3,7. Prescindo de lumbreras de la antigüedad
como San Agustín, Santo Tomás o Miguel
Ángel, que siempre rezaba de rodillas antes de empezar a trabajar
en su obra de arte.
Lo mismo que
Newton, era creyente Kepler. Leverrier, descubridor del planeta Neptuno,
fue ferviente católico.
Laplace murió como
fervoroso cristiano asistido por un sacerdote.
Incluso
Galileo, a pesar de su lamentable
proceso, murió como buen cristiano en 1642.
Copérnico (a quien
debemos el sistema heliocéntrico) y Lemaître, muerto en 1966 (autor de la
teoría de la expansión del universo hoy en boga), fueron sacerdotes.
«Un
destacado historiador -Deunert-
tan sólo ha hallado en el campo de las Ciencias Naturales un 2% de científicos
de fama que se declaren materialistas y ateos.
Entre 8.847
nombres de sabios citados por Poggendorff en su Dictionaire des Sciencies Exactes la
inmensa mayoría son creyentes e incluso un 10% son sacerdotes o
religiosos»[1] .
El 1º de
febrero de 1976 murió en Munich a los 74 años de edad Werner Heisenberg, que está considerado
como el físico más grande de todos los tiempos[2] ,
Premio Nobel por sus investigaciones sobre Física Nuclear.
Él formuló
matemáticamente la teoría unificadora de los campos energéticos, gravitatorio,
electromagnético y nuclear (fuerte y débil), que son las energías que
conocemos[3] ; lo
cual, Einstein no consiguió a
pesar de sus esfuerzos[4] .
En abril de
1969 pasó por Madrid. En una entrevista que hizo para la prensa, dijo entre
otras cosas: «Lo que sí creo es en Dios, y que de Él viene todo. Las
partículas atómicas tienen un orden, que tiene que haber sido impuesto por
alguien».
Heisenberg le dijo a
Vintila Horia: «La teoría de un
mundo creado, es más probable que la contraria, desde el punto de vista de las
ciencias naturales. La mayor parte de los hombres de ciencia que yo conozco han
logrado llegar a Dios»[5].
En un ABC
dominical leí que Werner von
Braun, «padre» de la astronáutica y «cerebro» de los vuelos
espaciales que han llevado el hombre a la Luna, manifestaba que era creyente y
que todos los días oraba a Dios[6] .
Decía: «El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de agua y de aire.
Tenemos necesidad de creer en Dios»[7] .
Dice
Salvador de Madariaga que «los
hombres más eminentes en la vanguardia de la ciencia no vieron que hubiera nada
en su actitud científica que les impidiera creer en Dios»[8].
Y Alexis Carrel, muerto en 1944, Premio Nobel
de Medicina, dice: «Yo creo todo aquello que
Manuel M.
Carreira, S.I., Doctor en Ciencias Físicas y
Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland (EE.UU.),
dice: «Ni por ser sacerdote he tenido que viciar un razonamiento científico, ni
fue preciso nunca que cerrase mis ojos a la ciencia para mantener la
fe»[10].
El Premio
Nobel Paul Sabatier, muerto en
El Dr. Juan Oró, nacido en Lérida, que es uno
de los más prestigiosos bioquímicos de Estados Unidos y que trabaja para la
NASA, afirma: «Para mí no hay contradicción entre Fe y Ciencia»[12].
El Profesor
Baltasar Rodríguez-Salinas,
Catedrático de Teoría de Funciones en la Facultad de Ciencias Matemáticas de
Madrid, en un discurso que pronunció en la Academia de Ciencias, comenzó con una
cita del genial matemático Cauchy:
«Yo soy cristiano, es decir, yo creo en la divinidad de Jesucristo, con Tycho-Brahe, Copérnico, Descartes, Newton,
Kepler, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Gauss, Guidin,
Boscovich[13],
Gerdil, con todos los grandes astrónomos,
todos los grandes físicos, todos los grandes matemáticos de los siglos pasados.
»Yo también
soy católico como la mayor parte de ellos; y si se me pregunta la razón, diré
que mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de nacimiento, sino de
un examen profundo»[14].
Podíamos
añadir: el médico Pasteur, el
biólogo Mendel, los físicos
Volta, Ampère, Faraday, Galvani, Faucault,
etc. etc.
