| Jesucristo
32,1 - 32,18 |
32.- Jesucristo vivió más de treinta y tres años(301).
32,1. La Historia de Jesús no empezó con su nacimiento. Muchos siglos antes de que
naciera hablaron de él los profetas.
Miqueas , 730 años antes de nacer, dice dónde nacerá (5 :2).
Isaías , 734 años antes de nacer, dice que nacerá de una virgen (7 :14), y describe su
Pasión (53 :3-8).
Zacarías , 520 años antes de nacer, dice que será vendido por 30 monedas (11 :12s) con
las cuales se comprará el campo de un alfarero.
Ochocientos años antes que sucediera Isaías profetizó que sería tratado como un
malhechor (53:12), azotado (50 :6) y condenado a muerte (53 :8).
Los Salmos predicen que sortearán su túnica (22 :19).
«Jesús no nació, como suele decirse, en el año primero de la Era Cristiana. El sabio
benedictino Dionisio el Exiguo , que en el año 533 empezó por vez primera a contar los
años a partir del nacimiento del Señor, sustituyendo la antigua numeración que partía
de la fundación de Roma, se equivocó en 6 años»(302) .
él hizo coincidir el 1 de enero el año uno, con el 1 de enero del año 754 de la
fundación de Roma, en vez de escoger el 748 que hoy se considera como exacto. Por lo
tanto, debemos colocar el nacimiento de Cristo seis años antes de la Era Cristiana.
Según los historiadores, Herodes el Grande murió el año 4 antes de nuestra Era. Como
él mandó matar los niños de Belén menores de dos años, podemos suponer que Jesús
nació dos años antes, es decir, el 6 antes de nuestra Era . Esto se confirma porque
según el matemático y astrónomo Kepler , el año del nacimiento de Cristo , hubo una
conjunción de Júpiter y Saturno, es decir, se pusieron uno detrás del otro, lo cual
provoca una luz intensa, muy visible en el firmamento estrellado. Sería esto la estrella
de Belén» Del día del año del nacimiento de Jesús no nos dicen nada los Evangelios,
pero desde el siglo I se celebra el 25 de diciembre .
El día de la muerte de Jesús se piensa que quizás fuera el 14 de Nisán , del año 785
de la fundación de Roma que corresponde al viernes 3 de abril del año 33, que fue Primer
Viernes de mes.
Recientes estudios astronómicos efectuados por Colin Humphreys y W.G.
Waddington , de la Universidad de Oxford, han revelado que un eclipse parcial oscureció
visiblemente el cielo de Jerusalén el 3 de abril del año 33, que corresponde al 14 de
Nisán del calendario judío, que es el día que murió Jesucristo . Así se explican
«las tinieblas que cubrieron la Tierra» aquel día, según el Evangelio .
Sin embargo, otros sostienen como más probable la Pascua del año 32.
«Por estas oscuridades vemos que los evangelistas no pretendían publicar ningún
"Diario de la vida de Jesús". La determinación exacta de las fechas y lugares
no les interesa especialmente. Con frecuencia dicen en términos generales "en aquel
tiempo" ; y muchas veces sigue una descripción muy indeterminada del lugar:
"subió a un monte" . Los Evangelios quieren transmitir las predicaciones de la
fe de los Apóstoles, y dibujar una imagen suficiente de Cristo , a fin de que cada uno
pueda convencerse de la verdad de la fe. Ninguno de ellos pretende contar todo; al
contrario, cada uno se toma la libertad de reunir lo que le parece a él más importante,
y ordenarlo según sus determinados puntos de vista»(303).
Para conocer bien Tierra Santa en sus aspectos arqueológico, histórico, católico y
teológico puede ser interesante mi vídeo: «Por la Tierra de Jesús: vídeo documental
de Tierra Santa.» Para hacer este vídeo me fui allí con dos técnicos de TV para que
tomaran las imágenes. El texto es de los padres jesuitas Bartina y Manzano, Catedrático
de Ciencias Bíblicas y especialista en Tierra Santa, respectivamente. Yo sólo he puesto
la voz.
32,2. De Jesucristo nos hablan los historiadores paganos de la época.
Plinio el Joven , que fue gobernador romano de Bitinia (Asia Menor) el año 112, en carta
al emperador Trajano, hablando de los cristianos que se negaban a ofrecer sacrificios al
emperador, dice que se reunían al amanecer para cantar himnos a Cristo , su Dios .
Flavio Josefo escribe en el año 93 del siglo I: Por aquel tiempo apareció Jesús ,
hombre excepcional, si le podemos llamar hombre, pues realizó prodigios sorprendentes...
Tanto entre los judíos como entre los griegos tenía muchos discípulos que le seguían.
Por denuncia de los jefes del pueblo, Pilato le hizo condenar al suplicio de la cruz.
Pero ello no impidió que sus discípulos continuarán amándolo como antes. A los tres
días de su muerte apareció vivo .
Cayo Suetonio , historiador de los césares desde Augusto hasta Domiciano , en su obra
compuesta entre los años 110 y 120 alude dos veces a los cristianos. Una en la vida de
Nerón (n .16) y otra en la Claudio (n .225).
También habla de los cristianos Cornelio Tácito , gran historiador, discípulo de Plinio
el Viejo . Al relatar el año 100 el incendio de Roma por orden de Nerón el año 64,
dice: ... se imputó a los cristianos que toman su nombre de Cristo , el cual durante el
imperio de Tiberio , había sido condenado a muerte por el Procurador Poncio Pilato .
32,3. Pero sobre todo nos hablan de Jesucristo los Santos Evangelios.
Evangelio significa buena noticia . La buena noticia es la venida de Jesús , Salvador de
los hombres. La palabra evangelio no significa primeramente un texto, un libro. Sino que,
por su etimología y su uso bíblico, designa originariamente un feliz mensaje un anuncio
que hace feliz . El Evangelio fue, pues, primeramente la palabra de Jesús .
Nadie había hablado como él .
Los Evangelios son libros escritos entre los años 40 y 100 por testigos oculares que
cuentan lo que vieron y oyeron ; o por quienes estuvieron en contacto con testigos
presenciales. Dice San Juan : «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
ojos... os lo anunciamos»(304). Dice San Lucas : «Muchos
se han dedicado a componer un relato de los acontecimientos, tales como nos los han
transmitido quienes desde el principio fueron los testigos oculares y los servidores de la
palabra»(305).
