3,7. Prescindo de lumbreras de la antigüedad como San Agustín, Santo Tomás o Miguel Ángel, que siempre rezaba de rodillas antes de empezar a trabajar en su obra de arte.

Lo mismo que Newton, era creyente Kepler. Leverrier, descubridor del planeta Neptuno, fue ferviente católico.

Laplace murió como fervoroso cristiano asistido por un sacerdote.

Incluso Galileo, a pesar de su lamentable proceso, murió como buen cristiano en 1642.

Copérnico (a quien debemos el sistema heliocéntrico) y Lemaître, muerto en 1966 (autor de la teoría de la expansión del universo hoy en boga), fueron sacerdotes.

«Un destacado historiador -Deunert- tan sólo ha hallado en el campo de las Ciencias Naturales un 2% de científicos de fama que se declaren materialistas y ateos.

Entre 8.847 nombres de sabios citados por Poggendorff en su Dictionaire des Sciencies Exactes la inmensa mayoría son creyentes e incluso un 10% son  sacerdotes o religiosos»[1] .

El 1º de febrero de 1976 murió en Munich a los 74 años de edad Werner Heisenberg, que está considerado como el físico más grande de todos los tiempos[2] , Premio Nobel por sus investigaciones sobre Física Nuclear.

Él formuló matemáticamente la teoría unificadora de los campos energéticos, gravitatorio, electromagnético y nuclear (fuerte y débil), que son las energías que conocemos[3] ; lo cual, Einstein no consiguió a pesar de sus esfuerzos[4] .

En abril de 1969 pasó por Madrid. En una entrevista que hizo para la prensa, dijo entre otras cosas: «Lo que sí creo es en Dios, y que de Él viene todo.  Las partículas atómicas tienen un orden, que tiene que haber sido impuesto por alguien».

Heisenberg le dijo a Vintila Horia: «La teoría de un mundo creado, es más probable que la contraria, desde el punto de vista de las ciencias naturales. La mayor parte de los hombres de ciencia que yo conozco han logrado llegar a Dios»[5].

En un ABC dominical leí que Werner von Braun, «padre» de la astronáutica y «cerebro» de los vuelos espaciales que han llevado el hombre a la Luna, manifestaba que era creyente y que todos los días oraba a Dios[6] . Decía: «El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de agua y de aire. Tenemos necesidad de creer en Dios»[7] .

Dice Salvador de Madariaga que «los hombres más eminentes en la vanguardia de la ciencia no vieron que hubiera nada en su actitud científica que les impidiera creer en Dios»[8].

Y Alexis Carrel, muerto en 1944, Premio Nobel de Medicina, dice: «Yo creo todo aquello que la Iglesia Católica quiere que creamos. Y, para hacer esto, no encuentro ninguna dificultad, porque no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición real con los datos seguros de la Ciencia»[9].

 Manuel M. Carreira, S.I., Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland (EE.UU.), dice: «Ni por ser sacerdote he tenido que viciar un razonamiento científico, ni fue preciso nunca que cerrase mis ojos a la ciencia para mantener la fe»[10].

El Premio Nobel Paul Sabatier, muerto en 1941, ha dicho: «Contraponer la Ciencia con la Religión es cosa de gente poco experta en uno y otro tema»[11].

El Dr. Juan Oró, nacido en Lérida, que es uno de los más prestigiosos bioquímicos de Estados Unidos y que trabaja para la NASA, afirma: «Para mí no hay contradicción entre Fe y Ciencia»[12].

El Profesor Baltasar Rodríguez-Salinas, Catedrático de Teoría de Funciones en la Facultad de Ciencias Matemáticas de Madrid, en un discurso que pronunció en la Academia de Ciencias, comenzó con una cita del genial matemático Cauchy: «Yo soy cristiano, es decir, yo creo en la divinidad de Jesucristo, con  Tycho-Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Kepler, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Gauss, Guidin, Boscovich[13], Gerdil, con todos los grandes astrónomos, todos los grandes físicos, todos los grandes matemáticos de los siglos pasados.

