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Por
otro lado, la alegría de las hermanas es algo que siempre me llamó la
atención. Comprendía que era consecuencia de su vida entregada a Dios, que
las hacía alegres y sencillas. Y al contrario de lo que muchas veces oía a
la gente, las hermanas se preocupaban no sólo de rezar por la Iglesia sino
también de lo que ocurría
en el mundo, y de los problemas concretos de las personas que a ellas se
acercaban. El vivir para Dios no las separaba de los demás hombres. Este
sentido solidario de intercesión a través de la plegaria ha sido y es uno de
los aspectos más importantes y estimulantes de mi vida de carmelita
descalza. De tal manera que no pocas veces me hace recordar aquella frase de
santa Teresa de Jesús que dice:
“Cuando vuestras oraciones y deseos y ayunos no se emplearen por esto que
he dicho, pensad que no hacéis ni cumplís el fin para que aquí os juntó el
Señor” (C.P. 3,10)
+ Hna. Inmaculada del
Espíritu Santo
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