32,4. Las teorías del profesor protestante Rudolph Bultmann , que durante algún
tiempo han orientado las interpretaciones de los textos bíblicos del Nuevo Testamento,
están hoy desprestigiadas gracias a las investigaciones de los especialistas hebreos.
Sobre todo por los trabajos de David Flusser(306) y Geza
Vermes(307) , que han llegado a la conclusión que detrás
de estas afirmaciones de Bultmann sobre los textos bíblicos había mucha ideología
filosófica alemana.
Geza Vermes llega a decir: El mito de Jesús sólo ha existido en algunas mentes alemanas
. Los estudios históricos del judaísmo del siglo I, permiten rescatar nuevos aspectos
del Jesús histórico.
Sin embargo la oposición a las teorías de Bultmann comenzó entre sus mismos
discípulos, como son Ernst Käsemann(308) y Günther
Bornkann(309).
32,5. El Concilio Vaticano II afirma la historicidad de los Evangelios : «La Santa
Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree, que los cuatro Evangelios, cuya
historicidad afirma sin vacilar, transmiten fielmente lo que Jesús , Hijo de Dios,
viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente»(310)
.
La historicidad de los Evangelios, además de ser clara para los críticos, es para los
católicos una verdad de fe divina y católica .
San Ireneo , nacido en Asia Menor, que llegó a ser Obispo de Lyon y había sido
discípulo de San Policarpo en Esmirna, y éste del evangelista San Juan , es decir, que
es una de las figuras más representativas del siglo II, dice: «Mateo publicó un
Evangelio escrito para los hebreos y en su lengua... ; Marcos , discípulo de San Pedro ,
nos transmitió también por escrito las cosas predicadas por Pedro ; Lucas , discípulo
de Pablo , puso en forma de libro el Evangelio predicado por su maestro. Más tarde, Juan
, discípulo del Señor... también publicó un Evangelio durante su estancia en éfeso»(311).
Tenemos otros dos documentos del siglo II:
Papías dice que Mateo escribió su Evangelio en hebreo, y que Marcos fue intérprete de
la evangelización de Pedro.
El otro documento es el Canon de Muratori en el que se habla de San Lucas como autor del
tercer Evangelio, y de San Juan como del cuarto .
El P. Vaccari, S.I., especialista de la Biblia, de talla internacional, afirma que hasta
la campaña de los protestantes racionalistas del siglo pasado, nadie había dudado de que
los Evangelios fueran de Mateo, Marcos, Lucas y Juan .
El Dr. John A.T. Robinson , Catedrático en Cambridge, ha publicado en 1977 un libro
titulado «Redating the New Testament», donde afirma que todos los libros del Nuevo
Testamento exceptuando a San Juan , se escribieron antes del año 70, y que los nombres de
los autores Mateo y Juan corresponden a los Apóstoles de Jesús. Marcos y Lucas
estuvieron en contacto directo e inmediato con los testigos , y manejaron documentos de
contemporáneos. Dice San Lucas que él escribe su Evangelio «después de haber
investigado todo diligentemente desde los orígenes»(312).
32,6. Además, estos libros se escribieron para contemporáneos de Jesús . Los hechos
que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos visto personalmente , bien por
haberlos oído a quienes los vieron . No pudieron, por lo tanto, desfigurar nada de la
realidad. En este caso hubieran sido desmentidos, y no hay huella alguna de
rectificaciones(313).
Si los evangelistas hubieran dicho lo que no es verdad, sus Evangelios hubieran sido
rechazados por aquella generación que era testigo de los hechos. No existe ningún
documento que muestre este rechazo(314).
En cambio los Evangelios Apócrifos , que carecen de rigor histórico, fueron comúnmente
rechazados(315). Son relatos fantasiosos e inverosímiles(316). Contienen errores en la geografía de Palestina, y les
falta fidelidad al marco histórico .
Los Evangelios falsarios llamados Evangelios Apócrifos nunca han sido aceptados por la
Iglesia, por no estar contenidos en el «Canon de Muratori» que es una lista de los libros
inspirados que hizo la Iglesia en el siglo II(317).
Los datos que dan los Evangelios sobre la geografía del país, situación política y
religiosa, y sobre las costumbres, concuerdan con lo que sabemos de todo esto por otras
fuentes.
Además, los evangelistas murieron por defender la verdad de lo que decían; y nadie da su
vida por lo que sabe que es mentira.
Aparte de que como están inspirados por Dios no pueden equivocarse ni mentir. El Concilio
Vaticano II dice que la Biblia entera está inspirada por Dios(318).
Y San Pablo : «La Escritura está inspirada por Dios»(319).
32,7. Por otra parte, los cuatro Evangelios narran los mismos hechos, coincidiendo en
lo fundamental y diferenciándose en lo accidental. Si cada uno por su lado se hubiera
propuesto engañar, no hubieran coincidido tanto; y si se hubieran puesto de acuerdo para
engañar, se hubieran evitado las diferencias llamativas . Cada uno ha narrado
sinceramente los hechos recogiendo los detalles que a él más le habían impresionado.
Cada evangelista hizo su selección de materiales y acontecimientos, e incluso la
sucesión de los hechos, según su finalidad catequética.
Cada evangelista presenta desde un ángulo de visión personal la figura y doctrina de
Jesús . El Evangelio de Mateo , dirigido a una comunidad cristiana proveniente del
judaísmo, y el Evangelio de Lucas dirigido a una comunidad proveniente de la gentilidad,
muestran enfoque diverso .
Los Evangelios ofrecen diferencias debidas a que no siempre citan textualmente las
palabras de Jesús , ni cuentan las cosas con la exactitud rigurosa que exigimos
modernamente. Cada uno cuenta lo que recuerda a su modo, según su propio estilo: unos se
limitan a lo esencial, otros se extienden más en los detalles, sin destacar claramente
los elementos esenciales; unos tienen una narración más abstracta, otros más concreta o
popular, etc. Varía mucho la narración de un hecho según la psicología del narrador,
de su modo de observar, de su memoria, de su imaginación, de su carácter y del auditorio
al que se dirige. Teniendo en cuenta que no se trata de observadores o narradores de
psicología occidental y moderna de hoy día, sino de un mundo antiguo, de cultura y
mentalidad muy simple, en que domina más el elemento imaginativo. Pero como son libros
inspirados, todo lo que dicen tiene la aprobación de Dios, que respeta la peculiaridad
del escritor-instrumento, y no le dicta como a un mecanógrafo las cosas que tiene que
decir, sino que respeta su modo de hablar, y tan sólo le detiene ante el error .
