Juan Pablo II ha sido la persona de la historia que más gente ha congregado ante su persona: más de un millón en Canadá, estados Unidos.Méjico, Brasil, Madrid, etc. en Manila reunió cinco millones de personas[1] .

 

Esta lista de los Papas, legítimos sucesores de San Pedro es una garantía de que estamos en la misma Iglesia que Cristo fundó. Así lo decía San Ireneo en el siglo II[2] .

Los Apóstoles son el fundamento puesto por Cristo en persona. Nosotros debemos adherirnos a sus sucesores legítimos.

«Ésta es la sucesión y el canal a través del cual la tradición de la Iglesia y el mensaje de la verdad ha llegado hasta nosotros»[3] .

 

37,11. Hoy vivimos tiempos de ecumenismo en los que todos ansiamos  la  unión de todos los cristianos en una sola Iglesia. Pero la unión con los protestantes, decía Juan XXIII, no puede venir del sacrificio de parte de la verdad, sino de un profundizar más en el conocimiento de la verdad. No podemos sacrificar un dogma de nuestro patrimonio doctrinal para buscar una unión engañosa[4].

«En el Concilio Vaticano II, el Romano Pontífice junto con los Padres Conciliares tomaron viva conciencia de la necesidad de empeñar todo tipo de esfuerzos para que los hermanos separados se pudieran reintegrar en la unidad. Esta preocupación ecuménica quedó reflejada en diferentes documentos conciliares: en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, en el Decreto sobre las Iglesias orientales católicas  y en el Decreto sobre ecumenismo. En estos documentos se proclamaron los siguientes principios sobre ecumenismo:

- Las divisiones entre los cristianos contradicen la voluntad de Dios, y son motivo de escándalo para el mundo.

- Alguno de los bienes que constituyen la Iglesia pueden hallarse también fuera de la Iglesia Católica, pero la plenitud de los medios de salvación sólo se pueden encontrar en la Iglesia Católica.

- Los católicos deben manifestar comprensión hacia aquellos que no participan de la plena unidad, teniendo en cuenta que no pocos se encuentran en esa situación sin culpa por su parte.

- Los medios fundamentales para recuperar la unidad son la caridad y la oración.

- Nada más lejos del verdadero ecumenismo que aquello que afecta a la pureza de la doctrina católica, y a su sentido genuino y preciso.

- No sería lícita aquella relación con los no católicos que suponga peligro de la fe o indiferentismo religioso.

»El Concilio vino a recordar que nadie puede poner en duda un dogma de fe, ni siquiera con la intención de aproximarse a los no católicos. Los católicos no tienen poder sobre la fe recibida; sino que ésta es un depósito que deben custodiar y transmitir con fidelidad. Por eso deben respetar en todo momento las fórmulas definidas por el Magisterio de la Iglesia»[5] .

La declaración sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II advierte que no es lo mismo practicar una religión que otra. No todas son igualmente buenas, pues son contradictorias entre sí[6] .

 «Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo, en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, abrazarla y practicarla»[7].

Dice el Concilio Vaticano I: «Nadie tiene causa justa para dejar la Iglesia Católica»[8].

 

«Aunque fuera de la Iglesia Católica pueda encontrarse parte de virtud y parte de verdad»[9] , la «única y verdadera religión está en la Iglesia Católica»[10].

Aunque añade que todos los que han recibido el Bautismo y tienen fe en Cristo, de alguna manera también pertenecen a la Iglesia de Cristo en un sentido amplio. Pero en sentido estricto «la Iglesia de Cristo subsiste hoy en la Iglesia Católica»[11]  .

 

Ésta es la razón por la cual la Sagrada Congregación del Clero en su Directorio dice: «Propóngase los argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con la debida firmeza»[12] .

 

Dice el Concilio que la libertad religiosa consiste en inmunidad de coacción[13] es decir, que a nadie se le puede imponer por la fuerza la práctica de una religión, ni tampoco impedírsela[14] , ni en público ni en privado[15] .

 

“El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error, ni un supuesto derecho al error; sino un derecho natural de la persona humana a la inmunidad de coacción exterior en materia religiosa”[16] .

El hombre tiene derecho a practicar lo que él cree que es verdad.

