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b)
Divorcio: El divorcio es un mal.
Si fuera bueno Dios
no lo prohibiría.
Dios ha hecho el matrimonio indisoluble.
Pero el
matrimonio hay que contraerlo con responsabilidad.
Muchos
matrimonios fracasan porque se han hecho a la ligera, por vanidad, por capricho,
por despecho, para hacer rabiar a una tercera persona, o sencillamente, por
lujuria o egoísmo.
Muchos
matrimonios fracasan porque nunca debieron
realizarse.
El divorcio
no
La
prohibición evangélica del divorcio es tan clara que el Papa Clemente VII no se lo concedió a Enrique VII de Inglaterra, que quería
divorciarse de su esposa Catalina de Aragón
para casarse con Ana Bolena;
aunque esta prohibición llevó consigo que
San
Mateo pone una excepción[3]: «en caso
de concubinato». Porque si no estaban casados, la separación no sólo es lícita:
es conveniente.
A no ser que
decidan casarse.
«Los autores
apuntan a interpretar correctamente la expresión porneía, que utiliza San Mateo.
ȃsta no
sería simple fornicación ni adulterio, sino propiamente el estado de
concubinato.
»El término
rabínico empleado por Cristo
habría sido zenut, que designa la
unión ilegítima de concubinato. (...)
»En tal
caso, es evidente que no sólo es lícito la separación, sino obligatoria, puesto
que no hay matrimonio sino unión ilegal.
»Esta
explicación se refuerza tomando en cuenta que San Pablo, en su carta a los
Corintios[4] ,
califica la unión estable incestuosa del que se había casado con su madrastra
como porneía. A esto mismo haría
referencia el Concilio de Jerusalén[5] al
exigir que los fieles se abstengan de
porneía, o sea de las uniones ilegales aunque estables. Ésta última
es, tal vez, la más plausible de las interpretaciones, y la sostuvieron autores
como Cornely, Prat, Borsirven, Danieli,
McKenzie; también algunas versiones de la Biblia»[6] .
La Iglesia
católica sólo permite la
separación de los esposos si la vida en común resulta
insostenible[7] , pero
no volver a casarse mientras viva el otro cónyuge; porque el vínculo matrimonial
permanece hasta la muerte de uno de los dos.
Por lo
tanto hay que escoger entre seguir viviendo juntos, o la soledad hasta la
muerte.
La
separación es el comienzo de un camino que conduce a problemas mayores. Antes de
separarse, los cónyuges deberían acudir a un especialista por si sus problemas
tienen solución.
El vivir los
esposos separados, aunque no se unan a otra persona (lo cual sería un pecado de
adulterio) puede ser un pecado contra la caridad para con el cónyuge y los
hijos.
Algunos
acusan a la Iglesia de que no admite el divorcio y, sin embargo, anula por
dinero muchos matrimonios.
Esto
se puede responder largamente.
Para
hacerlo con brevedad me limitaré a dos cosas: El divorcio rompe el vínculo
matrimonial y la declaración de nulidad demuestra que no hubo tal vínculo, lo
cual es totalmente distinto.
Por otra parte,
es cierto que la declaración de nulidad cuesta dinero, pues hay personas
dedicadas a ese trabajo, que viven de ello. Pero no basta el dinero para lograr
de la Iglesia una declaración de nulidad matrimonial, si no hay razones para
ello. El Padre Kelleher, que ha
dedicado casi toda su vida a los tribunales eclesiásticos matrimoniales, en su
libro «Divorcio y matrimonio», dice: «No he conocido ni un solo caso en el cual
el dinero hay sido un factor influyente en la obtención de una declaración de
nulidad».
La declaración de
nulidad siempre se debe a la existencia de algún impedimento: coacción, engaño
substancial, etc. Ahora bien, si para lograr esta nulidad hay personas que juran
en falso, sólo de ellas es
El divorcio
civil, que pretende romper el vínculo
sacramental, es totalmente inválido ante Dios[8].
.
El poder
civil no tiene autoridad ninguna sobre el matrimonio canónico[9] .
«Pero si el
divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos
legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser
tolerado sin constituir una falta moral»[10] .
Los
divorciados vueltos a casar no pueden acercarse a la Sagrada
Comunión[11] ,
porque ellos mismos se autoexcluyen de la Iglesia, pues viven en situación de
adulterio público y permanente[12] .