El Evangelio de San Mateo se escribe para los judíos, por eso se insiste en que Jesús es
el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento.
El Evangelio de San Marcos refleja la catequesis en Roma de San Pedro a quien acompañaba;
por eso explica muchas costumbres y tradiciones judías a los que no lo son.
El Evangelio de San Lucas se escribe para comunidades de cristianos de mentalidad griega,
procedentes del paganismo, por eso se insiste en que Jesús es el Salvador.
El Evangelio de San Juan es el último que se escribe. Por eso completa a los otros tres ,
que se parecen mucho entre sí (por eso se llaman sinópticos), y cuenta cosas que los
otros omitieron. Se centra en la persona de Jesús , y es el más teológico de los
cuatro.
32,8. Los evangelistas no escribieron sus libros como un historiador actual puede
describir un hecho histórico investigado por él con fechas concretas e itinerarios
exactos.
Los Evangelios no son una sucesión de hechos cronológicamente narrados, sino una
catequesis para la fiel trasmisión de la verdad cristiana Los Evangelios no tienen forma
histórica, sino de mensaje. Los evangelistas no pretenden relatar los acontecimientos en
orden exactamente cronológico, sino presentar la persona, la doctrina, la obra redentora
de Jesús, a los hombres con el fin de que crean .
«Los Evangelios son relatos fragmentarios y esquemáticos, selecciones y resúmenes. Por
otra parte, han tenido siempre la finalidad práctica de la predicación: pretenden ser
una enseñanza, transmitir un mensaje que hemos de acoger y vivir en la fe; no pretenden
tanto darnos una información, cuanto contribuir a la formación de un mundo nuevo, nacido
de la obra redentora de Cristo ; presentan al Señor Jesús, para que uno se encuentre con
él y se haga su discípulo»(320).
«Los Evangelios no son ni un diario ni una biografía en el sentido moderno de la
palabra. Son síntesis de la predicación apostólica.
Cuanto más se penetra en los métodos propios de los evangelistas, en su fin y en su
plan, más se convence uno del carácter episódico y fragmentario que los distingue, y
cuán poco les interesaba a ellos muchas cosas pequeñas que a nosotros nos pueden parecer
hoy problemas casi substanciales. Los evangelistas pretenden cimentar la fe de sus
lectores, y para ello les basta escoger algo de lo más saliente de la vida y doctrina del
Señor. El marco topográfico y cronológico no era necesario y, por lo mismo, lo
descuidan. Muchos hechos y muchas palabras están fuera de su marco histórico»(321) Generalmente, el evangelista, no tiene ningún interés
cronológico. A veces acumula parábolas, milagros o controversias con los judíos con una
palabra de enlace («entonces», «enseguida», «después»); aunque hayan ocurrido en
momentos muy distantes. «La intención de los evangelistas fue inculcar una forma de
vida, una enseñanza religiosa.
Lo histórico es base de la narración, pero no como nosotros entendemos hoy la historia».
Los Evangelios son libros históricos aunque la historia no la entiendan al modo actual.
Pero su estilo describiendo lugares y encajando personajes históricos en su tiempo, dan a
entender claramente que no pretenden hacer una obra de ficción. A veces, aunque no
siempre, señalan con exactitud el día y la hora, y dan una porción de detalles que
muestran la voluntad de describir hechos reales .
El Evangelio es histórico en el sentido vulgar, corriente. Así lo creyó siempre la
Iglesia: los Padres y los fieles . Es evidente que no fueron inventados .
Los evangelistas afirman que lo que narran es la verdad . San Lucas al principio de su
evangelio garantiza a los lectores de la certeza de su narración, pues son «cosas
verdaderas y auténticas». Dice San Lucas que se ha determinado escribir los
acontecimientos recientemente ocurridos «después de haber investigado con exactitud
todos esos sucesos desde su origen»(322). Y San Juan afirma
que lo que él narra es «lo que vieron sus ojos y oyeron sus oídos»(323).
«Aquel que lo ha visto da testimonio de ello , y su testimonio es cierto: y él sabe que
dice la verdad a fin de que vosotros creáis» (324).
«Los Evangelios aparecen, escritos sin verdadera preocupación apologética, en el
sentido moderno de la palabra, sino con el fin de transmitir, tal cual, el hecho de que
dan testimonio... Los Evangelios no son una especulación doctrinal, sino la atestación
de un hecho... Los autores no sólo no hacen su propio elogio, sino que hasta desaparecen
detrás de su obra. No se inciensa a los Apóstoles, se les presenta sin inteligencia,
ambiciosos, pendencieros, cobardes, traidores. Se presenta a Cristo abandonado del
Padre... Los milagros están descritos con una sobriedad que los distingue inmediatamente
de los relatos no evangélicos»(325).
«El origen apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los Evangelios
justifican su valor histórico. Derivados de una predicación oral que se remonta a los
orígenes de la comunidad primitiva, tienen en su base la garantía de testigos oculares.
Indudablemente ni los Apóstoles ni los demás predicadores y narradores evangélicos
trataron de hacer historia en el sentido técnico de esta palabra; su propósito era menos
profano y más teológico; hablaron para convertir y edificar, para inculcar e ilustrar la
fe, para defenderla contra los adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios
verídicos y controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como por el
afán de no dar pie a refutaciones hostiles... Si los Evangelios no son "libros de
historia", no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que no sea histórico»(326). «El valor histórico de los Evangelios, aparte de ser
cierto para el crítico, es para el católico una verdad de fe»(327).
Se han hecho estudios comparativos de todas las copias que conservamos de cada uno de los
evangelistas. Hort, uno de los más seguros críticos del siglo XIX resume sus
investigaciones de veinticinco años, y las de su colega Wescott, en su edición crítica
del original griego del Nuevo Testamento con estas palabras: «las variantes que tocan a
la sustancia del texto son muy poco numerosas, y pueden ser valuadas en menos de la
milésima parte del texto»(328). «La inmensa mayoría de
la variantes se refieren únicamente a la forma exterior: ortografía, orden de las
palabras y términos sinónimos»(329). De las ciento
cincuenta mil variantes, sólo quince son de importancia, y ni una sola toca a la fe de la
Iglesia(330). Eso da idea del esmero con que se copiaron .
