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“Soy la
persona más feliz con mi vocación, y no me canso de darle gracias a Dios por
haberme traído a este rinconcito de cielo. Vivo sólo para Dios. Mi única
ocupación es conocerlo para amarlo más. He principiado aquí en la tierra la
vida del cielo, vida inventada e ideada por Dios en su eternidad; vida sólo
de amor y de alabanza incesante. Si por un instante pudieras leer lo que ha
pasado por el alma de esta postulante carmelita, comprenderías la dicha de
vivir siempre junto al tabernáculo. Sola con El solo, paso en el coro junto
a la reja, o ya en mi pobre celdita. Y no existe entre El y su criatura
nada. Siempre escucho su palabra divina. Siempre miro y contemplo su belleza
infinita. Siempre siento los latidos del corazón de mi Dios que me pide amor
porque El sabe que el amor encierra todo: sacrificio y almas.
Hermanita querida, sin duda, como el mismo Jesús le dijo a la Magdalena, me
ha elegido “la mejor parte”.
(Extracto de una carta a su amiga Amelia Montt de octubre de 1919). |

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