«Es muy
triste la situación de los divorciados vueltos a casar. Su situación moral
irregular les impide recibir
»Con todo,
hay casos en los que no parece prudente romper este segundo matrimonio.
»En este
caso podrían acercarse a comulgar, después de haberse confesado y prometido
interrumpir su vida sexual; comulgando en una iglesia donde no sean conocidos,
para evitar el escándalo»[13] .
«Sólo
podrían acercarse a comulgar si, evitado el escándalo y recibida la absolución
sacramental, se comprometen a vivir en plena continencia», ha dicho
En el
discurso de Juan Pablo II en la
clausura del Sínodo celebrado en Roma en octubre de 1980, dijo que había que
mantener la práctica de la Iglesia de no admitir a la comunión eucarística a los
divorciados vueltos a casar.
A no ser que
cuando no puedan separarse, prometan vivir en total continencia, siempre que no
sea motivo de escándalo.
En todo
caso, añade el Papa, deben perseverar en la oración para conseguir la gracia de
la conversión y de la salvación[15] .
Sin embargo
esto no lleva consigo el que no puedan bautizar a sus hijos.
Hay que
estudiar cada caso y ver qué posibilidades ofrecen de educar en católico a sus
hijos[16] .
Se les debe
animar a que participen lo más posible de la vida cristiana[17] .
Y sobre la
situación de los divorciados vueltos a casar dice Juan Pablo II: «Exhorto cordialmente a los
pastores y a toda la comunidad de fieles a que ayuden a los divorciados que se
han vuelto a casar. (...)
»Se les
invitará a escuchar la Palabra de Dios, a asistir al Santo Sacrificio de la
Misa, a perseverar en la oración, a aportar su contribución a las obras de
caridad y a las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a
sus hijos en la fe cristiana, y a hacer obras de penitencia, a fin de implorar,
día tras día, la gracia de Dios»[18] .
El divorcio es un
mal. Mal para los hijos.
Mal para la
mujer, que fácilmente quedará abandonada, y a partir de cierta edad, sin
posibilidades de rehacer su vida con otro hombre.
También mal
para los maridos, que aunque de momento no es raro que una chica joven se
enamore de un hombre maduro, a la larga se cansará del viejo, y se buscará otro
más joven y a su gusto, y el marido «engañado».
Y también mal
para todos, porque si el 80% de los delincuentes juveniles son hijos de
divorciados, cada vez será más peligroso andar por la
calle.
Algunas
piensan que el divorcio las libera, pero la realidad es que el divorcio ha
perjudicado a muchas mujeres abandonadas. Los estudios de Hackstaff y Deutsch señalan que las mujeres
necesitan familias en las que los hombres estén comprometidos con los roles de
esposo y padre[19].
Lo que
algunos se preguntan es si puede considerarse como un mal menor que en ciertas
circunstancias podría permitirse para evitar males mayores.
Lo mismo que
una operación quirúrgica es un mal, pero se acepta para evitar males mayores.
Otros opinan
que la licitud del divorcio traería a la sociedad peores males que los que se
siguen de su prohibición, pues aunque el divorcio pueda solucionar algún caso
concreto, trae grandes perjuicios al bien común, y no es solución lo que empeora
una situación, sino lo que la resuelve.
Las
soluciones deben atender al bien general y ser conformes a las normas morales,
como dijo Juan Pablo II en Nueva
York.
El bien
común a veces exige el sacrificio de un particular.
La fácil
solución del divorcio haría que se rompieran muchos matrimonios con problemas
perfectamente superables, que no deberían haberse roto nunca.
Por eso el
divorcio hace más daño que bien.
Una solución
que hace más daño que el mal que remedia no es solución.
No sirve una
medicina para quitar las pecas pero que al mismo tiempo produce cáncer de
piel.
La
posibilidad del divorcio lleva al malestar
familiar.
No hay
persona sin defectos. Las decepciones irán seguramente en aumento.
Es muy
posible que cambiando de pareja se repitan los mismos conflictos. «Los
divorciados suelen llevar sus problemas de una relación a otra», dice Howard
Markman.
Según la
revista norteamericana Newsweek,
en Estados Unidos, seis de cada siete matrimonios de divorciados, vuelven a
divorciarse de nuevo; y ocho de cada diez matrimonios divorciados dos veces, se
divorcian por tercera vez[20] .