»Yo también soy católico como la mayor parte de ellos; y si se me pregunta la razón, diré que mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de nacimiento, sino de un examen profundo»[14].

Podíamos añadir: el médico Pasteur, el biólogo Mendel, los físicos Volta, Ampère, Faraday, Galvani, Faucault, etc. etc.

Muchísimos científicos son católicos, como Pasteur, De Broglie, Schrödinger, Pauli, y Max Planck que se convirtió al catolicismo al final de su vida, como afirmó el Profesor Stanley L. Jaki, húngaro, Profesor de varias Universidades de Estados Unidos, en el Congreso sobre Física y Religión celebrado en Madrid en Octubre de l990[15] .

Angel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, dice: «Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por estar enfrentado con la doctrina revelada»[16].

 «De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia»[17].

El 23 de agosto de 1985 le oí decir al Rector de la Universidad de Santander, y Catedrático de Física, D. Francisco González de Posada, en unas conferencias que pronunció en Laredo: «La Ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo».

D. Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel 1906, «jamás dudó de la existencia de Dios», en frase de su hermano Pedro; quien, además, afirma que si él hubiera llegado a tiempo, su hermano «Santiago hubiera muerto con los sacramentos»[18].

Leonardo Torres Quevedo, que murió en Madrid, el 18 de Diciembre de 1936, a los 84 años de edad, fue ingeniero y matemático. Inventó en 1895 una máquina de calcular ecuaciones que es precursora de las computadoras electrónicas de hoy[19] .

El 25 de octubre de 1906, en la ría de Bilbao hizo evolucionar un bote, sin tripulantes, por ondas hertzianas, gracias al telekino, desde la terraza del Club Náutico.

 El bote avanzó, retrocedió, viró en redondo, sorteó otras embarcaciones que había en el puerto y llegó a la escala del vapor Elcano, donde se hallaba la representación oficial[20] . El telekino es precursor de los cohetes teledirigidos de hoy.

El 10 de febrero de 1916 se inauguró en las Cataratas del Niágara el transbordador que Torres Quevedo proyectó y se adjudicó en concurso internacional, y sigue funcionando en la actualidad.

El Ayuntamiento de Camargo (Santander) organizó en el mes de agosto de 1991 una exposición en Maliaño con ocasión del 75 aniversario del transbordador del Niágara, obra de Torres Quevedo, nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria), el 28 de Diciembre de 1852.

En esta exposición vi una réplica de este transbordador que en 75 años no ha tenido ni un accidente ni una avería grave. En América lo llaman el «aerocar español». Va sostenido por seis cables y anclaje con contrapesos, con lo cual se mantiene constante la tensión de los cables, independientemente del peso, según la barquilla estuviera más o menos cargada de gente; y le proporciona un alto coeficiente de seguridad.

Antes de construirlo en el Niágara, lo instaló en el Monte Ulía de San Sebastián en 1907 para probarlo. Fue el primer tranvía aéreo del mundo.

En 1914 inventó el ajedrecista mecánico, que siempre gana. Es una máquina precursora de los robots de hoy. Se conserva en la Escuela de Ingenieros de Caminos.

En 1951 fue presentado, por Gonzalo Torres Quevedo (hijo del inventor, ayudante suyo y colaborador), en París, en un Coloquio Internacional de Cibernética, y dio mate a Tartakower, entonces campeón del mundo de ajedrez. La máquina anuncia por un altavoz al contrincante cuando hace trampa o se equivoca. A la tercera se enfada y no juega más[21] 

En 1976 estuve en Toledo predicando conferencias cuaresmales, y entonces tuve la satisfacción de conocer a Valentina Torres Quevedo, hija del inventor, que me facilitó los recortes de periódicos que cito. Ella me dijo que su padre murió como un buen cristiano, como había vivido: comulgaba todos los Primeros Viernes de mes.

