32,6.
Además, estos libros se escribieron para contemporáneos de Jesús[1] . Los
hechos que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos visto
personalmente[2] , bien
por haberlos oído a quienes los vieron[3] . No
pudieron, por lo tanto, desfigurar nada de
«Los tres
primeros Evangelios fueron escritos, ciertamente, cuando aún vivían muchos de
los que presenciaron los sucesos allí narrados, y que estaban en condiciones de
contradecir sus afirmaciones, si lo tenían a bien»[5] .
Si los
evangelistas hubieran dicho lo que no es verdad, sus Evangelios hubieran sido
rechazados por aquella generación que era testigo de los hechos[6] . No
existe ningún documento que muestre este rechazo[7].
En cambio
los Evangelios Apócrifos, que
carecen de rigor histórico, fueron comúnmente rechazados[8]. Son
relatos fantasiosos e inverosímiles[9] .
Contienen errores en la geografía de Palestina, y les falta fidelidad al marco
histórico[10] .
Los
Evangelios falsarios llamados «Evangelios Apócrifos» nunca han sido aceptados
por la Iglesia, por no estar contenidos en el Canon de Muratori que es una lista de
los libros inspirados que hizo la Iglesia en el siglo II[11] .
El canon del
Nuevo Testamento fue establecido por el Concilio de Roma en el año 382 durante
el papado de Dámaso I. Los presentes en el Concilio de Roma incluyeron en el
canon todos los libros verdaderos y sólo los verdaderos[12].
Los datos
que dan los Evangelios sobre la geografía del país, situación política y
religiosa, y sobre las costumbres, concuerdan con lo que sabemos de todo esto
por otras fuentes. Además, los evangelistas murieron por defender la verdad de
lo que decían; y nadie da su vida por lo que sabe que es mentira.
Aparte de
que como están inspirados por Dios no pueden equivocarse ni mentir. El Concilio
Vaticano II dice que la Biblia entera está inspirada por Dios[13] . Y
San Pablo: «La Escritura está inspirada por
Dios»[14] .
«Los
evangelistas han visto lo que escriben y mueren por confesar lo que han visto.
Mueren mártires confesando los hechos y la doctrina de Jesús. A quien ve lo que escribe, y después
se deja matar por mantener lo que ha escrito, ya se le puede
creer»[15] .
32,7. Por
otra parte, los cuatro Evangelios narran los mismos hechos, coincidiendo en lo
fundamental y diferenciándose en lo accidental. Si cada uno por su lado se
hubiera propuesto engañar, no hubieran coincidido tanto; y si se hubieran puesto
de acuerdo para engañar, se hubieran evitado las diferencias
llamativas[16] . Cada
uno ha narrado sinceramente los hechos recogiendo los detalles que a él más le
habían impresionado. Cada evangelista hizo su selección de materiales y
acontecimientos, e incluso la sucesión de los hechos, según su finalidad
catequética. «Cada evangelista presenta desde un ángulo de visión personal la
figura y doctrina de Jesús»[17] . «El
Evangelio de Mateo, dirigido a una
comunidad cristiana proveniente del judaísmo, y el Evangelio de Lucas dirigido a una comunidad proveniente
de la gentilidad, muestran enfoque diverso»[18] .
«Las
narraciones evangélicas son diversas, los detalles de cada uno son diferentes,
sin que ninguno falte a
Los
Evangelios ofrecen diferencias
debidas a que no siempre citan textualmente las palabras de Jesús, ni cuentan las cosas con la
exactitud rigurosa que exigimos modernamente.
Cada uno
cuenta lo que recuerda a su modo, según su punto de vista, el fin que pretende y
según su propio estilo: unos se limitan a lo esencial, otros se extienden más en
los detalles, sin destacar claramente los elementos esenciales; unos tienen una
narración más abstracta, otros más concreta o popular, etc.