Pero el ejercicio público de la religión, debe subordinarse al «justo orden público»[17], que consiste en la recta ordenación del bien común, en «la salvaguarda efectiva de los derechos de todos los ciudadanos..., el interés proporcionado por la auténtica paz pública..., y una adecuada tutela de la moralidad pública»[18] .

«En la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas. Tal comportamiento debe considerase como abuso del derecho propio y lesión del derecho ajeno»[19].

El Episcopado Español, mientras «pide a sus colaboradores apostólicos, que jamás incidan  en este defecto, les ruega que con la mayor caridad posible procuren que los fieles de fe sencilla no sean jamás víctimas de dicho procedimiento, si alguna vez hubiere lugar a ello»[20] .

 

Recientemente España se ha visto invadida por multitud de sectas muy proselitistas que con señuelos más o menos atractivos para los jóvenes han desorientado a un número muy considerable. Ver 75,6.

El Episcopado de Francia ha hecho esta advertencia a los católicos: «Todos los católicos deben oponer un dique a esta marea invasora. Por eso el comprar, leer o conservar sus publicaciones constituye una grave imprudencia. Frecuentar sus reuniones y participar en su culto es todavía más peligroso. Y el adherirse pública y plenamente a ellos constituye un pecado grave contra la fe».

 

Puede ser interesante mi vídeo Las sectas desenmascaradas[21] .

 

37,12. La plenitud de los medios salvíficos se encuentra en la Iglesia Católica, pero algunos actos de los hermanos separados, pueden también producir la gracia[22]  . En los hermanos separados se puede encontrar también virtud y parte de verdad[23] . Los católicos deben reconocer con gozo «los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados»[24] .

 

«El cristiano, lejos de juzgar o de condenar a los que están fuera de la Iglesia, deberá ofrecerles su ayuda y su amor. Si él es feliz por encontrar la salvación dentro de la Iglesia, también está seguro que la bondad de Dios salva, por Cristo, a todas las almas generosas y de buena fe que, sin pertenecer visiblemente a la Iglesia, siguen lealmente los dictados de su conciencia»[25] . «Aquellos que con seriedad intentan en su corazón hacer todo lo que Dios exige de ellos no están excluidos de la esperanza de la vida eterna»[26].

Dice el Concilio Vaticano II: «El propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero, y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna. La Divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que, sin culpa por su parte, no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta»[27] .

Es decir, que los no creyentes de buena fe, que siempre cumplieron con su conciencia, pueden salvarse.

 

Dice Balmes: «Dios es justo, y como tal, no castiga ni puede castigar al inocente. Cuando no hay pecado no hay penas ni las puede haber»[28] .

 

Dice Martins Veiga: «Constituye una gran alegría pensar que hay mucha gente de buena voluntad que se salva sin pertenecer a la Iglesia. Sin embargo, no deja de ser un hecho doloroso el que haya tantos hombres que no conozcan ni vivan el misterio de la Iglesia en su integridad, porque sin ella nunca podrán alcanzar su plena y total realización en Dios»[29] .

 

La conocida frase «fuera de la Iglesia no hay salvación» se remonta a Orígenes y ha sido muy repetida. Incluso se ve incorporada en el Concilio IV de Letrán[30]. Pero hay que entenderla en su contexto. Va dirigida a los que conociéndola la rechazan[31]. No a los que inculpablemente no la conocen.

«Para comprender bien su significado quizás sea mejor decir: “Fuera de la Iglesia no hay medio de salvación”»[32] .

 

Pero «quienes sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran permanecer en ella, no podrían salvarse»[33].

 

Con todo, para la salvación eterna, no basta estar en la Iglesia, hay que estar en gracia. «La Iglesia es medio de salvación, no causa»[34] .

 

37,13. Los milagros de hoy día son una prueba a favor de la Iglesia Católica.

Agudamente dice San Agustín: Si en la Iglesia Católica hay milagros es porque es verdadera; y si no hay milagros, es enorme milagro que sin milagros haya creído en ella el Imperio Romano[35] .

 

El Concilio Vaticano I[36] afirma tres cosas de los milagros:

a) que son posibles,

b) que pueden ser conocidos con certeza,

c) que con ellos se prueba legítimamente el origen divino de la Religión Cristiana.