 

Según «uno de los comentaristas de los acontecimientos internacionales mejor informados de nuestro país, la gran mayoría de los investigadores y técnicos de la navegación espacial no  sólo  de  los  Estados  Unidos,  sino  también de la Unión Soviética, confiesan, cuando la conversación ha alcanzado un determinado clima de intimidad, su fe en Dios. Es más, casi sin excepción, admiten y añaden que su fe surge como consecuencia de sus mismas investigaciones científicas»[22].

«Un número cada vez mayor de científicos se está declarando creyente en Dios»[23] .Dos mil trescientos miembros de la Asociación Norteamericana de Científicos admiten ser creyentes[24] .

«Según recientes encuestas el 80% de los científicos se declaran creyentes»[25] .

El Premio Nobel de Física 1985, Carlos Rubbia, Director del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) que ha descubierto una nueva forma de generar energía nuclear por fisión, que es más barata, limpia y segura, y no sirve para fabricar bombas atómicas[26], y recientemente ha inventado un modo de destruir los residuos radiactivos de alta actividad[27] , ha dicho: «La Ciencia más avanzada se acerca a la Religión»[28].

Y Pío XII: «La ciencia moderna descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[29]. .

Juan Pablo II, dijo en la Universidad de Madrid: «La Ciencia y la Fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios».

“Las realidades profanas y las de fe tienen su origen en un mismo Dios”[30] .

Dijo el Concilio Vaticano I: “Ninguna verdadera disensión puede darse jamás entre la fe y la razón porque el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe puso dentro del alma humana la luz de la razón; y Dios no puede negarse a sí mismo, y la verdad no puede contradecir jamás a la verdad”[31] .

El filósofo alemán contemporáneo Martín Heidegger dijo en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel en 1966: «La literatura actual, en su mayoría, es destructiva. Sólo Dios puede salvarnos todavía. Frente a la ausencia de Dios, nos hundimos»[32].

Boris Yeltsin, Presidente de Rusia, declaró que «el comunismo intentó durante 70 años imponer el ateísmo, pero no lo ha logrado»[33] 

El soviético Alejandro Solzchenitsyn, Premio Nobel 1970, que estudió Matemáticas y Física en la Universidad Rostov y luego cursó los estudios de Literatura en el Instituto de Filosofía de la URSS, se manifiesta creyente. Es muy conocida la oración que escribió: «¡Qué maravilla es vivir contigo, Señor! ¡Qué fácil me es creer en Ti! Tú me envías la clara certidumbre de tu existencia»[34].

Chabanis después de entrevistar a varios pensadores ateos, afirma: «Pensaba encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado, pero lo que había era ausencia de búsqueda de la Verdad Absoluta»[35].

 

Dijo Pascal: “Muchos están siempre dispuestos a negar todo aquello que no comprenden”.

 

La increencia de muchas personas tiene su origen en su ignorancia religiosa. A nadie le puede convencer lo que no conoce. Yo no puedo opinar sobre la comida de Kenya, pues no sé lo que allí se come.

   Sería interesante contar las páginas que ese ateo ha leído de su profesión y las que ha leído de cultura religiosa. Seguramente la diferencia es enorme. Cuál sería su información profesional si invirtiéramos los números?

¿Nos vamos a extrañar de su ignorancia religiosa?

Olegario González de Cardedal, Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y uno de los teólogos españoles de más prestigio habla de la crisis del ateísmo: «Sus viejas murallas se resquebrajan, a través de sus grietas entra una luz que ilumina a los que viven dentro de la ciudad amurallada que empiezan a preguntarse por la conveniencia de asomarse al ancho mundo exterior. El sujeto histórico ha vuelto a preguntar por Dios, e incluso reclamarlo. (...) Se trata de una especie de insatisfacción colectiva con el proyecto de hombre, de sociedad y de historia que proceden del ateísmo. Un impulso vital, incoercible, lleva a preguntar por Dios, a contar con Él. (...) El ateísmo está minado en sus cimientos. (...) Una mujer recién preñada no ofrece ningún signo externo de diferencia, y sin embargo todo es distinto; llegándole los días dará a luz y surgirá una nueva criatura»[36] .