32,9. Nada nos dice el Evangelio sobre el aspecto externo de Jesús .
No era costumbre en los historiadores de aquel tiempo. Por eso los cuatro evangelistas
guardaron silencio sobre su estatura, el color de sus ojos, el tono de su voz y los rasgos
de sus facciones.
Sabemos que su mirada era irresistible: una mirada capaz de hacer, con sólo su fuerza,
que los hombres lo abandonaran todo por seguirle. Una mirada profunda, tierna, penetrante.
Una mirada llena de bondad, de un Ser que era todo bondad. De un Ser que recorrió
haciendo el bien las tierras de Judea, Galilea, Samaría..., curando enfermos, consolando
a los desheredados del mundo..., dándose a todos, apiadándose de todos, amando a
todos... Del Ser que pronunciara las palabras más dulces que jamás tomaron forma en unos
labios humanos: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré»(331).
«Creo que no existe nada más bello, más profundo, más atractivo, más viril y más
perfecto que Cristo» (F. Dostoieski).
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que el cónsul romano
Léntulo habla de cómo fue Jesucristo . Dice: «En nuestro tiempo apareció un tal Jesús
, de gran fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus discípulos le
llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó enfermedades»(332).
Los Evangelios nos describen a un ser excepcional, a un hombre que en sólo tres años de
vida pública, en un radio de acción de escasos kilómetros, trastornó al mundo, de modo
que el tiempo se divide en los siglos que le esperaron y los que siguen a su venida .
Cristo iluminó con su doctrina la vida del hombre con visión de eternidad, y transformó
los valores del pensamiento humano.
Jesucristo ha sido el hombre más grande de la historia. Genios como Calderón de la Barca
y Miguel Angel , militares como César y Napoleón , después de su muerte, han sido
admirados; pero no amados. Jesucristo es el único hombre que ha sido amado más allá de
su tumba. A los dos mil años de su muerte, legiones de hombres y mujeres, dejando su
familia paterna y su familia futura, sus riquezas y su Patria, despojándose de todo, han
vivido sólo para él.
Jesucristo ha sido amado con heroísmo. Millares y millares de mártires dieron por él su
sangre.
Millares y millares de santos centraron en él su vida.
Santos de todos los tiempos, de todas las edades, de todas las clases sociales. Unos con
corona de reyes, y otros con los pies descalzos; unos con hábito de monje, y otros con
cinturón de soldado; unos con chaqueta y corbata, y otros con manos encallecidas de
obrero; muchachos de corazón puro, y muchachas de mirada limpia y andar recatado. Todos
éstos le amaron heroicamente y alcanzaron la corona de la inmortalidad.
Jesús ha sido también el hombre más combatido de la humanidad. Qué tendrá este hombre
que murió hace dos mil años y hoy molesta a tantos vivos»
32,10. Jesús vivió la mayor parte de su vida como un obrero, ganando su sustento con
el sudor de su frente y el trabajo de sus manos.
Ejercía el oficio de carpintero en un taller humilde y alegre de Nazaret. De este modo
dignificó y ennobleció el trabajo.
Cristo, como dice la Biblia: «se hizo igual al hombre en todo menos en el pecado»(333). Cuando San Pablo dice que «Cristo se hizo pecado por
nosotros»(334) se refiere a que tomó sobre sí la pena
debida por nuestros pecados; pero no la culpa, lo cual sería incompatible con la infinita
Bondad de Dios.
La vida y doctrina de Jesucristo son para nosotros un ejemplo de lo que tenemos que hacer
para alcanzar el Reino de los Cielos, es decir, para salvarnos. él nos enseña el camino
del cielo.
Cuando Jesucristo tenía unos treinta años comenzó a predicar su doctrina. Sanó
milagrosamente a muchísimos enfermos y remedió a necesitados. Su vida pública puede
resumirse en estas palabras de San Pedro : «Pasó haciendo el bien»(335).
Por eso muchos le seguían como discípulos. De entre ellos eligió doce para formarlos
especialmente y para que, al faltar él, continuaran su obra.
Pero la clase dirigente judía no podía tolerar que un desconocido, no educado con ellos,
les desplazara del favor popular. Creció la envidia y con ella el odio. Se cegaron hasta
no ver las cosas más claras. Este hombre -decían- hace muchos milagros y todos se van
con él . Lo lógico hubiera sido que, ya que reconocían los milagros, se rindieran ante
ese testimonio de Dios, y le siguieran.
Pero no: se obcecaron y no pararon hasta que lo prendieron y lo entregaron a la autoridad
romana, arrancándole la sentencia de muerte en cruz, que es la muerte más afrentosa que
entonces se conocía.
Hoy hay un acercamiento de los judíos a la persona de Jesús. Se han escrito varios
libros de judíos en este sentido. Uno de los más conocidos es el de Joseph Klausmer
titulado: «Jesús von Nazaret», publicado en Jerusalén.
Recientemente han pasado al catolicismo del judaísmo personas eminentes, como el
historiador Ludovico Pastor y Edith Stein, filósofa; Nadiuska, artista de cine, y André
Frossard , que fue hijo del Primer Secretario General del Partido Comunista Francés, y es
autor del libro «Dios existe, yo me lo encontré», un éxito mundial.
32,11. Los evangelistas escriben desde su fe en que Jesús es Hijo de Dios. Así lo
afirma Marcos al principio de su Evangelio, y San Juan al final del suyo.
La expresión Hijo de Dios no siempre supone divinidad, según el uso de esta expresión
entre los judíos. Pero el Profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, José Caba, S.I.
, demuestra, en uno de sus libros, cómo en algunos pasajes de los Evangelios se expresa
claramente la divinidad de Cristo(336).
Jesucristo se presenta como Dios. Ningún otro fundador de religiones ha tenido tal
osadía.
Mahoma, Buda, Confucio, Lao-Tse, Zarathustra o Zoroastro(337)
presentaron una religión más o menos moralizante, pero ninguno de ellos pretendió ser
Dios(338).