 

Desde 1882 funciona en Lourdes una Oficina de Comprobaciones Médicas. Hasta 1955 habían desfilado por esta Oficina 32.663 médicos. Esta Oficina acepta la inscripción de todo médico que lo solicite, cualesquiera que sean sus creencias religiosas, nacionalidad, etc. De hecho los ha habido católicos, protestantes, judíos, hindúes, y hasta ateos racionalistas. En miles de casos han declarado que la curación fue inexplicable desde el punto de vista médico.

El enfermo fue examinado por los médicos antes y después de la curación.

La existencia de la enfermedad tiene que constar antes de la curación con pruebas clínicas: radiografías, biopsias, encefalogramas, análisis bacteriales, etc., según lo demande la naturaleza de la enfermedad.

Quedan excluidas de antemano todas las enfermedades que sean puramente nerviosas.

Tiene que tratarse de enfermedades orgánicas, no puramente funcionales.

La curación debe ser científicamente inexplicable, por no haberse aplicado tratamiento adecuado, instantánea y duradera.

Se somete al enfermo a observación durante un año. Sólo entonces la Oficina de Comprobación afirma que la curación es inexplicable, científicamente hablando.

Por Lourdes han pasado trescientos millones de personas[37] . En los archivos de la Oficina Médica de Lourdes hay 3.184 expedientes de curaciones inexplicables por la Medicina. De éstos la Comisión Eclesiástica en 19 años de trabajo sólo ha aceptado cincuenta y cuatro casos como auténticos milagros [38].

No es que los demás no sean milagros. Es que la Iglesia es rigurosísima antes de declarar un hecho como milagroso, y un hecho milagroso auténtico puede no ser reconocido como tal por la Iglesia por falta de algún requisito.

Dios no hace milagros para que sean comprobados científicamente, sino como respuesta a la oración de las personas que se lo piden con fe, aunque falten requisitos para una comprobación científica. El rigor de la Iglesia en aceptar hechos milagrosos nos debe dar confianza en los casos que la Iglesia acepta como milagros.

 

Es famoso el caso de la enferma Marie Bayllie Ferrant, que fue examinada por Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina.

 Él mismo cuenta el caso en su libro Viaje a Lourdes.

Acompañaba por curiosidad una peregrinación de enfermos a Lourdes. Era escéptico. Entre los enfermos escogió a Marie Bayllie por parecerle que era el caso más desesperado. Llegó a decir: «Si esta enferma se cura, sería un milagro verdadero. Entonces yo creería». La enferma tenía peritonitis tuberculosa en último grado. Él mismo la había desahuciado como un caso perdido. Sin embargo en Lourdes, ante los ojos atónitos de Alexis Carrel, aquel abdomen voluminoso descendió instantáneamente a su volumen normal. Él examinó a la enferma y la encontró curada. Cumplió su palabra. Se convirtió al catolicismo, y murió católico[39] .

El doctor Leuret, Jefe de la Oficina Médica de Lourdes ha publicado un libro, traducido al español por la Editorial FAX titulado Curaciones milagrosas modernas, donde se narran varios casos con los nombres de los enfermos, reproducciones de las radiografías, etc., y las firmas de los médicos que certifican las curaciones inexplicables desde el punto de vista científico.

 

La Iglesia ha aprobado recientemente un nuevo milagro en Lourdes:

«Jean-Pierre Bély quedó curado instantáneamente de esclerosis múltiple.

LOURDES, 11 feb (ZENIT).- Lourdes ha vuelto a ser testigo de un milagro. A las 10:00 de la mañana, en la basílica subterránea, el obispo de Lourdes y Tarbes, monseñor Jacques Perrier, proclamó oficialmente, durante la solemne celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, la aprobación eclesiástica de un milagro que tuvo lugar hace doce años en la gruta y rigurosamente comprobado por la Oficina Médica del santuario mariano. 

Es la historia de Jean-Pierre Bély, quien cuando vino a Lourdes tenía 51 años y sufría una grave forma de esclerosis múltiple, curada instantánea, completa y duraderamente. En la tarde de hoy, el señor Bély participó en su localidad natal de Angulema, en una celebración de acción de gracias por el obispo de esa ciudad.

