95.- El pecado original
es el pecado que cometieron nuestros
primeros padres, y que heredamos al nacer todos menos
95,1.
Dios le
concedió este privilegio en atención a que iba a ser Madre de Jesucristo.
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96.-
El pecado original se lava con el
sacramento del bautismo.
96,1. El
sacramento del bautismo, al lavarnos el pecado original, infunde en nuestra alma
la gracia santificante y nos hace miembros de la Iglesia, hijos de Dios y
herederos del cielo[1] .
En el mundo
hay muchos paganos sin bautizar. Por eso, los misioneros dejando familia, patria
y todo, se van a lejanas tierras para instruirlos, bautizarlos y hacerlos hijos
de Dios.
Jesús
dijo a los apóstoles: Seréis mis testigos hasta los confines de la
tierra[2] .
Podemos y
debemos ayudar a la obra de los misioneros con nuestras oraciones, nuestros
sacrificios y nuestras limosnas. Tenemos obligación de esto, pero según las
posibilidades de cada uno.
Las Obras Misionales Pontificias mantienen en
el Tercer Mundo:
Ochocientas
ochenta y tres leproserías.
Cinco mil
Hospitales.
Ocho mil
Orfanatos.
Doce mil
Asilos
Diecisiete
mil Dispensarios y Ambulatorios.
- 81.400
seminaristas.
- 10.000
novicios/as.
- 22.500
centros de asistencia sanitaria.
- 183.000
centros educativos[3].
El Vaticano
ha podido distribuir, por petición del Papa, cinco millones de dólares en
1997, siete millones en 1998, y nueve millones en 1999. Estas ayudas han sido
destinadas a ayudar a las poblaciones afectadas por catástrofes naturales o
humanas[4].
Sólo la
Compañía de Jesús educa en Hispanoamérica más de UN MILLÓN de niños en las
Escuelas Gratuitas de Promoción Popular, Fe y
Alegría.
Su sede en
España está en Barquillo, 40, 2º, dcha.
28004-Madrid.
FAX: 91 319
40 28.
Correo
electrónico (e-mail):fya@eurosur.org
Para
mantener todo esto hace falta mucho dinero, y muchos misioneros y misioneras.
España es el
país del mundo que tiene más misioneros: 25.000[6] .
Los
misioneros católicos en el mundo son más de 200.000[7].
Según el CIS
(Centro de Investigaciones Sociológicas), el 85% de los españoles se declaran
católicos[8].
Según
reciente estudio en España se declaran católicos el 90% de los
españoles[9].
Sólo el 1,6 % se declara creyente en
otras religiones[10] .
A veces se
oye decir:
«Dejaos de ir a las misiones.
Primero instalemos bien la Iglesia aquí».
Esto es no
entender la catolicidad de la Iglesia.
La Iglesia
es católica, es decir, universal.
Tiene que
instalarse en la humanidad entera.
No puede
limitarse a un pueblo o a una raza.
Su caridad
universal se extiende a todos sin distinción.
Lo mismo a
los pueblos en decadencia, que a los de brillante porvenir.
Donde haya
un alma, allí está la Iglesia.
Las misiones
son una actualización de la catolicidad de la
Iglesia.
Dijo el Papa
Juan Pablo II: «Al afirmar que la
Iglesia es católica, queremos decir que es evangelizadora, misionera y
apostólica; si no tuviera estas características no sería
Julián Marías
en una entrevista publicada en el
diario LA RAZÓN dijo: «El que el clero se ocupe tanto de las cosas puramente
temporales es un problema. (...) Hace años vi en televisión unas declaraciones
de unos misioneros. Decían: “Les enseñamos a cultivar la tierra y a curar las
enfermedades. No tratamos de convertir a nadie”. Yo pensé: “Entonces, ¿para qué
son misioneros? Para esas labores sería mejor mandar peritos agrícolas, médicos
y enfermeros. Si un misionero no comunica la religión, no es misionero”. Las
otras cosas son muy buenas. Pero no es la labor propia de un misionero. Y desde
luego, no la principal»[12].
