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Escritos: |
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PRESENTACIÓN DE LOS ESCRITOS DE ISABEL DE LA TRINIDAD:
La hermana Isabel sentía la necesidad de expresar y comunicar su experiencia de Dios a todos aquellos que la conocían. Como Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, también Isabel de la Santísima Trinidad aparece como fiel representante de la escuela del Carmelo teresiano.
Según la edición de las Obras Completas de Sor Isabel preparada por Conrad de Meester, O.C.D., sus escritos podrían dividirse de la siguiente manera:
· DIARIO: Desde el año 1899 hasta 1900 · TRATADOS ESPIRITUALES: escritos en los últimos meses de su vida. Son:
“El cielo en la fe” “Últimos Ejercicios” “La grandeza de nuestra vocación” “Déjate amar”
· NOTAS ÍNTIMAS: o también llamadas “elevaciones espirituales”. Son escritos muy breves en hojas sueltas, como fruto de un desahogo interior. Son breves y de forma espontánea. · POESÍAS: unas 124 aproximadamente. · CARTAS: 346 cartas recopiladas actualmente. · Existen también algunos ejercicios escolares de redacción y poesías. · Y algunos resúmenes de los retiros espirituales en el Carmelo.
TRATADOS ESPIRITUALES: El cielo en la fe: escrito por Isabel cuando apenas le quedaban tres meses de vida, por tanto, hacia mediados de agosto de 1906, para su hermana Margarita Catez, su querida Guita como más le gusta llamarla. Casada y madre de dos niñas, compartía el ideal de su hermana carmelita de ser alabanza de gloria de la Santísima Trinidad. Ante el avance de la enfermedad de Isabel Guita le pide a su hermana que le deje por escrito sus ideas sobre este ideal común. Entonces Isabel se pone a escribir y le ofrece una especie de testamento espiritual, una ayuda para su camino hacia Dios. Recordemos que la hermana Isabel en su comunicación con cuantos la conocían, compartía también su vocación, y esta “llamada” dentro de la vocación a ser una alabanza de gloria de Dios. Guita recibe de su hermana un ideal de vida cristiana y profundamente contemplativo, porque Isabel de la santísima Trinidad considera la dimensión contemplativa patrimonio de todo cristiano. “Contemplativo” no significa sólo relativo al claustro. Isabel quiere que su hermana Guita viva la presencia de Dios en medio del mundo donde debe vivir por su vocación de casada. Quiere hacerle caer en la cuenta a través de este tratado “El cielo en la fe” que ni las tareas de la casa, ni las relaciones con los demás, deben obstaculizarla para vivir la unión con Dios. Camino a través de la semejanza y transformación en Cristo por la fe, único medio que nos une a Dios en esta vida temporal. Vida que será cielo, pero en la fe, para el alma que busca al Dios escondido por su retorno al centro de su alma, donde la Trinidad está. Unida a Cristo y asemejada a Él por el don total de sí, negando todo egoísmo, estimulada por la oración, la Eucaristía, escucha de la Palabra, etc... arraigada en una total confianza en Dios Amor, el alma llega a ser una perfecta alabanza de gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La grandeza de nuestra vocación: es una carta que Isabel de la Santísima Trinidad escribe a su amiga Francisca de Sourdon en Septiembre de 1906. Isabel mantenía con ella una profunda amistad a pesar de la diferencia de edad: Francisca tiene 19 años mientras Isabel ha cumplido ya los 26. En esta más bien larga carta, más que tratado, Isabel contesta a Francisca sobra lagunas cuestiones personales que ésta le había planteado. Nuestra hermana Isabel, movida de su gran ternura y confianza hacia Francisca, como hiciera la mejor de las madres, le expone una serie de ideas como ideal de vida cristiana a seguir. De ahí el título “La grandeza de nuestra vocación”, refiriéndose al don recibido por nuestra fe en Cristo: Se trata de la vocación cristiana. Isabel le abre horizontes para que Francisca comprenda en qué consiste esta llamada a ser hijos de Dios por la fe en Cristo. Las ideas de esta carta van entorno a la humildad y magnanimidad, es decir, a aspectos meramente ascéticos, porque Francisca necesitaba una orientación adecuada sobre el dominio de su persona. Últimos Ejercicios Espirituales: es decir, los últimos días de retiro espiritual en la vida de Isabel de la Santísima Trinidad, durante la segunda quincena del mes de agosto de 1906, concretamente desde el día 16 hasta el día 30, respectivamente. Ejercicios espirituales enmarcados en una circunstancias especiales, pues Isabel está ya gravemente enferma, en la celda de la enfermería del convento, preparándose para su entrada en el Cielo. La Madre Germana, Priora de la Comunidad, le pide que escriba los hallazgos de estos Ejercicios, o sea, las buenas inspiraciones que el Espíritu de Dios suscite en ella. Isabel que deseaba ser