Jesucristo dijo que él era Dios.
Repetidas veces se presentaba a sí mismo como Dios: «Yo no soy de este mundo»(339); «Yo existía antes que el mundo existiese»(340); «Quien me ve a Mí, ve al Padre»(341); «El Padre y Yo somos una misma cosa»(342)
. Es como decir: los dos somos de la misma naturaleza. Yo soy Dios como el Padre .
Los textos en que Jesucristo muestra su inferioridad respecto al Padre, son siempre
refiriéndose a su naturaleza humana.
Como Cristo tenía dos naturalezas, de Dios y de hombre, los textos del Evangelio unas
veces se refieren a Jesucristo como Dios, y otras a Jesucristo como hombre. Que Jesucristo
fue verdadero hombre es clarísimo: pasaba hambre y por eso se acercaba a la higuera a ver
si tenía higos; pasaba sed y le pedía a la samaritana que le diera agua del pozo; se
cansaba y se quedaba dormido en la barca, etc. etc.
Jesucristo se llamaba a sí mismo El Hijo del Hombre . Así aparece ochenta y dos veces en
los Evangelios; y siempre en boca de Jesús . Es una alusión al nombre que el profeta
Daniel daba al Mesías.
Pero Jesucristo también tenía naturaleza divina como se deduce de multitud de textos.
Repetidas veces se llama Hijo de Dios .
Pero esta filiación divina de Jesucristo es de distinta manera que la del resto de los
hombres. Por eso hace esta distinción: «Mi Padre y vuestro Padre»(343). Mientras los hombres somos hijos adoptivos, Jesucristo es Hijo
natural, es decir, de la misma naturaleza del Padre: tiene la misma naturaleza divina.
Los hijos siempre tienen la misma naturaleza que sus padres: el hijo de un pez es pez, el
hijo de un pájaro es pájaro, el hijo de un hombre es hombre, el hijo de Dios es Dios.
Nosotros somos hijos por adopción(344). Jesucristo lo es
por generación. Por eso se llama «Hijo Unigénito»(345) .
. Dice San Pablo que Cristo «siendo de naturaleza divina no alardeó de su dignidad, sino
que prescindiendo de su categoría de Dios, tomó naturaleza de hombre»(346). Y añade San Pablo que Jesucristo «no consideró usurpación el ser
igual a Dios»(347), pues ya lo era por naturaleza.
Por eso, al hacerse también semejante a los hombres, «se anonadó a sí mismo», es
decir, se rebajó al asumir la naturaleza de hombre siendo Dios como era.
32,12. El Apóstol Santo Tomás llamó a Jesús : «Señor mío y Dios mío»(348). Jesús no le hizo rectificar como si aquello fuera una
exageración.
El Concilio II de Constantinopla declara autorizadamente que Cristo ha sido llamado Dios
en este pasaje.
San Pablo afirma repetidas veces que Cristo es Dios: dice que es «de condición divina»(349); que «en él reside toda la plenitud de la divinidad»(350); le llama «Dios bendito»(351)
y «gran Dios»(352). San Pablo transmite la creencia de la
primera comunidad cristiana. De lo contrario los otros Apóstoles hubieran protestado.
Por el contrario, todos decían lo mismo.
San Pedro lo llama Dios antes de recibir las llaves del Reino de los Cielos(353) y al principio de su Segunda Carta llama a Jesús , Dios y Salvador.
San Juan dice que Cristo es «Hijo Unico de Dios»(354),
«verdadero Dios»(355).
San Pablo afirmaba: «Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos»(356).
Si los Apóstoles no hubieran creído que Cristo es Dios no hubieran dado la vida por él,
pues nadie da la vida por lo que sabe que es mentira.
Los Testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo, y para ello han hecho una
traducción de la Biblia que llaman del Nuevo Mundo , donde introducen palabras que no
están en el texto original y que cambian el sentido de las frases en que se habla de la
divinidad de Cristo . Esta introducción de palabras que cambian el sentido del texto
original es un auténtico fraude. Esta Biblia de los Testigos de Jehová es una Biblia
falsaria (ver n 6, 9).
32,13. Los judíos entendieron que Jesús se tenía por Dios, por eso querían quitarle
la vida, por hacerse igual a Dios . «Te apedreamos por blasfemo, porque siendo hombre te
haces Dios»(357). «Debe morir porque se hace Hijo de
Dios»(358).
El pueblo judío era monoteísta y no concebía otro Dios que Yahvé.
Cristo afirmaba claramente su divinidad. Por eso le llamaban blasfemo.
También a Caifás le sonó a blasfemia la respuesta de Jesús en el Sanedrín afirmando
que él era Hijo de Dios. Y por blasfemo lo condenaron a muerte. Si Cristo se hubiera
llamado Hijo de Dios del mismo modo que Dios era Padre del resto de los hombres, aquello
no tendría por qué haber sonado a blasfemia. Pero Cristo se identificaba con el Padre,
pues tenía su misma naturaleza de Dios.
Todos los textos que los Testigos de Jehová citan para quitar a los católicos la fe en
Cristo-Dios, se refieren a Cristo-Hombre. Ignorar los textos en que se afirma la divinidad
de Cristo es no conocer la Biblia; o querer engañar, que es peor.
Los Testigos de Jehová no tienen derecho a llamarse cristianos, pues no creen que Cristo
sea Dios. Por eso son excluidos del Consejo Mundial de las Iglesias Cristianas(359).
Dice San Juan : «Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre.
Quien confiesa al Hijo posee también al Padre»(360).
Jesús estaba convencido de ser Hijo de Dios en un sentido especial, único. Jesucristo
llama a Dios su Padre de un modo familiar. Utilizaba la palabra «abbá» que equivale a
«papá».
El investigador alemán Joaquín Jeremías en su opúsculo «La oración del Señor» y en
su libro «El mensaje esencial del Nuevo Testamento» da mucha importancia al término
«abbá». Dice que «hasta hoy nadie ha podido aducir un solo caso dentro del judaísmo
palestinense en que Dios sea invocado como "mi padre" por un individuo. Para la
mentalidad judía hubiera sonado a irreverencia. Lo que hacía inimaginable el llamar a
Dios con ese término coloquial. Es algo nuevo, excepcional, de lo que nunca se había
tenido siquiera una sospecha. Nos hallamos frente a algo nuevo e inaudito, que rompe los
moldes del judaísmo»(361).