Varía mucho
la narración de un hecho según la psicología del narrador, de su modo de
observar, de su memoria, de su imaginación, de su carácter y del auditorio al
que se dirige. Teniendo en cuenta que no se trata de observadores o narradores
de psicología occidental y moderna de hoy día, sino de un mundo antiguo, de
cultura y mentalidad muy simple, en que domina más el elemento imaginativo.
Pero como
son libros inspirados, todo lo que dicen tiene la aprobación de Dios, que
respeta la peculiaridad del escritor-instrumento, y no le dicta como a un
mecanógrafo las cosas que tiene que decir, sino que respeta su modo de hablar, y
tan sólo le detiene ante el error[20] .
«Al llegar
Cristo tres lenguas sirven de
medio de expresión al pueblo judío:
a) El hebreo
en los ambientes muy cultos, y para la lectura sinagogal de la
Escritura.
b) El arameo
para el uso cotidiano.
c) El griego
para el comercio y los intercambios internacionales»[21] .
Por eso los
Evangelios se ponen en griego.
El Evangelio
de San Mateo se escribe para los
judíos, por eso se insiste en que Jesús es el Mesías profetizado en el
Antiguo Testamento, y alude con frecuencia a los modos de hablar y vivir de los
judíos[22] .
Tiene expresiones típicamente hebreas y da por conocidas costumbres judías.
«El
Evangelio arameo de San Mateo
podría haber sido compuesto entre los años 40 y 50. Desde luego fue escrito
antes de la destrucción de Jerusalén por los romanos el año 70, pues constata
que todos conocían el campo del alfarero, y el año 70 la caída de Jerusalén
«ocasionó la completa destrucción de la ciudad y su total despoblación: los
supervivientes fueron deportados»[23].
Su
traducción griega fue posterior al Evangelio de Marcos, al que utiliza»[24] .
El Evangelio
de San Marcos, probablemente el
primero que se escribió, refleja la catequesis en Roma de San Pedro, a quien acompañaba.
Probablemente escribe en Roma para los no judíos, y por eso traduce vocablos
arameos y explica muchas costumbres y tradiciones judías a los que no lo
son[25] .
La
El Evangelio
de San Lucas, compañero de
San Pablo, «por lo menos a partir
del año 49»[27] , deja traslucir la doctrina del Apóstol de
las Gentes[28] .
Escribe para comunidades de cristianos de mentalidad griega, procedentes del
paganismo, por eso se insiste en que Jesús
El Evangelio
de San Juan es el último que se
escribe. Por eso completa a los otros tres[29], y cuenta
cosas que los otros omitieron; es el más teológico de los cuatro.Se centra en la
persona de Jesús,como Hijo de
Dios.
«Los tres
primeros Evangelios están estrechamente emparentados. Se los puede poner en
columnas paralelas para abarcar sus textos de un solo vistazo.De ahí viene su
nombre de “sinópticos”»[30] . Se
pueden leer simultáneamente.
Hay quien
opina que el autor del cuarto Evangelio no
Es mucho más
lógico aplicar todo esto al apóstol San
Juan que introducir un nuevo personaje, también llamado Juan, que se reclinó sobre el pecho de
Jesús en
Pero los
Evangelios dicen que a la cena con Jesús
sólo se sentaron los doce[38]
Por otra
parte[39] en los
otros tres Evangelios al apóstol Juan
se le nombra diecisiete veces, en cambio en el cuarto no se le nombra
ni una. Siempre se le llama «el Discípulo Amado».
Esta
sustitución se explica si el apóstol Juan
y el «Discípulo Amado» son la misma persona.
«De hecho la
tradición juzgó siempre que el discípulo amado era el apóstol San Juan, y el mismo cuarto
Evangelio[40] atestigua que su autor fue el
apóstol Juan»[41] .
Además en el
cuarto Evangelio se habla repetidas veces de la amistad entre San Pedro y el «Discípulo Amado», y San
Lucas en los Hechos de los
Apóstoles dice que el amigo de San
Pedro era el apóstol San
Juan.
