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Recorrido biográfico: |
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En la vida de Isabel de la Trinidad podemos distinguir tres etapas diferentes:
1.- Una primera etapa que abarca desde 1880 hasta 1891, es decir, desde que nace hasta su Primera Comunión.
Es importante que conozcamos de una manera aproximativa la figura fundamental de sus padres. Cuando Isabel nace su padre, Francisco José Catez, es un brillante capitán militar.
Tiene 48 años. Posee grandes cualidades, sobre todo un espíritu luchador, enérgico y perseverante. Hombre de fe profunda, es de una lealtad y rectitud de conciencia admirable. |
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Su madre, María Rolland, es una mujer piadosa. Tiene 34 años cuando nace Isabel. Fue la única de padre también militar. Dotada para las relaciones humanas, se movía en un amplio círculo de amistades. De una gran sensibilidad, es de carácter bastante fuerte, y de una religiosidad rígida. Gran admiradora de Santa Teresa. Isabel tiene además una hermana, Margarita, de dos años menos que ella. Posee un carácter dulce y apacible. Durante este primer período de su vida Isabel Catez, fue una niña de un temperamento sumamente impetuoso, de tal manera que hasta la edad de siete años se distinguían en ella frecuentes arrebatos de cólera. Ella debía salirse siempre con su voluntad, pero gracias a la educación inteligente y tierna de su madre, Isabel pudo dominar su temperamento impulsivo. En realidad Isabel poseía una firmeza de voluntad excepcional. Fue por este tiempo cuando se acercó por primera vez al sacramento de la reconciliación. Momento que la comprometió a vencerse por amor. |
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Pronto la familia Catez fue visitada por el dolor, en 1887 fallecía el abuelo materno que cautivaba el corazón de sus nietecitas con graciosos cuentecillos. Y unos meses más tarde, se reunía con el en el cielo el Sr.Catez, padre de Isabel. La Sra. Rolland se traslada con sus hijas a una casa alquilada en Dijon, cerca del convento de las Carmelitas Descalzas. |
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Estos acontecimientos familiares marcaron profundamente la vida de Isabel. Dejaron en ella una honda impresión sobrenatural, un despertar a las cosas de Dios. Isabel tenía tan sólo siete años, pero a partir de su primera confesión se vuelve decidida a luchar contra su defecto dominante que tanto le hacía sufrir a ella y a los demás. Ahora intenta no dar el mínimo disgusto. Esto no la impedía ser ella misma: alegre y divertida con todos. Va de excursión por montes y praderas. Es la líder de la pandilla. Amable hasta el punto de ganarse el cariño de cuantos la conocían. Isabel de naturaleza viva, ardiente y apasionada vivirá desde este momento totalmente compenetrada con su madre y hermana. Tanto la Sra. María, Guita como Isabel crean entre ellas unos lazos de dependencia muy fuertes, que, sin embargo, no las va a tener alejadas de los demás. Al contrario, viven abiertas a las amistades. Su madre procura una buena educación para sus hijas, propias de su tiempo: clases en casa dadas por una institutriz y clases en el Conservatorio de Dijon.