«Suma
perplejidad produce en el cristiano de a pie el escuchar (...) que las misiones
no tienen razón de ser en nuestro mundo actual, donde han de prevalecer las
libertades personales. Se trata de suplantar el deber de evangelizar de
»Juan Pablo II sale al paso de estas
opiniones en su encíclica Ad
gentes diciendo[13]: “Esta
concepción es irreconciliable con el mandato de Cristo a sus Apóstoles: ´Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda
criatura´[14]; enseñándoles a
guardar todo lo que Yo os he mandado[15]’”
»Por eso
dice San Pablo: «Ay de mí si no
evangelizo».[16]
»Quede bien
claro que hoy como ayer y como siempre son necesarias las
misiones.
»Una cosa
son la misiones, y otra muy distinta el diálogo interreligioso»[17].
España, a lo
largo de su historia, se ha distinguido siempre en la defensa y propagación de
la fe católica. Vittorio Messori,
ese gran luchador de nuestro tiempo en defensa de
Dos palabras
sobre la obra de España en América: la mayor obra de evangelización de la
historia.
Es para
España un honor que la mayoría de las oraciones que llegan al cielo lo hacen en
lengua española.
Todo comenzó
con Isabel la Católica, pues su
esposo el rey Fernando de Aragón
no quiso comprometer el dinero de su Corona.
El principal
motivo de la reina fue la evangelización.
«Confirma en
su testamento que el principio inspirador de toda la conquista fue especialmente
la evangelización»[19] .
Escribió el
23 de Noviembre de 1504, tres días antes de morir, que su principal intención en
la conquista de América no fue aumentar los territorios de su Corona, sino la
conversión de los indios a la Fe Católica[20] .
Su
preocupación evangelizadora se evidencia en las normas que dio al gobernador
Nicolás de Ovando en 1501: «Nos
deseamos que los indios se conviertan a nuestra santa fe católica e sus ánimas
se salven»[21].
Recientemente se ha introducido la
causa de beatificación de Isabel la Católica.
El cardenal
Darío Castrillón Hoyos, prefecto
de la Congregación para el Clero, apoyó este martes la propuesta de
beatificación de la reina española Isabel la Católica, a la que calificó de «una
gran humanista, verdadero paladín de su época y entusiasta del Evangelio». «Sin
Isabel la Católica, América no sería lo que es» afirmó el cardenal Castrillón, al subrayar el «humanismo
cristiano» de la reina castellana.[22]
Evidentemente que en una obra tan
gigantesca como fue la evangelización de América hubo luces y sombras,
como en toda obra humana.
Lo mismo que
en la conducta en América de ingleses, franceses y holandeses.
Pero como
dijo Juan Pablo II: «En la
evangelización de América hay mucha más luz que
sombras».
El premio
Nobel Octavio Paz ha dicho que la
diferencia entre la colonización de España y las colonizaciones de otros países
está en la preocupación de España por evangelizar.
Es
indiscutible la conciencia evangelizadora de España, que en multitud de
ocasiones salió en defensa de los indios oprimidos[23] .
Unos con
ideas, como los dominicos Bartolomé de las
Casas, a pesar de sus exageraciones, motivadas por su celo
apostólico, y Francisco de Vitoria, desde la
cátedra donde repetía que la fe no
se puede imponer por la fuerza.
Otros con el
ejemplo de su vida, como el jesuita San Pedro
Claver, que se hizo «esclavo de los esclavos» para llevarlos a
Jesucristo.
Los indios
americanos fueron también defendidos por
La obra
colonizadora de España no se limitó a evangelizar, también elevó el nivel
cultural de los indios.
Se
levantaron colegios y universidades, se instalaron imprentas, se hicieron
diccionarios y gramáticas que han perpetuado las lenguas indígenas, y algunos
indios llegaron a hablar el latín mejor que los españoles. Incluso,en opinión de
Pedro Borges, Profesor de
Pero, sobre
todo, se erradicó el canibalismo y los sacrificios
humanos.
96,2. «Los
sacramentos son signos sensibles, instituidos por Cristo, para conferir la gracia que
significan»[24] .