La
introducción de otro Juan,
distinto del apóstol, no tiene sentido.
«El autor
del cuarto Evangelio se identifica, sin equívoco, con el discípulo amado de
Jesús, uno de los Doce. (...)
Desde el siglo II se atribuye el cuarto Evangelio al apóstol Juan. (...) Desde su primera difusión la
Iglesia recibió el cuarto Evangelio como de Juan, el apóstol»[42] :
entre otros, Tertuliano, el canon
Muratoriano, Clemente de Alejandría
y San Ireneo de Lyon,
discípulo de San Policarpo,
que fue amigo del apóstol San
Juan.
Dice San Ireneo[43] , en
su obra Adversus
haereses, del
siglo II, que San Juan, «el discípulo del Señor que se
reclinó sobre su pecho», dictó su
Evangelio en Éfeso, siendo ya anciano. Esto explicaría el distinto estilo entre
el Evangelio y el Apocalipsis, pues el amanuense pudo ser una persona culta que
mejoró el griego de San
Juan.
Los que
atribuyen el cuarto Evangelio a Juan el
Anciano dicen que el apóstol San
Juan murió martirizado
con su hermano Santiago. Pero esto
es inadmisible pues San Lucas
cuenta el martirio de Santiago en
el capítulo XII de los Hechos de los
Apóstoles sin hacer ninguna mención de Juan. Este silencio no es posible si
hubieran muerto los dos hermanos juntamente. Además «nos muestra después, en el
capítulo XV, al apóstol San Juan
tomando parte en la asamblea de Jerusalén en fecha ciertamente
posterior a la muerte de Santiago[44] .
¿No será
Juan el Anciano el mismo apóstol
Juan que era ya muy anciano cuando
dictó su Evangelio en Éfeso? El mismo apóstol San Juan se designaba a sí mismo con este
nombre en sus cartas[45] .
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32,8. «LOS
EVANGELIOS NO SON OBRAS DE HISTORIA, en el sentido moderno de esta
palabra»[46].
«Los
evangelistas no escribieron sus libros como un historiador actual puede
describir un hecho histórico investigado por él»[47] con
fechas concretas e itinerarios exactos. «Los Evangelios no son una sucesión de
hechos cronológicamente narrados, sino una catequesis para la fiel trasmisión de
la verdad cristiana»[48]
Mateo yuxtapone
milagros y parábolas que han tenido lugar en momentos muy diferentes. Y Lucas
ordena todo en un viaje a Jerusalén.
«Los
Evangelios no tienen forma histórica, sino de mensaje. Los evangelistas no
pretenden relatar los acontecimientos en orden exactamente cronológico, sino
presentar la persona, la doctrina, la obra redentora de Jesús, a los hombres con el fin de que
crean»[49] .
«Los
Evangelios son relatos fragmentarios y esquemáticos, selecciones y resúmenes.
Por otra parte, han tenido siempre la finalidad práctica de la predicación:
pretenden ser una enseñanza, transmitir un mensaje que hemos de acoger y vivir
en la fe; no pretenden tanto darnos una información, cuanto contribuir a la
formación de un mundo nuevo, nacido de la obra redentora de Cristo; presentan al Señor Jesús, para que uno se encuentre con Él y
se haga su discípulo»[50] .
Los
evangelistas no pretendieron hacer una exposición sistemática de la doctrina
de Jesús[51].
«Los
Evangelios no son ni un diario ni una biografía en el sentido moderno de
Generalmente, el evangelista, no
tiene ningún interés cronológico. A veces acumula parábolas, milagros o
controversias con los judíos con una palabra de enlace («entonces», «enseguida», «después»);
aunque hayan ocurrido en momentos muy distantes. «La intención de los
evangelistas fue inculcar una forma de vida, una enseñanza religiosa. Lo
histórico es base de la narración, pero no como nosotros entendemos hoy la
historia»[53] .