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Isabel crecía aparentemente como las demás niñas de su edad, pero sin embargo, su alma se abría cada vez más al sentimiento de Dios: Dios la visita con la gracia de su Presencia. Por eso ella confesará: “ Me entusiasmaba la oración. Amaba tanto al Señor que, ya antes de mi Primera Comunión, no comprendía que se pudiese entregar el corazón a alguien que no fuese El. Desde entonces estaba resuelta a amarle sólo a El y a vivir únicamente para El.” Y así Isabel en unas vacaciones de verano abre espontáneamente su alma al párroco de San Hilario: “Señor Angles, seré religiosa, quiero ser religiosa” Y el sacerdote quedó hondamente impresionado del tono de voz de la niña. |
2.- Desde su Primera Comunión hasta su ingreso en el Carmelo.Isabel hizo su Primera Comunión el 19 de abril de 1891, en la iglesia de San Miguel de Dijon a la edad de once años. Fue un momento muy importante en su vida, a nivel humano, psicológico, espiritual y vocacional. Acontece en ella una auténtica experiencia mística, en la que toda su persona está implicada en ese encuentro personal con Jesús. Isabel llora de alegría. Tiene plena conciencia de lo que está viviendo. Se lo cuenta a su amiga íntima, Mª Luisa Hallo: “Ya no tengo hambre, Jesús me ha saciado...”Más tarde confesará: “Desde aquella hora, después de aquel coloquio misterioso, tan feliz y divino, sólo pensé ofrecer toda mi vida y devolver un poco de su amor al Esposo divino del sagrario, que era huésped de mi frágil corazón y lo llenó de su infinita gracia” Estos sentimientos los reflejará siete años después en una de sus poesías, (poesía 47). |
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Por aquel entonces era costumbre visitar el Carmelo el día de la Primera Comunión. Este acontecimiento fue sin embargo del todo providencial para la pequeña Sabeth. Allí la Madre Priora, María de Jesús, le regaló una estampa en cuyo reverso escribió una dedicatoria en la que le explicaba el significado de su nombre. Isabel quería decir: “Casa de Dios”. Ella queda impactada. Es lo mismo que ella había sentido por la mañana en su Primera Comunión. A Partir de aquí esta idea de no estar hueca sino habitada por Dios se va a convertir para ella en un estímulo cotidiano. Será el eje de su experiencia religiosa: Jesús la llena. Nace en ella una experiencia vocacional: el deseo de entregarse a Jesús de forma total, como Jesús se ha entregado a ella en la Eucaristía. Comienza a penetrar en el misterio del amor de Cristo. El 8 de Junio Isabel Catez recibe la Confirmación. De este hecho no nos deja nada escrito. |
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Esta segunda etapa de su vida se caracteriza por una intensa vida interior. La persona de Jesús anima su espíritu de tal manera que aprende a olvidarse de sí misma por Jesús. Encuentra una fuerza poderosa que la ayuda grandemente a vencer su defecto dominante. Tenía la ayuda de su madre, su propio esfuerzo. Ahora se une además la presencia de Jesús en su interior. Durante sus doce y trece años Isabel va teniendo momentos de oración. Busca ratos de soledad. A los catorce años decide hacer voto de virginidad porque está enamorada de Jesús. Interiormente se consagra a Jesús. Nos lo cuenta ella misma: |
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“Cuando iba a cumplir catorce años, un día durante la acción de gracias, me sentí impulsada irresistiblemente a elegirle por mi único Esposo. Sin más dilaciones, me uní a El con el voto de virginidad. Nada nos dijimos. Pero nos entregamos recíprocamente con un amor tan intenso que la determinación de consagrarme a El fue en mí más definitiva... En otra ocasión me pareció escuchar en el fondo de mi alma la palabra “Carmelo”, y desde entonces no pensé más que en esconderme tras sus rejas.” |
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Isabel quiere ser ya carmelita. En cuanto a lo exterior sigue su vida de estudiante de música de la que llegará a ser una excelente pianista con sólo trece años. Participa en conciertos organizados en Dijon y gana el primer premio en el Conservatorio. Isabel tiene temperamento de artista, lleno de armonía, que proyecta y comparte con sus primas incluso durante las vacaciones de verano en Limoux, fuera de Dijon. Se divierte mucho en Gemeaux. Juega a partidas de pelota a pala y organiza con sus amigas magníficos paseos. El contacto con la naturaleza esponja su alma y la eleva interiormente. Viaja mucho: recorre parte de Francia. Le encantan los Pirineos, las bellezas naturales de Suiza, etc. Le fascina la montaña pero queda vivamente impresionada ante el mar. Isabel percibe en la creación las huellas de Dios. |