Cristo es Hijo de Dios en un sentido real. No figurado: hombre santo, pero no de
naturaleza divina. Por eso escribe San Agustín : «A quienes dicen que Jesucristo es Hijo
de Dios en cuanto que es un hombre tan santo que merece ser llamado Hijo de Dios, a estos
tales los expulsa de nuestra comunidad la institución católica»(362).
Algunos quieren rebajar la divinidad de Cristo . Para ellos Jesús sería un hombre
divinizado en el sentido afectivo, no efectivo. Por eso en lugar de hablar de la divinidad
de Cristo , prefieren hablar de la presencia de la divinidad en Cristo. Como si Cristo no
fuera verdadero Dios, sino tan sólo un hombre en el que Dios resplandeció de modo
excepcional. Pero si leemos el Evangelio sin prejuicios como dice Greeley , está claro
que Cristo se siente unido al Padre de un modo excepcional y único: «Quien me ve a Mí
ve al Padre»(363), pone San Juan en boca de Jesús.
Es más, Jesús se siente con autoridad para cambiar el Antiguo Testamento. Los Profetas
de la Antigüedad apoyaban sus palabras en al autoridad de Dios. Decían: Así habla el
Señor . Jesús habla en nombre propio, y se atreve a corregir la ley mosaica, por
considerarse superior a ella.
Habla por derecho propio. «Se dijo a los antiguos, pero Yo os digo»(364).
Jesús habló con la suficiente claridad para que pudiéramos descubrir su divinidad, pero
de un modo velado para no escandalizar a aquel pueblo, esencialmente monoteísta, que no
podía aceptar a otro Dios que a Yahvé.
Por eso Jesús descubrió su divinidad paulatinamente . Afirmarla de golpe hubiera
provocado escándalo.
Sólo al final de su vida desvela el misterio de su personalidad divina. Jesús respondió
a Caifás que le preguntaba por su divinidad:
Tú lo has dicho , que es un modo de hablar, que significa: «Así es como tú dices»(365).
Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.
Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.
14. Jesucristo demostró con sus milagros que lo que decía era verdad: porque sólo con el poder de Dios se pueden hacer milagros. El milagro supera las leyes de la Naturaleza, y esto sólo puede hacerse con el poder de Dios.
Jesucristo había dicho muchas veces: Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras ; Mis obras dan testimonio de Mí ; Si no hubiera hecho entre ellos obras tales, cuales ningún otro ha hecho, no tendrían culpa .
Jesucristo aludía a los milagros que hacía para que creyésemos en Él .
Jesucristo hacía los milagros en nombre propio. Le dice al viento: Yo te lo digo, párate; y el viento se para. Y al mar: Yo te lo digo, cálmate; y el mar se calma. Y al paralítico: Yo te lo digo, levántate ; y el paralítico se levanta . Jesucristo hacía siempre los milagros en nombre propio: Yo te lo digo. En cambio San Pedro los hacía en nombre de Jesucristo .
15. El milagro es una obra, un hecho visible y perceptible por los sentidos, que supera las fuerzas de la Naturaleza ; y que se hace por Dios, bien directa-mente, bien por medio de los ángeles o de los hombres.
Dios hace milagros siempre con un fin bueno: como un signo de salvación .
El milagro es el sello de Dios. Todo lo que lleva el sello del milagro es verdad, porque Dios no puede respaldar con su autoridad una mentira.
La fuerza del milagro está en que Dios es el único que puede cambiar las leyes de la Naturaleza, y en que Él es la Suma Verdad. Por lo tanto el milagro realizado para confirmar una afirmación de labios humanos, es una aprobación de Dios a la afirmación del hombre; y Dios no puede aprobar el error ni la mentira.
Los milagros ayudan la fe, pero no la fuerzan, pues el acto de fe debe ser libre. Si no, no sería meritorio. La fe trasciende las razones, pero es razonable. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos estúpidos (ver n 3, 8).
No son milagros los hechos extraordinarios que provienen de ciertas habilidades de los hombres o de intervenciones del demonio.
No es lo mismo milagro que prodigio. Un prodigio puede ser obra de un prestidigitador o un fenómeno parapsicológico. Un prestidigitador que se saca palomas de la manga, o un radiestesista encontrando manantiales de agua no tienen nada de milagroso. Se trata de trucos, habilidades, cualidades excepcionales. Pero nada de esto supera las leyes de la Naturaleza. El milagro es un rompimiento de las leyes de la Naturaleza, y en un contexto religioso .
Dios puede cambiar las leyes de la Naturaleza, que son obra suya. Pero Dios no puede hacer un círculo cuadrado, pues esto es absurdo, y Dios no hace absurdos .
Hay fenómenos que todavía no conocemos bien , como la radiestesia, la telepatía, la telergia, la telequinesia, la precognición, etc. Aunque hay un constante rechazo por la práctica totalidad del mundo científico de todas las afirmaciones de la Parapsicología acerca de la capacidad de influir en la materia por medios subjetivos; tanto en la predicción de resultados aleatorios como en la telequinesia .
Pero el milagro es algo que sabemos supera las fuerzas de la Naturaleza: como resucitar a un muerto de cuatro días que ya está en estado de putrefacción. Quizás no sepamos hasta dónde puedan llegar, en algunos casos, las leyes de la Naturaleza. Pero hay cosas que ciertamente comprendemos que la Naturaleza no puede hacer : un hombre tan alto que toque la Luna con su mano, obtener oro uniendo hidrógeno y oxígeno, o sacar rosas sembrando un grano de trigo.
Hay cosas que superan evidentemente las posibilidades de los hombres, como dijo Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura: Tú puedes apagar de un soplo una vela; pero es imposible apagar el Sol a fuerza de soplidos . Un cerdo, por mucho que se le entrene, nunca podrá competir con un caballo de carreras; a lo más llegará a ser un cerdo veloz.
Hoy la ciencia médica obtiene curaciones estupendas, pero valiéndose de medios adecuados, con frecuencia complicados y largos. En esto no hay prodigio, sino técnica y uso inteligente de medios proporcionados al fin. Pero si un hombre cura a un ciego, o aun leproso, con una simple palabra entonces la ciencia y la razón quedan eliminadas, y es preciso buscar la causa del hecho fuera de las leyes y los medios naturales .
