| Mandamientos
62,1 - 72,3 |
62.- LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS SON DIEZ.
62,1. Los mandamientos son normas de conducta dictadas por Dios a la humanidad. Estas
normas son el camino que ha de conducir al hombre a la felicidad eterna. «Si quieres
entrar en la vida, guarda los mandamientos»(608), dijo
Jesucristo .
La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. La
actual es de San Agustín. Los ortodoxos tienen una división distinta .
Los mandamientos son preceptos de la ley natural impresos por Dios en el alma de cada
hombre .
Por eso obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos para todos los
tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y social . «La ley del
Señor es perfecta y es descanso del alma»(609),dice la
Sagrada Escritura.
Dios ha impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los que se las dan de
ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta por Dios al hombre, y se
ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros. La moral católica no sólo obliga a
los católicos, obliga a todos los hombres; pues se basa en la ley natural . Todo hombre,
católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no explotar al prójimo, no
calumniar, etc. Esto no excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como
el ir a misa, práctica de sacramentos, etc.
Los mandamientos de la Ley de Dios son la ley moral que Dios dio a Moisés en el Antiguo
Testamento y que Cristo perfeccionó en el Nuevo .
Se basan en que Dios es nuestro Dueño y nuestro Señor, y nos puede mandar. Pero es tan
bueno, que lo que nos manda es para bien nuestro.
Con los mandamientos, Dios protege nuestros derechos y también los de nuestros prójimos.
Los mandamientos no son prohibiciones caprichosas para poner trabas a la libertad del
hombre. Es la ley justa y sabia con que Dios quiere gobernarnos para nuestro propio bien.
Todos los mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y es necesario
cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: yo no robo ni mato . Para salvarse hay que
guardarlos todos.
Para condenarse basta faltar a uno. Para poder pasar por un puente es necesario que no se
haya hundido ninguno de sus arcos . Dice el Apóstol Santiago el Menor que el que guarda
los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace culpable de todos(610).
62,2. Los mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más
perfecto que se ha dado en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los
individuos, a las familias, a los pueblos y a las naciones. En la guarda de ellos está el
secreto de abrirse paso dignamente en la vida. Si quieres que todo el mundo te estime y te
respete, guarda los mandamientos. Además, te aseguro que tu vida será mucho más feliz
que si no los guardases.
Las mayores tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque no se guardan
los mandamientos. Por eso están las cárceles llenas de desgraciados, por eso el hambre
de muchos hijos, por eso los disgustos en tantas familias, tantas lágrimas y tantas
penas. Si se cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas de hoy:
delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios, hijos
extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo el mundo cumpliera
los mandamientos, la vida en la Tierra sería un cielo.
Una sociedad que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.
Para muchos hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los hijos, el respeto
a la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la honradez, la verdad, la
religión, la moral... A dónde vamos por este camino? Qué futuro nos espera? Dice Dios
en la Biblia: «Mis mandatos son luz de los pueblos»(611).
El reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, sino que es su
fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba organizando una sociedad
contra el hombre .
62,3. El cumplimiento de los mandamientos a veces cuesta trabajo.
Tenemos que frenarnos, renunciar.
Pero los mandamientos nos llevan al cielo. Son como las ruedas del carro, que pesan, pero
gracias a ellas puede andar. Un carro sin ruedas no hay quien lo mueva. Dios hace posible
por su gracia lo que manda .
62,4. La moral católica no es represiva, como algunos dicen. No quita la libertad al
hombre. La orienta para que se realice como persona humana. Como las vías del tren que le
obligan a ir por un camino, pero ayudan al tren a avanzar y a llegar. Le impiden que se
despeñe.Algunos consideran a Dios como enemigo de la libertad humana, y piensan que el
hombre será totalmente libre cuando se emancipe de Dios y de la Religión. Sin embargo,
sometiéndonos a la ley de Dios nos realizamos plenamente como personas humanas, pues nos
liberamos de la esclavitud de nuestros instintos desordenados. Libertad es la capacidad
para poder elegir entre dos valores auténticos. Pero elegir el mal, abandonando el bien,
no es libertad sino esclavitud. El hecho de que algunos prefieran ser esclavos es
lamentable. Pero las joyas no pierden valor aunque haya personas que no saben apreciarlo.
La libertad con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.
Dios no quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al hombre. Elegir
lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es un bien.
No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia . El ejercicio de
la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa .
El cristiano se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque quiere hacer lo que
Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción. «Lo que nos hace libres no es el no
querer aceptar lo que sea superior a nosotros, sino el acatar de buena gana lo que está
por encima de nosotros»(Goethe).
«Yo soy libre cuando elijo lo que me perfecciona como ser humano. Si actúo sólo en
virtud de mis apetencias momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable
como valor supremo. Lo agradable es un valor, pero se halla en la parte más baja de la
escala de valores»(612).
(608) - Evangelio de San Mateo, 19:17
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(609) - Salmo 18
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(610) - Carta del Apóstol Santiago, 2:10
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(611) - Profeta Isaías, 51:4
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(612) - ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano, I, 4. EDIBESA Madrid
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