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Durante estos años de adolescente Isabel crece en la vivencia interior de la presencia de Dios. Esto no le impide sin embargo hacerse presente en sus compromisos de sociedad, que por su posición social le obliga a relacionarse con la aristocracia de Dijon. Ella aparecerá siempre impecable, con una elegante sencillez. Su madre, ciertamente, fomentaba, además, dichas reuniones porque se daba cuenta de la orientación religiosa de su hija, y discretamente quería alejarla de la idea de ser carmelita. En Marzo de 1899, Isabel había pedido su admisión en el Carmelo y frecuenta la capilla de las hermanas carmelitas. Ella, que conoce perfectamente los deseos opuestos de su querida madre, acepta resignada su querer, pero su corazón no se satisface con menos que Dios. A sus diecinueve años escribe en su diario: “Este mundo no puede satisfacerme” (17 marzo 1899). Sabrá desenvolverse en sociedad y al mismo tiempo sobrellevar la fuerte lucha que se libra en el fondo de su alma ante su más profundo ideal que aún no puede vivir a su gusto. Isabel en este tiempo compaginará una gran actividad social con un fuerte deseo del Carmelo. Ante la oposición de su madre, Isabel vive el momento presente en perspectiva de eternidad. Pare ella la eternidad ya ha comenzado: es el tiempo presente. Ella se sentía habitada y por eso sabía escuchar a Dios aun en medio del bullicio del mundo. Todos observaban en ella un encanto especial. De ello darán testimonio sus mismas amistades. Su gran simpatía, el calor humano cuantos se acercan a ella, su serenidad graciosa y equilibrada, la frescura de su espontaneidad... Ella cultiva sus amistades y se muestra siempre afectuosa y cariñosa. Se interesa por sus amigas y mantiene con ellas correspondencia epistolar, llena de finura y detalle. Una amiga testificará: “Jamás le he oído hablar mal de nadie, y tampoco hablar bien falsamente. Sabía poner de relieve lo que de bueno hay en cada uno sin por ello negar los fallos. Su tacto igualaba su caridad. Así como su condescendencia no le impedía ser firme cuando era preciso.” En ningún momento aprecian en Isabel a una persona que se evade de lo real, no. Sus relaciones humanas son verdaderas pero de en manera alguna frívolas o superficiales. El Carmelo seguirá siendo la meta de sus ilusiones juveniles, porque podrá en el realizar sus anhelos de intimidad divina, de entrega y de sacrificio, y podrá, sobre todo, amar y orar. Pero la larga espera le comienza a hacérsele demasiado pesada. Su madre le ha prohibido cualquier trato con las hermanas del Carmelo de Dijon, cuyas ventanas de las celdas Isabel divisa todos los días desde su casa. |
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Isabel aguarda pacientemente y con resignación la voluntad de Dios, en medio de una vida en la que aparentemente todo le sonríe. Se mantendrá con decisión incondicionalmente fiel a los designios de Dios para con ella, incluso si tiene que renunciar a su futuro personal por cuidar de la salud de su madre delicada. Se convierte así en una joven seglar coherente con su fe, antes de una joven carmelita descalza. Isabel se dedica al apostolado: da catequesis a los niños de su parroquia y hace obras de caridad. Lee Camino de Perfección de Santa Teresa. Aprenderá la senda de la oración y de la inmolación, y un amor grande por la salvación de las almas. También en este tiempo se encuentra con la Historia de un alma de Santa Teresita. |
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3.- Desde su ingreso en el Carmelo hasta su muerte. Isabel Catez ingresa en el Carmelo de su ciudad, Dijon, el día 2 de agosto de 1901. Tiene 21 años. Por fin ha realizado su sueño, después de una prolongada y dolorosa espera. Al fin, María Rolland, su madre, deja que su hija cumpla sus deseos. Ha luchado lo indecible porque no fuera realidad la vocación de su hija mayor, pero queda rendida ante la voluntad de Dios. Isabel, feliz y llena de paz, franquea la puerta del convento de las carmelitas descalzas. Podemos distinguir tres momentos importantes en la vida de Isabel como carmelita descalza: |
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1º momento: desde su entrada en el Carmelo hasta el día de su Profesión religiosa (2 agosto 1901- 11 enero 1903) |