Monseñor Elías Yáñez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, presentó el 11 de diciembre de 1998, una Instrucción Pastoral en la que se decía que «el ser humano es religioso por naturaleza. (...)

»El ateísmo no está en el origen del hombre. Es más bien un fenómeno surgido de diferentes causas».

 

CIUDAD DEL VATICANO, 10 feb (ZENIT).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de la World Federation of Scientists (Federación Mundial de Científicos) entregó esta mañana a Juan Pablo II el ejemplar número cien mil de su libro «Por qué creo en el que ha hecho el mundo» [37] 

 

3,8. El ateísmo deja sin resolver muchas más cosas que todos los misterios que acepta la fe. Por eso Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, dijo: «No soy lo suficientemente crédulo, para ser incrédulo».

 

Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 75% de los españoles creen en Dios[38] .Y según otra del Instituto Gallup, el 94% de los norteamericanos cree en Dios, y el 58% en el infierno[39] .

Ya dijo Berdiaef que «el hombre es un ser incurablemente religioso».

Y Max Scheler: «el hombre o cree en Dios o se fabrica un ídolo. Este ídolo será la raza, el Estado, una mujer o el dinero; pero el hombre no puede vivir sin adorar algo»[40].

 

 «No se conoce ningún pueblo, ninguna cultura, sin religión.

»Otra cosa distinta es que todos los individuos de ese pueblo hayan sido religiosos.

»Pero el conjunto, en cuanto tal, sí lo ha sido. (...)

»Los estudiosos de la historia de las religiones, de entre los cuales Mircea Eliade fue uno de los grandes maestros y pioneros, coinciden en afirmar que el hombre de todas las épocas, desde que abandonó la categoría de “mono”, es un hombre creyente»[41] .

 

El agnóstico se escapa con un «no sé» por no querer reconocer lo razonable que es un Dios Creador.

 

La fe complementa la razón como el telescopio complementa al ojo.

Con el telescopio veo estrellas que no veo a simple vista.

Con la fe obtengo respuestas a muchas cosas para las que la ciencia no tiene respuesta: ¿Qué sentido tiene la vida del hombre? ¿De dónde viene? ¿A dónde va?

¿Qué hay después de la muerte?

 

Todo hombre racional tiene que plantearse la cuestión del sentido de nuestra existencia y de si hay algo después de la muerte.

Quien tiene la respuesta de la fe vive con ilusión y esperanza.

Quien no sabe responder vive con la angustia de la duda, pues nadie puede estar seguro de que no hay nada después de la muerte.

Ya dijo Bacón: «Poca filosofía aparta de la religión, pero mucha filosofía conduce a ella»[42] .

 

Los caminos que llevan al ateísmo pueden ser:

a) La rebelión contra el mal en el mundo.

b) La ignorancia religiosa.

c) Una formación religiosa infantil.

d) Un apego desordenado a los goces de este mundo.

e) El mal ejemplo de algunos creyentes.

f) Un ambiente hostil a la religión.

g) Un equivocado temor de Dios que no conoce la misericordia y bondad divinas[43] 

 

Puede ser interesante mi vídeo: Ateísmo y ciencia de hoy[44] .

 

La Madre Angélica cuenta en su libro la siguiente anécdota[45] :

Un soldado norteamericano, al ser interrogado, para su ficha, por su religión, contestó: CATÓLICO. Y no era verdad. Pero él había observado que en la hora de la muerte los católicos morían con una gran esperanza, y él quería lo mismo para su muerte.

 

Esto fue el comienzo de su conversión al catolicismo.

