es malo.
En
Europa hay muchas cosas buenas que podemos imitar y que son más importantes
para el desarrollo de la nación, pero imitar lo malo es de tontos.
Y que la ley del divorcio lo que hace es legalizar la situación de los
matrimonios ya rotos, es otra falacia. No se puede legalizar todo lo que es
frecuente. Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. En ese caso
habría que legalizar los atracos a los Bancos y los atentados terroristas. Esto
es absurdo.
Y decir que debemos admitir el divorcio porque es propio de países civilizados,
es tan ridículo como decir que puesto que el terrorismo se da en países
civilizados, debemos consentirlo. Cuantas más facilidades se den para disolver
matrimonios rotos, más matrimonios se romperán.
c) Adulterio: El pecado de adulterio es
uno de los más execrables. «Se comete cuando un hombre y una mujer, de los
cuales, al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea
ocasional»
[56]
.
El adulterio es ya una falta grave desde el momento mismo en que se desee
deliberadamente.Ya hay adulterio cuando hay infidelidad de corazón: cuando se
pone a alguien por encima del propio consorte.
Tal es el sentido de las palabras de Nuestro Señor: «Quien mira a una mujer con deseos deshonestos, ya ha cometido adulterio
en su corazón»
[57]
.
Como pecado externo es uno de esos crímenes enormes que ya entre los judíos
y los paganos era castigado con la pena de muerte
[58]
.
Las personas casadas deben ser de una prudencia
extrema en este punto, y cerrar cuidadosamente la puerta de su corazón al
menor síntoma de un afecto desordenado naciente hacia tercera persona.
Los antiguos amores de la juventud, los actuales amigos de la familia, los
subordinados, los superiores, los compañeros de trabajo, pueden constituir un
verdadero peligro para la virtud de los esposos.
Enrique Rojas, psiquiatra, en su libro El amor
inteligente
[59]
, cuenta el caso de una joven esposa, de 32 años, con dos hijos, que a los
seis años de casada se enamoró frívolamente, de un compañero de trabajo casado.
Se encaprichó con él y dejó a su marido, excelente persona, que nunca le había
negado nada, y que la tenía en un pedestal. Pero ella se cansó de él. No supo
apreciar los detalles que tenía con ella, y se fue con el otro.
Pero, como dice el Dr.Enrique Rojas: el pronóstico de la nueva relación es incierto. El tiempo dirá. Es muy fácil
que al poco tiempo ella se desilusione de su nuevo amor como se desilusionó de
su marido, a quien tenía tantos motivos para amar.Enamorarse es fácil. Lo
difícil es mantenerse enamorado. El mejor amor se desmorona si no se cuida. Es
enorme la importancia de los pequeños detalles. Es necesario mantener la
admiración sobre la otra persona. La comunicación es una pieza clave. No hay
felicidad sin amor, y no hay amor sin renuncias. Es fundamental el respeto
mutuo de palabra y de obra. La mujer, con su coquetería, es una artista para
seducir al hombre; pero esto no basta para un amor auténtico. El amor debe
apoyarse en valores
[60]
.
Hoy no se valora la fidelidad matrimonial. «La perseverancia en el amor no
está considerada, en la sociedad hedonista y permisiva, pero es de capital
importancia. (...) La fidelidad hace a la persona coherente, y la coherencia es
una de las puertas por las que se accede a la felicidad»
[61]
.
Hay que evitar los celos infundados,
pero también el ser bobalicones poniendo en peligro la fidelidad del otro
cónyuge.
Una aventura amorosa extramatrimonial puede hundir la felicidad de la
familia, que no podrá recuperar el cariño de antes. Y esto no tiene
precio.
No se llega ordinariamente al adulterio de golpe, sino después de una serie
de ligerezas, de imprudencias y de concesiones.
Al principio se resiste, y se ve con horror avecinarse la tragedia. Pero si
se empieza a hacer concesiones pequeñas está todo perdido. Cada vez se cederá
más. Siempre menos de lo que la tentación pide, pero las concesiones irán en
aumento.La tragedia será casi irremediable.
Por eso deben tomarse toda clase de precauciones antes de
que sea demasiado tarde. Los esposos deben ayudarse en este punto evitando las
ocasiones. Pero también deben evitar el no menos grave peligro de celos
infundados que son la ruina de la paz conyugal
[62]
.
Los pasos del adulterio pueden ser éstos:Un marido absorbido por su
trabajo.
Su mujer se siente sola.Ella se encuentra casualmente con un hombre que
resulta amable y atento.Se deja llevar con la imaginación lo que sería un
matrimonio con este segundo hombre.Una circunstancia ocasional y un beso
furtivo con este segundo hombre.Necesidad de repetir este
momento.Después, el adulterio, una familia deshecha, y, puede ser, que la
condenación eterna.
Es un proceso lento pero seguro, si no se corta al principio radicalmente.
El sentimentalismo suele ser una de las causas por las que una persona
buena puede llegar también al adulterio:Se encuentra con otra que atraviesa una
situación difícil. Su buen corazón le inclina a ayudarla, no viendo ningún
peligro en ello. Nace el afecto entre los dos. Ella se siente agradecida y
comprometida a complacerle en todo, etc. Si el hombre, premeditadamente, la
engaña para encariñarla y aprovecharse de ella, eso es una canallada.
Hay imprudencias afectivas que comienzan por pequeñeces, pero que se van
enredando y terminan con que una persona se mete en la cabeza de modo
inconcebible y termina por destrozar un matrimonio
[63]
.
Nada de confidencias sentimentales con
una persona del otro sexo. Puede empezar así un futuro adulterio, y una
colaboración a la traición de un matrimonio. Hay que cortar cuanto antes el
cariño hacia esa persona por duro que sea. Si no, el final será peor.
[64]
El adulterio puede arruinar un matrimonio.
Recuerdo que un hombre, cuya mujer había tenido una aventura amorosa con
otro, me decía llorando, lleno de dolor y de rabia: «nunca más podré hacer el
amor con ella. No podré evitar el pensar que ella está pensando en el otro».
En ambientes pervertidos, algunos matrimonios practican el intercambio de
parejas, como un juego inofensivo: pero con esto han preparado una bomba de
relojería que, antes o después, hará saltar, hecho añicos, su matrimonio.
A veces se dan casos de un triste final de maridos infieles que, teniendo
una esposa maravillosa, se encaprichan con amoríos de «quita y pon», que son
pasajeros, pero que agostan el amor de sus esposas, y ellos terminan en la
soledad y el desamparo.
La amante del hombre puede ser una profesional que va buscando hombres
casados para vaciarles la cartera. Es una mujer de cuatro letras, que en lugar
de trabajar en la calle lo hace en lugares lujosos: es una profesional del
vicio.
Otras veces puede ser una mujer
ingenua que insensiblemente se enreda en un amor prohibido. Aunque ingenua no
deja de ser culpable pues sabe que aquel corazón ya tiene dueño.
Una aventura amorosa extramatrimonial, al principio, puede resultar
maravillosa; pero a la larga es muy fácil que resulte peor que el matrimonio
del que se huía.
d) Armonía
matrimonial: Los casados deberían examinarse con humildad y lealtad para ver si deben
corregirse de algún defecto que obstaculice la armonía matrimonial.
Pocos matrimonios habrá en los que alguna
vez siquiera no haya habido un disgusto serio. A veces los disgustos son
frecuentes.
Las causas pueden ser muchas: orgullo, egoísmo, frivolidad, obstinarse en
querer tener siempre la razón, sensualidad desenfrenada, sensibilidad
exagerada, palabras imprudentes, celos enfermizos, desorden negligente, etc.
Rara vez la culpa será de uno solo.
Un silencio cariñoso, el saber ceder con prudencia, el explicarse con
calma, el olvidar cristianamente, etc., ayudan a pasar por encima de muchas
dificultades.
Los pequeños disgustos, al prolongarse, pueden terminar en algo grave.
Lo mejor es acabar con ellos cuanto antes, con un poco de humor, espíritu
de conciliación y capacidad de olvido.