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Después de la Misa en la iglesia de las carmelitas acompañada de su madre y hermana, y de algunas amigas intimas, Isabel entra por la puerta de la clausura a lo que será desde ahora su casa. En el monasterio vivían 24 hermanas, entre ellas, la Madre Priora María de Jesús, que ya conoció en el locutorio, y la hermana Germana de Jesús, que es la Maestra de novicias. Serán sus hermanas de comunidad y ella se llamará Isabel de la Santísima Trinidad. Todo lo encuentra hermoso, aunque no hay calefacción, y su celda, es decir, su habitación, sólo posee lo imprescindible. Llena de entusiasmo, escribirá poco después: “No encuentro palabras para expresar mi felicidad. Aquí no hay nada más que Él. Él lo es todo. Sólo Él basta y se vive únicamente de Él. Se le encuentra en todas partes, lo mismo en la colada que en la oración”. (11septiembre 1901). |
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En sus cartas a sus amistades les cuenta su nueva vida: “Me pregunta cuáles son mis ocupaciones en el Carmelo. Podría responderle que para la Carmelita no hay más que una: amar, orar. Pero como a pesar de vivir ya en el cielo, está todavía sujeta al cuerpo, debe, además de entregarse por completo al amor, ocuparse en cumplir la voluntad de Aquel que fue el primero en realizar estas cosas par darnos ejemplo. Comenzamos nuestra jornada con una hora de oración a las cinco de la mañana; después pasamos otra hora en el coro para salmodiar el Oficio Divino...;después viene la Misa. A las dos de la tarde rezamos vísperas, a las cinco oración hasta las seis. A las ocho menos cuarto completas. A continuación y hasta Maitines, que son las nueve, oramos. Hacia las once abandonamos el coro para ir a descansar. Durante el día tenemos dos horas de recreación; fuera de esto, permanecemos en silencio. Yo, trabajo, siempre que no tengo labores de limpieza, en mi celdita. |
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El tiempo del postulantado, primera etapa de su formación carmelitana, pasa pronto, e Isabel es considerada idónea para vestir el hábito de carmelita descalza. Se fija la fecha para el 8 de diciembre, en la gran fiesta de la Inmaculada Concepción. Isabel está feliz. Se siente amada, guiada, fascinada por Dios. Todo en el convento le habla de Él: “Se le vive, se le respira...” como ella dice. |
| A partir de esta fecha comienza el tiempo de noviciado para la joven novicia. Etapa en la que se adentrará con mayor profundidad en la vivencia de la vocación de carmelita, y que ella aprovechará para seguir fielmente las huellas de Jesús, su Maestro. Será Él quien le enseñe los senderos de la santidad. | |
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Durante el postulantado Isabel se había sentido llena de una paz que parecía inquebrantable. Ahora, ella va recorrer el camino de la noche oscura del alma, etapa necesaria para progresar en el camino del seguimiento de Jesucristo. La inunda la tiniebla, la aridez en la oración y los temores del mal de los escrúpulos. Isabel sufre mucho pero permanece en la fe, la confianza que la lleva al abandono en el amor de Aquel a quien ama sobre todas las cosas. Sabe de quién se ha fiado. Ella confesará: “ El abandono, eso es lo que lleva a Dios. Soy todavía muy joven, pero ya me ha tocado sufrir bastante. Y entonces, cuando todo se oscurecía, cuando el presente era tan doloroso y el futuro aparecía aún más sombrío, cerraba los ojos, me abandonaba como un niño en los brazos de ese Padre que está en los cielos... Nos miramos demasiado a nosotros mismos, quisiéramos ver y comprender, no tenemos suficiente confianza en Aquel que nos envuelve en su amor. No basta con detenerse en la cruz y contemplarla, sino acogerse a la luz de la fe y elevarse más alto, llegar a pensar que la cruz es el instrumento del Amor divino”. El noviciado fue para Isabel un tiempo lleno de riqueza en el que descubre con profundidad su vocación esponsalicia como carmelita descalza: vocación de esposa de Jesús. |
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2º momento: desde el 11 de enero de 1903 hasta marzo de 1906.(Desde el día de su consagración religiosa por medio de los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia, hasta su entrada en la enfermería del convento en la cuaresma de 1906) |
