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Crónica de la fundación del convento |
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El día 19 de Marzo de 1906 llegaron a Cádiz once
religiosas que obligadas por las “Leyes Combes” de Francia, tuvieron que
abandonar el Convento del Valle de los Cónsules, de Argel. A la cabeza de
esa Comunidad venía la Madre Elena de la Providencia, en el siglo Madame
Margarita Klein Marthius, que reunía a una distinción e inteligencias
clarísimas, las altas dotes de ilustración y virtudes, ambas cosas
necesarias para la obra que Dios Nuestro Señor la confiaba de la Fundación
del Carmelo en Cádiz. Murió en olor de santidad el día 24 de Marzo de 1943
a los ochenta y un años de edad. Grande fue su humildad y espíritu de fe
a imitación de nuestro Sto. Padre Juan de la Cruz.
Dos meses antes había venido a Cádiz la Madre Elena para
hablar con el Excmo. y Rvmo. Sr. Obispo Don José María Rancés y
Villanueva, y tratar de obtener su autorización y licencias para la
Fundación. La Madre Elena, que había nacido y había residido siempre en
Francia no conocía el idioma español, pero como verdadera y fidelísima
hija de la gran Santa Teresa de Jesús, no se arredró antes las
dificultades, antes por el contrario, mirando y procurando la mayor Gloria
de Dios y la necesidad de procurar un convento para las religiosas por las
dichas leyes Combes, tomó un diccionario francés-español y con él en las
manos pidió audiencia al Excmo. y Rvmo. Sr. Obispo de Cádiz, quien con su
magnánimo corazón aceptó la Fundación dando su licencia.
Acompañaba a la Madre Elena de la Providencia la hermana Amada
de Jesús, también francesa del mismo convento de Argel. Se hospedaron en
la Casa de las Hermanitas de los Pobres, las cuales les ayudaron a buscar
una casa donde pudieran albergar las religiosas que tendrían que venir de
Argel. Y así tomaron el alquiler una pequeña casa situada en Puerta
Tierra, a la entrada de Cádiz, que en aquella época estaba aún casi
despoblada. Después de estas gestiones la Madre Elena y su compañera
regresaron a Argel, para preparar todo el viaje y traslado de las
religiosas que habían de venir a España. Y así llegaron a Cádiz el 19 de
Marzo de 1906. La nueva Comunidad estaba compuesta por las siguientes
religiosas:
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Rvda. Madre Elena de la Providencia
Madre María Teresa de Jesús
Hermana María Eduardo de Santa Teresa
Hermana Margarita del Sagrado Corazón de Jesús
Hermana Ana de Jesús
Hermana Francisca del Santo Rosario
Hermana María de la Cruz
Hermana Rafaela de San Carlos
Hermana María de la Inmaculada Concepción
Hermana Paula de Jesús
Hermana Angela de San Gabriel
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Antigua comunidad
(*Madre Elena de la Providencia,
fundadora) |
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Al llegar a Cádiz las esperaba en el muelle el Rvdo.
Padre Inocencio de Jesús María, Superior de los Padres Carmelitas
Descalzos de Cádiz, que las ayudó en cuanto estuvo de su mano. Le
acompañaba un grupo de señoras. Todos se dirigieron a la Iglesia del
Carmen donde se cantó la Salve a la Reina y Madre del Carmelo. Las
señoras fueron quienes acompañaron a nuestras hermanas carmelitas a su
nueva casita que habían tomado en alquiler en Puerta Tierra. Era muy
pequeña y sin condiciones para transformarla en convento, y como estaba a
las afueras de Cádiz quedaba demasiado lejos de nuestros Padres Carmelitas
Descalzos que las atendían espiritualmente y en las necesidades económicas
básicas.
Un dato que queremos destacar es la imagen de San José que
nuestras hermanas encontraron en esa primera casa donde residieron, sin
que hasta ahora se sepa quién la regaló y la llevó a la casa para que
Nuestro Padre San José recibiera a la nueva Comunidad. Nunca supieron las
hermanas el origen de esa imagen que las recibió. En la actualidad dicha
imagen permanece en el coro de nuestro convento y siempre ha sido y es
nuestro Padre y Protector.