Muchísimos
científicos son católicos, como Pasteur, De
Broglie, Schrödinger, Pauli, y Max Planck que se convirtió al
catolicismo al final de su vida, como afirmó el Profesor Stanley L. Jaki, húngaro, Profesor de
varias Universidades de Estados Unidos, en el Congreso sobre Física y Religión
celebrado en Madrid en Octubre de l990[15] .
Angel Santos
Ruiz, Catedrático de Bioquímica de
«De
hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a
sus convicciones sobre Dios, el alma,
El 23 de
agosto de 1985 le oí decir al Rector de la Universidad de Santander, y
Catedrático de Física, D.
D. Santiago Ramón
y Cajal, Premio Nobel 1906, «jamás dudó de
la existencia de Dios», en frase de su hermano Pedro; quien, además, afirma que si él
hubiera llegado a tiempo, su hermano «Santiago hubiera muerto con los
sacramentos»[18].
Leonardo Torres
Quevedo, que murió en Madrid, el 18 de
Diciembre de
El 25 de
octubre de 1906, en la ría de Bilbao hizo evolucionar un bote, sin tripulantes,
por ondas hertzianas, gracias al
telekino, desde la terraza del Club
Náutico.
El
bote avanzó, retrocedió, viró en redondo, sorteó otras embarcaciones que había
en el puerto y llegó a la escala del vapor Elcano, donde se hallaba la
representación oficial[20] . El
telekino es precursor de los cohetes teledirigidos de
hoy.
El 10 de
febrero de 1916 se inauguró en las Cataratas del Niágara el transbordador que
Torres Quevedo proyectó y se
adjudicó en concurso internacional, y sigue funcionando en la
actualidad.
El
Ayuntamiento de Camargo (Santander) organizó en el mes de agosto de 1991 una
exposición en Maliaño con ocasión del 75 aniversario del transbordador del
Niágara, obra de Torres Quevedo,
nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria), el 28 de Diciembre de 1852.
En esta
exposición vi una réplica de este transbordador que en 75 años no ha tenido ni
un accidente ni una avería grave. En América lo llaman el «aerocar español». Va
sostenido por seis cables y anclaje con contrapesos, con lo cual se mantiene
constante la tensión de los cables, independientemente del peso, según la
barquilla estuviera más o menos cargada de gente; y le proporciona un alto
coeficiente de seguridad.
Antes de
construirlo en el Niágara, lo instaló en el Monte Ulía de San Sebastián en 1907
para probarlo. Fue el primer tranvía aéreo del mundo.
En 1914
inventó el ajedrecista mecánico, que siempre gana. Es una máquina precursora de
los robots de hoy. Se conserva en la Escuela de Ingenieros de Caminos.
En 1951 fue
presentado, por
En 1976
estuve en Toledo predicando conferencias cuaresmales, y entonces tuve la
satisfacción de conocer a
Según «uno
de los comentaristas de los acontecimientos internacionales mejor informados de
nuestro país, la gran mayoría de los investigadores y técnicos de la navegación
espacial no sólo de los Estados Unidos,
sino también de
«Un número
cada vez mayor de científicos se está declarando creyente en
Dios»[23] .Dos
mil trescientos miembros de
«Según
recientes encuestas el 80% de los científicos se declaran
creyentes»[25] .
El Premio
Nobel de Física 1985, Carlos
Rubbia, Director del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares
(CERN) que ha descubierto una nueva forma de generar energía nuclear por fisión,
que es más barata, limpia y segura, y no sirve para fabricar bombas
atómicas[26], y
recientemente ha inventado un modo de destruir los residuos radiactivos de alta
actividad[27] , ha
dicho: «La Ciencia más avanzada se acerca a la Religión»[28].
Y Pío XII: «La ciencia moderna descubre a
Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[29]. .
Juan Pablo
II, dijo en la Universidad de Madrid:
«La Ciencia y la Fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de
la realidad integral que tiene su origen en Dios».
“Las
realidades profanas y las de fe tienen su origen en un mismo
Dios”[30] .
Dijo el
Concilio Vaticano I: “Ninguna verdadera disensión puede darse jamás entre la fe
y la razón porque el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe puso
dentro del alma humana la luz de la razón; y Dios no puede negarse a sí mismo, y
la verdad no puede contradecir jamás a la verdad”[31] .
El filósofo
alemán contemporáneo Martín
Heidegger dijo en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel en 1966: «La literatura
actual, en su mayoría, es destructiva. Sólo Dios puede salvarnos todavía. Frente
a la ausencia de Dios, nos hundimos»[32].