Al cabo del tiempo puede que un día aparezca la decepción del cónyuge.
Evitar toda palabra descalificadora: «Eres inaguantable». «No se puede vivir a
tu lado». «Ya no te aguanto más». «No te soporto». «Que sea la última vez». «Tu
actitud es inadmisible». Etc.,etc.
Hay palabras que nunca deberían pronunciarse: «Contigo es imposible
hablar». «Siempre quieres tener la razón». «Nada de lo que te digo te parece
bien». Estas generalizaciones y frases radicales ahondan más las discrepancias.
Y si a esto se añade traer una lista de antiguos agravios, sin digerir,
lanzados como proyectiles, el efecto es demoledor para el amor.
Nunca eches en cara errores pasados. El que ama, perdona. Y si tú te
equivocas, reconócelo, porque todos nos equivocamos.
Las palabras agresivas, humillantes, despectivas y ofensivas hacia el
cónyuge o su familia son de efecto destructivo para la armonía conyugal.
Nunca hables mal de tus suegros. Ni digas palabras hirientes o despectivas
del otro cónyuge. Sino muestra valoración y estima por su labor.
Ten en cuenta las cosas que le molestan para evitarlas.
Nunca expresar a tu pareja tus sentimientos de agresividad. Para
desahogarte podrías escribirle una carta manifestándole todos tus sentimientos.
Pero una vez escrita, la rompes. No se la entregues. Ya te has desahogado.
Ya sabes que «dos no discutes si uno no quiere». Si discutís de cosas
intrascendentes, dale la razón. Tu derrota se convertirá en victoria.
El amor no se impone.
Se da y se merece cultivándolo cada día.
Dile algo amable, por lo menos una vez al día.
Y cuida de los detalles que le gustan o le disgustan.
Dijo Foerster: «un pequeño
detalle, a la larga, vence al amor».
Para la armonía matrimonial es importante:
- Más que dar órdenes, solicita las cosas.
- Nunca levantar la voz ni gritar al cónyuge.
- Nunca decir palabras ofensivas o hirientes.
- Siempre mantener un comportamiento correcto, delicado, educado.
- Siempre mostrar un trato afable, bondadoso, cordial
[65]
.
«Ser comprensivos al máximo.
»Ponernos en lugar del otro.
»No tener miedo a mostrar nuestras debilidades y defectos.
»Permitir que el otro sea él mismo, y recordar que su dignidad de persona
es su mayor valor.
»No olvidar jamás que quien no respeta, no ama. El respeto es la base de la
felicidad.
»Antes de corregirle y criticarle con amor, reconócele sus virtudes.
»Jamás utilizar los hijos contra el otro. Es una vileza que se paga.
»Si los dos estáis enfadados y pretendéis tener razón, la tendrá quien
antes abandone la discusión.
»Reconocer privada y públicamente las cualidades del otro para ayudarle a
potenciarlas.
»Una forma segura de dinamitar el mutuo amor y la paz conyugal y familiar
es recordarle al otro sus errores y debilidades del pasado: pasarle factura.
¿No hay nada bueno que se pueda decir del otro?
»El amor y la convivencia es comunicación. Hay que saber escucharle con interés. Contarle nuestras cosas y que nos cuente las suyas. »Amar es también unirse en el dolor, y hacer frente común en los momentos
más graves»
[66]
.
«La vida conyugal, que es fuente de grandes alegrías, también puede ser
causa de grandes sufrimientos. Y el riesgo de fracasar es tan grande como las
posibilidades de felicidad. No hay vida matrimonial sin crisis. (...)
»No hay vida conyugal perfecta.
»Muchos son víctimas del espejismo de la pareja modelo, sin fallos ni
miserias.
»Pero crisis no es sinónimo de fracaso.
»Muchas parejas se imaginan, a la primera dificultad un poco seria, que su
vida común ha quedado rota.
»Eso se debe a una concepción idílica de la vida en pareja, según la cual
la vida conyugal sería como una especie de luna de miel permanente»
[67]
.
El amor matrimonial no excluye los conflictos.
Pero hay que solucionarlos.
Aclarar las cosas sin herir.
Más que buscar culpables, hay que buscar soluciones.
En esos momentos es muy importante la comunicación mutua. Quizás
preguntarle: «¿En qué te he decepcionado?».
El amor, como las plantas, hay que regarlo para que florezca. Si no lo
cuidas, terminará por secarse.
¿Le das muestras de cariño?
¿Le dices, de cuando en cuando, palabras agradables?
¿Fomentas la comunicación?
¿Evitas lo que sabes no le gusta?
¿Cuidas tu higiene?
¿Valoras su familia?
Etc., etc.
A veces puede surgir el deseo de buscar fuera del matrimonio una
compensación, que puede ser desde una santa ocupación hasta el adulterio.
Ni siquiera la atención a los hijos puede justificar la desatención a la
pareja. Aunque puede ser perfectamente compatible con la armonía conyugal una
actividad en servicio de los demás.
Hay que procurar siempre, con prudente habilidad, que las disensiones -a
veces inevitables- no se prolonguen. Si no se pone a tiempo remedio se producen
heridas muy profundas.
El desacuerdo serio y continuado en el matrimonio es una de las mayores
cruces de la vida terrena.
Conviene saber llevar la cruz del
matrimonio sobrellevando mutuamente las deficiencias de carácter, defectos,
etc.
En el matrimonio no todo es disfrutar.
Está hecho también de comprensión y renuncia: conocerse y
animarse, comprenderse y perdonarse.
En el matrimonio hay que saber
tolerarse. Cada uno tiene su modo de ser, sus gustos y preferencias.Esto
puede ser causa de fricciones en el matrimonio. Es muy difícil que la armonía
sea al 100%. Esto sería maravilloso, pero es casi imposible. Por eso hay que
ser tolerante en las cosas que no son importantes. Y la mayoría de los choques
matrimoniales lo son por cosas insignificantes.
«También es verdad que la tolerancia tiene otro extremo tan peligroso como
la intolerancia. Es cuando «te tolero porque te ignoro, porque no me afectas,
porque lo que hagas tú me da igual, porque no me importas»
[68]
.
El respeto mutuo es esencial.
Si uno de los dos falta a él, es preferible que el otro guarde silencio
hasta que pase la tormenta.
Después, con calma, puede reconocer que se ha pasado.
Conviene no
olvidar que el hombre es muy distinto de la mujer.
El hombre y la mujer son iguales ante la ley por tener la misma dignidad
personal, pero son distintos corporal y psíquicamente, para poder
complementarse. Por eso la mujer que no tiene feminidad es un marimacho, y el
hombre sin masculinidad, una damisela.
Las diferencias fisiológicas entre el hombre y la mujer llegan hasta el
cerebro
[69]
.
Eso de que las diferencias de modo de ser entre hombre y mujer sean
consecuencia de la educación recibida, no es cierto.
Es verdad que la educación influye en el modo de ser, pero hay una base en
la naturaleza.
Lo mismo que fisiológicamente el hombre no puede dar a luz un hijo,
psicológicamente la mujer está dotada de unas cualidades propias de la
maternidad, que el hombre no tiene.
La ternura femenina para con el niño es algo muy distinto de lo que
el hombre es capaz de dar.
La mayoría de los hombres son capaces de tener una vida sexual sin amor; en
cambio la mayor parte de las mujeres sólo son capaces de entregarse a un hombre
cuando lo aman.
El hombre es más carnal, la mujer más tierna.
El hombre debe saber que ella no encuentra placer en el amor físico, sino a
través del amor psíquico.
La mujer es más detallista, el hombre mira las cosas en síntesis.
Al hombre le gusta conquistar, a la mujer ser conquistada.
A la mujer no le importa ser dominada por la
personalidad, el hombre prefiere ser dominado por el cariño.
La mujer ha nacido para amar y el hombre para luchar. No exclusivamente,
pero sí preferentemente.
El hombre es más seco que la mujer en manifestar sus sentimientos. Los
expresa más con las obras que con las palabras. Siente rechazo a expresar su
intimidad. Le desagrada aparecer «sensible».