Desde 1972, Jean-Pierre Bély, casado y padre de dos hijos, enfermero de la sección de oftalmología del Hospital de Angulema, comenzó a experimentar síntomas dramáticos, como expresión de la destrucción selectiva de la mielina del sistema nervioso central.

El diagnóstico del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Poitiers fue claro: esclerosis múltiple.

A partir de 1984, Jean-Pierre comenzó a caminar con un bastón, pues sus miembros no soportaban el peso de su cuerpo.

Tuvo que abandonar definitivamente su trabajo.

En febrero de 1985 la silla de ruedas se convirtió en el único sistema para poder moverse.

De hecho, desde 1986 perdió la posibilidad de ponerse de pie. 

En 1987, el señor Bély presentaba un cuadro neurológico desastroso, que justificó la atribución de una pensión de invalidez del 100 por ciento.

Según revela «Lourdes Magazine» (http://www.lourdes-france.com), el periódico oficial del Santuario de los Pirineos, la sorpresa tuvo lugar el 9 de octubre de 1997, durante una peregrinación al Santuario de Lourdes.

Ese día, tras la confesión del día anterior, recibió el sacramento de la unción de los enfermos durante una misa en la explanada. En ese momento, el señor Bély experimentó cómo le invadía un poderoso “sentimiento de liberación y de paz” interior como nunca antes había experimentado.

A mediodía, cuando descansaba en la sala de los enfermos, experimentó una sensación de frío cada vez más fuerte hasta el punto de que se hizo casi dolorosa. A continuación, se apoderó de él una impresión de calor que se fue haciendo también cada vez más intensa y penetrante.

De este modo, se dio cuenta de que estaba sentado en su cama y de que comenzaba “a mover los brazos y a sentir el contacto de la piel”.

En la noche que siguió, Bély se despertó brutalmente de un profundo sueño y, en ese momento, tuvo la sorpresa de “poder caminar por la primera vez desde 1984”. Los primeros pasos eran inseguros, pero rápidamente su caminar cobró la normalidad.

Para no destacarse de sus “compañeros de enfermedad”, Jean-Pierre dejó Lourdes en la silla de ruedas, como si todavía estuviese inválido.

Llegado a la estación, decidió finalmente subirse por sus propias fuerzas al tren y viajar sentado a su regreso a Angulema.

Desde entonces ha recuperado la integridad de sus facultades físicas.

Objetivamente, su curación, doce años después, parece completa y estable.

El señor Bély no presenta ninguna irregularidad neurológica.

Su resistencia física es excelente. Le han abandonado totalmente los síntomas de la esclerosis.

Exactamente un año después,  el jueves 6 de octubre de 1988, declaró su curación a la Oficina Médica de Lourdes y desde entonces ha sido analizado anualmente por los médicos convocados por el médico permanente de esa institución.

Asimismo ha sido examinado atentamente por los médicos que habían seguido su caso, en particular por el jefe del servicio médico del Hospital Universitario de Poitiers.

La conclusión en todo momento ha sido la misma: “evolución inesperada y excepcional”.

El 17 de junio de 1992, se realizó un primer examen a petición del Comité Médico Internacional de Lourdes, segunda instancia de control del Santuario. El equipo médico concluyó que “una curación de este tipo no es sólo anormal sino también inexplicable, teniendo en cuenta los conocimientos actuales de la ciencia”.

En noviembre de 1992, el Comité exigió una prórroga de observación de dos años suplementarios para respetar los criterios que permiten hablar de “curación definitiva”.

El 28 de septiembre de 1994, Jean-Pierre fue sometido a un nuevo examen médico.

Entre el 15 y el 16 de noviembre se decidió pedir el parecer de los médicos que habían examinado al paciente durante su enfermedad. De este modo, el 8 de febrero de 1999, el doctor Patrick Theillier, médico responsable de la Oficina Médica de Lourdes, después de que los miembros del Comité Médico Internacional de Lourdes se pronunciaran por votación favorablemente, resumió así el caso: “Es posible concluir con un buen margen de probabilidad que el señor Bély ha sufrido una afección orgánica de carácter de esclerosis múltiple en estado avanzado. La curación brutal experimentada durante la peregrinación a Lourdes corresponde a un hecho anormal e inexplicable en virtud de los conocimientos de la ciencia. Es imposible decir algo más hoy día desde el punto de vista científico. Corresponde a las autoridades religiosas pronunciarse sobre las otras dimensiones de esta curación”.