Boris
Yeltsin, Presidente de Rusia, declaró que
«el comunismo intentó durante 70 años imponer el ateísmo, pero no lo ha
logrado»[33]
El soviético
Alejandro Solzchenitsyn, Premio
Nobel 1970, que estudió Matemáticas y Física en
Chabanis después de
entrevistar a varios pensadores ateos, afirma: «Pensaba encontrar en ellos un
ateísmo riguroso y bien fundamentado, pero lo que había era ausencia de búsqueda
de la Verdad Absoluta»[35].
Dijo
Pascal: “Muchos están siempre
dispuestos a negar todo aquello que no comprenden”.
La
increencia de muchas personas tiene su origen en su ignorancia religiosa. A
nadie le puede convencer lo que no conoce. Yo no puedo opinar sobre la comida de
Kenya, pues no sé lo que allí se come.
Sería interesante contar las páginas que ese ateo ha leído de su profesión y las
que ha leído de cultura religiosa. Seguramente la diferencia es enorme. Cuál
sería su información profesional si invirtiéramos los números?
¿Nos vamos a
extrañar de su ignorancia religiosa?
Monseñor
Elías Yáñez, Presidente de
»El ateísmo
no está en el origen del hombre. Es más bien un fenómeno surgido de diferentes
causas».
CIUDAD DEL
VATICANO, 10 feb (ZENIT).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de
![]()
3,8. El
ateísmo deja sin resolver muchas
más cosas que todos los misterios que acepta
Según una
encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 75% de los españoles
creen en Dios[38] .Y
según otra del Instituto Gallup, el 94% de los norteamericanos cree en Dios, y
el 58% en el infierno[39] .
Ya dijo
Berdiaef que «el hombre es un ser
incurablemente religioso».
Y Max Scheler: «el hombre o cree en Dios o se
fabrica un ídolo. Este ídolo será la raza, el Estado, una mujer o el dinero;
pero el hombre no puede vivir sin adorar algo»[40].
«No se
conoce ningún pueblo, ninguna cultura, sin religión.
»Otra cosa
distinta es que todos los individuos de ese pueblo hayan sido religiosos.
»Pero el
conjunto, en cuanto tal, sí lo ha sido. (...)
»Los
estudiosos de la historia de las religiones, de entre los cuales Mircea Eliade fue uno de los grandes
maestros y pioneros, coinciden en afirmar que el hombre de todas las épocas,
desde que abandonó la categoría de “mono”, es un hombre
creyente»[41] .
El agnóstico
se escapa con un «no sé» por no querer reconocer lo razonable que es un Dios
Creador.
La fe
complementa la razón como el telescopio complementa al ojo.
Con el
telescopio veo estrellas que no veo a simple vista.
Con la fe
obtengo respuestas a muchas cosas para las que la ciencia no tiene respuesta:
¿Qué sentido tiene la vida del hombre? ¿De dónde viene? ¿A dónde va?
¿Qué hay
después de la muerte?
Todo hombre
racional tiene que plantearse la cuestión del sentido de nuestra existencia y de
si hay algo después de la muerte.
Quien tiene
la respuesta de la fe vive con ilusión y esperanza.
Quien no
sabe responder vive con la angustia de la duda, pues nadie puede estar seguro de
que no hay nada después de la muerte.
Ya dijo
Bacón: «Poca filosofía aparta de
la religión, pero mucha filosofía conduce a ella»[42] .
Los caminos
que llevan al ateísmo pueden ser:
a) La
rebelión contra el mal en el mundo.
b) La
ignorancia religiosa.
c) Una
formación religiosa infantil.
d) Un apego
desordenado a los goces de este mundo.
e) El mal
ejemplo de algunos creyentes.
f) Un
ambiente hostil a la religión.
g) Un
equivocado temor de Dios que no conoce la misericordia y bondad
divinas[43]
Puede ser
interesante mi vídeo: Ateísmo y ciencia de
hoy[44] .
Un soldado
norteamericano, al ser interrogado, para su ficha, por su religión, contestó:
CATÓLICO. Y no era verdad. Pero él había observado que en la hora de la muerte
los católicos morían con una gran esperanza, y él quería lo mismo para su
muerte.
Esto fue el
comienzo de su conversión al catolicismo.
En una
ocasión. un ateo le dijo a un sacerdote:
-
Demuéstreme que hay Dios y me convertiré en un
cristiano.