Los
sacramentos son ritos, ceremonias sagradas (que incluyen palabra y acción),
instituidos por Jesucristo[25] , que,
si se reciben con buenas disposiciones, dan vida sobrenatural al alma, es decir,
nos dan la gracia santificante[26] , o
nos la aumentan cuando ya estamos en gracia.
Los
sacramentos son los medios de salvación que Jesucristo dejó en su Iglesia para los
hombres.
Son siete:
bautismo, confirmación, penitencia (confesión), eucaristía, unción de los
enfermos, orden sacerdotal y matrimonio.
El Concilio
de Trento definió que los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo[27] .
El Evangelio
nos habla de la institución de
cinco sacramentos: bautismo[28] ,
eucaristía[29] ,
penitencia[30] ,
orden sacerdotal[31] y
matrimonio[32] .
De la
confirmación y de la unción de los enfermos no habla el Evangelio, pero nos dice
el Nuevo Testamento que existían en tiempo de los Apóstoles; por lo tanto,
tuvieron que ser instituidos por Jesucristo como los
anteriores.
De la
confirmación se nos habla en los Hechos de los Apóstoles[33] .
Y de la
extremaunción en la Epístola de Santiago[34] .
También se
habla de la institución del sacerdocio en los Hechos de los
Apóstoles[35] , y
del matrimonio en San
Pablo[36] .
Los
sacramentos deben celebrarse según las normas
litúrgicas.
Dice el
Código de Derecho Canónico: «En la celebración de los sacramentos, deben
observarse fielmente los libros litúrgicos aprobados por la autoridad
competente; por consiguiente nadie añada, suprima o cambie nada por propia
iniciativa»[37].
Para que
haya sacramento se requiere:
a) Un signo
sensible.
b)
Instituido por Cristo.
c) Que tenga
la virtud de producir la gracia.
Todo
sacramento consta de cuatro elementos:
a) Materia o
cosa sensible: son los elementos materiales que se utilizan, agua,
óleo...
b) Forma o
palabras que utiliza el ministro con la intención de hacer lo que hace la
Iglesia, es decir, administrar el sacramento de acuerdo con la voluntad de
Cristo..
c) Ministro
o persona que lo ejecuta.
d) Sujeto o
persona que lo recibe.
Hay tres
sacramentos que imprimen carácter.
«Carácter»
significa en griego «sello imborrable».
Estos
sacramentos imprimen un sello indeleble. Es decir, ponen un sello espiritual en
el alma que no se borra jamás[38] .
Por eso sólo
se pueden recibir una vez[39] . No
se pueden repetir. Son: bautismo, confirmación y orden sacerdotal. Es de fe que
el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal imprimen
carácter[40] .
Los
sacramentos son fundamentalmente acciones de Cristo[41] :
«Cuando Pedro bautiza es Cristo quien bautiza»[42] .
«La gracia
sacramental no depende de la santidad del ministro, sino de Cristo que actúa por medio de
él»[43] .
Esto, técnicamente, se llama «ex opere
operato».
Pero el
provecho espiritual del sacramento, sí depende de la disposición del que lo
recibe[44] .
Esto, técnicamente, se llama «ex opere
operantis».
«Al celebrar
un sacramento, el ministro ha de tener la intención de realizar la acción
sacramental que Cristo confió a su
Iglesia. Sin embargo, el poder santificador de los sacramentos no depende ni de
la fe, ni de la santidad de los ministros, porque cuando alguien bautiza o
perdona, es el mismo Cristo quien
bautiza o perdona»[45] .
Las
condiciones de validez y licitud de cada sacramento compete a la Iglesia
determinarlo, pues a ella confió Cristo esta misión[46] .
Cada
sacramento añade una gracia específica a la gracia ordinaria. No es una
diferencia entitativa, sino moral: según los fines de cada
sacramento[47] .
Para la
recepción válida y lícita de los sacramentos se requiere estar bautizado (menos
para recibir el bautismo) y en gracia de Dios (menos para recibir la
absolución)[48] .
«Los
sacramentos son la principal fuente de santificación que tiene la Iglesia de
Jesucristo[49] .
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97.-
Es obligatorio recibir el bautismo,
la confesión y la comunión; pero, además, deben recibir el matrimonio los que
quieran casarse, y todos la unción de los enfermos en la hora de la
muerte.