Se muestra más interesado por las cosas que por las personas.
La mujer es al revés. Le interesa más todo lo relacionado con la persona.
El hombre se entusiasma con las ideas, la política, el deporte, su coche o
su ordenador..Por el contrario, la mujer goza hablando de sus intimidades, y
necesita ser oída.
«El hombre se manifiesta, sobre todo, por su carácter activo, emprendedor,
creativo; la mujer, más bien, por su carácter acogedor, receptivo. Hasta la
constitución física, de alguna manera, está moldeada para expresar esta diversa
manera de estar en el mundo»
[70]
.
El hombre razona, la mujer intuye. El hombre es más cerebral, la mujer más
cordial, más sentimental: incluso puede dejar que los sentimientos influyan en
su razón.
El hombre tiene tendencia a lo universal, la mujer a lo concreto.
El hombre se interesa más por las ideas, la mujer por los afectos.
El hombre quiere que lo valoren, la mujer que la amen.
El hombre vence por la fuerza, la mujer por la lágrimas.
La mujer se deja dominar por los sentimientos mucho más que el hombre.
Mientras ella manifiesta sus sentimientos fácilmente, el hombre suele sentir
pudor en manifestarlos: por eso es frecuente que los oculte.
La mujer ama y sufre con más intensidad que el hombre. Por eso cuando odia
es temible: su maldad, su espíritu de venganza y su ingenio para hacer daño son
terribles
[71]
.
El hombre es estable, la mujer voluble.Ya lo dijo Virgilio en la Eneida
(IV,559) «la mujer es variable y tornadiza».
Y también Verdi en su famosa
ópera Riggolletto (Acto IV,4º) : «la
donna `e mobile» : la mujer es variable.
Tan mudable que muchas veces ni ella misma se entiende. Como está hecha
para la maternidad su psicología está afectada por los cambios fisiológicos del
ciclo reproductor. La pérdida periódica de sangre la debilitan.
Psíquicamente busca el apoyo del hombre. La protección del hombre le da
seguridad. Le gusta el hombre fuerte, varonil. No sólo físicamente, sino
también espiritualmente.
«La lógica en el hombre es reflexiva, en la mujer intuitiva. El hombre que
tropieza con lo imprevisto, se desorienta y tiene que estudiar de nuevo el
asunto. La mujer, en un caso similar, emplea la lógica de la adaptación o
mutación.
»Esta discrepancia matrimonial parece que les aleje al
uno del otro.
»El hombre debe imponer su criterio razonadamente, sin humillar a su mujer;
la mujer, con intuición, debe ayudar a su marido procurando aunar opiniones.
»La felicidad matrimonial se consigue no mandando ni el uno ni el otro,
sino obedeciendo los dos.
»La imaginación y sensibilidad es más acusada en la mujer. En el arreglo
del hogar lo demuestra. Su gran sensibilidad hace que lo nimio la haga feliz o
la haga llorar. Cosas al parecer insignificantes para el hombre, a la mujer le
producen gran disgusto.
»La mujer es fácilmente feliz con ilusiones pequeñitas, detalles,
delicadezas, etc. El hombre generalmente le da menos importancia a todo esto, y
vive más las grandes ideas de la fe, de la política, de los negocios, etc.
»La imaginación masculina es de ideas y, por lo tanto, es intelectiva;
menos expuesta a error por apoyarse en la realidad y no en el sentimiento, que
es lo propio de la mujer.
»Esta discrepancia a veces produce disgustos. El hombre debe comprender a
la mujer y apreciar sus sentimientos.
»El juicio de la mujer es más rápido, y juzga según odie o ame; en cambio,
el hombre juzga después de madura reflexión.
»Esta divergencia puede conducir a que la mujer considere al marido
demasiado calculador, y él a su mujer ligera y alocada.
»Sin embargo, no debe el marido despreciar el juicio de su mujer, pues ella
capta detalles que el hombre desprecia y pueden conducir al fracaso.
»Estas discrepancias las impone la diferenciación sexual; y el milagro del
matrimonio presidido por el amor hace que se adivinen los pensamientos.
»La mujer aceptando lo que el hombre dice.
»El hombre comprendiendo lo que la mujer quiere decir.
»Ella es dichosa si el marido adivina sus deseos.
»La diplomacia con que Dios ha dotado a la mujer puede emplearla siendo el
ángel tutelar de su marido, pero sin que se resienta su orgullo de varón.
»La propia estimación del hombre es lícita, pero con exageración caería en
un salvaje egoísmo; cualidad ésta que usada ponderadamente hace que la mujer se
sienta protegida con sensación de paz y seguridad.
»La mujer es feliz si lo son los que ella ama. El deseo de agradar es
innato en la mujer. Ella va a la conquista del hombre. En esta actitud debe
continuar toda su vida matrimonial. Ello será un medio para que el marido
conserve su castidad.
»El amor conyugal es mixto, con tres factores: primero, amor sensible;
segundo, amor espiritual y, tercero, amor sobrenatural.
»El sensible es el que acerca los dos sexos y cumple la función sexual del
débito matrimonial.
»El espiritual valora las cualidades anímicas y desea
para el ser amado el mayor bien, entregándose a él en cuerpo y alma.
»El sobrenatural ofrece nuestro amor para la propia santificación y hace la
continuación de nuestra propia vida en nuestra descendencia con miras a la
eternidad.
»La felicidad matrimonial no se logra aturdiéndose con fiestas y riquezas,
sino con el hogar ordenado, el cariño de los hijos y la paz en el alma de ambos
cónyuges, dejando las adversidades y alegrías en manos de Dios»
[72]
.
Muchos matrimonios fracasan porque se han contraído con ligereza y frivolidad; sin conocerse y sin amarse.
Por sólo apetito sexual. Y esto no basta para hacer feliz un matrimonio.
Otros fracasan por inmadurez. Se casan sin estar preparados para la unidad
matrimonial, sin haberla siquiera entendido. Siguen dentro del matrimonio
viviendo su individualidad, y los casados deben vivirlo todo «con y para» el
otro.
Para que un matrimonio vaya bien, hace falta la colaboración de los dos;
pero para hundirlo, basta con uno.
«La convivencia es un trabajo costoso que exige comprensión y generosidad
constantes»
[73]
.
El matrimonio no es un contrato de
servicios sino una comunidad de vida y amor, como dice el Concilio Vaticano
II
[74]
.
La huida de todo sacrificio quita al amor el sello de su autenticidad.
Cuando vaya pasando el tiempo de tu matrimonio, encontrarás en tu
cónyuge defectos de carácter que no advertiste en el noviazgo. No se los eches
en cara de una manera desagradable. Eso sería contraproducente.
Tampoco los consideres como de gran importancia.
Es preferible que atiendas las virtudes que te movieron a elegir esa
persona para unirte en matrimonio, y que sirven de contrapeso.
En este mundo nadie es perfecto, y hemos de resignarnos a sobrellevar los
defectos de nuestros prójimos.
Procura portarte como si fuera tal como tú deseas. Esto le ayudará a que
llegue, a la larga, a ser como tú deseas.
Durante el noviazgo sólo se ven las buenas cualidades de la persona a quien
se ama. Con los defectos hay mucha indulgencia. En cambio de casados ocurre al
contrario: hay cierta tendencia a olvidar las buenas cualidades y a aumentar
los defectos.
«El mayor obstáculo para el ajuste en el matrimonio es el miedo de ser
dominado. (...)
»Es éste un miedo peligroso, porque hace que ambos se
pongan a la defensiva en lugar de preocuparse por el mayor bienestar del otro.
»Tan pronto como uno traslada la atención de la persona amada a uno mismo,
el verdadero amor está amenazado. (...) Si una persona tiene miedo de ser
dominada, la otra queda contagiada del mismo miedo, y surge un conflicto»
[75]
.
El orgullo desempeña un papel muy importante en las disputas matrimoniales.
El remedio es la humildad, reconocer los errores y dar explicaciones
aprovechando un rato de calma.
