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“Yo enseñé a Efraín a caminar,

tomándole por los brazos,

pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos.

Con cuerdas humanas los atraía,

con lazos de amor,

y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,

 me inclinaba hacia él y le daba de comer”

 (0s. 11,3-4)

 

EL VERDADERO SER DE DIOS

 

Estas palabras de la Sagrada Escritura tan entrañables nos revelan el verdadero ser de Dios. Dios es el que aquí se nos revela, se manifiesta con palabras que todos comprendemos: el amor. ¿Quién no se emociona sólo de pensar que existe Alguien que se inclina hacia mí, me lleva a su mejilla? Podemos decir aquí que Dios ha sentido la necesidad de describir su amor hacia nosotros en términos humanos. Y ¿por qué? Porque desea que el hombre le ame, que le amemos, porque desea nuestro amor.

 

 

DIOS TIENE CORAZÓN

 

Caigamos en la cuenta. Pensemos un rato. Que nuestro corazón pueda sentir esos latidos de amor del corazón de Dios. Estremezcámonos de nuevo ante sus palabras:

“No temas, que contigo estoy yo; no receles que yo soy tu Dios” (Is. 41, 10)

“mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá dice Yahvé, que tiene compasión de ti” (Is.54, 10)

DIOS ME AMA CON AMOR DE PADRE

 

Nada hay más hermoso y más puro que el amor de un padre hacia su hijo, la criatura de sus entrañas. Ahí todo es genuino, total, sin mezcla. Todo es gratuito. Pues de la misma manera nos ama Dios: como un padre porque ES NUESTRO PADRE. “¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?” (Dt 32, 6)

 Es la gran noticia del amor, Dios no podía de dejar de amarnos así, totalmente, con corazón.

 

 

REFLEXIÓN

 

Ante estas palabras tan conmovedoras del ser y del amor de Dios, no podemos pasar desapercibidos. Dios no ha dejado de estar pendiente del hombre desde el principio, como lo vemos en la Sagrada Escritura. Tampoco ahora. Sino que sale a nuestro encuentro de nuevo  en su palabra y en este tiempo especial de la Iglesia: La Cuaresma. Cuarenta días en los que contemplamos a Jesús en el desierto,  en la soledad y en la carencia de todo, tentado por el diablo.

 

¿Qué actitud tomo frente a Dios? ¡Qué importante es esto! Estamos convencidos de la existencia del Absoluto, de que está ahí, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que algo nos falta. Es precisamente tener experiencia de su amor. El nos dice por el profeta Isaías que “de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor: en cuanto lo oyere, te responderá” (Is 31, 19) Por tanto invoquémosle, llamémosle puesto que tiene corazón.

 

Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para reavivar en nuestro interior este amor de Dios y de sintonizar nuestro corazón con Su amor.  

 

 

Lectio Divina para cada día de la Cuaresma

 

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