Los
Evangelios son libros históricos porque relatan acontecimientos que han ocurrido
realmente, aunque la historia no la entiendan al modo actual. No todo lo que
cuentan aconteció exactamente como se narra. El estilo de aquel tiempo da
libertad al historiador para que ilustre
El estilo de
aquel tiempo permite al historiador incorporar en su narración todo lo que
ayude, aunque no haya sido real. Son recursos narrativos accidentales para dar
amenidad o interés a
A ellos les
bastaba la historicidad del fondo de la narración.
Hoy pedimos
historicidad en todos los detalles, pero entonces no era
así.
Por ejemplo,
cuando San Mateo dice que en la
multiplicación de los panes había cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños,
se refiere a una gran multitud, no precisamente a cinco o diez mil personas;
pues en aquella zona en aquel tiempo era casi imposible reunir tanta
gente.
También
nosotros decimos: «Te lo he repetido mil veces», y lo que queremos decir es
«muchas veces».
Pero su
estilo describiendo lugares y encajando personajes históricos en su tiempo, dan
a entender claramente que no pretenden hacer una obra de ficción. A veces,
aunque no siempre, señalan con exactitud el día y la hora, y dan una porción de
detalles que muestran la voluntad de describir hechos reales[54] .
El Evangelio
es «histórico» en el sentido vulgar, corriente. Así lo creyó siempre la Iglesia:
los Padres y los fieles[55] . Es
evidente que no fueron «inventados».
«Aunque es
incontestable que los evangelistas quisieron hacer un trabajo de historiadores,
no era ésa su única preocupación. Lo que ellos querían era prolongar la
enseñanza de Aquél a quien la resurrección transformó en
viviente»[56].
Los
evangelistas afirman que lo que narran es la verdad[57] .
San
Lucas al principio de su evangelio
garantiza a los lectores de «la certeza» de su narración, pues son «cosas verdaderas y auténticas».
Dice
San Lucas[58] que se
ha determinado escribir los acontecimientos recientemente ocurridos «después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su
origen»[59] .
Y San Juan afirma que lo que él narra es
«lo que vieron sus ojos y oyeron sus
oídos»[60]. «Aquel que lo ha visto da testimonio de
ello , y su testimonio es cierto: y él sabe que dice la verdad a fin de
que vosotros creáis»[61] .
«Los
Evangelios refieren fielmente los hechos y dichos de Jesús. Lo prueba suficientemente el
concepto de “testimonio”, “testigo”, “testimoniar” que ocurre más de ciento
cincuenta veces en el Nuevo Testamento y que los mismos Apóstoles se aplican a
sí mismos. (...) Podemos afirmar, sin género ninguno de duda, que el principio
“quod traditum est” [lo que hemos
recibido] era reconocido en todas las Iglesias como el canon para distinguir las
doctrinas falsas de las verdaderas»[62] .
«Los
Evangelios aparecen escritos sin verdadera preocupación apologética, en el
sentido moderno de la palabra, sino con el fin de transmitir, tal cual, el hecho
de que dan testimonio (...). Los Evangelios no son una especulación doctrinal,
sino la atestación de un hecho (...). Los autores no sólo no hacen su propio
elogio, sino que hasta desaparecen detrás de su obra. No se inciensa a los
Apóstoles, se les presenta sin inteligencia, ambiciosos, pendencieros, cobardes,
traidores. Se presenta a Cristo
abandonado del Padre (...). Los milagros están descritos con una sobriedad que
los distingue inmediatamente de los relatos no evangélicos»[63] .
«El origen
apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los Evangelios
justifican su valor histórico. Derivados de una predicación oral que se remonta
a los orígenes de la comunidad primitiva, tienen en su base la garantía de
testigos oculares. Indudablemente ni los Apóstoles ni los demás predicadores y
narradores evangélicos trataron de hacer historia en el sentido técnico de esta
palabra; su propósito era menos profano y más teológico; hablaron para convertir
y edificar, para inculcar e ilustrar la fe, para defenderla contra los
adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios verídicos y
controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como por el afán
de no dar pie a refutaciones hostiles (...) Si los Evangelios no son “libros de
historia”, no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que no sea
histórico»[64] .