Es decir, el
divorcio da paso a una poligamia sucesiva.
Muchos
matrimonios se salvarían del divorcio si hubieran sabido exponer con calma en
común los conflictos y reconocer cada uno sus errores. «Cada uno debe admitir su
responsabilidad en los conflictos. De lo contrario, no los solucionarán», dice
John
Gottman.
Algunas
feministas consideran el divorcio como
liberación de la mujer; sin embargo, la Iglesia al prohibir el divorcio defiende
a la mujer.
Es trágica
la situación de mujeres casadas abandonadas por sus maridos que han encontrado
una jovencita atractiva que les ha entusiasmado, y por ella abandonan a su
esposa y a sus hijos.
Pero estas
jovencitas también serán abandonadas cuando lleguen a mayores y sean suplantadas
por otras más jóvenes y atractivas que ellas.
Según los
datos del censo de los Estados Unidos, en los últimos años han aumentado en un
66% los norteamericanos que viven solos.
La mayoría
son hombres que se separaron de sus esposas.
Según las
mismas estadísticas, uno de cada diez hogares en que hay niños, el padre se ha
ido[21] .
El divorcio
engendra divorcio.
En Francia,
Alemania, Suiza y Dinamarca, en catorce años se han duplicado los divorcios.
En
Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Suecia, los divorcios se han multiplicado
por tres.
Y en Holanda
se han multiplicado por cuatro[22] .
En Francia
hay un divorcio por cada dos matrimonios[23] .
En Estados
Unidos más del 50% de los matrimonios se divorcian[24] .
Frank
Furstenberg, sociólogo de la Universidad de
Pensylvania en EE.UU., afirma que hoy en Estados Unidos, ante las funestas
consecuencias del divorcio vuelve a estar de moda el matrimonio estable y el
casarse por la Iglesia.
Incluso
proliferan cursos como los de la Universidad de Denver,
En todos los
matrimonios hay altibajos y momentos de crisis. Pero estos momentos hay que
superarlos con aguante y con virtud. El que vaya al matrimonio pensando que
nunca tendrá nada que aguantar es un iluso. En todos los matrimonios hay algo
que tolerar y no se soluciona, lo que es intrínseco a todos los matrimonios,
cambiando de persona; pues no hay persona sin defectos. Y no se va a estar
cambiando de persona en el matrimonio, como quien cambia de camisa.
El divorcio
hace que los esposos difícilmente se soporten sus defectos, y con facilidad
creen que cambiando de persona va a desaparecer lo que no puede desaparecer,
pues es inherente a las deficiencias del carácter
humano.
Una aventura amorosa, de momento, puede parecer
maravillosa; pero a la larga es fácil que caiga en las mismas dificultades que
el matrimonio estable.
Las
aventuras sexuales sin amor, duran más o menos; pero antes o después terminan, y
generalmente, de mala manera. En cambio «el amor fiel de una pareja estable, que
ha madurado en su familiaridad, es fuente de un placer mucho más profundo que lo
que pueda dar de sí una aventura amorosa»[26] .
Es verdad que el
divorcio podría solucionar algún caso concreto, pero
Si la nación
necesita autopistas, habrá que hacerlas, aunque salga perjudicado un señor que
tiene un huerto por donde tiene que pasar la
autopista.
El divorcio,
aunque solucione algún caso concreto, hace más daño a la sociedad, porque la
posibilidad del divorcio es una invitación a que se rompan matrimonios que nunca
debieron romperse. Todos los matrimonios tienen sus momentos de crisis, que
deben superarse con amor y virtud; pero la posibilidad del divorcio facilita que
en esos matrimonios se busque la salida fácil del divorcio con perjuicio de
ellos mismos. Me dijo un señor en Torrevieja: «Yo doy gracias a Dios de que la
Iglesia no permita el divorcio, porque si yo hubiera podido haberme divorciado,
en un momento de crisis por el que pasó mi matrimonio, lo hubiera hecho. Y hoy,
superada la crisis, nos queremos muchísimo, me siento muy feliz con mi mujer y
no podría vivir con sin ella. Si entonces me hubiera divorciado, se la habría
llevado otro, y yo la habría perdido»
Muchos
matrimonios fracasados se hubieran salvado con un poco de
esfuerzo.