Era mucha la estrechez y pobreza en que vivían las
hermanas, con grandes dificultades para llevar la vida propia de las
carmelitas. El Excmo. y Rvmo. Sr. Obispo socorrió a la Comunidad con
alimentos que necesitaban pero tomó las disolución de disolverla enviando
hermanas a otros conventos. Cuando su secretario visitó la Comunidad quedó
prendado de la humildad, respeto y sumisión con que fue recibido por las
religiosas, de tal manera que ganaron su voluntad, y no solamente les
permitió continuar en su vida de oración e inmolación sino que les proveyó
de todo lo necesario, edificado como quedó de tanta virtud.
Esta situación de pobreza se iba prolongando demasiado, y
el hecho de estar lejos de los auxilios espirituales de nuestros Padres
Carmelitas que al no estar terminado el trayecto del tranvía tenían que
caminar a pie diariamente para llegar al nuevo convento de las hermanas,
les aconsejaron la necesidad de trasladarse a la ciudad, donde además
sería más fácil encontrar un medio de trabajo para la manutención propia
de la Comunidad. Les encontraron una casa contigua a la Capilla llamada
del Caminito, donde se venera la hermosísima imagen de Nuestra Señora de
las Angustias, tan venerada y querida por los gaditanos. El Sr. Obispo les
concedió el permiso para trasladarse a esta nueva casa y el uso de la
Capilla del Caminito para sus cultos y rezos, poniéndola a disposición de
las hermanas. El traslado se efectuó el 9 de noviembre de 1906. Esta casa
está situada en la calle Isabel la Católica, esquina a la Plaza de
Argüelles. En esta casa también pequeña se recibieron las primeras
novicias de la Fundación.
Por este tiempo una casa contigua fue ocupada para poner
en ella la Fábrica de Electricidad, con el consiguiente ruido de motores
que hacían la vida muy penosa a las hermanas. No pudieron continuar por
mucho tiempo, ¿pero qué hacer? Entre tanto el Excmo. y Rvmo. Sr. Obispo
de Cádiz, deseando honrar al Beato Diego José de Cádiz, Religioso
Capuchino, intentó adquirir la casa donde el Beato nació, para
transformarla en una Iglesia donde pudiera promoverse el culto y devoción
al Beato gaditano. Y así pensó llevar allí a esta Comunidad de nuestras
hermanas para que se encargaran de todo lo referente al culto. Las
hermanas se llenaron de alegría.
Una distinguida señora, Doña Cecilia del Cuvillo, viuda
de Rábago fue quien compró la casa, ofreciéndosela al Sr. Obispo.
Inmediatamente se empezaron las obras para la edificación de la Iglesia.
La Comunidad de nuestras hermanas tuvo que tomar en alquiler una casa
contigua pues la que había era pequeña. En al año 1915 fue el traslado de
la Comunidad a esta casa de la calle Bendición de Dios nº 10. Se fueron
encontrando con grandes inconvenientes para llevar la vida propia como
carmelitas descalzas: el no disponer de Iglesia propia, ni horario fijo
para la celebración diaria de la Eucaristía por ser según la pedían las
personas que las encargaban, etc.
En este tiempo la persecución religiosa desencadenada en
México obligó a las Comunidades religiosas a buscar asilo en otras
naciones. Algunas comunidades se establecieron en Estados Unidos, otras en
Cuba, y otras vinieron a España. Como no todas las comunidades podían
venir reunidas, varias religiosas, deseosas de seguir su vida regular,
vinieron particularmente siendo acogidas con fraternal caridad por las
comunidades que las acogieron. Entre ellas dos religiosas carmelitas
descalzas del convento de Morelia de Michoacán (México): hermanas Elena de
la Cruz y María de la Luz pidieron venir a esta comunidad de Madres
Carmelitas Descalzas de Cádiz, que con todo cariño las recibió. Tan pronto
como se apaciguó la persecución en México regresaron a su convento de
origen.