A continuación, monseñor Claude Dagens, obispo de Angulema, escribía: “En nombre de la Iglesia, yo reconozco públicamente el carácter auténtico de la curación de la que se ha beneficiado el señor Jean-Pierre Bély en Lourdes, el viernes 9 de Octubre de 1987. Esta curación inmediata y completa es un don personal de Dios para este hombre, y un signo efectivo de Cristo Salvador, que se ha realizado por la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes”»[40].

 

Voy a dar cuenta aquí de dos «hechos milagrosos» de los cuales tengo en mi poder acta notarial.

Miguel Juan Pellicer, de 23 años, labriego de profesión, regresando del campo, se cae del carro, una rueda le pasa sobre una pierna y se la tienen que cortar. Le ponen una «pata de palo», y así está dos años y medio pidiendo limosna en la puerta de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Todo Zaragoza le conoce como el Cojo de Calanda. Calanda era su pueblo.

Él le pedía a la Virgen del Pilar que no quería ser mendigo toda su vida, y una mañana amanece con las dos piernas. Todo Zaragoza que le había visto durante dos años y medio con la pierna cortada y la «pata de palo», lo ve ahora con las dos piernas.

De esto hay acta notarial, firmada por veinticinco testigos. El original está en el despacho del Alcalde de Zaragoza.

Cuando yo estuve en Zaragoza dando conferencias en la Parroquia de Santa Engracia, un día me fui al Ayuntamiento a ver este acta notarial, y el secretario del Alcalde, amablemente, me regaló una edición facsímil que tengo en mi poder.

Sobre este milagro ha escrito un libro titulado El gran milagro el conocido escritor italiano Vittorio Messori.

En este libro dice los siguiente:

«En total, las actas del proceso contienen un total de ciento veinte nombres, ilustres o humildes, entre jueces, notarios, procuradores, alguaciles, testigos “de prueba”, testigos “de laboratorio”, médicos, enfermeros, sacerdotes, posaderos, campesinos, carreteros...»[41].

Y más adelante:

«Gracias a los trasuntos y protocolos, el milagro de Calanda aparece documentado con una seguridad tal que satisface incluso las exigencias de la crítica más exigente. (...) La inmensa mayoría de los hechos del pasado (incluso los más sobresalientes) están atestiguados con una certeza documental y unas garantías públicas mucho menores»[42] .

     Vittorio Messori contestó en una entrevista que le hizo José Ángel Agejas para EL BOLETÍN INFORMATIVO CATÓLICO ZENIT en INTERNET:

    «Quienes me conocen saben que yo soy un converso, que no nací cristiano. Desde que, tras haber estudiado en la universidad laica, en Turín, descubrí la fe, el cristianismo, siempre he tratado de razonar sobre el Evangelio, de buscar los motivos de credibilidad de la fe. Pues bien, en esta investigación sobre las razones de la fe, me he ocupado también de los milagros, esos signos de credibilidad. Por ejemplo, he estudiado mucho, entre otros, los hechos de Lourdes. Me convencí así de que el Dios cristiano tenía un estilo, una estrategia: la de respetar la libertad de sus creaturas. Para decirlo con la expresión de Pascal, “el Dios cristiano da siempre suficiente luz para creer, pero deja suficiente sombra para dudar”. Lo que significa que la fe no es una imposición, sino una propuesta, de modo que también en los milagros, Dios deja sitio para la duda, precisamente para respetar nuestra libertad, para no obligarnos a creer»[43] .

 

Otro caso es de Manuela Cortés Colmillo, a quien yo conocí personalmente. Vivía en un cortijo cerca de El Puerto de Santa María, en Cádiz. No tenían luz eléctrica. Se alumbraban con candiles de carburo. Un día le reventó en las manos un candil y le quemó los ojos.

Estuvo seis meses con los ojos «como los de una pescadilla frita» en frase de la familia.

La trataba el Dr. D. José Pérez-Llorca. A los seis meses, ante una pregunta de la hija que acompañaba a la enferma, el doctor certifica que la ceguera era irreversible.

Al volver a casa, ella desconsolada, le pide a la Virgen de Fátima: «Madre mía Santísima, tú que eres tan milagrosa, por mis nueve hijos, que yo vea». En ese instante recuperó la vista.