 

En una ocasión. un ateo le dijo a un sacerdote:

- Demuéstreme que hay Dios y me convertiré en un cristiano.

El sacerdote le contestó:

- Demuéstreme Vd. que no hay Dios y me convertiré en un ateo.

- No puedo, replicó el ateo.

- ¿Y en una cosa tan trascendental, de la cual depende toda la eternidad, Vd. se arriesga a seguir una ideas que no se pueden probar? ¡Menudo disparate! Yo tengo muchas razones que apoyan mi fe en Dios[46] .

 

«El ateísmo podrá esforzarse en querer demostrar que la religión es falsa, pero nunca podrá demostrar que él es verdadero»[47].

Por eso dijo Pascal: «Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme NO creyendo en un Dios que existe. (...) Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay algo...»[48] .

Es mucho más razonable creer en Dios que ser ateo.

El ateo no sólo no puede demostrar que no hay Dios, sino que desde el ateísmo no se pueden resolver los grandes interrogantes de la vida.

¿De dónde viene?

¿A dónde va?

¿Qué pasa después de la muerte?

¿Qué sentido tiene la vida?

¿Cómo saciar el apetito de felicidad?, etc., etc.

El ateo se condena a vivir en la angustia, en la duda, en la desesperación. A no ser que prefiera dejar de ser hombre y vivir de espaldas a todo pensamiento trascendente. El animal no puede hacerse preguntas trascendentes. El hombre sí. Y sólo con Dios encuentra respuestas.

 

Los ateos se ríen de estas preguntas por considerarlas ociosas porque no tienen respuesta[49] . Ellos no tienen respuesta, pero los creyentes sí la tenemos. Ésa es la diferencia. Pero algunos tienen tan mal gusto que prefieren las tinieblas a la luz.

Prescindir de Dios es irracional. Es sintomático que «en la Biblioteca Nacional de París, que viene a ser un test de la cultura occidental, la voz DIOS ocupa el primer lugar en número de fichas. La segunda es JESUCRISTO»[50] .

 

Como dice el Concilio Vaticano II[51] , sin Dios quedan sin respuesta los problemas más agudos de la existencia humana como son el sentido de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor. Y estos problemas son insoslayables.

No hay nadie que, al menos en ciertos momentos de su vida, deje de planteárselos.

 

Todo hombre normal debe preocuparse de su muerte. Carl Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis, dijo: «el hombre que no percibe el drama de su muerte es un enfermo que debería dejarse curar»[52] .

 

El materialismo dice que todo lo que existe es material, porque todo lo que se ve, se toca, se mide, etc., es material.

Esto es tan simple como el pescador que niega que haya peces más pequeños que los que sus redes pescan, porque los más pequeños se le escapan por los agujeros[53] .

 

El hecho de que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que la Ciencia no es obstáculo para creer.

Si lo fuera, todos los científicos serían ateos; y, como hemos visto, muchos hombres de ciencia se declaran creyentes.

El hecho de que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros caminos, pero no por el hecho de ser científicos[54] .

 

Evidentemente que la ciencia no demuestra la existencia de Dios, pues la ciencia estudia las leyes de la naturaleza, no a Dios. A Dios lo estudia la teología.

Pero la ciencia da datos que apoyan la fe del creyente.

«La ciencia no prueba la existencia de Dios-Creador, pero sí sienta las bases para un raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él»[55] .

 

«El problema del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente manipulación a que ha sido sometido por el racionalismo materialista que le asegura que “La Ciencia” ha demostrado la no existencia de Dios»[56].

No hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios[57] . Por el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del creyente: desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos (ver nº 3), hasta los estudios científicos realizados en la Sábana Santa de Turín[58] .

 

El 13 de octubre de 1988 se hizo público que el resultado del análisis del carbono-14 sobre la Sábana Santa, deduce que el tejido es de la Edad Media, es decir, que la Sábana Santa no pudo cubrir el cuerpo de Cristo en el siglo I, por lo tanto, es falsa.

