|
Orar
es como la respiración del alma. Es ese anhelo que brota del corazón; esa
súplica que nace dentro de nosotros; ese gemido del alma ante un profundo
dolor, o también esa acción de gracias por una alegría sentida, por todo lo
bueno y bello que nos rodea, por las personas que nos aman...
Todos estos sentimientos forman nuestra oración cuando
se elevan hacia lo alto buscando a ese Ser absoluto, todopoderoso, único,
eterno, supremo, grande...DIOS. Orar es hablar con Dios. Elevar hacia El la
trama de nuestra vida, lo que somos y sentimos, nuestro yo... esperando
encontrar llenar todas nuestras pobrezas, sanar lo que vemos enfermo en
nosotros...pero sobretodo experimentar el amor de Dios. |
|
Llega un momento en nuestra oración en que Dios mismo
nos da mucho más de lo que nosotros podemos ofrecerle. Es el don más
preciado porque es El mismo: nos da su propio amor. Es entonces cuando esa
oración que comenzó por una súplica o por un anhelo confiado, se va
convirtiendo en adoración porque el alma se siente amada por el mismo Dios,
su Creador. Entonces se sabe muy bien que Dios es amor. Orar es hablar con
un Amigo que nos ama. No hay alegría ni oración más profunda porque no hay
conocimiento y amor más grandes. Entonces orar es amar. |
 |