Para orar...

 

Presentamos aquí una serie de textos de los escritos de Isabel de la Santísima Trinidad que  pueden ser una ayuda para tu reflexión y oración personal.

 

SER ESPOSA DE CRISTO

ALABANZA DE GLORIA

¡OH, DIOS MÍO, TRINIDAD A QUIEN ADORO!

 

 

.- SER ESPOSA DE CRISTO

 

Es una breve reflexión espontánea, fruto de un desahogo interior.  Isabel eleva su alma y nos abre su corazón a la realidad más íntima que la embarga: ser esposa de Cristo. La escribió hacia la mitad de 1902.

 

“¡Ser esposa de Cristo¡”

 

 No sólo es la expresión del más dulce de los sueños; es una realidad divina, la expresión de todo un misterio de semejanza y de unión. Es el nombre que la mañana de nuestra consagración la Iglesia pronuncia sobre nosotras: “¡Veni, sponsa Christi!”.

 

¡Hay que vivir la vida de esposa! “Esposa”, todo lo que este nombre hace presentir de amor dado y recibido... de identidad, fidelidad, entrega absoluta... Ser esposa es entregarse como El se entregó; ser inmolada como El, por El, para El... ¡Es Cristo que se hace todo nuestro y nosotras que nos hacemos “toda suya”!.

 

Ser esposa es tener todos los derechos sobre su Corazón... Es un diálogo para toda la vida... Es vivir con... siempre con... Es descansar de todo con El y permitirle descansar de todo en nuestra alma...

Es no saber más que amar: amar adorando, amar reparando, amar orando, pidiendo, olvidándose. Amar siempre bajo todas las formas.

 

“Ser esposa” es tener los ojos en los suyos, el pensamiento obsesionado por El, el corazón todo cautivo, lleno, como fuera de sí y pasado a El, el alma llena de su alma, de su oración; todo el ser cautivado y entregado...

Es, teniendo siempre fija en El la mirada, sorprender el menor signo y el más pequeño deseo; es entrar en todas sus alegrías, compartir todos sus dolores. Es ser fecunda, corredentora, dar a luz almas a la gracia, multiplicar los hijos adoptivos del Padre, los rescatados por Cristo, los coherederos de su gloria.

“Ser esposa”, esposa carmelita, es tener el corazón abrasado de Elías, el corazón transverberado de Teresa, su “verdadera esposa”, porque cela su honor.

 

Finalmente, ser tomada por esposa, esposa mística, es haber arrebatado su Corazón hasta tal punto que, olvidando toda distancia, el Verbo se derrame en el alma como en el seno del Padre con el mismo éxtasis de infinito amor. Es el Padre, el Verbo y el Espíritu invadiendo el alma, deificándola y consumándola en la Unidad por el amor. Es el matrimonio, el estado fijo, porque es la unión indisoluble de las voluntades y de los corazones. Y Dios dijo: “Hagámosle una compañera semejante a él, serán dos en uno” (Gen. 2, 18,24)

 

 

 

2ª.- ALABANZA DE GLORIA

 

En las cartas de San Pablo había encontrado Isabel todo lo que su alma anhelaba: conocer y profundizar en el conocimiento de Cristo por quien se sentía totalmente atraída. En ellos descubrió su misión de ser “alabanza de gloria”,  en expresión del mismo Apóstol.

 

El texto que presentamos pertenece a la segunda oración  del décimo día  del tratado “El cielo en la fe”, de agosto de 1906. Isabel explica de una manera muy hermosa su deseo de ser una perfecta alabanza de gloria de la Santísima Trinidad.

 

“Una alabanza de gloria es un alma que mora en Dios, que le ama con un amor puro y desinteresado, sin buscarse en la dulzura de este amor; que le ama por encima de sus dones, incluso cuando no hubiera recibido nada de Él; que sólo desea el bien del objeto así amado. Ahora bien, ¿cómo desear y querer efectivamente el bien de Dios, si no es cumpliendo su voluntad, ya que esta voluntad ordena todas las cosas a su mayor gloria? Entonces esta alma debe emplearse plenamente, totalmente, hasta no querer otra cosa que lo que Dios quiera.

 

Una alabanza de gloria es un alma de silencio que permanece como una lira bajo el toque misterioso del Espíritu Santo para que Él arranque de ella armonías divinas; sabe que el sufrimiento es una cuerda que produce los más bellos sonidos; por eso ella desea verla en su instrumento para conmover más deliciosamente el Corazón de Dios.

 

Una alabanza de gloria es un alma que mira fijamente a Dios en la fe y en la simplicidad. Es un reflector de todo lo que Él es. Es como un abismo sin fondo en el cual Él puede verterse y expansionarse. Es también como un cristal a través del cual Él puede irradiar y contemplar todas sus perfecciones y su propio esplendor. Una alma que de este modo permite al Ser Divino apagar en ella su deseo de comunicar todo lo que Él es y todo lo que tiene, es, en realidad, la alabanza de gloria de todos sus dones.

 

Una alabanza de gloria es, en fin, un ser que siempre permanece en actitud de acción de gracias. Cada uno de sus actos, de sus movimientos, cada uno de sus pensamientos, de sus aspiraciones, al mismo tiempo que la arraigan más profundamente en el amor, son como un eco del Sanctus eterno.”

 

 

 

3ª.- ¡OH, DIOS MÍO, TRINIDAD A QUIEN ADORO!

 

Es el texto más conocido de Isabel de la Santísima Trinidad. Su composición es fruto de una oración de su espíritu hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo por quienes se sentía cada vez más atraída. Compuesta al final del día de retiro comunitario, el 21 de noviembre de 1904, Fiesta de la Presentación de Nuestra señora, Isabel deja desbordar su corazón enamorado hacia las tres Divinas Personas.

    

“¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en Vos, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me haga penetrar más en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo. Que no os deje allí jamás solo, sino que esté allí toda entera, completamente despierta en mi fe, en adoración total, completamente entregada a vuestra acción creadora.

 

¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro Corazón; quisiera cubriros de gloria, amaros... hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y os pido os dignéis “revestirme de Vos mismo”, identificad  mi alma con todos los movimientos de la vuestra, sumergidme, invadidme, sustituidme, para que mi vida no sea más que una irradiación de vuestra vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador. ¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios! quiero pasar mi vida escuchándoos, quiero hacerme dócil a vuestras enseñanzas, para aprenderlo todo de Vos. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero miraros siempre y permanecer bajo vuestra gran luz. ¡Oh, astro amado!, fascinadme para que no pueda ya salir de vuestra irradiación.

 

¡Oh, Fuego  consumidor, Espíritu de Amor, descended a mí para que se haga en mi alma como una encarnación del Verbo. Que yo sea para Él una humanidad complementaria en la que renueve todo su Misterio. Y Vos, ¡oh Padre eterno!, inclinaos hacia vuestra pequeña criatura, cubridla  con vuestra sombra, no veáis en ella más que al Amado en quien Vos habéis puesto vuestras complacencias.

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Vos como una presa. Encerraos en mí para que yo me encierre en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.”