97,1.
La confirmación no es
absolutamente obligatoria para salvarse, pero todos los que aún no la hayan
recibido deben recibirla, si se les presenta la ocasión oportuna[50] , pues
ayuda a conseguir con mayor facilidad la salvación
eterna.
El sacramento del
orden
«El matrimonio y el orden sacerdotal son
sacramentos de estado. Lo cual significa que ambos sacramentos no se reciben
tanto con vistas a la salvación individual, como para ocupar un determinado
estado dentro de la Iglesia, para, dentro de él, servir a la comunidad.
De modo que
estos sacramentos los recibe el individuo menos para sí mismo que para los
demás: los esposos deberían partir siempre del supuesto de que cada uno consigue
las gracias necesarias más bien para el otro cónyuge que para sí
mismo»[51].
97,2.
BAUTISMO. Es un sacramento por el
que lavándonos con el agua e invocando a
El bautismo,
además de lavar el pecado original, perdona cualquier otro pecado personal que
tuviere el que se bautiza[53] , si
recibe el bautismo después de tener uso de razón (con tal que tenga el debido
arrepentimiento), y todas las penas debidas por ellos[54]
El bautismo
nos introduce en la Iglesia[55] haciéndonos cristianos,
miembros de la Iglesia, hijos adoptivos de Dios y herederos del
cielo[56] .
Por el
bautismo nacemos a una nueva vida, a la vida de la gracia, a la vida de la
fe[57] .
Como el
bautismo es la puerta para entrar en la Iglesia, «sin haber recibido el bautismo
no se puede recibir válidamente
ningún otro sacramento»[58] .
Los Testigos de
Jehová imponen el bautismo de inmersión
(por medio del baño) considerando inválida toda otra forma, basados en que
Cristo lo recibió así en el
Jordán.
Pero desde
los primeros tiempos del cristianismo, en la Iglesia se empleó también el de
ablución, como lo hace hoy la Iglesia.
Si San Pablo bautizó en la cárcel al
carcelero[59] , no
es probable que lo hiciera por inmersión. El mismo San Pablo fue bautizado por Ananías en una casa, y tampoco es probable
que fuera por inmersión[60] .
Lo mismo
San Pedro cuando el día de
Pentecostés bautizó a tres mil[61] ; no
es fácil fuera por inmersión.
En las
Enseñanzas de los Apóstoles, escritas en el año 70 del siglo I, se habla del
modo de bautizar derramando agua sobre la cabeza[62] .
El catecismo
más antiguo que se conoce, con la Doctrina de los Apóstoles, es la Didajé, escrito el año 70 de nuestra era,
cuando todavía vivían muchísimos discípulos de Cristo, dice [63] :«si
no hay agua corriente, para bautizar se derrama agua tres veces en la
cabeza».
Es decir,
desde los primeros años del cristianismo el bautismo se realizaba por
infusión, derramando agua sobre la cabeza del bautizando[64] .
«El bautismo
se ha de administrar por inmersión o por infusión, de acuerdo con las normas de
la Conferencia Episcopal»[65].
Cuando un
niño nace, debe ser bautizado
enseguida, para que se le perdone el pecado original y quede hecho
cristiano.
Pero «privar
voluntariamente a los niños durante largo tiempo de este sacramento puede ser un
pecado grave»[67] .
El actual
Código de Derecho Canónico dice que los hijos deben bautizarse en las primeras
semanas[68] .
«Ya desde
los primeros tiempos, la Iglesia introdujo la práctica del bautismo de los
niños. Orígenes (siglos III y
IV) y San Agustín (siglos IV y V) ven en esta costumbre una tradición
recibida de los Apóstoles[69] .
No es
absolutamente cierto que puedan salvarse los niños que mueren sin bautismo.
Como tampoco
es absolutamente cierto que no puedan salvarse.
Dios puede
tener para salvarlos medios extraordinarios que nosotros desconocemos.
Por eso la
Iglesia tiene una misa para estos niños, confiándolos a la misericordia de
Dios[70] .
«La
misericordia de Dios nos hace confiar que haya un camino de salvación para los
niños que mueren sin bautismo»[71] .