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Después del día grande de su Profesión Solemne, el 11 de enero de 1903, Isabel entra en un período de paz, pero en la fe. Ya no se va a guiar por la vulnerabilidad de sus sentimientos, sino por el sentido de la fe, como le enseña su gran maestro y padre espiritual San Juan de la Cruz: “ el modo que te conviene para hallar Esposo (Cristo) en tu escondrijo (interior del alma)... es buscarle en fe y amor; que esos dos mozos de ciego te guiarán por donde no sabes. Allá a lo escondido de Dios” (Cántico Espiritual B canción 1, 11). Isabel queda unida para siempre como fiel esposa a Cristo, comprometiéndose a vivir para Él en intimidad silenciosa y adorante. La luz entra abundantemente en su alma: "Ahora todo se ha consumado. O mejor, todo comienza, porque la Profesión es solamente una aurora. Mi vida de esposa me parece cada día más bella, más luminosa, más inmersa en la paz y en el amor. Quisiera amarle tanto...” |
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La hermana Isabel de la Santísima Trinidad pertenece definitivamente a la Comunidad. Vive con naturalidad, alegría y sencillez la vida comunitaria y ayudará sobre todo en la ropería y en la portería del convento. En medio del trabajo realizado bajo la presencia de Dios, Isabel sabe que su principal misión, como toda carmelita, es vivir el amor. Amor expresado en la oración de todos los momentos, de todo el día en favor de todos los hombres que siente y son sus hermanos. A principios de 1905 comienza a deteriorarse su salud. Ella no dice nada, de momento, y tampoco nadie se da cuenta. Durante la Cuaresma se le conceden algunas excepciones de la Regla. En verano deja de ser tornera y pasa mañanas y tardes en el jardín. Pero en la Cuaresma de 1906 sucumbe a la enfermedad.
3º momento: desde marzo de 1906 hasta su muerte. Es decir desde su ingreso en la enfermería del convento hasta el 9 de noviembre de 1906. |
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Son los últimos ocho meses de vida, que los pasará en la enfermería. Padece la enfermedad del mal de Addison: astenia, perturbaciones gastrointestinales, náuseas, no tolerancia de alimentos, etc). Es la etapa de sufrimiento de la vida de Isabel. Período que vive con gran intensidad espiritual: es su subida al Calvario, unida a Cristo crucificado con quien desea configurarse plenamente. A pesar de todo seguirá escribiendo cartas a su familia y amistades. Nunca su corazón se ha apartado de las personas que ama, ni siquiera durante el sufrimiento de su enfermedad. Ella les tranquiliza, especialmente a su madre y hermana, a quienes ama entrañablemente. Isabel de la Santísima Trinidad continúa su vida de carmelita, su vida de amor. |
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Escribe a su madre: “Si supieras qué feliz soy, en la soledad de mi pequeña enfermería. Mi Maestro está conmigo, y vivimos noche y día en un dulce diálogo de corazón a corazón. Cada vez aprecio más la dicha de ser Carmelita, y pido a Dios por la mamaíta que me ha entregado a Él. Desde que estoy enferma me encuentro más cerca del Cielo; un día de estos te lo contaré todo. Mamá, preparemos nuestra eternidad, vivamos con Él, pues sólo Él puede acompañarnos y ayudarnos en ese gran paso de la muerte”. Es atendida por sus propias hermanas de Comunidad con gran solicitud y cariño. Sus familiares están atentos a la evolución de su enfermedad y ayudan al monasterio trayendo los alimentos más convenientes para la enferma. |
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Apenas puede comer y beber. Es un verdadero martirio, e irá poco a poco perdiendo la voz. El médico se queda asombrado ante la alegría que irradia la joven carmelita. Padece varias crisis en las que parece que va a morir. Ella permanece unida a Cristo, su Esposo del alma. Dice:” lo encuentro en la cruz; ahí es donde me comunica la vida”. Después de unos días de gran sufrimiento, la vida de Isabel se apaga para vivir para siempre en Dios, el día 9 de noviembre de 1906, a la edad de 26 años. Estas fueron sus últimas palabras: “Me voy a la luz, a la vida, al amor”. |
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Tres días después se celebró el funeral de sus exequias en el acudieron no sólo un número considerable de sacerdotes concelebrantes sino además gran cantidad de gente, tan conocida era en la ciudad. Siempre había sido muy amplio el círculo de sus amistades, y ahora ellos despedían a su fiel amiga carmelita. Todos quedaron hondamente impresionados ante aquélla que llamaban “la santita”. |