Decía un
divorciado vuelto a casar:
«Mi segundo
matrimonio marcha bien.
»Pero
reconozco que si hubiera hecho los mismos esfuerzos con mi primera mujer, como
los estoy haciendo con esta segunda, estoy seguro de que no nos habríamos
separado, y quizás sería más feliz de lo que soy ahora. Pero entonces era
incapaz de aceptar la parte de renuncia que
Aunque los
medios de comunicación airean los casos de matrimonios fracasados de artistas,
sin embargo, las estadísticas dan que en España los matrimonios a quienes
beneficia el divorcio son solamente el 0’4%[27] .
En España el
90% de las familias viven un matrimonio estable, como dijo
El 89% de
los casados españoles asegura no haber sido jamás infiel a su pareja; y el 84%
afirma que ni siquiera lo ha deseado[28] .
A pesar de
la publicidad que se da al divorcio de personas famosas, el sociólogo de la
Universidad de Chicago, Andrew Grelley,
ha hecho un estudio según el cual en 1995 han vivido en fidelidad
matrimonial el 86% de los norteamericanos, el 89% de los británicos, y el 92% de
los franceses[29] .
«En Estados
Unidos han empezado a disminuir los divorcios»[30] .
Aunque
en teoría sólo se permita el
divorcio para casos especiales, inevitablemente se va aumentando el número de
casos hasta que se abra la puerta del todo; y el menor disgusto puede
atolondradamente llevar a un divorcio irreparable, y fácilmente quedar
abandonado el cónyuge inocente y los hijos
perjudicados.
Dice
Isidoro Martín, Catedrático de la
Facultad de Derecho de
El doctor
alemán Maximiliano Bajoc ha
realizado un estudio según el cual en Alemania se divorcian al año dieciséis mil
matrimonios porque uno de los dos ronca.
Es decir,
que los motivos del divorcio se van ampliando
desmesuradamente.
Lo que
teóricamente se implantó para remediar casos de matrimonios fracasados, en la
práctica hará fracasar a muchos matrimonios que podían haberse
salvado.
Desde luego,
es doctrina común en
Sólo el
matrimonio sacramental consumado es también indisoluble
extrínsecamente[32] .
El Nuevo
Código de Derecho Canónico dice: «El matrimonio rato y consumado no puede ser
disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la
muerte»[33].
Algunos
dicen que por qué los católicos, que no admiten el divorcio, van a imponer sus
ideas a todos los demás ciudadanos. Hablando de esto, el Cardenal Primado
D.
Sin embargo,
aun en naciones de mayoría católica, a veces hay una ley civil que regula el
divorcio. Pero, «el cristiano debe seguir siempre los imperativos de la fe, sea
cual fuere la evolución de las leyes del Estado sobre el
matrimonio»[35] .
Algunos
dicen que el divorcio es un
derecho de la persona humana.
Esto es
falso.
Los derechos
de la persona humana, lo mismo que las leyes de la Física, tienen valor
objetivo, no dependen de lo que a cada uno le parezca.
Lo que es
derecho de la persona humana es el matrimonio; uno
Las cosas
son como son, independientemente de nuestra opinión personal sobre ellas. Las
cosas se imponen por su propia naturaleza.
La unidad,
la indisolubilidad y la fidelidad son básicas para la defensa del matrimonio y
de la familia.
Nadie tiene
derecho a manipular el matrimonio a su capricho, como nadie puede manipular a su
antojo las leyes de tráfico.
Uno
Por lo
tanto, quien libremente se casa no puede libremente romper el vínculo
matrimonial.
El matrimonio no es de
institución humana, sino de institución divina, no pudiendo, por lo tanto, estar
sujeto al capricho subjetivo y cambiante de los hombres.
Decir que el
matrimonio puede disolverse por mutua voluntad de los contrayentes, es
inadmisible.
El
matrimonio no es sólo un compromiso entre un yo y un tú. Tiene una función
social ineludible. Por eso la Iglesia y los políticos no renuncian a incidir en
él.
«Matrimonio
y familia son considerados como la base de la comunidad humana: no se dejan, por
lo tanto, en manos del capricho o del interés de los hombres»[36] .