En un taxi se fueron a ver al médico.  Éste, que a las doce del mediodía había diagnosticado ceguera irreversible, y a las tres de la tarde se le presenta la mujer con los ojos como nosotros, repetía: «Esto no tiene explicación».

De este hecho tengo un acta notarial donde firman treinta y dos testigos: hijos, nueras, yernos, vecinos y, sobre todo, el médico que la trató, D. José Pérez-Llorca, Miembro de la Real Academia de Medicina, Presidente de la Sociedad Oftalmológica Española, General Inspector del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Este doctor, treinta años catedrático de oftalmología y uno de los más prestigiosos de España en Oftalmología Clínica, firmó ante notario: «Me quedé sorprendido de aquella repentina e inexplicable curación de aquella ceguera que yo acababa de diagnosticar irreversible».

 

También tengo copia del Acta notarial de D. Leonardo Herrero Miranda Notario de Picasent (Valencia) en que se narra la curación de la Hermana Remedios Pagant Coloma, a quien conocí personalmente. Al final, la firma del Notario va acompañada de la firma de veinte testigos.

En el texto de este Acta se dice «que a los 30 años tuvo un tumor en el hígado con ictericia negra del cual sólo se salvan el 1% de los que la padecen. Sufrió cinco operaciones. La última fue para abrir y cerrar, pues el hígado estaba deshecho.

No querían llevarla a Lourdes porque temían se muriera en el camino. El Arzobispo de Valencia D. Marcelino Olaechea dijo: «Estos son los enfermos que hay que llevar a Lourdes».

Por fin se decidieron a llevarla. En el camino entró en coma, asegurando que desde Sagunto a Lourdes no se enteró absolutamente de nada.

En el viaje iba con gotero y dos enfermeras continuamente a su lado para hacerse cargo del cadáver, porque esperaban la muerte de un momento a otro. Llevaban todos los papeles arreglados para poder trasladar el cadáver.

Al llegar a Lourdes le quitaron el gotero para poder meterla en la piscina. Nada más tocar con los pies el agua, vio como una luz y sintió como si le quitaran «diez arrobas de peso de encima, y como pasar de un morir a un resucitar». Son palabras textuales de ella.

Inmediatamente se le quitaron los dolores que tenía desde hacía seis años. Dolores tan fuertes que a veces perdía el conocimiento y tenían que administrarle morfina y Pantopón. Llegando a tener a veces hasta 42 grados de fiebre.

La metieron en la piscina entre dos personas y salió sola por sus propias fuerzas. Se le quitó de repente la fiebre que en aquellos momentos era de 40 grados. Al salir tenía 36’5º de temperatura.

Inmediatamente pidió comer pollo, que hacía años que no lo probaba.

Desde aquel momento se encontró perfectamente hasta hoy, que a los 23 años de la curación, se encuentra ágil y sana. Trabaja de cocinera en un colegio. Del hígado jamás volvió a tener nada. Le han hecho 25 placas y no hay señal alguna de tumor.

La trataron durante seis años los catedráticos del Aparato Digestivo de Valencia, Doctores. D. Francisco Gómez y D. Fernando Carbonell.

El historial de este caso está en la Oficina Médica de Lourdes».

 

Los milagros confirman nuestra fe en Cristo, en la Virgen y en la Iglesia Católica.

 

37,14. Una confirmación de que la Iglesia Católica es la verdadera, es la cantidad enorme de convertidos que se han pasado al catolicismo desde el protestantismo y desde el ateísmo, después de un detenido estudio de la religión católica.

Muchos protestantes no se hacen católicos porque desconocen la Iglesia católica.

 Pero los que la estudian se hacen católicos. es el caso del célebre historiador protestante Ludovico Pastor, que se convirtió al catolicismo estudiando la Historia de los Papas[44] . Y lo mismo el cardenal Newman, que era pastor protestante. Y es que la belleza de las cristaleras de una catedral se aprecia mejor desde dentro que desde fuera.