El sacerdote
le contestó:
-
Demuéstreme Vd. que no hay Dios y me convertiré en un
ateo.
- No puedo,
replicó el ateo.
- ¿Y en una
cosa tan trascendental, de la cual depende toda la eternidad, Vd. se arriesga a
seguir una ideas que no se pueden probar? ¡Menudo disparate! Yo tengo muchas
razones que apoyan mi fe en Dios[46] .
«El ateísmo
podrá esforzarse en querer demostrar que la religión es falsa, pero nunca podrá
demostrar que él es verdadero»[47].
Por eso dijo
Pascal: «Prefiero equivocarme
creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme NO creyendo en un Dios que
existe. (...) Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay
algo...»[48] .
Es mucho
más razonable creer en Dios que
ser ateo.
El ateo no
sólo no puede demostrar que no hay Dios, sino que desde el ateísmo no se pueden
resolver los grandes interrogantes de la vida.
¿De dónde
viene?
¿A dónde va?
¿Qué pasa
después de la muerte?
¿Qué sentido
tiene la vida?
¿Cómo saciar
el apetito de felicidad?, etc., etc.
El ateo se
condena a vivir en la angustia, en la duda, en
Los ateos se
ríen de estas preguntas por considerarlas ociosas porque no tienen
respuesta[49] .
Ellos no tienen respuesta, pero los creyentes sí la tenemos. Ésa es
Prescindir
de Dios es irracional. Es sintomático que «en
Como dice el
Concilio Vaticano II[51] , sin
Dios quedan sin respuesta los problemas más agudos de la existencia humana como
son el sentido de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor. Y estos
problemas son insoslayables.
No hay nadie
que, al menos en ciertos momentos de su vida, deje de
planteárselos.
Todo hombre
normal debe preocuparse de su muerte. Carl
Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis, dijo: «el hombre
que no percibe el drama de su muerte es un enfermo que debería dejarse
curar»[52] .
El
materialismo dice que todo lo que existe es material, porque todo lo que se ve,
se toca, se mide, etc., es material.
Esto es tan
simple como el pescador que niega que haya peces más pequeños que los que sus
redes pescan, porque los más pequeños se le escapan por los
agujeros[53] .
El hecho de
que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que la Ciencia no
Si lo fuera,
todos los científicos serían ateos; y, como hemos visto, muchos hombres de
ciencia se declaran creyentes.
El hecho de
que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros caminos, pero no por
el hecho de ser científicos[54] .
Evidentemente que la ciencia no
demuestra la existencia de Dios, pues la ciencia estudia las leyes de la
naturaleza, no a Dios. A Dios lo estudia la
teología.
Pero la
ciencia da datos que apoyan la fe del creyente.
«La ciencia
no prueba la existencia de Dios-Creador, pero sí sienta las bases para un
raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él»[55] .
«El problema
del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente manipulación a que ha
sido sometido por el racionalismo materialista que le asegura que “La Ciencia”
ha demostrado la no existencia de Dios»[56].
No hay
ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios[57] . Por
el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del creyente:
desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos (ver nº 3), hasta los estudios científicos
realizados en
El 13 de
octubre de 1988 se hizo público que el resultado del análisis del carbono-14 sobre
Esta noticia
fue rechazada por todos los especialistas en
De hecho se
han celebrado varios Congresos Científicos Internacionales, donde se han
invalidado las pruebas del Carbono-14 en
En las
palabras de clausura del Congreso de Cagliari, dijo el Dr.Baima Bollone, Presidente del Centro
Internacional de Sindonología de Turín: «La tónica general del Congreso ha sido
la inaceptabilidad de la prueba del carbono-14 en
En este
Congreso se presentaron veintisiete trabajos de investigación.
Yo tuve el
honor de presentar en este Congreso un trabajo de investigación en nombre del
Centro Español de Sindonología, que fue muy bien acogido, como expresó el
Presidente de la Mesa.
En la sexta
edición de mi libro de
Con todo, no
hay que desorbitar el valor del conocimiento científico experimental. También es
válido el conocimiento histórico y metafísico.
El
conocimiento científico experimental no es el único modo de conocer. Hay
realidades que se escapan al conocimiento experimental.
El
razonamiento filosófico no es científico. Cuando Renato Descartes dice: «Pienso, luego
existo», hace un razonamiento válido; y, sin embargo, no es científico, sino
filosófico. El pensamiento no se ve, pero existe.