Y si se domina el buen humor es un modo magnífico de terminar muchas
disputas.
Las dificultades conyugales son menos graves de lo que parecen, y pueden
superarse con buena voluntad.
«Supongamos dos esposos que después de algunos años de convivencia se
encuentran en plena discordia, pero de tal modo exasperados y furiosos que
quieren separarse lo antes posible y a costa de lo que sea.
»Al principio estaban muy contentos, se consideraban felices; ahora, en
cambio, maldicen el día en que se casaron.
»¿Cómo ha sido eso?
»Los dos tienen defectos, pasiones, errores, pero, ¿quién no los tiene? ¡Cuántos
tienen los mismos defectos que ellos, o acaso más, y sin embargo viven en paz! ¿Qué
es lo que les ha conducido a la infidelidad y a la ruina?
»El esposo, algún tiempo después del matrimonio, ha comenzado a darse
cuenta de las lagunas y defectos de su esposa, y esto le ha disgustado y le ha
irritado.
»Bondadosamente, le ha hecho notar estas cosas, pensando que su mujer se
enmendaría pronto de sus defectos. ¡Le parecía tan sencillo y tan fácil! Pero
ella no se ha corregido...
»Entonces la atención del marido se ha centrado más y más sobre las faltas
y errores de ella, con lo que su desagrado, y luego su mal humor, han ido en
aumento.
»Parecíale que ella no tenía buena voluntad y no le amaba, pues nada
cambiaba su conducta, ni su modo de hacer; lo cual cada vez le disgustaba,
irritaba y hería más vivamente.
»Pero también el marido tenía lagunas, defectos, errores; y la mujer en ese
mismo tiempo ha fijado su atención en ellos, y se ha desarrollado en su alma un
drama igual al que se producía en el ánimo del marido.
»Pensaba que él pretendía mucho de ella y no se preocupaba de cambiar
ciertas maneras suyas que la ofendían y amargaban. ¡Hubiera costado tan
poco!... Y así llegaron a donde llegaron.
»Algún juez imparcial dirá inmediatamente que la conducta
de los dos ha sido estúpida, y ambos han sido los autores de su desdicha.
»Si cada uno de ellos, en lugar de atender a los defectos y agravios del
otro, en lugar de emperrarse en la pretensión de que el otro se corrigiera,
hubiese observado sus propios defectos y se hubiera esforzado en quitar de sí
lo que disgustaba al otro, habrían vivido en paz y la buena armonía se habría
consolidado cada vez más. Ésta era la única conducta práctica razonable; era
también la única cosa que cada uno podría hacer, ya que no tenía ningún poder
sobre la voluntad del otro. Pero no han hecho lo que podían; han pretendido
cada uno que fuese el otro el que lo hiciese, y así han llegado a ser
desgraciados»
[76]
.
El amor propio es asesino y suicida al mismo tiempo. Castiga al cónyuge
encerrándose en el silencio de la ausencia. Pero tambiérn se castiga a sí
mismo, porque el amor propio es enemigo absoluto del matrimonio. Los esposos se
encierran en la caverna de la soledad. Se sienten ofendidos, y son incapaces de
perdonar. Ponen un candado al diálogo
[77]
.
«En este proceso de mutua “domesticación” que tiene que sufrir todo
matrimonio, es esencial, por una parte, la constancia y, por otra, la mutua
delicadeza. Nada de impaciencia con los defectos del otro; mucho tacto y, sobre
todo, no restregárselo con dureza, ironías o ridículos. Las moscas no se cazan
con vinagre. Tampoco tratéis de rehacer el otro a vuestra imagen y semejanza. Por
parte de cada uno de vosotros, el esfuerzo debe ser contrario: no tratar tanto
de rehacer al otro, cuanto de adaptarse al otro»
[78]
.
La mayor parte de los conflictos en el matrimonio son causados por falta de
mutua adaptación. Para que el matrimonio progrese los dos deben remar en la
misma dirección. Si cada uno rema en sentido contrario, la barca girará sobre
sí misma. Quien no esté dispuesto a adaptarse al otro, más vale que no se case.
Sin esfuerzo de mutua adaptación, el matrimonio no hay quien lo aguante.
Para adaptarse es necesario podar la propia personalidad para evitar roces.
Limar aristas y suavizar los rasgos que hieren o incomodan al cónyuge. Esto es
amar con sacrificio, oblativamente. Sin amor oblativo, habrá naufragio
[79]
.
Amar es adaptarse. Y adaptarse es renunciar a ciertos rasgos de la propia
personalidad. Decir “Yo soy así, y tengo que ser auténtico”, es propio del
testarudo y del egoísta. La incapacidad de adaptarse es poropio del neurótico
[80]
.
El continuo choque de opiniones, deseos, planes, gustos, etc., convierte al
matrimonio en un infierno. Es posible que no coincidáis en gustos, planes,
deseos, etc. Pero si quieres a la persona, de buena gana aceptarás lo que ella
prefiera. Cuando los dos quieren dominar, el choque es inevitable. Cuando los
dos quieren adaptarse, la armonía es maravillosa
[81]
.
El Dr. Vallejo-Nágera dijo por
Televisión Española que la raíz de muchos matrimonios desgraciados es porque
esperan demasiado del otro y quedan defraudados
[82]
.
«Exigir del otro que se adapte, que procure mejorar su
personalidad, querer que luche contra sus defectos y consolide sus cualidades,
bien está. Pero exigir que eso se realice enseguida, y que la transformación
sea inmediata, sería nefasto. Se obligaría entonces al cónyuge a contentarse
con cambiar las apariencias, se le conduciría a adoptar unas actitudes que
serían forzosamente superficiales; el resultado no tardaría en manifestarse con
un retorno a las costumbres antiguas y un mutuo desengaño. Si hay algo que debe
evitarse es eso. Más vale proceder gradualmente, contar con el tiempo y obtener
resultados ciertos. Esta paciencia será sin discusión, una de las formas
superiores del amor y un testimonio irrecusable de desinterés. Saber esperar a
que el cónyuge logre superar sus defectos, animándole sin hostigarle,
ayudándole sin desquiciarle, éste es uno de los primeros pasos en el camino del
acuerdo de las personalidades. Este acuerdo se efectuará con tanta mayor
seguridad cuanto con más calma se proceda. Excitarse no servirá de nada; lo más
que se conseguirá es exasperarse uno mismo y exasperar al otro. En tal
ambiente, el acuerdo, en vez de progresar, retrocedería multiplicando los roces
y exacerbando los choques. Todo esto no quiere decir que se encierre uno en la
pasividad esperando que el cónyuge se decida de una vez, a realizar un esfuerzo
para adaptarse, sino que significa que al exigir de él unas manifestaciones de
buena voluntad, se impondrá uno a sí mismo una paciencia a toda prueba,
respetando el curso del tiempo y contando con la lentitud normal de toda
evolución humana. Saber repetir una corrección. Repetirla sin dejar traslucir
que está uno harto y a punto de estallar. Repetirla, por el contrario, con
incansable afabilidad, con una pizca de buen humor, pero nunca fuera de tiempo.
Domeñar esta impaciencia, esta precipitación, e imponerse contar con el tiempo.
Esperar que poco a poco se efectúe la evolución requerida. El tiempo destruye
siempre lo que se hace sin él. En toda observación evitar las palabras agrias;
en toda crítica, evitar las palabras ultrajantes; en todo reproche, evitar la
aspereza; tales son las condiciones que se requieren previamente para el
acuerdo conyugal. Éste no puede realizarse más que en un clima en que el afán
de comprensión recíproca sea evidente. Este ambiente se creará si de una parte
y de otra se emplea la destreza necesaria para hablarse con provecho.
»La preocupación por proceder con tacto conducirá a no hablar nunca
bajo el efecto de la emoción violenta que acompaña habitualmente a la primera
reacción. Le sucede a nuestro espíritu lo que al agua: cuando ésta
se enturbia ya no se puede ver nada en ella; hay que dejarla reposar para
que recobre su limpidez»
[83]
.