Esta noticia fue rechazada por todos los especialistas en la Sábana Santa. No se podían ignorar las anteriores investigaciones en los campos de la Historia, Medicina, Bioquímica, Numismática, Palinología, Arqueología, etc. que confirmaban la autenticidad de la Sábana Santa.

De hecho se han celebrado varios Congresos Científicos Internacionales, donde se han invalidado las pruebas del Carbono-14 en la Sábana Santa.

En las palabras de clausura del Congreso de Cagliari, dijo el Dr.Baima Bollone, Presidente del Centro Internacional de Sindonología de Turín: «La tónica general del Congreso ha sido la inaceptabilidad de la prueba del carbono-14 en la Sábana Santa».

 

En este Congreso se presentaron veintisiete trabajos de investigación.

Yo tuve el honor de presentar en este Congreso un trabajo de investigación en nombre del Centro Español de Sindonología, que fue muy bien acogido, como expresó el Presidente de la Mesa.

En la sexta edición de mi libro de la Sábana Santa hago un resumen de este Congreso y del trabajo de investigación que allí presentó España Lo mismo en mi vídeo sobre la Sábana Santa[59] .

 

Con todo, no hay que desorbitar el valor del conocimiento científico experimental. También es válido el conocimiento histórico y metafísico.

El conocimiento científico experimental no es el único modo de conocer. Hay realidades que se escapan al conocimiento experimental.

El razonamiento filosófico no es científico. Cuando Renato Descartes dice: «Pienso, luego existo», hace un razonamiento válido; y, sin embargo, no es científico, sino filosófico. El pensamiento no se ve, pero existe.

La Ciencia no lo explica todo. Hay cosas que se le escapan. Lo mismo que una red de trama grande no puede capturar peces pequeños, pero no por eso dejan de existir boquerones y chanquetes.

Si yo te cuento un sueño que he tenido, tú no puedes comprobar científicamente que te digo la verdad.

«Los valores de bondad, belleza, santidad, heroísmo, lealtad, verdad; y los sentimientos de alegría, temor, esperanza, amor, etc. caen fuera del ámbito de la Ciencia»[60] .

 

Hay cosas inalcanzables para la ciencia experimental. La ciencia no sirve

para demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el amor de una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una realidad.Sin embargo, no hay duda de que la ciencia  nos  aporta  datos  válidos  que confirman la existencia de Dios[61] .

La ciencia explica «cómo» funciona la naturaleza, no alcanza el «por qué». Esto es objeto de la filosofía[62] .

 

Las razones para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma; pues Dios quiere que el hombre le acepte libremente y no a la fuerza. Las verdades de la fe son razonables y ciertas. Las podemos creer con toda firmeza, pero no se nos imponen con una evidencia aplastante[63] , pues entonces la fe no sería meritoria, y Dios ha dispuesto que en esta vida merezcamos con la virtud de la fe. Decir «el todo es mayor que su parte» es tan evidente que el aceptarlo no tiene mérito ninguno.

«La oscuridad de la fe es absolutamente necesaria para que el acto de fe sea libre. Y la libertad de la fe es imprescindible para hablar de valores religiosos en ella»[64].

«La fe es suficientemente oscura para que la adhesión a ella sea libre; y al mismo tiempo bastante clara como para que la dicha adhesión sea razonable»[65] .

Pascal lo dijo también: «La fe es suficientemente clara para que el creer sea razonable, y suficientemente oscura para que el creer sea libre»[66].

 

La fe es segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la palabra de Dios, y oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso decía Santa Teresita del Niño Jesús:«Señor, no te entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de Ti».

La idea lleva al acto, pero hay que motivarla, amarla, entusiasmarse con ella.

 

Hoy, en algunos ambientes, está de moda el agnosticismo; personas que prescinden de Dios. No les interesa Dios. Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la muerte.