«El vínculo
matrimonial no depende del arbitrio de los casados. Su consentimiento es
irrevocable, y de éste nace una institución confirmada por la ley divina que la
sociedad debe respetar»[37] .
«La unión
libre de un hombre y una mujer que se niegan a dar forma jurídica y pública a su
intimidad sexual, constituye siempre un pecado grave, y excluyen de la comunión
sacramental, pues el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el
matrimonio»[38] .
Para
casarse, lo fundamental es amarse.
Pero el
matrimonio es una cosa muy seria, con implicaciones en
Los
experimentos que se han hecho de comunas de amor libre, donde todos son de
todos, al fin han terminado formándose parejas cerradas dentro de la comuna, o
se han ido de la comuna para formar pareja con otra persona de fuera. El «todos
para todos» sólo es posible cuando no hay amor y el sexo se realiza sólo por
apetito.
Pero en
cuanto nace el amor se busca la pareja estable. Es decir, que la pareja humana
estable es algo natural.
Los mismos
divorcistas que quieren romper una pareja humana, es con el deseo de formar otra
pareja, pensando que el cambio de persona iba a acabar con las imperfecciones
inherentes a todas persona humana.
La solución
no está en pensar en una persona sin defectos, que no la hay, sino en amar a una
persona a pesar de sus defectos, y sobrellevarlos con
virtud.
Los que se
casan pensando en divorciarse, si
las cosas no van bien, es que no aman; y si no se aman es seguro que fracasarán.
Pues el matrimonio si no es con amor es un infierno.
Nadie pone
plazo a su amor. El amor quiere serlo para siempre. El que piensa poner
término a su amor, es que no ama. Quien admite una fidelidad quebradiza, tendrá
pasión pasajera, pero eso no es verdadero amor. El amor exige exclusividad. De
ahí la razón de los celos. Quien cambia fácilmente de amor, lo que tiene son
caprichos sentimentales o sexuales. Como quien se encapricha con un juguete y
luego lo deja por otro. El amor es otra cosa.
El auténtico
amor quiere ser eterno.El amor no es algo pasajero que sólo interesa mientras
sirve, como si se tratara de un objeto que se abandona cuando sale un nuevo
modelo en el mercado. Para muchos el matrimonio es una unión efímera que puede
romperse ante cualquier dificultad para iniciar una nueva aventura cambiando de
persona.
Eso de que
el matrimonio monógamo produce
tedio es sólo verdad cuando está ausente el amor. Los sacerdotes
conocemos muchísimos matrimonios que se aman y son felices a los cincuenta años
de casados.
Naturalmente
estos matrimonios no van al psiquiatra, y por lo tanto no están reflejados en
las estadísticas de los matrimonios fracasados.
En cambio,
es notable el hecho de que los fracasados en el primer matrimonio, suelen
fracasar en los siguientes; por eso es tan frecuente que los divorciados vuelvan
a divorciarse. El Anuario Demográfico norteamericano afirma que el 70% de los
divorciados reinciden[39] .
«Estadísticas puntuales han
demostrado que en los países donde el divorcio está a merced de cualquier
contrariedad, del más fútil pretexto, se da un elevado y creciente porcentaje de
jóvenes inadaptados socialmente, delincuentes, desorientados, descentrados,
proclives al gamberrismo, inútiles para la vida de trabajo y convivencia, por
haber estado privados de ambiente y medios familiares adecuados»[40] .
«Que el
divorcio lo pagan los hijos es una verdad que pone de manifiesto el estudio
realizado por Martin Richards que
dirige el Centro de Investigación de la Familia de la Universidad de Cambridge,
que ha realizado un ambicioso estudio sobre el desarrollo psico-social de
diecisiete mil niños británicos. La conclusión es demoledora: a los hijos de los
divorciados les va mucho peor en la vida»[41] .
«Una
estadística publicada por el Tribunal de Menores de Chicago afirma que el 80% de
los menores que comparecen ante este Tribunal, son hijos de
divorciados»[42] .
Según un
reportaje del semanario Newsweek
del 11-II-80, en Estados Unidos hay doce millones de menores de dieciocho años
hijos de divorciados, y según el Uniform
Crime Report (1976) de
los menores procesados por delitos comunes en Estados Unidos, el 82% son hijos
de divorciados[43] .