«El valor
histórico de los Evangelios, aparte de ser cierto para el crítico, es para el
católico una verdad de fe»[65] .
«Los
Evangelios no son un simple libro doctrinal que ofrece unas ideas sobre Dios, el
hombre y el mundo; sino un auténtico anuncio del Reino de Dios, manifestado en
Jesucristo.
»La
historicidad de que están revestidos no puede llevar a ver los Evangelios nada
más que como una venerable documentación y reliquia del pasado. El Evangelio hay
que sentirlo vivo y actual, situarlo en el presente más inmediato. No fueron
palabras y hechos que se dijeron y realizaron ayer. Es mensaje intemporal, y
buena noticia que anuncia la salvación.
»Los
Evangelios no son tanto para leer cuanto para vivir. No son un libro de
referencia técnica para entender, sino de revelación divina y de ejemplaridad.
(...) Interpelan la fe, y son una insistente llamada a la
conversión»[66].
Se han hecho
estudios comparativos de todas las
copias que conservamos de cada uno de los evangelistas[67] .
Hort,
«uno de los más seguros críticos del
siglo XIX»[68] resume
sus investigaciones de veinticinco años, y las de su colega Wescott, en su edición crítica del original
griego del Nuevo Testamento con estas palabras: «las variantes que tocan a la
sustancia del texto son muy poco numerosas, y pueden ser valuadas en menos de la
milésima parte del texto»[69] .
«La inmensa
mayoría de la variantes se refieren únicamente a la forma exterior: ortografía,
orden de las palabras y términos sinónimos»[70] .
De las
ciento cincuenta mil variantes, sólo quince son de importancia, y ni una sola
toca a la fe de la Iglesia[71] .
Eso da idea
del esmero con que se copiaron[72] .
Aquella
generación cristiana que había presenciado los hechos que se narran en los
Evangelios, los encontraban tan correctamente relatados, que los copiaban a mano
(entonces no había imprenta) y los transmitían de generación en generación, de
modo que hoy tenemos de los Evangelios más copias que de ningún otro libro de
aquel tiempo.
«Ningún otro
autor, ni religioso, ni profano, de aquellos tiempos, puede presentar la
cantidad de papiros, de códices, de citas de autores de aquel tiempo o de
inmediatamente después, como los libros del Nuevo Testamento pueden
ofrecer».[73]
Los
originales se han perdido. Tanto de los Evangelios como de todos los libros de
aquel tiempo, pues entonces se escribía en hojas de papiro, que es un material
deleznable que se deteriora y se deshace fácilmente. Desde el siglo IV se empleó
el pergamino, sacado del cuero animal, y se empezaron a usar a manera de libros,
llamados códices[74] .
Puede ser
interesante mi vídeo: Razones para ser
católico, donde hablo de la historicidad de los
Evangelios[75] .
«En favor de
la autenticidad de los Evangelios existe tal tradición literaria como no existe
de ningún otro escrito de
A nadie se
le ocurre dudar de la autenticidad
de las obras de los clásicos latinos César,
Cicerón, Horacio y Virgilio. A pesar de que -aunque todos ellos
vivieron tan sólo 50 años antes de Jesucristo- no conservamos, ni con mucho,
las pruebas que conservamos de los Evangelios.
El autor
clásico contemporáneo de Jesucristo de quien conservamos mejores
documentos es Virgilio. Pues bien,
de Virgilio, sólo tenemos tres
códices unciales. En cambio de los Evangelios tenemos doscientos doce.
¡Superioridad aplastante![77] .
De Platón los manuscritos que conservamos son
1500 años posteriores a él[78] . De
Aristóteles, que vivió 300 años
antes de Cristo, «quizá el hombre
de inteligencia más amplia que haya existido»[79], cuyo
Tratado de Lógica sigue siendo
hoy día la base de todo razonamiento filosófico, el manuscrito más antiguo que
conservamos es 1400 años posterior a él.