Por añadir algunos nombres citaremos al Premio Nobel de Física, Max Planck, que era luterano y se convirtió al catolicismo[45] , Scott, pastor protestante, que se convirtió al catolicismo como fruto de sus estudios bíblicos[46] , y a Enrique Shlier, gran exégeta luterano alemán, discípulo de Martín Heidegger, Karl Barth, y Rudolf Bultmann, que es actualmente catedrático de Nuevo Testamento en la Universidad de Bonn (Alemania) y es un conocedor de San Pablo de los mejores del mundo. Su comentario a la Carta de los Efesios es el mejor que existe. Se convirtió al catolicismo estudiando la fe de la Iglesia Católica, y comprobar que es idéntica a la de los Padres de la Iglesia[47] . Fue recibido en la Iglesia Católica el 24 de Octubre ce 1953. Lo que le condujo a la Iglesia Católica fue «la imparcialidad de una leal investigación histórica»[48] 

 

En Estados Unidos se convierten al catolicismo 150.000 personas al año[49] .

 

Del 2 al 9 de noviembre del 2000 se celebró en Roma el Jubileo de los convertidos a la Iglesia Católica. Participaron más de setecientos. Quinientos provenían del protestantismo y cien del anglicanismo[50].

 

Es notable el número de conversiones al catolicismo de anglicanos[51]  .

Fue célebre la conversión al catolicismo de John Henry Newman. Era un culto ministro del anglicanismo que abrazó el catolicismo el 9 de octubre de 1845. Se ordenó sacerdote católico en 1847. León XIII lo nombró cardenal en 1879, y murió el 11 de agosto de 1890. En 1991 Juan Pablo II ha iniciado su beatificación[52].

San Edmundo Campion, S.I., fue Profesor de la Universidad de Oxford, y prestó juramento anticatólico en 1564. Pero más tarde, estudiando a los Santos Padres, asignatura que explicaba, se convirtió al catolicismo, entró en la Compañía de Jesús y fue martirizado el 1º de  Diciembre de 1581[53] .

También fue notable la conversión de los célebres escritores Chesterton y Graham Greene, y hasta la Duquesa de Kent, prima de la reina de Inglaterra, bautizada el 14 de enero de 1994 por el Cardenal Hume[54] .

También se han convertido recientemente al catolicismo dos ministros del gobierno británico: John Gumer y Ann Widdecombe[55] y el obispo anglicano de  Londres, el Dr. Graham Leonard[56] . Un párroco anglicano de la localidad inglesa de Bath, Michael Fountaine, de 34 años de edad, se pasó al catolicismo con todos sus feligreses[57] 

Lo mismo hizo Leslie Hamlet, Vicario Anglicano de St. John’s Church de Stoke-on-Trent (Inglaterra), que se convirtió al catolicismo con todos sus feligreses[58] . A principios de 1991 se han convertido al catolicismo cuatro pastores protestantes[59]   En octubre de 1996 el Cardenal Hume ordenó sacerdotes católicos a diez pastores anglicanos[60] .

Tras la decisión de la Iglesia anglicana de ordenar sacerdotes a mujeres, más de un centenar de pastores anglicanos se han convertido al catolicismo y muchos de ellos han recibido la ordenación sacerdotal en el seno de la Iglesia católica. Entre ellos, se encuentra Graham Leonard, quien fue arzobispo anglicano de Londres y tercero en la jerarquía de la Iglesia anglicana[61] . Estuvo en Madrid en el VI Congreso Internacional «CAMINO DE ROMA», donde se congregaron muchos convertidos al catolicismo. Allí dijo: «La unidad de las Iglesias, para que sea auténtica, debe estar basada en la verdad. Y la unidad en la verdad la debe asegurar el Papa por su autoridad de jurisdicción»[62] .

«En un año, más de once mil anglicanos de Gran Bretaña han pedido entrar en la Iglesia Católica»[63].

«Se calcula que más de veinticinco mil anglicanos han pedido la admisión dentro de la Iglesia Católica. Entre ellos varios obispos y decenas de pastores anglicanos; algunos de ellos acompañados de la práctica totalidad de los fieles de sus parroquias»[64].

En Diciembre de 2003, toda una diócesis anglicana se pasó a la Iglesia Católica[65] .