Adoptar el cómodo «no sabe, no contesta» está bien cuando no se tienen datos para opinar.Pero cuando se trata de rechazar las razones que hay para opinar, por prejuicios personales, esto no es razonable[67].

 

Lo primero que hay que decir es que negar a Dios, no es destruirle; y el que piense que no hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se muera. Pues las cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan parecer a nosotros. Y si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la muerte, esto es así aunque haya quien no lo acepte.

 

Algunos piensan que por no creer en el infierno son más libres. Pero no es así. Lo que son es más inconscientes. Cerrar los ojos ante la verdad no enriquece al hombre, lo empobrece. La prudencia no está en ignorar un riesgo, sino en estudiarlo y prevenirlo. Cerrar los ojos ante un riesgo es señal de inconsciencia.

 

El agnosticismo es un riesgo.

Cuando se trata de un riesgo grave como el morir electrocutado o la  condenación eterna, hay que ser muy prudentes. Nadie toca un cable de alta  tensión aunque tenga el 90% de probabilidades de que no pasa nada.

Pues el ateo tiene el 99% de probabilidades de equivocarse. Son muchísimas más las razones para creer en Dios que para convencerse de que no hay Dios.

 

Hay realidades que pueden dejarme indiferente. Por ejemplo, si en Marte hay vida o no.

Pero hay otras realidades a las que no puedo estar indiferente, pues es mucho lo que me juego. Por ejemplo, si el avión en que voy a viajar está o no en condiciones de volar. Procuro tener unas razonables garantías de seguridad.

Esto es lo que pasa con la Religión.

La Iglesia Católica dice que Dios existe, que Cristo  es Dios, y que después de la muerte hay una vida eterna en el cielo o en el infierno.

Yo tengo opción de aceptar o rechazar todo esto.

Pero para rechazar algo tan importante, tengo que estar muy seguro de que todo esto no es cierto, pues es mucho lo que me juego. No basta tener dudas. Las dudas y dificultades no son argumentos probativos. Yo puedo tener dificultades sobre una cosa que es una realidad.

Por el contrario, para aceptar un bien me basta una razonable probabilidad. Yo acepto una medicina con una probable esperanza de me ayudará, aunque no tenga seguridad absoluta de su eficacia.

 

Pero para optar por la Religión no bastan las ideas. Hace falta que la Religión sea para mí el supremo de los valores. Yo puedo saber que el tabaco es malo para la salud. Pero si yo valoro el tabaco más que la salud, seguiré fumando.

 

Hay personas que buscan la verdad, les guste o no.

Pero otras personas buscan lo que les gusta, sea verdad o no.

 

El entendimiento se decide por razones.

Pero la voluntad se decide por valores.

Es muy importante que para mí la Religión sea el supremo de los valores.

 

La fe es aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero la fe es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos necios. Y nadie, con cultura, puede decir que fueron necios unas lumbreras de la humanidad como un San Agustín o un Santo Tomás de Aquino.

 

Por eso la fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable aceptar lo que no entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice.

 

La fe en Dios es perfectamente razonable. Hay muchas más razones para creer que Dios existe que para dudar de su existencia.

Pero hay que rechazar, tanto el racionalismo que sólo acepta lo que se puede demostrar (los misterios son indemostrables), como el fideísmo que desprecia la razón, y pretende que la fe sea «un salto en el vacío», sin ningún motivo de credibilidad. El fideísmo es absurdo pues pretende que creamos en Dios sin tener fundamento racional de la fe.

Si la fe no tuviera ninguna motivación de tipo racional no sería responsable ni humana. Por eso la teología católica ha defendido siempre la capacidad natural que tiene el hombre para llegar con la luz de la razón a conocer la existencia de Dios-Creador. Así lo define el Concilio Vaticano I[68] .

«La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, Principio y Fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas»[69]. Dijo San Pablo: «Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo , se deja ver a la inteligencia a través de sus obras»[70].

