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Estos son los
cuatros grados de la oración teresiana, es decir, las cuatro
maneras de regar el huerto del alma:
Primer
Grado de Oración
Segundo Grado de Oración
Tercer
Grado de Oración
Cuarto
Grado de Oración
Primer grado
de oración:
“De los que
comienzan a tener oración podemos decir son los que sacan el agua del
pozo, que es muy a su trabajo”, dice la santa en el libro de su vida
(V.11,9)
En este primer grado el principiante en el camino de
la oración experimenta trabajo, esfuerzo en el ejercicio y vida de
oración, debido a su natural poco acostumbrado a recogerse en el interior
de su alma. El hombre está derramado hacia fuera y por eso su oración es
costosa, “muy a su trabajo” y con escaso fruto. Sentirá malestar y
disgusto cuando a pesar de su trabajo en recogerse y meditar no halle en
sí sino sequedad y sinsabor. Santa Teresa invita al orante a no quedarse
en una praxis de la oración que no agrada al sentido. No hay que quedarse
preso del ejercicio de la oración dura, sino abrirse a un planteamiento de
vida en amistad. Amor limpio, desinteresado, “sin sueldo”. Es la amistad.
Así nos enseña: "Pues sabe le contenta (a Dios) con aquello
(ejercicio de oración seca), y su intento no ha de ser contentarse a sí,
sino a él...”(V.11,13).

En este modo el orante debe sustentarse en la
oración con el ejercicio de la meditación, es decir, el discurrir del
entendimiento en buenos libros que le lleven al trato de amistad con Dios,
o pensando sobre las grandezas de Dios, etc. Pero la santa insiste en que
no se le vaya en ésto todo el tiempo de la oración. Sino que “ se
representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento, se estén
hablando y regalando con él”. “Mire que le mira” (V. 13,11)
Esto es lo que puede adquirir el que comienza en
este camino. La santa advierte que el orante no debe intentar suspender
la actividad del entendimiento para ayudarse a la oración, cosa que pasa
apenas gusta las primeras “devociones” en la oración, sino dejar que Dios
se lo suspenda cuando quiera. Que no está en nosotros procurarnos sentir
los gustos de Dios. De lo contrario perdería el tiempo, quedándose el alma
boba y fría.
Se entiende, por tanto, que en esta primera manera
de regar el huerto se saca el agua del pozo, esto es, discurriendo con el
entendimiento.
Segundo
grado de oración:
En la segunda forma o
grado de oración se saca el agua con una noria: “...con noria y
arcaduces, que se saca con un torno (yo lo he sacado algunas veces), es a
menos trabajo y sácase más agua” (V. 11,7), dice Sta. Teresa.
Aquí el orante experimenta en sí unos gustos muy
particulares que no vienen de ninguna manera procurados por su mucho
discurrir o meditar en las cosas de Dios. Aunque aquí no se ha de dejar
del todo la oración mental. La santa nos habla de la oración de quietud,
que es precisamente una comunicación de Dios al alma en la que la persona
siente en sí un recogimiento hacia lo profundo de su ser, en el que su
voluntad siente y goza claramente de unos gustos, contentos, que no había
conocido antes en ninguna cosa de este mundo terreno, tanto que no se
querría bullir: “Aquí se comienza a recoger el alma, toca ya aquí cosa
sobrenatural, porque en ninguna manera puede ganar aquello por diligencias
que haga” (V. 14,3)