La crítica mutua en el matrimonio es buena y ayuda a mejorar.
Pero debe ser una crítica que nace del amor y se hace con amor.
No una crítica-reproche que molesta al otro. Éstas son inútiles y
perjudiciales, porque deterioran la convivencia.
Una crítica que es un desahogo de la agresividad, produce agresividad en el
otro. La finalidad de la crítica debe ser ayudar al otro a ser mejor.
Por eso, no pedir imposibles; ni hablar con vaguedades que no concretan lo
que debe cambiar; ni en plan exigente, sino sugiriendo.
Y en el momento oportuno. Una crítica a destiempo es
perjudicial, o, por lo menos, inútil.
«Es necesario, a todo precio, vencer el mal humor y, para conseguirlo,
cultivar el arte del perdón recíproco.
»Que no se tema ir demasiado lejos en este sentido, porque si es peligroso
perdonar demasiado, mucho más peligroso es no perdonar lo suficiente.
»De tener que elegir entre los dos excesos habría que optar sin titubeo por
el primero; porque un exceso de bondad sólo puede servir al amor, mientras que,
por el contrario, éste no podría sobrevivir a una negativa del perdón.
»En la vida conyugal es donde tiene más aplicación la respuesta de Cristo: hay que perdonar setenta veces
siete
[84]
.
»Es decir, ¡siempre!
»Solamente en la medida en que el uno y el otro hagan de esta ley cristiana
norma de su vida cotidiana florecerá la comprensión en la vida común.
»Cualquier otra orientación sólo puede acarrear endurecimientos y choques
que acabarán por destruir la felicidad.
»Para que la vida en común sea bella, para que sea armoniosa y reine en
ella la alegría, para que el amor sea fácil, es preciso que marido y mujer se
traten con toda caridad, concediéndose recíprocamente un perdón renovado sin
cesar.
»Cuando tengas que reprender a tu cónyuge, no lo hagas con reproches duros,
que suelen motivar reacciones violentas.
»Es preferible una suave sugerencia que facilite la disculpa, el acuerdo,
la avenencia.
»Con mucha frecuencia en el origen del enojo está el orgullo.
»Algunas torpezas inconscientes y repetidas traen como consecuencia que la
mujer ofendida se refugie en una protesta silenciosa.
»Se encierra en sí misma, negándose a avanzar por el camino de la
comprensión. No admite el perdón.
»Pensando que ha iniciado ella demasiadas veces los pasos de la
reconciliación, se repliega ahora a la defensiva y manifiesta su protesta con
una terquedad irreductible.
»No posee ella, sin embargo, el monopolio del malhumor.
»Hay que reconocer que el hombre, a su vez, lo utiliza con frecuencia,
impulsado también por el orgullo.
»En él también, puede triunfar la fobia a dar el
primer paso. Ésa es la manera mejor de hacer la vida común insostenible.
»El triunfo de la terquedad, del
orgullo, y malhumor, actúa sobre el amor como un cáncer.
»Muchos de los fracasos matrimoniales se deben a la
falta de comunicación. Porque la mujer no encuentra en el marido atención a lo
que ella necesita comunicar.
»Muy cercana al malhumor está la taciturnidad.
»Es un estado de espíritu en el cual no se encuentra
nada que decir.
»Este defecto es, la mayoría de las veces,
patrimonio del hombre.
»Aun no siendo siempre consecuencias de mala
voluntad, no por ello debe dejar de ser corregido.
»Hay maridos que no comprenden que imponen así a su
mujer un verdadero suplicio.
»A lo largo de todo el día, ella no tiene nadie con
quien hablar.
»Cuando llega el marido, siente una necesidad muy
comprensible de comunicarse con él.
»Pero éste cansado y rendido, no se encuentra con
ganas de conversar.
»Se atrinchera tras el periódico o se dedica a la
televisión.
»Cuando esto se repite con regularidad llegan a ser
extraños entre sí.
»Están al borde del fracaso.
»El marido debe hacer un esfuerzo para salir de sí
mismo y dedicar a su esposa una atención parecida a cuando era su novia.
»Hay que conseguir que en el hogar brille la
alegría. Es la mejor salvaguardia del amor»
[85]
.
Una de las cosa que más hace fracasar a los matrimonios es el mal carácter:
el mal humor, un espíritu regañón, una actitud agria, etc. El buen humor, un
rostro agradable, una sonrisa fácil, y unas palabras amables valen más que un regalo
costoso.
El doctor Enrique Rojas, Catedrático
de Psiquiatría en Madrid, en su libro El
amor inteligente
[86]
, cuenta el caso de un matrimonio, con tres hijos, a punto de separarse,
porque él, excelente profesional, sólo vivía para su trabajo, y su mujer se
sentía abandonada.
Él dice que le gusta ser responsable de lo que lleva entre manos, aunque
reconoce que habla poco; pero considera que para hablar hay que tener algo que
decir, que hablar por hablar es ridículo, y que para hablar de cosas insulsas
prefiere estar callado.
Pero ella no aguanta esa falta de comunicación. Y él se queja de que ella
está siempre protestando de todo.
Total, que la falta de comunicación iba a acabar con ese matrimonio.
En el matrimonio no basta coexistir, hay que convivir. Y esto no es posible si no
tienen nada en común. Hay que compartir gustos, ideas, valores.
No basta que los cuerpos estén juntos, si las almas
están separadas
[87]
.
Para la armonía matrimonial es fundamental la
comunicación.
Muchos matrimonios fracasan por
falta de comunicación.
El hablar aclara las cosas. El silencio enreda cosas
que no debían haber sido problema.
Un día, una esposa ve pasar a su marido en su coche
con una joven al lado.
Es una compañera de trabajo, y la lleva al médico.
Pero su mujer se imagina lo peor.
Cuando él llega a casa, con toda naturalidad, y como
siempre, va a besar a su esposa.
Ella con la idea que tiene en la cabeza lo recibe
displicentemente.
Él se extraña, pero calla.
Ella también calla.
Al día siguiente él se acerca a darle el beso de
costumbre, y nota en ella la misma reacción.
Al tercer día, se va directamente a su habitación
sin besarla. Ella saca su conclusión: «no hay duda que se ha liado con la
otra».
Ya tenemos una tragedia que se hubiera evitado sin
el silencio de los dos.
Hay mujeres que se quejan de que sus maridos no hablan; pero no caen en la
cuenta de que ellas no dejan hablar, pues son interminables narrando sus cosas.
Otras interrumpen continuamente lo que a ellos les parece interesante
contar, con multitud de «cositas»: ¿cómo te has hecho esa mancha? ¿Está buena
la sopa? ¡Ten cuidado con la ceniza!, etc.
Así dan a entender a su marido que lo que él les cuenta no tiene para ellas
ningún interés, y al marido se le quitan las ganas de hablar.
Escuchar no es lo mismo que alternancia en el monólogo,
donde cada uno aprovecha una pausa del otro para retomar el hilo de lo que
estaba diciendo.
No es lo mismo oír que escuchar. Al escuchar intentas comprender al otro.
Quien se siente escuchado se
siente querido. Escuchar a una persona es valorarla. Todos necesitamos ser
valorados por los demás. Si a una persona no se la hace caso, no se la valora,
se sentirá frustrada.
Esto la llevará a fracasar en la
vida y a vivir amargada.
También es importante amar lo que
el otro ama: su familia, su profesión, sus aficiones. Despreciar estas cosas
enfría el afecto y distancia las personas.
La comunicación es indispensable,
pero debe hacerse en el momento oportuno. Empeñarse en tenerla inoportunamente
es contraproducente. Y, desde luego, no confundir la comunicación con el
reproche. Hay personas que siempre están poniendo defectos al otro. Resultan
insoportables. Para que el reproche sea eficaz debe ser oportuno. Y, por
supuesto, nunca delante de terceras personas. En las
discusiones, inevitables a veces, cuidar mucho de no decir palabras ofensivas
que puedan herir, y quizás el otro no las olvidará, aunque nosotros, después,
nos arrepintamos de haberlas dicho.