 

Sin embargo, aunque la razón me indica que hay motivos serios para creer, la razón no causa la fe. Sólo cuando el corazón humano se rinde a la gracia en un acto de humildad y sencillez es cuando nace la fe. La razón tiene que ir acompañada de la oración humilde. Es preciso tener un corazón limpio para creer en Dios. No podemos olvidar que Dios sólo se manifiesta a los humildes[71] .

La ciencia que tiene por objeto la exposición de los motivos de credibilidad, o sea, las razones y argumentos que demuestran ser la fe razonable, se llama Apologética[72]. El Cardenal Newman, que era protestante, se convirtió al catolicismo por puro raciocinio.

Dice el Cardenal Daneels, Arzobispo de Malinas, «la supresión de toda sana apologética es un funesto servicio prestado a la causa de la evangelización»[73].

En Mayo de 1935 se convirtió al catolicismo Marchant, Ministro de Instrucción Pública de Holanda. Al ser interrogado por un miembro de la izquierda del Senado, contestó: «Creo, porque reflexiono»[74] .

 

Pero no se trata de convencer a nadie a base de pruebas, sino de hacer ver lo razonable que es creer. Derramar luz sobre las verdades de la fe. Tal es el papel de la Apologética.

Pero no olvidemos que la conversión no nace sólo tras haber sido convencido, sino tras una iluminación de mi entendimiento y adhesión de la voluntad a Dios, acogiendo las verdades reveladas y acomodando todo mi ser a esa iluminación.

Los motivos de credibilidad constituyen un preámbulo racional de la fe. El acto de fe constituye esencialmente un asentimiento a estas verdades porque Dios las ha revelado.

Y por supuesto que no basta asentir a las verdades reveladas por Dios; es preciso vivir de acuerdo con ellas.

 

Para el que tiene fe, mil objeciones no le hacen dudar; y al que no tiene fe, mil pruebas no le convencen.

 

«La decisión de creer no es la conclusión de una argumentación. Uno jamás está obligado a creer por las leyes de la lógica. (...) Al acabar una operación de cálculo, no puedo por menos que adherirme al resultado obtenido. (...) Entre la clara evidencia y la fe interviene un acto voluntario, perfectamente libre. Del mismo modo que ya pueden mostrarme del modo más convincente y persuasivo que alguien merece ser amado, no por eso lo amaré. No se puede amar de mala gana, ni creer de mala gana. Es lo que ya decía San Agustín en su comentario a San Juan:  nemo credit nisi volens, es decir, nadie cree sino de buen grado[75] .

 

Dice Octavio Rodríguez en Preámbulo epistemológico del acto de fe: «Realizamos un juicio cuando consideramos que son suficientes las pruebas que nos han de llevar a una conclusión» (...) «Si llegamos a convencernos de una conclusión, la afirmamos sin reserva» (nº 2). «Los argumentos no obligan a nadie a creer, igual que los argumentos a favor de la virtud no obligan a nadie a ser virtuoso» (nº 7)[76] .

 

El hombre se convence por razones, pero es la voluntad la que elige las razones que quiere que le convenzan.

 

Por eso no basta dar razones que van sólo al entendimiento. Hay que presentar valores que mueven a la voluntad: bondad, belleza, importancia, utilidad o necesidad para el hombre en cuanto tal.

 

«Nuestra propia voluntad puede “forzar” al intelecto para que le presente sólo las razones que ella desea, o para buscar argumentos -aunque sean falsos- que apoyen su determinación»[77] .

 

La fe es razonable, pero las razones no bastan para creer.

Hace falta un acto de voluntad. Y la voluntad no se decide por razones lógicas, sino por motivos y valores[78] .

No es lo mismo estar convencido que convertido.

Las razones van al entendimiento, pero son los valores los que mueven la voluntad. Un hombre puede saber que el tabaco produce cáncer; pero mientras para él el valor del tabaco sea superior al de la salud, seguirá fumando.