16. Algunas personas se resisten a creer en los milagros de Jesucristo . Niegan el milagro porque dicen que eso es imposible. Pero esta negación no tiene valor ninguno. Si se prueba que son hechos reales, hay que darles alguna explicación. Las curaciones de las enfermedades quieren atribuirlas a procedimientos ocultos y desconocidos; y cuando esto les resulta demasiado absurdo, entonces se limitan a negar tranquilamente el hecho. Este procedimiento es muy cómodo, pero resulta poco científico.
La fuerza de Jesucristo está en que confirmó su doctrina con milagros que nos consta se realizaron por la historicidad de los Evangelios, y que por exceder a todo poder humano son una confirmación divina.
Una vez admitida la actividad taumatúrgica como un dato indudable de la vida de Cristo , no hay fundamento para hacer una selección entre los milagros de los Evangelios, admitiendo unos como históricos y rechazando otros como legendarios... De la historicidad de los milagros, no puede dudarse .
La mejor fuente histórica es lo que dijeron del hecho del contemporáneos que lo vieron o lo oyeron de quienes fueron testigos. Pues bien, los milagros de Jesucristo nos los refieren quienes los vieron con sus propios ojos y murieron por defender la verdad de lo que decían. Dice San Juan : Lo que mis ojos vieron y oyeron mis oídos, de esto doy testimonio . Incluso los mismos enemigos de Jesús no podían negar los hechos milagrosos que Jesús hacía, y por eso los atribuían a Satanás . Incluso deciden matarlo porque: Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos, todos creerán en él . Y el mismo San Pedro en su discurso de Jerusalén, el día de Pentecostés, dijo: Israelitas, escuchadme: Dios acreditó entre vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros que hizo .
17. La fe personal en Jesucristo es la aceptación de su propio testimonio hasta la adhesión y la entrega total a su divina Persona . No es la mera aceptación de que Él existe y vive entre nosotros tan realmente como cuando vivió en Palestina; ni tampoco una adhesión de sólo el entendimiento a las verdades que el Evangelio nos propone, según la autorizada interpretación del Magisterio de la Iglesia. Es algo mucho más existencial y totalizante. Dice el Concilio VATICANO I: La Iglesia Católica enseña infaliblemente que la fe es esencialmente un asentimiento sobrenatural del entendimiento a las verdades reveladas por Dios ; pero la fe no sólo es aceptar una verdad con el entendimiento, sino también con el corazón. Es el compromiso de nuestra propia persona con la persona de Cristo en una relación de intimidad que lleva consigo exigencias a las que jamás ideología alguna será capaz de llevar. Para que se dé fe auténtica y madura hay que pasar del frío concepto al calor de la amistad y del decidido compromiso. Por eso una fe así en Jesucristo es la que da fuerza y eficacia a una vida cristiana plenamente renovada, como la que quiere promover el Concilio Vaticano II.
Lo esencial de la fe es aceptar una verdad por la autoridad de Dios que la ha revelado. El que para creer que Jesucristo está en la eucaristía exige una demostración científica, no tiene fe en la eucaristía.
Lo único que sí es razonable es buscar las garantías que nos lleven a aceptar que realmente esa verdad ha sido revelada por Dios. Ésos son los motivos de credibilidad . Entre éstos está la definición infalible de la Iglesia que me confirma que una verdad determinada está realmente revelada por Dios .
Cuando la Iglesia, ya sea por definición dogmática, ya sea por su Magisterio ordinario y universal, propone a los fieles alguna verdad para ser creída como revelada por Dios, no puede fallar en virtud de la asistencia especial del Espíritu Santo que no puede permitir que la Iglesia entera yerre en alguna doctrina relativa a la fe o las costumbres .
La fe no es sólo la aceptación de unas fórmulas sino también la adhesión personal a Cristo . La fe, más que creer en algo que no vemos es creer en alguien que nos ha hablado. Fe quiere decir tener algo por real y verdadero en virtud del testimonio de otro , porque nos fiamos de su ciencia y veracidad.
La fe sobrenatural me da la suprema de las certezas, pues no me fío de la aptitud natural del entendimiento humano para conocer la verdad, ni de la veracidad de un hombre, sino de la ciencia y veracidad de Dios.
Porque creo en Cristo , me fío de su palabra. Acepto a Cristo como norma suprema, y todo lo valoro como lo valora Él. Los hechos son la expresión del nivel de fe de una persona. No hay posible aceptación del programa de Jesús si no es mediante el lenguaje de los hechos.
Seguir a Jesús quiere decir escuchar sus palabras, asimilar sus actitudes, comportarse como Él, identificarse plenamente con Él. Los que siguen a Jesús de verdad quieren parecerse a Él, se esfuerzan en pensar como Él, haciendo las cosas que le gustan a Él. Desean obrar bien, ayudar a los demás, perdonar, ser generosos y amar a todos . .
Tener fe lleva consigo un estilo de vida, un modo de ser.
La fe es esencialmente la respuesta de la persona humana al Dios personal, y por lo tanto el encuentro de dos personas. El hombre queda en ella totalmente comprometido. La fe es cierta, no porque implica la evidencia de una cosa vista, sino porque es la adhesión a una persona que ve. La transmisión de la fe se verifica por el testimonio... Un cristiano da testimonio en la medida en que se entrega totalmente a Dios y a su obra... Normalmente, la verdad cristiana se hace reconocer a través de la persona cristiana .
El que no tiene fe no entiende al que la tiene, y sabe estimar los valores eternos. Es como hablarle a un ciego de colores.
18. Hoy está de moda insistir en que la fe es algo inseguro. Esto tiene algo de verdad, pues la fe no se nos presenta con una seguridad metafísica, como un axioma filosófico. Pero la fe es muy razonable, como hemos visto en páginas precedentes (n 3, 8). Y esto nos da seguridad a los creyentes. Esta seguridad no hay que menospreciarla. Los psicólogos afirman que la seguridad es uno de los elementos indispensables para el ser humano, de tal manera que su falta es fuente de neurosis. El deseo de seguridad es inherente a la naturaleza humana: nadie pone su dinero en un Banco donde tiene peligro de perderlo, nadie come alimentos podridos que puedan intoxicarle, un alpinista que escala una pared no se agarra a un clavo mientras éste no esté bien afirmado.