Es cosa ya sobrenatural, es decir, por encima de lo
que el hombre puede. Viene de Dios que se comunica al alma y quiere que el
alma sienta cómo se le comunica. Dios actúa directamente en la voluntad
intensificando el amor. Cautiva: “¡Oh Jesús y Señor mío, qué nos vale
aquí vuestro amor!, porque éste tiene el nuestro tan atado que no deja
libertad para amar en aquel punto a otra cosa sino a Vos!”(V.14, 2)
La persona ve en sí con certeza que estuvo el Señor
con ella. Va creciendo en virtudes: “comienza a perder la codicia de lo
de acá”(V.14,8). Además desea ratos de soledad para gozar más de aquel
bien, “porque comienza el Señor a encender el verdadero amor suyo”.
El alma siente en sí que la oración es principio de todos los bienes y por
nada querría dejarla.
Tercer grado de
oración:
En este grado de
oración el agua con que se riega esta huerta del alma “es agua
corriente de río o de fuente, que se riega muy a menos trabajo, aunque
alguno da el encaminar el agua. Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano
de manera que casi él es el hortelano y el que hace todo”(V.16,1)
Una vez más Dios sale al encuentro del orante pues
su acción es mucho más abundante. Sta. Teresa nos habla del sueño de
potencias como oración propia en esta tercera manera de regar el huerto.
La experiencia de la gracia es mucho más clara que en la oración anterior:
”Es que da el agua a la garganta a esta alma”. ”Es un sueño de las
potencias que ni del todo se pierden, ni entienden cómo obran” La
acción de Dios alcanza al hombre en su interior__ en las potencias__ más
fuerte y vivamente que en la oración de quietud pasada. Acción de Dios que
“adormece” al hombre con relación a todo lo creado, porque está
profundamente cogido por quien está obrando en él en estos momentos. La
persona siente en sí “embriaguez y desatino de amor”. “Glorioso desatino,
una celestial locura”(V.16,1-2). Es una “unión muy conocida de toda el
alma con Dios”(V.17, 4) aunque entiende con claridad que no es del
todo unión de todas las potencias. A diferencia de la oración de quietud,
aquí el alma tiene más “soltura” para moverse en las actividades de la
vida, aunque entiende bien que la mejor parte está con Dios: ”atada y
gozando”(V.16,2).”... coge Dios la voluntad, y aun el
entendimiento, a mi parecer, porque no discurre, sino está gozando de
Dios, como quien está mirando y ve tanto que no sabe hacia dónde mirar...”
(V.17,5) “ Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin
concierto, si el mismo Señor no las concierta; al menos el entendimiento
no vale aquí nada. Querría dar voces en alabanzas el alma, y está que no
cabe en sí; un desasosiego sabroso.” (V.16,2)

La actitud del orante en esta oración es de un
dejarse del todo en los brazos de Dios, porque ya su alma no es suya sino
de Dios. Ya nada le puede contentar fuera de Dios. Ya no querría vivir
sino en El. El alma se ve otra: más fuerte en virtudes__ “Ya , ya se
abren las flores, ya comienzan a dar olor” (V.16,3) __deseosa de
servir a su Señor pues tanto le regala el Señor a ella, que quiere ser El
el hortelano para que el alma goce.
Cuarto grado de
oración:
“... es agua que viene del cielo para con su
abundancia henchir y hartar todo este huerto de agua” (V. 18,9). Se
trata de la oración de unión de todas las potencias en la que la acción de
Dios envuelve y domina al orante. Santa Teresa se siente aquí inundada de
la inefabilidad de esta experiencia. Describe así la oración de unión: “Acá
no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza. Entiéndese que se
goza un bien adonde juntos se encierran todos los bienes, mas no se
comprende esto bien. Ocúpanse todos los sentidos en este gozo, de manera
que no queda ninguno desocupado para poder en otra cosa exterior ni
interiormente” ocuparse. (V.18, 1) El alma “siente con un deleite
grandísimo y suave casi desfallecer toda con una manera de desmayo... toda
la fuerza exterior se pierde y se aumenta en las del alma para mejor poder
gozar de su gloria. El deleite exterior que se siente es grande y muy
conocido” (V.18, 10) La acción de Dios es tan fuerte que suspende
todas las potencias, hasta tal punto que no puede ocuparse en nada.
“Dios coge al alma y la lleva consigo” “Viene un ímpetu tan acelerado y
fuerte, que veis sentir y sentís levantarse esta nube (de la gran
Majestad de Dios)”. Ni tampoco entender durante la comunicación lo
que se le está dando. Se da por tanto una concentración total de la
persona entera: interior y exterior, potencias y sentidos en Dios. En esta
comunicación de Dios el alma se representa estar junto a El, y tiene
absoluta certeza de su presencia. Santa Teresa llama a esta gracia
de unión levantamiento de espíritu o vuelo de espíritu y unión.
Vienen a ser dos maneras de realizarse esta gracia de la unión plena
con Dios.

El orante siente en sí grandísimas ganancias en sí:
psicológicas: ternuras y lágrimas gozosas, deleite. Morales: “Queda el
alma animosa” empeñarse por Dios. “Promesas y determinaciones
heroicas” (V.19, 2). Y generosidad en la entrega a los demás. “Comienza
a aprovechar a los prójimos” (V.19, 3). Y teologales: Gran
concentración amorosa, existencial en Dios. “Quédase sola con él”
(V.19, 3) El hombre hunde sus raíces en Dios. Opta por él. De cara a las
criaturas se traduce en “desasimiento”, desarraigo, liberación.
“Humildad más crecida” (V.19, 2) A la persona le ilumina una gran luz,
un conocimiento de su ser, de su indignidad, “ve su miseria”. Un
conocimiento de la vanidad del mundo y la verdad de Dios que tan
portentosamente ha obrado en él.
Conviene decir que a esta oración de unión se llega
normalmente después que el orante se ha ejercitado durante largo tiempo en
la oración mental. Aunque también puede ser concedida, por gracia de Dios,
estando todavía muy atrás en el camino.

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