Pero es
claro que si en caso de enfermedad mortal se dispone de dos medicinas, una que
cura y otra que no estamos seguros de que cura, todo el que tenga sentido común
aplicará la primera.
La
existencia de limbo no es dogma de
fe[72]..
El limbo es
«el lugar o estado de los que han muerto sólo con el pecado original.
No pueden
entrar en el cielo; ni tampoco ir al infierno ni al purgatorio, pues no tienen
pecados personales»[73] .
«El
limbo es un estado de felicidad natural. pero sin la visión de Dios, que es el
elemento esencial del cielo»[74] .
Esta
carencia de Dios en el limbo no supone sufrimiento, como en el infierno, pues
los del limbo carecen de razón, y nadie desea lo que
desconoce.
El limbo es
una conclusión teológica defendida hoy por casi todos los teólogos
católicos[75] .
Pero no
sabemos si Dios tiene modo de salvar a los niños que han muerto sin bautismo y
que por lo tanto no tienen derecho al cielo.
Dice
Monseñor Alessandro Maggiolini,
teólogo, y uno de los redactores del Catecismo de
»Tiene que
significar algo la ternura de Jesús por los niños.
»Dios nos ha
revelado su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí a todos, y espera
también a estos pequeños.
»Es de
esperar que estén en la paz de Dios a través de caminos que Dios no nos ha
comunicado»[76].
Al bautizar
a un niño conviene ponerle un nombre
que no sea «ajeno al sentir cristiano»[77] .
Estos
nombres son los de Jesús, de
Al hijo
bautizado hay que educarle cristianamente con la palabra y con el ejemplo (rezar
habitualmente en casa, ir a misa los domingos y fiestas de precepto, confesar
con frecuencia, vivir la justicia social, cumplir las obligaciones
profesionales, respetar los bienes ajenos, ser responsable en la vida pública y
social, etc.); y cuando llegue al uso de razón debe preparársele bien a la
Primera Comunión[79] .
Antes de
bautizar a un niño debe constar que hay garantías de que será educado
cristianamente.
Por eso es
problemático bautizar hijos de no creyentes, o poco practicantes, o casados
civilmente, etc. Hay que estudiar cada caso.
Pero si hay
peligro de muerte para el niño, se le puede bautizar, incluso contra el parecer
de sus padres; «pues el derecho del niño a salvarse es superior a la voluntad de
los padres»[80] .
Dice el
Código de Derecho Canónico: «Para bautizar lícitamente a un niño, se
requiere:
1: que den su consentimiento los
padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus
veces;
2: que haya esperanza fundada de que
el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa
esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho
particular, haciendo saber la razón a sus padres.
§ 2.: El niño de padres católicos, e
incluso de no católicos, en peligro de muerte, puede lícitamente ser bautizado,
aun contra la voluntad de sus padres»[81].
Para darle
una buena formación cristiana conviene llevarlo a la catequesis parroquial, ponerlo en un
colegio donde se le enseñe
Para ayudar
a la educación cristiana del bautizado se eligen los padrinos[82] que
suplen a los padres, si éstos faltan.
Para que
puedan ejercer bien su cometido, deben llevar una vida congruente con la
misión que van a asumir, no estar impedidos por el derecho de la Iglesia, tener
conciencia de que su misión no es un mero trámite, sino que deben estar
dispuestos a cumplirla honradamente; por lo cual deben ser católicos
practicantes, aceptar la doctrina del Magisterio de la Iglesia, no militar en
partidos políticos que tienen una ideología opuesta al Evangelio, realizar su
trabajo profesional según criterios morales y no incompatibles con la enseñanza
de
Privar a los
hijos del bautismo y de la educación católica pensando que así se les deja con
mayor libertad para que ellos elijan de mayores, es tan absurdo como el no
enseñarles ninguna lengua, para que así, de mayores puedan ellos elegir la
lengua que prefieran.
Si un niño
se pone enfermo, se le pone el tratamiento que dice el médico para que recupere
la salud sin pedir al niño su opinión.