Nuestro gran
historiador contemporáneo de fama mundial, Menéndez Pidal, Premio March, que murió en
1968, en su Historia de
España[80] , en
treinta tomos, de
Del
historiador griego Polibio, que
murió 120 años antes de Cristo, y
de quien Mommsen, Catedrático de
Historia Antigua de la Universidad de Berlín y Premio Nobel, dice que «a él es a
quien deben las generaciones posteriores, incluso la nuestra, los mejores
documentos acerca de la marcha de la civilización romana»[82] , el
manuscrito más antiguo que de él conservamos es 1067 años posterior a su
muerte[83] .
En cambio,
de los Evangelios conservamos manuscritos muy próximos a
ellos.
El
Evangelio de San Juan se escribió
el año 95[84] ; pues
bien, en 1935 se descubrió el papiro Rylands (P.52) sobre este Evangelio, que se
conserva en Manchester. Fue encontrado en Egipto en 1920 por el científico
británico B.P.Granfell para el
librero John
Rylands[85] .
Según los especialistas se escribió hacia el año 130[86] . Tan
sólo 35 años después. ¡Esto es maravilloso!
El papiro
Bodmer II, que se conserva en la
Biblioteca de Cologny, en Ginebra, y que contiene casi en su totalidad el
Evangelio de San Juan, es 100 años
posterior a él[87] . En
1956 fue publicado por V.
Martín[88]
De los tres
siglos posteriores a Jesucristo se
conservan treinta papiros[89] . Esto
es un caso único en toda la historiografía
grecorromana.
En 1972 el
Padre José O´Callaghan, jesuita
español papirólogo, Profesor de
En once
cuevas aparecieron seiscientos rollos de pergaminos. En estos manuscritos, que
se descubrieron en 1947, han aparecido textos del Éxodo, Isaías, Jeremías, etc.
De casi todos los libros del Antiguo Testamento.
Estos
manuscritos han sido estudiados por E. L.
Sukenik, de
El texto
descifrado por el P. O´Callaghan
es un fragmento del Evangelio de San
Marcos enviado a Jerusalén por la cristiandad de Roma y que los
esenios escondieron en esa cueva en ánforas, una de las cuales tiene el nombre
de ROMA en hebreo[91] .
Probablemente esto ocurrió cuando la
invasión de Palestina por los romanos, antes de la ruina de Jerusalén del año
70.
En concreto
cuando se aproximaban las tropas de Vespasiano el año 68[92] .
Este
descubrimiento ha sido considerado como el más importante de este siglo sobre el
Nuevo Testamento[93]. . En 1991
se ha publicado una edición facsímil con 1.787 fotografías de estos
manuscritos[94] .
La
identificación del P. O’Callaghan
es tan seria que Orsolina
Montevecchi, Presidenta de
Esta
interpretación del P. O´Callaghan
ha sido recientemente confirmada por el eminente Profesor alemán de la
Universidad de Oxford, Carsten Peter
Thiede, en la prestigiosa revista internacional
BIBLICA[96] .
Thiede, dice textualmente:
«Conforme a las reglas del trabajo paleográfico y de la crítica textual, resulta
cierto que 7Q5 es Marcos, 6:52s».
Thiede ha publicado un estudio apoyando al
P. O´Callaghan titulado ¿El manuscrito más antiguo de los
evangelios?[97]
«Son cada
vez más los que aceptan esta identificación», ha dicho el P. Ignacio de La Potterie, S.I., como se ha
visto en el Simposio Internacional celebrado del 18 al 20 de octubre de 1991 en
Eichstät[98], donde
apoyaron esta opinión los expertos en papirología Hunger, de la Universidad de Viena, y
Riesenfeld, de la Universidad de
Úpsala (Suecia).