La Comunidad de San Ángel (México), que se había
instalado en Lloret de Mar, precioso pueblo de la provincia de Gerona, fue
llamada por el Excmo. Sr. Arzobispo de México, que deseaba regresaran las
Comunidades a sus conventos que por la persecución habían tenido que
abandonar. Al comunicar la Madre Priora a la Comunidad el llamamiento del
Sr. Arzobispo de México, una de las religiosas carmelitas, comprendiendo
que la persecución de México no había terminado y, que solamente era una
tregua que después traería como consecuencia en recrudecimiento de la
terrible persecución, pidió la concedieran quedarse en España en alguno de
los conventos que tan caritativamente abrían sus puertas a sus hermanas
mexicanas. Esta religiosa carmelita descalza tomó consejo de un padre
carmelita, por entonces Definidor General de la Orden en Roma, P.
Bernardino de Jesús María, y que por entonces visitaba los conventos
españoles. Al consultarle en Lloret de Mar su decisión de quedarse en
España, se quedó el P. Bernardino un rato en oración y levantando la
cabeza dijo le dijo: “Hija, Dios te quiere en Cádiz”. Desde este
momento esta hermana le tomó por Director y padre de su alma, guiándose
por sus consejos hasta la muerte del P. Bernardino.
Inmediatamente se hicieron los trámites para su traslado a
Cádiz, llegando a nuestro convento el día 5 de febrero de 1921. Esta
religiosa se llamaba Teresa del Niño Jesús.
La primera impresión a su llegada fue penosísima: no
encontraba un convento sino una casa desprovista de condiciones para la
vida regular, una Comunidad falta de todo, en situación extremadamente
precaria. Su primer impulso fue no quedarse allí pero ante los consejos
del P. Bernardino comprendió que la Voluntad de Dios era que procurara con
todo empeño y con todo su corazón el establecimiento de esta Comunidad tan
probada, de forma que pudiera tener casa propia y adecuada para su vida de
carmelita descalza.
Pocos meses después, otra joven mexicana, que no pudo
profesar en el Convento de Morelia, pidió ser admitida en esta Comunidad
de Cádiz, a donde llegó el día 26 de julio de 1921. Se llamaba Josefina de
Jesús Sacramentado. Grande fue siempre su humildad, obediencia, espíritu
de sacrificio y caridad. Muy admirada y querida siempre por todas las
hermanas. Permaneció siempre en este Carmelo de Cádiz hasta su muerte
acaecida el día 3 de julio de 1976, a los ochenta y seis años de edad.
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Siendo Priora de la Comunidad la hermana Teresa del Niño
Jesús, elegida con tan sólo treinta y dos años de edad, su primera
preocupación fue buscar una casa con las condiciones necesarias. En todo
les ayudó mucho el P. Prior del Carmen, Fr. Inocencio de Jesús María. La
mayor dificultad fue el precio de la compra. Y así vieron una en la calle
Fernando García de Arboleya, de muy buenas condiciones pero muy costosa,
imposible de adquirir.
Al mismo tiempo el Excmo. y Rvmo Sr. Obispo de Cádiz. Don
Marcial López Criado determinó que no se admitieran más novicias mientras
no tuvieran las hermanas monasterio propio. Disolvería a la Comunidad,
enviando a las hermanas a otros conventos de la Orden.
Nuestras hermanas ante esta decisión se apenaron
grandemente, y no encontrando solución humana posible recurrieron al Cielo
de donde únicamente les podía venir el auxilio, y determinaron ofrecer al
Señor que si arreglaba el que pudieran adquirir casa propia, tanto el
Convento como la Iglesia que tuvieran tendría como Titular el Santísimo
Corpus Christi y San José, ofreciendo toda la Comunidad rezar todos los
días siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias a San José en memoria de sus
dolores y gozos. |

Madre Teresa del Niño Jesús |
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Entre tanto llegaba el día de la Profesión Solemne de
hermana Josefina de Jesús Sacramentado. La Priora le encargó que en este
día en que se entregaba para siempre al Señor, le pidiera a Dios les
concediera lo que tanto le estaban suplicando. Estando todas las
hermanas almorzando el día de la Profesión Solemne de esta hermana, llegó
un señor preguntando por la Madre Priora. Ya en el locutorio y
después de los saludos sin más le dijo que le ofrecía una casa, a lo que
contestó la Madre Priora que no solamente la quería sino que la
necesitaba, pero que no tenían dinero suficiente para comprarla. El
visitante que era el Excmo. Sr. D. Luciano Bueno Sáenz, le dijo que venía
a regalársela y que quería que ella misma escogiese de entre varias que
poseía en Cádiz. Era algo tan impresionante que la Madre casi no podía
hablar para agradecerle lo que tanto la Comunidad había anhelado y
esperado.