La fe es iluminadora, optimista y esperanzadora; porque es razonable.
Algunos hablan de una fe oscura, vaga, difusa, nebulosa. La Iglesia y la experiencia nos hacen sonreír ante este razonamiento ramplón, fruto del complejo de inferioridad que tienen hoy algunos creyentes, aun de los que escriben y enseñan .El seguimiento de Cristo exige un esfuerzo por ir asumiendo las actitudes fundamentales que dieron sentido a toda su vida: creer lo que Él creyó, dar importancia a lo que Él se la dio, defender lo que Él defendió, vivir y morir por lo que Él vivió y murió .
El hombre sin valores es un hombre inmaduro, cambiante, se mueve según el viento que corre, carece de responsabilidad .
N.B.: Puede ser interesante mi vídeo: El hombre descafeinado: vacío de valores. Todos los sistemas. Pedidos al autor.
(301) - JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, VII, 1.
Ed. BAC. Madrid.
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(302) - VITTORIO MESSORI: Hipótesis sobre Jesús, IV, 11. Ed.
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(303) - BRUGGEBOES: Jesucristo, introducción práctica al Evangelio, V.
Ed. Verbo Divino. Estella
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(304) - Primera Carta de SAN JUAN, 1:1-3
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(305) - Evangelio de SAN LUCAS, 1:1s
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(306) - DAVID FLUSSER: Jesús en sus palabras y en su tiempo. Ed.
Cristiandad. Madrid, 1975
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(307) - GEZA VERMES: Jesús el judío. Ed. Muchnik. Barcelona, 1980
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(308) - ERNST KÄSEMANN: Essays on the New Testament. London, 1954
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(309) - G. BORNKANMM: Gesú di Nazareth. Ed. Claudiana. Torino, 1977
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(310) - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre
la Divina Revelación, nº 19
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(311) - SAN IRENEO: Adversus Haereses, III, 11, 8
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(312) - Evangelio de SAN LUCAS, 1:3
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(313) - PARENTE: De Dios al hombre, VIII, 2. Ed. Atenas. Madrid
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(314) - JOSÉ M. CIURANA: La verdad del cristianismo, III, A, a1, c11,
2º. Ed. Bosch. Barcelona
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(315) - JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: Los Evangelios ante la Historia, II,
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(316) - JOSÉ Mª. CIURANA:En busca de las verdades fundamentales, III,
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(317) - JOSÉ ANTONIO DE SOBRINO, S.I.: Así fue Jesús, IV, 2. Ed. BAC.
Madrid, 1984
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(318) - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre
la Divina Revelación, nº11
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(319) - SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 3:16
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(320) - JORGE AUZOU: La tradición bíblica, XII, 1. Ed. FAX. Madrid
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(321) - JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, I, 2.
Ed. BAC. Madrid
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(322) - Evangelio de SAN LUCAS, 1:3
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(323) - Evangelio de SAN JUAN, 3:11; Primera Carta, 1:1
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(324) - Evangelio de SAN JUAN, 19:35
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(325) - ROBERT FEUILLET:Introducción a la Biblia: Nuevo Testamento vol.
II, pg.309s. Ed. Herder.
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(326) - Biblia de Jerusalén. Introducción a los Evangelios
sinópticos, I. Ed. Desclée. Bilbao
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(327) - FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para seglares,
nº.229. Ed.B.A.C. Madrid.
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(328) - JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ:¡Jesucristo existió!.Publicaciones
ACU.Ed.Sal Terrae.Santan.
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(329) - FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para
seglares,nº.439. Ed. B.A.C. Madrid.
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(330) - JUAN MANUEL IGARTUA,S.I.:Los Evangelios ante la
Historia.Apéndice,2.Ed.Acervo, Madrid
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(331) - Evangelio de SAN MATEO, 11:28
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(332) - Biblioteca Nacional, Incunable nº 970
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(333) - Carta a los Hebreos, 4:15
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(334) - SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 5:21
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(335) - Hechos de los Apóstoles, 10:38
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(336) - JOSÉ CABA, S.I.: El Jesús de los Evangelios , IV, VII, X. Ed.
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(337) - JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: El Mesías: Jesús de Nazaret, III.
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(338) - JOSÉ Mª CIURANA: La verdad del cristianismo, III, B. Ed.
Bosch. Barcelona, 1980.
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(339) - Evangelio de SAN JUAN, 8:23.
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(340) - Evangelio de SAN JUAN, 17:5; 8:58.
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(341) - Evangelio de SAN JUAN, 12:45; 14:9.
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(342) - Evangelio de SAN JUAN, 10:30; 5:18.
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(343) - Evangelio de SAN JUAN, 20:17.
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(344) - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 8:14s; 9:4.
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(345) - Evangelio de SAN JUAN, 1:14,18; 3:16.
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(346) - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.
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(347) - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:7.
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(348) - Evangelio de SAN JUAN, 20:28.
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(349) - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.
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(350) - SAN PABLO: Carta a los Colosenses, 2:9.
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(351) - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 9:5.
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(352) - SAN PABLO: Carta a Tito, 2:13.
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(353) - Evangelio de SAN MATEO, 16:16.
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(354) - Primera Carta de SAN JUAN, 4:9.
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(355) - Primera Carta de SAN JUAN, 5:20.
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(356) - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 15:1-11.
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(357) - Evangelio de SAN JUAN, 10:33.
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(358) - Evangelio de SAN JUAN, 19:7.
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(359) - Conseil Oecumenique des Eglises. Rapport de la Troisieme
Assamblèe, pg.391. Neuchâtel.
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(360) - Primera Carta de SAN JUAN, 2:22.
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(361) - GREELEY: El mito de Jesús, V. Ed. Cristiandad. Madrid, 1973.
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(362) - SAN AGUSTÍN: De agone christiano, 17, 19. MIGNE: Patrología
Latina, 40, 300.
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(363) - Evangelio de SAN JUAN, 14:9.
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(364) - Evangelio de SAN MATEO, 5:21s.
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(365) - JOSÉ L.MARTÍN DESCALZO:Vida y misterio de Jesús de
Nazaret,1º,XVIII,5,K.Ed. Sígueme.
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