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Orar con el Salmo 1:
Los dos caminos
Orar con el Salmo 23:
El Señor es mi Pastor
Orar con el Salmo 63:
Canto de la unión mística del alma con Dios
Orar con el Salmo 150:
Invitación a la alabanza universal
A la hora de querer entrar
en comunión de amor con Dios, que es la oración, puede ayudarnos mucho el
Libro de los Salmos de la Sagrada Escritura. En él encontraremos una
fuente de oración. Dios habla a través de su palabra, también en los
salmos. Dios nos habla. Cuando leemos los Evangelios,
Jesús aparece varias veces retirándose a un lugar apartado para orar El
solo, o acompañado de sus discípulos. A pesar de tener una
actividad diaria tan ajetreada en la predicación del Reino, Jesús se
retira al desierto o al monte para orar (Mc 1,35; 6,46; Lc 5,16; Mt 4, 1;
Mt 14, 23). La oración formaba parte de su ser y de su obrar. Había venido para
salvar a los hombres y El mismo era una sola cosa con Dios. “Yo y el Padre
somos una sola cosa” (Jn,10, 30).
Al tomar nuestra condición
humana Jesús se hace hombre entre los hombres. Y así, tomó parte en las
oraciones públicas de las sinagogas, y también Jesús entró en el Templo al
que llamó casa de oración. Y como acostumbraban los israelitas piadosos,
recitaría las oraciones privadas cotidianas. Recordamos las tradicionales
bendiciones al comer, como expresamente se narra cuando la multiplicación
del pan (Mt 14, 19; Mt 15, 36), en la última Cena (Mt 26, 26), en la
comida de Emaús (Lc 24, 30); de igual modo recitó el himno con los
discípulos (Mt 26, 30). Y así hasta el final de su vida Jesús mostró que
era la oración lo que le animaba y lo que sobre todo le unía a Dios en
todo momento.
Pero regresemos al tiempo en
que Jesús vivía en Nazaret, con María y José. Jesús frecuentaba la
sinagoga como todo judío. La sinagoga era un lugar para la plegaria y la
instrucción religiosa. Allí se custodiaban los rollos de las Santas
Escrituras. El pueblo se reunía todos los sábados para escucharlas. Y
Jesús, como uno más, aprendía desde pequeño a recitar los distintos
pasajes de la Escritura, sobre todo aquellos en los que se manifestaba
solemnemente la existencia de un único Dios (Deut. 6, 4-9; 11, 13- 41).
También se recitaban expresivas plegarias de adoración, obediencia y
esperanza en el Dios de Israel. Además cantaban cánticos insignes
compuestos también por los autores sagrados del Antiguo Testamento, bajo
la acción del Espíritu Santo. Entre ellos estaban los salmos, que ayudaban
a promover y fomentar sentimientos santos y piadosos, a dar gracias en los
momentos de alegría y a proporcionar consuelo y fortaleza en el
sufrimiento.
Los salmos no son lecturas ni
preces compuestas en prosa, sino composiciones poéticas de alabanza.
Tienden a mover los corazones de los que los recitan, por eso podemos
servirnos de ellos para orar con mayor facilidad, ya sea para dar gracias
y alabar a Dios en la alegría, como para invocarlo desde lo profundo de la
angustia. Hay que tener en cuenta que el salmista habla al pueblo trayendo
a la memoria la historia de Israel; a veces interpela a otros sin
exceptuar siquiera a las criaturas irracionales. Es más nos presenta a
Dios y a los hombres hablando entre sí, e incluso a los enemigos de Dios,
como sucede en el salmo segundo. De igual forma, lo importante es que,
cuando recitemos los salmos nuestra mente concuerde con nuestra voz.
Abrimos nuestro corazón a los sentimientos que ellos inspiran, ya sean
salmos de lamentación, como de confianza, acción de gracias, etc.
Aunque cada salmo fue
compuesto en circunstancias especiales, como así nos lo indican los
títulos que los preceden en el salterio hebreo, sin embargo, resulta muy
interesante para nuestra vida de creyentes hacer una lectura
personalizada: qué me dice Dios en el salmo. Después de situarlo en su
origen histórico, paso a leerlo aplicándolo a la persona de Jesús: cómo
vivía El todo el significado que encierra, porque El oraba con los salmos
como hijo del pueblo que sabía orar. En último término podemos hacer una
lectura del salmo aplicándolo a nuestro tiempo. La Iglesia expande en el
tiempo la Palabra de Dios. Entonces Dios tiene algo que decirnos
hoy.“Actualizamos” los salmos con nuestras propias situaciones y los
acontecimientos del mundo.
Cuando recito un salmo pienso
que Jesús oraba con El, y que hoy soy su voz en el mundo. Así continúo su
misma oración en mi propio favor y en el de todos los hombres, mis
hermanos.
“Yo soy la viña, vosotros los
sarmientos. Si permanecéis en Mí y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que queráis y lo obtendréis”
(Jn. 15,7)
Jesús nos enseña a orar como El lo hacía. Muchas veces dijo “orad”,
“pedid” (Mt 5, 44; 7,7, etc), “en mi nombre” (Jn 14, 13).
me
conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
(Sal.138)
Enlaces relacionados:
Todos los
salmos en Internet
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