Los grandes
perjudicados del divorcio son los hijos, que necesitan de un hogar que los ame;
y nunca puede ser lo mismo el amor que reciben de sus propios padres, que el que
puedan recibir de la persona que ha sustituido a su verdadera madre o a su
verdadero padre. Por eso se suele decir que los hijos de los divorciados son
«huérfanos de padres vivos» (Dr.
Carnot); y esto es lógico que produzca en ellos traumas psicológicos
y afectivos que los convierten en hostiles a la sociedad y en
delincuentes.
Los hijos
de los divorciados son más huérfanos que los verdaderos huérfanos; pues éstos,
al menos, pueden vivir de un recuerdo y guardar a sus padres difuntos todo su
respeto y todo su amor.
Los divorciados
buscan egoísticamente su libertad, pero a costa del bien de sus
hijos.
Las estadísticas
dicen que se ha podido comprobar perturbaciones psíquicas en casi la mitad de
los hijos de los divorciados.
En el
Segundo Congreso Mundial de Derecho Familiar, celebrado en San Francisco
(California) en Junio del 97, la psicóloga norteamericana Judith Wallerstein presentó un estudio
sobre las desastrosas consecuencias que tiene el divorcio para los
hijos[44] .
«El divorcio
suele tener efectos demoledores en los hijos. Entre otros, se han descrito
manifestaciones depresivas»[45] .
Según
Gerald Caplan Profesor de la
universidad norteamericana de Harvard, el 40% de los hijos de padres divorciados
sufre psicopatologías[46] .
Entre otras cosas afirmó: «Los hijos de padres divorciados son tres veces más
propensos a sufrir trastornos mentales que el resto de los
niños».
Los hijos
tienen derecho a un hogar y a unos
padres que les amen y eduquen. El divorcio les priva de ese elemental derecho.
Muchísimos
divorciados son responsables de que sus hijos terminen en la delincuencia,
faltos de educación, de hogar, de familia y de amor.
Un gran
porcentaje de delincuentes juveniles son la consecuencia del divorcio de sus
padres. «El 95% de los delincuentes juveniles proceden de familias
rotas»[47]
Según el «Uniform Crime Rapport USA» del 1977, el 82% de los delincuentes
juveniles en Estados Unidos, son hijos de divorciados. El divorcio aumenta
además el número de hijos ilegítimos, según el «Demographic Year Book» de
1969.
Para la
buena educación de los hijos es fundamental que se sientan amados. Muchos
traumas se deben a la falta de amor[48] .
El divorcio lleva
también al suicidio y al desequilibrio mental. Según el «Demographic Year Book»
de 1972, publicado por la O.N.U., de 28 países, 7 países no divorcistas ocupan
los últimos puestos en la tasa de suicidios.
Los
divorciados buscaron egoístamente su libertad, pero a costa del bien de sus
hijos. «Estadísticas conocidas dicen que se ha podido comprobar perturbaciones
psíquicas en casi la mitad de los hijos de los divorciados»[49] .
Según un
estudio realizado en Londres, el divorcio
Y el 65% de los
enfermos mentales son personas divorciadas.
Según un
estudio del Centro de Políticas Familiares de Londres, realizado con 17.000
niños, resulta que los hijos de padres divorciados y vueltos a casar tienen más
problemas psicológicos[51] .
Dice el
conocido psiquiatra Dr. Juan Cardona
Pastor: «Una familia estable es requisito indispensable para el
equilibrio psíquico normal de la persona»[52] .
Según un
estudio del Centro de Investigaciones de
Suele decirse que
el divorcio nos pone a nivel europeo. Eso es una falacia.
Si el divorcio es
malo, es absurdo copiar lo que es malo.
En Europa hay muchas
cosas buenas que podemos imitar y que son más importantes para el desarrollo de
la nación, pero imitar lo malo es de tontos.
Y que la ley del
divorcio lo que hace es legalizar la situación de los matrimonios ya rotos, es
otra falacia. No se puede legalizar todo lo que es frecuente. Las cosas no se
convierten en buenas por ser frecuentes. En ese caso habría que legalizar los
atracos a los Bancos y los atentados terroristas. Esto es
absurdo.