Recientemente se ha convertido al catolicismo Charles Moore, un converso ilustre, director del «Daily Telegraph» el diario con más difusión en el Reino Unido[66]

Scott Hahn,pastor protestante y profesor de Teología, se hizo católico al comprobar que la salvación «sólo por la fe» (sola fide) de Lutero no estaba en la Biblia[67] . También comprobó que tampoco estaba en la Biblia la afirmación básica protestante de que para salvarse basta la Sagrada Escritura (sola Scritura), menospreciando la Tradición[68] .

 

También es notable la conversión de Herald Riesenfeld, luterano sueco,[69] profesor de Nuevo Testamento de la Universidad de Úpsala[70], Eric Peterson, uno de los mejores conocedores de la Antigüedad Cristiana, y Luis Bouyer, Profesor del Instituto Católico de París y autor de varias obras exegéticas.

 

Recientemente se ha convertido al catolicismo el célebre escritor alemán  Ernest Jünger. Dos años antes de su muerte, el 17 de febrero 1998 cuando ya tenía casi 103 años, el escritor alemán pasó de la Iglesia protestante a la católica. La fuente de esa noticia es el párroco de Wilflingen, el P. Roland Niebel, durante una conversación con Heimo Schwilk, un investigador que desde hace tiempo está preparando una biografía de Jünger. Para Schwilk el testimonio del párroco viene confirmado por la celebración en la Iglesia católica de los ritos fúnebres del escritor.

Todavía no se conocen los motivos por los que tuvo lugar la conversión. Posiblemente la respuesta está en algunos diarios de Jünger que todavía no han sido publicados.  (La República, 19/2/99)»[71].

 

Después de la firma en 1999 del documento sobre la Doctrina de la Justificación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, se ha convertido al catolicismo el obispo luterano Michel Viot, de 57 años[72] .

38.- Jesucristo fundó la Iglesia Católica para comunicarnos por ella las ayudas necesarias para ser mejores y salvarnos eternamente.

Para ello la hizo depositaria de su doctrina y de todos los medios de salvación.

 

38,1. Dice la Carta a los Hebreos:«Dios ha hablado a los hombres»[73] .

«Dios quiso que lo que había revelado para la salvación de todos los pueblos se conservara para siempre íntegro, y fuera trasmitido a todos los tiempos»[74] .

«La Revelación concluyó con los Apóstoles»[75].

 

La misión de la Iglesia es señalar el camino de la salvación eterna de los hombres por medio de la doctrina de Cristo y los sacramentos por Él instituidos.

Jesucristo estuvo en la Tierra pocos años. Para que su obra redentora pudiese continuar a través del tiempo, dejó una institución que cuidara de su doctrina, y ayudara a los hombres a conseguir la salvación eterna[76] . Como San Pedro y los Apóstoles iban a vivir un número limitado de años, para que la Iglesia durara hasta el final de los tiempos como Cristo prometió[77] ellos necesitaban tener sucesores.

Cristo dio a San Pedro autoridad para «atar y desatar. esto es, obligar en conciencia»[78] .

«Jesús ha querido valerse de los hombres, como ministros suyos, para llevar adelante su obra redentora»[79] .

 

38,2. El hombre no puede conocer bien a Dios, si Dios no se manifiesta al hombre. A esta manifestación se le llama Revelación[80] . Por ejemplo, el dogma de la Santísima Trinidad el hombre sólo lo conoce por revelación[81] .

 

    La Revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Sí mismo y de aquellas otras verdades necesarias o convenientes para la salvación eterna.

«Al revelarse Dios a sí mismo quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas»[82] .

 

«La revelación presupone los hechos y palabras exteriores, que percibimos por los sentidos, pero acontece fundamentalmente en el corazón del hombre. Los hechos exteriores necesitan de una luz interior; el mensaje que desde fuera nos es ofrecido necesita pulsar nuestro corazón con una fuerza que permita a nuestra libertad abrirse con alegría a sus exigencias. Por ello la revelación tiene su expresión correlativa en la fe, que es igualmente don divino»[83] .

 

La doctrina revelada por Dios se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que nos ha transmitido las verdades de la fe oralmente.

No todas las verdades de la fe están en la Biblia. Algunas las conocemos sólo por la Tradición. Por ejemplo: todos sabemos que Jesucristo fue soltero, pero esto no está en ningún versículo de la Biblia.

Por eso el principio protestante de «sólo la Escritura» no es válido. Pues además esto supone que cada uno tiene su Biblia para poder leerla