una perfecta alabanza de gloria de “sus Tres”, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, va a ver cumplido su deseo. Ahora nos muestra el alcance de su deseo. A través de estos Ejercicios espirituales nos va a decir cómo está viviendo su oficio de alabanza de gloria en este momento concreto de su existencia. Desde el sufrimiento escribe estas bellas páginas llenas de amor apasionado hacia Dios, su Todo, su Amor. Ella necesita profundizar y reafirmar su configuración con Cristo, el Crucificado por amor. Ella es su esposa y, como tal, quiere parecerse a su Esposo amado. Acepta el sufrimiento actual porque quiere identificarse con Él, que también acepto el dolor de su Pasión. La hermana Isabel encuentra el amor que se encierra en la cruz. Descubre en ella el valor redentor del sufrimiento; se sabe asociada a la obra de redención de Cristo, que sufrió y murió por la salvación de todos los hombres. Isabel de la Santísima Trinidad recorre el camino de su enfermedad, camino del Cielo, enraizada en Cristo, unida al Él como esposa enamorada, confiada en el amor fiel su Esposo Cristo, aprendiéndolo todo de El que sufrió primero. El Amor llama al amor: Cristo a su pequeña esposa hacia la consumación del amor, hacia la plenitud de vida en la Vida que no acaba. Déjate amar: es una carta que Isabel de la Santísima Trinidad dirige a su Madre Priora, Germana de Jesús. Es, por tanto, un escrito de carácter muy personal. Isabel quiere dejarle a la Madre Germana este testamento espiritual hacia su persona. De alguna manera está cumpliendo con ella esa misión que había intuído sería su oficio en el cielo: ayudar a las almas a vivir en comunión con Dios Amor presente dentro de ellas. Pero, ¿es que la Madre Germana no intentaba vivir esto mismo, como toda carmelita? No cabe duda que sí. Pero Isabel conoce a la buena Madre y sabe que su espíritu se siente a veces preocupado por la idea de que no ha sido fiel a las llamadas interiores del Señor. La hermana Isabel quiere tranquilizarla a través de este escrito, que Madre Germana conservará siempre hasta su muerte. Ella ha sido para Isabel como el sacerdote que ha recibido la oblación de su hija, Isabel de la Santísima Trinidad, ayudándola a entregarse plenamente al Señor. Ahora ella quiere con todo el amor de hija dejarle este personal testamento espiritual para el camino de su vida: que Dios, Amor misericordioso, cuenta con nuestras propias caídas y debilidades. Que se abandone con toda confianza al amor de Dios que es misericordioso. Diario: recoge solamente dos años de la vida de Isabel Catez, cuando tenía 18 y 19 años de edad. Es por ello, por lo que se nos muestra toda su personalidad de joven mujer en este momento: Su gran emotividad y sensibilidad se descubren en todo el diario, propias de su edad. Así como también sus grandes deseos que la motivaban a seguir la llamada del Señor hacia el Carmelo. Isabel refleja en tono vibrante su amor a Jesús, su belleza que la cautiva. Se sabe que existieron al menos cinco cuadernos que contenían el diario de Isabel antes de entrar en el Carmelo. Se han encontrado las cubiertas del primer y segundo cuaderno, pero no así las páginas que ellos contenían. Actualmente lo que poseemos del Diario es solamente el tercer y cuarto cuaderno unidos en una misma cubierta y el quinto cuaderno. ¿qué pasó a los anteriores? Fácilmente creemos que fue la misma Isabel quien los hizo desaparecer. De ello dan fe algunas de sus amigas, testigos en el proceso de beatificación. Ante la proximidad de su entrada en el Carmelo, Isabel quiso destruir todo aquello que era para ella lo más íntimo, sobre todo el sufrimiento que le había causado la negativa de su madre para ser carmelita, además de sus conversaciones con sus confesores, secretos de Dios y ella. No quería que nadie pudiera leer los sentimientos de dolor que le había ocasionado su querida madre. Deliberadamente sólo ha querido conservar los sermones referentes a la misión predicada por los P.P. Redentoristas en Dijon, y las notas de los Últimos Ejercicios espirituales de 1900. Poesías: son el auténtico diario de Isabel porque en ellas se expresa con total espontaneidad y totalidad ante Dios y ante sí. Es su verdadera intimidad porque escribe sólo para sí. Ahí la contemplamos en su itinerario espiritual, camino hacia la santidad, con toda la fuerza de su corazón ardiente y su voluntad decidida. Se han recopilado 124: desde la primera escrita a los catorce años hasta octubre de 1906, poco antes de su fallecimiento. Ella no es poeta sino sólo quiere expresarse porque necesita comunicar por escrito lo que bulle en su interior: esa vida de unión de amor con Dios. El la envuelve, la desborda, y no puede contener el inmenso amor de Dios. Por eso le fluyen esos versos o coplas. Es ella: Isabel de la Santísima Trinidad. |