Y decir que
debemos admitir el divorcio porque es propio de países civilizados, es tan
ridículo como decir que puesto que el terrorismo se da en países civilizados,
debemos consentirlo. Cuantas más facilidades se den para disolver matrimonios
rotos, más matrimonios se romperán.
c) Adulterio:
El pecado de adulterio es uno de los más execrables. «Se
comete cuando un hombre y una mujer, de los cuales, al menos uno está casado,
establecen una relación sexual, aunque sea ocasional»[54]
El adulterio
es ya una falta grave desde el momento mismo en que se desee deliberadamente.Ya
hay adulterio cuando hay infidelidad de corazón: cuando se pone a alguien por
encima del propio consorte.
Tal es el
sentido de las palabras de Nuestro Señor: «Quien mira a una mujer con deseos deshonestos, ya ha
cometido adulterio en su corazón»[55] .
Como pecado
externo es uno de esos crímenes enormes que ya entre los judíos y los paganos
era castigado con la pena de muerte[56] .
Las personas
casadas deben ser de una prudencia
extrema en este punto, y cerrar cuidadosamente la puerta de su
corazón al menor síntoma de un afecto desordenado naciente hacia tercera
persona.
Los antiguos
amores de la juventud, los actuales amigos de la familia, los subordinados, los
superiores, los compañeros de trabajo, pueden constituir un verdadero peligro
para la virtud de los esposos.
Pero, como
dice el Dr.Enrique Rojas: el
pronóstico de la nueva relación es incierto. El tiempo dirá. Es muy fácil que al
poco tiempo ella se desilusione de su nuevo amor como se desilusionó de su
marido, a quien tenía tantos motivos para amar.Enamorarse es fácil. Lo difícil
es mantenerse enamorado. El mejor amor se desmorona si no se cuida. Es enorme la
importancia de los pequeños detalles. Es necesario mantener la admiración sobre
la otra persona. La comunicación es una pieza clave. No hay felicidad sin amor,
y no hay amor sin renuncias. Es fundamental el respeto mutuo de palabra y de
obra. La mujer, con su coquetería, es una artista para seducir al hombre; pero
esto no basta para un amor auténtico. El amor debe apoyarse en
valores[58] .
Hoy no se
valora la fidelidad matrimonial. «La perseverancia en el amor no está
considerada, en la sociedad hedonista y permisiva, pero es de capital
importancia. (...) La fidelidad hace a la persona coherente, y la coherencia es
una de las puertas por las que se accede a la felicidad»[59] .
Hay que
evitar los celos infundados, pero
también el ser bobalicones poniendo en peligro la fidelidad del otro
cónyuge.
Una aventura
amorosa extramatrimonial puede hundir la felicidad de la familia, que no
podrá recuperar el cariño de antes. Y esto no tiene
precio.
No se llega
ordinariamente al adulterio de golpe, sino después de una serie de ligerezas, de
imprudencias y de concesiones.
Al principio
se resiste, y se ve con horror avecinarse
Por eso
deben tomarse toda clase de precauciones antes de que sea demasiado tarde. Los
esposos deben ayudarse en este punto evitando las ocasiones. Pero también deben
evitar el no menos grave peligro de celos infundados que son la ruina de la paz
conyugal[60] .
Los pasos
del adulterio pueden ser éstos:Un marido absorbido por su
trabajo.
Su mujer se
siente sola.Ella se encuentra casualmente con un hombre que resulta amable y
atento.Se deja llevar con la imaginación lo que sería un matrimonio con este
segundo hombre.Una circunstancia ocasional y un beso furtivo con este
segundo hombre.Necesidad de repetir este momento.Después, el adulterio, una
familia deshecha, y, puede ser, que la condenación
eterna.
Es un
proceso lento pero seguro, si no se corta al principio
radicalmente.
El
sentimentalismo suele ser una de las causas por las que una persona buena puede
llegar también al adulterio:Se encuentra con otra que atraviesa una situación
difícil. Su buen corazón le inclina a ayudarla, no viendo ningún peligro en
ello. Nace el afecto entre los dos. Ella se siente agradecida y comprometida a
complacerle en todo, etc. Si el hombre, premeditadamente, la engaña para
encariñarla y aprovecharse de ella, eso es una canallada.
Hay
imprudencias afectivas que comienzan por pequeñeces, pero que se van enredando y
terminan con que una persona se mete en la cabeza de modo inconcebible y termina
por destrozar un matrimonio[61] .