Para remediar las desavenencias en el matrimonio te recomiendo este libro excelente: Felicidad conyugal: sus obstáculos; su éxito
[88]
.
Además de ser un libro provechosísimo para los casados,
también lo es para los que se acercan al matrimonio; para que sepan, desde el
principio, evitar todos los pasos que les aparten de la felicidad conyugal. El
matrimonio, como todas las cosas, tiene su lado negro; y es necesario
soportarlo.
El sufrimiento es en esta vida inevitable, y hay que aceptarlo.
Nunca deberemos
olvidar que incluso en un matrimonio en el que reine un verdadero
amor, siempre habrá lugar para el sacrificio. A veces puede ser necesaria una
autodisciplina, tan recomendada por la ascética cristiana, para el control
sexual de los esposos. Incluso en la formación integral prematrimonial, siempre
deberá promocionarse el sacrificio como elemento indispensable del matrimonio
cristiano.
La felicidad de un matrimonio no se hunde porque en alguna ocasión pueda haber un disgusto. Son
consecuencia de la fragilidad humana. Pero siempre sale el sol después que
pasan los nubarrones. Cuando hay amor y virtud las dificultades son más
llevaderas. Es muy difícil que en un matrimonio no surjan problemas. Lo
importante es que se mantenga el amor, y se sobrelleven con virtud los defectos
de la otra persona. Y no contar a terceros las desavenencias conyugales; a no
ser para pedir consejo a persona amiga e imparcial.
Los esposos deben saber apreciarse mutuamente.
Que la mujer aprecie el trabajo de su marido, su
prestigio social, su responsabilidad, sus éxitos, etc. Al hombre le gusta que lo valoren, que se
aprecien sus éxitos. Que el marido sepa apreciar lo que supone la consagración
total de la mujer a los hijos y al hogar. Jamás decir nada que pueda suponer
menosprecio del otro, aunque sea una pequeñez. Dar siempre a entender, en el hablar,
que se siente admiración por el cónyuge.
«Uno de los puntos esenciales para
mantenerse enamorado es seguir admirando al otro y alimentando las bases
positivas que hicieron nacer ese Ωamor. (...) El amor es como el fuego. Hay que avivarlo.
Si no, se apaga. Hay que nutrirlo de detalles pequeños»
[89]
.
«A una persona se la conoce cuando sabemos qué
valores tiene. Compartir sus valores es el primer paso para el amor»
[90]
.
No es raro el enfrentamiento entre nuera y suegra. Las dos aman al mismo
hombre y pueden surgir celos entre ellas. El perjudicado es el hombre que
quiere hacer feliz a su mujer, pero no puede desatender sus obligaciones de
hijo. El ideal sería que las dos fu, eran comprensivas. La nuera comprendiendo
que su marido tie, ne que atender a su madre. Y la suegra no entrometiéndose en
el matrimonio. Muchos matrimonios han fracasado por las intromisiones de las
suegras. Los matrimonios deberían colocar el cartelito de PRIVADO sin que por
eso la suegra se sienta rechazada
[91]
.
Otra dificultad puede estar en los antiguos amigos
de cada cónyuge. A veces son de ambientes muy distintos, pero ambos deberían
ser agradables con los amigos del otro. Pero ambos, también, ser prudentes para
evitar que un antiguo amigo o amiga sea un «intruso» en su matrimonio
[92]
.
¿Cómo hacer fracasar un
matrimonio?
1º Abandonar las muestras de amor al otro cónyuge.
2º Dejarse llevar del amor a tercera persona.
3º Supervalorar los defectos del otro cónyuge.
4º Contestarle mal y alzarle la voz.
5º Prolongar los pequeños enfados, mantener la mala
cara y ser difíciles para perdonar y pedir perdón, cuando sea necesario.
6º Desinteresarse de las cosas del otro.
7º Despreocuparse de hacerle feliz.
8º Molestarle continuamente.
Para salir del conflicto
matrimonial:
1º Tomar conciencia del problema.Nada se resuelve si
no se conoce su existencia.
2º Que los dos quieran resolverlo.
3º Buscar las causas que lo han originado.
4º No echarse la culpa mutuamente.
5º Perdonar: pedir perdón; ofrecer perdón.
6º Partir de lo que los une, y apoyarse en ello.
7º Buscar posible solución.
8º Diálogo: Ponerse a hablar. Preguntarse, ¿qué nos pasa?
9º Escuchar. Aguantar. Tolerar.
10º Buscar ayuda en tercera persona (amigo,
consejero, sacerdote); pero no para que nos dé la razón a nosotros.
En el matrimonio es fundamental saber aguantar. La
convivencia exige mucho aguante. El que no quiera aguantar tiene que irse a una
isla desierta. Allí no aguantará a nadie. Pero tendrá que aguantar su soledad.
Y el aguante supone perdonar mucho. El que no sabe perdonar va acumulando
rencores. Esto envenena el amor. Cuando surja el rencor, borrarlo de la cabeza,
y pensar en los valores del cónyuge, que seguro que los tiene. Pero lo mejor para la paz matrimonial
es poner enmedio a Jesucristo. «Sólo Jesús puede invertir la
leyes del corazón poniendo perdón donde
el instinto gritaba venganza, poniendo suavidad donde el corazón exigía
violencia, poniendo dulzura allá donde emanaba amargura, poniendo amor allá
donde reinaba el egoísmo»
[93]
.
La felicidad del hogar no puede buscarla cada uno independientemente del
otro. Ha de ser felicidad de los dos al mismo tiempo. El amor es un encuentro
interpersonal de un «yo» con un «tú» para formar un «nosotros».
«El auténtico amor no busca que la otra persona le haga feliz a uno, sino
que uno busca hacer feliz a la otra persona, y en hacerla feliz encuentra su
propia felicidad»
[94]
.
La felicidad conyugal es una conquista diaria. Fuego
que no se alimenta, se apaga. Planta que no se riega, se seca. Lo mismo ocurre
con el amor El gran enemigo del amor es el egoísmo. El amor exige a uno y
otro un empeño continuo para bien de la pareja y del hogar. No siempre es fácil
comprenderse.
Hace falta cierto esfuerzo para salir de sí mismo y
encontrar el camino de la armonía. Hay matrimonios que se van a pique por culpa
del trabajo. Él vuelve muy cansado y no tiene tiempo para ella. Ella, muy
dedicada a sus hijos, no tiene tiempo para él. Así el matrimonio se va
enfriando, y terminan por acostumbrarse a vivir bajo el mismo techo como dos
personas solitarias. Son vidas paralelas. No es una vida en común.
Amar es, ante todo, buscar el bien del otro.
Hay matrimonios que, después de muchos años, se
quieren más que en sus primeros tiempos, precisamente por el mutuo
perfeccionamiento conseguido con este continuo vencimiento para hacerse
mutuamente felices.
Si quieres evitar muchos disgustos en el matrimonio,
busca complacer y hacer feliz a tu cónyuge antes que tus gustos y comodidades.
Cuando los dos esposos procuran complacerse
mutuamente, por encima de los intereses y gustos particulares de cada uno, el
matrimonio es mucho más suave. Extremar la delicadeza en todo momento, la
higiene íntima, los modales educados. La grosería, el descuido, la
indelicadeza, la suciedad, llevan al fracaso matrimonial. Procura ser puntual. Hacer esperar al otro lo pone de mal humor. La mayor intimidad exige el
máximo cuidado en la persona y en los actos, si no se quiere labrar la propia
desgracia, destrozando afectivamente el matrimonio.
Mujer, para tu armonía matrimonial:
1. Acepta a tu marido como es.
2. Admíralo en sus valores. Un hombre se siente
feliz al verse admirado por su mujer. En cambio una de las cosas que más le
humilla es ver que ella le desprecia. El desprecio mata el amor.
3. Adáptate a su vida y no intentes que la cambie por ti.
Para procurar la felicidad de tu esposo, debes caer
en la cuenta de que su psicología es muy distinta de la tuya.