Algunos días después salió la Priora acompañada de la
hermana Eduarda de Sta. Teresa y del Rvdo. P. Inocencio de Jesús María,
Prior de nuestros Padres Carmelitas Descalzos de Cádiz, para ver las
varias casas que le había indicado el Sr. D. Luciano Bueno. La primera que
vieron fue una en la calle Sagasta, muy hermosa, pero tenía el
inconveniente de estar rodeada de casas altas que la dominaban por
completo, incompatible con el recogimiento necesario para llevar la vida
propia de carmelitas. Vieron otra casa en el barrio de San Carlos, en la
calle de San Sebastián nº 4 (en la actualidad calle Costa Rica nº 4). Esta
casa, esquina a la muralla, era amplia, bien ventilada, sin vecinos que
pudieran dominarla, pues enfrente sólo quedaba el mar y al lado una
residencia de religiosas. Tanto a la Madre como a sus acompañantes les
pareció que reunía todas las ventajas para transformarla en convento y así
decidieron no ver más casas. El día 21 de 1923 se firmaron las Escrituras
ante notario sin tener dinero para pagarlas pues la Comunidad debía casi
todo lo que necesitaba para el sustento diario: leche, pan, medicinas. La
Madre Teresa del Niño Jesús que era la priora confiaba todo a la
Providencia divina y a la intercesión poderosa de la que por entonces era
beata en la Iglesia: Teresa del Niño Jesús, conocida más tarde como santa
Teresita o Teresa de Lisieux. A esta santa entregó sus preocupaciones,
orando ante la bella imagen que la Madre Inés de Jesús, hermana carnal de
Santa Teresita, le había enviado de la santita. (Esta imagen se conserva
en la iglesia actual de nuestro convento) Sta. Teresa de Lisieux no dejó
frustrada la confianza de la Madre priora porque al poco tiempo alguien
trajo un sobre. Al abrirlo la Madre se encontró escrito:” De parte de la
Beata Teresita”, con la cantidad exacta que se necesitaba para cubrir los
gastos de las Escrituras. Una vez más el Cielo favorecía a la necesitada
Comunidad.
Después de terminadas las obras más indispensables para la
transformación de la nueva casa en monasterio y con las licencias
correspondientes se procedió al traslado de la Comunidad. Era el día 15 de
Enero de 1924. La noche antes que permanecieron por última vez en la
capilla del Beato José de Cádiz estuvieron todas las hermanas en oración
ante el Santísimo expuesto en la custodia, recibiendo la Bendición de
Nuestro Señor.
Las hermanas estaban fuera de sí de alegría, como si de un
sueño se tratase al encontrarse ya en su convento después de pasados casi
dieciocho años de angustias cambiando de una casa a otra. Todas, pero
especialmente la Madre Elena de la Providencia, Fundadora del Carmelo en
Cádiz, lloraba de alegría, alabando y dando gracias a Dios. Asimismo la
Madre Teresa del Niño Jesús llevaba a término lo que Dios le inspiró con
su venida a Cádiz. Entregó su alma a Dios este carmelo gaditano el día 12
de julio de 1968 a la edad de setenta y nueve años. Con gran cariño es
recordada por todas las hermanas, no sólo las que la conocieron sino las
que actualmente formamos la Comunidad. Gracias a sus grandes dotes
organizativas y a su gran confianza en Dios la Comunidad quedó
canónicamente erigida.

Comunidad actual |
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