La Ciencia
no lo explica todo. Hay cosas que se le escapan. Lo mismo que una red de trama
grande no puede capturar peces pequeños, pero no por eso dejan de existir
boquerones y chanquetes.
Si yo te
cuento un sueño que he tenido, tú no puedes comprobar científicamente que te
digo la verdad.
«Los valores
de bondad, belleza, santidad, heroísmo, lealtad, verdad; y los sentimientos de
alegría, temor, esperanza, amor, etc. caen fuera del ámbito de la
Ciencia»[60] .
Hay cosas
inalcanzables para la ciencia experimental. La
ciencia no sirve
para
demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el amor de
una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una realidad.Sin
embargo, no hay duda de que la ciencia nos aporta datos
válidos que confirman la existencia de Dios[61] .
La ciencia
explica «cómo» funciona la naturaleza, no alcanza el «por qué». Esto es objeto
de la filosofía[62] .
Las razones
para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma; pues Dios quiere
que el hombre le acepte libremente y no a
«La
oscuridad de la fe es absolutamente necesaria para que el acto de fe sea libre.
Y la libertad de la fe
«La fe es
suficientemente oscura para que la adhesión a ella sea libre; y al mismo tiempo
bastante clara como para que la dicha adhesión sea razonable»[65] .
Pascal
lo dijo también: «La fe es
suficientemente clara para que el creer sea razonable, y suficientemente oscura
para que el creer sea libre»[66].
La fe es
segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la palabra de Dios, y
oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso decía Santa Teresita del Niño Jesús:«Señor, no te
entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de
Ti».
La idea
lleva al acto, pero hay que motivarla, amarla, entusiasmarse con
ella.
Hoy, en
algunos ambientes, está de moda el
agnosticismo; personas que prescinden de Dios. No les interesa Dios.
Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la muerte.
Adoptar el
cómodo «no sabe, no contesta» está bien cuando no se tienen datos para
opinar.Pero cuando se trata de rechazar las razones que hay para opinar, por
prejuicios personales, esto no es razonable[67].
Lo primero
que hay que decir es que negar a Dios, no es destruirle; y el que piense que no
hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se muera. Pues las
cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan parecer a nosotros. Y
si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la muerte, esto es así aunque
haya quien no lo acepte.
Algunos
piensan que por no creer en el infierno son más libres. Pero no es así. Lo que
son es más inconscientes. Cerrar los ojos ante la verdad no enriquece al hombre,
lo empobrece. La prudencia no está en ignorar un riesgo, sino en estudiarlo y
prevenirlo. Cerrar los ojos ante un riesgo es señal de
inconsciencia.
El
agnosticismo es un riesgo.
Cuando se
trata de un riesgo grave como el morir electrocutado o la condenación
eterna, hay que ser muy prudentes. Nadie toca un cable de alta tensión
aunque tenga el 90% de probabilidades de que no pasa nada.
Pues el ateo
tiene el 99% de probabilidades de equivocarse. Son muchísimas más las razones
para creer en Dios que para convencerse de que no hay
Dios.
Hay
realidades que pueden dejarme indiferente. Por ejemplo, si en Marte hay vida o
no.
Pero hay
otras realidades a las que no puedo estar indiferente, pues es mucho lo que me
juego. Por ejemplo, si el avión en que voy a viajar está o no en condiciones de
volar. Procuro tener unas razonables garantías de
seguridad.
Esto es lo
que pasa con la Religión.
Yo tengo
opción de aceptar o rechazar todo esto.
Pero para
rechazar algo tan importante, tengo que estar muy seguro de que todo esto no es
cierto, pues es mucho lo que me juego. No basta tener dudas. Las dudas y
dificultades no son argumentos probativos. Yo puedo tener dificultades sobre una
cosa que es una realidad.
Por el
contrario, para aceptar un bien me basta una razonable probabilidad. Yo acepto
una medicina con una probable esperanza de me ayudará, aunque no tenga seguridad
absoluta de su eficacia.
Pero para
optar por la Religión no bastan las ideas. Hace falta que la Religión sea para
mí el supremo de los valores. Yo puedo saber que el tabaco
Hay personas
que buscan la verdad, les guste o no.
Pero otras
personas buscan lo que les gusta, sea verdad o no.
El
entendimiento se decide por razones.
Pero la
voluntad se decide por valores.