Lo lógico es
que los padres transmitan a sus hijos todo lo que ellos consideran bueno:
educación, cultura, lengua y fe.
Después, de
mayores, cada cual hace suyo todo esto libremente o lo rechaza responsablemente.
«Llegados al
uso de razón habrán de aceptar ellos personalmente el don
recibido»[83] .La
inhibición de los padres en este punto puede después ser censurada por sus
propios hijos.
Según
documento de
Si a un niño
le tocara una gran herencia, los padres la aceptarían enseguida para que empiece
a disfrutarla, y no esperarían a que fuera mayor.
El bautismo
vale más que la mayor de las herencias.
Para hacer
un gran favor a alguien no hay que pedirle permiso. A un niño se le vacuna sin
pedirle permiso.
Pero un
adulto no puede ser bautizado sin su
consentimiento.
La Biblia
nos cuenta que en cuatro ocasiones[85] San Pablo
bautizó a familias enteras. Es
lógico que en esas familias hubiera niños.
El encargado de
bautizar es el párroco; pero, si hay peligro
de que el niño muera antes de que llegue el sacerdote, debe bautizarlo
cualquiera, hombre o mujer, aunque no sea católico, y aunque ni siquiera esté él
mismo bautizado[86] .
Basta con que tenga uso de razón y quiera hacer lo que instituyó Cristo bautizando en el nombre de la
Santísima Trinidad[87] .
Para
bautizar se derrama agua natural sobre la
cabeza del niño, diciendo, con intención de bautizar: «Yo te bautizo el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo».
No sería
válido bautizar con vino, pero sí lo sería con agua de mar[88] .
Las palabras
se pronuncian al mismo tiempo que se derrama el agua.
Ésta debe
mojar la piel de la cabeza y correr por ella[89] .
A ser
posible, delante de dos testigos.
Con todo, si
después el niño sale de peligro, hay que llevárselo al párroco, explicándole lo
ocurrido, para que complete los requisitos que faltan[90].
Pero el
bautismo sólo se puede recibir una vez, pues imprime carácter[91] y
deja el alma sellada para siempre.
Voy a añadir
aquí algunas normas sobre el bautismo de
urgencia.
Aunque no es
frecuente que tenga que realizarse, pues en las clínicas suele haber gente que
tiene mucha práctica en hacerlo, me basta que por darlas a conocer aquí pueda
una persona más conseguir la gloria eterna.
La Iglesia
desea que se bauticen los fetos abortivos.
Así lo manda
en el Código de Derecho Canónico.
Cuando en un
aborto se está cierto de que se trata de un ser humano vivo, se bautiza
absolutamente según la fórmula que acabo de
indicar.
Pero
si hay duda, se hace bajo condición: «Si eres capaz..., si
vives...»[92] .
Especial
dificultad presentan las molas o embriones.
Para
bautizarlos se pueden coger con las dos manos y con los dedos rasgar la
envoltura que los rodea y sumergirlos en un recipiente con agua de modo que ésta
toque todo el contenido, pronunciando la fórmula la misma persona que hace esta
acción. Cuando el feto presenta figura humana se bautiza la cabeza.
Si presenta
señales de vida, con la fórmula ordinaria.
Si se duda
de que viva, se hace bajo condición.
Solamente en
caso de cierta y plena corrupción se ha de omitir el bautismo.
Si el feto
tiene forma monstruosa debe bautizarse siempre, al menos bajo condición. Y si se
duda de si es uno o varios, bautizar uno absolutamente y los otros bajo
condición.
Si es claro
que se trata de varias personas unidas entre sí, se bautiza cada uno por
separado.
Si por las
dificultades del parto hay peligro de que el niño muera antes de salir, debe
bautizarse en el seno materno; y si lo primero que sale es una mano o un pie,
bautícese ahí, y después, si nace con vida, bautícese de nuevo en la cabeza,
bajo condición. Y si la madre muere antes de que el niño nazca, el feto debe ser
extraído, por aquellos a quienes corresponda, y bautizado, absolutamente si
ciertamente vive, o bajo condición si es dudoso que viva[93] : no
se olvide que el feto humano puede sobrevivir a la madre una o varias horas,
según los casos[94] .
El bautismo