El texto 7Q5
ha sido estudiado en ordenador por IBICUS de Liverpool, y se ha demostrado que
esa combinación de letras, en la Biblia, sólo se encuentra en Marcos 6:52s, que es el 7Q5[99] .
«El Profesor
Herbert Hunger, Director de la
colección de papiros de
El
paleógrafo inglés Roberts, de la
Universidad de Oxford, primera autoridad mundial en paleografía griega, antes de
que se descifraran estos papiros, estudiando la grafía, afirmó que eran
anteriores al año 50 después de Cristo[101] , es
decir, unos 20 años después de la muerte de Jesús, y 10 años después que Marcos escribiera su Evangelio. Sin duda es
anterior al año 68 en que fueron selladas las cuevas del Qumrán, con los papiros
dentro, antes de huir de las tropas de Vespasiano, que invadieron aquel territorio
el año 68[102] . Se trata,
por lo tanto,del manuscrito más cercano a Jesús de todos los
conocidos[103] .
«El
descifrador de estos documentos ha manifestado que ya no puede afirmarse que el
Evangelio sea una elaboración de la antigua comunidad cristiana, y que tuvo un
período más o menos prolongado de difusión oral antes de ser escrito, sino que
tenemos ya la comprobación de los hechos a través de fuentes
inmediatas».
Este
descubrimiento ha dado al traste con las teorías de Bultmann. La proximidad de este manuscrito
al original echa por tierra la hipótesis de Bultmann, según la cual los Evangelios son
una creación de la comunidad primitiva que transfiguró «el Jesús de la historia» en «el Jesús de la fe».
Este
descubrimiento confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado durante
diecinueve siglos: la historicidad de los
Evangelios.
Más tarde,
el mismo O´Callaghan, descubrió
otro fragmento de la misma gruta que encajaba perfectamente en el texto de
La ofensiva
contra la historicidad de los Evangelios comenzó con Friedrich Strauss en 1835.
El célebre
teólogo protestante Oscar
Cullmann, seguidor un tiempo de Bultmann, reconoce que se separó de
Bultmann por la
interpretación que éste hacía de
El cardenal
Eugenio de Araujo Sales, arzobispo
de Río de Janeiro (Brasil), ha escrito: «Bultmann cree que los relatos del Nuevo
Testamento no presentan una revelación, sino que son reproducción de mitos de
culturas paganas»[106].
Uno de los
seguidores de Bultmann ha dicho de
este descubrimiento del 7Q5: «Habrá que echar al fuego siete toneladas de
erudición germánica»[107] .
«El lapso de
tiempo que transcurre entre los acontecimientos y la composición de los
Evangelios es tan breve, que no permite la formación de un mito contrario a la
historia»[108] .
Recientemente el Dr. Carsten Peter Thiede ha publicado en la
revista alemana Zeitschrift Für
Papyrologie , especializada en papirología, haber descubierto un
papiro con un fragmento del capítulo veintiséis del Evangelio de San Mateo, escrito en el siglo I de nuestra
Era. «Thiede estableció su
datación como anterior al año 66 de la era cristiana»[109] .
Se trata del
Magdalen Cr. de Roma 17,
por encontrase en la Biblioteca del Colegio de la Magdalena de Oxford. Fue
donado a este Colegio por el papirólogo Rvdo.
Charles B. Huleat, antiguo alumno de este Colegio, que había sido
capellán de
Los
originales de los Evangelios se han perdido, como los de todos los libros de
aquel tiempo, pues se escribieron en papiros, planta oriental de material
deleznable, que se deshace fácilmente. Por eso quedan muy pocos papiros. Desde
el siglo IV se empleó el pergamino, sacado del cuero animal, que se empezaron a
utilizar en forma de libros. A éstos se les llama códices[113].
_
No es claro cuál de los Evangelios se escribió primero. Unos opinan que fue el de San Marcos, otros que fue el texto hebreo de San Mateo, que más tarde se tradujo al griego