Es muy
importante que para mí la Religión sea el supremo de los
valores.
La fe es
aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero la fe es
razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos necios. Y nadie, con
cultura, puede decir que fueron necios unas lumbreras de la humanidad como un
San Agustín o un Santo Tomás de Aquino.
![]()
Por eso la
fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable aceptar lo que no
entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice.
La fe en Dios es
perfectamente razonable. Hay muchas más razones para creer
que Dios existe que para dudar de su existencia.
Pero hay que
rechazar, tanto el racionalismo que sólo acepta lo que se puede demostrar (los
misterios son indemostrables), como el fideísmo que desprecia la razón, y pretende
que la fe sea «un salto en el vacío», sin ningún motivo de credibilidad. El
fideísmo es absurdo pues pretende que creamos en Dios sin tener fundamento
racional de la fe.
Si la fe no
tuviera ninguna motivación de tipo racional no sería responsable ni humana. Por
eso la teología católica ha defendido siempre la capacidad natural que tiene el
hombre para llegar con la luz de la razón a conocer la existencia de
Dios-Creador. Así lo define el Concilio Vaticano I[68] .
«
Sin embargo,
aunque la razón me indica que hay motivos serios para creer, la razón no causa
La ciencia
que tiene por objeto la exposición de los motivos de credibilidad, o sea, las
razones y argumentos que demuestran ser la fe razonable, se llama Apologética[72]. El Cardenal Newman, que era protestante,
se convirtió al catolicismo por puro raciocinio.
Dice el
Cardenal Daneels, Arzobispo de
Malinas, «la supresión de toda sana apologética es un funesto servicio prestado
a la causa de la evangelización»[73].
En Mayo de
1935 se convirtió al catolicismo Marchant, Ministro de Instrucción Pública
de Holanda. Al ser interrogado por un miembro de la izquierda del Senado,
contestó: «Creo, porque reflexiono»[74] .
Pero no se
trata de convencer a nadie a base de pruebas, sino de hacer ver lo razonable que
es creer. Derramar luz sobre las verdades de
Pero no
olvidemos que la conversión no nace sólo tras haber sido convencido, sino tras
una iluminación de mi entendimiento y adhesión de la voluntad a Dios, acogiendo
las verdades reveladas y acomodando todo mi ser a esa iluminación.
Los motivos
de credibilidad constituyen un preámbulo racional de
Y por
supuesto que no basta asentir a
las verdades reveladas por Dios; es preciso vivir de acuerdo con ellas.
Para el que
tiene fe, mil objeciones no le hacen dudar; y al que no tiene fe, mil pruebas no
le convencen.
«La decisión
de creer no es la conclusión de una argumentación. Uno jamás está obligado a
creer por las leyes de la lógica. (...) Al acabar una operación de cálculo, no
puedo por menos que adherirme al resultado obtenido. (...) Entre la clara
evidencia y la fe interviene un acto voluntario, perfectamente libre. Del mismo
modo que ya pueden mostrarme del modo más convincente y persuasivo que alguien
merece ser amado, no por eso lo amaré. No se puede amar de mala gana, ni creer
de mala gana. Es lo que ya decía San
Agustín en su comentario
Dice
Octavio Rodríguez en Preámbulo epistemológico del acto de fe:
«Realizamos un juicio cuando consideramos que son suficientes las
pruebas que nos han de llevar a una conclusión» (...) «Si llegamos a
convencernos de una conclusión, la afirmamos sin reserva» (nº 2). «Los
argumentos no obligan a nadie a creer, igual que los argumentos a favor de la
virtud no obligan a nadie a ser virtuoso» (nº 7)[76] .
El hombre se
convence por razones, pero es la voluntad la que elige
las razones que quiere que le convenzan.
Por eso no
basta dar razones que van sólo al entendimiento. Hay que presentar valores que
mueven a la voluntad: bondad, belleza, importancia, utilidad o necesidad para el
hombre en cuanto tal.
«Nuestra
propia voluntad puede “forzar” al intelecto para que le presente sólo las
razones que ella desea, o para buscar argumentos -aunque sean falsos- que apoyen
su determinación»[77] .
La fe es
razonable, pero las razones no bastan para creer.
Hace falta
un acto de voluntad. Y la voluntad no se decide por razones lógicas, sino por
motivos y valores[78] .
No es lo
mismo estar convencido que convertido.
Las razones
van al entendimiento, pero son los valores los que mueven