«La clave de la psicología masculina está
precisamente en el predominio de las facultades
de acción (razón y voluntad) y en el desarrollo menor de la sensibilidad.
(...) La diferenciación sexual es algo que va con la
naturaleza. No todo se debe a la educación. Aunque ésta puede influir también. Si
una niña de cuatro años coge el lápiz de labios para pintarse delante de un
espejo, piensas: «esta niña va a ser presumidilla».Y no te preocupas. Pero si
esto lo hace un niño, te preocupas de que vaya a resultar afeminado. En cambio
no te preocupas si le ves jugar con coches y aviones. El hombre, tiene necesidad de trabajar, organizar, construir. Puede
pasar durante el noviazgo o los primeros meses de casado, por un período en que
el amor lo ocupe todo. De ordinario esto no le dura mucho tiempo. Un hombre,
verdaderamente tal, que pueda vivir del amor, no existe. Una mujer no puede ser
más feliz que si se entrega a seres de carne y hueso. El hombre no tiene más
dicha que cuando se entrega a los negocios, a la actividad, a una obra, sin que
esto excluya su dedicación a la familia. Por eso debes comprender esta
necesidad de acción de tu marido. Y no debes asombrarte de que tu marido no
piense tanto en ti, como tú piensas en él o en tus hijos. No acoses a tu marido
exigiéndole que te dedique más tiempo. Agobiarle así es contraproducente. Todo
hombre se vuelve hacia la actividad exterior. Es feliz cuando construye, crea
algo. La mujer no desenvuelve su verdadera naturaleza más que cuando se entrega
a un gran amor, y puede sacrificarse por los seres a quienes ama»
[95]
.
No exijas a tu marido una delicadeza y una ternura que «a él no le va».
Los hombres son más fáciles a expresar su desagrado que su satisfacción.
Tú procura hacer bien todas las
cosas. Pero no esperes una alabanza de tu marido por ello. Él está acostumbrado
a que en su trabajo no se le suele felicitar por lo que está bien hecho. Eso
suele ser lo normal. En cambio se le reprende si algo no está bien. Fácilmente
él emplea la misma táctica en casa. Es lógico que a ti te gustaría que te
agradezca el esmero que pones en tus cosas. Pero a él, ni se le ocurre. No lo
lleves a mal. Es el modo de ser del hombre
[96]
.
La esposa debe ayudar al marido a que vaya conociéndola cada vez mejor
«descubriéndole cada vez más el alma femenina: sus anhelos íntimos, sus quejas,
sus ilusiones, lo que le duele, desanima o humilla, lo que espera o desencanta
de él»
[97]
. Tu marido quiere que necesites de
su amor. Disfruta, si tú disfrutas con él. Procura conseguirlo y decírselo. Le
llenará de satisfacción
[98]
.
Puede ocurrir que tu amor no sea tan apasionado como el suyo; pero siempre
puedes mostrarte cariñosa y complaciente.
No es el momento de hablarle de temas que nada tienen que ver con este
asunto. Cuando tengas que negarte, hazlo con delicadeza. Que quede bien claro
que no lo rechazas a él, que estás deseando complacerle, pero en otro momento. El
hombre es consciente de su fuerza física en contraposición a su esposa. Y no es
haciendo prueba de fuerza como la esposa obtendrá algo de su marido, sino
tomándolo en el momento oportuno por la ternura.
La mujer es débil ante el marido cuando pretende usar la fuerza; es fuerte
y omnipotente sobre él cuando obra por la ternura. Dulzura, paciencia y tiempo
hacen más que fuerza y rabia
[99]
.
Para saber interpretar diversas actitudes de tu esposo, te conviene saber
que el hombre es más amigo de sus comodidades y de su bienestar, que la mujer. Es
sensual en todo el sentido de la palabra.
La mujer sacrifica regularmente sus comodidades a su vanidad. Es capaz de
hacer grandes sacrificios para estar bella.
El hombre, por el contrario, sacrifica alegremente su vanidad a sus
comodidades: se quita la corbata, o crea modas que la suprimen; se pone en
mangas de camisa, se instala cómodamente en el mejor sillón, ronca allí. Y no
se molestará en echar la ceniza dentro del cenicero.
He aquí unas normas para tu vida como esposa y madre:
Serás una celosa y
prudente administradora. No permitas
lujos que tu posición no te admita. Tampoco pasarás la vida protestando porque
los cortos ingresos de tu marido te impiden competir socialmente con amigas
tuyas.
No le darás
demasiada importancia a tu propia familia, ni le darás demasiada poca a la de
tu esposo.
Aunque ames a los tuyos como siempre y te encante visitarlos
frecuentemente, tendrás presente que el primero y más grande amor de tu vida es tu marido.
No amargues la vida de tu esposo manteniendo relaciones tirantes con su
familia. A sus padres, míralos como si fueran los tuyos. Nunca hables mal a tu
marido de su familia, y menos de su madre. Instintivamente cogemos antipatía a
las personas que nos hablan mal de quienes amamos.
La esposa no debe tener celos de que su marido tenga con su madre las
atenciones que no pueden faltar en todo buen hijo; ni de que su suegra tenga
por su hijo el interés natural en toda madre.
Embellecerás tu
hogar y serás tú misma el motivo central de la decoración. Con eso lograrás que tu esposo no pierda el gusto hacia el hogar y hacia
ti. Ya dice el refrán: «Esposa compuesta
saca al marido de otra puerta».
Por muy modesto que sea tu hogar, si despliegas tu ingenio y tu buen gusto,
puedes convertirlo en un bello retiro lleno de luz y alegría, donde tu esposo
ansíe refugiarse después de las largas jornadas de trabajo. Que el marido esté
en casa cómodo y a gusto. Los griegos decían: «Mucho hogar, esposo firme».
En el modo de arreglarte, no te olvides que debes resultar atractiva sólo para tu marido. Ante las demás personas basta que estés presentable. Domina tu vanidad.
[1]
Evangelio de San
Marcos, 10:11
[2]
Evangelio de San
Lucas, 16:18
[3]
Evangelio de SAN
MATEO, 19:9
[4]
SAN PABLO,
Primera Carta a los Corintios, 5:1ss.
[5]
Hechos de los
Apóstoles,15:20-29; 21:25
[6]
MIGUEL ÁNGEL
FUENTES,V.E.:Apologética católica, MORAL. En INTERNET:
http://catholic-church.org/russia-ive/apologética/homepage.htm
[7]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 1649.
[8]
ANTONIO ROYO
MARÍN, O.P.:Teología Moral para Seglares,
2º, 2ª, VII, nº 491, 7º. Ed. BAC.
Madrid.
[9]
DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº1560. Ed.
Herder. Barcelona.
[10]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2383.
[11]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 1650.
[12]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2384.
[13]
JUAN EGUREN,
S.I.: Matrimonio cristiano, hoy, VII,
7. Ed. EDICEP. Valencia.
[14]
Revista ECCLESIA,
2707 ( 22-X-94 ) 37, nº4.
[15]
Diario YA,
26-X-80, pg. 12.
[16]
Diario YA,
31-III-92, pg. 25.
[17]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 1651.
[18]
JUAN PABLO II:Las tareas de la familia cristiana, nº 84. (1982).
[19]
LUIS RIESGO: Divorcio,
¿solución o problema? III, ANEXO. Ed.
EDICEP. Valencia. 2001.
[20]
Diario LA RAZÓN,
30-IX-2000, pg. 45.
[21]
Diario YA,
7-III-81, pg. 6.
[22]
Diario YA,
25-XI-79.
[23]
Diario YA,
5-XII-80, pg. 27.
[24]
Diario YA,
27-I-85, pg. 26.
[25]
Revista ECCLESIA,
1999(27-IX-80)16.
[26]
Diario YA,
17-IV-88, pg. 14.
[27]
ANDREW GREELEY:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, XI-76, pg. 15.
[28]
Revista RAZÓN Y
FE, XI-80, pg. 262.
[29]
DIARIO DE CÁDIZ,
12-X-95, pg.25.