El adulterio
puede arruinar un matrimonio.
Recuerdo que
un hombre, cuya mujer había tenido una aventura amorosa con otro, me decía
llorando, lleno de dolor y de rabia: «nunca más podré hacer el amor con ella. No
podré evitar el pensar que ella está pensando en el otro».
En ambientes
pervertidos, algunos matrimonios practican el intercambio de parejas, como un
juego inofensivo: pero con esto han preparado una bomba de relojería que, antes
o después, hará saltar, hecho añicos, su
matrimonio.
A veces se
dan casos de un triste final de maridos infieles que, teniendo una esposa
maravillosa, se encaprichan con amoríos de «quita y pon», que son pasajeros,
pero que agostan el amor de sus esposas, y ellos terminan en la soledad y el
desamparo.
La amante
del hombre puede ser una profesional que va buscando hombres casados para
vaciarles
Otras veces
puede ser una mujer ingenua que insensiblemente se enreda en un amor prohibido.
Aunque ingenua no deja de ser culpable pues sabe que aquel corazón ya tiene
dueño.
Una aventura
amorosa extramatrimonial, al principio, puede resultar maravillosa; pero a la
larga es muy fácil que resulte peor que el matrimonio del que se
huía.
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d) Armonía
matrimonial: Los casados deberían examinarse con humildad y lealtad
para ver si deben corregirse de algún defecto que obstaculice la armonía
matrimonial.
Pocos
matrimonios habrá en los que alguna
vez siquiera no haya habido un disgusto serio. A veces los disgustos
son frecuentes.
Las causas
pueden ser muchas: orgullo, egoísmo, frivolidad, obstinarse en querer tener
siempre la razón, sensualidad desenfrenada, sensibilidad exagerada, palabras
imprudentes, celos enfermizos, desorden negligente, etc.
Rara vez la
culpa será de uno solo.
Un silencio
cariñoso, el saber ceder con prudencia, el explicarse con calma, el olvidar
cristianamente, etc., ayudan a pasar por encima de muchas dificultades.
Los pequeños
disgustos, al prolongarse, pueden terminar en algo grave.
Lo mejor es
acabar con ellos cuanto antes, con un poco de humor, espíritu de conciliación y
capacidad de olvido.
Al cabo del
tiempo puede que un día aparezca la decepción del cónyuge. Evitar toda palabra
descalificadora: «Eres inaguantable». «No se puede vivir a tu lado». «Ya no te
aguanto más». «No te soporto». «Que sea la última vez». «Tu actitud es
inadmisible». Etc.,etc.
Hay palabras
que nunca deberían pronunciarse: «Contigo es imposible hablar». «Siempre quieres
tener la razón». «Nada de lo que te digo te parece
bien».
Estas
generalizaciones y frases radicales ahondan más las discrepancias.
Y si a esto
se añade traer una lista de antiguos agravios, sin digerir, lanzados como
proyectiles, el efecto
Nunca eches
en cara errores pasados. El que ama, perdona. Y si tú te equivocas, reconócelo,
porque todos nos equivocamos.
Las palabras
agresivas, humillantes y ofensivas hacia el cónyuge o su familia son de efecto
destructivo para la armonía conyugal.
Nunca
expresar a tu pareja tus sentimientos de agresividad. Para desahogarte podrías
escribirle una carta manifestándole todos tus sentimientos. Pero una vez
escrita,
Ya sabes que
«dos no discutes si uno no quiere». Si discutís de cosas intrascendentes, dale
El amor no
se impone.
Se da y se
merece cultivándolo cada día.
Dile algo
amable, por lo menos una vez al día.
Y cuida de
los detalles que le gustan o le disgustan.
Dijo
Foerster: «un pequeño detalle, a
la larga, vence al amor».
Para la
armonía matrimonial es importante:
- Nunca
levantar la voz ni gritar al cónyuge.
- Nunca
decir palabras ofensivas o hirientes.
- Siempre
mantener un comportamiento correcto, delicado,
educado.
- Siempre
mostrar un trato afable, bondadoso, cordial[62].
«Ser
comprensivos al máximo.
»Ponernos en
lugar del otro.
»No tener
miedo a mostrar nuestras debilidades y defectos.
»Permitir que el otro sea él mismo, y recordar que su dignidad de persona es su m