[30]
Revista BLANCO Y
NEGRO, 4032 (6-X-96) 16.
[31]
Diario ABC de
Madrid, 19-IX-98, pg.77.
[32]
Diario YA,
14-XI-80, pg. 8.
[33]
JOSE Mª
LAHIDALGA: Matrimonio civil y canónico, VI. Servicio Editorial del Arzobispado
de Madrid.
[34]
Nuevo Código de
Derecho Canónico, nº 1141.
[35]
Diario YA,
30-V-80, pg. 35.
[36]
Conferencia
Episcopal Española: La estabilidad del
matrimonio. Madrid, 1977.
[37]
Conferencia
Episcopal Española: Ésta es nuestra Fe,
2ª, II, 6. EDICE. Madrid, 1986.
[38]
ALBERTO
BERNÁLDEZ: El divorcio en el Concilio
Vaticano II, I. A. Ed. BAC. Madrid, 1977.
[39]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2390.
[40]
Diario YA,
28-II-80, pg. 4.
[41]
Revista ECCLESIA,
1244(15-V-65)4.
[42]
Diario ABC,
12-VI-95,pg.66.
[43]
Diario YA,
9-VIII-80, pg. 29.
[44]
Diario YA,
7-III-81, pg. 6.
[45]
Diario ABC de
Madrid, 4-VI-97, pg. 58.
[46]
ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente, VIII. Ed.
Temas de hoy. Madrid. 1997.
[47]
Diario ABC de
Madrid, 22-XII-97, pg.66.
[48]
Internet:
<correo@aciprensa.com> del 26-X-2003
[49]
LUIS RIESGO: Éste es el camino, XIII, 2. Ed.
San Pío X. Madrid. 1990. Libro de oro sobre el noviazgo y el matrimonio. El
matrimonio Riesgo, los dos psicólogos, unen en este libros sus conocimientos de
psicología con su experiencia de padres cristianos.
[50]
MATEO ANDRÉS,
S.I.: Matrimonio adulto, VIII, 4. Encuentros
matrimoniales. Santo Domingo. Rep. Dominicana, 1987.
[51]
Diario YA,
5-XII-80, pg. 27.
[52]
Diario YA,
19-XI-91, pg. 26.
[53]
Diario YA,
4-XII-91, pg. 25.
[54]
Diario YA,
15-III-87, pg. 40.
[55]
Diario YA,
31-XII-90, pg. 54.
[56]
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: nº 2380.
[57]
Evangelio de SAN
MATEO, 5:28
[58]
Deuteronomio, 22:22ss.
[59]
ENRIQUE ROJAS. El amor inteligente, II Ed. Temas
de hoy. Madrid. 1997.
[60]
ENRIQUE ROJAS. El amor inteligente, III Ed.
Temas de hoy. Madrid. 1997.
[61]
ENRIQUE ROJAS. El amor inteligente, XI Ed. Temas
de hoy. Madrid. 1997.
[62]
Mons. STRENG: Amor y vida conyugal, VII. Ed.
Daimon. Barcelona. Cuarta edición.
[63]
ENRIQUE ROJAS. El amor inteligente, XI Ed. Temas
de hoy. Madrid. 1997.
[64]
JOSÉ Mª CONTRERAS: Semanario ALBA del 14-20 de Diciembre
de 2007, pg.16
[65]
JOSÉ MARÍA
ALIMBAU: Vive mejor tu vida, IX,13. Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.1999
[66]
BERNABÉ TIERNO: Dos en uno. Revista EL SEMANAL, 610 (4-VII-99) 85.
[67]
XAVIER LACROIX: El matrimonio, VI, 1s. Ed.
Mensajero. Bilbao.1996.
[68]
IÑAKI AYA, S.I.:La tolerancia. Revista
MENSAJERO 1330 (I-2003) pg.19.
[69]
ABC Cultural,
192(7-VII-95)49.
[70]
Con vosotros
está, 2º, XXXIX, 2. Madrid, 1976.
[71]
MELCHOR ESCRIVÁ,
S.I.:Medicina de la personalidad, XIV -
XXIII. Ed.Sal Terrae.Santander.
[72]
Dr. FERNANDO
BALLESTER: Problemas matrimoniales,
V, 8. Hermandad de San Cosme y San Damián. Barcelona.
[73]
ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente, IV, 5. Ed.
Temas de hoy, Madrid. 1997
[74]
Concilio Vaticano
II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 48
[75]
ANA MOW:El secreto del amor matrimonial,
2ª,VIII. Ed. SAL TERRAE.Santander
[76]
PABLO POVERA: Vive tu vocación, XVII. Ed. Herder.
Barcelona.
[77]
IGNACIO
LARRAÑAGA: El matrimonio feliz, III, 13. Ed.
Planeta+Testimonio. Barcelona. 2000.
[78]
ROBINSON: Educación sexual y conyugal, 4ª, III, 2.
Ed. Mensajero. Bilbao. Este magnífico libro deberían leerlo todos los chicos y
chicas a partir de los 18 años. Informa admirablemente de todo lo que deben
saber los jóvenes, los novios y los esposos sobre la vida sexual.
[79]
IGNACIO
LARRAÑAGA: El matrimonio feliz, IV, 2. Ed.
Planeta+Testimonio. Barcelona. 2000.
[80]
IGNACIO
LARRAÑAGA: El matrimonio feliz, IV, 3. Ed.
Planeta+Testimonio. Barcelona. 2000.
[81]
MARABEL MORGAN: La mujer total,VI. Ed. Planeta.
Barcelona. 1976. Este libro deberían leerlo todas las casadas. Si cumplieran
los consejos que aquí se dan, muchos matrimonios irían mejor.
[82]
Dr.
VALLEJO-NÁGERA en TVE el 8-II-79 a las 4 de la tarde.
[83]
CHARBONNEAU: Noviazgo y felicidad, V, 2. Ed. Herder.
Barcelona, 1970.
[84]
Evangelio de SAN
MATEO, 18:22
[85]
CHARBONNEAU: Noviazgo y felicidad, V, 3, c. Ed. Herder.
Barcelona, 1970.
[86]
ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente,II. Ed. Temas
de hoy. Madrid.1997.
[87]
JUAN LÓPEZ
PEDRAZ, S.I.: Tres trampas en el
noviazgo, XIII. Ed. Paulinas. Caracas, 1978.
[88]
ÁNGEL DEL HOGAR: Felicidad conyugal. Ed. Desclée. Bilbao.
[89]
ENRIQUE ROJAS:El amor inteligente, IV, 3s. Ed.Temas
de hoy. Madrid. 1997
[90]
JOSÉ Mª
CONTRERAS:Pequeños secretos de la vida en
común,IV, 3. Ed.Planeta+Testimonio
[91]
ANA MOW: El secreto del amor matrimonial, 2ª,
IX. Ed. SAL TERRAE. Santander.
[92]
ANA MOW: El secreto del amor matrimonial, 2ª,
IX. Ed. SAL TERRAE. Santander.
[93]
IGNACIO LARRAÑAGA: El
matrimonio feliz, V, 2. Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona. 2000.
[94]
JUAN LÓPEZ
PEDRAZ, S.I.: Cristianos en busca de
respuestas, XIII,10. Ed. Sal Terrae.
[95]
PAULA HOESL: Joven, si quieres ser moderna..., IV, 5.
Ed. Studium. Madrid. Excelente libro que deberían leer todas las muchachas.
[96]
VICENTE LOUSA,
S.I.: Tu marido y tú. León.
[97]
FRANCISCO DE LA VEGA,
S.I.: El amor no se improvisa. Apéndice
IV. Ed. Mensajero. Bilbao.
[98]
MARABEL MORGAN: La mujer total, X, 5s. Ed. Planeta.
Barcelona, 1976. Excelente libro que deberían leer todas las casadas de cuando
en cuando, para no olvidar sus consejos.
[99]
Padres Oblatos de
María Inmaculada: Curso de preparación al
matrimonio. Lección XV. Diego de León, 36. Madrid.
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